Dirigida por el coreano Sngmoo Lee, en coproducción con Nueva Zelanda, e interpretada por Danny Huston, Kate Bosworth, el camaleónico Geoffrey Rush y Ashley Jones, "El camino del guerrero" usurpa el nombre del célebre libro homónimo en la tradición zen japonesa, que allí se llamó también el camino del Bushido o arte guerrero del samurai. Aunque basado ligeramente en las artes guerreras de larga tradición clásica nipona, el filme sigue la estela de las películas chinas y japonesas basadas en las artes marciales y fundamentalmente en el género de la espada samurai y los combates donde se retan y vencen las leyes de la gravedad y los guerreros ejecutan complicados saltos y figuras como si de un ballet aéreo y sanguinario se tratara.
Las peliculas de Zhang Yimou o John Woo han mostrado la altura del listón, aunando una belleza formal impresionante con una coreografía del combate a espada que hasta Tarantino intentó, con éxito. copiar en su célebre Kill Bill. Lee realiza una película ligeramente sarcástica, con un toque de humor (muy Tarantino) y un desenfado que sienta bien a condición de que el espectador no se tome en serio lo que nos cuenta. El guerrero mejor del mundo, el más sanguinario, liquida a todo un clan y vacila cuando debe matar a un bebe, una niña, que sería la única superviviente de ese clan. Con ese gesto se busca la condena del propio clan del guerrero, que decide vengarse. El guerrero marcha a Estados Unidos para empezar una nueva vida y se dirige al lejano oeste en busca de un viejo familiar emigrado. Este ha muerto y el guerrero, retirado momentáneamente, se hace cargo de la lavandería que aquél regentara, con la ayuda de una misteriosa lanzadora de cuchillos. En el pueblucho destartalado y ruinoso, verdadera estampa jocosa del tópico, solo queda un circo y sus miembros (cosa que haría las delicias de Terry Gilliam y su "doctor Parnassus"). Allí terminará siendo acogido por el estrafalario pueblo, incluido un inenarrable director del circo, siempre borracho, un pistolero retirado que tiene sospechosamente las facciones de Rush, bastante cerca del capitán Barbosa en los Piratas del Caribe.
Sinceramente, es una película divertida, con un malo, malísimo, al que no le falta un negrísimo sentido del humor y una historia de amor que acaba con coherencia con los personajes, en lugar del happy end al uso. He leido crirticas muy negativas y de ellas se refleja lo que antes avisé: el critico se ha tomado en serio la película. No debe ser así. Es una metáfora bufa, un cuento con guiños, una divertida parodia híbrida entre western (no se pierdan los guiños a "Solo ante el peligro") y película oriental de espadas y guerreros fantasmales que vuelan. Si la miran así, se divertirán. Mucho más que con ese bodrio carísimo que se llamó "Cowboys y Aliens".
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He aquí una gran película. Dirigida por Michelangelo Frammartino en 2010, ha tenido una presencia casi testimonial en cines muy especializados y posiblemente pase pronto a las listas de DVD lastrada por una distribución de poca entidad. Pero búsquenla. Claro que hay que dedicarle una atención y abrirse a la sensibilidad de lo eterno, de la naturaleza, de nuestro papel en ella y del respeto a todo lo que existe. Amparada por imágenes muy bellas y una cámara de mirada limpia y a veces estática, de mirada ingenua pero no inocente, la película transcurre con la lentitud hermosa del paso de las estaciones.
deja los extremos tan perfilados que no deja otra opción al espectador que tomar partido y aceptar lo que ocurre (en una gradación de límites que se van superando que desconcierta a la agente y al espectador). El recurso a elementos externos a la trágica trama que se desarrolla en el cubículo de torturas distrae un poco la tensión (un buen director europeo hubiera eliminado esos excursos) pero la pelicula logra sus objetivos: atrae la atención del espedtador, lo inquieta sin piedad, le asquea y le provoca rechazo e indignación, pero al tiempo le crea dudas morales y le hace reflexionar. No se puede dudar que la película es oportuna en estos días.
Cine palomitas con todas las de la ley que marca tradicionalmente Hollywood. Con dos pesos pesados -y algo pasados- de la industria estrellada : Daniel Craig, que no deja su tono seco y zumbón del 007 y un abuelete con cara de malas pulgas, malas prácticas de tirano abusón (y corazón de oro) que recuerda vagamente a Indiana Jones (Harrison Ford). Dirige Jon Favreau como si fuera una pelícvula de episodios de la época del primer cine de aventuras y que crea una pelñícula híbrida e improbable que destila la fuerza hipnótica elemental de los comics (enuno de llos está basada).
Dirigida por Ulrik Imtiaz Rolfsen en 2007, e interpretada por Trond Espen Seim como el detective privado Varg Veum, "Flores amargas" es la primera película de una larga serie de aventuras y trhillers ambientados en el país de origen del autor de las novelas Gunnar Staalesen, Noruega, y uno de los motivos de la espectacular fiebre de cine nórdico, muy bien rodado y bastante eficaz, basado en novelas policiacas y trhillers de los que la famosa trilogía del periodista Larsson, fue uno de los ejemplos con más éxito.
¿Se acuerdan ustedes de aquella maravilla de Manckievicz que se tituló "La huella", con Michael Caine y Laurence Olivier (mas tarde copiada --no demasiado briillantemente- por Kennet Branagh, con Jude Law en el papel de Caine y el mismo Michael Caine haciendo el papel del fallecido Olivier, más acorde con sus edades actuales)? Bueno, pues la pelicula que les comento es una heredera brillante de "La huella" sin llegar a parecerse en ningún momento en la letra del guión. Es el juego de las apariencias, de lo que parece que es y luego no es, de las vueltas de un guión endiablado, dirigida con habilidad circense por Nick Tomany, que se convierte en prestidigitador, ofreciéndonos en tomas alternadas la visión subjetiva del anfitrión y la objetiva del ladrón convertido en víctima.
Hace unos meses cayó en mis manos un dvd con la película de Jerôme Salle, sobre el personaje de comic Largo Winch, creado por Jean Van Hamme y Philippe Francq. El hecho de compaginar ambas aficiones, el comic y el cine, hace que me sienta atraido, de entrada, hacia las películas basadas en esos héroes de papel cuyo encanto es difícil de explicar a quien no los comparte. Pero, en fin, en esta ocasión nuevamente la versión del interesante personaje, primo hermano del estilizado Corso Maltés, era un producto discreto pero dinámico y con algunos valores, imagen, ambientación, argumentos, que lo mantenían por encima de la media de las películas con héroes del comic. Sin embargo ya entonces advertí un pequeño defecto qoe podía ser muy grande: el actor que encarna a Largo, Tomer Sisley, no logra con su estolidez granítica y su falta de expresividad dar el peso conveniente (aunque sí en su tipo físico y en la contundencia de su actuación..."física"). La roma emocionalidad del sujeto, metido en pleno asesinato de su familia, como si fuera un pequeño incidente, pone los pelos de punta.
a Largo. Por ello se nos invita a volver al presente y asistir a la defensa que se monta Largo, que cree en la inocencia de su padre, mas el permanente acoso de los numerosos y poderosos enemigos que el joven se ha buscado desde que decide desmantelar el imperio heredado para dar el dinero a las pobres ONG o crear una él mismo.
eran las máquinas Enigma del sistema de claves nazis. Hasta aqui bien. Lo malo es que , segun parece, la operación "Sin piedad" nunca tuvo lugar. La idea del autor de OO7 fue rechazada aunque si se aprovechó su brillante aportación de unidades militares de elite para trabajos especiales. Los aficionados a este tipo de cine harán bien en no perdérsela.
Los "shooter" (francotiradores) comienzan a tener una cierta tradición en el cine de acción. "Sniper reloaded" nos cuenta la historia de un marine, el sargento Brandon Becket (Michael Collins) que trabaja con los "cascos azules", las fuerzas especiales de la ONU, en la República Democrática del Congo. Se le asigna una misión, rescatar a un agricultor blanco atrapado en mitad de territorio hostil. Cuando él y sus hombres llegan a la granja, un francotirador les tiende una emboscada, hiriendo a Becket y matando a todos los demás. Con la ayuda del antiguo protegido de su padre, el instructor de francotiradores Richard Miller (Billy Zane), Beckett deberá aprender a pensar y a actuar como un francotirador, aprendiendo todos los trucos del oficio, a fin de localizar al asesino y terminar con él antes de que éste vuelva para acabar el trabajo del que logró sobrevivir.
Se puede disfrutar mucho con esta tragedia de un pobre infeliz, destinado a pifiarla en los peores momentos, alguien mediocre rodeado por seres mucho más interesantes que él, pero al mismo tiempo un indiscutible y enternecedor ejemplo de la apabullante normalidad del urbanita moderno de media edad. Es como usted y como yo, nada extraordinario y aunque semejante en la superficie a todos, un ser complejo y enternecedor, lleno de debilidades y de secretas generosidades con el que el destino juega a los dados sin ningún miramiento, solo arrancándole una media sonrisa dolorida y timida. La tragedia, el melodrama, golpean con sus alas pegajosas al pobre Barney, pero él se recompone y acaba saliendo magullado pero indemne del asunto. Las víctimas definitivas siempre son los demás, a Barney hasta sus tragedias personales acaban siéndole fieles: así al final de la vida el alzheimer le evita tener que sufrir con el recuerdo de sus ocasiones perdidas, sus errores y la estúpida tontería que le privó de la mujer única, a la que recupera en cierta forma por via de la compasión, sin que llegue a ser consciente de ello.