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7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 10:43
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"Margin call" es el nombre que se da en la jerga financiera norteamericana al margen de la garantía contra la pérdida de capital  que se ofrece en la compraventa de acciones en la bolsa de valores. Un límite que los especuladores jamás deben sobrepasar a riesgo de desastre. Es humo, es fantasía virtual, pero con efectos directos económicos: si hay fraude, el batacazo es descomunal y se extiende como una mancha de aceite. Al parecer el director y también guionista de esta película, el neófito J.C. Chandor, conoce bien el clima financiero de alto riesgo ya que su padre se dedicó a ello. Para contarnos su historia se ha basado, como es obvio nada más comenzar la pelicula, en la espectacular debacle financiera mundial que hace solo tres años extendió por todo el mundo los polvos que hoy nos ahogan en forma de lodo, con el origen en las torres ebúrneas de Wall Street y el protagonismo de media docena de desalmados, verdaderos criminales de guante blanco y cuello almidonado, que han extendido la miseria por todo occidente mientras llenaban sus bolsillos de una forma inicua y escandalosa.
Una pelicula con tal argumento puede parecer tediosa y difícil de entender y seguir. Pero no, vivimos con auténtica angustia especular esa tragedia de millones que protagonizan unos salvajes vestidos de Armani en los que la ética es un lujo inalcanzable (tal vez el único), unos psicóticos atenazados por la unica obsesión que es bien vista en toda nuestra cultura: la de la ganancia brutal de dinero al precio que sea y sin mirar sobre cuantos miles de seres humanos lo consigues. Y logra este director joven e inteligente que nos veamos de inmediato como el "coro" GRIEGO (muy a propósito) que soporta y teme los errores funestos de los mal llamados "héroes" de esta tragedia universal. Todo lo que vemos nos concierne, la deriva no es sólo la de los elegantes mercenarios de Wall Street, sino la de nuestra cultura colectiva en este inicio del siglo XXI.
Como dice el gran Jeremy Irons en uno de los papeles más fríos, duros, inmorales y despectivos de su carrera, el de gran jefe de la empresa que provocará la tragedia, (no hace falta dar nombres, todos sabemos quienes fueron los intérpretes reales del lacerante episodio de los bonos basura) "esto es el fin. No solo de nuestra empresa, ni de nosotros, sino del capitalismo como sistema fiable".
Así pues, vean esta película. Con la fuerza de "Inside Job" de Charles Ferguson, o de "The shock doctrine" de Michael Winterbottom, pero vestida con la convenciones dramáticas que firmaría un Shakespeare de nuestros días, "Margin call" es el retrato, casi un daguerrotipo, de nuestros días, de la inseguridad, la angustia  y la incredulidad que ha dado nacimiento al movimiento de los indignados y que está provocando una cadena de crisis cuyo final aún no podemos prever. Y es una crisis que nos afecta a todos, menos a los que están en la cúspide, que seguirán siendo un poco menos ricos pero aún poderosos y que, lamentablemente, no aprenderán nada del horror que han desencadenado (al contrario que en la tragedia clásica, en la que esos poderosos pagaban con la cabeza sus errores).
Desde el principio se nos ofrece la secuencia que  será el epítome de toda la narración: la despedida sin contemplaciones de dos tercios de la  plantilla de la empresa, de un dia para otro, con los seguratas vigilando que no  se lleven nada, ni siquiera su propia dignidad. Y esa es la tónica que sigue: ni siquiera los leales se salvan de la quema, por lo que ¿quién va a pensar en los miles de ciudadanos que pagarán con su trabajo, sus ahorros o su vida los dislates que causan esos brokers sin alma?
Para hacernos más creíbles esta catástrofes y siguiendo el estilo de Hollywood, Chandor recurre a un plantel de grandes actores (como en los sesenta y setenta se hacía con las películas corales de catástrofes, estilo "Aeropuerto", "El coloso en llamas" o "El hundimiento del Poseidón") como Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Demi Moore o Stanley Tucci.
Durante 110 minutos se nos cuentan las horas previas a aquél estallido vírico financiero que convulsionó el mundo en 2008, siguiendo el pulso a sus protagonistas, ese grupo de financieros presentados como lo que seguramente son, no seres de un sub-Olimpo virtual, sino figuras mediocres, impotentes, trágicas, ridículas y descontroladas incapaces de reaccionar con un mínimo de honradez o de compasión, obsesionadas con sus casas lujosas, sus automoviles ultimo modelo, sus fiestas desordenadas, sus prostitutas, sus trajes y sus vicios, alcohol o drogas.Margin_Call_poster.jpg
Y ese deambular de monigotes extenuados en la pantalla tiene un no se qué de ritual mágico o de liturgia secretista y solo para iniciados. Es dífícil que un espectador de cultura media o no específicamente económica se entere realmente de lo que ha pasado, a pesar de las numerosas repeticiones que se dan de las explicaciones que un joven broker, un científico espacial reciclado, da a sus superiores de lo que ha descubierto: el ciclón destructivo que ellos han comenzado y que devastará la escena financiera mundial.
Sospechamos lo que ocurre más o menos, pero lo que si tenemos claro, porque lo estamos viviendo, son sus consecuencias y también la responsabilidad de los financieros de Wall Street. Y, como guinda, la falta de castigo y de responsabilidad de esos mismos personajes turbios.
Y así la película va creando un climax de angustia y de inexorable desastre, en el que ya las voluntades o los deseos de esas gentes no van a poder cambiar nada de lo que va a ocurrir, con lo que los más poderosos de entre ellos se limitan a intentar proteger sus capitales y su ostentosa forma de vida. Sólo un personaje o dos (Spacey es uno, aunque parece más preocupado por la muerte de su perro) albergan dudas sobre la forma egoísta -y criminal-  de tratar de salvar el capital de la empresa, pero al final prima el amor al dinero ("la necesidad", dicen). Como dialogan entre si dos de los protagonistas mientras cruzan Nueva York a bordo de un coche de alta gama, "Mira a esta gente. Van por ahí andando sin saber lo que se les viene encima" e inmediatamente, varias veces durante la trama, se nos ofrecen vistas nocturnas de Manhattan, toda una civilizada y potente ciudad inerme ante esos tiburones de papel. La unidad de acción en el término de unas pocas horas acentúa el dramatismo. Como si fuera un thriller de Hitchcock que tiene una ominosa, terrible, caracteristica: no se acaba en sí mismo, con el fin de la pelicula, sino que es una advertencia brutal y real: esto puede pasar en cualquier otro momento, otra vez. No hemos aprendido nada, es el sistema el que está enfermo y estos desastres los produce ese patológico sistema incontrolable.
Una película brillante y aleccionadora. Es el espejo en el que se mira occidente. El espejo que refleja el tipo de cultura que hemos creado y que nos está devorando.

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 09:55

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Excelente película española de ciencia-ficción, subgénero de la robótica, que nada tiene que envidiar a ninguna de las buenas de esa temática, incluidas las norteamericanas como "Yo robot" e incluso no desentona con el alto listón que nos ofreció ya hace muchos años, ese clásico del género que fue "Blade Runner" (dejémonos de complejos). Con algo más de cuatro millones de euros de presupuesto, esta película en la que se recuperan los dilemas morales entre las personas y los productos de la Inteligencia Artificial (recordemos también la novela de Rosa Montero "Lágrimas en la lluvia"), aporta una visión sensible e inteligente al tema dentro de un contexto en el que un bien logrado look retro se compagina de forma excelente con las aportaciones de la tecnología futurista (mascotas robóticas como el delicioso gato Gris o servidores humanoides como el indispensable Max).

El tema está dentro de los parámetros del género: es el año 2041, en el que los robots forman parte de la vida cotidiana humana. Alex (Daniel Brühl) regresa a la Facultad de Robótica de un país indeterminado con la misión de crear un niño robot. Allí se reencuentra con su hermano y su amada, que se ha casado con él y con quien tiene una hija adolescente, Eva (magnifica Claudia Vega). Alex se siente fascinado con la niña (como nos fascina a los espectadores) y decide tomarla como modelo para su robot. Tiene el apoyo de la niña pero los padres, su hermano y su antigua amada, se oponen.

A partir de ese momento la acción y la trama se complican hasta extremos muy desasosegantes, y una sorpresa al final, bien llevada aunque algo previsible. Los dilemas éticos planteados tienen profundidad y coherencia.

La creación de robots semihumanos con estructura emocional se enfrenta a un grave problema: un punto de agresividad cuando son contrariados, que los hace inestables. Es decir la ruptura de la segunda ley de la robótica diseñada por Asimov: el robot puede volverse contra el humano en situaciones especiales.

Alex, el protagonista, tiene la ayuda doméstica de otro robot, Max (genial Lluis Homar, dentro de unos registros desarrollados con perfecta economia de gestos) que sirve de contrapunto a los afanes del joven científico. 

Se trata del primer largometraje de Kike Maillo (retengan ese nombre) y da cima a su labor con el exiguo presupuesto citado, una nadería comparándolo con los habituales presupuestos de este género de películas. ¿Estamos ante otro Amenabar?

Un montaje magnífico, una puesta en escena excelente y un uso comedido y sugestivo de efectos especiales. Se rueda en Suiza y los Pirineos de Huesca y se logra dar el reflejo de un ambiente retro en el que va ensamblando toques futuristas, en una dirección artística que saca partido de todo con detalles pequeños y "casuales" que dan credibilidad al conjunto. En el guión la sorpresa de encontrar a Sergi Belbel (mas Cristina Clemente, Marti Rosa y Aintza Serra) y la excelencia de un pulso de intriga y sorpresa muy bien medidos.

Los actores, un tanto envarados al principio, se van soltando en el transcurso de la película y se acercan al listón que mantienen el estupendo Homar y la encantadora Claudia Vega. Interesante y prometedora película por lo que supone de reto para nuestro cine, capaz de hacer inmersiones en géneros prohibitivos hasta el momento y no solo por cuestiones de dinero sino de ideas y cintura realizadora. Y se me ocurre jovenes realizadores españoles que están triunfando en Estados Unidos o Inglaterra en ese dificil género del fantaterror o el thriller.

"Eva" además cumple un cometido mucho más difícil que el de ser una cinta de referencia en su género, ya que de alguna forma lo rebasa y se vuelve, como pasa con los clásicos, una película que ofrece mucho más que una visión del futuro, nos sugiere  tantas cosas que el futurismo deja espacio a la fabula moral y a la especulación filosófica primaria: plantearnos la ética de una situación que podría llegar a ser cotidiana, la convivencia con esos seres "artificiales" que poseen una inquietante "humanidad". 

Sólo permítanme una última reflexión, que comparto con algunos colegas: a Eva" sólo le falta un detalle: una industria del "merchandising" capaz de arropar con inteligencia y habilidad campañas de promoción de una película que, repito, está a la altura de productos tan protegidos y ensalzados como el Tintín de Spielberg. Palabra de Capitán Haddock. 

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 07:50

En una entrevista publicada en 1977 por "The Paris Review", Kurt Vonnegut, el lenguaraz y sarcástico autor de "Matadero 5", a la pregunta de, mas o menos, qué haría si fuera ministro de Cultura para promocionar la narrativa en el país, Kurt contesta: "No hay falta de buenos escritores. Lo que falta es una masa de lectores fiables". ¿Y entonces?, insiste el plumilla. "Propongo que cada persona que no tenga trabajo tenga que escribir un informe de lectura sobre un libro antes de que pueda recibir su cheque del paro". Me parece una respuesta genial, ¿y a ustedes? Es operativa, respetuosa con el parado, gratificante (si es que logra crear un hábito de lectura), de consecuencias culturales y económicas (para editores y en menos medida para escritores, salvo los escogidos, claro está) y plena de posibilidades secundarias de todo tipo, desde la culturalización social, al enriquecimiento psicológico hasta algún tipo de arma para batallar contra el empobrecimiento de la lengua. Me he reido a gusto con el irónico, blasfemo, escatológico y mordaz escritor norteamericano (maestro de John Irving, cosa que se nota en sus páginas más irreverentes). No conozco a ningun autor español actual que tenga tan saludable falta de respeto por las convenciones y la hipocresía socio-sexual-religiosa, con las saludables, aunque mínimas, excepciones del desaparecido Cela y del bueno de don Arturo P.R., "Alatriste". Y, por Dios, que hace falta en cualquier República de las Letras que se precie.

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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 10:34

Llueve intermitentemente. Los campos de la Terra Alta, con sus vides y sus bosques, sus montañas discretas, los sembrados plenos de paz envueltos en la niebla, los cielos plomizos descargando la benéfica lluvia, el olor vitalizante de la tierra mojada, el brillo de las tejas árabes y la solidez de las torres del entorno amurallado de Poblet, oración permanente hecha piedra...todo esto se convierte en presencia secular convertida en silencio y paz.

Llevo años viniendo de vez en cuando a encerrar mi cuerpo junto a los monjes de Poblet y a dar alas a mi alma entre los cánticos sagrados y una espiritualidad que uno puede encontrar sin esfuerzo en cualquier pequeño detalle cotidiano, desde las citas en el refectorio hasta los cánticos en las Completas o los rezos en Laudes. Paseos interminables intramuros, en los jardines de los claustros secretos, junto a las vides interiores, bajo los nogales del recinto exterior, en los rincones umbríos de las murallas donde reposan fieles y nobles de pasados siglos. Todo reclama recogimiento, silencio y reflexión.

Cuando hace buen tiempo camino por el trozo de GR que une el monasterio con Francolí. Son seis o siete kilometros en total que me sabe a poco pero me mantienen tonificado y en los que practico una especie de kinin, meditación en movimiento, que reafirma la paz interior que me proporciona Poblet.

Hubo  épocas en las que Poblet era para mi el santuario del guerrero, el lugar de aprovisionamiento de sosiego, de equilibrio psicológico, de elaboración interior, de orientación incluso. Hogaño más que un lugar de búsqueda es una ocasión de reencuentro, de reafirmación. Ya he dejado de luchar, he llegado al momento dulce de recoger. Vengo a Poblet para terminar de aceptar al que fui, para hallarme en una cierta plenitud que debe conquistarse dia a dia, no por el esfuerzo como antes, sino con la apertura; no con la tensión del guerrero, sino con la quietud y la vacuidad del monje.

En eso estamos. Y Poblet me regala, sin pago alguno, la generosa dádiva de su ambiente de sosiego y apertura espiritual.

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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 09:51

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Antón Castro es un periodista gallego enraizado en Aragón. No conocía sus habilidades de narrador. Y debo confesar que ha sido una  agradabilísima sorpresa. Para quien ha dedicado parte de su vida, más de tres décadas, a la lectura y a escribir posteriormente de lo leído, ya sea en "La Vanguardia", la Agencia Efe, revistas literarias como "Camp del Arpa", la radio, y otras revistas y periódicos, resulta una rareza digna de mención -y de celebración--dar con un autor distinto, con fuerza, con pluma original y creativa, que deja traslucir una visión propia, una percepción de los hechos, las personas y el paisaje con la potencia necesaria para convencer al lector con su narración y sembrar en él un deseo de seguir con la lectura de otras obras de ese autor.

Pues bien, Antón Castro, pertenece a esta exigua pero vibrante nómina. Y así lo creo pese a que sólo he leido de él el libro que les comento. Me entero de que tiene algunos más, de relatos como éste, "Los seres imposibles, "Golpes de mar" y "Fotografias veladas"; uno infantil, "Jorge y las sirenas"; otro de retratos literarios, "El sembrador de prodigios"; dos poemarios, "Vivir del aire" y "Paseo en bicicleta" y  la novela "El album del solitario".

Mientras lo leía sentía la familiaridad de autores que yo habia transitado en mis irredentas juventudes, Pio Baroja, Valle Inclán, Pérez Galdós, Ramón J. Sender, Alarcón, Bécquer...era como leer las aventuras de aquél loco, valiente y sentimental enamorado de las aventuras y de las mujeres, el marqués de Bradomin, transformado en el Tigre del Maeztrazgo o el protagonista de "El manuscrito encontrado en Zaragoza" buscándose la vida y la muerte en el Bajo Aragón.

Castro divide su libro en cuatro apartados, relatos cortos, a veces muy cortos, en los que vivimos en un ambiente real pero fantasmagórico, una geografía que parece mítica pero cuyos lugares y nombres responden a todo este teriritorio mágico que conforma el Maeztrazgo, sus gentes, sus bosques, valles y montañas y los distintos episodios van desarrollándose dejando aquí y allá que aparezcan una y otra vez personajes de las narraciones anteriores, ya sea el general Cabrera, su amante Margarita Urbino (un retrato de mujer que firmaría Laura Esquivel), el misterioso fotógrafo Patricio Julve que da nombre a la novela, el director de cine Loach, el coronel Balfagon narrador de fantasías, la mismisima maquis "La Pastora", la joven Raquel, cuyo retrato enamora a cualquiera que lo vea y que cierra su periplo en el relato que da titulo al libro. Esas apariciones dan una enorme coherencia al libro como totalidad y provocan la sensación en el lector de estar en un terriitorio único, legendario, donde todo, paisaje y seres humanos, animales, árboles y piedras tienen un lugar específico en el que se desarrollan las historias.

Y además Castro nos regala algo inapreciable, de un valor exquisito: su lenguaje literario, la fuerza poética y evocadora de su estilo,  que va dejando a lo largo de las  narraciones la impronta de una cultura literaria y una gracia narrativa que, al menos a mí, me han encantado. Las imágenes y metáforas que salpican lo narrado suelen ser de una justeza expresiva y unas alas poéticas sobrias pero muy evocadoras y sorprendentes. Y así una plaza se convierte en una "inmensa caracola de resonancias", nos evoca el invierno en cuatro trazos: "en plena invernada, el viento enfurecido muerde los aleros, recorre las barbacanas y los voladizos y enciende un rumor obstinado que sorprende al paseante con un manotazo cruel en el rostro". Personajes como Otilia que vende sus favores a Aureliano, el enterrador, el pintor Benigno Rabaza, Pilar Palomo y Julián, unos Romeo y Julieta del  Maeztrazgo,  y los seres saturnales del "Inventario de suicidas y otras desapariciones", la Rusa, el pianista, el fugitivo...o los relatos a la vera del fuego de "Angeles y bestias".

Quizá sea esta ultima parte del libro la menos potente literariamente hablando, aun siendo atractiva de lectura y evocadora de mitos y leyendas, (magnífica la del bandido Juan Bautista Billoro). La última narración, que cierra el libro, "El hombre invisible" en la que el protagonista es el director de cine Ken Loach que rodó "Tierra y libertad" en Mirambel, logra magistralmente transformar a una persona real en un verosímil personaje que cierra el círculo narrativo del libro dándole unidad y sentido, transformándolo en el reflejo de "un sueño colectivo" como escribe Castro.

Magnífico libro también para los  amantes del bajo Aragón. Cantavieja, Iglesuela del Cid. Ejulve, Mirambel, Fortanete, Mosqueruelas y otras localidades y villas, de las que da cumplida razón y convierte en escenarios en los que parecen caminar las sombras y los influjos del gallego Cunqueiro, el catalán Perucho, el portugués Saramago, el argentino Borges o el yanqui Poe, pues de todos ellos y de los anteriormente citados parece haber bebido el amigo Castro.

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4 noviembre 2011 5 04 /11 /noviembre /2011 07:44

Leo dos obras sobre Alejandría.  La célebre guía literaria de E.MForster publicada tras la Primera guerra mundial (en España en 1984) y un ensayo de Jane Lagoudis, publicado por la editorial granadina Almed, sobre Cavafis, Forster y Durrell, tres amantes de Alejandría, en la que vivieron en épocas diferentes. Solo coincidieron los dos primeros que mantuvieron una bella amistad. Durrell fue durante la Segunda guerra mundial y le dedicó su "Cuarteto de Alejandría". Los tres hicieron un mito de la legendaria ciudad histórica y literaria, patria de Hipatias, la inteligente dama neoplatónica de la antiguedad, asesinada por crisitianos fanáticos (tan semejantes, ay, a algunos musulmanes de hoy) evocada por el cine de Amenabar, de Cleopatra, el "Thais"de Anatole France, de los laboriosos coptos, de los 400.000 volúmenes de la mayor Biblioteca de aquellos tiempos, devastada por la ignorancia y la estupidez sectaria, la del Faro mítico, patria de apostatas inflamados como Atanasio y Arrio, pero sobre todo en nuestra era, finales del XIX y principios del XX, el lugar que atrajo al poeta Kavafis, de origen griego, y a los ingleses E.M. Forster y Lawrence Durrell. Una ciudad decadente, sofisticada y recelosa, plena de perezosa sensualidad, un cosmos urbano occidentalizado en el que se daban citas todas las culturas y todos los vicios y excesos, la sofisticada sensualidad egipcia con la audacia y el poder de occidente enfocados ambos hacia la satisfacción de los deseos.

Durante un viaje profesional a El Cairo para asistir a una conferencia internacional, cuando uno era un joven veintiañero rebosante de literatura y hambriento de vida, pude alargar mi estancia para visitar Alejandría. Nunca he sentido tanta decepción, jamás había visto con tanta claridad la naturaleza imposible de los sueños que genera la literatura. La polvorienta Alejandría que me recibió, calcinada por el sol y atravesada por vientos de arena, triste y menos que provinciana, el esqueleto de una dama que habia sido hermosa y deseada. La suspicacia de la policía omnipresente, las miradas hostiles de las personas con las que te cruzabas, el trato indiferente y frío en el restaurante, la sensación de estar de más en una ciudad que parecía una aldea perdida a las puertas del desierto, la imposibilidad de recuperar ni una sola de las imágenes que me habian impactado leyendo a los tres grandes fantasmas de Alejandría, Kavafis, Forster y sobre todo Durrell. La sombra delgada, elegante, felina de Justine ya no cruza las calles de la ciudad en busca de sus placeres nunca saciados, ni el Viejo poeta intercambia miradas equívocas con el joven del pelo rizado, ni Forster pergeña textos inmejorables describiendo una historia milenaria en la que ya no se puede repetir "Alexandria still", Alejandría sobrevive, sigue aún viva. No. A no ser que con la primavera arabe, tan manipulada, se abran las puertas a la tolerancia al forastero, el amor a la belleza y a la buena vida, el hedonismo de raiz oriental trufado de sabiduría griega, Alejandría no volverá a renacer y sólo quedará como el sueño hermoso de algunos hombres y mujeres geniales.

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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:09

Saul Bellow, ese judío genial, escritor nada pomposo que admiré mucho cuando comenzaba a sentir que mis novelas eran demasiado pretenciosas, responde a uno de los entrevistadores de "The Paris Review": "me he cansado de la solemnidad de la queja, he perdido la paciencia con ella. Obligado a elegir entre la queja y la comedia, escojo la comedia como forma más enérgica, inteligente y viril."

De alguna forma siento que en mis últimos folios escritos, los rudimentos de la novela que ambiciona tiranizarme, hay un poco de eso: he perdido la paciencia con la  visión intelectualizada, quejosa, pesimista y en el fondo autoreferencial de casi todas mis novelas anteriores y eso me está dando un punto distinto de percepción para comprender que el lugar que ahora habito (me refiero claro está al "lugar" íntimo, creativo) ya está muy alejado de mi propio ombligo y tampoco está cercano al ombligo de nadie, ni siquiera de alguno de mis clásicos predilectos. Así que trato de escuchar mi "voz propia" donde antes sólo estaba la queja y la esperanza de trascendencia. Y en el tenue murmullo que a veces escucho percibo algunas carcajadas y adivino muchas sonrisas. Es un consuelo, pero también es un riesgo. Me pongo muy solemne cuando trato de ser divertido. Así que habrá que llegar al mismo lugar usando un sendero distinto.

Ha sido un día casi enteramente dedicado al dios Moloch del dinero y la sucia y mezquina economía de cada día, nos la dé Dios o cualquiera de los dioses lares. Ir de Bancos es una de las ocupaciones más sórdidas, pero también es preciso comprender que no tener que hacerlo de vez en cuando, podría resultar aún más sórdido.

La visión amable de la vida va ganando puntos en mi estructura de pensamiento ligada a la existencia. Eso me hace un superviviente nato. Y esa es una característica útil para mi bagaje de escritor.

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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:07

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 Película dedicada a mayor honra y marketing de un guaperas (Taylor Lautner), al parecer conocido por la grey adolescente en películas del gremio y algunas de la moda vampírica de bellos y bellas de pocos años (Crepúsculo).Trepidante y sin demasiadas exigencias de verosimilitud y coherencia, "Sin salida" (en inglés "Abduccion") aparece como una manera de pasar el rato con un trhiller en el que un jovencito trata de emular a Jason Bourne con figura, comportamiento y expectativas de un muchacho de instituto de enseñanza media.

Todo comienza cuando ese joven estudiante descubre a través de internet que no es quien cree ser, ni sus padres son lo que pretenden y que además la policía lo pone en busca y captura y unos peligrosos elementos mafiosos del socorrido norte de Europa están decididos a secuestrarlo o matarlo. El asesinato de sus supuestos padres hace comenzar la persecución que durará el resto de la película, tras un comienzo escolar-familiar de lo más previsible y adolescente.

El chico tiene pesadillas recurrentes y así nos lleva a una psiquiatra bastante improbable que se parece mucho a Sigourney Weaver y que resulta ser también una agente de la CIA (esa agencia real debe estar hasta los cataplines de ser la mala o la ambigua en casi todas las películas made in USA).Sin_salida-719525-full.jpg

Todo va pues de niño con padre superagente (desconocido y solo perceptible el ultimo tercio de la peli), madre asesinada, niño protegido por padres falsos- agentes, malo serbio con grandes poderes y lista informatica de agentes dobles que el serbio busca y espera lograr secuestrando al jovencito.

Este, un monado de criatura, se esfuerza poniendo ojos de miope y sonrisa de carátula para hacerse creíble y solo logra hacerse previsible y ornamental. No he visto nada de "Crepúsculo" así que no conozco el nivel interpretativo de los jóvenes que intervienen, pero si todos tienen ese estólido careto que el joven Taylor mantiene durante la película...vamos mal.

Dirige el moreno John Singleton y hay un esfuerzo evidente por crear un personaje que atraiga a las masas de adolescentes y jovencitos. Todo rezuma primera parte de una saga: si Dios no lo remedia tendremos más Taylor en forma de precoz agente secreto (más cerca por el momento de Johnny English que de Bourne).

Hay un esfuerzo en Jason Isaacs (el padre falso en la película) o en Michael Nyqvist (el de Milennium) por no comerse la camara en las escenas que comparten con el jovencito (la Sigourney no se toma ningún esfuerzo, procura evadirse: apenas suman diez minutos sus intervenciones). Alfred Molina hace de sospechoso jefe de la CIA, muy aburrido consigo mismo y su descabellado papel, y Lilly Collins de jovencita amiga con futuro del protagonista, compartiendo una escena de sexo de lo más pazguato y menos excitante, casi una declaración de amor blando o sexo blanco, en la moda de "abstente, se puro hasta el matrimonio" que a veces recorre Estados Unidos de forma hipócrita y efímera.

Todo resulta impostado en este thriller en el que la violencia parece de mentirijillas, no hay sangre por ningun lado pese a la violencia de ciertas escenas y tampoco se respira la paranoia esperable en la trama. Producto descafeinado de un director que prometía mucho --"Los chicos del barrio", "Shaft", "Semillas de rencor"--, muy lejos de su talante rebelde y de denuncia..

 

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 11:58

Vemos en el cine la versión que Spielberg hace de "Tintin". Película de animación realizada con el sistema que refleja los movimientos y los gestos de actores reales insertados a una teoría global de sensores que miden y dibujan virtualmente todo lo que hacen. Se me antoja irreconocible ver al Jamesbond Daniel Craig investido con barba y quevedos del malvado pirata --y su descendiente no menos malvado-- enfrentándose primero al capitán Haddock del siglo XVII y después al borrachín y entrañable capitán Haddock del XX, con su retahila de denuestos, insultos enciclopédicos y alucinaciones desternillantes.

Escribiré in extenso cuando llegue el momento, pero vaya por delante mi convicción de que esta pelicula atraerá de entrada a muchos admiradores hacia el comic de Hergé, pero no contentará en absoluto a los que siempre le hemos acompañdo sobre el papel, muchos desde la infancia, y guardamos como si fuera el tesoro del Unicornio los grandes libros de páginas claras con colores pausados que editó Juventud en España.

Mi esposa me regala la magnífica recopilación de entrevistas de "The Paris Review", editada por Ignacio Echevarria  para El Aleph editores y que contiene las realizadas a autores como Simenon, Isak Dinesen, Faulkner, Celine, Bellow, Cheever, Vonneguth, Roth, Naipaul o Rushdie entre otros. Guardo como oro en paño tres editadas hace años por Kairós. Inevitablemente hay repeticiones, aunque en más de 50 años de vida, la revista literaria norteamericana (desaparecida en 2003) revolucionó el arte de la entrevista literaria y ha dado noticia de las palabras y pensamientos de más de 200 autores, sólo entre narradores (también se entrevistó a ensayistas de tdo tipo y dramaturgos o poetas). En la que comento se presentan 16 entrevistas  algunas de ellas, como dije, editadas en otros libros de hace años y otras nuevas y desconocidas para mí (como las de Cheever, Jean Rhys, Carol Oates o Isak Dinesen y al hispanoamericano Manuel Puig).

Como me ocurrió en las otras ocasiones, la lectura de algunas entrevistas , la reflexión sobre lo que dicen de sí mismos y de su practica literaria algunos de mis mas admirados autores, como Faulkner, Cheever o Bellow, enardece mi fluctuante deseo creativo, me recuerda la pasión y la fuerza que me invaden cuando logro alguna página que juzgo interesante y el estado general de desafío, inquietud y euforia que alientan mi vida cuando me lanzo al mar ignoto de una nueva novela.

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 08:18

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El dramaturgo norteamericano Edward Albee, obtuvo su primer Pullitzer a finales de los sesenta por su obra "Un frágil equilibro". Un par de años antes había estado a punto de conseguir el prestigioso premio por otra de sus célebres obras: "¿Quién teme a Virginia Woolf?", pero pese a que resultó ser la obra más votada en las deliberaciones del jurado, no se lo dieron. ¿Por qué?  Porque se consideró que la visión crítica, burlona, irónica y devastadora que ofrecía de la sagrada institución de un matrimonio culto en el estilo de vida norteamericano era demasiado dura y ponía en cuestión la eficacia de las instituciones del bendito país. Tal hipocresía tuvo su "castigo" cuando Albee recibió el Pullitzer por "Un frágil equilibrio" en la que se mantenía la brutal disección del desmoronamiento familiar, del orden ético de la clase alta norteamericana (extrapolable a cualquier otro pais de occidente) pero se procuraba no perder demasiado las formas y se un_equilibrio_delicado_22042_120.jpgpreconizaba --irónicamente-- el mantenimiento de un delicado equilibrio.

Para refocile del espectador avisado, en estos días se puede ver simultáneamente en dos salas barcelonesas las dos obras que provocaron la metedura de pata de los del Pullitzer en su afán hipócrita de presentar al mundo una cara más amable del modo de vida de las clases media y alta del gran país que, por cierto, compagina sin demasiados problemas la hipocresía social y moral con la denuncia más aguda y certera de esa misma hipocresía.

En 1973, Tony Richardson llevó al cine esta obra con las magnificas interpretaciones de Paul Scofield y Katharine Hepburn en los papeles de Agnes y Tobias, la pareja protagonista. 

Hoy las contaré lo que fue "Un fragil equilibre" en  el teatre Lliure, dirigido por Mario Gas e interpretado por Rosa Novell, Rosa Renom, Albert Vidal, Mia Esteve, Pep Ferrer y Merce Montalá. 

La obra sigue manteniendo al público en vilo. A pesar de pertenecer a una época pre-internet en la que aún existían cierto tipo de valores y había un consenso respecto a la importancia de ciertas instituciones tradicionales y determinadas convenciones sociales. No ha pasado el tiempo para este drama en el que todo sigue siendo actual porque, en el sentido de lo que entendemos por "clásico", nos habla de sentimientos, emociones, defectos y temores que siguen vigentes porque son profundamente humanos e intemporales.

La familia que forman Agnes y Tobias (contenida y eficaz Rosa Novell y un Albert Vidal sarcástico y vulnerable), con su multidivorciada hija, Claire, (Rosa Renom un poco excesiva) y la hermana de Agnes Julia (Mia Esteve, convincente como la alcohólica y desafiante cuarentona que esconde en el alcohol sus frustraciones) reciben la inesperada visita de sus "mejores amigos" Edna y Harry (Mercè Montalá y Pep Ferrer, magníficos en sus chocantes papeles) que piden asilo por padecer un inexplicable ataque de pánico que les hace escapar de su propio hogar. Un miedo que podría ser el reflejo de su propia vacuidad (extremo no explicado bien en las intervenciones de la pareja) y que es el pánico a la disolución de la seguridad aparente que da el matrimonio, el hogar o los hijos, cuando las personas se olvidan de ser y se limitan a aparentar, de espaldas a sus sentimientos autenticos. Es decir, justamente lo que les ocurre a sus anfitriones.

No hay más explicaciones. La llegada de los autoinvitados hace estallar el "frágil equilibrio" que mantenía más o menos coexionada la familia. Surgen las amarguras, los reproches y los rechazos en un permanente --como es habitual en Albee-- trasiego de copas y tragos, y no sólo por parte de Julia.

Una primera parte magnífica deja, tras el descanso, todo dispuesto para la caida de ritmo del final, muy a tono con la desvaida propuesta del dramaturgo, que parece haber buscado un final mas o menos "equilibrado" (aunque dejando sutilmente abiertos los interrogantes sobre la viabilidad de la familia).

Creo que es un error haber roto el ritmo de la obra con un descanso posiblemente innecesario. La obra puede acortarse de alguna escena  algo reiterativa y no se debería haber roto el embrujo de una historia y unos personjes cuyo contenido y falsamente amable y educado comportamiento van acentuando la tensión en busca de una explosión que nunca acaba de producirse.

 

El público --tres cuartos de sala, se notó la coincidencia con el partido del Barça y la noche de difuntos, castañas y panellets-- reaccionó con entusiasmo a la propuesta que se desarrollaba en un escenario central, casi en contacto con las primeras fila, acercamiento que favorece la tensión dramática, convirtiendo al espectador, casi, en otro miembro de la familia.

 

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