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21 noviembre 2011 1 21 /11 /noviembre /2011 08:01

la-vida-sublime-cartel.jpg

 

Con un cierto regusto estético a Victor Erice (al que se rinde homenaje en la película) el cineasta castellano Daniel V. Villamediana vuelve como "En la linea recta", "Aita" o el "Toro Azul", a proponernos una  curiosa muestra de cine creativo que tiene los modos y maneras del documental pero que se desarrolla como ficción, cine híbrido que enmarca la filosofía del director, transitar en la frontera de los géneros y los estilos (como define un actor en la película el carácter de frontera de Sevilla: donde es posible la libertad).

Una banda sonora clásica y una cámara lenta, a veces inmóvil, con los personajes cruzando el campo de encuadre, absorta y contemplativa en los bellísimos campos de Castilla o la inmensidad azulada del mar de Cádiz o el paso permanente y calmo, destellando de luz deslumbrante, del Guadalquivir en Sevilla.

En ese recorrido, los personajes recitan, dialogan o simplemente observan y pasean. La trama es sencilla, Víctor (primo del director de la película o coguionista) está fascinado con un antiguo episodio familiar, su abuelo Cuco viaja en los años cuarenta a Cádiz tras ganar las oposiciones y regresa a los pocos meses de tomar posesión de su cargo, relacionado con cuestiones de aduanas, en una España donde la rigidez ideológica y política se hermana con la corrupción de los funcionarios, juego peligroso al que el abuelo Cuco no quiere jugar. Víctor emprende un viaje a Sevilla y Cádiz, donde vivirá unos días de visitas, paseos, relaciones, en los que la figura del abuelo, aún manteniendo su misterio, está presente en las charlas sobre el anarquismo, la represión de la época o ciertas anécdotas del personaje que su sobrino-nieto llega a intentar emular, como el ingerir un número elevadísimo de sardinas fritas, una secuencia divertida de un  encanto inesperado de película de Buster Keaton. 

El espacio andaluz, tan opuesto al castellano, pero igualmente enriquecedor es tratado con mimo por este director sensible, con un estilo simple, directo y a la vez poético, como un haiku japonés. Al mismo tiempo hay una insobornable realidad, cotidianidad, en esas imágenes que acaban, pese a su morosidad, creando una especie de sortilegio con el espectador. Me ha gustado también la elección de protagonista, ese Víctor Vázquez que desde una naturalidad ligeramente tensa, como si le costara actuar ante la cámara, va mostrando el proceso de comprensión entre dos generaciones familiares alejadas en un tiempo que ya no existe y un presente en el que no quedan rastros del tiempo del abuelo Cuco. Cine sin artificios, transitando en la frontera entre la realidad y la ficción, entre el documental y la historia personal, íntima. 

Parece ser que la pelicula ha tenido una buena acogida en festivales como Locarno o la Biennale, pero dudo mucho que sea una película taquillera en España. O al menos que no lo sea para los que amamos determinado cine, emparentado con miradas lúcidas, desengañadas y ferozmente estéticas y personales. Buena suerte con "La vida sublime", en algunas secuencias las imágenes son sublimes. Palabra de cinéfilo.

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20 noviembre 2011 7 20 /11 /noviembre /2011 14:03

 

anonymous-cartel.jpg

Sólo el poder mágico y evocador que tiene para el que suscribe del nombre de Shakespeare -junto con don Miguel de Cervantes, los dos esenciales dioses literarios de mi vida-- me empujó a ver la película que el realizador alemán Roland Emmerich, eficaz poeta del apocalipsis en 3D y sonido estereofónico ("2012") ha perpretado sobre las teorías conspiratorias literarias que desde la escuela de Oxford han especulado desde siempre sobre la autoría de las obras que firmó Shakespeare. Unos asegurando que el insigne Bardo era en realidad un hombre de paja tras el que estaba el gran Ben Johnson y otros apostamdo por el conde de Essex, especie poco probable pero no descabellada que también atrajo a muchos iconoclastas. De ahí nace "Anonymous", un thriller enmarcado en la convulsa era isabelina, una singular vista al Londres (gracias a los efectos especiales de ordenador. qué maravilla de instrumento para la historia)  de entonces y sobre todo al nido viperino de la corte real, con la insaciable reina Isabel, su canciller maquiavélico, los nobles y sus luchas internas, el poquer de monarquías europeas enfangadas en una lucha absoluta por el poder absoluto y el juego de alcobas del que no se libraba nadie desde la reina hacia abajo.

Esta película queda muy lejos de aquélla delicia romántica que fue "Shakespeare enamorado", dirigida por John Madden en 1988. Ahora vivimos el drama del conde de Essex, presunto autor real de las obras de Shakespeare y vemos a éste convertido en un lamentable pelele, iletrado y codicioso, que toma la autoría de aquéllas obras que elevan a excelso el ingenio humano. Lo cierto es que, dejando aparte las excelentes interpretaciones (magnifica Vanessa Redgrave en el rol de la reina Isabel anciana) y del propio Essex (Rhys Ifans), lo que más interesa es el fidedigno retrato (verosímil al menos) de aquella ciudad y aquélla corte y lo que más indigna es el empeño en reducir al personaje de Shakespeare a la caricatura de un bufón rijoso y deleznable.

La historia cabalga a lomos de los flash back, tan a menudo que dan cierta sensación de desajuste y de falta de coherencia al montaje, salvado por las un tanto excesivas interpretaciones del resto del elenco y por el denso, asfixiante, oscuro y amenazador ambiente del poder y la nobleza (sin llegar a la dureza ni a la espectacularidad  de "Elizabeth", de Shektar Kapur con un plantel de actores como Cate Blanchet, Clive Owen o Geoffrey Rush). Ni el fraudulento Shakespeare que se nos presenta (Rafe Spall) ni el lacrimoso Ben Johnson (Sebastian Armesto) que rechaza el ofrecimiento de Essex de firmar sus obras con su nombre dejando via libre para que el "chapucero" W.S. se ponga en su lugar, son tratados de forma aceptable por la película de Emmerich, lo que en definitiva va a indignar a todos los admiradores de ambos grandes dramaturgos (de hecho el pase de la película en el festival de Londres ha provocado sarpullidos). Se salva de la quema Edward Hogg en el papel de Robert Cecil, el tortuoso canciller de la Reina, parodiando paradójicamente al Ricardo III de W.S.

"Todo arte es política, de lo contrario es solo decoración", le dice Essex a un atribulado Ben Johnson en la película. Esta película no es política...politicamente aceptable, ergo...Habría que pedirle al guionista John Orlof que se aplique sus propias palabras. Ni Emmerich es un director para asomarse a Shakespeare (solo me ha gustado la intervención del narrador, Derek Jacobi, al principio del filme, muy a la manera del teatro isabelino: aunque, ¿no es una traición que un gran actor shakesperiano prologue un ataque al Bardo?) ni su guionista ha acertado con el tono expositivo, ni el montaje final de la cinta logra desmontar la perplejidad espacio-temporal que se apodera del espectador desde el comienzo de esta oscura cinta.

Pelicula que hay que ver aunque sea para colgar a Emmerich en la picota, salvar los retratos del Londres isabelino y la ambientación en general y guardar para el recuerdo la imagen desvalida y alucinada de la Redgrave encarnando a la Reina "Virgen".

 

 

 

 

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19 noviembre 2011 6 19 /11 /noviembre /2011 10:06

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Estamos ante una película fallida, aunque ambiciosa. De alguna manera no llega al listón de excelencia que cabría esperar dada la fuerza del original literario (quizá por eso lo que podría haber sido el inicio de una saga fílmica, tipo Harry Potter, se ha quedado en una sola opción). 

"Corazón de tinta" nos narra las avenuras de Mortimer Folchart (Brendan Fraser) y su hija Maggie (Eliza Hope Bennet), ambos "lletraferits" dotados de un don maravilloso: son capaces de lograr con la lectura en voz alta de los libros que los personajes encarnen y entren en nuestra realidad. Son "picos de oro" que atraen con el sortilegio de la voz a los personajes literarios pero que, como compensación peligrosa de esa entrada, provocan que una persona real entre en su lugar en el libro. De esa manera  "Mo" pierde a su esposa y ha de buscar la manera de rescatarla. Para ello necesita un libro "Corazón de tinta", cuyo villano, Capricornio (el hoy célebre actor real de los virtuales capitan Haddock de Tintín y el Gollum de "El señor de los anillos", Andy Serkis) tiene secuestrada a la mujer sin que sepa que es la esposa del "Pico de oro".

Lo cierto es que "Corazón de tinta" no logra emular a Harry Potter, se queda en el intento, casi como los fracasos relativos de "Las crónicas de Narnia", "La brújula dorada" o "Eragon". No es fácil encontrar el tono justo para llevar al cine las sagas juveniles. O pecan de ñoñas o de oscuras o de tambaleantes. Este es el caso de la historia creada por Cornelia Funke que a pesar de su encanto indudable (que tiene seducidos a cientos de miles de lectores en los países anglófonos) no acaba de encontrar su traslación fílmica. Y es una pena porque se nos regalan interpretaciones tan deliciosas como la de Helen Mirrer como la gruñona tía de Brendan (por cierto, creo que éste último no muy ajustado a su papel, aunque en las escenas de acción logra autoparodiarse bastante bien, recordando el humor de su papel en "La Momia"). La chica, Eliza, está deliciosa aunque el personaje del juglar del fuego, Paul Bettany, es el mejor, aunque parece que se contiene un poco en darle mas profundidad a su actuación, tal vez contagiado por la rutinaria actuación del resto.

Y es que la generosa fuerza en imágenes que proporcionan al cine de hoy  los efectos especiales hacen olvidar a los directores que además de eso es preciso dar con lo más esencial y evidente: el arte de contar la historia, el arte de atraer el interés del espectador hasta un límite casi hipnótico. En caso contrario la película queda vacía o pretenciosamente hueca.

 

 

 

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18 noviembre 2011 5 18 /11 /noviembre /2011 11:25

doomsday.jpg

Bueno, el cine de catástrofes universales siempre ha sido un filón para las grandes compañías de Hollywood y a menudo para pequeños productores que arriesgan el dinero en tratar de tocar la flauta del éxito aunque sea por casualidad. "Doomsday Prophecy", "La profecía del juicio final" se apunta a la moda de los epígonos de la Humanidad, tan explotadas en base a las profecías del Apocalipsis, Nostradamus, los Evangelios Apócrifos, santones medievales o avispados profetas de la modernidad oscura, indagadores en viejos códices o documentos arqueológicos de dudosa autenticidad, desde los manuscritos del Mar Muerto a los calendarios de culturas desaparecidas, desde los mayas a los rapa-nui de la isla de Pascua.

En esta divertida película, excesiva y fantasiosa, con efectos especiales de risa y una ingenuidad de la serie B de los 40 y 50 del siglo pasado, se nos habla de una profecía estelar: una estrella colapsada convertida en agujero negro se acerca a la tierra en su ciclo de 26.000 años y se va tragando a los planetas de la Via Láctea, empezando por el enorme Júpiter.`(Más o menos lo que con mayor seriedad y enjundia nos narra Lars Von Trier en su magnífica "Melancolía", una peli apocalíptica en clave intimista). Su cercanía produce una serie de desvastaciones en la Tierra, terrmotos brutales, maremotos que desvastan paises enteros: estamos condenados a la desaparición en poco mas de 24 horas. Un escritor ha revelado al mundo lo que va a ocurrir años antes y ahora sabemos que las dotes adivinatorias dependen de una especie de vara antiquísima que le cobra un precio por sus visiones: la muerte. Antes de consumirse... bueno no les cuento el del todo previsible argumento. Solo decirles que hay un chico bueno, un general mesiánico muy malo, la chica de rigor, el viejo curandero, el policía recto y colega y la intervención de fuerzas ocultas desde hace siglos ante nuestras narices: los morai, las grandes cabezas de la isla de Pascua, elementos de un ordenador gigantesco, una máquina de defensa de hace miles de años que destruirán el agujero negro, así de un plumazo, destruyendo al mismo tiempo todos los principios científicos desde Galileo a Einstein en favor de la diversión y de tranquilizar al espectador.

La cosa se resuelve al estilo de "El cuarto elemento", pelicula a la que debe mucho la que comentamos, y todos tan contentos bajo el liderato de los Estados Unidos.

Cine de catástrofes totales en estado puro, para consumir con un buen pequete de palomitas olorosas y un buen refresco al lado, la tarde libre y un buen amigo/a en el sofá, comentando jocosamente ese cuento de nunca acabar que trata sobre como acaba todo.

Las teorías, historias, juegos y numeros sobre el Apocalipsis final tienen una gran tradición en la cultura de todos los tiempos y lugares. Superticiones, numerología, pseudociencias, teorías espirituales, propuestas conspiratorias, religiones ascentrales y no mucho sentido común, se dan cita en esa extraña rama de los misterios de la psique humana.

En el caso de esta película se acentúa la importancia del llamado "cuanta larga" del calendario maya, en el que se dice que el final de todo corresponde a la fecha 2012, el próximo año (lo que en términos socioeconómicos parece acercarse a la verdad). Lo cual está muy bien (o muy mal) si no fuera por lo absurdo que resulta creer en la infabilidad de una fecha sugerida, es un decir, por un conteo extraño "interpretado" por alguien que no era maya y, ademas, suponer que esa antigua y primitiva civilización tenía poderes y conocimientos de los que no hay absolutamente ninguna prueba. Ahora los profetas del fin tienen un buen alijo donde buscar sus fines de forma que parezcan plausibles: el calentamiento global, el impacto de un asteroide o de un cometa, terremotos, huracanes, inversión de la rotación de la tierra o realineamiento de las placas tectónicas. El cine ha analizado y aprovechado todas esas suposiciones poco o nada científicas. Y la película que nos ocupa, modesta y elemental, es una de ellas y no de las peores. La cosa fue dirigida por Jason Bourque e interpretada por Jewel Staite, A.Buckley y Fernando Lara.

 

 

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17 noviembre 2011 4 17 /11 /noviembre /2011 10:39

 

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Algo de impaciente irritación produce esta película franco-belga en la que se lleva al exceso presuntamente cómico las desventuras de una pareja de tímidos patológicos que se enamoran contra todo pronóstico y establecen una extraña relación cuajada de malentendidos, tensiones absurdas y enfermizas, en el empeño del director de sacar partido humorístico a algo tan patético que acaba irritando al espectador (al menos,a mí, parece que en los países de origen la comedia funciona bastante bien).

Jean René, dueño de una fábrica de chocolate en declive contrata a una joven como comercial, Angelique. Ambos son tímidos hasta la caricatura, Ella va a una terapia de "Tímidos anónimos" y él sobrevive a duras penas con una terapia psicoanalítica que se revela absurda y poco eficaz.

Las secuencias de la primera cita de la pareja hicieron preguntarse a este critico qué tenía de gracioso el padecer del protagonista y su huida bochornosa (se cargan más las tintas en él que en ella), así como los encuentros amorosos que rozan el patetismo. Ni siquiera como una pelicula de casos clínicos podría funcionar, dada la simpleza y el esquematismo de los dos caracteres-personajes en los que se basa.

El realizador Jena-Pierre Améris trata de hacer creíble esta historia de amor que triunfa a pesar de las dificultades que crean los dos personajes enclaustrados en sus respectivos sistemas cerrados de autodefensa y los retrocesos y equívocos que se producen entre los dos cuando están juntos, ante el asombro de los seres "normales" que les rodean que, curiosamente, no parecen percatarse de la anormal timidez de ambos.

El belga Benoit Poelvoorde ("Nada que declarar") encarna al timido enfermizo y la francesa Isabelle Carré, a la tímida, como maestra chocolatera poco verosímil. Como dice uno de los personajes "Lo importante del chocolate es su amargura" y, aunque no sea su intención seguramente, el director logra hacer una comedia amarga pretendiendo  hacer una dulce y alegre, a tenor con el tema: dos personas que viven en un mundo de chocolate se enamoran, ¿hay algo mas dulce que eso? Las paranoias de ambos lo hacen amargo. Lo unico dulce que el espectador saca es un deseo impaciente por ir a una pastelería y ponerse ciego de bombones, cuanto más sofisticados, mejor.

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15 noviembre 2011 2 15 /11 /noviembre /2011 10:22

las-aventuras-de-tintin-cartel-1.jpg

 

  Como buen tintinólogo (aún conservo varios albumes de las primeras ediciones que sacó a  la luz Juventud en los sesenta) y por supuesto en ediciones posteriores la completa colección, no sólo de los albumes de las aventuras del curioso periodista del flequillo, (al que por cierto jamás se le ve escribir ni una sola linea) sino de los albumes relacionados con él que fueron surgiendo al calor de un personaje mítico y celosamente administrado por la casa-madre, los herederos de Hergé, cuyo olfato para el negocio es proverbialmente conocido por todo el mundo.Por tanto cuando hace unos años se empezó a hablar de que Steven Spielberg habia adquirirdo los derechos para llevarlos al cine, mis pelos -sin flequillo- de crítico doblado en incondicional hergeliano se pusieron de punta.

¿Volveríamos a padecer una copia-intento como los perpetrados por los franceses en los setenta con actores reales, las versiones de dibujos animados o el más digno producto de la televisión canadiense en los 90?  ¿Podría el "Mago" de Hollywood hacer algo que nos desesperara o aburriera al club mundial de los amantes de  los personajes de Hergé? ¿Sería capaz S.S. de llevar a la pantalla plana (o en ese ridiculo invento del 3D) el inexplicable milagro carismático del plano y sencillo -aunque también detallista y complejo--dibujo del genio belga? ¿Alcanzaría a reflejar la estética limpia, luminosa y simple en la que se desarrollan las aventuras de un protagonista esquemático sin ninguna profundidad psicológica y su compañero de fatigas, un alcohólico patoso y decididamente lejos de cualquier tipo de corrección politica, social y humana, pero curiosamente entrañable (el capitán Haddock), unos payasos vestidos de policía con sombrero hongo y bastón, incapaces de hilvanar un discurso coherente y una legión de secundarios de una simpleza casi insultante, sólo superados en inteligencia por Milú, el perrito del "periodista"?

Cómo esos personajes han logrado catapultarse al reino superior de los mitos es para mí un misterio tan enigmático como que los enormes tochos de Harry Potter sean la biblia juvenil en un sector de la población que desdeña los libros o lo consideran sólo obligación escolar.

Pues bien, Spielberg, de la mano de otro mago menor, Peter Jackson, alias "Señor de los Anillos", utilizando la técnica de "mocion picture" (bastante depurada ya por Robert Zemeckis (me encantó su versión de "Cuento de Navidad" de Dickens) y el mismo Jackson (con el personaje de Gollum en "El Señor de los anillos") han logrado una versión muy aceptable de Tintín.

Aceptable aunque no definitivamente lograda. Aun estamos muy lejos de haber humanizado a los personajes (quizá no tendríamos que aspirar a ello, tal vez sea importante que mantengamos la cualidad de proyección imperfecta de un universo en el que lo que nos atrae y fascina es el detalle ambiental y su limpio colorido).

En esta pelicula, desde los magnificos titulos de crédito, un excelente guiño a los esquemas del mundo de Tintín y a todos los aficionados al cine clásico --desde "Vértigo" de Hitchcock al "Charada" de Donen--, la música adecuadísima de ese portento de las bandas sonoras cinematográficas llamado John Williams, hasta detalles como el del mismísimo Hergé dibujando a su criatura y mostrando la cara del Tintín del dibujo más que al personaje que teoricamente le sirve de modelo y sobre todo la genial inserción de novedades en la trama (se trata de una irregular síntesis de tres albumes: "El cangrejo de las pinzas de oro", "El secreto del unicornio" y "El tesoro de Rackham el Rojo"), se nos somete a una vibrante, infatigable, cascada de secuencias sujetas a un ritmo endiablado que mantiene al espectador en vilo sobre su asiento.

El actor Jamie Bell da vida como modelo virtual a Tintín, Andy Serkis al borrachín Haddock y Daniel  Craig, lejos de Bond, al descendiente del pirata Rackham. Todo configura una memorable experiencia, seguramente no óptima pero sí digna y, al fin, aceptable para la exigencia canónica de los tintinólogos de todo el mundo.

Para cualquier aficionado al cine de Spielberg, hay semejanzas entre el tratamiento fílmico de Indiana Jones, por ejemplo, y muchas secuencias de Tintín. La acción toma el sesgo trepidante, simpático y arrebatador de las peliculas de aventuras del genial director norteamericano. El rey Midas del cine ha vuelto a tocar el cielo con las manos. "Tintín" no es una película totalmente conseguida, como dijimos, pero un producto que crea una cierta adicción. Spielberg ha logrado dar a sus imágenes algo de la magia que destilan los albumes, con esos colores planos y ese afán por mostrar detalles y por referenciarlos todos con el universo tintinesco. Lo cual quiere decir que si matiene la galanura de su versión, esperaremos con impaciencia las inevitables pero bien venidas secuelas.

Como suele suceder en el maridaje entre buen cine y buen producto literario --o del mundo del cómic como en este caso-- se trata de dos niveles distintos de excelencia. Ninguno de ellos prevalece sobre el otro, pero ambos se necesitan y complementan. Conviene no menospreciar esta pelicula de Spielberg-Jackson. No sólo por la singular solidez financiera y artistica de lo que se nos ofrece (la película está rompiendo recaudaciones en todo el mundo) sino porque en sí mismo este filme ha adquirido un tipo de excelencia que le hace digno de respeto, aunque sea en relación con el mundo amplio pero limitado de los millones de  personas que aman el universo de personajes de Tintín.

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14 noviembre 2011 1 14 /11 /noviembre /2011 08:31
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Nanni Moretti, que acertó con "Caro diario" o "La habitación del hijo", aquí malogra una buena idea inicial con un desarrollo de lo más descafeinado y baladí. Con lo que más que "Habemus Papam" deberíamos recordar esta película con un título más adecuado "Habemus bodrium".
El argumento parte de una idea muy interesante: ¿qué ocurriría si el obispo nombrado en Cónclave como nuevo Papa tuviera un ataque de pánico antes de ser presentado a los fieles en la Plaza de San Pedro? ¿Y si siguiendo la lógica de la situación, el Santo Padre in pectore decidiera tras una accidentada reflexión que no se sentía preparado para ese cargo y se planteara renunciar a él? ¿Es que el nombramiento, "avalado por Dios", ha sido erróneo? ¿Puede la Iglesia aceptar las dudas de un obispo que aceptó su designación y así fue anunciado a la Cristiandad con la fumata blanca?
Para contestar a eas preguntas y otras que cualquier persona, creyente o no, se plantearía, el director italiano Nanni Moretti,--metido él mismo en el papel de un psicoanalista que es llamado para tratar al Papa y que debe hacerlo en  medio de los obispos que se mantienen aislados y reunidos en Conclave hasta que se recuelva el problema-- navega con las velas desplegadas entre el despropósito, la vaguedad, el recurso fácil y alguna que otra secuencia interesante casi siempre debida a ese grandísimo actor que es Michel Piccoli, tan alejado, ay, de la presencia física seductora que tuvo hace años, demasiados años.
Aún así el buen hacer de Moretti nos ofrece alguna secuencia donde se percibe el aliento critico del director, casi siempre apuntando a los  medios de comunicación: las ruedas de prensa tienen la fuerza, la ironía y el sarcasmo del que suele hacer gala. Pedro en cuanto la cámara pasa a las estancias vaticanas, la cosa cambia y la trama toma una deriva de comedia de colegio secundario. Quizá Moretti trata de emular la sagacidad demoledora de Fellini en sus retratos de la curia romana, pero no, los obispos paracen un grupo bienentencionado de párvulos investidos de púrpura.
La fuerza, incertidumbre y garra del supuesto inicial, la humanización del personaje ajeno al boato y carisma de su cargo ("he perdido el carisma, no se que es eso", dice Piccoli-Papa con una mirada desolada y humilde) es lo más conseguido de la pelicula. Pero todo este metraje no puede vivir solo con esos réditos y Moretti va naufragando en opciones insensatas que buscan la complicidad del espectador y solo consiguen su aburrimiento: por ejemplo, los partidos de voleibol que organiza entre los obispos, la escapada del Papa por una Roma casi ausente, el comportamiento de los dos psicoanalistas con los que habla el Papa  (el propio Moretti y su mujer en la ficción, también psicoanalista) y la previsibilidad de un final que, no obstante, abre fuertes interrogantes, cerrando el circulo de los dos mejores momentos del filme, el principio, cuando el papa se niega a serlo y el final. Pero en  medio, nada o poca cosa y toda anecdótica. La profundidad se ha perdido en el camino. 
Cuando la película acaba, nos preguntamos: ¿qué ocurre ahora?  Todo sigue planteado. Es un desastre teológico, religioso e institucional. Moretti no da para más y nos quedamos con una propuesta brillante y un contenido vulgar y anodino con ciertos aspectos ridículos que deben haber sulfurado a los señores prupurados del Vaticano. Y con razón.
Todo queda por resolver. Preguntas de lujo para respuestas de comedia vaticana o sainete. Como psicoanalista, se me pusieron los pelos del punta al imaginar lo que podría haber dado de sí un encuentro de altura y calidad entre un actor que hiciera de auténtico psicoanalista y el representante máximo de una de las "majors" de las religiones instituidas, la católica. Fellini, De Sica, Buñuel, incluso Lars von Trier, hubieran babeado por dirigir una secuencia tal. Y sólo hablo del aspecto humor. Imagínense con un tratamiento serio. Nanni Moretti decepciona cruelmente. Película abortada.
 
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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 10:56

Se trata de uno de los egregios autores de la cultura profundamente catalana, como es lógico muy cercano y querido por el público de esa lengua y responsable de obras como "Berenaveu a les fosques" "Quan la radio parlava de Franco", "Ai caray", "Desig", "Morir", "Olors", "L'habitacio del nen" y "Salamandra", además de firmar algunas de las más populares telenovelas emitidas por la televisión autonómica, como "Poblenou", "Nissaga de poder", "El cor de la ciutat", "Ventdelpla" o la imperecedera "Amar en tiempos revueltos".

Nació en Barcelona en el 40 y con solo 23 años recibió el Premio Josep Maria de Sagarra por "Una vella, coneguda olor" que llevaría a los escenarios en 1964.  Cuarenta y siete años después, Sergi Belbel la repone en el TNC y uno se pregunta por qué.

¿Nostalgia del pasado? ¿Posibilidad de aleccionar a las nuevas generaciones con la presencia de la ya vetusta tiranía franquista? ¿Capricho del realizador que vivó su infancia en esa sociedad? El propio Benet ha censurado ligeramente la decisión de Belbel y el TNC. ¿Quizá es un montaje económico para estos tiempos de crisis y rebajas?

No conocí la obra en su época propia y no me ha conmovido lo más mínimo asistir a su renacimiento. Tópicos, sensación de dejà vu, provincianismo, crítica fácil y momentos innecesarios servidos por un plantel de actores y actrices que no pueden evadirse de un cierto tono rutinario. El público, mayoría de señoras y resignados maridos, disfrutaba recordando sintonías de radio o programas de aquellos tiempos, en un drama alicorto que no nos convence. Ha llovido mucho señor Belbel para que veamos la, sin duda entonces, pertinencia  escénica que arrojó la obra hace casi cincuenta años. No es un clásico teatral, señor Belbel, es una obra menor que emprende un vuelo alicorto a estas distancia del siglo XXI. Un mal favor a Benet i Jornet.

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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 07:42

linterna_verde_9732.jpg

 

Divertida pelicula de ciencia ficción, subgénero superhéroes, basada como no podia ser menos en un comic, realizada con sentido del humor y una seriedad argumental que dice mucho en favor de su director, aunque con fallos evidentes: un protagonista soseras, relaciones amorosas poco creibles y sin garra, ritmo chirriante en ocasiones pero en suma una película entretenida y bastante digna.

Claro que si pensamos que este producto del marketing comic-cine ha costado 200 millones de dólares uno se pregunta si no habia mejores argumentos en los que invertirlos. Para los aficionados a los comics y concretamente a este bienintencionado héroe de tan poco atractivo nombre (suena mejor en inglés, Green Lantern), la cosa no está tan mal, aunque los críticos se han cebado en esta obra dirigida por Martin Campbell. A mi entender de forma harto injusta. Dada la compleja mitología de este héroe, con escenarios de otros mundos, y avatares  variadísimos, dar con unos guionistas que lo resuman convicentemente y con un director que lo traslade a imágenes de una forma correcta y atractiva y sobre todo clara, nada confusa, no era fácil. Campbell pasa el listón con notable alto.

No podemos pedir la fuerza shakesperiana a un comic y a unos personajes que dan lo que dan de sí, sin demasiadas complejidades de carácter y destino. Lo único que censuro es que los productores de esta pelicula estén tan atentos a no exprimir demasiado el argumento (por ejemplo dejar la historia de la cientifica negra Angela Basset, solo insinuada) y las aventuras del protagonista (sólo centradas en el malo en plan "agujero negro") para propiciar las secuelas. Para cuando llegue la secuela, (si llega, dada la modestia del exito logrado por la primera) sería bueno cambiar de actor protagonista y buscar a alguien que vibre más con la coprotagonista, la joven Carol Ferris. O cambiarlos a los dos. Toda la elaboradísima mitología de "Linterna verde" merecería otra oportunidad.

 

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10 noviembre 2011 4 10 /11 /noviembre /2011 11:10

cakor-mortal.jpgOtra película de serie B destinada a consumo directo del mercado de dvd, aunque esta con una calidad que la pone muy por encima de la media de esas producciones que tienen una vida efímera en las programaciones de las cadenas de televisión .

En este caso el argumento gira en torno a una realidad preocupante en el mundo actual, la escasez de agua potable y el despilfarro y manipulación comercial que una necesidad tan básica está empezando a sufrir. La carestía de ese bien preciado y esencial, el agua provocará,  según un tratadista muy serio de problemas ecológico-politicos, que las guerras del siglo XXI y el próximo --caso de que lleguemos-- serán fundamentalmente guerras sobre la posesión del agua. Escenario apocalíptico que no está tan lejos de nosotros y de nuestra cultura depredadora.

La película nos habla de ese problema a través de algo que ya conocemos, el calentamiento global, los incendios y como consecuencia la carestía mayor de agua. Se trata de una producción australiana  basada en un hecho real, la sequia de hace un par de años que llevó la alerta máxima a una megaurbe como Sidney, sitiada por varios pavorosos incendios que avanzaban hacia el nucleo urbano. Para evitar herir susceptibilidades, la cinta sitúa el asunto en 2012 en Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de Australia. El calentamiento global está provocando una brutal subida de temperaturas en todo el planeta, pero se ceba especialmente en Australia que lleva 247 días sin lluvia. El agua potable escasea, su precio ha subido (beber un vaso de agua cuesta 400 veces más que hace cinco años) y abunda el contrabando y la manipulación política de una necesidad tan básica. A pesar de eso y como suele suceder la población sigue con sus hábitos de derrroche. Como dice un personaje de la película, la periodista Susan Saphiro, "la gente cree tener derecho sobre el agua y en este país gastamos más 250 millones de litros de agua al año en lavarnos los dientes con el grifo abierto".

A eso sumamos que se declaran varios fuegos en distintas zonas de los alrededores de Sydney que, debido al calor y el viento avanzan a mucha velocidad rodeando la ciudad por tres frentes. La escasez de agua impide a los bomberos controlar los fuegos y pronto la situación se convierte en una catástrofe sin precedentes. Una periodista investiga el porqué de la escasez de agua cuando se han tomado medidas como la creación de plantas desalinizadoras. Aunque parece que la catástrofe se debe enteramente a la climatología hay algo que no cuadra en la falta de suministro de agua para combatir los incendios. Susan pagará con su vida la escasez de agua, junto a cientos de personas y muchos voluntarios y bomberos.

La película, trepidante y bien rodada, con escenas documentales de incendios pavorosos y escasos efectos especiales, muestra la agresividad de una situación de la que somos parcialmente responsables. Dirige Tony Tilse a un plantel de actores muy correctos, como Rachael Carpani, la audaz reportera, Cameron Daddo como el jefe del servicio de extinción de incendios y Georgie Parker como médico de urgencias. Historias personales complementarias van mostrando distintos aspectos del drama humano que la tragedia general va creando, con un ritmo bien medido que mantiene al espectador pendiente de lo que va ocurriendo. Muy aceptable y sugerente. Hace pensar en lo que estamos propiciando con un estilo de vida bastante equivocado y dilapidador.

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