El director Conor Allyn, bajo bandera indonesia, perpetra este trepidante thriller con bastantes defectos y dos virtudes esenciales: el desparpajo en mezclar el género de los colegas policías con el del terrorismo mezclado con la delincuencia de altos vuelos, proponiéndonos una película que deja mucho que desear pero que al mismo tiempo es divertida y en algún punto transgresora. En los carteles, el musculito Kellan Lutz (bastante mediocre) comparte estrellato con un Mickey Rourke (a años luz de "Siete semanas y media") convertido en un fornido y barrigón Falstaff con sus greñas rubias, su rostro patibulario y su sarcasmo de matón filosófico. Y sin embargo el que actúa con más corrección y profesionalidad es el policía compañero de Lutz, que se llama Ario Bayu y es indonesio.
La cosa va de atentado sangriento, secuestro de una sultana, islamistas de cómic, malo refinadamente destestable, pedófilo y sádico, bueno tontorrón, policía listo, exteriores suntuosos en belleza y pintorescos, antiguos palacios, pirámides, mezquitas, templos y calles atestadas en la bella Java, final tenso in crescendo y resolución feliz, todo ello rodeado de la música contagiosa de Justin Caine y una realización algo descuidada pero voluntariosa.
Buena para pasar una tarde domingo con palomitas y competir con los amigos en detectar fallos.
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