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3 abril 2018 2 03 /04 /abril /2018 07:36

Por una de esas extrañas casualidades que la vida nos depara de vez en cuando (sincronicidades las llamaba Jung), la semana pasada les relataba los gozos y perplejidades que me causó la lectura de "La alta ruta" de Maurice Chappaz (Ed Periférica) y hoy, saltándose a la torera el orden preestablecido por mi mismo en mis lecturas y reseñas programadas (debido a haber olvidado el libro que hoy les comento en el asiento del coche y haber partido de viaje sin mi acostumbrada ración de lecturas) les voy a hablar de un libro "Toda una vida", de Robert Seethaler (ed. Salamandra) que sin ser semejantes en nada, coinciden ambos en un punto esencial: el amor a la alta montaña. Para el suizo Chappaz la alta ruta de Chamonix a Zematt es un episodio iniciático física y espiritualmente, para el austro-alemán Seethaler aquellos mismos parajes son parte básica de la biografía de su protagonista, Andreas Egger, un montañés cojo y silencioso que vive el  nacimiento del alpinismo desde principios del siglo XX hasta los años setenta, montando telesillas y teleféricos en cumbres vírgenes y soportando las miserias y crueldades de una vida dura, atravesada por la experiencia macabra del nazismo.

Un episodio parece unir como el cordel de un collar  los principales episodios de la vida de Andreas: cuando a los 21 años encontró a su vecino el cabrero Hannes, El Corneta, moribundo en la nieve, se lo cargó a la espalda en un armazón de madera para ovejas, se enfrentó a la ventisca para llevarlo al pueblo en un esfuerzo agotador y al resbalar y caer con su carga, se le escurrió el armazón con el enfermo que, ante su sorpresa se libró de las cuerdas que lo aseguraban y dando media vuelta, se perdió montaña arriba con una agilidad impropia de un moribundo, mientras Andreas le gritaba, incapaz de seguirle, que no podría escapar de la "Dama Fría", la muerte por mucho que corriera. Muchos años más tarde, cuando Andreas ya es viejo y ha pasado por muchas penalidades aunque sigue viviendo en la montaña que tanto amaba y que tanto daño le había hecho, unos excursionistas hallan en una hendidura de hielo eterno el cuerpo momificado del "Corneta", con una sonrisa en los labios.

De niño Andreas Egger, huérfano, fue recogido por el cuñado de su madre ella, el cruel y "piadoso" granjero Kranzstocker, que desde los ocho años lo unció a un yugo de madera para bueyes, entre golpes con una vara de avellano en el trasero desnudo del chico para que tirara del yugo. Ese trato provocó la cojera de Egger, que aprendió a leer sin perder su talante, “pensaba despacio, hablaba despacio, caminaba despacio, pero cada pensamiento, cada palabra y cada paso que daba dejaban un rastro justo donde, a su juicio, debían dejarlo”. A los 18 años, con un cuerpo lisiado pero asombrosamente fuerte se enfrentó al granjero y se marchó de la casa. Trabajador infatigable y serio logró arrendar un terreno en un lugar solitario y hermoso de sus montañas, donde conocería brevemente el amor y la desdicha de perderlo de una forma épica y brutal. Vivió la Guerra mundial en el ejército alemán con una inocencia sin mácula, limitándose a seguir con su laboriosidad y terminando prisionero de los rusos en el Cáucaso. Tras ser liberado y volver  a sus valles, se hizo guía en las montañas para los turistas que empezaron a invadirlos. Andreas perdía la memoria al mismo ritmo interior pausado con el que perdió todos sus sueños. Fue entonces cuando apareció el cuerpo congelado de El Corneta.

Como Seethaler comenta (pág.128) "Como  todos los seres humanos, a lo largo de su vida había abrigado en su interior ilusiones y sueños. Algunos los había cumplido por sí mismo, otros le habían sido regalados. Muchos había permanecido inalcanzables, o so los había arrebatado cuando apenas los había logrado. Pero él seguía ahí". Y termina la narración con una bella reflexión: "Había amado y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...no recordaba de dónde era y últimamente no sabía adónde iba. Pero podía mirar atrás en el tiempo, a su vida, sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro". El mismo que le provoca siempre la belleza, dura y formidable, de las montañas que le rodean.
 

FICHA

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.- Trad. Ana Guelbenzu.- Ed. Salamandra.-139 págs.- ISBN: 9788498388152

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31 marzo 2018 6 31 /03 /marzo /2018 09:54

No había oído hablar de él. A pesar de ser montañero, de humildes cumbres, mis calados en la literatura alpina es breve y se ajusta a algunos clásicos (entre ellos el soberbio James Salter de "En solitario"). Pero el título "La alta ruta" y la sugestiva foto de portada y una apresurada lectura de los textos editoriales (a los que no suelo prestar demasiada atención, y perdonen) me atrajeron lo suficiente para investigar quién era ese Maurice Chappaz (fallecido con 93 años en 2009), un escritor dotado de una singular capacidad lírica y metafísica para describir sus caminatas.

Chappaz fue un hombre singular con una gran producción literaria en novelas, relatos y poesía, además de erigirse en defensor y paladín de la defensa ecológica de muchos rincones de su país. Viajero contumaz, montañista -que no alpinista- y vagabundo, propietario de viñedos, periodista, obrero en las obras de la gran presa de la Grande-Dixense  situada en el cantón de Valais, defensor a ulytrazan de la pureza natural del bosque de Finges, caminante fervoroso por países de Asia, América y Europa, me recuerda un poco la figura iconoclasta de dos escritores italianos que compartían con él una diversidad creativa extraordinaria y un amor a la tierra y a la montaña casi místico, el poeta y montañero  Erri de Luca, novelista, albañil, mecánico y revolucionario. Y también la del ermitaño Mauro Corona, escritor, alpinista y escultor italiano cuya novela-documento sobre su pueblo natal devastado por el desastre de la presa del Vajont, "Fantasmas de piedra" es una de las grandes novelas italianas del siglo XX.

La alta ruta  es una de las travesías montañeras los deportistas ya que conecta Chamonix con Zermatt a través de glaciares, un universo lunar nevado, apenas turbado por algún ocasional esquiador de fondo o el alpinista. Chappaz nos cuenta con un lirismo dramático y emocionante el esfuerzo que hace y el regalo de belleza , paz y desafío, el vértigo y la embriaguez del esfuerzo. Esa especie de obsesión silenciosa que acoge la subida permanente y fatigosa, cuando respirar cuesta un enorme esfuerzo y la mirada va bebiendo gota a gota la magnífica y a veces aterradora soledad y belleza de los parajes.  No se trata de engrosar una lista de logros ascendentes, de cumbres holladas, de gestas deportivas, no, de ningún modo. Aquí hay una suerte de viaje iniciático en el que el autor se reta as í mismo y se abre fatigosamente a el mundo de maravillas que le rodea. Desde el Mont Blanc hasta el Mont Rose, la  famosa travesía por los glaciares suizos es sobre todo una ruta mítica, un reto casi místico que, incluso, despierta elementos de un profundo erotismo, de una sensibilidad exacerbada.

Pero él confiesa en su introducción: "Mi amplia porción de fracaso, mi inexistencia en el alpinismo puro me permite escribir este libro" . Y añade: "Me limito a la travesía de los glaciares de abril a junio...cuento las tormentas...los pasos de altura...lo absoluto del desierto nevado con el completo olvido del punto de partida, el vertiginoso círculo de las cimas blancas..."mientras avanzo escribo con manchas de color, con gritos...según el dictado de un sentimiento interior inconfesable...la única razón de las ascensiones y de los amores: la dialéctica del Me persigo y huyo de mí".

Tal vez el desbocado y permanente lirismo de  Chappaz y su empeño en transformar su travesía en un relato iniciático interior, junto a su propensión a complejas metáforas y razonamientos profundos y algo herméticos, hace un poco difícil su lectura. A pesar de momentos delicados y certeros como cuando nos dice que al amanecer "todas las ramas de los árboles tienen esta mañana manguitos blancos" o cuando anuncia "parto con los esquís para escapar del trabajo. Sin explicaciones. La ciudad: el estruendo, la cancelación de mí mismo. Parto sin meta hacia lo que no tiene meta. Como un animal que retorna a sus ancestros". (pág.33) O cuando nos habla de otros alpinistas: "Aquellos que sin cesar lamen las montañas son únicamente pensativos y concisos. ¿Qué les produce esas arrugas?. Contra una puerta, los solitarios observan las nubes con una especie de huraña meditación".O canta la figura del guía en el refugio: "Los veo recibir a los cándidos sin manifestarles el mínimo desprecio y felicitar a los duros de las cimas sin la mínima envidia" (pág. 59). Si, pero hay que ir  leyendo con lupa para aislar momentos muy hermosos, inmersos en una exaltada narración subjetiva en la que a menudo el autor se  dirige a sí mismo. En la cima, "esquiamos...cantamos a la tirolesa en una danza final de adoración" Y se pregunta después lo que ha descubierto allí: "El exilio unido al edén" (pág. 141). Libro notable y excesivo. 

 

Cito su biografía: "Maurice Chappaz nació en Lausana en 1916 y falleció en Martigny, cantón del Valais, Suiza, el 15 de enero de 2009. Infancia entre Martigny y la abadía de Châble. Estudios de Letras. Durante la guerra entró en contacto con grandes escritores suizos de lengua francesa como Ramuz, Crisinel, Matthey o Roud. Conoció a su futura esposa, la novelista S. Corinna Bille, en 1942. Es a ella a quien evoca en el relato lírico Grandes journées de printemps (Grandes viajes de primavera, 1944). En esa difícil época Chappaz sufre una crisis tanto ética como estética, perceptible en el Testament du Haut-Rhône (Testamento del Alto Rhone, 1953). A partir de 1957 se estableció como viticultor en Veyras, convirtiéndose en un adalid de la defensa de las tradiciones campesinas de su país. En Portrait des Valaisans en légende et en vérité (Retrato de valisanos en leyenda y en realidad, 1965) y Le Match Valais-Judée (El partido valisano-judío, 1968) reconstruye, a través de leyendas y de anécdotas, un paraíso ya perdido por un progreso mal entendido.  A esta idea de defensa de los valores rurales se une una tendencia, en cierto modo nómada, presente en sus numerosos viajes a Italia, Laponia y Nepal. Tras un viaje a Rusia, el último con S. Corinna Bille, que falleció en 1979, pasó temporadas en Pekín y en el Líbano. Sus reflexiones sobre la muerte, iniciadas en 1966 con Office des morts (Oficio de muertos), se continúan en 1984, en À rire et à mourir (A reír y a morir), un relato en varias voces, en el que evoca a personajes desaparecidos. De 1987 es Le Livre de C., un devastador y bellísimo testimonio en recuerdo de Bille."

FICHA

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad.  Rafael-José Díaz.- E. Periférica.- 158 págs. 15,20 euros.- ISBN 9788416291588

 

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29 marzo 2018 4 29 /03 /marzo /2018 07:44

Los aficionados a la literatura victoriana, en su faceta detectivesca (antes no se llamaba "negro" a  ese género) estamos de enhorabuena con la colección que la benemérita Siruela dedica a "clásicos policiacos". Ya hemos comentado varios en estas páginas y en esta ocasión recomendamos al autor de "Asesinato en el laberinto", J.J. Connington, pseudónimo tras el que se escondía un profesor universitario de Química llamado Alfred Walter Stewart  (1880-1947). El talante científico de este entretenido novelista le da un carácter muy especial a sus personajes y sus tramas y la época en que vivió y escribió le hace contemporáneo de, ahí es nada, sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) y su inmortal Holmes, casi un estereotipo, dotado de una sombra complementaria genial, el doctor Watson. En la novela de Connington, el protagonista es un jefe de policía, sir Clinton Driffield y su sombra de contraste es su amigo, "uno de esos afables caballeros del campo" , Wendower, "de Talgarth Grange", al que el policía suele llamar su "Escudero".

Ya la descripción de éste en las primeras páginas nos indica cuál va a ser su papel en las novelas de sir Clinton: "de conocerle de modo informal, fácilmente podría resultar una persona algo remilgada, de intelecto muy limitado e intereses aún más restringidos; sin embargo, tras esa fachada habitaba una mente bastante aguda que sentí un cierto placer ladino exagerando modos y maneras engañosos...era de todo menos tonto" (en el texto la traductora escribe un forzado "aunque le gustaba hacérselo"). Lo cierto es que hay algunos paralelismos literarios con las figuras de Doyle, aunque Watson está más perfilado y resulta más atractivo al lector que el "caballero rural" Wendower,  algunas de cuyas frases hacia sir Clinton rozan la impertinencia más antipática. Por cierto, Holmes y Watson son citados en varias ocasiones por el policía y su amigo como si fuera personas vivas y conocidas personalmente (aunque jubiladas, "se hizo entomólogo" dicen de Holmes) .

La trama se desarrolla en una finca rural en Whistlefield, dotada de un famoso laberinto vegetal cuyo recorrido está delimitado por altos setos que van configurando senderos sin salida o que regresan al punto de partida y cuyos vericuetos acaban conduciendo a dos centros distintos, con sus glorietas y bancos de descanso. Es en estos centros donde aparecen, asesinados con flechas impregnadas de curare, el dueño de la mansión, un personaje oscuro y muy rico debido a ocultas operaciones financieras y su hermano gemelo, un célebre abogado que está a punto de enviar a prisión  a otro oscuro millonario de actividades delictivas encubiertas  (asunto que será  el "MacGuffin" de la novela).

En el típico ambiente lujoso de la alta burguesía british rural, con chispeantes y entretenidos diálogos y una gama de personajes pintorescos --familia y amigos de los dos asesinados- la historia adquiere un ritmo endiablado tras la entrada en acción inmediata de los dos protagonistas, el jefe de policía y su amigo terrateniente, el "Escudero", más un oportunamente cercano doctor especializado en venenos. De inmediato se establece el juego de pistas, sospechosos y conjeturas, refrescadas por el humor: "Quedas al mando del Departamento de especulaciones, suposiciones y conjeturas de esta empresa, Escudero. Yo no soy mas que un humilde empleado de la sección Silencio y mutismo, dirección telegráfica: bocacerrada", le dice Clinton a su amigo. Las claves del asunto van siendo diseminadas aquí y allá por el meticuloso autor que, como suele suceder, nos las refrescará al final en el discurso aclaratorio típico.

Reconozco haber disfrutado bastante con la lectura, con alguna que otra agradable sorpresa al comprobar la inteligencia del escritor reflejada en algunas intervenciones de sir Clinton, como la de la página 156, "...a veces la mente humana está hecha para asumir conexiones que no existen en la naturaleza...tenemos un deseo instintivo de encontrar asociaciones entre grupos de fenómenos y a veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que hay una relación cuando en realidad sólo se trata de un caso de simultaneidad". El lector aficionado al género disfrutará aún más con el diálogo y la disertación entre el policía y su escudero sobre los puntos básicos de toda investigación detectivesca policial (el capitulo 8, "Oportunidad, método y móvil"). En fin, no les digo nada más. Especialmente en este tipo de novelas, la discreción es una norma exigible para un crítico.

 

FICHA

ASESINATO EN EL LABERINTO.- J.J.Connington.-TRad. Esther Cruz.- Ed. Siruela.-264 págs.-ISBN 9788417308018

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27 marzo 2018 2 27 /03 /marzo /2018 08:42

He aquí un libro bastante interesante para las personas que se sienten atraídas por la vida espiritual y sus diversos senderos que, como todo el mundo sabe, acaban siendo un sólo Camino con diferentes aspectos que son más superficiales que profundos. El hinduismo es todo un mundo de sugerencias y posibilidades, me temo que muy poco conocido o parcialmente conocido. El libro de Swami Satyananda Saraswati, un barcelonés que ha vivido más de treinta años en la India y es un experto en la Advaita Vedanta, el shivaísmo de Cachemira y el Yoga en su acepción más filosófica, resulta para este crítico un descubrimiento, a pesar de estar algo versado en esta tradición espiritual y metafísica de tantos meandros, complejidades y venerables tradiciones. Lo cierto es que gracias a este autor, relativamente joven, he comprobado, una vez más, que sólo sé que no sé nada.

Podría ser una de las tradiciones más antiguas e imperecederas del planeta, con intuiciones espirituales que paradójicamente tienen una enorme validez actual (en algunos casos acercándose mucho a concepciones científicas del universo y la realidad propias del siglo XXI): desde el reconocimiento de la energía esencial  (shakti) que mueve al Universo y sus criaturas y todo cuanto existe, hasta la sacralidad de todo cuanto somos y cuanto nos rodea (que convierte a la propia vida en el camino hacia lo absoluto).

Me ha encantado saber que desde 1966 el Tribunal Supremo de la India formalizó judicialmente las creencias de los practicantes del hinduismo, asi como de los cinco preceptos que les guían y las cinco prácticas religiosas. Lo curioso es que no hay dogma, ni libros únicos (aunque se considera los Vedas como el fundamento del hinduismo y las Upanishads como fuentes textuales) ni mesías o profetas, ni cultos obligatorios o caminos exclusivos, sino tolerancia con las otras religiones.

El libro nos habla también de los textos tradicionales o Smiritis, un amplio corpus recordado y trasmitido por los rishis o sabios que repite los mensajes védicos con un lenguaje mas cercano al pueblo. Para mentes más cultivadas existen convenientemente estructurados seis sistemas filosóficos, los "shad darshana" que configuran las distintas escuelas hinduistas. También hay dos series de "marga" o caminos de auto realización:  uno, integrado en el mundo y la vida cotidiana, enfatizando los deberes familiares y sociales, y, el segundo, el camino de la ascesis y la renuncia, con una práctica permanente de la meditación y la contemplación.

Como nos dice el autor en su epílogo: "el adepto hindú sacraliza la vida por medio del apoyo que la tradición le ofrece, ya sean los diversos rituales, los mantras, el estudio de los textos sagrados, la práctica del yoga, la devoción y la meditación profunda y, especialmente,  el reconocimiento de la realidad de la energía profunda personal o atman, fuente de toda vida, que está en ti y se une a Brahman, eterno y omnisciente.

FICHA

EL HINDUISMO.- Swami Satyananda Saraswati.- Fragmenta editorial.-163 págs. ISBN:9788415518044

 

 

 

 

 

 

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24 marzo 2018 6 24 /03 /marzo /2018 08:59

No parece ser casual que el autor de estos dos libros que hoy comentamos sea un practicante de esgrima entre otras cosas más "relacionadas" con la filosofía como la ingeniería y el empresariado. Considerando esos tres ámbitos en conjunto, lo primero que salta a la vista es que Luis Soravilla es un heterodoxo existencial dado al floreo (dícese de ir de flor en flor, entre conceptos e ideas) a la estocada directa y sin circunloquios (aplicada a poner en marcha las cosquillas intelectuales del lector) y a montar estructuras ingenieriles mentales sobre los peligrosos y traicioneros pantanos filosóficos, para que el personal de a pie pueda circular enterándose de por dónde pasa.

El hecho es que este crítico, el abajo firmante, que lleva cuarenta años dedicándose de una manera u otra a la filosofía, no ha parado de sonreir (y a veces, elevando la sonrisa al cubo de la carcajada) al pasar por las páginas irreverentes, algo gamberras y a menudo desorbitadamente cachondas de estos dos libros en los que se analiza la historia de la filosofía-y, sobre todo, de los filósofos, desde los griegos (o chinos) hasta los más abstrusos y sesudos pensadores de nuestros días, con un  gracejo  y desparpajo (quizá algo pasado de vueltas en ocasiones) que debería enojar a, por ejemplo, Platón y desternillarse a, por ejemplo, Epicuro y aplaudir entusiasmado a cualquiera de la Escuela del perro (es decir a los cínicos, empezando por Antistenes o su más brillante discípulo Diógenes) y en nuestro tiempo a Russell y a Wittgenstein, este último si estaba de buenas. Al que, si viviera, no le haría ninguna gracia la lectura de esta obra y seguramente se querellaría contra Soravilla, es el eximio Heidegger y la gran masa de seguidores del pensador filonazi, que tenía la desfachatez de mantener relaciones con la filósofa judía Arendt sin ver ninguna falta de coherencia en ello. Tampoco era precisa, creo yo, la filípica contra cierto grosero personaje militar que tuvo sus más y sus menos contra el ínclito Unamuno en cierta ocasión muy señalada. Lo cierto es que el tipo no merece ni siquiera una mención como esa en una Historia de la Filosofía, aunque sea "torcida", sino en un tratado de psicopatología histórica.

Acostumbrado a los tomos de Hirschberger o Frederick Copleston sobre Historia de la Filosofía, a los tratados excelentes de Martha Nussbaum, Russell, Pierre Hadot o Giorgio Colli e incluso a los concebidos con cierta ligereza y sentido del humor como los clásicos de Luciano de Crescenzo o Indro Montanelli (y toda una serie de manuales casi de autoayuda que inauguró el "Más Platón y menos Prozac" pasando por los deliciosos "Lo que le diría Sócrates a Woody Allen" de Juan Antonio Rivera o "Desayuno con Sócrates" de Rowland Smith) , la magnífica idea de Soravilla y los osados editores de "Principal de los Libros" me ha sorprendido por su audacia y su desinhibido sentido del humor: es como si Los Morancos, Chiquito de la Calzada, Eugenio, Martes y Trece y Tip y Coll  se hubiesen aliado para formar entre todos la voz de la Musa de Luis Soravilla. Por tanto el ingenio, la información veraz y la agudeza expresiva se dan la mano con una cierta obscenidad, la escatología de un trazo grueso de humor popular y la  combativa irreverencia que nunca es atrabiliaria, aunque a veces sea caprichosa o innecesaria.

Soravilla monta chistes, comparaciones ridículas y comentarios jocosos y delirantes sobre la mayoría de las ortodoxias religiosas, filosóficas o políticas. Las relaciones metafóricas entre la estructura de la Iglesia católica y la empresa Ikea o las glosas sobre el tema de la venta de las indulgencias y Lutero o las diferencias entre dominicos y franciscanos, el cisma Papal y otras lindezas en torno a la escolástica, me recuerdan los mejores momentos de ciertas conversaciones entre profesores de filosofía a las que asistí, todos pasados de tragos y fumatas allá por los noventa.

Ya en el primer tomo, que va de "Tales a Llull, y un poco más allá", el autor nos advierte: "Siempre imaginé al filósofo...como un tío plasta...sentado en una piedra...murmurando entre dientes...y diciendo frases incomprensibles, ajeno a los problemas del mundo....he descubierto que en parte si eran así...pero en una parte aún mayor eran locos, perturbados, sinvergüenzas, bebedores, folladores empedernidos, traicioneros, coñones o hasta fabricantes de armas". Bueno, como ven, el que avisa no es traidor. Don Luis se va a desmelenar, respetando, eso sí, a "grosso modo", la obra y las líneas generales de la filosofía de cada uno de ellos, aunque siempre desde una postura traviesa, a veces obscena y casi siempre divertidísima.

Empédocles, Tales de Mileto, Anaximandro, Pitágoras de Samos (el de las habas), Heráclito, tan "Oscuro" como claro y meridiano es su comentador Soravilla, Demócrito (el del "velcro" atómico), la era de Pericles y los sofistas, Protágoras, el feo pero molón Sócrates, Platón con el que nuestro autor relaciona a Ikea,  "un pijo divino de la muerte", y Aristóteles para cerrar época. Después vendrían los cínicos, estoicos, epicúreos y las escuelas postehelénicas de fuerte sabor romano. Roma le da ocasión a Soravilla de montarse una juerga donde cabe de todo. Lástima que Mel Brooks ya no está para hacer películas, menudas ideas cogería de este libro. Los capítulos dedicados a Jesús  y al cristianismo no son aptos para menores y creyentes en general. Entre ellos y la Edad Media con San Agustin , la Escolástica  y el nacimiento de las Universidades como invitados principales, Soravilla se saca de la manga una serie de capitulillos dedicados a la filosofía china, tal vez lo más flojito de este manual de sonrisas.

En los dos tomos de esta impagable historia torcida de la filosofía (realmente es superfluo pretender "enderezarla") hay verdades como catedrales que todos hemos pensado alguna vez, pero que pocos hemos osado decir en público o mucho menos publicar. Como Soravilla siempre he pensado que "El Príncipe de Maquiavelo sufre la misma (mala) suerte que  "El arte de la guerra" de Tsun Tzú, que es la de ser citado sin haber sido leido, sin venir a cuento y sin haber comprendido un pijo de lo que realmente están diciendo" (pág.97, tomo II). O "Los genios mueren pero la estupidez persiste" cuando habla de la quema de los libros de Hobbes en la plaza pública. O, "El siglo de las Luces engrendró a más de un iluminado, palabra que nació entonces (siglo XVIII) para definir a uno que anda por ahí creyendo poseer una verdad indiscutible, pero incapaz de explicar por qué es verdad. Hoy en pleno siglo XXI, los iluminados están más vivos que nunca" (pag.202, II). O, "Hegel no fue un filósofo, fue un despropósito. Su filosofía no tiene ni pies ni cabeza...fue y sigue siendo un cantamañanas...si embargo su influencia en la Filosofía occidental es enorme" Y añade, "Si Kant parece incomprensible...Hegel es incomprensible. Del todo. No se entiende una mierda lo que dice". (Nuestro autor, al fin de su libro responsabiliza al pobre Hegel del presunto mal futuro que tiene la Filosofía).

Luego siguen divertidas lindezas sobre Nietszche, Kant, Schopenhauer, Freud  (la nota del padre de psicoanálisis exonerando a los nazis de tratarle mal y terminando con un "Recomiendo la Gestapo a cualquiera" es deliciosa), Russell, el ambiente de Cambridge, Popper, Wittgenstein y un final de fiesta de rechupete que titula "¿Qué será de la filosofía? ¿Qué será de nosotros?" Y tras un surrealista programa de radio sobre qué es filosofía,  Soravilla tercia en el asunto y se pone serio: "Es absolutamente necesaria una mirada crítica, un cuestionamiento constante, una seria reflexión sobre las cosas que hacemos (en la vida, en la sociedad, en la ciencia, en la política...) sin saber muy bien porqué." Y como decía Nietzche:  "Hay que enseñar a los alumnos a pensar". ¿Ustedes se imaginan la que se puede armar  si se enseña a pensar al público, a exigir honestidad, razonabilidad, respeto con el prójimo y a convertir esas máximas morales en comportamiento?

Por tanto, y para acabar, que ya me voy pareciendo a Luis Soravilla, recomiendo encarecidamente estos dos libros (de nada, amigo) a estudiantes preuniversitarios, a profesores de Universidad (que sepan tomarse las cosas a broma) y a lectores curiosos sobre el futuro de nuestra cultura y sobre la necesidad de las Humanidades para llegar a ser una versión pasable de eso, de ser humano. Con alguna condición: no aceptar una visión mesiánica o trascendentalista de la filosofía, tener sentido del humor y tolerancia con los excesos burlescos. Detrás de las bromas y las burlas del autor hay un genuino amor al pensamiento, su libertad y su necesidad.  Sin duda, es un “philo-Sophós”, un amante de la sabiduría, escuela marxista (de Groucho). 

FICHA

HISTORIA TORCIDA DE LA FILOSOFÍA.- Luis Soravilla.- Prólogo de Javier Traité.- Dos tomos.- 19,90 € c/u.- Editorial Principal de los Libros.-403 págs. el primero y 436 págs. el segundo

 

No parece ser casual que el autor de estos dos libros que hoy comentamos sea un practicante de esgrima entre otras cosas más "relacionadas" con la filosofía como la ingeniería y el empresariado. Considerando esos tres ámbitos en conjunto, lo primero que salta a la vista es que Luis Soravilla es un heterodoxo existencial dado al floreo (dícese de ir de flor en flor, entre conceptos e ideas) a la estocada directa y sin circunloquios (aplicada a poner en marcha las cosquillas intelectuales del lector) y a montar estructuras ingenieriles mentales sobre los peligrosos y traicioneros pantanos filosóficos, para que el personal de a pie pueda circular enterándose de por dónde pasa.

El hecho es que este crítico, el abajo firmante, que lleva cuarenta años dedicándose de una manera u otra a la filosofía, no ha parado de sonreir (y a veces, elevando la sonrisa al cubo de la carcajada) al pasar por las páginas irreverentes, algo gamberras y a menudo desorbitadamente cachondas de estos dos libros en los que se analiza la historia de la filosofía-y, sobre todo, de los filósofos, desde los griegos (o chinos) hasta los más abstrusos y sesudos pensadores de nuestros días, con un  gracejo  y desparpajo (quizá algo pasado de vueltas en ocasiones) que debería enojar a, por ejemplo, Platón y desternillarse a, por ejemplo, Epicuro y aplaudir entusiasmado a cualquiera de la Escuela del perro (es decir a los cínicos, empezando por Antistenes o su más brillante discípulo Diógenes) y en nuestro tiempo a Russell y a Wittgenstein, este último si estaba de buenas. Al que, si viviera, no le haría ninguna gracia la lectura de esta obra y seguramente se querellaría contra Soravilla, es el eximio Heidegger y la gran masa de seguidores del pensador filonazi, que tenía la desfachatez de mantener relaciones con la filósofa judía Arendt sin ver ninguna falta de coherencia en ello. Tampoco era precisa, creo yo, la filípica contra cierto grosero personaje militar que tuvo sus más y sus menos contra el ínclito Unamuno en cierta ocasión muy señalada. Lo cierto es que el tipo no merece ni siquiera una mención como esa en una Historia de la Filosofía, aunque sea "torcida", sino en un tratado de psicopatología histórica.

Acostumbrado a los tomos de Hirschberger o Frederick Copleston sobre Historia de la Filosofía, a los tratados excelentes de Martha Nussbaum, Russell, Pierre Hadot o Giorgio Colli e incluso a los concebidos con cierta ligereza y sentido del humor como los clásicos de Luciano de Crescenzo o Indro Montanelli (y toda una serie de manuales casi de autoayuda que inauguró el "Más Platón y menos Prozac" pasando por los deliciosos "Lo que le diría Sócrates a Woody Allen" de Juan Antonio Rivera o "Desayuno con Sócrates" de Rowland Smith) , la magnífica idea de Soravilla y los osados editores de "Principal de los Libros" me ha sorprendido por su audacia y su desinhibido sentido del humor: es como si Los Morancos, Chiquito de la Calzada, Eugenio, Martes y Trece y Tip y Coll  se hubiesen aliado para formar entre todos la voz de la Musa de Luis Soravilla. Por tanto el ingenio, la información veraz y la agudeza expresiva se dan la mano con una cierta obscenidad, la escatología de un trazo grueso de humor popular y la  combativa irreverencia que nunca es atrabiliaria, aunque a veces sea caprichosa o innecesaria.

Soravilla monta chistes, comparaciones ridículas y comentarios jocosos y delirantes sobre la mayoría de las ortodoxias religiosas, filosóficas o políticas. Las relaciones metafóricas entre la estructura de la Iglesia católica y la empresa Ikea o las glosas sobre el tema de la venta de las indulgencias y Lutero o las diferencias entre dominicos y franciscanos, el cisma Papal y otras lindezas en torno a la escolástica, me recuerdan los mejores momentos de ciertas conversaciones entre profesores de filosofía a las que asistí, todos pasados de tragos y fumatas allá por los noventa.

Ya en el primer tomo, que va de "Tales a Llull, y un poco más allá"

En los dos tomos de esta impagable historia torcida de la filosofía (realmente es superfluo pretender "enderezarla") hay verdades como catedrales que todos hemos pensado alguna vez, pero que pocos hemos osado decir en público o mucho menos publicar. Como Soravilla siempre he pensado que "El Príncipe de Maquiavelo sufre la misma (mala) suerte que  "El arte de la guerra" de Tsun Tzú, que es la de ser citado sin haber sido leido, sin venir a cuento y sin haber comprendido un pijo de lo que realmente están diciendo" (pág.97, tomo II). O "Los genios mueren pero la estupidez persiste" cuando habla de la quema de los libros de Hobbes en la plaza pública. O, "El siglo de las Luces engrendró a más de un iluminado, palabra que nació entonces (siglo XVIII) para definir a uno que anda por ahí creyendo poseer una verdad indiscutible, pero incapaz de explicar por qué es verdad. Hoy en pleno siglo XXI, los iluminados están más vivos que nunca" (pag.202, II). O, "Hegel no fue un filósofo, fue un despropósito. Su filosofía no tiene ni pies ni cabeza...fue y sigue siendo un cantamañanas...si embargo su influencia en la Filosofía occidental es enorme" Y añade, "Si Kant parece imcomprensible...Hegel es incomprensible. Del todo. No se entiende una mierda lo que dice". (Nuestro autor, al fin de su libro responsabiliza al pobre Hegel del presunto mal futuro que tiene la Filosofía).

Luego siguen divertidas lindezas sobre Nietzche, Kant, Schopenhauer, Freud  (la nota del padre de psicoanálisis exonerando a los nazis de tratarle mal y terminando con un "Recomiendo la Gestapo a cualquiera" es deliciosa), Russell, el ambiente de Cambridge, Popper, Wittgenstein y un final de fiesta de rechupete que titula "¿Qué será de la filosofía? ¿Qué será de nosotros?" Y tras un surrealista programa de radio sobre qué es filosofía,  Soravilla tercia en el asunto y se pone serio: "Es absolutamente necesaria una mirada crítica, un cuestionamiento constante, una seria reflexión sobre las cosas que hacemos (en la vida, en la sociedad, en la ciencia, en la política...) sin saber muy bien porqué." Y como decía Nietzche:  "Hay que enseñar a los alumnos a pensar". ¿Ustedes se imaginan la que se puede armar  si se enseña a pensar al público, a exigir honestidad, razonabilidad, respeto con el prójimo y a convertir esas máximas morales en comportamiento?

Por tanto, y para acabar, que ya me voy pareciendo a Luis Soravilla, recomiendo encarecidamente estos dos libros (de nada, amigo) a estudiantes preuniversitarios, a profesores de Universidad y a lectores curiosos sobre el futuro de nuestra cultura y sobre la necesidad de las Humanidades para llegar a ser una versión pasable de eso, de ser humano. Con alguna condición: no aceptar una visión mesiánica o trascendentalista de la filosofía, tener sentido del humor y tolerancia con los excesos burlescos. Detrás de las bromas y las burlas del autor hay un genuino amor al pensamiento, su libertad y su necesidad.  Sin duda, es un philo-Sophós, un amante de la sabiduria. 

FICHA

HISTORIA TORCIDA DE LA FILOSOFÍA.- Luis Soravilla.- Prólogo de Javier Traité.- Dos tomos.- 19,90 € c/u.- Editorial Principal de los Libros.-403 págs.

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21 marzo 2018 3 21 /03 /marzo /2018 08:57

Más cercana a Iris Murdoch o incluso a Doris Lesing  que a Virginia Woolf, quizá por razones cronológicas y socio  históricas, la novelista (17 novelas, más relatos cortos, guiones, obras de teatro y ensayos) Margaret Drabble (nacida en Inglaterra a finales de los años 30) se une a la pujante y combativa grey de féminas escritoras, a la que aporta un estilo irónico, perspicaz, con grandes dosis de humor y unos toques de lirismo, unas dotes de observación y de sarcasmo atemperado con la compasión, al mundo literario femenino de nuestros tiempos.

Precisamente ahora Impedimenta edita para solaz y divertimento de los lectores de todos los sexos la colección completa de los cuentos o relatos cortos de la Drabble en los que nos muestra a través del mismo número de mujeres, directa o indirectamente, las dificultades y problemas, los momentos de completud, las miserias y las grandezas de la condición femenina en un aquí y ahora que todos -o algunos- y todas (la mayoría) reconocemos.

No todos los relatos- escritos entre 1966 y el 2000-  ostentan el mismo nivel, aunque la media se sitúa a un nivel insólitamente alto. El tono combativo y reivindicativo es más notable en los relatos escritos entre los sesenta y los ochenta, después se atempera aunque sin dejar cierto sarcasmo del que ya hemos hablado (como si asistiéramos a un proceso madurativo paralelo entre la escritora y sus personajes). Precisamente en el relato que da título al volumen, se reconoce perfectamente una situación no muy lejana en la que la mujer triunfa en el medio laboral casi sin quererlo, recibe el rechazo del marido y se afana en cubrirlo todo, los hijos, el hogar, su trabajo, con la sonrisa puesta y el deterioro súbito de una enfermedad ninguneado hasta el final.

Drabble estaba "condenada" a ser escritora, siendo hija de padre novelista, su madre profesora y  su hermana, también novelista e historiadora (A.S. Byat, nada menos, autora de "Posesión" y "El cuarteto de Frederica"). En sus historias hay una notable  indagación psicológica y social de mujeres pertenecientes a todos los estratos sociales y culturales (aunque predominan las de clase media alta), esposas, amantes, viudas. Durante las vivencias e estas mujeres sorprende la admisión inteligente de las propias contradicciones de algunas, la agudeza de otras y la paciencia irónica de la mayoría en sus relaciones con los hombres. En "Las cuevas de Dios", una mujer que ha recibido el Nobel por sus investigaciones sobre el "gen de la vanidad" trata de pasar inadvertida y busca el anonimato y la soledad pero emprende como sin darse cuenta de sus propios motivos un periplo inmenso para reencontrarse con un hombre, su exmarido, al que cree haber renunciado.

El primero de los relatos "La Torre de Hasan", de una sinceridad y una sobriedad extremas recuerda mucho el "Chesil Beach" de Ian McEwan, aunque con un final , a diferencia del citado, luminoso, casi una epifanía para uno de los dos personajes del relato (precisamente un joven). También en el resto los temas son recurrentes, todo tiempo de sentimientos, el amor, la soledad, la tristeza o la desesperación o el humor más surrealista como en el relato "La residencia de la viuda", en el nos habla, por ejemplo, de "esa mirada franca, pero perpleja, propia de los caballeros rurales ingleses de finales del siglo XX asfixiados por las deudas".

Magníficos también los relatos "Una victoria pírrica", "Amantes fieles" o "Cruzando los Alpes". Quizá el más flojo , a mi parecer, sea precisamente el último del libro, "Rumbo al oeste", que empieza de una manera Melvilliana, "No me tenéis que imaginar hablándoos en primera persona. O hablo como Mary Mogg y es su historia la que contaré. Imaginad que soy Mary Mogg, una profesora que ya pasó el ecuador de la vida y se acerca lentamente a la jubilación". Luego la cosa no logra mantener el nivel de atención.

 Un dato histórico y honorífico: Drabble fue nombrada dama comendadora de la Orden del Imperio Británico en 1980. La Universidad de Cambridge le otorgó un doctorado honorario en 2006. En 2008, fue ascendida a Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico.

En resumen: una excelente colección de relatos cortos femeninos que muestran de una forma real y a veces enternecedora las complejidades de la manera de ser de las mujeres de nuestros tiempos.

 

 

FICHA

"Un día en la vida de una mujer sonriente".- Margaret Drabble.- Impedimenta.- tRAD. Miguel Ros González.- pÁGS. 285.- ISBN: 9788416542796

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17 marzo 2018 6 17 /03 /marzo /2018 10:53

Como nos informa del excelente prefacio escrito por M. Sibata y traducido por Francesc Gutiérrez, el Tratado de las cinco ruedas nos permite conocer uno de los grandes clásicos de la cultura japonesa. Para los practicantes de las artes marciales, el libro de Miyamoto Musashi (1584-1645), escrito en el siglo XVI es uno de los textos fundamentales del bushido, el camino del guerrero. En él radica la esencia espiritual y psicológica de las artes marciales y de la estrategia fundamental que respetando el principio de evitar en lo posible la violencia, se estructuran como una guía para el arte de vivir y actuar. No es raro encontrar en la mesa de los grandes ejecutivos de las agresivas empresas japonesas un ejemplar de este tratado mítico, que conserva una inmarchitable actualidad (como será evidente si el lector entra en sus páginas.

El bushido, como saben todos los aficionados es la llamada Vía de los samuráis. Su autor, Musashi era un excelente esgrimista y un guerrero activo que vivió en una de las épocas más agitadas del Japón medieval. Desde los trece años, comenzó su vida guerrera con una sucesión de combates que le convirtieron en uno de los campeones de la época. Con un giro vital muy  japonés, en la madurez se inclinó hacia la vida espiritual practicando la caligrafía, la pintura, la talla de estatuillas de Buddha, la ceremonia del té y la poesía. A los sesenta años escribió el Tratado de las cinco ruedas  a modo de resumen de su vida y experiencias, y dos años más tarde falleció.

Con el Kojiki sintoísta, los "Diálogos del sueño" budista y este tratado (todos publicados por José J. de Olañeta) se completa el trío de obras fundamentales que sustentan el espíritu japonés. En este pequeño volumen en tamaño y grande en importancia se nos informa de la vida de Musashi y su popularidad (el D'Artagnan de Dumas es una remedo ficticio de la figura japonesa real, llevada a numerosas novelas incluso en esta época). El título menciona la rueda como símbolo de la existencia que preconiza el Buda y refleja a los cinco elementos  (tierra, agua, fuego, viento y vacío), que representan la naturaleza entera. Sin embargo Musashi aconsejaba  "Hay que venerar al Buda y a las divinidades, pero no contar con ellos".

Su conjunto de reglas morales, prácticas y espirituales que escribió unos días antes de morir (pág.31) es un conjunto que sorprende por su inteligencia, estoicismo y autocontrol. Uno ve brillar en ellas muchas de las claves de la filosofía griega adaptadas a la forma de vida de los samuráis japoneses. Desde el "evitar los placeres del cuerpo", "ser imparcial en todo", "no quejarse nunca", "no ser codicioso", "no experimentar rencor nunca ni sobre los demás ni sobre uno mismo", "No tener preferencias ni buscar la comodidad", "no a las riquezas o a la codicia", "no abandonar nunca la VIa".

Librito apropiado para estudiantes de filosofía, hombres de negocio y ejecutivos, personas religiosas  o espirituales, luchadores de todo tipo, militares y artistas...abstenerse superficiales, triviales e ignorantes comodones.

FICHA

TRATADO DE LAS CINCO RUEDAS.- Miyamoto Musashi.-Trad. Frances Gutiérrez.-107 págs. José J.Olañeta editor. 9788497160025

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15 marzo 2018 4 15 /03 /marzo /2018 09:59

Stephen Batchelor  es un erudito y practicante budista (él parece rechazar el apelativo de "maestro" algo que dice mucho en su favor) y está personalmente empeñado en demostrar que la práctica del budismo no es cosa de monjes absortos en la soledad y la meditación, sino una disciplina que puede compaginar perfectamente con nuestra época y la dinámica imparable de la sociedad postmoderna. Y no sólo eso, sino que se puede convertir en una práctica que nos ayude a sobrellevar el exceso de estrés que acarrea la vida trepidante del siglo XXI en las sociedades avanzadas. Para ello nos sugiere una visión filosófica, contemplativa y ética del budismo, adecuada a los quehaceres  cotidianos  que nos exige la sociedad y la cultura de nuestra época.

No se trata pues de ajustarnos a un concepto del "dharma" o de la enseñanza y percepción budista de la vida, como una religión estructurada y exigente, ritualista y limitada por unas coordenadas de comportamiento y actitudes más o menos rígidas. Batchelor nos sugiere un paseo conceptual por el budismo, no como un planteamiento dogmático de tipo metafísico o una propuesta mística de casi imposible realización, sino como una práctica sencilla y clara de carácter ético y fundamentalmente práctico y útil. La enseñanza básica que se desprende del clarificador libro de Batchelor, excelentemente traducido por Fernando Mora, es que el budismo debe ser considerado como una cultura del despertar en constante evolución. Y esa evolución dinámica le confiere la capacidad de presentar siempre y en todo momento histórico unas características que se amoldan a la cultura vigente en cada país, en una interacción creativa constante con los modos sociales y culturales en lo que se inserta.

Esa capacidad de "reinventarse" a tenor de las demandas ambientales, de amoldarse, (que no deja de ser una de las definiciones vigentes de la psicología cognitiva del término, "inteligencia"), es lo que da al budismo su eterno aspecto vital e inmarchitable. Quizá la esencia de la actitud honesta y heterodoxa de Batchelor sobre el budismo se refleje en una frase espigada al principio del libro (pág. 36) cuando dice: "Me inquieta...que los conversos occidentales al budismo, con unos antecedentes y una educación similares a la mía, adopten de forma acrítica creencias -como el karma o el renacimiento- que los budistas tradicionales dan por sentadas. Cualquier modalidad de budismo por la que abogue estará obligada a llevar la impronta de un enfoque escépticos y terrenal del dharma". Y más adelante añade: "No concibo un budismo que aspire a desterrar todo vestigio de religiosidad, que pretenda llegar a un dharma que sea poco más que un conjunto de técnicas de autoayuda que nos permitan operar con más serenidad o eficacia como agentes o clientes del consumismo capitalista".

Me recuerda la postura filosófica de Batchelor a la de la escuela clásica griega de Pirrón. Esa suspensión de juicio que era el sello distintivo de la filosofía escéptica. Como dice el autor, "suspender el juicio contradice el modo en que estamos condicionados a pensar y hablar". Partiendo de ese escepticismo Batchelor nos lleva eruditamente hasta los inicios del budismo, desde la legendaria figura de Mahanama el converso (primo de Gotama), pasando por el propio Buda y su cuádruple tarea basada en las tres preguntas clave  sobre el deleite de la vida, la tragedia de la vida y la emancipación de la vida. Después se cuestionará la figura o el símbolo del Buda Gotama ("¿no es más o menos real que el Quijote o Leopoldo Blom?-del Ulises de Joyce),  la esencia de la verdad en los textos budistas ("no es la noble verdad del sufrimiento lo que tenemos que entender, sino el sufrimiento en sí") . La vida de Sunakkhatta, el traidor a la figura de Gotama, trata de humanizar la figura el Buda que usa a Sunakkhatta como contrapunto retórico  de lo que no está enseñando. Quizá los capítulos más directos sobre los aspectos formales del budismo secular que nos propone Batchelor sea el 9 (Lo sublime cotidiano), cuando nos dice: "La meditación consiste en aceptar lo que le sucede a este organismo mientras contacta con su entorno en cada momento...el cultivo continuo de una sensibilidad, de una manera de atender a todos los aspectos de nuestra experiencia en el contexto de un marco de objetivos y valores éticos" (pág. 363). Y también el 11 (Una cultura del despertar) donde nos formula los diez puntos que definen  el tipo de espacio budista que preconiza. (pág. 497). Y, por fin, el epílogo, en el que el autor nos cuenta que a través de Megástenes que acompañaba a Alejandro en su conquista de la India, se estableció el vínculo filosófico que llevaría a la filosofía clásica griega al conocimiento e influencia de muchos de los preceptos budistas (un ejemplo sería sobre el escepticismo, quizá en el cinismo o el estoicismo helénico).

FICHA

DESPUÉS DEL BUDISMO.- Stephen Batchelor.- trad. Fernando Mora. Ed. Kairós.-553 págs.-20 euros.- ISBN 9788499885742

 

 

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12 marzo 2018 1 12 /03 /marzo /2018 15:58

Edgard Allan Poe  es un gran maestro de la narrativa fantástica, de terror y de misterio. Un verdadero precursor de unos géneros literarios que tienen un importante peso en la literatura mundial. Empezando por la novela detectivesca (Arthur Conan Doyle, creador del inmortal Sherlock Holmes confesó más de una vez su deuda con Poe) este desdichado escritor roza la perfección en sus narraciones. El volumen que Alma pone en circulación, con una buena encuadernación, tipografía clara y una portada llamativa, adolece de un defecto (como los otros dos libros de esta editorial que he leído últimamente, Twain y Lovecraft ) fácilmente subsanable: la inclusión de unas páginas donde se presente y de noticia crítica del autor. Se me dirá que para eso está Internet. Es comprensible pero no suficiente. Hasta yo mismo me brindo a los de Alma para ofrecer unas páginas adecuadas de cada autor. ¿creen que eso encarecería estos libros? Lo dudo. Y el lector siempre lo agradecerá.

Pero, en fin, pasemos a comentar esta joya. Que lo es, no hay ninguna duda, incluso uno de los poetas e intelectuales más brillantes del siglo XIX francés, Charles Baudelaire, el autor de las gloriosas "Las flores del mal", le dedicó un trabajo de análisis literario de verdadera enjundia. Fue uno de los primeros en denunciar la "inmortal infamia" de un tal Rufus Griswold, albacea y traidor de su supuesto amigo Edgard Allan Poe, al que difamó de tal manera que logró convertir al pobre Poe en pasto de sensacionalismo y trató de hundir su obra (lo que logró durante algunos años) lo mismo que su persona. "He llegado al convencimiento de que Poe y su patria no estaban a la misma altura", se queja Baudelaire. El análisis de la vida y la obra del norteamericano que escribe el poeta francés, debería añadirse como prólogo genial a este libro.

Como prueba de su calidad, les voy a citar un extenso párrafo de ese estudio: "...lo que le permite conquistar la admiración de los lectores pensantes...es su amor a la belleza, su conocimiento de las condiciones armónicas de la belleza, su poesía profunda y dolorida muy bien trabajada, transparente y perfecta como una alhaja de cristal; su admirable estilo, puro y extravagante, tupido como las mallas de una armadura, complaciente y minucioso, en el que la más leve de las intenciones sirve para empujar suavemente al lector hacia el objetivo deseado y finalmente sobre todo por ese genio tan peculiar, por ese temperamento único que le permitió pintar y explicar de una manera impecable, impresionante, terrible, la excepción en el orden moral...Analiza lo que hay de más fugitivo, sopesa lo imponderable y describe, de esa manera minuciosa y científica cuyos efectos son terribles, todo lo imaginario que flota en torno al hombre nervioso y que le conduce a la perdición".

No les voy a decir más  de la obra y la vida de Poe, uno de los autores más "recurridos" como cantera literaria, poética, artística o cinematográfica. Como dijo otro escritor del mismo calibre, Conan Doyle (por su Sherlock Holmes), "Si todos lo que han aprovechado para sus obras escenas, situaciones o imágenes de Poe llevaran un simple ladrillo a su tumba, hoy tendría un monumento funerario mayor que la gran pirámide de Egipto".

En estas "Narraciones extraordinarias" que hoy comentamos, el lector encontrará maravillas literarias como "La caída de la Casa Usher", "Los asesinatos de la calle Morgue", "El escarabajo de oro" (que contiene un reto matemático que puede resolver el propio lector con un conocimiento básico de matemáticas), "La barrica de amontillado", "El pozo y el péndulo", "La máscara de la muerte roja", "Conversación con una momia", "La carta robada", "El caso del señor Valdemar", "El gato negro"...y otras 22 narraciones más. ¿Por qué cito estas en especial? Todas ellas tienen una o varias versiones cinematográficas y han inspirado medio centenar más. También se añaden cuatro poemas, entre ellos dos de la importancia de "El cuervo" y "Annabel Lee". De verdad, no se la pierdan.

FICHA

NARRACIONES EXTRAORDINARIAS.- Edgard ALLAN POE.- ilustraciones de John COULHART.- TRad. No consta.- Ed. Alma. Clásicos ilustrados.556 págs. ISBN 9788415618690

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9 marzo 2018 5 09 /03 /marzo /2018 10:03

Leon Gozlan (1803-1866), es el autor de esta obrita que nos acerca al gran Balzac (1799 - 1850), desde un mirador privilegiado: el de la convivencia que este hombre (por cierto, dotado de un estilo narrativo de primera) disfrutó (o no) durante muchos años con el soberbio autor, como uno de sus amigos más íntimos. Gozlan (1803-1866) es autor de más de veinte novelas (entre ellas algunas muy conocidas hace años como "Arístides Froissart" y "El médico de Pecck"), libros de ensayo y obras dramáticas y obtuvo la Legión de honor en 1846, un año después que su biografiado, Honoré de Balzac (1799 - 1850).

El autor de varias obras maestras de la literatura, desde Eugenia Grandet al Padre Goriot, o Las ilusiones perdidas, eslabones todos de su "Comedia Humana", monumental intento inacabado de mostrar  la vida francesa a través de centenares de personajes con los que pretendió realizar un fresco gigantesco de su época,  en el que refleja las pasiones, la mediocridad, los intereses,  las pasiones de los hombres y las mujeres de su tiempo. Con sus enormes dotes de observación, su estilo irónico y minucioso, la mordacidad de su talante, Balzac (desmesurado en todos los aspectos de su vida, su obra y su persona) debía haber sido un ejemplar humano interesante, hiperbólico y, supongo, agotador. La visión que nos ofrece León Gozlan  de su Balzac “en zapatillas” es todo menos vaga e indefinida. Y es que el escritor se desborda de cualquier biografía que trata de limitar sus contornos. La de Gozlan no es propiamente una biografía sino una serie de momentos, chismes, eventos, conversaciones, encuentros y hostilidades, apuros y cotidianidades,  sucesivos y aleatorios que tratan de dibujar una figura inabarcable.

Balzac ocupó exactamente la primera mitad del siglo XIX, un periodo comparativamente muy breve si tenemos en cuenta el gigantesco corpus de su obra completa. Aún así, a pesar del éxito y de algunas épocas en las que ganó dinero a espuertas, Balzac vivió a salto de mata, endeudado por cantidades tan enormes como sus ganancias esporádicas, buscando el éxito y el reconocimiento social de una forma a menudo patética e inexplicable en un hombre de tanta valía.  Poniendo en marcha negocios surrealistas y absurdos, arruinándose, surgiendo de sus cenizas como un ave fénix de la literatura forzada. Se describía a sí mismo como un galeote, noche tras noche escribiendo amarrado al buró, durmiendo de día, sostenido por la mezcla particular de café que preparaba él mismo. Su sentido innato de la economía productiva, sólo en el sentido creativo, no en el financiero, le llevó a inventar "el reciclado" de personajes que abarcaba toda sus obras de ficción y que trataba de reunirlos bajo el título genérico de "La Comedia Humana".

La edición con la que he trabajado  fue un hallazgo descubierto en el Mercado dominical del libro en la calle Urgel de Barcelona. Está publicada por la Editorial Lara  a principios de los años cuarenta y, oh sorpresa, traducida por mi entrañable y añorado compañero de "La Vanguardia" José Casán Herrera  (en unos años en los que yo aún no había nacido). Sé que se puede encontrar una edición posterior de Editorial Planeta (emporio editorial que nació de la Editorial Lara)  por pocos euros. Y vale la pena leer este librito escrupulosamente bien escrito, en el que Leon Gozlan cumple con aquél aserto escéptico y mordaz que asegura que la mejor manera de conocer los defectos ocultos de una personalidad es preguntar sobre ella a un íntimo de ella, una vez desaparecida. Entre protestas de amistad y paciencia, Gozlan nos va brindando un retrato, seguramente bastante real, de una persona cuyas limitaciones sociales, payasadas, ingenuidades, excesos y abusos, son contemplados con condescendencia y "comprensión" por uno de sus mejores amigos, entre protestas y declaraciones de admiración por el trabajo que realiza. Aún así, el librito no tiene pérdida. Cualquier amante de la narrativa balzaquiana no se puede perder esta joyita.

Como escribe el propio Gozlan en su introducción: "...queremos conocer las casas que habitaba, su modo de ser y actuar en un mundo cuyo fango pisó antes de que sobre él se extendiera el resplandor de su fama; sus gustos, ya fuesen extraños, normales, vulgares o incluso ridículos; sus caprichos y sus grandes o pequeñas flaquezas"... y ya en la obra nos habla de su "desinterés" como arista: "...en el instante mismo que se le ocurría una idea, esta idea se transformaba en operación financiera", de sus pretensiones arquitectónicas diseñando una casa en la que se olvidó de poner escaleras, de su ingenuo y codicioso "cuento de la lechera" en torno a una gigantesca árbol comprado al Ayuntamiento, de su desinterés por cualquier otro escritor que no fuera él, incluido Victor Hugo, de sus intentos de montar una revista literaria o de sus fracasos en el Teatro, todo traducido en locas esperanzas económicas que  fracasaban sin remedio, o la descripción de la persona misma y sus "pasos torpes y rápidos a un tiempo que era característico  de sus andares de elefante"...rodeándolo todo de un "compañerismo" profesional laudatorio y paciente como si hablara de las travesuras de un niño. Recordando la frase de Balzac: "en todo hombre de genio  hay un niño". Y en todo "amigo de novelista" hay una irreprimible sed de mostrar  lo infundado que es el éxito de su amigo desaparecido. Y más cuando ha sido un genio que no valoraba a nadie más que a él mismo.

FICHA

BALZAC EN ZAPATILLAS.-Leon Gozlan.- Trad. José Casan.- Editorial Lara. 269 págs.

 

 

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