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12 agosto 2014 2 12 /08 /agosto /2014 07:56

Terry Gilliam es , a condición de que te guste su cine siempre un poco desmesurado pero incontestablemente creativo, rompedor y surrealista, uno de los grandes directores actuales. Con cintas que se convierten en puntos de referencia como "Brazil" o "Doce monos", inexcusable para todos los amantes de la ciencia ficción o del thriller, o maravillas inclasificables como "El imaginario del Doctor Parnassus", "Miedo y asco en Las Vegas" o "Tideland". O esa joya literario-referencial que fue el documental sobre el frustrado y accidentado rodaje de "Don Quijote", hemos de convenir que estamos ante un genio visual. un creador único siempre atenazado entre las exigencias de la libertad creativa, el dogal de la industria del cine y el asombro -a veces rechazo- de un público nun ca indiferente . "The Zero Theorem" podría visualizarse como una adelantada revisión del caos brillante de "Brazil", enfocado esta vez al mundo atosigante de la publicidad y la presión brutal y poliédrica de las redes sociales, con carteles publicitarios intrusivos, pantallas de plasma y el ordenador como forma y estilo de vida. Su protagonista, un irreconocible Christophen Waltz, logra tan magnífica y elaborada actuación que se supera a sí mismo (a mi entender aún más inquietantemente atractivo que en "Gloriosos bastardos" y "Django encadenado", ambos de Tarantino, por las que obtuvo sendos Oscars). Seguro que esta vez no le caerá la estatuilla, incluso a pesar de merecerlo más. Cualquiera premia en Hollywood a Terry Gilliam. Y ahora pasemos al conjunto de la cinta: no es una película memorable, ni una gran película, pero es una cinta estimable, distinta, honesta y revolucionaria que merecería mejor destino del que sin duda va a tener: proceso habitual en creadores rebeldes con el sistema. El planteamiento es interesante, pero nos parece de que esta vez el ex Monthy Piton no es capaz de sacarle todo el partido. Quizá sea cosa del guión de Pat Rushin, que promete y sugiere mucho y luego se olvida a desarrollar las ideas. Pero no deja de ser una película de Terry Gilliam con todo lo bueno (o malo, para quien no le guste) que esto conlleva: personajes estrafalarios, una imaginería visual notable, una música lucida y unas interpretaciones llenas de histrionismo pero ferozmente adecuadas al mundo que se nos muestra. No es el mejor Terry Gilliam, pero tampoco el peor. Cine estimable, pues. Apostemos porque siga provocándonos.

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7 agosto 2014 4 07 /08 /agosto /2014 08:04
The signal

Lástima. La película empieza muy bien, la historia de los dos jóvenes, acompañados por la novia de uno de ellos, a la caza de un "hacker", tiene cierta gracia, con añadidos de flsh back para explicarnos, pero nunca del todo, porqué el chico va con muletas. Al llegar al no-sitio donde procede la señal del pirata informático, con secuencias al estilo de "la bruja de Blair", la cosa parece decantarse por una peli de terror, pero muy pronto va cambiando de tercio y entramos en una trama de ciencia futurista, secretos lugares impolutos y detalles que incluyen algunos momentos de tensión y misterio. Todo lo que nos cuentan nos va dirigiendo a la célebre área secreta de los Estados Unidos, el área 51, relacionada con los ovnis y los visitantes del espacio exterior. Nos vamos despegando de la verosimilitud y con algunos fallos de guión e incoherencias del argumento, nos vemos sujetos a las aventuras de un joven del que nos van sirviendo sin cesar secuencias idílicas de su pasado. Todo se va complicando con huidas y despliegues científico militares hasta que los últimos minutos de la cinta que hacían esperar un final estilo sangriento, como La Huida o Bonnie and Clay, se da el salto definitivo hacia el intento de asombrar al respetable y saltarse a la torera la ley no escrita de la ciencia ficción: hacerla verosímil al espectador. Pero parece que al guionista ya se le acabaron las ideas y el único protagonista, la chica y el amigo fiel son puro adorno casi innecesario, cierran su aventura absortos ante la fantástica realidad que se nos ha ocultado, que Laurence FIshburne, el "Morfeo" de la saga Matrix es, en realidad, un robot. Vaya por Dios, ya nos lo temíamos, con tanta película alimenticia de, por otra parte, tan buen actor. El director Lindelof va dejando miguitas de pan para que sigamos el rastro de su historia, pequeños detalles que no aclaran nada y despistan más bien, ya que al final todo sigue sin aclarar.

Buena realización artística y de postproducción, filmada con habilidad y profesionalidad. La película es como un caramelo muy vistoso que al final solo en un pedazo de azúcar de SF sin más aditamento. El cartel, magnífico, con su velada referencia a 2001 de Kubrick: ¿un guiño para cinéfilos de que todo tiene que ver con otro Hal?

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3 agosto 2014 7 03 /08 /agosto /2014 09:36
La música nunca dejó de sonar

Basada en un relato del doctor Oliver Sacks sobre un paciente suyo ("El último hippie") narra la conmovedora historia de un joven con un tumor cerebral que recupera alguna de las funciones de la memoria y un comportamiento más o menos normalizado gracias al amor y la influencia que la música pop de los años 60 y 70 tuvo para él. Drama humano, drama de las relaciones paterno filiales, drama hospitalario, tres figuras esenciales, el chico, y sus dos padres, la madre cariñosa pero poco asertiva, el padre dominante y tradicional encastillado en sus recuerdos, los nexos musicales de unión entre padre e hijo y la ruptura generacional con la fuerza del vendaval de los sesenta, el mundo hippie y la guerra de Vietnam. La marcha de casa del hijo rebelde y el reencuentro veinte años después con el muchacho, treintañero, convertido en un vegetal sin memoria y sin pasado a consecuencia de un tumor cerebral invasivo.

En la línea de "Despertares", la cinta de los noventa de Penny Parshall, con Robert De Niro y Robin Williams, también basada en un libro del neurólogo, se trasciende el simple drama hospitalario para devenir una reflexión sobre la fuerza inmensa de cierto tipo de vivencias y recuerdos de la psique humana para proceder al rescate de la personalidad encerrada por la enfermedad en una cárcel de la que casi nunca se puede salir. En este caso, es el poder de la música en una psique joven e impresionable: Bob Dylan, Rolling Stones, Greatfuld Dead y The Beatles en uno de los momentos inaugurales más emotivos de la cinta. Canciones unidas a incidentes clave en la formación de l psique: el primer amor, el primer beso, la amistad profunda, un espectáculo inolvidable, ligados a determinadas músicas, y el poder de esos sones para arrebatar a una persona de un forzado estado catatónico, una mirada vacía y un gesto congelado.

En este caso y paralelamente a ese despertar propiciado por la sensibilidad y el acierto de una psicoterapeuta musical (una de las especialidades estudiadas por Sacks) resulta magnífica la conversión del padre condicionante y ensimismado en sí mismo, en un padre responsable que busca la comunicación y el amor de su hijo como prioridad absoluta, asumiendo pasados errores y esforzándose por aceptar la cultura hippie de su hijo.

Película irregular y previsible, no obstante resulta emocionante y sugestiva. No se la pierda. Magníficas interpretaciones de los tres protagonistas. Y si le gusta la música pop de los 60 y 70, se emocionará. Y como complemento literario, además de leer el libro de Sacks sobre la musicoterapia (publicado por Anagrama) léase también --me lo agradecerá-- el "Viaje en torno a mi cráneo" (mal título pero extraordinario contenido) de Frigyes Karinthy, que ha editado Galaxia Gutemberg.

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30 julio 2014 3 30 /07 /julio /2014 07:20
Amanecer en el planeta  de los simios

Segunda entrega de la nueva versión del Planeta de los Simios, bastante alejada de la del año 68, dirigida por Franklin Schaffner y con un Charlton Heston memorable y un elenco de buenos actores convertidos en simios muy artesanalmente, además de un final magnífico e inesperado que condicionó fatalmente las cuatro películas que le sucedieron y las dos series de televisión. En 2001 Tim Burton se atrevió con la franquicia y nos regaló una oscura, densa y bastante divertida versión que encantó a los amantes del cine de ese género distópico. En 2011 Rupert Wyatt ya nos ofrece una visión del Planeta de los Simios en el que el planteamiento supera el de género y trata de trascenderlo apostando por análisis y planteamiento filosóficos y sociológicos más serios. El líder de los simios, César, es representado por un actor experto en personaje peculiares, Andy Serkis, que también da vida al persona del Señor de los anillos, Gollum. La historia se complica filosófica y políticamente. César y los simios han abandonado la civilización humana y se han dirigido a los bosques y montañas. En esta segunda entrega, la más actual, que dirige Matt Reeves (el artífice de la magnífica "Monstruoso") los humanos han sido diezmados por un virus que no afecta a los simios, que han mantenido su civilización tribal al margen de la técnica y modo de vida humanos.

Las necesidades humanas provocan el contacto y después los enfrentamientos de intereses y escalas de valores. Aquí las cosas se han simplificado un tanto y el listón de la anterior no logra ser superado por esto en cuanto a la historia y su desarrollo, convirtiéndose más en una buena película de acción, sin más. Aunque la capacidad técnica e imaginativa del director logra que los problemas apuntados nos interesen y más la conclusión que se nos ofrece de la evolución de los simios, al que el contacto humano rompe su armonía y equilibrio, convirtiéndolos en algo muy parecido a nosotros. Los antropólogos deberían ir a ver esta película para observar los detalles que nos propone Reeves en el guión, en el que en un clima de desesperanza y fatalismo, se nos ofrece la metáfora de los problemas de la evolución de las sociedades primitivas tras el contacto con los "civilizados" colonialistas.

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28 julio 2014 1 28 /07 /julio /2014 21:15
Emperador

"Emperador" es una austera cinta norteamericana sobre el final de la Segunda Guerra Mundial en Japón, tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Las fuerzas de ocupación del rendido, humillado y semi destruido país, comandadas por el singular y teatral general Mc Arthur, debe decidir si hacer responsable al Emperador del comienzo de la guerra y Pearl Harbour o exonerarle de un crimen de guerra. En esa decisión vital para el futuro del país pesan muchos argumentos a favor y en contra, más la presión política de Washington que busca por razones electorales un escarmiento. Un general joven, que mantuvo una relación con una japonesa antes de la guerra, es el encargado de dirigir las investigaciones para aportar argumentos a favor del perdón. La concisión y economía de las imágenes se ajustan al inicio documental de la película y muy pronto, planteado el nudo principal, se diluye de vez en cuando en una sub trama romántica, con escenas empalagosas que no aportan nada a la trama principal e incluso le restan la firmeza documental que muestra al principio y en su desarrollo político. En esos tramos del film la historia funciona perfectamente, con Tommy Lee Jones (el general Mc Arthur) que sigue robando cámara cada vez que sale con su tortuoso rostro sardónico y un poco de histrionismo que el actor se permite de vez en cuando. Se huye de los tópicos, no se disimula la zafiedad de los americanos y la cortesía social nipona (los actores japoneses son todos muy buenos. Brilla el oficio del director, un correcto artesano, Peter Webber. Y saca el mejor partido posible de ese impasible y medio robótico Matthew Fox, como general investigador.

La moraleja, el horror de la guerra y su difícil justificación, es evidente y sorprende en una película norteamericana dedicada a esos hechos históricos: hay una justificación histórica de uno de los ex ministros japoneses sobre las invasiones de su país, una secuencia en la que recuerda a un sorprendido, enojado y mudo Fox, que británicos, norteamericanos, holandeses, franceses y españoles precedieron a Japón en su política de conquista unilateral. La fotografía y música, ambientación y guión bien resueltos (con algunos ¿fallos? como la condena al ministro Tojo por el ataque a Pearl Harbour cuando en realidad la acusación mayor fue el asesinato de 8 millones de personas bajo su mandato), perfilan una película de modestas pretensiones digna de ser vista.

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27 julio 2014 7 27 /07 /julio /2014 07:32
La segunda mujer

Otra película, esta vez procedente de Turquía, que nos habla del choque de culturas y se centra en la situación de la mujer. Ayse, una chica joven, se casa con Hasan, el hijo de Mustafá. En realidad se trata de un matrimonio amañado en el que Ayse se está casando con Mustafá, el padre de Hasan, ya que la mujer de éste, Fatma, está enferma de cáncer y se trata de proporcionar una segunda esposa a Mustafá para que cuide del hogar y de las hijas de ambos cuando ella fallezca. La vida de Ayse se complicará con el rechazo de las hijas del matrimonio a pesar del cariño que Fatma le dedica. Un folletín dramático, servido con una cámara preciosista y unas encuadres pictóricos donde se reflejan esas contradicciones sociales que en Viena, donde trabaja y vive la familia de Mustafá se enfrentan duramente contra las tradiciones y las costumbres turcas. Umut Dag , el director de "La segunda mujer" trata de ofrecernos una visión melodramática de la situación de la mujer árabe en un contexto occidental, en el que aún sorprenden más el tradicional servilismo y subordinación de la mujer al hombre, que es normal en el mundo islámico. No hay mucha convicción en esta película que adolece de un guión poco coherente y a veces inverosímil, más propio de un culebrón decimonónico que de una cinta moderna que trata de denunciar unas diferencias culturales. No hay mucho vigor ni intensidad en los personajes, quizá con la salvedad de la actriz madura que interpreta a Fatma (Nihal Koldas). La cinta no funciona como retrato de una cultura patriarcal ni como drama familiar donde la madre es el elemento básico del hogar. Un hogar desquiciado por la enfermedad de la madre y la escasa viabilidad de la solución propuesta.

Umut Dag, de origen austro-turco, fue discípulo de Michael Haneke pero no parece haber heredado mucho de él en este debut. No logra hacernos creíble la situación de la joven segunda mujer ni los comportamientos de la familia, por mucho que sospechemos o sepamos que esas pautas culturales son propias de la cultura islámica. El montaje deja mucho que desear y rompe un ritmo dramático deslavazado y que avanza a trompicones. Pero eso sí, hay secuencias en las que la cámara logra encuadres de una belleza superior. La forma visual es acertada, el fondo, guión, ambiente, dirección e interpretación manifiestamente mejorables.

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23 julio 2014 3 23 /07 /julio /2014 07:12
Occidente es occidente

En su día (año 1999) me divertí con una cinta modesta y que hacía pensar, a pesar de su aire de comedia, en una típica película de choque de culturas, con sus estereotipos y sus tópicos. En este caso, una familia pakistaní radicada en Inglaterra, con todos los elementos dramáticos que suelen provocar la escasa comunicación y comprensión entre una cultura musulmana de una sociedad tradicional y anclada en el pasado y los usos y costumbres de una sociedad opulenta --es un decir-- del cristianismo civilizado (también es un decir). Se trataba de mostrarnos los problemas de identidad de los numerosos hijos del paquistaní George Khan, que contrajo matrimonio con la inglesa Ella y se trasladó al Reino Unido. El choque entre la dos culturas.la de Pakistán y la inglesa provocaba las esperadas y más o menos dramáticas chispas.

"Occidente es occidente" es una secuela de aquella película, rodada diez años más tarde (en 2010) pero que ha aterrizado ahora en las pantallas españolas. El guionista inglés de origen paquistaní Ayub Khan Din repite temática en su guión mostrándonos al hijo pequeño de Kahn, Sayid, un mozalbete maleducado y grosero que esconde con esa violencia verbal el malestar que le producen sus origenes y que sus compañeros de escuela no se cansan de repetir en forma de insulto racista. Esa violencia verbal y negatividad revierte en todo lo que suene a pakistaní, incluido el padre del joven, que decide afrontar el problema yéndose a pasar una temporada con su hijo a Pakistán a casa de la familia que abandonó 35 años antes por su matrimonio con Ella (la aparición de Ella en la casa familiar de Khan provoca las consabidas tensiones con la primera esposa del emigrado y sus hijas. El drama está servido, aunque no por mucho tiempo..

Dirige Andy de Emmony y repiten papeles el gran actor Om Puri y a la magnifica Linda Basset como su mujer británica. Aqib Khan borda el rol del joven agresivo y malhablado que va cambiando de comportamiento y se va impregnando de los valores positivos de su propia cultura, moraleja previsible en este género. Película pues de diferencias generacionales como elemento añadido en la crítica dinámica del choque de culturas. Las tramas secundarias cumplen su función y el director mantiene un equilibrio acertado entre ellas y la trama principal sobre la educación sentimental del joven "paqui" que está recuperando su orgullo de raza, sus raíces tradicionales y se encuentra cómodo con ellas. Algunos personajes, como el viejo maestro que encarrila al muchacho con su sabiduría y su humor, está muy conseguidos. No perderá el tiempo yendo a verla.

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20 julio 2014 7 20 /07 /julio /2014 07:55
Mejor otro día

Aparte de lograr hacerse insoportable, la desolada jovencita punk de buena familia, Imogen Poots consigue que creamos que es una cretina total, y aumenta la estatura actoral de los otros tres miembros del elenco, entre ellos el sólido Pierce Brossman. Conforman un cuarteto interesante, humano y pintoresco de suicidas potenciales que al coincidir en la azotea de un rascacielos para dar el salto, deciden aplazar por un año el intento de pasar al otro mundo, formar una especie de club de los suicidas de Stevenson, mezclando en grandes dosis la comedia con el drama, sin rozar siquiera la tragedia.

Dirige un buen artesano de comedias, Pascal Chaumeil, responsable de "Los seductores" o de "Llévame a la luna", comedietas ligeras, insustanciales aunque con uno o dos detalles de calidad. Es decir, ni carne ni pescado. Ni la seriedad y trascendencia del tema, el suicidio, es planteado con rigor y con fuerza dramática, ni el desarrollo y el final logran más que un discreto pasar la hora y pico de proyección sin sentirse atrapado por los dramas de la madre con un hijo impedido e incurable, el joven músico desnortado y sin razones para aguantar su hipocondría, la niñata salvaje y algo estúpida con ínfulas de perdonavidas intelectual o el periodista famoso que solo sabe mirarse el ombligo y lloriquear por la supuesta fama perdida.

Chaumeil ha adaptado la novela 'En picado' del conocido Nick Hornby (autor de, entre otras, la célebre 'Alta fidelidad'), es decir, garantía de habilidad para meterse el público en el bolsillo. Dejando aparte el caso que escenifica Toni Collette, la madre --con su falso final dramático-- todo está medido y dirigido hacia un final razonablemente positivo en la vida de los cuatro personajes. Buenas intenciones en todos lados, un metáfora de libro de autoayuda y una sugerencia de redención personal como via de escape. Nada profundo ni inolvidable, sólo la percepción de que se tratan de no incomodar al espectador medio que paga la entrada para que no le disgusten demasiado y salga del cine pensando, "Qué bonito". Lo único ácido es la crítica indirecta a los medios de comunicación: la historia de la intrépida reportera que pretende hacer negocio explotando a uno de los fallidos suicidas pero no tiene empaño en llevárselo a la cama, es un poco excesivo. Así pues, un comienzo excelente con un drama apuntado de grandes proporciones y ver como el globo comienza a deshincharse inmediatamente hasta llegar en forma de pingajo al final previsible y adocenado. Lastima.

Pierce Brosnan, Toni Collette, Aaron Paul e Imogen Poots, logran minimizar la tarea del director que les ha tocado y superar la languidez de una historia que acierta con los actores pero no les exige que se dejen llevar por su poderío (con la excepción de la jovencita). Pero en fin, hay que darle un voto de confianza a Chaumeil, artesano de comedias que quiza no tarde en encontrar un tono adecuado y una realización sin complejos.

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17 julio 2014 4 17 /07 /julio /2014 07:13
El extraordinario viaje de T.S.Spivet

El director de "Amelie", Jean Pierre Jeunet, firma esta sorprendente, divertida y encantadora película, con sus defectillos y sus virtudes. Bueno, en este caso no importa demasiado que a la postre sea una película bastante floja, es tan encantadora su vestimenta gráfica que uno se apunta enseguida a seguir viéndola y en bastantes momentos disfrutarla. Las representaciones gráficas, dibujos, anagramas, filmaciones que van acompañando a las secuencias, explicándolas ingeniosa y festivamente (la representación de unos razonamientos en el cerebro de la hermana del protagonista en forma de consejo de administración de los distintos "yos", es de una comicidad apabullante). ¿De qué va la cosa? De las andanzas y tribulaciones de un niño de once años que es un genio ignorado por todos, sobre todo por su familia, un portento del dibujo y de la mecánica. El niño vive en una aldea remota norteamericana y gana el premio del famoso Instituto Smithosian al mejor invento, con una máquina del movimiento perpetuo. La película nos narra su accidentado viaje, solo, como pasajero ilegal en un tren de mercancías, no sin antes mostrarnos a la familia y el tipo de vida que el pequeño genio lleva, con drama incluido.

La soberbia "MicMac", la magnifica "Delicattessen" o el premio gordo de público que fue la almibarada "Amelie". certifican un creador con notable talento. En este caso hace la versión cinematográfica de la novela de Reif Larsen, "The selected works of T.S.Spivet", una desternillante muestra del ingenio visual aplicado a una historia emotiva, critica y humana, una mezcla de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, que narra el viaje de un niño a través de Estados Unidos, ilustrados los márgenes del libro con los inventos y elucubraciones racionales y técnicas del niño para resolver sus problemas.

Claro, el pequeño genio, es un científico y su mirada es, como tal, adecuada a la finalidad al margen de cualquier sentimentalismo o emoción y esa mirada es la que resta emotividad a la película a pesar de que no faltan momentos emocionales (aunque se evita el desgarro, como en la muerte del hermanito de TS.) Trama pues muy ajustada al argumento descriptivo, a la que le sobra cierto mecanicismo, algunas secuencias poco verosímiles, datos dejados al aire y problemas sin resolver, y le falta un poco de emoción compartida. Magnífica Helena Bonham Carter enfrascada en un delicioso papel de madre experta en bichos, pintoresca la aparición del actor fetiche de Junot, Dominique Pinon e irreprochable del pequeño actor que protagoniza la cinta, Kyle Cattlet. No se engañen, no es una película especialmente destinada al publico infantil, hay una fuerte tendencia sombría en los personajes que no agradarían a un niño (que no entendería nada). Y eso a pesar de la habilidad digital y los momentos de humor y tipos interesantes, servidos por una cámara aficionada a tomas, enfoques y contratomas de lo más rompedor (que recuerdan las películas de Wes Anderson, otro visionario del cine) todo lo cual hace recomendable esta película para los buenos gourmets fílmicos.

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15 julio 2014 2 15 /07 /julio /2014 07:28

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Soberbia película basada en una interpretación magnífica del actor norteamericano Ed Harris, al que por exigencia de la apariencia física del genial personaje histórico han oscurecido una parte de Harris fuertemente magnética, la mirada de unos ojos azules plenos de expresividad. Por supuesto la película nos narra los últimos meses de la vida del gran sordo, de su caracter irascible y de la presencia benéfica de una notable mujer, musica también, contratada para poner en solfa, es decir escribir, lo que el maestro iba creando sin cesar. Las manías, los tics, la mezquindad y los problemas domésticos y familiares de Beethoven son los elementos dramáticos con los que juega el director. Quizá la fuerza seductora del personaje se come la película y también al espectador, que se ve impelido a aceptar los excesos, histrionismo actoral, licencias mas o menos poéticas sobre las fihguras históricas y una realización dirigida precisamente a fascinar aunque sea por exceso. Seguramente las cosas no eran tal como nos las cuentan con la vista puesta en la taquilla y en los Oscar (por cierto, creo que no se llevó ninguno). El éxito, mas o menos, está asegurado por la fuerza del personaje, la interpretaciones musicales,  que siempre son un puntazo en cine y los actores, magníficos y excesivos, nos pintan a un gran Beethoven y a una listísima y sacrificada Anne que se rebela de estar a la sombra del genial sordo e insinúa que solo está allí, subordinada, por ser mujer. Los secundarios no se salen de sus papeles y ofrecen un fondo mudo y poco resaltable a los dos grandes divos de la actuación, Ed Harris y la bellísima Diane Kruger.
La manipulación de algunos datos --Beethoven no dirigió la primera interpretación de la Novena-- permisibles por acentuar tensiones y darle fuerza a la pelicula, no enojan demasiado, excepto a los puristas, pero al fin y al cabo no vamos a ver una biografía sino un recreación dramática de una época de la vida del genio. Para los amantes de la música, agradecerán que se centre en la poco conocida Gran Fuga, una autentica obra maestra revolucionaria. Por ciero la copista Anna Holtz (Diane Kruger) es una invención del guionista. En cuanto a la directora, la señora Holland, bien como siempre, a pesar de todo...



 

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