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18 diciembre 2018 2 18 /12 /diciembre /2018 09:15

Cervantes y "Don Quijote" es a los libros de caballerías lo que el guionista y escritor norteamericano William Golldman y "La princesa prometida" es a las novelas y  películas de "grandes aventuras y amores verdaderos". El primero usa  a Cide Hamete Benengelí, un escritor morisco, "arábigo y manchego", como supuesto autor de la obra y Goldman se inventa a un escritor norteamericano de ascendencia nórdica -en realidad nacido en "Florín", un reino fantástico- llamado S. Morgenstern . Cervantes busca compañero  y amada para su caballero de la Triste Figura y Goldman se conforma con dos compañeros para su héroe Westley (que tiene una muy bella figura): Fezzic el gigante e Iñigo Montoya, un espadachin  español ("guiño" de Goldman al lector avisado) y por supuesto una Bella princesa, la más hermosa de mundo, (llamada absurda o irónicamente Buttercup, "pastelito" en castellano) que en realidad ni siquiera es de sangre real (es de origen campesino, como el héroe, una  lechera). Pero donde Cervantes lleva su fantasía a estrellarse continuamente con una realidad sórdida, Goldman lleva su hiperbólica y desmesurada irrealidad novelesca a superarse a sí misma en una escalada de imposibles en franco desafío a lo posible, trufada toda ella de la realidad, entre bromas y veras, del propio Goldman. Don Quijote y Sancho cabalgan por una Mancha casi documental y los héroes de nuestra historia corren sus increíbles aventuras por un supuesto reino de "Florin, que se extendía entre Suecia y Alemania. Por supuesto "antes de que formara Europa". En un caso, el cervantino, los "malos" son reales y circunstanciales o imaginados e inexistentes; en nuestra novela, el malo es el príncipe de Florín, llamado Humperdinck, un psicópata que "tenía la forma de barril...pecho enorme de barril y muslos poderosos abarrilados, pesaba cerca de ciento veinte kilos y caminaba de costado como un cangrejo" y su hombre de confianza, otro psicópata llamado conde Rugen, cuyo mayor placer era estudiar los efectos del dolor en todo ser viviente, tenía seis dedos en la mano derecha, maestro espadachín y pieza importante en esta original "novela" pues es el sujeto que asesinó al padre de Iñigo Montoya (que era un fabricante de espadas extraordinarias) y causa la obsesión de Iñigo por encontrarse con él y matarlo (la frase "Me llamo Iñigo Montoya; tú mataste a mi padre; prepárate a morir" se repite bastantes veces en la novela, cada vez que Iñigo tiene ocasión de decirla...y son muchas). Y por fin, si en Cervantes el concepto clave es la dialéctica ficción-realidad, aquí es realidad-ficción- realidad ficcionada, más complejo y considerablemente más irónico, sarcástico y juguetón (aunque, como pueden suponer pertenecen a dos niveles literarios distintos y aquí acaban las comparaciones, similitudes e influencias del gran Cervantes en el divertidísimo e inteligente William Goldman). Por último, aunque no menos importante, el concepto ético que domina esta rara novela es "La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será" con lo que redunda un poco en lo que piensa el lector de "El Quijote" cuando el Caballero pasa las de Caín en nombre de su "Amor Verdadero", para acabar además muriéndose de tristeza con el cuerpo apaleado y todo su mundo reducido a una "locura" objeto de burla.

Otra característica que rinde homenaje a la excelencia literaria es el recurso a la oralidad como base para la narración. De abuelos a padres y de estos a hijos, "La princesa prometida" va siendo leída a niños atentos, entusiasmados y reacios a que les den gato por liebre. Por tanto en el libro se entrecruzan varios niveles: el del narrador primigenio, Morgenstern, el del "compilador" y "sintetizador" del largo original, Goldman y el del hijo que fue Goldman o el del propio "hijo" de éste, un gordito que será redimido por el ejemplo de Swazenegger  (en la vida real Goldman tuvo dos hijas, pero SI les leyó la historia de la Princesa que estaba escribiendo) y, naturalmente, las "morcillas" o intevenciones continuas de Goldman en sus funciones de "re-escritor" que nos habla de su propia vida, sus problemas legales "con los herederos" de Morgenstern, su propia mujer, Helen, una conocida psiquiatra (creo que invención del escritor, ya que su esposa no era psiquiatra ni se llamaba Helen), sus guiones de cine (entre ellos, dos premiados por sendos Oscar, "Dos hombres y un destino" y "Todos los hombres del presidente" y otros grandes éxitos como "Misery" de Stephen King (que pasa a ser personaje de este libro), "Marathon Man", basada en una novela suya, y otras muchas, una brillante carrera truncada por la Parca el pasado 17 de noviembre. Y, sobre todo, destaquemos el humor y la desternillante ironía con que Goldman nos va contando los cortes y supresiones de páginas que hace al original de M. porque son aburridas y ya las hizo un su día el padre o abuelo que leía dicho original ("como en Moby Dick hay que saltarse las aburridas páginas sobre los detalles de la caza de ballenas", dice W.G.).

"La princesa prometida", publicada originalmente en 1973, con versión cinematográfica de 1987,  es una joya de la metaliteratura, llena de un humor a ratos de brocha gorda, tipo Tom Sharpe o Rabelais, o de sarcástica sutileza como Wodehouse, Mark Twain, Waigh o Sterne, es decir un humor más británico que yanqui. Desde la nota del editor recomendando al lector que se salte las dos introducciones del autor (la primera en el 25º aniversario de la novela y la segunda en el 30º)   y vaya a la página 45 para ver de qué va la cosa, hasta la guasa de signo superlativo que destilan las dos introducciones, paeando por la descripción de los cortes que Goldman hizo al original de Morgenstern, hasta los problemas del "compilador" en su intento de escribir una continuación de "La Princesa prometida" que llevaría por título "El bebé de Buttercup" y que los editores habían decidido encargar a Stephen King porque vende más libros que Goldman, pasando por las casi treinta páginas que se adjuntan de dicha continuación (con los comentarios agudamente sarcásticos del autor), el lector queda bien servido, aunque apenado porque ya sabe que NO LEERÁ dicha continuación en forma de libro, por fallecimiento del autor.

Este artefacto  literario que, como la película (dirigida por Bob Reiner), se ha convertido en un libro de culto para entendidos o avisados lectores y cinéfagos (parece ser que hay millones repartidos por todo occidente), debería ser objeto de una oferta librera peculiar: un pack que contuviera el libro y también un dvd con la película. La imaginativa editorial, "Ático del los libros" podría apuntarse un tanto superior al que ya tiene por haber publicado esta magnífica edición que tengo en mis manos.

Por cierto, para que quede constancia de la rara erudición (y no sólo en las cosas del reino de Florín) de Goldman, parece ser que el nombre de Simon Morgenstern, el "genuino autor" de "La princesa..." es un homenaje al creador del término literario de origen alemán "bildungsroman", es decir, "novela de iniciación" como el "Werther" de Goethe o "Las afinidades electivas", "La isla del Tesoro" de Stevenson, o "El artista adolescente" de Joyce. Su nombre: Johann Karl Simon Morgenstern. 

Pero todo este artículo suena demasiado a literatura seria, así que me detengo y les conmino a leer una novela que trata dinámica, divertidamente, emocionante y también de forma arrolladoramente sugestiva, asuntos tales como: "esgrima, lucha, tortura, venenos, amor verdadero, odio, venganza, gigantes, cazadores, hombres malos, hombres buenos, las damas más hermosas, serpientes, arañas, bestias de toda clase y aspecto, dolor, muerte, valientes, cobardes, forzudos, persecuciones, fugas, mentiras, verdades, pasión y milagros." Y no dejaréis la lectura hasta saber "¿qué fue de la hermosa Buttercup y del pobre Westley, y de Iñigo, el más grandes espadachín de la historia mundial? ¿Cuan fuerte era en realidad Fezzik? ¿Tenía límites la crueldad de Vizzini, el siciliano o la del príncipe  de Florín o la de su esbirro  el conde que tenía seis dedos en la mano derecha y había matado al padre de Iñigo?"

En fin, disfruten leyendo y si pueden háganse con la película. Les garantizo que cualquier lector que se "enganche" a esta novela acabará formando parte de un selecto club mundial, con sede en Florín, ese país enredado en uno de los pliegues de la vieja Europa. Y compartirá con millones de amigos una frase emblemática que los distingue a todos y cada uno del resto del mundo: "Me llamo Iñigo Montoya: tú mataste a mi padre, prepárate a morir".

FICHA

LA PRINCESA PROMETIDA.- William Goldman.- Trad. de Celia Filipetto.- 390 págs. Ed. Ático de los Libros.- ISBN 9788416222636

 

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15 diciembre 2018 6 15 /12 /diciembre /2018 09:11

Hace algún tiempo les hablé ya de Iris Murdoch, una narradora y ensayista anglo-irlandesa, profesora de literatura en un colegio de Oxford y alumna de Wittgenstein, de una inteligencia novelesca y una sensibilidad literaria bastante fuera de lo común. Una película soberbia titulada "Iris" nos hablaba de su genialidad y del cruel desenlace de su vida, privada por el alzheimer de su libre y avasalladora personalidad creativa.

Pasada la treintena Murdoch publicó su primera novela "Bajo la red" con un éxito fulgurante que años después le valió el juicio lisonjero de la revista "Time" de considerar dicha novela una de las 100 mejores novelas publicadas en inglés en el siglo XX. Personalmente discrepo de ese juicio aún considerándola una buena novela (como suelo rechazar esa obstinación de algunos de hacer "listas" de valor literario o artístico en base a...su propio y personal criterio). 

Iris Murdoch  fue una mujer particularmente brillante con n una narrativa a la altura de su inteligencia y de su personalidad renovadora, desafiante y anticonvencional, llena de un sentido de la ironía y el humor que, como en esta historia, llega a extremos hilarantes. Su capacidad de crear personajes por corrientes y creíbles al mismo tiempo, de escribir diálogos de una sonriente profundidad que arrastran al lector o de imaginar situaciones surrealistas dentro de la comicidad más inesperada. Tiene las características ideales para encarnarse en un escenario o en una película: dinamismo, sensibilidad, inteligencia y humor. 

Las venturas y sobre todo desventuras de Jake Donaghue, un escritor  en horas bajas que malvive como traductor, parece convertirse en una especie de parodia del "Ulises" de Joyce mezclado con la picardía, la desverguenza y el talento picaresco de un Tom Jone. Las relciones del protagonista con una antigua novia Anna y su hermana, Sadie, junto a la presencia de su amigo Hugo, un filósofo tan perdido como él pero capaz de tener ideas que Jake se apresura a apropiarse para sus propios intereses. Londres se convierte en la contrafigura de Jake, una especie de laberinto infernal que proporciona a la Murdoch la excusa para mostrarnos la endemoniada Corte de los Milagros que es la capital inglesa de mediados del siglo XX. Un don Quijote patético y encajador de rechazos, acompañado por su Sancho donQuijote (el primo lejano, Finn) que es su contrafigura. 

Esta novela picaresca inglesa del pasado siglo tiene, como sus homólogas hispanas, inglesas o francesas una profunda amargura soterrada bajo el brillante manto de humor, sarcasmo e ironía. Con un elemento añadido nada desdeñable:  las frases de estilo filosófico y lingüístico que van espolvoreándose aquí y allá (y que es una de las características de este autora). Como muestra un botón que resume filosóficamente las peripecias del protagonista: "Toda teorización es una huida. Debe dirigirnos la situación en sí, y eso es inexpresablemente concreto. Desde luego, es algo a lo que nunca podemos acercarnos lo bastante, por mucho que intentemos, por así decirlo, meternos bajo la red". ¿De qué red habla Iris y su personaje? Del lenguaje, por supuesto.

como vemos en este otro fragmento de diálogo entre Jake y Hugo: "Hay situaciones que no se pueden desenredar nunca-dijo Hugo- tienes que dejarlas a un lado. Tu problema, Jack,  es que quieres comprenderlo todo con empatía y no puede ser. Uno debe andar a trompicones aunque se equivoque. La verdad reside ahí.

-Oh, al infierno la verdad... Las acciones no mienten; las palabras siempre...pero ya veo que todo ha sido una alucinación." (pág. 311)

Y más adelante: "¿Cuándo conocemos a un ser humano? Tal vez sólo cuando uno ha comprobado la imposibilidad de conocerlo y ha renunciado al deseo de ello y al final ni siquiera siente su necesidad. Pero lo que uno consigue ya no es conocimiento, es simplemente una especie de coexistencia; y esa es también una de las máscaras del amor". (pág. 325)

Fallecida en 1999, con 80 años, Iris Murdoch, tal vez por la calidad intelectual y literaria de su narrativa y también  gracias a los empeños de su compañero durante la mitad de su vida, el crítico literario John Bayley, que publicó dos maravillosos libros sobre la escritora, Elegía a Iris (1999) como Iris y sus amigos (2000), editados en Alianza, parece vivir un auténtico renacimiento en el interés del público lector. 

FICHA:

BAJO LA RED.- Iris Murdoch. Traductores: Javier Alfaya y Barbara McShane.  Editorial: Impedimenta.- 345 págs. ISBN: 9788417115890

 

 
 
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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 13:58

Parece ser que la edición que poseo de esta novela está descatalogada. La buena noticia es que ha salido una nueva edición en la editorial Salamandra, aunque no tengo datos de ella o de la traducción. La de Sandra Campos para RBA es bastante buena. También me  gustó la portada, que fue uno de los motivos por los que adquirí el libro en 2009 (había desaparecido, antes de leerlo,  en uno de esos traslados de bibliotecas donde se pierden o extravían misteriosamente algunos ejemplares. Este ha aparecido (¿casualmente?) en uno de los estantes dedicados a libros de viajes. La reciente aparición de una película basada en la novela me recordó que ese llamativo título yo lo conocía y fue el motor de búsqueda del libro en las dos bibliotecas de las que dispongo en dos ciudades distintas.

“La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernesy”  es una delicia literaria que recuerda por el género de narrativa -epistolar- a "84 Charing Cross Road" el libro de la norteamericana Helene Hanff que también tuvo una modélica versión para el cine en la película de 1987 "La carta final" (interpretada por Anthony Hopkins y Anne Brancoft) pero que no llega a superar la magia de la novela.

No conozco aún la película de "La sociedad literaria..." pero la novela la he devorado en unas horas, a pesar de las dificultades lógicas que supone la narrativa epistolar. Hay más coincidencias: las autoras, Mary Ann Shaffer y Annie Barrows son norteamericanas, libreras y editoras (como Helene Hanff, que además era traductora) y sus temáticas respectivas se refieren a Inglaterra y en la misma época más o menos, en torno a la segunda guerra mundial. Y mientras "84 Charing Cross Road" habla de una librería dedicada a la venta de libros antiguos y a una lectora compulsiva de clásicos ingleses, la que hoy nos ocupa habla de una escritora inglesa que de forma casual entabla relación con algunos habitantes de una de las islas inglesas del Canal de la Mancha,  Guernsey, frente a las costas francesas, que fue ocupada por los nazis.

Del curioso nombre de la sociedad literaria inglesa nacida bajo la ocupación nazi de las islas del Canal y de los avatares que la acompañan, algunos bastante trágicos, no les contaré nada para salvaguardar la previsibles y placenteras sorpresas que tendrán. La descripción de los personajes, principalmente de los lugareños, y la habilidad de presentar cartas cortas pero muy llenas de contenidos y observaciones agudas, hacen de la lectura un placer sin fisuras. Punto destacado para mí es la ética descripción que atañe a algunos -pocos- de los soldados alemanes cuyo comportamiento con la población civil mostraba una humanidad (peligrosa para ellos mismos)  de la que  como sabemos, carecía la gran mayoría de los nazis.

Los libros y unos determinados autores son los que dan contenido a ambos libros (más eruditos los de la primera y más populares pero también clásicos los de "La sociedad literaria...". Así leeremos cosas divertidas sobre lecturas de Wilkie Collins,  las hermanas Bronte,  Wilde o Charles Lamb, e incluso de  clásicos  romanos como Séneca o Cátulo.

La primera carta que leemos es de Juliet, la protagonista de la historia, fechada el 8 de enero de 1946, y dirigida a Sydney Stark, su amigo y editor. Desde aquí ya comenzamos a vislumbrar la ironía y el  fresco y sencillo humor que dominan el estilo de la novela, con unos detalles  sobre la vida cotidiana en Londres (y más tarde en la isla) recién acabada la guerra, con todas las dificultades e incomodidades y carencias que eran parte de la normalidad en esos días. El azar -un hombre de la isla compró de segunda mano un libro de Lamb que perteneció a Juliet, donde está su dirección y le escribe para que le ayude a conseguir una biografía de ese ensayista galés que murió tres años antes de empezar la época victoriana- es el motor que alimenta el desarrollo de una correspondencia que cada vez involucra a más personas y de donde sale la anécdota de la sociedad literaria y con ello, el deseo de Juliet de escribir un libro sobre los detalles y circunstancias --algunos muy divertidos y otros muy dramáticos-- de lo que ocurrió durante la guerra.

FICHA

LA SOCIEDAD LITERARIA  Y EL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY.- MaryAnn Shaffer y Annie Barrows.- Tra. Sandra Campos. Ed. RBA. 303 págs. ISBN 9788498673951                                                                                  

 

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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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15 noviembre 2018 4 15 /11 /noviembre /2018 09:29

Hay algunos libros en los que la relación entre  la calidad del texto y el tamaño del libro, número de páginas o volumen son inversamente proporcionales. Es el caso de este mini ensayo, "El vicio de  la lectura" que casi parece un artículo largo.  Fue escrito por la norteamericana Edith Wharton premio Pullitzer y primera mujer doctor honoris causa en Harvard, a la que conocía exclusivamente como novelista, francamente buena aunque por razones inexplicables de escaso éxito actual (vivió a caballo entre los siglos XIX y XX) a pesar de un estilo depurado, muy superior a los que hoy abundan incluso  entre los mejores del ramo y una inteligencia y agudeza que me recuerdan a la de la malograda Iris Murdoch.

La entonces atrevida hipótesis de trabajo de la Wharton (lo publicó en 1903) era que la amplia socialización educativa, la difusión de la cultura y el acceso de las masas a los libros y las bibliotecas, inmediatamente considerada como un instrumento de mejora social y laboral, por tanto económica, había fomentado la  creación y propagación de un nuevo vicio: el de la lectura. Con ese germen tan activo no tardaría en aparecer la enfermedad correspondiente y lógica epidemia: los lectores de textos-basura, los calificados como "lectores mecánicos" (porque leen "mecánicamente"). Eso provocó un enorme aumento de publicación de libros y consecuentemente un aumento brutal de la literatura basura y del lector consumidor de esos bodrios. Los cuales, debido de su ingente número se convirtió en un peligro evidente para la buena literatura. ¿Qué escritor, por bueno que sea, no prefiere publicar un libro mediocre o medio malo por cientos de miles de ejemplares que uno muy  bueno que compran algunos cientos de lectores desperdigados?

Y como con agudeza (suena a Wilde) nos recuerda la autora, "Ningún vicio es más difícil de  erradicar como aquellos que popularmente se consideran virtudes" Aunque la autora hila más fino y recuerda que los presuntos frutos que teóricamente produce la lectura en las personas, su vida y sus obras, no dependen de la lectura en sí, sino de la clase de libro y autores que lees, como tampoco depende de la cantidad sino de la calidad y aún más, no de lo grande que sea tu biblioteca personal sino del número de libros que lees realmente (seguramente la Wharton esto no llegó a conocerlo, pero recuerden ustedes aquellas editoriales que vendían colecciones enteras para la decoración "de estatus" de algunas casas de la clase media y media-alta. Cito: La providencia nos proporciona innumerables autores cuya misión obvia consiste en proteger a la literatura de los estragos de los tontos. El lector mecánico se convierte en un peligro para las letras sólo cuando osa pastar en prados que no son los que le están predestinados.

El análisis del tema se completa con marcar las diferencias notables entre el lector "mecánico" y el lector nato, la compulsividad agresiva de aquél frente a la naturalidad de éste que, en última instancia, suele establecer una suerte de "diálogo" con el autor y de ese diálogo, en el mejor de los casos, sale un enriquecimiento personal. 

El que esos lectores no natos, se pasen al "lado serio" de la literatura (generalmente por esnobismo), preocupa a la autora porque, con la osadía de la ignorancia, pueden llegar a dañarla al opinar sobre ella, dada la democratización de la opinión pública que da oídos a todo el mundo. Y con cierto elitismo escribe: "Es probable que si sólo leyeran los que saben leer, sólo producirían libros los que saben escribir". 

En estos tiempos, la obrita de Wharton queda ya en líneas generales algo obsoleta, los problemas son otros. Pero aún es apreciable la finura en el análisis de los tipos de lectores y sus motivaciones. Aunque fuese solo por eso, resulta un placer útil leerla. 

FICHA

EL VICIO DE LA LECTURA.- Editorial José J. de Olañeta. Traducción de Abel Vidal. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 48 páginas.

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2 noviembre 2018 5 02 /11 /noviembre /2018 10:13

El israelí Yuval Noah Harari, que acaba de cumplir cuarenta años, tiene la  loable ambición de mostrarnos en tres libros el nacimiento, desarrollo, auge y supuestamente declive y deterioro progresivo y cuasi apocalíptico de ese género o especie animal absurda, destructiva, genial, desdichada, patética aunque poética, ridícula y tan cruel como enternecedora que conforma al ser humano, el espécimen más letal de este planeta  tan hermoso como destruido y esquilmado que llamamos Tierra.

Con "Sapiens. De animales a dioses" (2014) o "Homo deus. Breve historia del mañana" (2016) a "21 lecciones para el siglo XXI" (2108) Yuval no sólo ha conseguido hacerse razonablemente rico y ser bastante conocido en los medios informativos y académicos de todo el mundo occidental y tolerablemente  aceptado -con una sonrisa escéptica y algo irritada que se reserva a los "chicos traviesos"- por el estamento científico, sino que está conmoviendo y alertando conciencias por todo el mundo lector que se lee sus entretenidos mamotretos de centenares de páginas.

En un  principio este artículo iba a tratar sobre el último libro de Noha, confrontado   con el de Steven Pinker, "En defensa de la ilustración". Dos libros recién editados. Best sellers por una vez justificadísimos. Los dos nos hablan del mundo que tenemos y por lógica empírica del que nos viene ya. Pero YA. En realidad vivimos en este mismo momento bajo sus parámetros  tecnológicos, sociales, económicos, políticos y amorales. Ya han desaparecido, obsoletas, costumbres consolidadas durante siglos (algunas detestables sin  duda) y desde la cuna a la tumba se va diseñando un ser humano sutilmente diferente, distinto, extraño, que se amolda o trata de hacerlo a cambios que les afectan desde la familia a las relaciones sentimentales, las emociones o las formas de ganarnos la vida, divertirnos, pelearnos o situarnos frente  al futuro. La historia no ha muerto, como aventuró Fukuyama, ha  perdido su sentido.

Dado el interés y la envergadura de estos libros, he decidido optar por una  solución salomónica. Le dedicaré un artículo a cada uno de ellos por separado. Dado que mi conclusión, absolutamente personal y por tanto no solo discutible sino rechazable, es que la gente de las generaciones próximas a la mía, por delante y por detrás, seguramente apoyarán la broma imposible y marxista (sector Groucho) de que paren el mundo para "bajarse en la próxima" y seguir que todo siga su curso hacia la entropía, he preferido aligerar tal visión oscura con un próximo artículo en que hablaré del discutible pero razonable optimismo de Pinker. Y todo eso no por una visión apocalíptica sino filosófica: los que soñamos en la "vida buena" de epicúreos y estoicos, estamos fuera de lugar. Pero ustedes, la gente joven del siglo XXI serán los pioneros de un mundo nuevo, quizá mejor-es mi deseo más ferviente: tengo nietos- que el resto de la bastante lamentable historia anterior. Y ese es el otro aspecto de la cuestión. Más bien la cara oscura de la Luna. La posibilidad, no probable pero tampoco imposible, de que la vida y el ser humano tomen un sesgo inesperado que evite el apocalipsis que la lógica de la historia nos propone. La dialéctica está servida.

Yuval Hoha forma parte de una especie intelectual casi extinta que es la de los "ilustrados radicales", ya que no sólo defiende de los valores de la Ilustración que Kant en 1784 definía como "los principios básicos de la razón, la ciencia, el humanismo (y la libertad) y el progreso que harán salir a la humanidad de su autoculpable inmadurez", sino que a diferencia de grandes ilustrados como Locke, Voltaire o el mismo Kant, defiende esos valores hasta sus últimas manifestaciones, ya sea la homosexualidad, el catolicismo, el islamismo, los ateos y la libertad de conciencia. Más cercano a Spinoza que a esos otros y judío como él no muy aceptable por su comunidad debido a sus opiniones, nuestro autor nos ofrece la cara y la cruz del ser humano en tres tiempos, su pasado de primate dotado de la "chispa" divina enredada en sus neuronas, un posible, quizá probable, futuro en el que la chispa es tecnológica y las neuronas chips y seremos cualquier cosa impensable entre la IA y la Scf y un "presente" que si la neurofilosofía y la física cuánticas no nos engañan es una entelequia temporal, algo que ya no existe proyectándose en una existencia en movimiento permanente cuyo destino inescrutable va adaptándose como puede a un progreso que posee su propia dinámica incontrolable (aunque los ilusos mortales piensen que saben lo que hacen y hacia dónde van). 

Harari nos dice al principio de su obra:"En esta obra mi plan es global. Observo las principales fuerzas  que modelan las sociedades del mundo y que es probable que influyan en nuestro planeta como un todo. El cambio climático quizá esté muy lejos de las preocupaciones de la gente que se encuentra en una emergencia de vida o muerte, pero puede que al final haga que los suburbios de Bombay sean inhabitables, que envíe nuevas y enormes oleadas de refugiados a través del Mediterráneo y que conduzca a una crisis global de la atención sanitaria”. Y de inmediato nos pregunta: "Qué implica el ascenso de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Ha vuelto Dios? ¿Se aproxima una nueva Guerra Mundial?¿Qué civilización domina el  mundo, Occidente China o Japón, el Islam?¿Porqué está en crisis la democracia liberal? ¿Tendría que Europa abrir las puertas a los inmigrantes?¿Puede el liberalismo resolver los problemas de la desigualdad y el cambio climático?¿Qué debemos hacer con respecto al terrorismo?...

Más adelante asegura: "En su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de la  biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma de una forma radicalmente nueva o bien los humanos acabarán viviendo esclavizados por dictaduras digitales." Y no hay ni ideologías, ni mentes, ni  mucho menos pueblos "elegidos" que puedan dar soluciones a estos problemas. Ni siquiera el suyo, del que puntualiza (un capítulo lúcido, el 12, que disgustará a Jerusalén:  el judaísmo “desempeñó sólo un papel modesto en los anales de nuestra especie” y realza su carácter esencialmente tribal en comparación a las religiones mundiales: islamismo, budismo, cristianismo. Aunque no ignora los indudables logros culturales y científicos de su mismo grupo etno-religioso (los judíos son el 0,2% de la población mundial, pero más del 25% de los premios Nobel de Física, Fisiología o Medicina), los atribuye a individuos concretos, no al “judaísmo” como tradición cultural suprema.

El libro es un canto al laicismo y al humanismo secular. Hasta los respetados principios de la Ilustración libertad, justicia e igualdad, podrían resultar anticuados en un mundo en el que “las biotecnologías podrían cambiar la naturaleza misma del género humano, y por tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas…aunque lográramos evitar la guerra nuclear y el desastre ecológico, la gente tiene opiniones muy diferentes acerca del uso de la biogenética (o una ignorancia casi total la mayoría) y la IA para mejorar a los seres humanos o crear nuevas formas de vida. Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales, aceptadas, supervisadas y controladas, se abrirá la veda a los presuntos doctores Frankenstein que crea el poder de las nuevas técnicas biológicas”. (Pág 144)

Como alivio a este anorama citaré una opinión menos radical, la del editor de la revista MIT Technology Review, “Estamos muy lejos del momento en que una inteligencia artificial sea capaz de entender el mundo sin una base previa de datos”.  Aunque como remata Noah "El peligro es que si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar y promover la conciencia humana, la sofisticada inteligencia de los ordenadores solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos".

Y ahí el autor hurga en la llaga: "“La estupidez humana es una de las fuerzas más importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto…políticos, generales y eruditos ven el mundo como una gran partida de ajedrez, en la que cada movimiento obedece a meticulosos cálculos racionales. Podría ser así…hasta cierto punto. Pocos dirigentes en la historia se han vuelto locos y se han   puesto a mover piezas aleatoriamente (aunque los ha habido). La mayoría creen tener razones lógicas para mover sus piezas en un momento dado. El problema es que el mundo es mucho más complejo que un tablero de ajedrez y la racionalidad humana no llega a entender bien esas diferencias, ni las complejas variables que no obedecen reglas de juego. De ahí que incluso líderes racionales y lógicos acaben haciendo cosas muy estúpidas y dañinas. No hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana” “ pag. 202

Me ha gustado su defensa de la UE como experimento orientado a una sociedad global basada en la democracia, los mercados libres, la paz y los derechos humanos que podría compensarse, con un " Un "patriotismo benigno”, pero lejos del aislacionismo nacionalista, podría ser al menos una etapa intermedia antes de alcanzar soluciones verdaderamente globales. Aunque Harari teme que lo que llama “disrupción tecnológica”, vinculada a los hallazgos de la neurociencia y la revolución de la tecnología informacional, esté desfondando nuestros amados principios  sobre la libre elección de los votantes (incluso sobre el libre albedrío), y sobre la eficacia del gobierno ilustrado. "“La fusión de la biotecnología y la infotecnología es una amenaza para la libertad y la igualdad humanas. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero los nacionalismos, las religiones y las culturas dividen a la humanidad y hacen imposible tal cooperación “(pag. 105)

Por ello el apoyo a una perspectiva laica de la existencia es otro de los logros de este autor: se trata de un ideal, un compromiso global con la Verdad, la Compasión, la Igualdad, la Libertad, el valor para luchar contra la opresión y la tiranía y la responsabilidad humana, de cada uno de nosotros, sobre nuestros actos y nuestro futuro y la capacidad de admitir nuestros errores y puntos ciegos (la “sombra” de nuestra humanidad) y la resolución de enmendarlos sin buscar paranoicamente entes, naciones o personas a las que responsabilizar.

Ya que, nos recuerda, Intentamos negar la complejidad del mundo en que vivimos de varias maneras: minimizar los conflictos reduciéndolos a la lucha entre buenos y malos, centrarse en una historia o relato conmovedora como explicación para juzgar, montar teorías conspiratorias que explican “todo el problema”, un grupo de millonarios de elite, la CIA, los francmasones o los nazis ocultos o los Sabios de Sion y, por fin, crear un dogma y un jefe omnisciente que nos sacará del lío. Ya la tenemos armada.

Para suavizar el mensaje tan duro sobre lo que es nuestros mundo, sugiere una forma distintta de enfocar la educación de nuestros hijos:  “en las escuelas deberían dedicarse a enseñar las cuatro “ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad". Se tendría que dar menos importancia a las habilidades técnicas y hacer hincapié en las habilidades de uso general para la vida, capacidad de gestionar los cambios, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental un una situación tan continuamente estresante, es decir reinventarnos otra vez como seres humanos, con un sistema de valores básicos y principios éticos. Para tener éxito en esa tarea tan abrumadora deberás volver a aceptar el consejo más antiguo y repetido por los filósofos y la sabiduría: conócete a ti mismo. Y deja de creer en los cuentos que las religiones y los nacionalismos se inventaron y no dejan de repetir. Simplemente recuerda que todo cambia sin cesar, que nada tiene una esencia perdurable y que nada es completamente satisfactorio. Ya en ese camino (un aire fresco a sabiduría budista es expande por las páginas finales del libro) Noah nos sorprende dedicando el capítulo final a la meditación. Una práctica personal para una revolución global. Sin no cambia la persona, el ser humano individual, ninguna revolución  tendrá éxito. Y esto es una verdad universal.

Libro, pues, para leer sin prisas, subrayar y reflexionar detenidamente en algunos parágrafos, aunque otros nos parezcan alarmistas, exagerados o utópicos. Hay mucha verdad y mucho sentido común (e información bastante fidedigna) en estas páginas. No se lo pierdan.

FICHA

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI.- Yuval Noah Harari.- Trad. Joandomenec Ros.- 399 págs.- Ed. Debate, PVP 21,90 e. 

 

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30 octubre 2018 2 30 /10 /octubre /2018 13:24

Excelentemente editado por Errata Naturae (a la que sólo falta añadir un pequeño prólogo sobre la personalidad, vida y obras del autor, algo un poco más serio y  enjundioso que la simple solapilla de portada). Este conjunto de pequeños ensayos del norteamericano John Burroughs (1837-1921) hará las delicias de todos los que aman la Naturaleza en estado puro, sin envasar en paquetes turísticos, sin invasiones de ecólogos tecnocráticos, gente que, como anuncia el título del libro y del primer ensayo, conocen y practican "el arte de ver las cosas", técnica natural que cualquier   lector de los filósofos clásicos griegos y latinos ya ha aprendido si ha digerido bien lo estudiado.

Cuando murió, a los 83 años, las cosas en su tierra y menos en el resto del mundo aún no se habían puesto tan alarmantes como ahora. Sus libros inspiraron al movimiento civil de conservación de la Naturaleza en su país (lo que ha evitado, incidentalmente, que mantuviera genialmente en casi todo el gran país  y  más en Canadá) y debería ser de lectura obligatoria en todos los institutos de enseñanza media españoles.

Sin llegar a igualar la fama de Henry David Thoreau (aunque a mí en particular me parece mucho más "auténtico") nuestro autor es, como nos recuerdan sus editores y en palabras del poeta Walt Whitman "el genuino hombre de los bosques, el único nativo entre los árboles". Fue "The Grand Old Man of Nature" para todo el país, en el que su popularidad era continuamente alimentada por ensayos naturalistas, -"Wake-Robin", el primero, apareció en 1871- y literarios de una riqueza descriptiva y científico divulgativa asombrosa. Lamentablemente, después de su muerte (falleció durante un viaje en tren) fue decayendo su fama, lo cual hace esta "recuperación" de estos editores doblemente valiosa, aunque algunos de los planteamientos y juicios parezcan obsoletos. Para mi siguen teniendo encanto...natural.

Las raíces filosóficos de muchos de estos ensayos dejan ver la cercanía de nuestro autor con el mundo dinámico y peculiar de su mentor intelectual, Ralph Waldo Emerson.  Su nombre corona una de las cumbres de las tres montañas que forman la "cordillera Burroughs" en forma de placa con una frase suya de amor a la belleza de la Tierra en su conjunto.

Pero no se equivoquen, aunque Emerson llamara a Burroughs "un granjero alerta e inquisitivo...todo curiosidad y atención" (¡menudo piropo!) el tipo no tenía nada de simple, banal o tosco. Era agudo como una flecha y sutil como una flor silvestre.  Aquilaten esta observación espigada de su ensayo "Una perspectiva sobre la vida": "...compartir la gran vida soleada y dichosa de la Tierra...y ser capaz de ver que la falta, el pesar y el sufrimiento del mundo son una parte  necesaria del curso natural, una fase de la ley de crecimiento y desarrollo que recorre el universo, amarga en su aplicación personal, pero iluminadora desde la perspectiva de la vida en su conjunto. Sin muerte y decadencia, ¿cómo iba a continuar la vida?". Estoicismo de alta calidad. El elegante Marco Aurelio hubiera firmado sin pensarlo estas líneas clarividentes.

Para mí, Burroughs, es el presidente supremo de la "Orden de los caminantes" una mística andariega de la que me siento miembro honorífico desde que en mi adolescencia me perdía por los montes de Collcerola. Y de ese placer lleno de esfuerzo sano, dotes de observación y disfrute ambiental (mas respeto a todo lo que vive, animal o planta, hasta las piedras) están llenos estos 16 ensayos reunidos en este libro.

Déjenme añadir esta cita, aunque todo el mundo lo haga: “Si tuviera que señalar los tres recursos más preciados de la vida, diría que son los libros, los amigos y la naturaleza; y el más magnífico de todos ellos, al menos el más constante y el que siempre está a mano, es la naturaleza… una mina inagotable de aquello que conmueve el corazón, atrae a la mente y dispara la imaginación. Salud para el cuerpo, estímulo para el intelecto y alegría para el alma”.

En un viaje a Inglaterra y Escocia, Burroughs es capaz de caminar decenas de kilómetros diarios y dedicar 34 páginas del libro para escuchar el canto del ruiseñor o investigar durante semanas los comportamientos sociales de arañas, abejas o serpientes, así como de todo tipo de pájaros, a los que conoce por sus trinos. Eso hace un poco difíciles de digerir muchas páginas de este libro debido al menos en mi caso a mis escasos conocimientos sobre biología animal, sobre fitología y las 300.000 especies del Reino Vegetal y otras ciencias naturales. Sin embargo, es tan transparente el amor de este hombre por la Naturaleza y su mirada tan limpia, atenta e inteligente, que el placer de leerle supera su inconsciente  complejidad de fanático naturalista.

FICHA

EL ARTE DE VER LAS COSAS.- John Burroughs.- Trad. Ana González Hortelano.- Ed. Errata Naturae.- 323 págs. ISBN 9788416544851

 

 

 

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20 octubre 2018 6 20 /10 /octubre /2018 08:59

Los filósofos taoístas nos hablan de la importancia de captar lo esencial en las cosas, las palabras, las actitudes, las personas, los libros. Aunque como decía Saint Exupery "lo esencial es invisible para los ojos", es gratificante tomarse el trabajo de buscarlo y después ofrecerlo, aunque uno se equivoque confundiendo a veces el rábano con las hojas, el entusiasmo pedagógico le vuelva hiperbólico o la impulse a consideraciones o reflexiones al menos discutibles. Pues bien, eso es lo que ocurre con Ramón Ayllón, un profesor de filosofía que también tiene un excelente gusto literario. En su libro “Tal vez soñar", tan hamletiano él, aborda la carga filosófica que existe en la gran literatura (que en el fondo es una redundancia, ya que ambas disciplinas tienen el mismo objeto de estudio. el ser humano, sus pensamientos y acciones, en estrecha hermandad también con la psicología: sólo difieren en el estilo y el objetivo: el conocimiento o el placer . En una introducción breve y pedagógica y 15 capítulos con una tema y obra literaria específica, Ayllón se acerca a interesantes cuestiones de rancia exigencia filosófica a través de grandes obras literarias.

Manejo la primera edición de este ameno libro (2009) y supongo -y deseo- que ya debe haber algunas más en el mercado. Es un excelente y entretenido manual introductorio a ciertos asuntos filosóficos usando la enganche sugestivo de autores, personajes y argumentos de obras que forman parte del legado literario de  la Humanidad, aunque ni son todas las que están ni están todas las que son. Pero eso forma parte de la libertad y el genio del autor y en eso no hay quien se deba inmiscuir.

Desde el ilustre Ulises, "hombre de mil ardides" que Homero destacó en la "Odisea" tras habrrle dado un importante papel secundario en la Iliada , pasando por el bueno de Alonso Quijano y su esquizofrenia esencialmente literaria, por el pragmático Robinsón (modelo del anglosajón colonialista y práctico) o la ternura del pequeño niño rubio de las estrellas, el ,horror de la vida malograda de Ana Frank, a los cerdos (nazis) de la granja en la que los animales se rebelan de una tiranía para caer en otra peor. Encarnar una reflexión sobre el mal en "El señor de las moscas" y otra sobre el bien en "El señor de los anillos", me parece malgastar dos cuestiones esenciales en filosofía (y en la vida, que es lo mismo) en dos obras complejas y de valor literario dispar (me resisto a aceptar la analogía de valor que Ayllón  establece entre la obra de Tolkien (a la que admiro profundamente) con la Odisea de Homero (que es uno de los pilares básicos de la cultura humana). Para ilustrar la filosofía de Nietzsche (tan manipulada en los 30 y 40 del pasado siglo por los psicópatas de la cruz gamada) Ayllón nos introduce en Dostoievski y su "Crimen y castigo" y en "El lobo de mar" de Jack London. Bueno. Aunque me gusta más la referencia al libro de Lipovetsky, "El crepúsculo del deber" como ejemplo de la desvinculación con la moral de nuestra época (quizá el tema tenga relación, pero yerra un poco en colocarlo en un libro cuyo objetivo operativo se vincula a las grandes obras literarias). Shakespeare entra en liza a través de Hamlet para referirse a la cuestión inevitable de la muerte y Dostoievsky vuelve al escenario para otra de las inevitables constantes humanas: la existencia de Dios. Sin cuestionarlo en absoluto, como crítico y lector, me ha sorprendido la inclusión del caso de Etty Hillesum como elemento de análisis de la amistad y el amor o la de Delibes como ejemplo de las bondades de la institución familiar.
Suscribo la opinión que leí en alguna parte sobre este libro : "Por eso, y por infinidad de pequeños detalles que salpican el texto en casi todas sus páginas, ésta es una obra para discutir con ella, para charlar y debatir, para corroborar ideas o para refutarlas, para discrepar o para mostrar la mayor de las conformidades. En suma, una obra para convertir algunos de los más grandes libros de la historia literaria en objeto de reflexión constante y fértil."

 Y en eso estamos totalmente de acuerdo. Esa es la  función y el valor de estas obras meta literarias  en las que no "se hace" literatura sino que se piensa y se filosofa sobre libros de tal manera que atraen al lector que no los conoce, a hacerlo desde un conocimiento previo que enriquece sin ninguna duda la propia lectura.

FICHA

TAL VEZ SOÑAR.- José Ramón Ayllón.-Ed. Ariel. ISBN 9788434488168

 

(*) Editorial Ariel, Barcelona, 2014, 3ªedición, 136 páginas

 

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14 octubre 2018 7 14 /10 /octubre /2018 09:37

"Alicia en el País de las Maravillas" cumplió 150 años de vida en  2015. Unos treinta  años antes, el escritor norteamericano David Slavitt, en los ochenta del pasado siglo publicó un libro sobre el viaje a Alicia Lidell, la niña que inspiró la Alicia de Carroll, realizó a Estados Unidos en 1932 para recibir un homenaje debido al aniversario de las primeras ediciones del mágico libro. Una octogenaria Alicia Hergreaves (apellido de su marido) recibe con estoica amabilidad el doctorado  honoris causa en letras por la Universidad de Columbia de Nueva York.

Durante esa estancia en tierras americanas, la anciana, acompañada por su hijo Caryl y su hermana Rhoda, negociarán la venta del manuscrito de la obra que el reverendo Charles Lutvidge Dodgson, llamado Lewis Carroll para la Literatura Universal, profesor en el Christ Church de Oxford de donde era decano el doctor Lidell, padre de Alicia. E manuscrito estaba dedicado a ella por el autor y su valor era incalculable, es decir, absurdamente elevado. Con sa bios y habilidosos  saltos argumentales entre 1932, 1926 y 1928, Slavitt desgrana una serie de elementos y eventos que afectan a los principales personajes del drama, la misma Alicia -una figura de inteligente inocencia- su hijo, débil y algo disoluto y sobre todo los fantasmas del escritor pedófilo Dodgson-Carroll, el odio del decano Lidell y el esposo de Alicia contra su figura, de las dos hermanas Lidell que posaron para Carroll y los testimonios de dos mujeres que en su niñez habían sido "objetos de arte placentero" para el tímido, genial y pervertido escritor.

Pese  que la novela se lee con cierto placer y a uno  le cuesta imaginar a la  circunspecta Alicia octogenaria con la niña inocente que retratara y pintara Dogdson, algo en mi se niega a aceptar la especulación literaria que cnvierte a Carroll en una especie de Mr. Hyde pedófilo y a la vivaz e inteligente Alicia como  una anciana consumida por un complejo obsesivo de silencio y autoengaño sobre remotos acontecimientos que su hermana Edith, siendo ambas niñas, delató consumida de celos por la preferencia de Dodgson/Carroll por Alicia, a la madre y provocó el odio eterno y el rechazo del decano Liddell y más tarde del marido de Alicia, Heargreaves, arrastrando ambos toda la vida las dudas sobre  lo que realmente ocurrió entre el reverendo tímido y las dos niñas. 

M e quedo con los tres  últimos versos que el conejo blanco (quizá el propio Carroll) dedicó a Alicia:: "esto  deberá ser un secreto que todo el mundo ignore menos tu y yo"). Y también con el pensamiento que  Slavitt pone en la mente de la Alicia anciana: "Ella amaba a Carroll. Lo adoraba; no había llegado a recobrarse completamente de su perdida irreparable...aquél hombre asustadizo, nervioso, adorable; el hombre que más y  durante más tiempo había amado". Eso no son los pensamientos de una mujer adulta recordando a un hombre que presuntamente había abusado de ella siendo niña. Señor Slavitt, "mejor no meneallo"

Y como curiosidad sobre el pseudónimo de Dogson, copio: "Su nombre completo era Charles Lutwidge Dodgson. Para crear el pseudónimo, tomó "Charles Lutwidge", y lo transformó al latín, dando como resultado "Ludovicus Carolus". De nuevo, tomó el nombre latino y lo adaptó otra vez al inglés, dando como resultado el Lewis Carroll que todos conocemos."

FICHA

ALICIA A LOS 80.- David R. Slavitt.-224 págs.-Traducc. Carlos Milla. Ed, Laia. 9788476682838

 

 

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9 octubre 2018 2 09 /10 /octubre /2018 09:38

Hay al menos tres Le Carré. Uno, el sus primeras novelas en plena guerra ría y aledaños, que me entusiasmaron. Después tras la Caida del Muro, La Carré parecía haber cedido a las tentaciones de los best seller y las versiones cinematográficas y yo fui perdiendo interés. Creo haber percibido en alguna novela un desesperado intento de acercarse a la trascendencia literaria de Graham Greene, segundo periodo, y ahora, con la respetabilidad y la supuesta sabiduría que ofrece la edad como daño o regalo colateral, parece dejar de importarle la fama o el prestigio, la critica o la capitalización cinematográfica de sus  obras. Me vuelve a interesar (aunque nosiempre) y creo que el principio aislado y prematuro de la postrera etapa comenzó con "Un  espía perfecto", que es de 1986 y de la que la BBC perpetró una serie mediocre.

Un accidente doméstico, tan absurdo e inesperado como suelen serlo todos, me ha confinado al encierro monástico obligatorio. Aunque mi interés de lectura más exclusivo es la filosofía y su añorada e imposible meta, la sabiduría, el dolorido cuerpo me pedía a veces una frivolidad literaria banal que le apaciguara un poco. Rebuscando en mi biblioteca policíaca, dí con "Un espía perfecto" y la leí de un tirón durante dos días de sorprendido placer.

La capacidad de análisis del protagonista, sus sondeos biográficos, la figura del omnipotente padre, un estafador de altos vuelos y baja estofa, la banalidad política y económica y la pertinencia psicológica del doble juego del espía, la solidez de los personajes secundarios y la ironía, sarcasmo, instrospección, sutilidad, inocencia e inteligencia del narrador, aunada a la estupidez práctica y la cretina burocracia del mundo secretista, han constituido un deleite tan profundo como las mejores novelas de Maugham o de Greene o algunos maestros de la escuela americana.

No les cuento nada de las desventuras del atractivo, sugestivo e inteligente, Magnus Pym, ni de sus motivos para ejercer de agente doble, ni de su obsesión por escribir sus memorias antes del fin, ni  de sus "dos" padres prodigiosamente diseñados...léanla.

FICHA

UN ESPÍA PERFECTO.- John Le Carré.- Trad. Jaime Zulaika.- Págs 445.- Ed. Plaza Janés.

 

 

 

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