Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 14:57

excursiones-8420.JPGDia soleado aunque frío, el viento soplaba con fuerza y en el collado de Eres, junto a las Rocas Cambretes, paso obligado para llegar al paso de la Mala Dona, vertical acceso al Montsagre, las rachas frías y ululantes comprometían el equilibrio, en ese lugar, básico. Ha sido una mañana hermosa, recorriendo el PR que atraviesa la cordillera, con Horta de San Juan a la derecha, Cretas en el centro, Arnes a la izquierda y allá a los lejos Vallderrobres.

A medio día, bajo el sol, buscando su calor en la planicie interior del Montsagre, mientras comía un par de piezas de fruta y las cabras salvajes cruzaban a menudo sobre el barrancal frontero, pensaba en la vacuidad, ese enorme silencio interior buscado por la mayoría de las disciplinas espirituales, y comprendía que la brecha absoluta que se crea en la mente del meditador apunta de forma directa e inevitable hacia la conexión más íntima con todo lo que existe. Cuando se logra esa sensación de vacío, nos sentimos en contacto de forma esencial con la existencia, no sólo lo más cercano, también lo lejano e incluso lo que rechazaríamos por ser contrario a nosotros.

Octavi Serret, mi librero, me ha enviado el libro "Libertad" de Jonathan Franzen, una novela que está levantando de entusiasmo a la crítica norteamericana e inglesa. De momento sigo con el "Yo confieso" de Jaume Cabré. Dos volúmenes especialmente generosos en número de páginas. Deberé dedicarles tiempo y espacio. Resulta chocante después de tanto reflexionar sobre la vacuidad. carlos-copia-1

Se publica un poemario póstumo de mi entrañable amigo Carlos Nadal. Le echo de menos. Era un alma libre, de inteligencia y sensibilidad poco comunes. Hubiera disfrutado con mis aventuras. Todas ellas. Vivía las montañas y los senderos por delegación. Cuando le contaba mis caminatas, las externas y las internas -espirituales o psicológicas- , le brillaban los ojos y rejuvenecía veinte años. Entonces parecíamos gemelos.

Fue uno de los personajes reales pero "disfrazados" de mi novela "La mujer de arena" y, años antes, también salió como personaje entrañable pero secundario en "Cualquier dia en la ciudad". Fue mi jefe respetado y carismático durante casi treinta años en la sección de política internacional de mi periódico. Mentor y sabio protector de quien esto suscribe, ha dejado una huella imperecedera en mi corazón. Te adivino en charla eterna y sosegada, siempre profunda pero atravesada de las chispas de tu humor, rodeado de ángeles que escuchan y debaten al anciano irónico y tierno en que te habías convertido, Carlos, mi amigo, mi hermano...

Compartir este post
Repost0
21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 09:35

 

 La_esquina_frontal.jpg

 

Desde Truman Capote y Sinclair Lewis, pasando por la mayoría de los "grandes" en la novela negra norteamericana o algunos de los genios literarios de ese país, estoy pensando en Faulkner o Hemingway por ejemplo, la literatura realista que toma como motivo el crimen, la droga o los delincuentes, ha proporcionado una curiosa y fructífera simbiosis entre las dos artes: el cine (o la televisión) y la novela o el reportaje entreverado de ficción. Tomando como referencias  literarias "La canción del verdugo" de Norman Mailer o "A sangre fría" de Truman Capote, el reportaje novelado "La esquina" de David Simon y Ed Burns, que publica en España "Principal de los Libros", alcanza en sus 681 páginas cotas de parecida excelencia.

Para el lector televidente y aficionado a las grandes series norteamericanas, el nombre de David Simon, e incluso el de su coautor, les resultará muy familiar, ya que Simon es el creador de "The wire" la mitica serie sobre el mundo de la droga en Baltimore y Ed Burns, que vive y trabaja en esa ciudad tan conflictiva, fue policía y es uno de los personajes reales del anterior libro de Simon, "Homicidio", que ganó varios premios destinados a la mejor obra sobre hechos reales.

Al igual que en "The Wire" la serie de culto de la que es creador, David Simon extiende en "La esquina" una característica que hace de este libro lo que fue la serie (que en Estados Unidos acabó en marzo de 2008 y aquí aún se está viendo y se vende en DVD), uno de los mejores diagnósticos que se han hecho sobre el fracaso del sistema capitalista en la sociedad postindustrial. ¿Tan profundo es el libro? Aparentemente sólo nos habla de las vidas que giran en torno a la esquina de las calles Fayette y Monroe, en una ciudad de segunda fila, Baltimore. Unas vidas destruidas por la droga, cuyo mercado más amplio y eficaz se gesta en esa esquina. El centro de interés argumental es la familia McCullough, una pareja de drogadictos y un hijo joven e inteligente que se gana la vida comerciando con la droga.

Pero no es sólo ese drama lacerante, que conocemos también aquí en versiones más o menos parecidas, sino el contexto social, político y policial en el que se mueven. Como escribe el autor, "estamos en un mundo en el que las reglas y los valores del libre mercado y el beneficio maximizado se confunden y diluyen en el marco social, un mundo en el que las instituciones pesan cada día más y los seres humanos menos".

Esta es la sensación que queda en el ánimo del lector cuando avanza en la lectura de estas trepidantes y angustiosas 688 páginas del volumen que edita "Principal de los libros", una especie de malestar profundo que nos confunde porque sabemos que no estamos tan lejos de las conclusiones, una debacle que afecta a la mayoría de la población de aquel pais --y de éste, y de muchos-- sin posibilidad visible de mejora, con una crisis que parece cebarse con los débiles mientras los politicos dan palos de ciego y salvaguardan los intereses de la  banca primordialmente, mientras difunden diagnósticos alarmantes  -que enriquecen a los especuladores- y no acaban de encontrar el remedio.

Y ¿saben lo más duro que nos cuenta el libro? Pues...que es verdad. No es una novela. Es un reportaje novelado cuyos personajes son seres reales, de carne y hueso, inmersos en un sistema que parece regirse por las fuerzas caprichosas e interesadas de los dioses corruptos de la tragedia griega, sin posibilidad de apelación, sin recursos para juzgarles y condenarles, sin capacidad de hacer pagar a los responsables de este desaguisado porque nadie en el "Olimpo" de las multinacionales, los politicos corruptos o las instituciones ineficaces, se hace responsable de nada.

Este es el asunto que flota en la narración de la vida rota de una familia de Baltimore, en la que el trapicheo de drogas encubre el drama  general de los desfavorecidos del sistema, cada vez más numerosos en todas partes. No hay pretensión en Simon y Burns de hacer un libro de denuncia social, se contentan con mostrarnos la saga de la familia Mc Cullough y el ambiente de la ciudad y su esquina negra. Pero en un segundo nivel asistimos a la degeneración de un sistema que no sabe como ayudar a esa gente o de unas instancias policiales que van directamente a la represión, la detención y la eliminación del problema por la via de cortar el síntoma. Cosa imposible de hacer. La droga es el síntoma, el paro, la violencia, los robos, los asesinatos la consecuencia de una enfermedad que requiere más tratamiento que cirugía.

Los hechos que se nos cuentan tuvieron lugar en 1993 y  ambos autores hicieron un excelente trabajo de campo durante tres años, en el lugar de los hechos y con las personas que más tarde formarían parte del libro. Un libro que es un grito, sin aspavientos, sin dramatismos inncesarios (lo que se cuenta ya es suficientemente dramático), una llamada de atención hacia la ineficacia de un sistema rígido incapaz de mitigar la desesperación de seres humanos empobrecidos en niveles de miseria, una denuncia indirecta a la sociedad que los cobija, a su sistema educativo, sus leyes y su forma de aplicarlas, el reflejo de una gran parte de la población de uno de los paises más ricos del mundo, masa de marginados que forman un caldo de cultivo donde toda barbarie es posible

"La esquina" es un libro duro y honesto, un reportaje vivo que nos muestra una cara de la moneda occidental que se encuentra ya en todas partes: Inglaterra, Italia, España...En suma, de lectura obligada.

 

FICHA: "La Esquina", David Simon y Ed Burns. Proincipal de los Libros. Barcelona 2011. 688 páginas. 27 euros.

Compartir este post
Repost0
20 octubre 2011 4 20 /10 /octubre /2011 13:23

Hace un año comencé este blog. Hace un año dejé mi trabajo de periodista en La Vanguardia. Hace un año me prometí cambiar y mejorar mi estilo de vida. Hace un año opté por renunciar a la práctica de la psicología y fui despidiendo a mis pacientes. Hace un año comencé una novela y decidí dedicar parte de mi tiempo a reanudar mi carrera literaria. Hace un año quise implementar la disciplina espiritual del zen y la meditación cotidiana, que como un rio Guadiana aparece y desaparece en mi vida desde hace cuarenta años. Hace un año me exigí escribir sólo aquello que mi mente, mi corazón y mi deseo me sugirieran e impulsaran. Hace un año me vine a vivir a un pueblecito encantador del Matarraña. Hace un año repetí mi único compromiso vital permanente: ser vulnerable al amor y a la persona que me lo ofrece con total generosidad. Hace un año volví a darme cuenta de que era un hombre afortunado. Aunque ahora, un año después, me percato de que no he avanzado gran cosa en mis proyectos. 

Esta mañana, junto a la cascada del Ventador, en Els Ports, en plena soledad, acunado por el sonido del agua, entre las rocas de la angosta garganta donde sólo las cabras salvajes y algunos montañeros se acercan, he renovado todos mis compromisos. Y he adquirido uno nuevo: escribir en este "corazón de tinta", durante todo un año.

Aquí tenéis el lugar donde he meditado:

excursiones-8289.JPGmientras caminaba de regreso, apenas una hora pero con un desnivel brutal, reflexionaba sobre el contenido de este dietario que, como veis, se centra sobre todo en la disciplina de la escritura, es decir, en el reflejo --negro sobre blanco-- de todo aquello que en ese día ha merecido mi interés y mi atención, con especial hincapié en las tareas de reflexión, análisis, lectura y estudio que forman parte del espinazo operativo de mis días y parte de mis noches. No hay una estructura de espacio ni de estilo prefijados. Puede ser un simple apunte o una corta reflexión o una observación puntual. Puede ser mínimo como un haiku o largo como un artículo. Pero siempre será sincero y limpio, con una cierta exigencia intelectual de probidad y honestidad.

Ahora escribiré sobre el libro-reportaje "La esquina" de David Simon y Ed Burns. Me agobian un poco estos enormes mamotretos montados en la técnica del best seller, muy americanos y con ambición exhaustiva. Este, sin embargo, justifica su amplitud y algo de su fama y gancho popular. Espera el libro de Jaume Cabré "Yo confieso", extenso y prolijo, también. Y la película "Somewhere" de Sofia Coppola, la hija más inteligente del genio Francis Ford. Si, el de "El Padrino".

Compartir este post
Repost0
19 octubre 2011 3 19 /10 /octubre /2011 09:12

contagio-poster.jpg

 

  Un virus letal, que se transmite por simple contacto, pone en jaque a los gobiernos, las instituciones médicas y farmacéuticas y a las sociedades del mundo que entran en un estado de pánico que agrava y supera la siniestra eficacia destructiva del virus. El desmoronamiento social y político, la carrera contra reloj de los científicos que buscan la vacuna, los casos de sacrificio y lucha aislados en un climax de angustia social, miedo y muerte.

Esta es la historia que nos cuenta Steven Soderbegh que, como es usual en este tipo de películas, va insertando en la trama global las pequeñas historias más o menos pertinentes que dan valor y contenido humano a la gran y caótica tragedia de una civilización puesta a prueba.

El ritmo es trepidante, con pequeños apuntes que están dotados de una atomósfera propia, más calmada, pero al final arrastrados también por la vorágine del drama colectivo que se vive en todas partes. Las víctimas se cuentan por millones y durante el proceso se nos muestra, como botón de ejemplo, algunos que tratan de aprovechar la situación, incluso con buena fe, provocando más desinformación y creando suspicacia, violencia engendrada por el miedo y actos delictivos que buscan ser admitidos bajo el paraguas de la excepcionalidad.

El reparto es espectacular, Matt Damon, lejos de su dinamico papel de la saga Bourne, Kate Winslet como investigadora. Gwyneth Paltrow como una de las primeras víctimas cuya desgracia destapa un asunto de infidelidad, Laurence Fishburne como alto cargo sanitario mundial que no puede evitar dar un trato de favor a su familia, un desfigurado Jude Law como un periodista sin escrúpulos que cree en una cura naturalista y se aprovecha de su éxito en internet, Elliot Gould, siempre tan creíble, como científico que encuentra la secuencia de contagio del virus pero sucumbe a él...

Pero el acierto del director consiste en rodear a todos esos intérpretes de un ambiente, de un aire y un estilo en el que la amenaza y el terror hacia el virus, el realismo sin exageraciones, la economía de secuencias, la simple, fría, aséptica y difícil fórmula casi documental de lo que nos narra, crea en el espectador sentado en la butaca una de esas difíciles sensaciones que sólo los grandes del cine consiguen: el "contagio" por simple empatía de ese terror humano a la muerte y más como en este caso, invisible, sin forma, sin aviso, por el simple contacto con la persona enferma. 

Las reacciones que vemos en la panatalla son las que esperaríamos vivir si nos viéramos en esa tesitura, el ansia de acumular provisiones, la exigencia violenta de vacunas, las paranoicas conspiraciones que el miedo cultiva. Son noventa minutos en los que no sobra ni un solo fotograma. Y un  final abierto pero no por ello menos estremecedor por lo que tiene de corolario de una situación que no ha terminado y no sabemos si va a terminar. (Si no conociera el valiente y honesto cine de Soderbegh pensaría que se está preparando para un "Contagio" 2).

 ¿Cuál es esa verdad que nos presenta la pelicula? Simple y dura: la precariedad de nuestra inconsciente seguridad como sociedad y como especie. Y aquí no se trata de los marcianos o de criaturas inverosímiles, es un simple virus el que trastoca todas nuestras nociones de lo que es ético, de lo que está mal, de lo que nunca debemos hacer. Nadie está libre de contagio.

Y mucho menos en este mundo del que tan orgullosos nos sentimos: la aldea global. Es precisamente de la mano de esa globalización de la que el virus se hace rey, ayudado en su faceta, tambien muy peligrosa, del miedo, por personajes como el "blogguer" que interpreta Jude Law, cuya falta de responsabilidad extiende rumores de efectos catastróficos  con más velocidad de la que el virus se propaga .

Contagios pues, vírico, informativo, pero también de desconfianza hacia los politicos y el poder, hacia las empresas farmacéuticas y por último, pero no menos importante, la faceta destructiva intima del virus, la de los principios morales, la esperanza, la generosidad, el sacrificio por el otro, la comunicación y el amor.

Contagio pues universal, fisico y psíquico, social e individual, político y profesional: en suma jaque mate a nuestra cultura como estilo de vida, como jerarquía de valores. Eso es el cuerpo global donde el miedo se ceba como un virus carcomiendo las bases y los fundamentos. Ruina.

Un filme sin sensacionalismo, verosímil, firme y variado en su oferta de historias adyacentes al nudo central, critico con instituciones y comportamientos, con su gotita de esperanza humana en algunos, a veces tierno y a veces lleno de emoción y casi siempre salpicado de angustia y miedo. Pero todo este discurso ha sido hilvanado de una forma seria, dolcumental, honesta, veraz, sin teorias conspirativas ni complots de poder o de medios de comunicación (cosa que en aquella "Virus" con Dustin Hoffman, no acabó de funcionar). El hecho tal como se produce y se expande y las reacciones casi nunca adecuadas o buenas de las personas, sea cual sea su origen o su formación, desde el pillaje hasta el secuestro con extorsión o el asesinato.

Tal es la veraciadad que imprime este director a su película, que la secuencia en la que el jefe de los servicios secretos norteamericanos habla de que todo podria ser un ataque terrorista, suene irremediablemente a tópico y estupidez. Se nos ha convencido que es un peligro que no tiene bandera ni ideología, que es uno de los medios que la Naturaleza puede llegar a crear para terminar con la existencia humana, sin previo aviso, sin causa imputable a los humanos, simplemente un cruce biológico, excrementos de murcielagos comidos por cerdos que entran en la cadena alimentaria humana y causan un cambio genético que muta en virus y se inicia el contagio, desde el cocinero de Hong Kong que ha cocinado la carne hasta la bella ejecutiva que le felicita por el plato que ha comido y que comienza a difundir el virus allí mismo y tras regresar a Estados Unidos en todo su entorno. Una progresión geométrica brutal que contagia al mundo entero. El principio de la mariposa cuyo aleteo en una  punta del mundo provoca un tsunami en la otra.

 

 

 

.

 

.

Compartir este post
Repost0
18 octubre 2011 2 18 /10 /octubre /2011 15:36
 four_lions.jpg
  Chris Morris, un director inglés tocado por la magia irreverente de los Monthy Piton, la osadía de Borat y las gansadas de Mr. Bean, sin su ingenuidad, se ha atrevido a hacer comedia destructiva sobre un tema tabú: el terrorismo de sello islámico. "Four Lions" es una comedia que hay que ver con la mente clara y nada maniquea, ya que hace con el terrorismo islámico lo que el grupo iconoclasta de los Monthy Piton hicieron con "La vida de Brian" y la religión: humor crítico, inteligente, anarquista y salvaje sobre una realidad que tiene de todo menos graciosa.
En el festival de Sundance 2010 se alabó esta película rompedora aunque muchos le vaticinaron un dificultoso estreno, si lo había y una vida más bien corta en los cines comerciales, si es que alguien se atrevía a distribuirla.
Al final ha logrado estrenarse y veremos qué trayectoria tiene. El boca-oreja funciona desde luego y no sabemos de ningún atentado islamista contra los cines o contra Morris y sus actores (habida cuenta del escaso sentido del humor que suele mostrar esa creencia religiosa): las aventuras descabelladas de ese grupo de islamistas británicos, primero en Pakistán y más tarde en la propia Inglaterra roza el más radical y venenoso humor, con una ironía candente y un contexto politico y social desternillante pero, ojo, bastante realista. Las cosas seguramente no suceden así, pero lo que nos cuentan no es absurdo sino bastante posible, aunque aqui desemboque en la astracanada.
Datos para la carcajada; las motivaciones de algunos de los novatos terroristas, el uso de cuervos-bomba, los disfraces increíbles llenos de explosivos para correr la maratón de Londres y hacerlos estallar, la organización de los atentados, el comportamiento de las fuerzas del orden, los diálogos dignos de Jonathan Swift con unos gramos de Woody Allen, el entero planteamiento de la película, todo lleva al espectador a una orgía del sinsentido, el absurdo, la guasa irónica, la estupidez como forma de comunicación satìrica y en suma un regalo de buen humor negro para quitarle un poco de tragedia a un tema que, la verdad, agobia un poco.
Los cuatro leones, aspirantes a terroristas que van metiendo la gamba sin cesar con una estupidez ingenua que atrae a la mala suerte como la luz a los mosquitos, acaban conectando con el espectador en clave de humor de sal gorda, cada uno de ellos con sus motivaciones y sus dudas y sus necesidades cotidianas y su falta absoluta de idoneidad  y preparación para lo que quieren hacer.
Es obvio que no se trata de ironizar a costa de los musulmanes y esto es algo evidente para una persona minimamente inteligente aunque creo que puede resultar peligrosa en otras personas demasiado, digamos, convencidas de la legitimidad de la lucha contra el Gran Satán (occidente). Gags desternillantes, economía de medios, astracanada de la buena y disparates a gogó para alegrar un poco al personal, bastante hastiado de la osura y sangrienta tragedia de la realidad.
La broma final de relacionar al pintoresco grupo londinense con la muerte de Bin Laden ajusta un poco la lente de percepción de lo que nos narran y cómo lo hacen. No hay burla sino jolgorio, absurdo y sátira, un juego --difícil -- de decirnos hasta qué grado de locura pueden llegar algunas personas en nombre de ideales que en ningun momento preconizan esos actos. Pero no hay moraleja, ni crítica filosófica, hay broma, risas y excesos en nombre del humor. Los cinco terroristas descerebrados son dibujados con precisión de entomólogo y con detalles que los hacen, ay Señor, excesivamente "posibles".
Yo creo que la comedia de Morris debería ser de visión obligada en nuestras escuelas occidentales tan plurales en procedencias del alumnado. Reirse con la risa sana del humor de caricatura puede quitarle hierro a un tema que siempre se toma con excesiva emocionalidad. Jugar a desarmar una idea fanatizada puede resultar terapéutico, ya sea, por ejemplo, en los ámbitos nacionalistas violentos, ETA o IRA o en los desbarajustes políticos de dictaduras varias y de monopolios religiosos o sociales. Tal vez si aprendemos a reirnos un poco de la "sacralidad" de esos conceptos hagamos que se abran caminos a la razón y la empatía.
Aunque en definitiva la inmolación paulatina de los cinco terroristas imexpertos deja en la mente una pregunta oscura: ¿podría ser prematura la risa, la carcajada liberadora, en unos temas que todavía nos atañen con  toda su barbarie indiscriminada y letal? Pues, dedichadamente, en la vida real los terroristas pueden ser tan estúpidos como en la pelicula pero obviamente son más eficaces.
Compartir este post
Repost0
17 octubre 2011 1 17 /10 /octubre /2011 14:03

excursiones-7850.JPGTierras yermas, venteadas, con escasos pero hermosos árboles en torno a los ríos, tierras antiguas con huellas abundantes de una ocupación humana dedicada a la agricultura, la ganadería y la laboriosa construcción de infinitas terrazas sobre un terreno de escasos desniveles, lugar donde la piedra hace paisaje, no sólo la de las colinas, gargantas y montañas, sino la usada por el hombre ancestralmente para construir chozos y viviendas, parideros y corrales, sólo piedra, lajas finas formando paredes, divisorias, muros de contención, piedra con piedra sin nada más, orfebrería de las losas, inteligencia primitiva eficaz y duradera. Todo esto nos lo da el Maeztrazgo, una tierra bellisima en su desolada grandeza, con pueblos hospitalarios, arte arquitectónico y paisaje esplendoroso bajo un sol de justicia y con la frecuente presencia de los vientos.

Para empezar nuestros periplos por esa extraordinaria comarca he escogido un recorrido nada dificultoso y bastante representativo, creo. El sendero señalizado que lleva desde la Iglesuela del Cid hasta el caserío abandonado de Casas de San Juan por el puerto de las Cabritillas y el barranco del rio de la Cuba. Son aproxidamente unas cinco horas entre ida y vuelta, unos 18 kms, y se salva un desnivel acumulado de 425 m en las dos direcciones, aportando una visión de la zona de gran valor paisajístico. Durante todo el recorrido, bordeamos y bajamos a un par de barrancos, el segundo, de San Juan, de una belleza soberbia. Pasamos entre extensos campos con pocos árboles y roturados por las lineas geométricas perfectas de los tradicionales muretes de roca y piedra, cientos de kilómetros de bajas paredes de piedra, una integración de la "piedra seca" en el paisaje en forma de chozos, casas y los muros divisorios coronados de losas en pie, como el dorso de un animal prehistórico. Vegetacion de tipo herbáceo, enebros y boj por doquier, y en las laderass de los barrancos, bosquetes de carrascas y allá en el fondo, junto a los cauces secos de rieras y el rio de la Cuba, pleno de choperas en sus riberas, con ese característico color dorado del otoño. excursiones-7827.JPG

Salimos de la Iglesuela por el portal de San Pablo (el único que queda de los cinco que rodeaban el perímetro de la población medieval)  y las pequeñas huertas del barranquillo  arbolado que lleva  a la Fuente de los Alpargateros (un abrevadero a sus pies) y comenzamos a subir hacia el puerto de las Cabrillas, primero por un sendero entre chopos y arces, plataformas de roca (relieve subtabular) con aspecto antidiluviano y la presencia permanente de un paisaje transformado por la actividad humana durante milenios.

El sendero se convierte en anchísima senda  o via pecuaria entre muros bajos hechos de piedra rojiza en forma de lajas, ganadeería en los campos, caballos, vacas, toros, ovejas o burros y señales de PR que te llevan hasta el cruce de la carretra -- A-2706 -- en pleno puerto. Los vientos soplan fuertemente allí, es una compañía incesante todo el camino. Hay grandes mojones de piedra a lo largo del camino, prueba clara de que en el rigor del invierno con las grandes nevadas y los ventisqueros que se forman en la zona, no hay otra manera de guiar a hombres y ganados.

Por doquier y desde la bajada entre rocas hacia el barranco de San Juan, las masías y casetas empiezan a ser visibles ambos lados, en la lejanía. Un cruce de señales nos avisa de un sendero lateral que lleva a la llamada "arquitectura de piedra seca", declarada Lugar de interés etnográfico, ancestrales edificaciones de uso ganadero o humano realizadas con las lajas de piedra rojiza del lugar, sin ningún tipo de argamasa o barro sustentador, simplemente rocas encajadas con precisión de orfebre. Asombra la belleza y solidez de las bóvedas de esas edificaciones, realizadas son la técnica de "aproximación de hiladas" de roca y  rellena con "cascajos" para que con la simple fuerza de su cohesión se mantenga firme durante siglos. excursiones-7894.JPG

Chozos, casetas y muros de piedra seca forman un patrimonio cultural y etnográfico de gran interés que además dan al austero paisaje una nota humana que lo ensalza.

En el descenso al barranco del Mas de Osset, al borde del camino, encontramos una mesa de interpretación que nos informa sobre esa  arquitectura primitiva tan simple y admirable.

Altas plataformas calcáreas, la loma de la Cogolluda que separa Teruel de Castellón, formaciones y cadenas de lomas y cerros, arbustos de todo tipo, tierra de frontera, masías fortificadas y perfiles limpios en la lejanía donde es fácil ver en silueta a los caminantes, una zona en  la que la deforestación hizo estragos y solo quedan bosquetes en algunas riberas, un reino del boj, la aliaga, el enebro y las plantas aromáticas.

El caserío de San Juan que se divisa después de cruzar el primer barranco y comenzar la bajada del de San Juan, allá a lo lejos, da la impresión de que es un lugar habitado y el camino va bordeando la ladera en continuo descenso --300 m de desnivel negativo-, obstaculizado a veces por desprendimientos, cancelas o alambres.

Cuando llegamos al cauce del rio, lo atravesamos (está seco) y en la ribera frontera comienzan las abandonadas edificaciones del caserío, una docena de casas, algunas ruinosas lamentablemente. En la plazuela central del poblado, recoleta y con una piedra adornada con la bandera de España, está la ermita de san Juan (1409) y la vieja escuela de los del lugar.

En nuestros dias solo es destino de caminantes y lugar de romerias (último fin de semana de julio) y "tranza" de productos del campo (subasta tradicional). El silencio y sosiego del lugar, sólo interrumpido por el piar de los pájaros y el grito ronco de algún ave rapaz, buitres sobre todo o cuervos, merece el lindo caminar, nada cansino. La vuelta da, como suele suceder, una perspectiva distinta al paisaje y uno puede complementar la caminata con una visita a la Ruta de la Piedra Seca (PR-TE70), que suma unos seis kms de sendero con escaso desnivel y ninguna dificultad. Iremos por el Camino del Puntal, enlazando con el camino asfaltado de la Ermita del Cid y se cruza el barranco por un puente hasta las Caseticas del Cura y la caseta realizada por el taller de empleo "Vive la piedra, trabájala".

 

 

COMO IR

 

Tomando como base de salida Vallderrobres o Alcañiz, una ruta reomendable es ir hasta Morella y desde allí a Villafranca el Cid  (evitamos la pista que pasa por el puerto de las Cabritillas), desviándonos allí hacia la Iglesuela del Cid. Una vez en el pueblo, el sendero que sugerimos está señalizado, aunque conviene  consultar los libros Senderos del Maeztrazgo de la FEDME o el libro dedicado al Maeztrazgo de la Red Natural de Aragón, y los consabidos mapas del Servicio geográfico nacional, todos ellos localizables en librerías especializadas o en la de Serret en Valderrobres.

 

 

NO SE PIERDA

 

Iglesuela del Cid merece una estancia más que un simple paso. Situada a 1227 m sobre el nivel del mar y en el extremo inferior de la comarca, frontera con Castellón, es una población  de referencia en cuanto a la arquitectura de los siglos XVI y XVII, con edificios de la nobleza con estilo renacentista, muchos blasonados. La plaza Mayor con su torre de los Nublos (vestigio de un castillo templario) y la de la Iglesia, la casa consistorial la Casa del Blinque y el palacio Matutano-Dauden exigen una visita sosegada. Jardines, abrevaderos centenarios, lavaderos  y fuentes (como la de San Juan, del siglo XIV). Historia hecha piedra, residencia, palacio o simple casa solariega y blasonada (como cantaba Leon Felipe). La Iglesuela es historia desde sus primitivos pobladores en la edad de bronce, iberos y romanos y a partir del siglo IX, los árabes. En el XIX, las guerras carlistas y la presencia cercana del general Ramon Cabrera, El Tigre del Maeztrazgo y la sangría inmisericorde de la guerra civil que se ensañó con estos  lugares.

 

COMER Y DORMIR

 

Estancia  de categoría  si escoge la Hospedería de la Iglesuela del Cid, enclavada en un remozado palacio renacentista, con salones y rincones de una belleza señorial. Para comer -y dormir-  también Casa Amada  --con una cocina casera deliciosa- o instalaciones de turismo rural como Casa La Antigua Botica o Casa Colomer.

Compartir este post
Repost0
16 octubre 2011 7 16 /10 /octubre /2011 15:17

el-fin-es-mi-principio.jpgHace un par de meses, el 7 de agosto, día de mi santo publiqué en este blog un trabajo sobre la película "El fin es mi principio", protagonizada por ese enorme pedazo de actor alemán llamado Bruno Ganz (al que hemos visto mostrando un Hitler desvalido y patético en "El hundimiento") y dirigida por Jo Baier. En la editorial Maeva y la colección EMBolsillo podéis encontrar esta obra y con ella la constatación de que a veces las memorias personales son una revelación y un placer (a condición de que el personaje sea realmente digno de ese efecto, cosa que Tiziano Terzani es, sin ninguna duda).

Se trata de un libro de pensamientos y reflexión, de un diálogo permanente entre un padre, Tiziano y su hijo Folco, donde se desgranan recuerdos y la vida interesantísima de ese gran periodista de "Der Spiegel", testigo de algunos de los más históricos acontecimientos del siglo XX, pero también reflejando sentimientos y emociones íntimas, en sordina, de una sensibilidad grande y una belleza humana y natural sin paliativos.

La historia que vemos pasar en el diálogo entre el anciano moribundo y su hijo, no sólo atañe al testigo de excepción que es un periodista culto y bien informado, sino una persona con una enorme humanidad y que nos cuenta el trayecto paralelo de su maduración como persona, su búsqueda espiritual y las convicciones éticas que tal desarrollo psicológico conlleva. Para cualquier curioso de los avatares históricos del siglo XX (de aquellos polvos, estos lodos) este libro es una lección de historia.

 

thumbCA6K1L1M.jpg

Tiziano Terzani (1938-2004)  es uno de los más conocidos, hábiles y conspicuos corresponsales de guerra, un periodista de elite con un background impresionante y una bien ganada fama de hombre comprometido con su tiempo, de testigo notarial y comprometido de todas las grandes calamidades que asolaron la segunda mitad del siglo XX, desde la guerra fría y sus excesos, hasta la guerra de Vietnam, el horror de Camboya, la revolución china de Mao, las iniquidades del apartheid en Sudafrica...Un hombre que lo deja todo y se encierra en un ashram de la India, viaja al Himalaya y busca la espiritualidad y al fin se vuelve a Italia a morir, en una casa cerca de las montañas, un pueblo diminuto llamado Orsigna, donde se aisla para meditar en una habitación pequeña de madera -un gompa tibetano- construida en su jardín..

Es allí donde pide a su hijo que le acompañe en sus últimos días, junto a su esposa, haciendo de sus charlas con el joven, Folco Terzani (Nueva York,1969) --realizador cinematográfico, autor del último documental sobre la Madre Teresa de Calcuta y de otro sobre una comunidad asceta del Himalaya -- un verdadero testamento intelectual y espiritual que nos muestra al hombre tal como es a través de los grandes temas que son, en definitiva, la esencia del por qué y para qué de nuestra existencia. Desde la muerte, su sentido o su necesidad hasta la belleza del mundo y la no menos acuciante necesidad de la vida, del vivir.

Asistimos sobrecogidos a un  paseo por la vida de un hombre extraordinario, que se hizo singular no solo por su postura de denuncia de las cosas que van mal en el mundo y de las que él era testigo privilegiado, sino de su propio camino interior, lleno de dificultades y problemas. Habla a su hijo y a nosotros de su primera gran decepción. la caida del comunismo y antes de eso lo que los regímenes habían hecho del comunismo primordial que él soñó y que fue traicionado y bastardeado en Rusia, China, Camboya o Cuba. "Tantas muertes, tantas, ¿para qué?".

Y entonces llega al punto medular de su larga charla, "Mientras que el hombre no cambie, nada cambiará, esa es la verdadera revolución que hay que hacer". No es nada original, antes que él lo dijeron Gandhi, Cristo, Chrishnamurti, el zen o el taoísmo, pero nos convence dicho por este anciando que se está muriendo, en el estropicio de un cuerpo que falla por todos lados y con el que él no se identifica, Una suerte de Tostoi de hoy, rodeado de iconos budistas y de la hermosa realidad que le rodea, su cómoda casa de montaña, la naturaleza, su esposa y sus dos hijos (la hija, Saskia,  trae a su pequeño para que esté con el abuelo). Folco, el hijo, transcribe la larga conversación con momentos en los que nos cuenta las triviliadidaes de la vida cotidiana, los dolores de su padre, sus dificultades digestivas, las ocasionales charlas con su esposa, Ángela --el libro es un canto de amor a "mamá" por parte de Tiziano-. Folco se muestra fascinado, a veces a su pesar por la fuerza y la sensibilidad de su padre.

La última parte del libro se centra en el viaje interior de Tiziano, en su  búqueda de la verdad espiritual, a través de una estancia en la India y también de un retiro en el Himalaya, de esa "iluminación" que ha tenido algunas veces al alcance de sus dedos, pero que con gran lucidez acaba definiéndola de "ilusión". Entonces habla de la identidad, ese engaño de máscaras y roles, de su logro personal de avanzar hacia el estado de "sin nombre", el estado de unión con todo, la revelación de que todo es uno y de que "al final no hay nada y no eres nada". Leeremos conmovidos la frase que dedica al hijo, aunque habla de sí mismo, "Debes vivir una vida en la que te reconozcas, no importa lo que hagas, simplemente se tu".

El libro acaba con el testimonio de una muerte ejemplar, llena de paz, de sosiego y de dignidad, relata a través del dialogo entre los que están alrededor del ancaiano, su hijo Folco, su hija, su esposa Angela, con una enorme economía de medios, rozando la trrivialidad más enternecedora y esa petición ultima de Tiziano de que lo lleven a su pequeña casita del jardín-el gompa- y que lo acuesten allí. Y el final descrito por el hijo: "Se tiende en la cama. Se oye su respiración, como el viento que viene y va..."

En la película y para el recuerdo, la imagen de los dos, padre e hijo, en la cima de una montaña y la del hijo, en ese mismo lugar, aventando las cenizas de su padre. Otra ocasión en que sería aconsejable leer el libro y ver la película, aunque en esta ocasión debe ser con el orden cambiado: vea la película y después lea el libro.

Compartir este post
Repost0
15 octubre 2011 6 15 /10 /octubre /2011 09:50

 

 carfin.jpg

 

Esta es una de las pocas ocasiones en las que el lector cede, con agrado, su puesto al cinéfilo. La novela, autobiográfica, en la que está basada la película "La carta final", titulada más expresivamente "84 Charing Cross Road", fue escrita por la escritora norteamericana Helene Hanff, que resumió en poco más de 120 páginas la correspondencia que sostuvo durante más de 20 años con la librería Mark and Co. cuya dirección postal da título a la novela (publicada en España por Anagrama, con un lento éxito basado en el boca-oreja de lectores consumados y encantados).

El caso es que aunque la novela goza de buena fama y es una delicia sumergirse en sus páginas, la película se convierte en un producto mucho más completo y complejo gracias a que la linealidad del argumento y  la exigua acción permiten que la riqueza  extraordinaria de miradas, gestos, silencios y emociones de unos actores en estado de gracia engrandezcan la obra en su conjunto (deberian venderse en las librerías en forma de pack, libro y dvd, con la indicación de leer primero el libro y ver después la película: el mejor vino para el final).

 

Y eso no solo es recomendable sino que es lógicoy coherente ya que esta película es quizá la más valiosa aportación del cine al amor a los libros y la literatura que se ha dado en las pantallas desde hace más de 50 años. "La carta final" no es sólo una historia de amor entre personas, la escritora yanqui y el librero, inglés hasta las cejas, (Anne Bancroft y Anthony Hopkins) que jamás llegan a verse físicamente, sino que es una de las más bellas, dinámicas, divertidas y sugerentes loas de amor al libro como  objeto, a la lectura y a las bibliotecas y librerías de las que he podido disfruutar en mis largos años de lector y cinéfilo. Este canto de amor al inmarchitable mejor amigo del ser humano (que me perdonen los perros, hablo del libro) se convierte en epifanía en la correspondencia que intercambian la escritora y el librero sobre los ejemplares de clásicos ingleses que aquélla pide desde Nueva York. Las secuencias en las que esta gran Anne B. recibe el primer envío de los libros solitados, su manera de acariciar la portada, oler el libro, pasar las hojas y todo ello con una cara de sonriente arrobo, figura en el acervo cultural de todos los que amamos los libros. Como ese momento delicioso en el que la escritora confiesa a su corresponsal londinense, (un Hopkins lleno de sensibilidad, emoción contenida, silencios y miradas llenas de alma, una interpretación ascética y llena de matices) que le apasionan los libros que han sido dedicados, que están llenos de notas personales del lector o subrayados significativamente, "establezco una especie de complicidad y camaradería con el desconocido que poseyó primero el libro", dice sonriendo.

No me extraña que el director y actor Mel Brooks (marido de la Brankfortt) que aquí hace labores de producción, le regalara a su esposa la compra de los derechos de la novela para llevarla al cine y encargara a David Jones que dirigiera la cinta con su esposa como protagonista. Todo el entusiasmo encantador de la actriz parece en cada secuencia ser una respuesta de agradecimiento y amor hacia su marido a través de los libros y el cine. Sin olvidar que estuvo durante muchos años interpretándola en los escenarios.

Por cierto en los años en los que leí la novela y luego vi la película, fui a Londres por motivos profesionales y me precipité en dos direcciones de la ciudad:, el 221 B de Baker Street (hogar de Sherlock Holmes) y el 84 de Charing Cross. Como se dice una y otra vez en la pelicula (cuando la escritora logra al fin, pero tarde para conocer a su amigo, ir a Londres) uno encuentra en la capital del Támesis lo que busca allí: literatura si es el caso.  A Sherlock y al doctor Watson se le "huele" en el museo recoleto allí creado, pero a Frank Doel, el conmovedor librero al que Hopkins da vida y corazón, no se le encuentra en el pub que ocupa esa dirección (aunque hay una placa que reconoce que allí mismo habia existido una librería).

Helene Hanff  tenía 33 años cuando decidió contestar a un anuncio de la librería londinense Marc and Co para solicitarle ejemplares de clásicos ingleses y rarezas de bibliófilos cuyos precios en Estados Unidos estaban fuera de su alcance (era guionista de radio y escribía obras de teatro, su suerte cambió cuando comenzó a escribir guiones para la incipiente televisión). Su pasión por la lectura y los libros fue el detonante de una correspondencia de más de veinte años con el librero y despyés con otros empleados de la librería, a los que llegó a surtir de alimentos en fechas especiales (navidad) en una época en que los ingleses estaban sometidos a cartas de racionamiento tras la segunda guerra mundial.

84 Charing Cross Road (2) por ti.

En 1970 la escritora convirtió en libro aquella correspondencia y comenzó uno de esos raros fenómenos que se dan en la literatura: aparición y primeras ventas discretas del libro y poco a poco, gracias al eficaz boca-oreja literario, exito rotundo y duradero que enriqueció a la escritora y le pemitió vivir sin estrecheces hasta su fallecimiento en 1997, con 81 años.

No se pierdan a la actriz que da vida a la esposa de Frank Doel, el librero. Ni más ni menos que una ya madura Judi Dench, muy lejos de la gran jefe del MI-7 en la serie de Bond y de la reina Elizabeth o Victoria que a ambas ha interpretado. En diciembre de 1968, el real Frank Doel fallece de una peritonitis, un poco antes de que la escritora pudiera al fin cumplir su sueño de viajar a Londres y conocer la capital donde tomaban cuerpo los libros y los autores que tanto admiraba y también la librería que había sido su séptimo cielo durante veinte años.

Compartir este post
Repost0
14 octubre 2011 5 14 /10 /octubre /2011 14:41

johnny-english-2-cartel-2.jpg

Soberbia patochada sólo imprescindible para los fanáticos del, por otra parte, indiscutiblemente interesante Rowan Atkinson, un hombre que se cree Mr. Bean y que ha logrado hacer desternillar de risa a un par de generaciones de amantes del chiste visual fácil, las caras de palo y los gestos desmesurados. Un experto en los gags visuales, heredero del entrañable Buster Keaton (sin su genialidad y su inteligencia) de Wilder y de Jerry Lewis y en nuestros lares, el hermano tonto de Esteso o la parodia descerebrada de los tres genios catalanes del silencioso Tricicle.

El bueno de Atkinson repite en su papel de agente secreto Johnny English, una parodia excesiva y a veces irritante de las películas del 007, que tuvo un cierto éxito hace ocho años en la primera de la serie (quizá aupada al exito de Mr.Bean) y que ahora hace agua por todas partes, evidenciando como no podía ser menos que el cómico ya empieza a tener una edad y parece que la madurez no se lleva muy bien con las gansadas que se obliga a hacer. Quizá la secuencia inicial con J.E. en un monasterio tibetano tratando de olvidar una catastrófica metedura de pata cometida años antes en Mozambique, sea  la más graciosa ya que recurre al esquema habitual en su tipo de humor y volverá a repetirlo una y otra vez, perdiendo como es lógico el factor sorpresa, tan importante en el humor de gags.

La elegancia, el dinamismo y la emoción de los "imitados" por English, Bourne y Bond, brilla por su total ausencia en el filme que comentamos, que apenas roza el interés que despertaban, por ejemplo, la serie del patoso superagente 86 o incluso de Mortadelo y Filemón, agentes de la TIA y, en la misma onda, "Anacleto, agente secreto".

Pero, seamos positivos. La banda sonora de Llan Eshkeri es magnífica, la dirección de Oliver Parker mortecina y el guión de William Davies bastante estúpido...perdonen, queria ser positivo. Pues bien, ahí va: los espectadores que gusten de Mr. Bean y del agónico agente English, se lo pasarán muy bien, les encantarán las chicas bond que salen y podrán carcajearse animadísimos con otra de las secuencias muy "made in Atkinson": el agente conduciendo una silla de ruedas supersónica sin dejar de hacer gestos con el rostro, de esos mismos que destornillan al respetable desde hace más de dos décadas.

 

Compartir este post
Repost0
13 octubre 2011 4 13 /10 /octubre /2011 17:00

los-tres-mosque-pos.jpg

 

  Volver a disfrutar con D'Ártagnan, la astucia del cardenal Richelieu, los tres mosqueteros Athos, Portos y Aramis, la bella Constance, la reina y sus joyas, el recalcitrante inglés, duque de Buckingham, y la portentosa maldad femenina de Milady de Winter, es un valor seguro de cara a la taquilla. El problema está en cómo superar la clásica de George Sidney de 1948, en rabioso tecnicolor y un Gene Kelly-D' Artagnan que nunca tuvo rostro tan pícaro y cuerpo tan flexible, una "mala" LanaTurner que bordó a Milady y un siniestro pero refinado Vincent Price como cardenal.

De entrada ya les decimos que al parecer de este critico, ésta versión de Paul W. Anderson no lo ha logrado.

Pero es que tampoco se ha acercado mucho a la versión del clásico que firmó el gran Richard Lester en 1973 y que fue tan ambiciosa y tan minuciosa que dio metraje para tres partes, "Los tres mosqueteros: los diamantes de la reina" y "La venganza de Milady" (1974) y un epígono "El regreso de los mosqueteros" en 1989, que fue la despedida de Lester y una película con mal fario en la que murió uno de los actores protagonistas (el que hacía el papel del criado de D' Artagnan, Planchet, en  las tres películas) al caer de un caballo.En esta ocasión se daban cita actores como Michael York en el papel del gascón, Richard Chamberlain, Oliver Reed y Frank Finlay como mosqueteros, un soberbio Charlton Heston como Richelieu, el más majestuoso y digno de todos los que han encarnado ese papel y un irrepetible Christopher Lee como el malvado Rochefort. Tampoco la actual la supera. En 1993 Stephen Herek se atreve con otra versión, la más floja de todas, con Charlie Sheen, Kiefer Sutherland, Chris O'Donell y Tim Curry. A esta si la supera.

Y en este año 2011 de nuestro señor, alentado quizá por el merecido éxito (aunque discutido por los amantes del personaje literario, que tan excelentes versiones clásicas ha merecido) de la versión de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, Paul W.S. Anderson dirige la enésima versión del clásico de Dumas y emplea el mismo criterio que Ritchie con el detective inglés: la modernidad del mito a través de la recreación virtual de un ambiente histórico y geográfico y la dinamización irreverente pero dinámica del personaje ajustándose a los criterios de la generación del video-clip y los increíbles juegos por ordenador.

Por tanto nadie espere más del señor Anderson que, justamente, es el responsable de titulos como "Mortal Kombat" y "Resident Evil" que antes de ser peliculas fueron juegos de ordenador.

Ya desde el principio de la cinta, en Venecia, en donde tras lograr unos planos de una máquina de guerra diseñada por Loenardo y guardados en un lugar secreto al estilo del Código Da Vinci, cuando los mosqueteros son traicionados por la bella Milady (atlética-demasiado para su personaje- y bellísima Milla Jovovich) a favor del Duque de Buckingham, (en esta versión, amoral petrimetre con los rasgos de Ornaldo Bloom) vemos por donde van a ir los tiros: el vino viejo en odres nuevos y con los cambios suficientes en el argumento para hacer más "moderna" la versión.

La magia del cine de ordenador nos llevan a un Paris de la época más creíble que los de todas las anteriores y a un Richelieu que parece una sombra taimada del soberbio jerarca nazi  de "Malditos bastardos" interpretado por el mismo actor: Christoph Waltz. El joven Logan Lerman, da cuerpo a un nada convincente D' Artagnan (pero eso sí, da el aspecto en edad y el comportamiento que debía tener el personaje en la novela, según Dumas). Los mosqueteros tiene los rostros de Mattew Mcfayden, Ray Stevenson y Luke Evans, aunque no logran ni emocionarnos ni interesarnos demasiado (parecen más un  grupo de colegas de un "Resacón" que tres mosqueteros con sus dramas personales a cuestas). El sobrio Mads Mikkelsen (el malo malísimo de 007 Casino Royale) hace un correcto Rochefort.

La ambición de nuestro director es obvia: acción y dinamismo a tope, peleas bien filmadas al estilo arte marcial, artilugios poco probables en la época y un aire contemporáneo a pesar de casacas, espadas y miriñaques. A los niños y adolescentes les encantará. También a los adultos con alma de niño y formación en videojuegos, mientras que los cinéfilos y los amantes de la novela torcerán un poco el gesto.

Anderson logra contagiar al espectador con esa propuesta de todo vale si logramos divertirles; y así se atreve a incluir en la historia artefactos voladores muy bien recreados y un aire de comedia relativa - sobre todo en la sobreactuación de Freddie Fox  como el joven Luis XIII--, que nos hace sospechar que los actores en muchos momentos se divierten con lo que hacen, por supuesto sin creerse una palabra ni esperar que la película pase a la historia del cine. No hay pues altibajos, momentos de decaimiento fílmico, ni errores de ritmo, la cosa fluye  en 3D, a la marcha de un tren expreso, sin detenerse en emociones ni sentimientos, todo como una gigantesca broma. 

Pero en todo caso una broma que divierte y que, estén seguros, tendrá secuelas.

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens