8 enero 2014
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Película ligeramente monótona que fia demasiado sus encantos en el tono místico del relato y en la belleza de la fotografía del desierto. La caminata de la jovencísima Isthar (Maryam Hamid) y su abuelo ciego Bab Aziz (Parviz Shahikhou) ambos a la busca del lugar donde se reunen los derviches, tiene el encanto de los viejos relatos tradicionales de búsqueda y hallazgo espirirual. La reunión legendaria de derviches, una vez cada treinta años, está resuelta de una forma onírica y poco satrisfactoria y se percibe la bisoñez de la dirección, Nacer Khemir. A través de las figuras emblemáticas con las que se cruzan el mistico abuelo y su nieta, o les acompañan en su deambular, el príncipe que abandona su reino para convertirse en derviche, la joven hermosa que se viste de varón y canta para econtrar a su amado o el enamorado que busca el palacio mitico que encontró en el fondo de un pozo. Una hora y media que estiran una historia en la que ocurren muchas cosas pero no acaban de estar bien narradas. Una película en la que las pretensiones espirituales de la narración no consiguen traducirse en imágenes con fuerza.
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cine - teatro - opera
6 enero 2014
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08:12
Excelente película de la BBC sobre una figura poco tratada por el cine, el naturalista inglés Charles Darwin, que revolucionó la percepción del lugar que ocupa del ser humano en el vasto escenario de la creación o mejor dicho de la Vida con mayúsculas, el variopinto y sorprendente mundo de la Naturaleza. Para ser exactos, Darwin fue un regocijante personaje de aquélla película magnífica de animación "Piratas" en la que los creadores de "Wallace y Gromit", conseguían una película destinada a convertirse en un clásico de los dibujos animados de todos los tiempos. Creo que hay otra película, "Darwin Daughter", que no conozco.
Aquí se nos cuenta la vida personal del naturalista cuando ya ha regresado de su clarificador viaje en el Beagle, está escribiendo su "El origen de las especies" y se enfrenta a la hostilidad e incompresión de una sociedad que no está preparado para un cambio de paradigma en el que Dios deja de ser el creador del mundo y el hombre es una pieza más en el engranaje de la Naturaleza que evoluciona sin milagros ni fantasías, a la lenta y eficaz criba de la selección natural. Y no sólo es la sociedad victoriana la que rechaza con ferocidad las nuevas ideas, también en el reducido ámbito de su familia y amigos, Darwin debe afrontar la dura negativa. L a historia personal del naturalista y sobre todo la muerte de una de sus hijas a la edad de diez años ponen a prueba al científico y al hombre, que se debate entre la convicción de haber hallado una explicación racional a la vida y las presiones de todo tipo que deb soportar para culminar su trabajo.
Con unas interpretaciones destacadísimas de Paul Bettany como Darwin y la bella Jennifer Connelly como su esposa, la película nos narra la vida de la familia Darwin y los problemas que afronta que están a punto de acabar con el propio Darwin, con un recorrido entre el pasado reciente y el presente, todo pivotando alrededor de la presencia de la inteligente niña, su presencia fantasmal en la mente atormentada de Darwin y el recorrido que deben seguir todos para llegar a un punto de aceptación. Fe y ciencia frente a frente, personificadas en Emma, la esposa del naturalista y en éste, con el añadido de los amigos de Darwin que le exigen que de cima a su labor o que le presionan para que abandone el empeño (caso del párroco y amigo de la familia).
Como en casi todas las producciones de la BBC, la ambientación es excelente, el ritmo, sobrio pero fascinante, la música puntea con envidiable soltura los momentos dramáticos que se suceden. Dirige Jon Amiel, con soltura y respeto a la figura sensacional de Darwin, a sus dudas y sus temores y sobre todo a su sufrimiento como ser humano y como padre. Magnífica la interpretación de Martha West como la niña Annie (cuyo nombre titula la novela de Randal Keynes en la que se basa la película, "Annie's Box", y que no he encontrado traducida)
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cine - teatro - opera
5 enero 2014
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Seguimos con la hinchadísima historia de Bilbo, una auténtica operación de publicidad y ventas de packs y "merchandises". Las aventuras de Bilbo (Martin Freeman) y los enanos comandados por Thorin, escudo de roble (Richard Armitage) no logran alcanzar los tonos épicos de "El señor de los anillos". Tanto la primera parte del Hobitt, "Un viaje inesperado" (2012) como la de este año "La desolación de Smaugh", mantienen, eso si, el tono épico y la fuerza de los efectos de ordenador, pero el resultado no acaba de enganchar y el aburrimiento o los excesos entorpecen el desarrollo que acaba siendo pesado y poco emocionante, a pesar de que la groupe de enanos hacen de todo en su continua huida, suena a parque temático tolkiniano en el que ni siquiera Bilbo se salva del aburrimiento, aunque recuperamos a un Legolas (Ornaldo Bloom) que ya comienza a tener pinta de retoques faciales para mantener su discutible juventud "eterna". NI siquiera el dragón logra ganarse la afición y el respeto del espectador que echa de menos en este refinado dragón un poco de enjundia épica (mucho mejor el de la pelicula de Denis Quaid con un dragón dotado de la voz de Sean Connery) y desde luego el personaje de Thorin no logra en ningún momento que el espectador empatice con él.Versión fallida, pues, a pesar de los gastos y pretensiones de un Jackson que parece muy lejos de su trilogía fundacional. Por cierto, la obligada ruptura del relato para anunciar la tercera parte se produce de ujna forma tan abrupta que deja al personal un tanto irritado.
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cine - teatro - opera
1 enero 2014
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08:11
He aquí una película que parece haber sido facturada en todos sus extremos para remover la conciencia crítica del aletargado Hollywood, provocar el picazón del Oscar y calmar la mala conciencia de los norteamericanos respecto a algunos episodios de su historia, a base de golpes de pecho fílmicos, cuanto más contundentes mejor." 12 años de esclavitud", dirigida por ese sosias nominal del actor Steve McQueen (muerto en 1982) que brillaba en "Bullit" y "La gran evasión" y que es una persona totalmente distinta. Director, que no actor, negro en plena negritud y no rubio con ojos azules, más inteligente y creativo y con una trayectoria crítica, social y artística varios enteros por encima del discutible y duro McQueen actor. Ah, y se llama axactamente así, el negro director, porque su padre se habia quedado fascinado con "Bullit" y pretendió hacer un homenaje al actor poniéndole el nombre y apellido a su hijo. Lo cierto es que el McQueen negro ha hecho olvidar casi totalmente al Mc Queen blanco. Ya con su primera película "The Hunger", sobre la guerra del Ulster, cautivó al público con su ferocidad crítica y su buen hacer tras la cámara. Después "Shame" encendió las luces rojas con un Michael Fassbinder obsesionado por el sexo. Y ahora, bate los cañones de la inhumanidad con una visión de la esclavitud que supera en horror y encarnizamiento al "Django" de Tarantino --que banaliza la esclavitud por el exceso y los guiños gamberros del genial Quentin-- y por supuesto al "Lincoln" de Spielberg tan académico como inane o a "El mayordomo" que se queda en postal de antiguedades.
Basada en una obra autobiográfica, como "El mayordomo", pero escrita un año antes que "La cabaña del Tio tom" (año 1852), nos narra la atroz aventura vital de un hombre libre --negro-- que es secuestrado en el norte de los Estados Unidos para formar parte de las tristes legiones de esclavos del profundo sur. Interpretada por Chiwetel Ejiofor, correcto pero empalidecido ante los actores blancos que le rodean, el mismo Fassbinder y Brad Pitt entre otros, la historia provoca al espectador con su relato de demencial violencia y abuso de unos seres humanos por otros solo a causa del color de su piel. Doce años de esclavitud que dejan un sabor amargo en la boca y las retinas del espectador pero que al mismo tiempo provocan un cierto rechazo, debido a la sutil y vergonzante sensación de que se nos está manipulando emocionalmente. Pero aun así, la película no deja indiferente a nadie y sostiene un nivel de calidad superior, que le ponen a la altura de uno o dos Oscar bien merecidos (y no diré en qué apartados).
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cine - teatro - opera
31 diciembre 2013
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Dentro del ámbito del género carcelario ha habido películas bastante notables, desde la "Brubaker" del inmarchitable Robert Redford allá por los setenta o la española, magífica, "Celda 211", o las menos conseguidas de "Fortaleza infernal" con el ligeramente estrásbico Christopher Lambert, protagonista de "Los Inmortales", aquél serial de cortadores de cabezas abocados a la eternidad o incluso las clásicas al estilo de "Papillón" con un Dustin Hoffman que ya daba muestras de su arte camaleónico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de revisitar el trabajo de dos vejetes en forma, clásicos del género forzudín, muy en la linea de estas peliculas de reunión de amigos de la tercera edad, tipo "Jubilados en acción". Se trata de Silvester Stallone, alias "Rocky" y el enorme y mucho más autoparódico Arnold Schwarzenegger, metidos en la piel de dos presos (uno estilo "Brubaker", de quien en esta película se roba la idea motriz argumental y otro, el "compa" leal que, en contra de lo habitual, no morirá en el intento de ayudar a su amigo). Por lo tanto, en un recorrido lleno de bofetadas y fiambres violentos, no hay mucho que resaltar. Excepto, claro, divertirse con estos dos carcamales aún en buena forma (para su edad) que han logrado pasar a ser entrañables sin dejar de ser pésimos actores. Mikael Hafström dirige la enorme broma semipalomitera y pseudo cine de acción, podría encantar como película de domingo en cualquier geriátrico con imaginación lúdica. Y además tendrán ocasión de ver al gran Sam Neill haciendo de médico poco convincente ,junto a Jim Caviezel como malo, con actuaciones poco menos que olvidables y más pendientes del sueldo que recibirán al final por ese divertimento.
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cine - teatro - opera
29 diciembre 2013
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- Bastante atractiva y original versión del clásico de Shakespeare, "Much ado about Nothing". Realizada por el norteamericano Joss Whedon, en una casa moderna --creo que es la propia del director-- en nuestra época, con actores y actrices vestidos como ejecutivos de Wall Street y un tiempo récord de dos semanas, la película atrae desde el primer momento en el que uno, con notable sorpresa, ve a contemporáneos nuestros hablando con la gracia y la compleja estructura del diálogo shakesperiano. Quizá el amor a los textos del gran William me haga ser tolerante con ciertos defectos y contrastes paradójicos entre el lenguaje empleado y el ambiente donde se producen los hechos, pero creo que vale la pena captar el esfuerzo, la imaginación y la osadía artística que son precisas para llevar a cabo con cierto éxito una empresa semejante.
- Las películas en las que textos clásicos son deconstruidos respecto a su tiempo histórico y recreados en épocas y ambientes ucrónicos, ofrecen un alimento agradable al paladar cultural. Y así vimos un Ricardo III con simbología nazi por doquier o un Hamlet, "príncipe" de una corporacion financiera o el “Ran" de Kurosawa (El Rey Lear) o "Romeo debe morir". El intento de Joss Weldon ("Los vengadores" o "La cabaña en el bosque" es desenfadado y ambicioso, aunque hay momentos en los que la acción se vuelve confusa, el parloteo frivolo de los personajes se enquista con el ambiente y los ejercicios de imagen rompedora aparecen como al margen de la belleza de las palabras que unos y otros pronuncian. Quizá por esa y otras razones, se queda muy por debajo de la trepidante versión de Kenneth Branagh. Pero la oportunidad de volver a gozar con los enfrentamientos dialecticos de Beatriz y Benedicto sobre el amor, la ingenuidad de la ralción sentimental entre los dos jovenes Claudio y Hero o la perfidia del hermano del noble don Pedro de Aragón empeñado en destrozar los amores de esos jovenes, justifica sentarse ante la pantalla.
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28 diciembre 2013
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El director Conor Allyn, bajo bandera indonesia, perpetra este trepidante thriller con bastantes defectos y dos virtudes esenciales: el desparpajo en mezclar el género de los colegas policías con el del terrorismo mezclado con la delincuencia de altos vuelos, proponiéndonos una película que deja mucho que desear pero que al mismo tiempo es divertida y en algún punto transgresora. En los carteles, el musculito Kellan Lutz (bastante mediocre) comparte estrellato con un Mickey Rourke (a años luz de "Siete semanas y media") convertido en un fornido y barrigón Falstaff con sus greñas rubias, su rostro patibulario y su sarcasmo de matón filosófico. Y sin embargo el que actúa con más corrección y profesionalidad es el policía compañero de Lutz, que se llama Ario Bayu y es indonesio.
La cosa va de atentado sangriento, secuestro de una sultana, islamistas de cómic, malo refinadamente destestable, pedófilo y sádico, bueno tontorrón, policía listo, exteriores suntuosos en belleza y pintorescos, antiguos palacios, pirámides, mezquitas, templos y calles atestadas en la bella Java, final tenso in crescendo y resolución feliz, todo ello rodeado de la música contagiosa de Justin Caine y una realización algo descuidada pero voluntariosa.
Buena para pasar una tarde domingo con palomitas y competir con los amigos en detectar fallos.
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24 diciembre 2013
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Wadja o "La bicicleta verde", es una película amable, crítica y realista sobre la situación femenina en los países árabes, concretamente en Arabia Saudí, inscrita en una serie de cintas como la magrebí "La fuente de las mujeres", la iraní "Persépolis" o la afgana "La piedra de la paciencia", todas ellas de distinta factura pero todas ellas animadas por un loable y difícil cometido, mostrar, más que denunciar, al mundo la peculiar y lamentable situación de las mujeres musulmanas en sus países en nuestra época (situación no tan alejada de las vividas en occidente en otras épocas y cuyos maniffestaciones más encubiertas persisten aun en nuestro tiempo).
La película ha sido dirigida por Haifaa Al-Mansour, una joven saudí, octava hija de un poeta afamado en Arabia, Abdul Rahman Mansour, que se ha formado profesionalmente en Australia y se muestra en esta su primera película muy cercana estilísticamente y en su afán de denuncia --suave-- al cine iraní.
Vivimos la historia de una niña que quiere una bicicleta verde, una niña que calza deportivas junto a la exigencia del pañuelo en la cabeza, el chador, y la represión permanente a su sexo que es enseñado y asumido en la escuela y tiñe la vida cotidiana de todas las mujeres, de niñas a ancianas, en una sociedad que privilegia al hombre y reprime y esconde a las mujeres. Para lograr obtener la bicicleta debe transitar continuamente por el borde de la navaja de lo prohibido y lo tolerado, luchar contra la tradición que prohibe a las niñas montar en bicicleta --por razones de índole sexual--, la hace participar en un concurso de recitación de versículos del Coran para obtener el dinero que vale la bici y la enfrenta en definitiva al estamento escolar y al social, hasta llegar a un final poco verosímil en la realidad social que vive Arabia Saudí --uno de los países árabes más tradicionales y fundamentalista-- pero sí enaltecedor: cuando la mamá de la niña cede en su prohibición, compra la bici a Wadja y la anima a que siga defendiendo su derecho a ser diferente.
La jovencísima Waad Mohammed da vida, muy convincente y encantadoramente, a esa protagonista pícara e inteligente que trata de pasear su ansia de libertad --simbolizada en ese uso de la bicicleta-- por un país donde las personas de su sexo están brutalmente discriminadas, bajo las cadenas de los velos y el silencio. Con una inteligencia descriptiva de gran alcance, la cineasta deja en el aire el final de la película, con la niña montando su bicicleta, parada ante un carretera muy transitada, dudando entre cruzar o no. Final simbólico abierto que el espectador observa en suspenso, completamente seducido por la osadía y vulnerabilidad de la niña y sensibilizado por la situación social descrita.
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18 diciembre 2013
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No es la primera vez que asistimos a un week-end de parejas más o menos en conflicto con el deseo de arreglar las cosas y reverdecer viejos sentimientos. Al cine se le da bien ofrecer historias de segundas oportunidades y generalmente suele ser sumamente realista, es decir, acaban mal. En esta agradable, agridulce, sardónica y deliciosa "Le wee-kend" ("Siempre nos quedará Paris", dulce referencia a "Casablanca" que también acaba mal, aunque sea por una forzada separación) no es el final lo que marca la calidad de la película, sino el desarrollo, el proceso de la relación entre dos personas angustiadas por el paso del tiempo y el deterioro de los sentimientos. Y si esas dos personas están encarnadas por dos grandes actores, Jim Broadbent y Lindsay Duncan (¿para cuándo un Oscar a ese soberbio actorazo de ojos azules y sonrisa bondadosa?) pues resulta que nos da igual si se van a apañar o si se irán cada uno por su lado. Lo que cuenta es el recital de emociones, miradas, palabras, gestos de una pareja de actores en estado de gracia.
El guión lo firma Haniuf Kureishi, inglés descendiente de pakistaníes, al que conozco por una novela suya que me impresionó, "El Buda de los suburbios". Con algún "pero" sin demasiada importancia, el guión es excelente y nos acerca sabiamente a la pareja, considerados uno por uno, al tipo de relación que llevan, sus referencias al pasado, sus problemas y después, a mitad de película, la aparición casual en Paris de un viejo discípulo de Jim, encarnado histriónicamente por Jeff Goldblum, que según parece debía perfilarse como la piedra de toque de la calidad y cohesión de la pareja. En realidad no es así. Jeff es excesivo, anecdótico, no agrega casi nada a la trama sentimental de la película (¿problema del actor, del director, Roger Michell, o del guión?) y acaba desvaneciendose ante la indiferencia de los dos casi ancianos conyuges. Pero, aparte de eso, todo lo llena la caligrafía delicada y sutil de la relación reflejada en la cinta de una manera elegante. Con algun momento penoso (la escapada sin pagar del restaurante o la prepotencia de LIndsay mostrandose en una sadica dominación sexual que les envilece a ambos), la valoración es muy positiva. Los personajes dejan un regusto amable por su inteligencia, su sensibilidad y su eventual ternura, aderezado todo con un brillante sentido del humor y una visión lúcida pero crítica y sin remilgos de lo que es la vida y sus problemas. Por cierto, se nota cierta predilección por el personaje encarnada por Jim. No les culpo a director y guionista. Yo también lo preferiría. Y mi mujer también.
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cine - teatro - opera
18 diciembre 2013
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- Muy correcta película bélica sobre los combatientes sudafricanos que se unieron a Gran Bretaña en la lucha contra los nazis, enrolándose en la RAF. Estamos en el frente de la Francia ocupada fronteriza con Austria y Alemania, en los dias cercanos al final de la guerra. La tensión de la huída de los tripulantes de un bombardero derribado tras las lineas alemanas, ante el acoso de un sádico capitán del las SS, es lo mejor de una cinta en la que el maniqueísmo bélico, demasiado evidente, lastra un poco el mensaje. Muy bien cuidada en cuanto a ambientación y singularmente eficaz en el retrato de la vida de los oficiales de la RAF, tanto en la vida en las bases como en las relaciones de compañerismo heroico que establecen entre sí en el fragor del combate. Dirigida por Christopher Lee dos Santos e interpretada por Nicholas Van der Bijl, Brad Backhouse y Adam Boys, entre otros, actores sudafricanos de una cuidada fotogenia de aquellos tiempos, la película se ve con agrado y emoción. Es de aquellos filmes que, en un cine de barrio repleto de adolescentes, provocaba aplausos y vítores al final, cuando el malvado oficial nazi paga sus excesos. Casi espera uno ver aparecer a John Wayne en el momento decisivo con su sonrisa socarrona, soplando en el cañón de su humeante revolver.
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