A los cinéfilos, forofos o no de la ciencia ficción, les encantará esta película, a pesar de ciertas contradicciones y algunos descuidos argumentales (imputables a la complejidad y audacia de la propuesta). Dirigida por Duncan Jones (anécdota: hijo de David Bowie) e interpretada muy convincentemente por Jake Gyllenhaal (cada vez mejor actor, como corresponde al hijo de un director y guionista de cine - Stephen Gyllenhaal-- y de una guionista y productora --Naomi Foner--), "Código fuente" nos ofrece un guión sóilido e inteligente y una puesta en escena realmente brillante.
Con su dosis bien calculada de misterio y desvelamiento de causas --dentro de una de las hipótesis más recurridas de la CF, los viajes por el tiempo y el papel del cerebro, la máquina más compleja y admirable que existe en el mundo, en una trama que concierne al modelo básico del cine de aventuras y acción: salvar al mundo o a una parte de él. En este caso salvar a los pasajeros de un tren en el que un terrorista iluminado ha colocado una bomba y más adelante un atentado multitudinario en pleno Chicago. En ese tren despierta de pronto un capitán del ejército norteamericano, Colter Stevens, piloto de helicópteros, frente a una joven deliciosa (Michelle Monegan) que parece conocerle bien y sin saber cómo ha llegado allí y qué está ocurriendo hasta que un fragoroso estallido destruye el tren y a sus ocupantes. En la siguiente secuencia el capitán Strevens vuelve a "despertar" y está en un habitáculo metálico, una especie de núcleo de laboratorio, conectado por tv, a un centro de control y bajo las indicaciones de una dama, oficial del ejército, que le dice que está en una misión experimental --de la que nuestro hombre no recuerda nada-- y que tiene que volver al tren y tiene ocho minutos para encontrar al terrorista que colocó la bomba. Lo hará las veces que sea necesarias, siempre ocho minutos antes de que estalle la bomba. La lógica cautiva del oficial va disparando preguntas --desde la realidad de lo que ocurre, su situación personal, qué salida tiene todo eso-- que son contestadas poco a poco manteniendo la tensión argumental con un sabio goteo de respuestas e hipótesis.
Se encadenan los fulgurantes regresos al tren, encadenando las esplosiones y la muerte, con secuencias del laboratorio y centro de operaciones y otro fantasmal regreso. Se repite una y otra vez la misma secuencia de inicio, todos los incidentes vuelven a surgir y el oficial descubre que tiene una identidad y un rostro distinto al suyo (el director utiliza un espejo para que el espectador comprenda la cuestión. El espejo nos muestra lo que ven los demás, en el tren. Ya que nosotros seguimos viendo el rostro tenso y alucinado de Jake Gyllenhaal).
Si recordamos que el director es el mismo de "Moon" aquella maravillosa cinta de ciencia ficción cuyo guión constituye uno de los aciertos más inteligentes de la década en el género, no nos sorprende la habilidad de esta nueva vuelta de tuerca que Duncan Jones da a este tipo de cine tan sugestivo.
Y ahora vamos al titulo de este comentario, lo de la marmota y lo de Johnny. Duncan ha usado, estoy seguro, como materias de apoyo argumental dos películas que, cada una en su género, han sido verdaderos aciertos. Se trata de "El día de la marmota" la deliciosa y sugerente comedia protagonizada por Bill Murray, en el que un locutor de televisión se ve atrapado en un bucle espacio temporal en el que repite indefinidamente un mismo día desde la mañana hasta medianoche y coincide con el dia de la marmota, principio de la primavera, en un pueblecito del norte de EE.UU. La otra musa de Duncan es, sin lugar a dudas, la bellísima y estremedora cinta de Dalton Trumbo "Johnny cogió su fusil", que narra la trágica historia de un soldado virtualmente muerto y destrozado por una bomba en la primera guerra mundial, al que unos médicos amorales mantienen artificialmente con el cerebro vivo para usarlo como conejillo de indias.
Y no cuento más, mejor que no se pierdan "Código fuente".
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La escritora y periodista Rosa Montero (60 años) hace una segunda incursión literaria en el género de la ciencia ficción, ("Temblor" fue la primera) con "Lágrimas en la lluvia" donde nos lleva al Madrid del año 2109 de la mano de una detective Bruna Husky que es pendenciera, solitaria, carencial, dura aparentemente y profundamente necesitada de afecto y amor. Tiene además otra característica, es una "rep", es decir una replicante. Un androide, modelo de combate, que comparte con todos sus hermanos el mismo angustioso temor: conocen su exacta fecha de caducidad, de muerte. Son "nacidos" cuando tienen el aspecto de 25 años y diez años más tarde mueren por una especie de cáncer tecnológico. Mientras, viven su intimidad psíquica a base de recuerdos falsos estándar grabados en tarjetas de memoria. Sus relaciones con los humanos pueden ser sentimentales si ambos aceptan su precariedad. La sociedad en la que viven, los Estados Unidos de la Tierra, está desmoronándose por múltiples razones, en la que las secuelas de guerras universales, destrucción, caos ecológico, crisis política, social y económica, hace pensar inevitablemente en una cierta coherencia de raíz y causa con la situación que ahora vivimos en la realidad. Como si de los polvos actuales hubiéramos esperar lodos como los que asfixian al mundo "feliz" de Rosa Montero.
Este manresano nacido en 1983 es periodista de tv, radio y prensa escrita. Catalunya Radio, RAC1, TVE, Canal 33 y Barcelona TV, El Periódico de Catalunya, Avui, región 7 y Público, han sido testigo de sus reportajes y trabajos. Con 25 años abandona todo y se marcha a hacer ese viaje pleno de simbolismos y comparte sus aventuras, desde el primer día, a través de la web lavueltadelos25.com. Este Julio Verne que no se encierra en ninguna biblioteca, comparte con nosotros el misterio de sus motivaciones reales, como Kavafis caminó por medio mundo para descubrir que lo importante no es dónde se va y cómo se vuelve, sino disfrutar del viaje en sí. Itaca para Marc Serena es este libro y el recuerdo imperecedero de sus experiencias.
Dirigida por la directora del primer "Crepúsculo", la fantasía vampírica para adolescentes, Catherine Hardwicke ha tenido la osadía de llevar el célebre y archimanipulado cuento de Perrault "Caperucita roja" a una versión cinematográfica de lo más "fashion" destinada a conmover los lucrativos corazoncitos de los adolescentes y jóvenes "teenagers" fascinados por las múltiples formas que adopta lo oscuro, la fascinación del mal y la atracción del abismo.
una cámara contagiada por el histerismo de los protagonistas y los comportamientos de los lugareños ante el terror, no mejoran en absoluto una versión anterior - y esta realmente buena- que se llamó "En compañía de lobos" de Neil Jordan, donde la famosa lectura psicoanalítica del cuento llega a todo su esplendor. En la que nos ocupa, la relación de los dos protagonistas tiene el amilbarado y represivo tono romántico de los lánguidos vampiros adolescentes que infestan el cine teenagers.
Macdonald, ya dio muestras de su bien hacer en "El último rey de Escocia" y en "La sombra del poder".