Ya estamos con Jim Carrey en acción gesticulante y excesos varios. ¿Nadie le ha dicho a este actor que si se moderara un poco, si aparcara el histrionismo alguna vez, tiene capacidad y atractivo suficientes para subir un escalón de calidad en su carrera? En "Los pinguinos del señor Poper", adaptación de una novela infantil de Richard y Florence Atwater, publicada en 1938, que se ha convertido en un clásico para los niños de habla inglesa, Carrey nos ofrece una versión amansada y un poco avejentada de sus papeles habituales: es un ejecutivo inmobiliario de éxito a punto de conseguir hacerse socio de su empresa. Divorciado y con dos hijos adolescentes, el señor Poper vive solo en un pulido apratamento de lujo de Manhattan. Un dia recibe un regalo proviniente de la Antártida, es de su fallecido padre y le envía una caja hermética en cuyo interior hay...un pingüino. Comienzan los desastres hogareños que cabe imaginar y Poper decide devolver el regalo a la Antartida, antes de que su trabajo se resienta demasiado. No se entiende con su interlocutor y dias despues recibe otra caja, con otros cinco pingüinos. Aqui la historia se lanza al vacío del surrealismo facilón de este tipo de películas de género: padre ausente al que sacude una crisis que le cambia la vida, primero para mal y más tarde para bien, al tiempo que recobra el amor de sus hijos y ex esposa y--como consecuencia gratuita y poco realista-también triunfa en su trabajo y todos felices comieron perdices. Naturalmente Poper no puede deshacerse de esos seis pinguinos que le complican prodigiosamente la vida porque, ¿alguien esperaba otra cosa?, los niños de Poper se encariñan con los animales y a consecuencia de ello van aceptando a su padre ex ausente.
Lo verdaderamente notable de la película no es ese guión sujeto a los cánones, sino el tratamiento, entre real y digital, de los seis pinguinos, insertados muy bien en la trama y con un comportamiento desternillante. Esos animales son los auténticos protagonistas de la película: Capitán, Mimoso, Mordisco, Ceporro, Mofeta y Bocazas, ajustándose a lo que indican sus nombres, consiguen los momentos más interesantes de la cinta (en la que hay un homenaje claro a Mary Poppins, cuando el deshollinador que interpreta Van Dyque baila con pingüinos dibujados en una de las secuencias animación-persona real, que distinguieron aquella memorable película de Disney). Los de Poper son pinguinos de la especie Gentoo, una de los 17 que existen y se caracterizan por su facilidad en ser adiestrados.
Mark Waters ha dirigido el asunto con corrección aunque sin poner algun freno a Carrey y apoyándose en unos buenos secundarios como Carla Cugino (la ex esposa de Poper) y la sólida Angela Lansbury como la propietaria del viejo y encantador restaurante de Central Park que ambiciona la empresa de Carrey para especular. Los efectos especiales, muy efectivos y discretos convierten esta comedia familiar, loa a los valores de la familia, el amor padres e hijos y la bondad y diversión inherentes al mundo animal, en una apuesta firme para las clásicas películas que llenan los cines los fines de semana de gente menuda y sus resignados padres. Un festival de risas y gritos infantiles.
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Película bienintencionada, divertida, a ratos poética o surrealista, bastante ecológica, ligeramente poco creíble, bien fotografiada y magnificamente interpretada. Dos hermanos, uno biólogo y otro zoólogo, comparten un mismo amor por la naturaleza y visiones distintas pero al final coincidentes de cómo afrontar los problemas que genera el mal uso que hacemos de nuestromplaneta. El biólogo tira la toalla de su lucha ecológica cuando comprueba cómo en la antártida, en pleno desierto de hielo, nace una planta (signo de calentamiento polar) y el otro se pasa la película entera viviendo en un bosque, sobre los árboles, esperando infructuosamente que aparezca un oso de loqe que poblaron los Picos de Europa y las bellísimas montañas de la Asturia interior, antes de que la codicia destructiva del hombre llene el bosque virgen de casas pareadas.
Un escritor novel, el barcelonés Jorge Navarro (nacido en 1962 en la cercana población costera de Castelldefels) que une a unas buenas dotes de narrador, caracteristicas ciertas de historiador y el estilo pedagógico debido a ejercer de profesor de secundaria, ha abundado en la reciente moda de elevar a Barcelona -y en este caso a Castelldefels también-- a la categoría de ciudad literaria. Los beneficios económicos y promocionales son abundantes, la lista de pretendidos best sellers comienza a ser apabullante, y es una moda que no hace daño a nadie y a veces. como en esta ocasión, redunda en buena literatura.
Bien, al fin una película realmente divertida y un poco gamberra sobre alienígenas. Dos "frikis" ingleses, fanáticos de la ciencia ficción, viajan a Estados Unidos a una feria de comics y con la pretensión de visitar los lugares clásicos y tópicos de la mitomanía de alienígenas y aparición de ovnis. Cuando llegan a la célebre base militar ultrasecreta "Área 51" en pleno desierto y por supuesto inencontrable --pero colocada en un lugar del mapa por la afición yanqui por la nostalgia literaria o cinematográfica y la corriente subterránea de teorías conspirativas que alimentan el subconsciente de la gran nación-- los dos amigos, Simon Pegg y Clive Collins, dos actores con buena vis cómica, se encuentran con Paul de una forma muy espectacular.

He aquí un ejemplo de obra de teatro ejemplar, tratada de una forma poco ejemplar por el director e interpretada poco ejemplarmente (con una digna excepción) y acogida con hambre de teatro y un considerable -y escasamente ejemplar- despiste textual por el respetable público, que me merece todos los respetos, pues no es fácil descubrir cuando nos venden gato por liebre..
Jason Statham, no es Clint Eastwood. Ni Los Angeles de los setenta el Londres de hoy en día. El inexpresivo Clint de la primera década de los dos mil se llama Jason, al que no le falta presencia y contundencia interpretativa. En esta nueva entrega de filme de acción, policíaco, dirigida con solvencia ajustada al género por Elliot Lester, se nos dibuja un sargento de métodos violentos y decisivos que recuerda a Harry el Sucio, con maneras de matón y presencia atlética y austera. La trama es algo habitual en el género: un asesino en serie que se dedica a matar policías londinenses en venganza de un encuentro salvaje con, precisamente, nuestro "héroe". Tampoco falta el "colega", el policía amigo, un superior jerárquico de Statham, homosexual y refinado, que también guarda en la trastienda una acción al borde de la ilegalidad y el ajuste de cuentas, (magnificamente interpretado por Paddy Considine), hermanándose de esta guisa con su colega, descaradamente homófobo ). Y, claro está, el malo, un psicópata sanguinario que borda Aidan Guillen.
Barba Azul y sus mujeres en el Liceo con el habitual público entregado a la voz potente de Katarina Karnéus y su presencia sólida, con Un Barba Azul (José van Dam), que no logra imponer su presencia amenazadora y también vulnerable y el resto de la mujeres sometidas, encerradas en las cavernas del castillo, con sus vestimentas blancas y su gesticulación rabiosamente patética (cómo se echa de menos un director de actores que sepa superar la dicotomía cantante-actriz en la ópera). Momentos muy bellos musicalmente hablando, una música que atrae con la eficacia que Paul Dukas ("El aprendiz de brujo") suele imprimir a sus partituras. Murió en 1935 con 69 años. Se suicidó no sin antes quemar parte de su obra. Un auto de fe destructivo que nos habla de un hombre atormentado incapaz de dominar las fuerzas internas que asolaron su vida, marcada por una autoexigencia que rozaba la patología.
