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19 junio 2011 7 19 /06 /junio /2011 17:19

olot.jpgLlegamos a Olot por el nuevo túnel de Bracons. Sobre la cumbre del Puigsacalm se establecía una cornisa negra de nubes, una guirnalda amenazante que cernía la ciudad desde el lado de los Pirineos no muy lejanos hasta el valle d'en Bas. Una luz gris, cenital, resbalaba sobre las altas copas de los árboles centenarios del paseo modernista y daba una apariencia victoriana a las señoriales mansiones que mandó construir el mítico indiano. Las que aún quedan desde el siglo XIX, con sus jardines silenciosos y sus ventanales cerrados, en ambos lados del paseo, están siendo arrinconadas por los nuevos edificios, carentes de gracia aunque quizá más funcionales.

Estuvimos donde en tiempos estuvo el Gran Hotel Montsacopa, en cuyos salones lujosos departían los tertulianos del poder económico de Olot, del renombre social, de los apellidos de la tradición, la tierra y los negocios, sentados en mullidos sillones de cuero, bajo lámparas labradas en cristal, lágrimas diamantinas destelleando sobre las alfombras doradas, los gruesos cortinajes burdeos y el silencio amable y cortés de un casino para señores que trataban de inventar un mundo a su medida a pesar del corsé de la realidad impuesta políticamente. Ahora hay un mundo diametralmente opuesto en el edificio. Es la sede de una residencia de ancianos. También esas personas tratan de evocar un mundo perdido a pesar del corsé de una realidad impuesta por el mantenimiento de una precaria salud y el personal sanitario, por las limitaciones búdicas de la vejez, la enfermedad y la muerte.

Visitábamos a un familiar. Mientras esperaba en una salita adjunta a las habitaciones particulares, reparé en un anciano menudo y pulcro, de expresión despierta e incluso astuta, piel tersa a pesar de la edad evidente, mejillas enrojecidas, sonrisa casi permanente,  gafas de culo de vaso y calva brillante y saludable que leía atentamente un periódico aunque de vez en cuando lanzaba rápidos vistazos alrededor cuando alguien se acercaba o pasaba por el pasillo aledaño. Para leer usaba una enorme lupa que ponía muy cerca de las paginas extendidas del diario.

Me senté junto a  él, ante la mesa cubierta de revistas y periódicos y le di las buenas tardes. Abrí mi libro y me dispuse a leer un rato. Pero sentí que el anciano habia dejado su lectura y me miraba con una sonrisa amable y los ojos, tras las gafas, de mirada intensa, uno de ellos velado totalmente por una catarata y el otro con la opacidad de los miopes avanzados.

--¿Es usted familiar de alguien de aquí? Oh, si, claro, o es familiar o es amigo o es un médico, no hay más opciones, ¿verdad? Es un mundo muy limitado este, aunque hay que acostumbrarse,  Y, ay del que no se acostumbre...--y siguió así durante un minuto o dos, con un catalán fluido.

Traté de recuperarme de la andanada de observaciones y preguntas retóricas y al final pude introducir una frase en el torrente verbal de ese anciano tan lleno de energía comunicativa.

--Me sorprende que con las evidentes dificultades que tiene para leer siga usted con esa buena costumbre de leer los diarios...

--Y otras cosas, libros, me encantan los de historia, ¿verdad?,-- pasó al castellano con la misma  fluidez con la que empezó en catalán-- saber las cotumbres de los antepasados, las culturas clásicas, de vez en cuando alguna novela, pero el periódico, uno o dos, lo que puedo pillar, cada día, eso que no falte, ¿verdad? , saber en qué mundo vivimos, es la manera de estar vivo y bien vivo, aunque a veces nos cuentan cada cosa, pero uno ha de estar a todo, lo bueno y lo malo, en realidad siempre ha sido así...

El filósofo casi ciego me dijo, entreverado con opiniones, citas, reflexiones, filosofías varias, sentido común y picardía, que tiene 86 años y que desde los 25 se le declararon dificultades en los dos ojos, que ha sufrido más de veinte operaciones y que las cosas se les pusieron mal en bastantes ocasiones, "eso de la salud es algo raro, a veces cuanto más la buscas y la deseas, menos te visita" y añadió con cierto humor:

--En realidad ya debía estar muerto. Como tantos otros compañeros de aquí que se me han adelantado. Pero --lanzó una risita--parece que yo no tengo prisa y cuanto mas viejo me hago parece que me endurezco. Yo creo que lo que me vacuna un poco de unirme a los que se van, es mi interés por todo lo que me rodea. ¿Sabe? Esto de leer con una lupa es de lo más pesado. Pero es lo que hay. Así que vamos a ello. Necesito conocer lo que está pasando, la política, la economía, esta crisis, tantísimo parado, la corrupción, oiga de eso ha habido siempre, uno acaba estando en el fiel de la balanza, pero todo pasa ante mi lupa.

Contemplaba a ese anciano animoso con una mezcla de emociones y sentimientos. Comprendí ese deseo anhelante de comunicarse, de compartir con un extraño sus reflexiones, sus pensamientos, lamenté las dificultades que la vida le habia impuesto y pensé que este señor X, cuyo mundo se ha reducido a una lupa, es paradójicamente más rico, actual y comprometido con su tiempo que la mayoría de sus contemporáneos, con sentidos corporales en buen uso, que pasan por la vida sin ganas ni deseos de conocer, de esforzarse en estar informado, de sentir curiosidad por todos los mundos posibles, y los imposibles, que revela el simple uso de la facultad de leer.

El pequeño agujero por donde el anciano, gracias a la lupa, avizoraba a duras penas la realidad virtual de la página impresa, era un gran ventanal frente al mundo de hoy por donde entraba el fluctuante, variopinto y ambivalente fluir de la vida, aquella experiencia vital que cantaba el gran poeta León Felipe. ¡Tres hurras por el viejo de la lupa!

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17 junio 2011 5 17 /06 /junio /2011 10:23

José María Maldonado, es el autor de este interesante libro publicado por la zaragozana Mira ediciones, maestro, licenciado en Humanidades, doctor en Historia y profesor del IES Bajo Aragón de Alcañiz. Donde nació en 1955. (56 años)

En el se resumen investigaciones sobre la guerra civil en Aragón y el estudio detallado de bombardeos aéreos en ese periodo. En todas sus obras este alcañizano muestra una magnifica obsesión por las secuelas de la guerra civil en su tierra.  Así,  "Alcañiz 1938. El bombardeo olvidado", y varias obras colectivas sobre bombardeos en Hijar, la represión en Alcañiz o la guerra desde el aire y sus efectos.

En el verano del 36, se forma la línea del frente de Aragón entre las fuerzas sublevadas en la región y las que procedentes de Cataluña y Valencia entraron en estas tierras, dividida en dos por una serie de batallas y escaramuzas que durarían dos años más. De alguna manera el frente de Aragon fue uno de los terrenos de prueba de las armas por los dos bandos, principalmente el papel de los blindados y sobre todo la fuerza aérea, al aprendizaje basico del bombardeo de poblaciones civiles.

Maldonado ha analizado la información primaria de la que se dispone, ha citado algunas de las especies que circularon por la ingente bibliografía generada por la contienda  y desmentidos otras y se ha concentrado en datos como la llegada puntual de las columnas y el numero de hombres que las formaban, el relato de las mas importantes batallas y la importancia que la intervención aérea tuvo en los resultados.

Y así pasamos desde los inicios de la sublevación militar hasta la llegada de las columnas catalanas y valencianas, analizando la situación del frente a partir de octubre del 36, la estabilización que se produjo en invierno de ese año, el transcurso den el fgrante consolidado en todo 1937, con la militarización de las columnas, las grandes batallas del verano del 37, es decir, Huesca, Albarracín y en otoño, Zaragoza (con la famosa batalla de Belchite) y la ofensiva republicana en el Alto Aragon (Biescas)

Las vaivenes de la guerra tras la ofensiva de Franco a finales de 1937, las batallas de Teruel y Alfambra, que ya dan luz verde a ,los franquistas para romper el frente de Aragon, en 1938.

En esos finales de la guerra, Maldonado analiza también el transcurso de la guerra en el Maestrazgo, la batalla de Levante, de las Ebro aragonés y el Alto Tajo.

La guerra civil en Aragón no fue un escenario mas sino uno de los más importantes, por sus batallas y sus trascendencia. Maldonado estudia el frente desde julio del 36 hasta agosto de 1938. Es una obra en la que se trata de forma integral todos los aspectos belicos a lo ancho del conjunto territorio aragonés y a lo largo de todo el periodo belico.

2138 BOMBARDEOS EN TODO ARAGON Y EN TODA LA GUERRA

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16 junio 2011 4 16 /06 /junio /2011 11:14

Kids-Are-Right-b.jpg"Los chicos están bien", dirigida por Lisa Chodolenko, e interpretada por Julianne Moore y Annete Bening como la pareja de lesbianas que tienen un hijo cada una concebidos gracias a un anonimo donante de esperma (el mismo para las dos, un excelente Mark Ruffalo) es una cinta agradable, sincera, que trata de un asunto que podria convertirse en melodrama barato con una delicadeza y una contención magistrales.

Pues es el caso de que el  chico (16 años, un adolescente algo desorientado)) le pide a su hermana (de 18, más madura e inteligente) que investigue quién es el padre biológico de los dos. Cosa posible siempre que el donante acepte la identificación, cosa que Ruffalo hace algo preocupado pero lleno de curiosidad). La joven, reticente al principio, decide hacerlo y aquí empieza una trama que roza en cada momento el desastre pero se va resolviendo con lógica, humanidad y generosidad. No hay tremendismo, ni insistencias maniqueas, ni juicios disfrazados en la descripción de la vida matrimonial de las dos lesbianas y sus actitudes ante sus hijos. La música de la compositora canadiense Joni Mitchell va subrayando los momentos y el dibujo de los personajes, la insegura pero vital Mooore y la intelectualizada y dura Bening, subrayando el amor entre ellas con tal carga de normalidad, sentimientos y diferencias (salvadas gracias al afecto y a la costumbre) que uno acaba aceptando los roles femeninos reflejando los roles de la pareja heterosecual, sin reticencia alguna (no porque los sostenga el espectador sino porque no lo hace extraño la directora en ningún momento). Película de mujeres contada con sensibilidad y respeto.
Chodolenko dirige con acierto y seguridad y convierte un melodrama con toques de comedia, en el que vibra en algun momento las claves personales de la directora (lesbiana también), en una película con aroma a verdad, a la real vida cotidiana de dos mujeres  de media edad que tratan de revitalizar permanentemente su proyecto de pareja, a pesar de los errores, las manías y alguna que otra traición sexual, todo como un espejo en el que sus dos hijos pueden encontrar respuestas a sus propias vidas.Es decir, levanta melodramas con toques de comedia para apuntalar indisimulados ajustes de cuentas trufados con aromas autobiográficos. 
El donante-padre, a pesar de su bondad, su naturalidad y su simpatía, es el detonante que conmoverá hasta sus cimientos la existencia plácida y ortodoxa de la pareja femenina y sus dos hijos, cuyos roles están marcados con habilidad: la Bening es el "macho" dominante, autoritario, seguro de sí mismo y la Moore sucumbe ante ese poder, pero se rebela y lo hace de una manera no buscada pero brutal: entablando una relación con el donante.
Es una película de personajes, de caracteres, con actores que lo son de verdad y convincentes. Por eso el final debe seguir la tónica seria y lógica del tipo de pareja que nos han descrito. No se trata de un revival de "Mamma mia", aquí la comedia deja su lugar a la tristeza y la resignación.  Hay que aceptar lo que hay y seguir adelante, con ese perdón que nunca es completo y la sensación de que no vale la pena enfrentarse a la disolución de un vínculo que les conviene a todos. ¿Amarga? No, real y sincera.

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14 junio 2011 2 14 /06 /junio /2011 08:20

Estamos en peligro. Todos. ¿Suena catastrófico?¿Exagerado?  A la prueba de cualquier telediario, incluso los más descafeinados, y de cualquier diario solvente, me remito. El rifirrafe de la política y los políticos están dando el espectáculo más bochornoso del siglo. Con la nublada que está cayendo --estamos, como país, muy cerca de unirnos al coro de desastre financiero que entonan Grecia, la que más, Irlanda, Portugal y casi toda la UE con dos o tres excepciones, (entre ellas Francia y Alemania, las responsables de unos planes de recuperación que están hundiendo aún más a los países que pretendían salvar)--, nuestros políticos se aseguran la poltrona, se muestran incapaces de comprender que solo con un  pacto de Estado se puede afrontar la situación y permiten que la desconfianza y el desconcierto contra la clase política explote con la llegada al poder, "democráticamente", de candidatos incursos en procesos de corrupción. ¿Qué nos está pasando como pueblo? ¿El "síndrome valenciano" con el berlusconiano Camps a la cabeza, nos está contagiando a todos? Deberíamos recordar que el voto no menoscaba la responsabilidad politica de esos cargos, ni por supuesto las consecuencias penales.

Nuestra esperanza, débil, se centraba en el efecto ejemplarizador del movimiento del 15-M, los indignados, que estaba estableciendo una forma de mirar la política y la economía refrescantemente crítica, con propuestas reformistas y en algún caso incluso sanamente subversivas (para un orden económico y social responsable de muchos de los problemas que tenemos). Hay intereses en restar importancia a los indignados dando a entender que hay una relación causal con las elecciones del 22-M. A la vista del clima que  ha envuelto a los comicios y los resultados, está claro que el Movimiento está por encima y como reacción debería concretar aún más sus reivindicaciones en contra de la corrupción gratificada, (al margen del partido que sea). 

Aqui topamos con el peligro que ya hemos denunciado aquí, que un movimiento nacido en la Red y potenciado en la calle y en los medios, formado por gentes muy diversa, ni marginal, ni apolítica, ni violenta, un mentis a la indiferencia e individualismo a ultranza que parecían imperar en nuestra sociedad, se diluya en la inoperancia y la falta de estructuras y un ideario clave, sucinto y claro. Hay un vínculo emocional que nos une a ellos y una cierta percepción ideológica que nos hermana: amparándose en la democracia y su defensa, el Movimiento es una respuesta del tejido social  a un sistema gobernado por mercados financieros egoístas y miopes, cuando no estúpidos, y unas instituciones políticas ineficaces, ensimismadas en el poder y en muchos casos corrruptas e impotentes.

Desde aquí reclamo la "solución islandesa" a nuestros males. No por venganza o revancha, sino por justicia y por salud ética de una sociedad casi sin respeto a los principios básicos de la convivencia. ¿Cuál es? Crear una nómina general de responsables, con nombres y apellidos de los causantes de la crisis que nos está ahogando, los que defendieron la liberalización sin control de los mercados, los ejecutivos que se beneficiaron de los excesos del "boom" financiero, los especuladores, los que permitieron esas prácticas, quienes avalaron que esos bancos y entidades se salvaran gracias al dinero público, los auditores que garantizaban unas cuentas fraudulentas, las desvergonzadas agencias de calificación de riesgos que están a sueldo de las entidades que examinan...esa "lista negra" debe ser depurada democráticamente a través de tribunales creados exprofeso para sanear la vida pública y económica. En España y en Europa. Mirándonos en el espejo islandés: el primer ministro Geeir H.Haarde y los responsables directos de la banca y las finanzas que actuaron, como minimo con negligencia ante la crisis, están siendo procesados.

A las peticiones del Movimiento de reformar la ley electoral, exigencia de una efectiva divisonn de poderes, espacio y estructuras para el movimiento al margen de clientelismos politicos o económicos, respeto a derechos sociales básicos, como la vivienda y el trabajo, se debería añadir la creación de unos tribunales especiales europeos que juzguen a los responsables de tanto desastre, al estilo de los de Nuremberg tras la segunda guerra mundial.

¿Utópico? Quizá sí, pero indudablemente necesario. Hay que crear medios de control independientes, tanto de los poderes económicos como de los políticos, cuando su ejercicio sea obvia y evidentemente un ejercicio de corrupción. Los que existen han sido pervertidos por el uso y el interés. Insisto: estamos en peligro.

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13 junio 2011 1 13 /06 /junio /2011 10:47

La sensación que le queda a uno al ver esta película es que los franceses de entre los treinta y los cuarenta, ejecutivos, bien situados, guapos y confortables, son un desastre que rozan el encefalograma emocional plano. La llamada "crisis de los treinta" (o de los 40 o de los 50), ha alentado una generación de "adultescentes" aquejados del complejo de Peter Pan que pretenden poner puertas al campo del envejecimiento y la degradación fisica, oponiéndole una suerte de degradación mental y sentimental permanente. Lo malo es que ese fenómeno no sólo compete a los franceses sino a los occidentales en general de esta cultura de la gratificación inmediata y el escaso esfuerzo. Nada de creatividad, vivir con comodidades y atormentarse con estupideces coyunturales o coñunterales. "Pequeñas mentiras sin importancia", dirigida por Guillaume Canet (que tiene 33 años) e interpretado por un elenco de actores más o menos en ese arco de edad y que compiten en ser el más egoísta, frívolo o histérico o desconcertado, constituye un modelo de ese cine "adultescente" que los americanos ya inauguraron hace años con éxito de taquilla y rechazo crítico serio a tal muestra de desconcierto creativo. pequenas-mentiras-sin-importancia_cartelCuadrado.jpg

Ese grupo de personas embarcadas en unas vacaciones en común mientras que uno de los grandes amigos del grupo está hospitalizado casi en coma por un accidente y está muriéndose, muestra a las claras el bagaje moral de los integrantes del absurdo grupo. No hay maduración de nadie a pesar de los sinsabores y pruebas que viven y todo suena a broma tragicómica que dan más ganas de llorar que de identificarse (aunque sea lo segundo lo que más ocurre dada la globalización generacional en occidente).

Lo unico que salvamos es la fuerza descriptiva del plano secuencia con el que empieza la película (el del accidente del joven motorista, definido por unas imágenes que nos muestran cómo es y cómo vive antes de ser arrollado por un camión).

Con una estructura emparentada en peliculones de la garra de "Reencuentro" o de "Los amigos de Peter", en ambas un grupo de amigos galvanizados por la muerte de uno de ellos o por la declaración de enfermedad grave, sida, en la de Kenneth Branagh, "Pequeñas mentiras sin importancia", (Petits mouchoirs") ha constituido un exito en Francia y en otros paises, como aquí. Lo cual en su síntoma de algo preocupante: la falta de espíritu crítico de la mayoría de esos encantados y emocionados espectadores, seguramente cercanos o incursos en ese arco de una generación perdida por falta de una escala de valores eficaz.

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12 junio 2011 7 12 /06 /junio /2011 08:39

de-dioses-y-hombres-cartel.jpgDirigida por Xavier Beauvois, con guión del propio director y de Etienne Comar, "Des hommes et des dieux" , interpretada por, entre otros,  Lambert Wilson, como el padre abad, Jacques Herlin, Xavier Maly, el monje que ya no oye ni su propia voz vocacional y un increíble Michael Lonsdale, cada vez más dueño de su arte y su magnética presencia, como el monje médico, se conforma como una película fuera de lo habitual, como así lo entendió el Jurado de Cannes que la premió  y que está teniendo una trayectoria impresionante en Francia y muy intensa en España (gracias sobre todo al boca-oreja y a una critica rendida ante su calidad).

Se nos cuenta una historia real, la vida de una pequeña comunidad religiosa cisterciense de Thibirine en el Atlas argelino en 1996, meses antes de ser asesinada --quizá-- por los fanáticos islamistas del GIA, en una de las épocas más duras y sangrientas de ese pobre país del Mogreb. Pero lo que cuenta aquí no es la dialéctica del fanatismo religioso, de la injusticia, de la iniquidad de una matanza sobre personas dedicadas a la oración y al servicio del mísero pueblo cercano al monasterio, ni el enfrentamiento de dos modos de entender la vida o la religión o la tolerancia, ni de una pretendida venganza de ciertos argelinos contra el pasado brutal colonialismo francés en Argelia...

Nada de eso, en eso está cifrada la fuerza conmovedora de esta película, se nos cuenta la vida sencilla de oración, cánticos religiosos, silencio, labores de huerto, estudio y lectura, ayuda médica a una legión de humildes argelinos para los que la presencia de los monjes era una garantía de paz, en un tiempo en que nadie vivía en paz en Argelia.

Se nos cuentan los temores, las dudas, la debilidad y la fortaleza interior de unos hombres que se plantean abandonar, marcharse a Francia, pero deciden al final quedarse todos no porque su labor sea esencial --no hay ninguna labor religiosa proyectada al pueblo, sino sólo de ayuda médica, apoyo moral, comunión con sus costumbres y respeto a sus creencias-- sino porque es su trabajo, es la misión aceptada por todos cuando su vocación les llevó allí. Deben estar junto a los argelinos a los que respetan y quieren y no piensan dejarse amilanar por fusiles, pistolas y cuchillos. Por eso no importa, nunca se supo, si fueron degollados tras su secuestro por una facción del GIA o por soldados del ejército argelino disfrazados de extremistas, lo que importa es que murieron de acuerdo con su fe y con su entereza de hombres espirituales.

Y hay otra razón para hacer de esta película una bellísima página del cine: el tratamiento que el director ha sabido dar a la banda sonora, el silencio, los ruidos de la lluvia, los pájaros o el viento y coronándolo todo, los cánticos de los monjes. Hay dos secuencias que me han parecido tan impactantes y recordables como para formar parte de nuestro bagaje interior (y no sólo cinematográfico): la de los monjes cantando enlazados entre sí, aterrorizados por el fragoroso ruido de un helicóptero militar detenido en su vuelo amenazante sobre el monasterio y la bellísima secuencia, casi al final de la cinta, cuando se produce una suerte de "Última cena" en la que los monjes beben el vino que les lleva el monje médico, un alectrizante Londsale,  todos bajo el presentimiento de que todo está a punto de terminar  y se entroniza en la sala la música "profana" de un casette con las notas de Tchaikovsky (que el monje ha puesto en marcha para la "celebración",  y la cámara se pasea morosamente por los rostros emocionados y llenos de aceptación dramática de cada uno de ellos.

Una película para no perdersela y también para perderse un poco en ella y en su mensaje humano. No político, social o religioso: humano  y si acaso espiritual. Por eso quizá la película habla de hombres y de dioses en el original francés (en España se ha traducido cambiando el orden, prefiero no sospechar por qué, dejémoslo en tontería). 

  

 

 

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11 junio 2011 6 11 /06 /junio /2011 10:35

el-hermano-pequeno_9788423344758.jpgDesde que leí "El río de la luna" en  1981, me fascinó la obra de José María Guelbenzu, un escritor madrileño de 67 años que ha seguido una trayectoria válida, honesta y atractiva, compaginándola hasta el año 88 con labores editoriales (director literario de Taurus y de Alfaguara) y desde entonces con la critica literaria y articulos de opinión en El País. Un escritor perteneciente a "establishment" de élite literaria  de este país (nadie vea redundancia con el diario, no seamos demasiado irónicos) pero, poco habitualmente, que se mantiene un poco al margen, con un aire de insobornable y tranquila independencia. Guelbenzu me ha gustado como escritor, al que leo a menudo, y como persona, al que no conozco sino de referencias, pues nos hemos cruzado con amigos comunes, Saladrigas entre otros.

Con "El hermano pequeño", editada por Destino, vuelve a la novela policíaca, un poco menos que novela negra y un poco más que novela de misterio a la inglesa. Ha creado una especie de Sherlock Holmes con faldas, la jueza Mariana de Marco, a la que desde el año 2000 ha dedicado cinco novelas, desde "No acosen al asesino" en la que Mariana es abogado todavía, no juez, y que va resolviendo complejos casos desde la inteligencia, la coherencia y la entrega profesional, todo aderezado con una finura psicológica al servicio de un estilo correcto y limpio, sin concesiones  al lirismo o a  la vulgaridad coloquial. Una mezcla de Chandler y Hammet con Dorothy L. Sayers, pero con un pudoroso tratamiento de la inevitable violencia, pocas veces explícita y tan bien descrita que resulta efectiva y estremecedora por su propia ausencia visual.

Guelbenzu trata, ha confesado muchas veces, de "dignificar" la novela policíaca. Es una afirmación que no debe gustar nada a la legión de cultivadores del género que estos tiempos tan depresivos han propiciado. Pero lo cierto es que hay una voluntad de estilo en estas novelas de JMG y particularmente en "El hermano pequeño", por cierto,  titulo que describe un elemento revulsivo en la trama: la aparición del hermano pequeño de la juez, un tarambana que está demasiado " pringado" y sorprendentemente moverá fuerzas ocultas en el pasado de Mariana que afectará el proceso y la investigación del asesinato. La víctima es una mujer joven y hermosa, ex modelo erótica, que aparece asesinada, con las dos manos cortadas. (Recuerden cierta novela de mi amigo González Ledesma --uno de los que se podría enfadar con el elitismo literario de JMG sobre la novela policiaca, y con razón-- en que lo que aparece son los pechos de la victima). A partir de aquí las pesquisas siguen los enredados caminos habituales en el género, con algunas sorpresas de buena factura y un ritmo que engancha, pero con una nómina de personajes y un ambiente de ciudad de provincias cerrado y corrupto, muy bien descrito, palabra justa y adjetivo certero, en el que pululan los sujetos que se enriquecen con el poder, la corrupción y el miedo. Juega fuerte JMG a la critica social, sin llegar en ningún momento a ser demasiado identificable con nuestros tiempo actual o con una ciudad concreta, sino que crea una especie de ambiente literario pero muy real que puede servir para aplicarlo donde queramos en los momentos oscuros en que vivimos. Novela que presagia nuevas entregas (diez quiere sumar el autor) y que en lo que a mi concierne, mis disculpas amigo JMG, a pesar de su factura excelente no mejoran nada el liston de calidad que Guelbenzu imprime a sus obras fuera de género.

Al revés que Conan Doyle que desmejoraba cuando salía fuera de Sherlock Holmes, Guelbenzu gana cuando deja a la jueza y se mete en sus propios mundos literarios, los mas intimos, los de mar adentro.

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10 junio 2011 5 10 /06 /junio /2011 09:00

Todo_es_silencio_-_Rivas-_Manuel623.jpg“El mar da la vida y da la muerte. Habla por si mismo. Su sonido se reconoce y siempre habla de recomenzar. Habla a través de signos, es un hablar iconográfico, habla con lo que transporta, lo que llega, lo que desplaza o lo que vomita. El mar habla con signos y cada cosa que expulsa es el signo de una época. Aquí el mar empezó echando naranjas y acabó echando muertos, entre los dos llegaron fardos de cocaína”. Eso dice Manuel Rivas, el escritor coruñés de 54 años, periodista de los buenos, en su última novela “Todo es silencio” que ha publicado Alfaguara. Y eso que dice es justamente el meollo de su novela. El mar de las rías es el gran personaje omnipresente en la trama. El mar y el pueblo, Brétema, un pueblo imaginario inserto en una geografía muy real, un pueblo costero gallego entre los sesenta y los ochenta, la época de eclosión del narcotráfico, hijo bastardo de la costumbre del contrabando que siempre había existido en Galicia. Pero  del tabaco y el whisky la cosa pasó a mayores, la cocaína, el caballo, la corrupción policial, aduanera y polñitica y la fuerza creciente del nuevo poder, los capos mafiosos.

“Todo es silencio” empieza con las correrías de tres niños amigos, Fins, Leda y Brinco, que siempre buscan en las orillas del mar lo que éste les regala,  bajo la presencia poderosa del Mariscal, el jefe, el Dean, el Patrón, un personaje complejo vestido como un caballero del sur de los Estados Unidos, con sus manos siempre protegidas por impolutos guantes blancos y su persona protegida por la presencia amenazadora y silenciosa de Carburo, el guardaespaldas. Es el Mariscal el que al comienzo de la novela marca la espina dorsal de ésta con una frase: “La boca no es para hablar, es para callar”. El silencio es la música constante que vertebra esta novela, apoyada siempre por las frases de Bronco, que será lugarteniente de su odiado y admirado patrón y por las citas casi siempre en latín que éste va dejando caer una y otra vez en sus rebuscados parlamentos: tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Esa es la consigna válida para todo el pueblo. Si quieren medrar han de seguirla. Una frase define esta actitud: “El dinero, aunque salga de manos asquerosas, siempre huele a rosas”. Y así se teje una red de complicidades interesadas hilvanada por el silencio. “Todo es silencio”, no obedece a la frase hamletiana “El resto es silencio” sino a una poesía de Rosalía de Castro, “Todo e silensio mudo”.

La novela se lee de un tirón. Atraen esos personajes, lo que dicen, lo que les pasa…fascina la magia del mar, la poesía con la que Rivas lo describe,  “Leda se levantó agitada. Recorrió el paño de lamé del agua, las partículas destellantes, aquel trabajo de platería infinita y efímera que una mano de viento labraba en el mar soleado”. Nos invade la fuerza de algunos lugares, como la Escuela del Indiano en ruinas y su suelo de mapamundi y algunos personajes como el pescador Lucho Malpica, que hace de Cristo en semana santa y es padre de Fins, éste mismo con sus ausencias y su lealtad, la bella Leda y su fuerza interior o la trágica figura de Rumbo, el padre de Brinco, que regenta el bar y el  cine propiedad de Mariscal, amante de su esposa.

Seduce la voz de Rivas, su poderoso sentido poético, sus descripciones. Quizá esa personalidad tan potente se inmiscuye demasiado en los personajes, en  la trama, en el ritmo, tengo la sensación de que lleva a todos con bridas de acero, con esa voluntad de creador que debería ser más invisible y a veces inexistente. Pero es una objeción que no debe desalentar al lector de Rivas. Hay un final trágico aunque previsible y una dialéctica mafia-policía corrupta-policía integra que roza  el thriller aunque sin llegar a imponerse a la dramática fuerza que emana del pueblo, de los personajes, de sus vivencias.  En resumen, una buena novela de un escritor que conoce su oficio.

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9 junio 2011 4 09 /06 /junio /2011 14:47

Asombrosa película australiana de una desarmante ambiguedad genérica. Parece una película ecológica, pero es también una cinta de amor y de soledad, roza suavemente el género de terror y se queda en una película de sentimientos, de afectos y emociones, en una cinta que defiende la familia y sus vínculos y nos habla de respeto, de celos, de nostalgias, de inocencia y de aquellas cosas inexplicables que la vida puede proporcionar de vez en cuando y que dan un sentido a la existencia.

El argumento es simple: una familia, padres jóvenes, cuatro niños desde un joven de 15 años, otro de doce, una niña de ocho, Simone--la auténtica protagonista--y otro chico de dos. La desgracia se abate sobre la familia bastante feliz, el padre muere de un infarto.

La descripción de la soledad, el desamparo, la angustia y el sufrimiento de la mujer, una magnífica Charlotte Gainsbourg (si, la hija de Jane Birkin y Serge Gainsbourg) que borda su papel, el abandono depresivo en el que se hunde mientras los cuatros niños se defienden como pueden y sobreviven con cierto orden y comprensión del dolor de su madre, ocupa un buen tercio de película, en la que la sensibilidad muy femenina de la directora del filme, Julie Bertucelli, nos muestra de una forma serena y sin estridencias el dramático duelo que libra la mujer.

Poco a poco nos va presentando la relación que se establece entre la el-arbol.jpgpequeña huérfana Simone (muy apegada al padre fallecido) y el enorme árbol que extiende sus ramas sobre la casa y la rodea con sus raíces. La niña asegura que su padre le habla a través del árbol, al que Simone adora y  entre cuyas ramas se esconde cada día. Poco a poco el protagonismo del árbol crece en la psique de la niña y en la imagen y el desarrollo de la película. Con gran maestría la directora evita las connotaciones mágicas o telúricas que el tema ofrece y gracias a Dios no hay voces ni sonidos raros, sólo el viento entre las ramas, los pájaros, la hermosa naturaleza que les rodea.

La fuerza vital de Simone, que habla a su madre del árbol y de las voces que cree escuchar, es entendida como lo que seguramente es, la forma del duelo que la niña vive, como la depresión y el abandono es el de la madre y poco a poco todo se apacigua. Pero el comienzo del cambio en la madre, la normalidad de la existencia de una mujer joven, vuelve a añadir un elemento revulsivo a la trama: nace otro amor. Es entonces cuando la Bertucelli se permite un detalle que roza el género del misterio o del terror, una rama del arbol destruye practicamente, al derrumbarse, la habitación de matrimonio justo la noche en que la mujer ha consentido en iniciar un romance con su joven jefe. Sólo la niña habla de intencionalidad y la madre duda.

A partir de ahí las cosas se complican...pero eso ya pertenece al debido secreto de respeto que todo critico ha de mantener. Solo asegurarles que la directora no se permite más deslices del tipo apuntado y que todo se desarrolla "dentro de este mundo" entre personas normales, buenas y llenas de vida.

Hay calor en esas vidas, en la historia, en la forma de contarla. Imagenes de una belleza impactante y detalles en secuencias que indican una maestría fílmica en la directora: apúntense ese ramo de flores moribundo por falta de riego en el contexto en que verán la imagen. Es un resumen exacto de lo que estarán viendo en ese momento.

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8 junio 2011 3 08 /06 /junio /2011 18:59

xmen-.jpgReconozco que no he seguido la saga de los X-Men, los superhéroes mutantes nunca me han atraido y su estética de comic me cansa, me he quedado con "Up" o con "W-allee" y tanto los Panda kung Fu como los demás especímenes surgidos al calor de los dibujos siempre me han dejado frío. Sin embargo en esta ocasión, esta "precuela" (lamentable palabro) de la historia de los mutantes me fue recomendada por un cinéfilo en que confío. Dirigida por Matthew Vaughn y solventemente interpretada -a pesar de los disfraces rígidos que les impone el guión- por el añorado intérprete de "Expiación", James Mcaboy y Michael Fassbender en el papel de "Magneto" y un Kevin Bacon como convincente "malo" filonazi, la cinta convence, entretiene y hace pensar en algún momento (sin más, no hay que pedir peras al olmo).

La historia que nace en los sesenta, en plena crisis de los misiles rusos en Cuba, (con imágenes documentales en blanco y negro de Kennedy y la ONU con el vociferante Kruschev) manipula la historia para meter el deus et maquina de los mutantes. La historia de Fassbender con su infancia en un campo de concentración nazi donde descubren sus poderes, la raiz del mal luchando contra el bien, pero sobre todo el estigma del diferente, del bicho raro, del desdeñado o temido  y por consiguiente odiado ser mutante va impregnando la acción en la que vivimos el drama personal y la escisión psicológica que supone la diferencia ante la "normalidad". Esta es la trama esencial de la película, a pesar del despliegue apoteósico de efectos especiales y de la rudimentaria psicología de unos personajes que con la excepción de Fasbender (Magneto) caminan por el filo de la navaja entre el ansia de ser como los demás y el orgullo satánico del poder (que puede ser desactivado por el afán de servicio y ayuda que ostenta el profesor X  -el mentor de todo el grupo-) y la pulsión de la venganza. Como dice "Magneto" en una frase decisiva "la paz --con los humanos-- nunca fue una opción".

El clima ominoso y apocalíptico de la guerra nuclear (en aquellos sesenta nació y desde esos días no hemos podido desembarazarnos de ella) entonces entre rusos y americanos, hoy la cosa se ha diversificado, es uno de los aciertos de la película, aunque queda desdibujado en su final de comic y se convierte en anécdota que justificará seguramente más "precuelas", "secuelas" y caprichos varios que darán buen taquillaje. Las secuencias tienen el sello  y el sabor de los mejores 007 e incluso tenemos un malo a la altura del Dr. No o de Spectra. La delgada linea que separa la venganza de la similitud (recuerden los métodos que utilizan algunas vícitmas de los nazis) nos muestra el peligro que supone la falta de una ética clara en el ser humano, el bicho más conflictivo de la creación. "Magneto" acaba en el lado oscuro y arrastra con su fascinación.

Electrizante película que se ve como un tebeo animado pero que esconde en su interior varias preguntas de calado. Un poco como el juego shakespiriano que se lleva Kenneth Branagh con su "Thor". Los aficionados a los superhéroes están de enhorabuena.

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