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31 agosto 2011 3 31 /08 /agosto /2011 07:35

thumb-200-lamiradainvisible201108.jpgHe aquí un festival de interpretación femenina. Una película de mujer sola, reprimida y angustiada, de servilismo y deseos frustrados encerrados en el pecho y en el vientre, un alegato contra el fanatismo político, la hipocresía, la barbarie disfrazada de disciplina paramilitar y la libertad ausente, detenida y encerrada bajo las siete llaves de un sistema político castrador.

Todo eso es "La mirada invisible", una película argentina dirigida por Diego Leman que, con planos largos y minuciosos, con una lentitud de "nouvelle vague" y unos encuadres precisos de orfebre de la imagen, nos ofrece un filme magnífico y notable apoyado en la interpretación de Julieta Zylberberg, preceptora de un colegio de clase media alta, que se ofrece en un rasgo de servilismo degradante progresivo a vigilar a los alumnos del colegio para evitar transgresiones a las numerosas leyes represivas de la escuela (reflejo de las de la sociedad argentina de los ochenta) y para ello se embosca en los lavabos masculinos tratando de investigar si los alumnos fuman o hacen cualquier cosa prohibida en los  lavabos (y en realidad para entrar en una dinámica patética de espionaje erótico en pos de uno de los alumnos hacia el que se siente atraída hasta límites bochornosos).

Con la connivencia interesada del jefe de estudios, que devendrá pieza dramática muy activa al final de la película, la preceptora María Teresa, se foto-LAMIRADAINVISIBLE.jpgconvierte en un símbolo de la degradación moral que crea el sistema militar en la sociedad argentina. Allí se desarrolla un instrumento de delación y control, la mirada invisible, que es aquélla que lo registra todo y vigila sin cesar, "la que a todos mira y nadie ve", metáfora ineludible de la dictadura militar fascista que tendrá su final con el fiasco de la guerra de las Malvinas (y que volverá de nuevo, en otras formas, a aherrojar a los desdichados argentinos).

Los planos interminables de la arquitectura fría y simétrica del colegio, el gran patio con sus ajedrezadas baldosas en blanco y negro, la sinfonía exquisita de miradas, silencios, gestos ínfimos pero llenos de contenido, hacen de este filme una pequeña joya desasosegante que a los españoles de cierta edad nos resulta muy familiar. La voracidad de la mirada de la preceptora, su fondo castrador alentado por una frustración permanente, torturada por sus deseos sin escape, reflejan certeramente la inanidad de la noche de piedra de todas las dictaduras, sea cual sea el país donde se entronicen.

La película está basada en la novela de Martin Kohan "Ciencias morales" (que no tengo el probable gusto de haber leido) y muestra el pulso certero de un director que sabe su oficio, que sabe transformar la lentitud en sentimiento y el silencio en emoción. Recomendable para una educación sentimental y política de jóvenes espectadores, que no saben y no contestan cuando se les pregunta por las dictaduras ya sean fascistas o de izquierdas.

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30 agosto 2011 2 30 /08 /agosto /2011 07:35

conan-cartel1.jpgDe vez en cuando este fanático del cine "pincha" en hueso. Seducido por la nostalgia y envuelto en las mieles visuales del séptimo arte, cometo el error en contadas ocasiones de ir a ver una película sin antes haber pulsado ese rio oculto de cinefanáticos, un "gulfstream" subterráneo de críticos cítricos y nada empalagosos a los que raramente se les escapa una genialidad o un bodrio. Y esta es una de esas ocasiones.

Aficionado a los comics y cada vez más decepcionado visionador de películas basadas en comics, no supe resistirme al placer de reencontrarme con el bárbaro más famoso de la pantalla, héroe mítico de los cuadernos dibujados y escritos por Robert Ervin Howard ya hace muchos años. Tres décadas después de disfrutar como un enano con el "Conan el bárbaro" de John Milius, con ese armario ropero que fue Arnold Schwarzenegger, con su expresividad de zapatilla turca y su capacidad interpretativa bastante por debajo de la mona Chita de Tarzán, nos llega la homónima película de un director alemán trasplantado a Hollywood, Marcus Nispel, responsable de infumables remakes, como el de Viernes y 13 o La matanza de Texas (cosa de la que me he enterado posteriormente).

Cartel_de_Conan.jpgEl nuevo engendro cinematográfico de Nispel, interpretado, es un decir, por Jason Momoa, no sólo está a años luz en interés, dinamismo, humor y fuerza visual de la pelicula de Arnold (que no es una maravilla pero se ha convertido en un "clásico" por su ingenua rotundidad) sino que acaba adocenando al guerrero cimmerio y lo convierte en un gruñón desbocado que va jugando sus piezas en una partida rutinaria y con escaso interés, efectos especiales lamentables (con la excepción de los guerreros de arena, copiados de "La Momia") que apenas logran evitar la previsibilidad de un guión escrito por lo visto con prisas y sin ganas.

El malo, Khalar Zym y su hija paleo punk, buscan a través de una máscara mágica y el cuerpo de la bella amada de Conan, revitalizar el espectro de la esposa bruja del Zym-pático malo, surgido de cualquier película post apocaliptica (¿no les suena este embrollo a la lucha del Momia por traer a la vida a la esposa adultera del Faraon con Brendan Fraser luchando por evitar que su futura esposa se convierta en momia?).

En resumen, el Conan de Nispel no convencerá a nadie, ni siquiera a los niños, me temo. Los aficionados al personaje del comic se alquilarán el dvd del musculoso Arnold y los que no sepan nada de todo esto se preguntarán qué diablos hace un aficionado al cine en una película como esta.

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28 agosto 2011 7 28 /08 /agosto /2011 07:25

bruc-poster-b.jpgDirige Daniel Benmayor y nos cuenta una historia pretendidamente histórica, que circula entre la peli de aventuras y las complacencia de un nacionalismo edulcorado y mítico (en el que afortunadamente se obvian cuestiones como el catalanismo) en una dicotomía invasor perverso y cruel y defensor sacrificado y heroico. Hay un aire de western crepuscular que no desmerece del todo, con un malo, un oficial francés amigo de Napoleón al que éste encarga la misión de salvar el honor de la France aportando la cabeza del lugareño catalán, carbonero en Montserrat, que se ha atrevido a simbolizar la primera derrota del ejército del gran corso: la guerra  en España, que en palabras del mismo Napoleón fue el inicio de la pérdida de su imperio. Para ello, el cruel e inquietante oficial, muy bien interpretado por Vicent Perez, acompañado de los cuatro magníficos, hombres duros y buenos luchadores, van en busca del carbonero que con su resistencia y el redoble de su tambor logró vencer a las tropas francesas en Montserrat. Leyenda épica basada levemente en la historia, creación de un héroe popular que uniera al pueblo y la milicia hispana contra el invasor, la pelicula nos aporta de una forma dinámica pero fría, sin llegar en ningun momento a emocionarnos, un desarrollo levantado sobre los cimientos estéticos de una bella fotografía y unas localizaciones en el mágico macizo que a cualquier aficionado a corretear por sus dificiles y empinadas veredas y caminos nos llena de satisfacción y nostalgia.

Hay lugares filmados en la película, que los que conocemos Montserrat, sus valles escondidos y sus rincones pétreos de difícil andadura, no nos suenan de nada (privilegio del creador cinematográfico que desde Melies han manipulado lo que fotografía para hacernos comulgar credibilidad con ruedas de molino de falsedad) y otros que reconocemos y nos encanta verlos en pantalla grande con toda su fuerza, su misterio y su indómita y salvaje belleza.

La historia comienza con las secuencias de la sonada victoria (por cierto en una garganta con rio , y con agua abundante, cosa inexistente en el seno del macizo,  que parece mas bien rodada en los estrechos de Arnes) y prosigue con la busca y captura de los cinco esbirros napoléonicos que tratan de dejar sin cabeza al humilde muchacho, interpretado de forma escasamente convincente por Juan José Ballesta y su novia, la bella Astrid Berges-Frisbey. La lucha entre los curtidos soldados y el montaraz muchacho, con secuencias que recuerdan a Rambo en la selva o al capitán que busca en el fondo de las tinieblas al coronel Kurtz en "Apocalipsis Now", configura una peli de comandos "avant la letre", sencilla y elemental, que no obstante seduce al espectador, a pesar de planteamientos tópicos e improbables, divagaciones impertinentes y superficialidad argumental.

"Bruc, el desafío" es una película española  de acción "histórica" que no desmerece y que evita con honestidad y eficacia el panfletismo de charanga nacionalista, deviniendo en una cinta de acción de la serie B con muchas virtudes y pocos aunque visibles defectos.

No sé si por la localización, las imágenes aéraas del macizo y algunas reconstrucciones fotográficas de los lugares que tanto amo, pero he disfrutado viendo "Bruc". Debilidades que tiene uno.

 

 

 

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26 agosto 2011 5 26 /08 /agosto /2011 08:52

the-beaver-cartel2.jpgDirigida por Jodie Foster, la ex niña superdotada que ya es una mujer madura e inteligente a la que le ha quedado cierta tensión permanente en la sonrisa, "El castor" es una de esas películas que justifica por sí sola el tan denigrado star sistem de Hollywood,  ya que aunque parece más propia de los canales de películas que ambicionan calidad (debería haber sido presentada en el Sundance festival que dirige con mano maestra Robert Redford) se ha atrevido a colarse entre los estrenos banales del mes. Interpretada por la propia Foster y un magnificamente patético Mel Gibson (en el papel más excepcional y ajustado de su carrera), junto a un elenco de muy buenos secundarios, nos  presenta ese tipo de historia que podría ser veneno para la taquilla: un industrial juguetero golpeado por una depresión mayor, con intento de suicidio incluido, que traspasa la responsabilidad de la cura a un peluche, un castor al que la pericia de Foster y la habilidad interpretativa de Gibson --ligeramente excesiva, plena de tics, pero con el añadido dramático de que el espectador informado sabe que el actor no está o ha estado muy lejos de su personaje--llenan el filme de una verosimilitud dramática. Y terrorífica al final.

Tratar un caso patológico, una esquizofrenia maniacodepresiva resuelta con automutilación, como una comedia  con final feliz y detalles de autosuperación tipo USA, no acaba de ser una buena idea y por eso, a mi parecer, la película se resiente, a pesar de la fuerza de la propuesta y el festival de gestos y expresiones dolorosas de Gibson. Y es que "El castor", es Gibson  y no trato de mostrar la evidencia de la interpretación, sino afirmar que los fantasmas personales del actor han dado cuerda vital a ese muñeco siniestro que habla como un manual de autosuperación y acaba siendo un manipulador infernal.

Mi "pero" mas consistente a la película va dirigido a Jodie Foster que en ocasiones banaliza el guión, volcándolo en el patetismo o en el ridículo, como si el trato  con el delirio esquizoide de su marido fuese demasiado para ella.

Tampoco la historia paralela del hijo mayor que odia a su padre y apunta las similitudes como monstruosidades, sigue un engarce creíble con la premisa mayor: la enfermedad del padre. El final feliz para el chico, gracias exclusivamente a que el amor funciona con su chica, vulgariza a un personaje de tanta o más complejidad que la del padre y desmiente su inteligencia y su sensibilidad -rozando también la patología- que ha mostrado durante todo el metraje.

Pelicula fallida, pero muy digna de verse, que constituirá con el tiempo una de las películas de culto de esa mujer tan interesante que es Jodie Foster.

  

 

 

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25 agosto 2011 4 25 /08 /agosto /2011 08:18

solo-una-noche-cartel1.jpgHe aquí una versión posmoderna de "Secretos de un matrimonio". Hay mucho de Bergman en "Last night" que dirige con acierto casi pleno Massy Tadjedin. Los sueños, los deseos, la infidelidad mental aunque no física, la represión , el miedo, las emociones desbocadas, la seducción, el arrepentimiento...todos los cajones secretos y también los evidentes de esa cómoda de la habitación común que es el matrimonio.

Keira Knightley, muy lejos de los "Piratas del Caribe" presta su rostro sensual e inteligente a la esposa, Sam Worthington al joven marido y Eva Mendes y Guillaume Canet (muy lejos también de "El caso farewell") a las dos piezas que van a elevar la tensión en el rutinario proceso de un matrimonio que dura demasiado para lo poco que reciben sus protagonistas.

La propuesta sería tópica si no estuviera sembrada de observaciones y detalles de una sutileza a veces dolorosa que enriquecen la historia y la hacen huir de los estereotipos del género. La dinámica entre los dos esposos y sus respectivos némesis emocionales, el anteriormente amado escritor francés, aparecido del pasado de ella que, concesión al tópico, nunca ha dejado de amarla, y la chica nueva de la oficina de él, Eva Mendes, con su enorme carga sexy y el capricho de seducción que ejercita para vencer la resistencia --un tanto bovina-- del esposo traidor.

La sospecha y los celos alimentan la pasión prohibida de ella, aunque sin ceder el triunfo carnal, mientras que el hastío y la aventura prohibida alimentan la caída de él. Esa es la diferencia, una vez más tópica, en la historia de Tadjedin: ella viaja por el ámbito del deseo reprimido, del "plus" femenino de control de lo físico por el poder de lo romántico, mientras él se deja vencer en el último minuto (más o menos los presupuestos de "Eyes wide shut" la película póstuma de Kubrick).

Para regodeo del espectador destacamos el plano final de la película, cuando el marido infiel vuelve un dia antes de lo esperado al redil, lleno de conflictivos sentimientos, de arrepentimiento y culpa y se encuentra a su esposa en pleno lloro tristísimo, interpretando que es por su ausencia, hasta que ve en el suelo los zapatos de fiesta de ella y comprueba que ahí hay algo que él desconoce y se aparta de ella con una mirada llena de sospechas (aunque su culpa le impide decir nada) mientras la mujer nos muestra en sus ojos que ha quedado herida de verdad en sus sentimientos hacia el antiguo amigo, quizá por no haber consumado su encuentro...

 

 

 

 

 

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23 agosto 2011 2 23 /08 /agosto /2011 09:53

super-8-pelicula-cartel-poster.jpgEl mago de Hollywood, Steven Spielberg, como productor, vuelve a la carga y esta vez con un sello de calidad en el papel de director, J.J. Abrams, un fuera de serie, artífice de "Perdidos" y uno de los iconos de la nueva generación cinematográfica norteamericana. Entre ambos cocinan una película, "Súper 8", en la que, con gran visión de la jugada, nos hacen volver a vivir los 80 en clave de extraterrestres, dramas familiares, hogares desestructurados por la desaparición  o el accidente, niños o adolescentes algo traumatizados pero llenos de energía, imaginación y voluntad emprendedora en sus ritos de paso a la madurez. A ello sumen el gran espectáculo y tienen una película de géneros que mantiene alto el listón. Siguiendo la clave del cine de ambos profesionales, Spielberg y Abrams, se nos propone una historia en la que la aventura, el riesgo, el misterio, el amor que nace o los amores sólidos de siempre, los padres, los amigos, decoran la narración --de un ritmo perfectamente medido y unas sorpresas presentadas como un mecanismo de relojería hacia el climax final-- que nos atornilla a la butaca hasta que las luces de la sala ponen punto final a la experiencia (por favor, no se levanten cuando todo parece llegar al the end y aparecen los titulos de crédito: sigan en su butaca y observen).

Como era de esperar en Abrams la historia sorpende desde los primeros fotogramas. Ese grupo de chicos que quieren rodar un filme de zombies en super 8 nos introduce en sus vidas --aqui vemos el sello de Spielberg-- que transcurre en los ochenta, esa época para la nostalgia y el temblor, con su música pop excelente, sus hippies colocados, el militarismo, el misterio de los alien o los ET... y un accidente provocado de un tren  millitar nocturno de mercancías (otro guiño al cine de serie B de los setenta) que desata la presencia del inevitable monstruo, con un guiño a las clásicas películas de terror de los años 30, tan amadas por el gran Spielberg.

Pero en esta ocasión, bajo la pluma de Abrams, el monstruo tampoco es lo que parece, un sanguinario horror ciego, sino que tiene su historia, su reivindicación, sus razones. Hay secuencias memorables y algunas reiterativas e innecesarias, pero en general tanto los chavales del grupo de cineastas amateurs, como los adultos involucrados, el padre hippy de la chica, el policía padre del protagonista, el coronel que manda de forma sospechosa a los militares omnipresentes o el científico que provoca el descarrilamiento del tren, van siguiendo un recorrido que interesa al espectador y le conmueve y. sobre todo, le intriga.

Esa emoción, la intriga, el misterio de lo que va ocurriendo, la incógnita que encierran los cubos de plastico o de metal que vibran en la noche, unido al desarrollo de ese primer amor de adolescentes tan bien narrado como verosímil y nostálgico y de la shakesperiana oposición de los padres, por motivos ocultos hasta el final, agarran al espectador y no le sueltan hasta que los titulos de crédito le vuelven al generoso y entrañable optimismo de esa adolescencia creativa que prefigura seguramente la que tuvieron los artífices de esta película: Spielberg y Abrams.

Nostálgicos del cine de los setenta y ochenta, no se la pierdan; trascendentalistas y amantes del cine-mensaje, vayan a otro cine.

 

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21 agosto 2011 7 21 /08 /agosto /2011 07:59

el-lenguaje-de-los-suenos-2003.jpg

 

Que nadie se llame a engaño. "El lenguaje de los sueños" no es una película sobre el psicoanálisis, sino un drama romántico con factura clásica, al estilo de aquella memorable "El velo pintado" que parecía repetir las emociones y el estilo de las viejas, que no obsoletas, películas en blanco y negro inglesas y americanas como "El sueño eterno", "Casablanca", "La tienda de la esquina", "Ninotchka" y tantas otras que nos hacían soñar en el amor, la sensibilidad poética y la pasión como forma de vida.

La película, de 2003, fue dirigida por Guy Jenkin, con solvencia pero una cierta frialdad estética. Nos narra una historia que transcurre en los años 30 y en un lugar paradisíaco: una colonia británica en Borneo, Sarawak. Allí llega un joven oficial británico con la misión de educar a los nativos en el lenguaje y la cultura dominante, la inglesa. Para ello debe aprender el lenguaje local y el gobierno colonial tiene una costumbre, oficialmente ignorada, adjudicar una mujer joven como concubina al funcionario inglés, un "diccionario de cama" que le enseñe el idioma local y a su vez aprenda el inglés, con lo que tal cometido es bien visto por los jefes tribales que lo consideran una forma de promoción social de sus jóvenes.

El joven John Truscott (Hugh Dancy) se escandaliza en principio por la costumbre y admite la enseñanza pero no el uso del cuerpo de la joven asignada, una bellísima Jessica Alba. Naturalmente interviene el amor y como era de esperar los dos jóvenes no sólo intercambian las enseñanzas del lenguaje y se establece una tórrida relación que se vuelve peligrosa cuando el joven oficial decide casarse con la indígena. La doble moral imperante en la colonia estalla de forma violenta y se condena a los jóvenes, con tal eficacia que el oficial regresa a Inglaterra y una vez allí se casa con la hija del gobernador colonial a la que conoció en Sarawak (el gobernador compuesto por un impresionante  Bob Hoskins, tan creíble  como siempre). Al volver a la colonia, la vida sigue su curso, hasta que John descubre que su amada se ha casado con un jefe indígena y que tienen un hijo. Como rezan los cánones del melodrama el chico es rubito y tiene los ojos azules por lo que la cosa se complica muchísimo. Y no les cuento más porque creo que vale la pena que rescaten esta película en un buen dvd, y programen un visionado con la mujer de sus sueños, para verla en casa con o sin palomitas.

La película cumple todos los requisitos para este género tan criticado pero tan popular (y por ende, tan rentable, cuando está bien hecho). Lugar paradisíaco, nativos gentiles y divertidos (aunque pueden llegar  a ser peligrosos), clase dominante hipócrita y educada, refinamiento de clase, malo malísimo que causa arcadas al respetable, amor por encima de todo, dificultades gravísimas, climax para retorcer el ánimo del casi lloroso espectador y resolución absolutamente feliz y absolutamente improbable.

Diviértanse.

 

 

 

 

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19 agosto 2011 5 19 /08 /agosto /2011 08:49

el_truco_del_manco633.jpgDirigida por Santiago A. Zannov, hace un par de años, llega a mis manos una película española  que parece un cruce actualísimo entre el Saura más desgarrado y socialmente crítico (el de "Deprisa, deprisa", por ejemplo) y un desmesurado Eloy de la Iglesia, con el asesoramiento de Joaquin Sabina. Se trata de "El truco del manco", obra primeriza, llena de entusiasmo y también de defectos como cabía esperar. Nos narra la vida arrastrada y heroica de un disminuido físico que trata de escaparse de la ciénaga donde le ha tocado vivir y al que la gente y el ambiente de trapicheo, mercadillo de éticas sin ley, robo, drogras y violencia van cortando las alas hasta el desastre final.

La historia, narrada con un ritmo febril con ciertos momentos deshilvanados y unos diálogos del más arrastrado cheli, abundante en "tronco", "buten", mascullaciones y acoso y derribo del castellano, es un documento antropológico-social de primera mano sobre eso que alguien con mucha retranca ha llamado "los nuevos españoles", es decir, marroquíes, lumpen autóctono, gitanos, subsaharianos, latinos. hacinados en un barrio periférico de gran ciudad, territorio apache donde rige otra ley, la de la supervivencia y el mercadeo de todo, los paraísos artificiales que regala la droga y la miseria adinerada de los que roban y matan por un quítame allá un móvil o una motillo trucada.

La historia del pobre cantante de hip-hop que supera cada día las limitaciones angustiosas de su enfermedad con una moral de luchador y fajador sin autocompasión, con la exigencia heroica de no rendirse jamás, alcanza tonos de arquetipo y eso no acaba de ser bueno para el conjunto de lo que se nos narra. Pero bueno, nuestro hombre, interpretado por José Manuel Montilla, un paralítico real, nos arrastra y nos convence, como también el realismo candente del ambiente familiar, los amigos (un inexpresivo Ovono Candela como el amigo drogata y técnico de sonido que le ayuda y acompaña como un escudero de un improbable don Quijote) y hasta la humanidad del "Gordo" un gitano que continuamente hace de fe de amar y respetar al inválido, a pesar de todos los errores y horrores que acompañan su patética existencia.

Esta muestra de cine español socialmente comprometido, con todos sus defectos y la triste autenticidad de sus personajes, hacen de "El truco del manco" una película apreciable aunque no fácil de ver.

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17 agosto 2011 3 17 /08 /agosto /2011 08:25

simios.jpgEl verdadero origen del Planeta de los simios es la novela que escribió Pierre Boulle en 1936, convertida en impactantes imágenes en 1968 por Franklin J. Schaffner, con el inexpresivo pero efectivo Charlton Heston como protagonista absoluto. Ya entonces el planeta donde se subvierte la entronización supuesta del ser humano como rey de la creación y monarca del mundo y se le convierte en un animal maloliente, ladrón y dañino en un planeta donde la cumbre de la creación son monos inteligentes, orangutanes dotados para la política, chimpancés dedicados a las artes y las ciencias y gorilas como brazo armado del Estado, constituyó un reto para la vanidad del espectador como ser humano y un estímulo para la reflexión sobre nuestro comportamiento con los animales.

La idea, prescindiendo de su contundente final donde se nos descubre que el planeta de los simios es, en realidad, nuestro planeta tras ser devastado por una guerra nuclear, era inquietante y subversiva, aunque apuntaba que los simios se habían convertido en copias nuestras, con defectos, vicios y comportamientos muy semejantes, excepto en el tema de la subordinación a la ciencia y el papel de esta en la destrucción. Un consejo de ancianos origenplaneta--253x200.jpgsimios sabios velaba por evitar que la ciencia llegara demasiado lejos (simplificando el papel enorme de la ciencia en el desarrollo, el progreso, la salud, las comodidades de la vida, etcétera y reduciéndola a su poder apocalíptico unicamente) con lo que se nos mostraba una sociedad medio idílica, agrícola, de vida sencilla y ajustada a la naturaleza.

Algo que conviene recordar es que tampoco Boulle fue estrictamente original en su creación literaria, ya que siglos antes un escritor inglés llamado Jonathan Swift imaginó un mundo dominado por los caballos y en los que los humanos eran bestias despreciables a los que llamaban, ojo al dato, "yahoos".

La precuela que firma Rupert Wyatt, cambia con habilidad e inteligencia la óptica con la que observamos esta historia. El protagonista absoluto no es un humano (como lo era en la película de Schaffner y relativamente en las cuatro secuelas estrenadas que no lograron superar el original y en el 2001 la versión bastante sólida de Tim Burton) sino César, un primate de ojos verdes e inquietante humanidad en los rasgos y los gestos, al que una medicación (que James Franco, el "protagonista" humano, un científico, ha usado con su propio padre, enfermo de alzheimer, observen el detalle) permite un crecimiento neuronal que lo hace incluso superior a los humanos en desarrollo mental.El_origen_del_planeta_de_los_simios-793766-full.jpg

El guión de Rick Jaffter y Amanda Silva, es una hábil vuelta de tuerca al tema original, lleno de guiños al espectador enterado y conocedor de las versiones anteriores. Recuerden que el grito del César al ser empujado por un vigilante, "Hombre, quita tus cochinas manos de mí" con lo que descubre a todos que está dotado del habla, es una copia exacta de Charlton Heston que grita casi lo mismo ante un gorila soldado (cambia "hombre" por "mono")  provocando el terror y el estupor en la sociedad simia que le rodea (en su planeta los humanos han perdido el uso del habla).

La película está muy bien realizada, formalmente es magnífica, con unos efectos especiales muy cuidados y un ritmo trepidante, los personajes están bien perfilados y definidos (maravilloso recital del gran John Lithgow haciendo de padre enfermo de Alzheimer del cientifico Franco) y César es totalmente convincente --tras su máscara está Andy Serkis, que dio vida y expresión a Gollum en El señor de los anillos--. Pero su fuerza como obra de arte filmica estriba en la carga profunda que deja caer junto al espectador, los matices alegóricos, la complejidad de las emociones que despìerta, la relatividad del sistema de valores sociales y éticos en los que vivimos, cuestionados por ese Espartaco peludo. Un Espartaco o un Moisés simio que lleva a su pueblo, tras pasar el rio "Jordán" que separa la civilizada San Francisco del bosque primigenio, a un lugar que será un desafío a la humanidad, que tendrá el patio trasero de su pretendido hogar planetario ocupado por seres diferentes y despreciados con posibilidad potencial de ser superiores. Y que, además, se debe enfrentar a un reto apocalíptico, un virus mortal que amenaza su supervivencia. El conflicto está servido y es un conflicto a muerte y contrareloj, ya que la soberbia humana no concibe que se pueda parlamentar y negociar con un simio y las circunstanias están a favor de los primates.

Pero tampoco se ve claro cómo mantener una civilización que se está desgastando y hundiendo en sus errores, al margen del virus que la diezmará.. Esa es la carga de profundidad de la película, muy pertinente en un año, este, en el que se están rompiendo cauces y esquemas obsoletos, desde los levantamientos en los paises arabes hasta nuestro 15-M o la crisis patológica que sufrimos sin remedios... Reflexionemos...

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16 agosto 2011 2 16 /08 /agosto /2011 08:45

el-caso-farewell-cartel.jpgEl sistema (cualquiera sea el color que tenga) acaba devorando al individuo, a sus ideales y a sus sueños. El coronel Vladimir Vetrov, de la KGB, un personaje real de la época de la decadencia final de la Unión Soviética, con un Gorbachev iniciando la perestroika y un Reagan mirandose su ombligo bélico de cowboy, cree que podría ayudar a cambiar un régimen corrupto que da sus últimas boqueadas y lo hace de la única manera que tiene a mano: facilitando el "enemigo occidental", representado por un ingeniero francés que trabaja en Moscú, una serie de documentos de Estado que muestran a los norteamericanos que tienen su propio sistema minado por el espionaje soviético.

La película de Christian Carion consigue aportar convicción a este extraño trhiller en el que la falta de profesionalidad, la chapucera actividad de espionaje del coronel y el ingeniero francés resulta tan increíble que pasa totalmente inadvertida para los profesionales que tan bien dibujara Le Carré o Greene (a años luz de los James Bond y Bourne, tan de moda). La tensión entre la actividad de espionaje del coronel (magnificamente interpretado por el director Emir Kusturica -ver "Gato blanco, gato negro") y su vida personal envuelta en las mentiras y las apariencias o la del ingeniero (con un Guillaume Caret, ajustado a su papel), temeroso y pusilánime obligado también a mentir a su familia, imprime cierta irregularidad melodramática a la película. Sin embargo la redención del coronel gracias a lo que considera su deber y su misión (realmente sus actos abren la puerta para el final del espionaje soviético y de la propia existencia de la Unión Soviética) lo que le cuesta su propia vida aunque logra el amor y el respeto de su hijo y la decisión de implicarse del francés, conmovido por el sacrificio del coronel, dan la vuelta a la valoración del filme.Farewell.jpg

El mapa geopolítico de aquellos años ya habia entrado en una dinámica de cambio drástico, la guerra fría daba sus ultimas boqueadas y el desencanto y el ansia de reformas radicales del sistema de relaciones entre las potencias, estaba posicionándolas en otro esquema, no mejor pero si distinto.

"El caso Farewell" es una buena película, con algunos fallos, como los enunciados, pero con un indudable valor testimonial y una cierta nostalgia de aquella realidad tan lejana al mundo maniqueo de los Bond y los Bourne. Breve pero sustanciosa intervención del generalmente excelente Willem Dafoe como jefe de la CIA, auténtico responsable del descubrimiento por las autoridades soviéticas de la auténtica personalidad del espía Farewell, es decir del coronel Vetrov. Su parlamento final, cínico y deshumanizado, ante el asombrado y asqueado ingeniero francés pone el sello ético final a una película que hace pensar. ¿Sirvió de algo el sacrificio de Vetrov o era un ejemplo más de la ineficacia del idealismo para funcionar en este mundo sin un sistema de valores respetable?

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