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17 julio 2018 2 17 /07 /julio /2018 08:22

Leer la introducción de Jordi Ibáñez a este libro da una idea aproximada, aunque sorprendente, del estado complejo y trabajoso de la recopilación de los escritos salvados del gran pensador alemán, que se suicidó en Port Bou durante la segunda guerra mundial debido a un cúmulo desdichado de malentendidos y graves temores de Benjamín (que temía como tantos otros intelectuales judíos de la época caer en manos de la Gestapo: recuerden el caso también  lamentable de Stefan Zweig que hemos comentado en estas pàginas  en varias ocasiones). Ibáñez Fanés es uno de los prologuistas escogidos, el profesor de la Pompeu Fabra ha escrito un texto para acompañar las traducciones (“revisadas y anotadas”) hechas entre 1971 y 1975 por Jesús Aguirre (histórico director editorial de Taurus) y por Roberto Blatt en 1991.

En todo caso y salvando el aparente caos de los textos recopilados cabe esperar según los estudiosos de la obra de Benjamín que la presente antología (primera que se publica en nuestro país) recoja los textos fundamentales que fueron saliendo a través de los años en cuatro volúmenes de "Iluminaciones" y un par de los "Discursos interrumpidos". El libro que Taurus nos ofrece tiene el interés enorme de dar a conocer a uno de los críticos culturales "más originales e indispensables del siglo XX". Quizá uno de los pensadores más urbanitas que han existido, con su fascinanción por las grandes ciudades (especialmente Paris) y el papel del artista que se se convierte en un "flaneur" (paseante sin puntos de llegada) como Baudelaire y alimenta su creatividad con la fugaz y continuamente cambiante ciudad, en una dialéctica marxista donde las calles, los pasajes, la arquitectura entren en relación con la revolución humana que levanta adoquines o construye barricadas.

Conocer las reflexiones que el inteligente y minucioso pensador -un experto bobliófilo, especializado en libros infantiles-  realiza sobre figuras como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Franz Kafka o Bertold Brecht y sus respectivas obras, es un alimento intelectual de primer orden, sin duda. A Baudelaire le interpreta en clave política y lo considera como "el poeta destructor de la banalidad de la vida moderna capitalista". Sorprende en el desarrollo del pensamiento crítico de Benjamín las páginas lúcidas que dedica a la traducción como forma y estilo literario. Y dentro de su adscripción al momento técnicamente revolucionario que ya anunciaba sus adelantos, la hipótesis crítica que vincula las facilidades de reproducción de las obras de arte con la esencia de su valor como tal  y el cambio que supone frante al observador el hecho de la fácil adquisibilidad de una copia técnicamente perfecta. Para ello, Benjamín, nos habla de una acuarela, "Angelus novus" (comprada por el pensador en 1920) como símbolo emblemático de su manera de percibir el arte como algo irrepetible.Para Benjamin el arte es contemplado desde una perspectiva materialista pero también espiritual y trascendente: el arte en como una lanzadera simbólica que sirve de puente con el pasado. Pero ese símbolo está en transición en el siglo XX ya que  la reproductibilidad técnica ocupa un lugar propio de los procedimientos artísticos y a consecuencia de ello se está transformando la percepción estética y amentado exponencialmente el poder de la imagen en sí. Frente a esto (la fotografía) hay algo que se mantiene irreductible, el aura de la obra de arte que procede del pasado y la tradición. Y ese aura produce la  fascinación del observador y justifica el valor único de la obra. 

El estilo de Benjamín, complejo, lleno de vueltas y revueltas persiguiendo la claridad de la idea expuesta, en unos textos de exigente lucidez, es lo que suele reivindicar el carácter sagrado del lenguaje- es un desafío para cualquier traductor. Como Wittgenstein es aficionado a un estilo cuajado de citas (ver su "Libro de los Pasajes") creando una especie de mosaico de textos. Un escritor tan pulcro y puntilloso como Coetzee escribió al respecto: "Su método característico, ­entrar en un tema en ángulo, avanzar paso a paso de una recapitulación perfectamente lograda a la siguiente­ es tan instantáneamente reconocible como inimitable, ya que requiere un agudo intelecto, un aprendizaje ligeramente gastado, y un estilo de prosa que, una vez que dejó de pensar en sí mismo como el doctor Benjamin, se convirtió en una maravilla de precisión y concisión." Absolutamente de acuerdo incluso en la indirecta a la pedantería intelectual de Benjamín que proclama en 1934, en plena persecución nazi de los artistas no afectos a Hitler que los artistas son "los nuevos rebeldes de la historia" y se se autoproclama portavoz de la "vanguardia artística más radical", ya que "el siglo XX y la guerra ha borrado la capacidad de narrar, se presciende del pasado y se alimenta una nueva forma de barbarie".

En ese contexto aún es posible la "iluminación". No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como unempobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sesibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos).

FICHA

ILUMINACIONES.- Walter Benjamin.- Traducción: Roberto Blatt y Jesús Aguirre.- Ed. Taurus.-Clásicos Radicales.- 480 páginas, 19,90 euros.ISBN 978-84-306-1938-2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 julio 2018 2 03 /07 /julio /2018 08:17

El fundamento conceptual del magnífico libro del ensayista, poeta y músico Ramón Andrés (Pamplona, 1955) está sucintamente expuesto en una frase del sugerente y sugestivo trabajo introductorio del autor en su antología de místicos, principalmente españoles de los siglos XVI y XVII: "una veta profunda sostiene la espiritualidad de la mayor parte de las culturas...una analogía de creencias aunque expresadas de forma distinta...las "mentes espirituales apoyadas en algún sistema, sea platónico, cristiano o hindú, difieren sólo por puro accidente histórico...y se transforman y mudan para, de nuevo, aparecer bajo una nueva forma y propuesta en las corrientes filosóficas y religiosas contemporáneas" (pág. 59).

Quizá este trabajo de Ramón Andrés que él titula muy poéticamente "de los modos de decir en silencio" sea, a la postre, para el lector de hoy lo más significativo y jugoso de este libro, "No sufrir compañía" (título lleno de ecos poéticos, por cierto, la segunda  de "Las condiciones del pájaro solitario" referido por San Juan de la Cruz). Este estudio por sí solo da cumplida cuenta a lector de lo que le ofrece la subsiguiente antología de textos, veinte autores egregios con fragmentos ilustrativos de sus obras donde se destaca la necesidad y auxilio que el silencio constituye para el trabajo del espíritu. De tal forma que el lector lee de buen grado y fascinado la prosa precisa y a menudo poética del autor de un solo tirón y guarda para lecturas sucesivas, más pacientes y con ánimo placentero las de Juan de Valdés (que también escribiría el soberbio "Diálogo de la lengua"), Francisco de Osuna, Luis de Granada, Teresa de Jesús, Luis de León, Juan de la Cruz o Miguel de Molinos, entre otros.

Uno se siente muy cercano a ese silencio que reclama el autor para sí mismo, para "pensar desde un orden", aunque "haya perdido prestigio y presencia en la modernidad...ya que no es productivo, ni cuantificable". Cita a Kierkegaard cuando hace del sonido terapia para rodos los males del mundo y propone en lugar del budismo zen o el mindfulness, lanzarse al prado sereno y fructífero de la mística española. Es curiosa esa pasión de silencio en un músico e historiador de la música. Y deja ver su vena mística cuando nos dice que "la no presencia del lenguaje deja la identidad en vilo" y es el silencio "un mirador que permite captar toda la amplitud de nuestro límite y sin embargo no padecerlo como línea última".

El desapego, la atención plena, la absorción por el silencio y la contemplación, la meditación, el ejercicio libre de una inteligencia enriquecida por los baños de silencio, la austeridad y el aislamiento (que ya preconizaban los estoicos, escépticos, cínicos y epicúreos griegos)  todo lo que nos proponen los místicos y que ahora Ramón Andrés, supongo que desde su propia práctica (espiritual, no religiosa), nos compila con el regalo de su hermoso y añorado castellano clásico.

Hay insospechados ecos de Wittgenstein y Heidegger en la inteligente, poética y provocativa presentación que el autor hace de su compilación de textos, pero creo que sería un error leer el libro en clave filosófica o lógico racionalista. Aquí se habla de la otra cara del alma, la parte oculta, el lugar donde florece la poesía y la mística y la imposibilidad de la lógica, nuestra lógica.

Un guiño al lector, empiece la lectura con un repaso a las definiciones de silencio de ciertos ilustres pensadores (págs. 16 y 17), medítelas un rato las que considere más cercanas a sí mismo, y luego vaya al principio del libro y disfrútelo.

FICHA

NO SUFRIR COMPAÑÍA.- Ramón Andrés.- Ed. Acantilado. ISBN 9788492649426.

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28 junio 2018 4 28 /06 /junio /2018 09:10

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 


 

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26 junio 2018 2 26 /06 /junio /2018 09:18

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”.

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

 

FICHA

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

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19 junio 2018 2 19 /06 /junio /2018 09:12

Mary Karr es una tejana de sesenta y pico años, profesora de literatura, que en 1995 (con 40 años) revolucionó el panorama literario norteamericano de aquella época con su primera obra, una autobiografía novelada. La pujante y descontrolada sociedad tejana de los años sesenta a través de los ojos de una niña de siete años sumamente inteligente y razonablemente desdichada por decirlo de una forma paradójica, a la que en última instancia salva el humor y una ironía a la altura de las desmesuras familiares que debe vivir, en un arriesgado recorrido entre el drama y la tragedia, entre la potentísima figura de la madre, un personaje estrafalario y desorbitado y el caótico (y etílico) padre y una hermana protectora y sólida. Todo bajo una realista lente más compasiva y con brochazos de irónico humor que triste, sentimental o nostálgica y mucho menos condenatoria. En realidad creo que la razón más evidente de su éxito es un sentimiento que aflora aquí y allá entre las 500 páginas de este libro absorbente: una cierta manera de amar.

El "club de los mentirosos" es la fauna de tipos estrambóticos, muy años sesenta, que se reúnen en un bar cutre tejano después del trabajo. Entre ese grupo hay un hombre y su hija de siete años que asiste como si fuera una testigo privilegiada a las narraciones de mentiras elaboradas que hace su padre (y los demás), como si aquel bar de barrio fuera un remedo del palacio de Harum el-Rachid donde la mítica Sherezade se dedicara a pasar las noches contando cuentos fascinantes. En ese ambiente y esas mentiras la niña se siente feliz y se recupera del insano caos que le espera en su hogar, regido por una madre aparentemente destructiva, llena de traumas y depresiones. Un personaje que el lector irá conociendo mejor conforme avanza la novela (fascinado con el magistral y progresivo control narrativo  aclaratorio de la autora).

La complejidad equilibradora de la historia está resuelta de una forma ingeniosa y lúcida: la niña, inspirada por el club de los mentirosos, diseña todo un entramado de mentiras que tienen la función de convertir las desdichas y malestares cotidianos, incluso los comportamientos y actitudes que debe sufrir en la caótica familia a la que pertenece, en una réplica ficticia pero creíble de una "normalidad vital" que sólo existe en la imaginación infantil y cuyas contradicciones debe solventar con ingenio pero que no la libran del desasosiego y la tristeza que causa vivir una mentira permanente que se pone a prueba con el divorcio de sus padres.

Y así Mary Karr nos lleva en volandas, subidos a la alfombra mágica de un Aladino embustero, hacia un final que se revela con toda su inevitable dureza, pero con un emotivo mensaje de redención literaria. La sordidez y mezquindad de su vida no despiertan el odio o la auto flagelación de la culpa, sino una especie de catarsis en la que el humor tiene un papel terapéutico, al estilo más de un Sterne (Tristham Sandy) o del Quijote que de Dickens o las Bronte. Nada de autocomplacencia ni sentimentalismos. Estimo que es una obra modélica para relativizar la estupidez y maldad del mundo y hacer lo más sensato: un juzgar y pasar página en cuanto sea posible:  en este sentido el libro de Karr es un elemento votivo, una especie de catarsis literaria para superar el pasado y hacer de él lo más constructivo.
De alguna forma recuerda otro gran éxito narrativo publicado por estas mismas editoriales, Periférica y Errata Naturae, aquélla impresionante "Tu no eres como otras madres" que ya comentamos en estas páginas.
 
FICHA
EL CLUB DE LOS MENTIROSOS.- Mary Karr.- Trad. Regina López Muñoz.- Eds. Impedimenta y Errata Naturae.-509 págs. ISBN: 9788416291533
 
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16 junio 2018 6 16 /06 /junio /2018 08:51

Con el subtítutlo aclarativo pero muy ambicioso de "Ensayo sobre la vida humana", el profesor Josep Maria Esquirol, vuelve a darnos una prueba de su inteligencia, su lucidez y su indesmayable rigor filosófico. Aunque en esta ocasión Esquirol sacrifica un poco su claridad y justeza en aras de su búsqueda incesante de una mirada que aporte originalidad y una nomenclatura distinta, una voz propia y más eficaz en los temas que analiza. Apartándose, en todo caso, de esa moda reluctante a toda seriedad de libros de autoayuda, manuales oportunistas de filosofía en píldoras y la galaxia orientalista o pdesudocientifista, mal usada y peor dirigida, que abrió el zen, el yoga y el mindfulness (salvando algunos  libros y tratados de gran honestidad e información de los que hablamos a menudo aquí).

Ya en su ensayo anterior "La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad" , que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en 2016 (y cuya reseña ya publicamos en estas páginas) decía yo "Desde que disfruté de su "El respeto o la mirada atenta" o de "El respirar de los días" no había gozado de una lectura tan gratificante sobre la filosofía de las pequeñas cosas, los sutiles gestos o la profundidad de lo cotidiano y lo aparentemente superficial. Y así de la semiótica de la mirada o de la esencia paradójica del tiempo, Esquirol entra en el cuidado de sí mismo, entendido no como una huida sino una dinámica que transforma la cotidianidad. En dicha obra Esquirol apostilla que  "el cobijo, el refugio y la identificación tienen la función de amparo ante los factores disolventes y erosionantes más basicos (intemperie, tiempo, vejez, enfermedad)"....y  para terminar con el todo, el sentimiento oceánico, el desierto y el lenguaje como amparo pero también con una metafisica del ayuntamiento, las situaciones límite y la condición humana que define como la "juntura" que une dos zonas, "el lugar donde lo superficial se hace profundo y lo profundo, superficial". Y acaba el libro con la reflexión: "El prójimo, la casa, la cotidianidad, la cura, son elementos de una filosofia de la proximidad que ha conocido la experiencia del nihilismo y de la intemperie..."

En su nuevo libro Esquirol sigue hurgando en torno al sentido  de la vida humana a través de las experiencias cotidianas, los "infinitivos esenciales" que son el vivir, el pensar y el amar. Después a partir de lo que llama "un repliegue del sentir" Esquirol supera el dualismo de razón y sentimiento para buscar una integración del logos (la razón) el lenguaje (la palabras) y el sentimiento como afección abierto al mundo que nos rodea y nos inquiere. No se trata de la nostalgia de un Paraíso (inexistente por imposible) sino de gestionar una "vida en las afueras",  basada firmemente en la conciencia de su finitud y en los límites de lo posible. Pero también en la conciencia precisa del papel de la generosidad humana (la bondad) y la fraternidad, sin las que es imposible vivir lo real (con referencias sesgadas y hábiles a San Francisco y a Nietzche con su Zaratustra: divertidas las diversas advocaciones a las vacas, su mirada siempre renovada y plácida, su rumiar y su "felicidad" inalcanzable). Comunidad frente a precariedad como oferta impresindible para la supervivencia, para llegar a ro mper ese desequilibro entre la maldad imperante y la bondad ocasional.

Hay un cierto optimismo en cifrar en la "penúltima bondad", en un idealizado "medio palmo más allá" el cambio de una situación vital, la nuestra de cada día, que presenta visos casi irremediables de agravamiento permanente. Como si la paz interior fuera algo episódico ante unas "afueras", el espacio donde aún lo valioso tiene algún valor, invadidas por una degeneración creciente e imparable. Quizá sea más efectiva la propuesta que Espirol repite a menudo: para vivir en las "afueras" en la intemperie, donde ahora vive el ser humano, se trata  de abirise y cuidar al otro, al prójimo como salvación del solipsismo de nuestra sociedad actual, de la palabra que se regala y cura, de la escucha paciente ("que reconcilia,sana y redime"), de la rumiación del mensaje y la actitud.

Me ha dejado satisfecho el diagnóstico que Esquirol hace de nuestra sociedad cuando asegura: "la hegemonía del conocimiento arrincona la experiencia del pensar, que está siendo sustituida por la divulgación mal digerida de conocimientos científicos o la digestión de falsos conocimientos científicos". Y añade los síntomas que vivimos cada vez más: "el compañerismo degenera en menosprecio, el mercado en mercantilismo, la democracia en populismo, la autoridad en autoritarismo, la comunicación en demagogia y el servicio en corrupción". Su puede decir más alto pero no más claro.

FICHA

LA PENÚLTIMA BONDAD.- Josep María Esquirol.- Ed Acantilado.-184 págs. ISBN 9788416748846

 

 

 

 

 

 

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9 junio 2018 6 09 /06 /junio /2018 07:54

Reconozco humildemente, pero con gran entusiasmo,  mi amor casi incondicional por los clásicos. Creo con firmeza que frecuentar los clásicos desde la infancia marca tu existencia con un sello de distinción y excelencia. Y no solo eso, te educa para tener una mejor vida, una vida buena, sin entorpecer en lo más mínimo el desarrollo de tus aficiones, trabajos y vocaciones técnicas de cualquier  tipo (como lo empiezan a practicar en culturas super tecnológicas, Corea del Sur, Europa nórdica y Japón, por ejemplo, donde se han percatado de que estaban descuidando el lado humanístico de la formación profesional, justo lo que nos hace personas).

Dicho esto, pasemos a Plutarco, ese escritor griego enquistado en la cultura romana (año 50 d.C.) que dejó a la posteridad los restos de una gran producción literaria, 22 tomos incluidos en "Las vidas paralelas" (donde trataba de establecer paralelismos entre grandes griegos de la historia y grandes figuras del Imperio romano) y 16 tratados éticos agrupados en la "Moralia" (en forma de diálogos -imitando a Platón- y diatribas -consejos y amonestaciones, proverbios y máximas- al estilo de Pirrón o Epicuro). Justamente la obra que hoy recomendamos, en versión de la editorial Siruela, recoge dos capítulos específicos de "Las obras morales y de costumbres", "Moralia" en una traducción realizada hace años para la Editorial Gredos.

Las obras rescatadas por Siruela son dos capítulos de "Moralia": "Cómo sacar provecho de los enemigos" y "Cómo distinguir a un adulador de un amigo". Evidentemente las reflexiones de Plutarco tienen mucho que ver con la época en que vivió (tiempos del emperador Trajano) y con las costumbres de la sociedad romana, pero sobre todo con un hecho incontrovertible: Plutarco pertenecía a la clase que ostentaba el poder y la riqueza. Por tanto sus consideraciones y razonamientos están destinados a sus pares, a las personas que pertenecían a la reducida y minoritaria clase de los cercanos al emperador y con altos cargos políticos y grandes riquezas patrimoniales (Plutarco llegó a tener un cargo consular y otros destinos de confianza). No obstante lo dicho, los consejos y moralejas que derrama Plutarco en su inteligente y astuta obra moral, siguen siendo aplicables en cierta medida a nuestro tiempo y sociedad. Por supuesto Plutarco  no llega a rozar la crítica e ironía depredadora y cínica de Maquiavelo (que leyó al greco-romano con fruición) más bien al contrario: su sentido común y la lógica humana que usa podría ser avalada por cualquier moralista o filósofo (de hecho está fuertemente influido por los estoicos, los epicúreos, los cínicos y Platón (incluso fue aceptado en general por los cancerberos morales de la Iglesia, ay, tan obcecados desde la Edad Media en ajustarse a una rígida ortodoxia teológica).

La amistad es uno de los temas predilectos de Plutarco, que comentó y completó las ideas aristotélicas de la "Ética a Nicómaco" o las de su discípulo Teofrasto ("Sobre la amistad") tratando al mismo tiempo de mostrar cómo distinguir a los falsos amigos de los verdaderos, la labor nefasta de los aduladores y cómo defenderse de ellas o aprovechar los ataques de los enemigos propios para a prender a mejorar uno mismo, agradeciéndoles que con sus críticas e insultos pongan de manifiesto los defectos propios que uno debe erradicar si quiere llegar a la excelencia ("lo más perjudicial de la enemistad podría convertirse en lo más provechoso", dice).

Los escritos de Plutarco -sin llegar a ser muy originales o brillantes- son de una fineza y un ingenio que encantan a cualquier  lector exigente. Como cuando dice "el hombre inteligente saca provecho incluso de los que difieren de él", o "el que ve que su enemigo es un rival de su vida y su fama pone más atención en sí mismo, examina con cuidado sus acciones y ordena su vida". O, "Si quieres afligir a quien te odia, no lo taches de hombre degenerado o cobarde, ni libertino o bufón, ni innoble; sino sé tu mismo, sé un hombre mejor, muéstrate moderado, sincero y trata con amabilidad y justicia a todos los que tengan trato contigo". Y añade: "El que censura la vida de otro, si enseguida observa la propia vida y la cambia hacia lo contrario, enderezándola y corrigiéndola sacará algún provecho de la censura que, de lo contrario, es inútil y vacía".

En cuanto a la adulación y los aduladores empieza con estas bellas palabras: "Al igual que la carcoma penetra, sobre todo, en los tipos de madera blanda y dulce, así los caracteres ambiciosos, virtuosos y honrados reciben y alimentan al adulador, que se agarra fuertemente a ellos...la adulación no acompaña a las personas pobres, anónimas y débiles, sino que es traspiés e infortunio de grandes casas y destruye soberanías y principados"...hasta lograr destruirlos...y entonces, los abandonan como los piojos se marchan de las personas muertas y abandonan sus cuerpos, al perder su vitalidad la sangre de la que se alimentan...Y más gráficamente dice: "...a los toros se les pega el tábano junto a las orejas y a los perros la garrapata. El adulador, ocupando las orejas de los ambiciosos y agarrándose a ellas con alabanzas es difícil de quitar".

Pequeño y sabio librito el que Siruela pone a disposición de sus lectores. No tiene página ociosa y su lectura da enseñanza y contento. Nuestro grandísimo Baltasar Gracián lo tenía como maestro provechoso y se nota su influencia en "El criticón" o en "Agudeza y arte de ingenio"  o "El oráculo manual  o arte de prudencia".

FICHA

CÓMO SACAR PROVECHO DE LOS ENEMIGOS.- Plutarco. Trad.  Concepción  Morales y José García López.- Ed Siruela. Biblioteca de ensayo.-172 págs. ISBN 9788478446124

 

 

 
 
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6 septiembre 2015 7 06 /09 /septiembre /2015 08:30
ASÍ EMPIEZA LO MALO

Javier Marías sigue escribiéndose a sí mismo y sus circunstancias. No es un creador absoluto sino un taumaturgo de su historia, sus pensamientos y sus reflexiones y vivencias convenientemente manipuladas. Pero si es , como Proust salvadas las distancias o Miller, un fabulador de su propio mundo, con sus conocidos, amigos, enemigos y circunstancias. El argumento novelesco no es lo más importante. lo es la materia prima que es escritor de raza va desenvolviendo ante los ojos asombrados del lector. En esta novela, el narrador que va madurando como la hace el mismo escritor, nos cuenta dos historias entrelazadas y convergentes la de una mujer y la de un país desdichado que, cómo no, es el nuestro.

El mundo del cine, un maestro resabiado que contrata a un joven ayudante y aprendiz de todo que debe hacer su iniciación a través de la pareja lamentable que forman el director y su mujer. Hay elementos de familiares y amigos de Marias mezclados en esos personajes, pero fácilmente discernibles para los conocedores del afán fisgón-notarial del escritor, que bucea en su realidad cercana para alimentar su inspiración. Un bildungroman que nos muestra a un narrador que madura desde el silencio y la reflexión, sin filosofía, sin estructura moralista ni moraleja alguna. Complejidad en la narrativa que precisa de un epílogo para aclarar las cosas. Los fans de Marías pueden relamerse de gusto. El meollo proposicional de la novela es algo muy querido al autor, la realidad y la verdad, los velos que la cubren y la racionalidad y el silencio estoico que son precisos para esa labor. En el seno de la trama, una serie encadenadas de hechos, secretos, indignidades o debilidad, mezquindad y orgullo. Podredumbre familiar, social y personal vinculada a la podredumbre de un país que convierte una guerra civil en un juicio brutal de intereses e indignidades, de maldad e indiferencia, de culpa y de odio. Marías se sirve a gusto: hay una crítica feroz contra los que cambian de camisa según sople el poder, los vendidos, los mentirosos, los fanáticos y los corruptos. Ajuste de cuentas a un país con mala memoria que sigue viviendo de espaldas a la corrupción, al cretinismo y a los excesos del poder. Es difícil mantener el pulso y la tensión en una orquestación tan compleja, así que Marías va perdiendo fuelle y vuelve al relato de costumbres, al detalle nimio que divierte o se vuelve delicado o turbador. Como detalle, el retrato que hace Marías del filólogo Francisco Rico, amigo suyo creo, que ilustra un principio habitual en nuestro autor: su afán de multiplicar "cameos" en sus novelas de gente conocida, amigos o menos, que hacen bullir de interés, humor e ironía, cuando no franco cachondeo hiriente, a la grey de la cultura madrileña y zonas limítrofes.

No obstante o quizá por todo lo dicho, la novela es recomendable: no se puede negar a Marías un deseo legítimo, honesto y vigoroso de desvelar todos aquellos disfraces que esconden una verdad dura que no gusta casi a nadie, la de los que manipulan y han manipulado lo realidad de los hechos históricos y deleznables que propició la guerra civil y la infame catadura de muchos de los vencedores o de los que se escondieron bajo ellos para mejor medrar.

ASÍ EMPIEZA LO MALO.- Javier Marías. Alfaguara. Madrid, 2014. 534 páginas. 21,50 euros

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4 septiembre 2015 5 04 /09 /septiembre /2015 08:17
Els jueus catalans

El filólogo Manuel Forcano nos ofrece una interesante historia de la existencia, obras y valores de los judíos catalanes que interesa a cualquier persona que bucee en la historia de Cataluña. Como en todas partes la presencia de los judíos está íntimamente relacionada con la literatura, la ciencia, la geografía, filosofía y teología ( y la misteriosa Cábala), el comercio y la vida financiera del lugar. La labor de documentación de Forcano es excelente y descubre algunos hechos y datos que sorprende y atraen al lector, con un estilo bastante detallista y pedagógico. Precisamente, indagando en la historia general, Forcano nos cuenta que las mejores escuelas de la cábala, conocidas en todo el mundo judío, estaban en Barcelona y Gerona (ciudad conocida como "Madre de Israel"). Otro dato significativo es que el primer diccionario de la lengua hebrea fue escrito por un judío de Tortosa.

Lo cierto es que el libro de Forcano despierta una pregunta, ¿por qué quedan tan pocos testimonios de la labor de los notables judíos en estas tierras cuando su presencia está documentada y en el siglo XV se consideraba a Barcelona uno de los lugares más respetados por los judíos? Al parecer en los archivos catalanes hay muchísimo material documental de las actividades, modos de vida y labores intelectuales realizadas por los miembros de esa comunidad. Desde el siglo X hay constancia de esas actividades, algunas tan meritorias como la del citado lexicógrafo hebreo de Tortosa y el de Ibrahim ibn Yaqub, un geógrafo cuyos mapas europeos fue esencial para el avance geográfico de árabes y cristianos (al parecer fueron usados por Marco Polo) La invasión almohade de siglo XI fue el primer motivo de emigración judía (hacia el norte de Africa) . Uno de esos emigrantes, Abraham bar Hiya, conocido como "el barcelonés" hizo las traducciones del saber filosófico y científico greco-árabe al hebreo.

Considero útil y oportuno el libro de Forcano y le deseo la suerte de influenciar a otros historiadores y ensayistas a bucear en ese pozo pleno que es la presencia judía en Cataluña, que parece estar bien nutrida de documentación pero sigue siendo un jardín secreto.

FICHA

ELS JUEUS CATALANS.- Manuel Forcano.- Angle editorial.-381 págs.

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14 enero 2015 3 14 /01 /enero /2015 15:13
La escultura de sí

En la Piazza San Zanipollo de Venecia hay una estatua ecuestre de bronce del artista Andrea de Verrocchio que representa al Condotiero Bartolomeo Colleoni. Cuando el filósofo francés MIchel Onfray pasea una tarde por allí, la ve por primera vez y tiene una especie de epifanía, un deslumbramiento, "aquello que desde hacía tiempo se buscaba dentro de mí se resolvió de repente y tomó la forma de una fascinación". Y concluye: "Es una figura de excelencia, un emblema del Renacimiento que asocia calma y quietud, fuerza y determinación, temperamento de artista y voluntad de reinar sobre sí antes que cualquier otra forma de imperio" (pág.21).

El Condotiero y su estilo de vida se convierte para Onfray en un símbolo de aquél "querer hacer de su vida una obra de arte", que marca caminos de excelencia para el filósofo y el motivo central de su libro "La escultura de sí". Junto al Condotiero Onfray reivindica las figuras literarias y filosóficas del "anarco" de Jünger que inyecta su voluntad de poder en ese vivir cada instante como si fuera el último, en el "héroe barroco" de Gracián, en el Cortesano de Castiglione en el "Caballero" de Lulio, en el "dandi" de Baudelaire o el "Hombre multiplicado" de Marinetti, todos en busca de la afirmación de un yo denso, fuerte y creativo. Nietzche sobre todo, pero también, Hegel y Schiller.

Para Onfray "no hay moral sin la decisión feroz de estructurar la existencia a través de la voluntad" (pag,81) y la materia sobre la que se aplica es la vida cotidiana. Apasionado, de expresión barroca y no fácil de seguir (y a veces de entender) el libro de Onfray es un vehemente alegato por la filosofía como arte de buscar la excelencia, una determinación ética --y estética--que no desdeña la pasión y se niega a enclaustrarse en la erudición o en la moralina. Dotado de una enorme -y agobiante a menudo- facilidad de expresión y de un lenguaje barroco, autorreferencial, exquisito hasta el retruécano y de largos y complejos circunloquios, pero también de belleza, intuición, audacia e ingenio, Onfray justifica su reputación de "martillo de ortodoxias" y de joven rebelde (ya no tan joven y más cáustico que revolucionario) fustigador de acomodados y autocomplacientes figurones filosóficos.

.Machacar al modo de Nietzche las virtudes tradicionales y correctas ( la contención, la humildad, el perdón…), reivindicando la energía, lo sublime y lo virtuoso. Una estética de la moral que eleve y afirme al ser humano, sólo aceptando el yugo disciplinario de su propia voluntad. Su objetivo es el poder sobre sí mismo. Onfray, como Pirrón y los epicúreos buscan un hedonismo bien entendido, abierto a los placeres y rechazando el sufrimiento. Propone la cortesía como regla de comportamiento y relación con los otros y sugiere el término "eumetría" como arte de alejar a los otros que despreciamos o ignoramos y de acercar a los que respetamos o admiramos. Y así seguir una ética "de la inmanencia sostenida por nociones como las de individualismo libertario, utilitarismo festivo o erótica solar".

A pesar de la sugestión y brillantez en bastantes páginas de este denso ensayo, sigo prefiriendo al Onfray de la "Contrahistoria de la filosofía", aunque no al del sesgado y rabioso libro sobre "Freud. El crepúsculo de un ídolo".

Por cierto, atractiva edición de Errata Naturae. No se pierda el lector acercarse a la última página del libro (sin numerar) donde está la justificación de edición y lea el texto que los editores han colocado allí junto al dibujo de portada.

FICHA

LA ESCULTURA DE SÍ.-Michel Onfray.-Trad. Irene Antón.- Ed. ErrataNaturae.-221 págs.

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