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14 mayo 2014 3 14 /05 /mayo /2014 07:22

la-mirada-del-amor-cartel-1.jpg

 

El director canadiense Arie Posin ha dirigido a dos grandes actores otoñales en una película romántica resueltamente otoñal que no acaba de funcionar, excepto como ocasión para ver al genial Ed Harris, siempre tan válido y ajustado  y a una Annette Bening también buena pero en algún momento pasada de rosca (aunque su demencial papel lo justifica). Harris interpreta a dos personajes idénticos, elemento clave de la trama que se impone a la Bening: el primero, el marido de la bening, que muere ahogado en el primer tercio de la película, deja su lugar exacto al otro, el profesor de arte, su doble exacto,  el mismo cuerpo, la misma mirada, con el que la señora en cuestión mantiene un inverosímil romance hasta que la hija de ella y el vecino ponen las cosas en su sitio con sendos gritos de horror (los de la hija, excesivos). Pero aún nos queda un mal final para una historia increíble y poco coherente. La mujer que pierde a su marido y luego encuentra a un hombre exacto al muerto y se obsesiona con él hasta la ridiculez y el desastre, no acaba de convencer a pesar de la buena labor de Harris, la Bening y un descafeinado Robin Williams, cada vez más parecido a una parodia de sí mismo cuando era un actor excesivo. Los continuos flash back no añaden interés sino que enlentecen el ritmo de la narración y uno espera que al final no haya demasiados destrozos de la lógica y la coherencia argumental. No hay nada de eso, simplemente es lamentable.

Para los aficionados al cine, un reto, piensen cuando la vean qué filme clásico les viene una y otra vez a la cabeza, hasta llegar a sospechar que se trata de un "remake" camuflado, pero no. Una secuencia lateral les demuestra que el director no pretende hacer trampas, es que es zafio. La secuencia es en el salón de la casa de ella, un cartel de una película sirve de elemento decorativo, ¿adivinan qué película? Pues sí, "Vertigo" del genial Hitchcock. A eso les ha sonado toda la película que acaban de ver ¿a que sí? Solo que de muy lejos: Hitch no se hubiera permitido rozar el ridículo, como Harris y Bening lo sufren al escenificar la obsesión imitativa de ella y la tonta aquiescencia de él al plegarse a sus caprichos histéricos.


 

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13 mayo 2014 2 13 /05 /mayo /2014 07:08

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Podía haber sido un excelente thriller argentino-español con el siempre solvente Ricardo Darín como héroe atribulado y una Belén Rueda que logra -a medias-- dar la sorpresa al respetable sobre sus características psicológicas y morales en un "in crescendo"  tensional con explicación posterior algo confusa. Patxi Amezcua  trata de llevar a buen puerto una historia que no acaba de  sostener el interés del espectador después de un comienzo prometedor y un excesivo desparrame de pistas y sospechas con tal de desviar la vista de los culpables auténticos. Darín sobreactúa, seguramente siguiendo el guión y las ordenes del director (no suele caer en excesos el hábil actor argentino a pesar de que ya son dos las películas endebles que le hemos visto, ésta y "Tesis sobre un homicidio") y consigue que nos nos creamos casi nada de la mitad de la cinta hasta el final, ni siquiera la desesperación de un padre al que le han secuestrados sus dos hijos pequeños. Flojita.

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5 mayo 2014 1 05 /05 /mayo /2014 07:04

          el-viento-se-levanta-cartel1.jpg

 Bellísima y sensible película de animación del maestro japonés Hayao Miyakazi. El autor de auténticos clásicos como "El viaje de Chihiro" o "Ponyo en el acantilado" o "El castillo ambulante", tiene ya 73 años y asegura que "El viento se levanta" va a ser su última película. Pero hay tanto vigor juvenil, tanta potencia creadora y tanta fuerza comunicativa en esta cinta que uno duda mucho quenel maestro deje de filmar por el solo achaque de la edad.

Dicho esto, nadie crea que "El viento se levanta" es una película comercial, destinada al gran público. Aunque se trata de un tema bien amado por el director, la aviación, la película --que glosa la vida de un ingeniero aeronáutico que ama volar pero no puede hacerlo por falta de visión-- pasa de puntillas por el contexto histórico de la película. El ingeniero es la persona que diseñó los cazas de combate "Zero" que tan decisivo y trágico papel tuvieron durante la Segunda Guerra Mundial. No elude el gran drama del pueblo japonés, ni el demencial militarismo del Gobierno, pero mantiene a Jirô Horikoshi, el diseñador del Mitsubishi A6M Zero, como una persona motivada por un sueño que trató de mantenerse al margen del uso que se hizo de su obra. Esta ambigüedad narrativa y algunos otros momentos y aspectos de la narración confieren a la película un aire poético y de ensueño que tiene, sin duda, un público muy determinado y aburre o irrita a los demás. El mensaje pacifista que Miyakazi imprime a su historia, el pausado "tempo" de la acción o el adecuado uso del humor y del drama en las secuencias personales, convierten a esta película en una delicia visual y una reflexiva invitación hacia el amor a la vida (a pesar de que sus aviones fueron los que arrasaron Pearl Harbour o se inmolaban con los pilotos kamikazes buscando la destrucción del enemigo). Hay secuencias en esta película de una sensibilidad profunda y al mismo tiempo ligera, poética y volátil como el gran parasol que el viento arrebata y servirá para unir a dos futuros amantes. No se la pierdan-

 

 

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30 abril 2014 3 30 /04 /abril /2014 07:01

 

mis-dias-felices-cartel.jpg

Parece que el hecho de que la pirámide de edad comience a invertirse y los ancianos se vayan convirtiendo en un colectivo cada vez más amplio (y aún productivo económicamente) está provocando la aparición de películas donde se nos presentan gente mayor (eso sí de muy buen ver, como ésta Fanny Ardant) a las que un Destino muy manipualdo da alguna nueva oportunidad de felicidad sentimental y afectiva. Y así se nos ovrecen cintas donde los mayores se divierten, donde tienen historias de amor profundo (caso de "La mirada del amor" con Annette Begin, "El viaje de Bettie" con la Deneuve o de la pelicula que nos ocupa "Mis días felices").

Fanny (o su personaje Caroline) vive una existencia de horas bajas y edades altas, con lo que la desaparición de su amigo, la jubilación forzada o la presión de los elementos mas jovenes de la familia, deseosos de darle ocupación y entretenimiento y que no fastidie a los que aún trabajan, la llevan a un taller ocupacional para la tercera edad donde da, qué cosas, con un joven profe de informática al que le atraen las mayores de buen ver y enamoramiento fácil. El centro tiene un nombre equívoco y abusivo, "Mis días felices" con el que juega el guionista de esta película amable pero sólo pasable.

La directora Marion Vernoux, adapta la novela de Fanny Chesnelt  ("La joven de cabellos blancos", ese es un buen titulo) y encarga a la efectiva Fanny Ardant que enamore, es un decir, a Laurent Lafitte que hace de galán de serie B y calme el enfado mayúsculo de Patrick Chesnais en el papel del esposo burlado por la juguetona Ardant. En realidad película de y para mujeres, con el mejor de los sentidos. Los hombres hacen de floreros o de tontos útiles y los planteamientos éticos o sociales guardan las formas y la deliciosa complicidad femenina triunfa por doquier, incluso propiciando el reencuentro de esposos y el adios al casposo amante ocasional.

Disfrutable con reparos.




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29 abril 2014 2 29 /04 /abril /2014 09:03

una-familia-de-tokio-cartel.jpg

Me encanta el tono de sosiego, paz y amabilidad (siempre un poco tensa, como forzada) del cine japonés que trata de reflejar las contradicciones y las tradiciones vigentes en la compleja cultura de ese país asombroso y paradójico. En esta caso, la película de Yôji Yamada es un respetuoso remake de un clásico de 1953, "Los cuentos de Tokio" de Yasujiro Ozu. Se trata de una cinta de ambición modesta y logros superiores, la vida cotidiana de una familia japonesa que vive en Tokio y recibe la visita de un par de abuelos que proceden de un remota isla del sur del archipiélago.
Desde el primer momento simpatizamos con el anciano matrimonio que visita a sus hijos y nietos. Los dos actores hacen unas interpretaciones absolutamente convincentes. Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki nos brindan unos retratos tiernos y vulnerables y vamos asisitiendo al despliegue de los egoísmos de los jóvenes, de las nueras y los yernos, absolutamente agobiados por mantener el ritmo de sus vidas cotidianas y al mismo tiempo dar un cierto acomodo a los abuelos. Algunas escenas dotadas de un amable patetismo, una crítica suave y nada ácida a las actitudes escapistas y autocomplacientes de los jóvenes y la paciencia sonriente y amable de los abuelos. No hay una critica acerba, ni dogmatismos éticos, ni pretensiones filosóficas, todo se desarrolla con una gracia y una naturalidad --casi siempre del lado de la pareja de ancianos-- que logra dar un sello de ternura a actitudes que podrían ser irritantes e inadmisibles. Pero poco a poco la amargura de la reflexión ante lo que va ocurriendo va retratando la mezquindad y la miseria moral de algunos personajes y la bella aceptación sosegada de otros, hacia un final tan sereno y sólido como se nos sugiere con el principio. Algo más de hora y media de imágenes que nos llevan a una reflexión crítica sobre el deterioro ético de nuestra sociedad y la necesidad de preservar los valores esenciales del amor, la amabilidad, la generosidad y la solidaridad, si no más, al menos en los ámbitos familiares.

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 15:31

el-poder-del-dinero-cartel-1.jpg

Bueno, lo único que funciona en esta película es el duelo de dos actores de primera en papeles de segunda. Harrison Ford y Gary Oldman. La trama va de la zona oscura y corrupta de las grandes corporaciones y el espionaje industrial, dos de las cuales, rivales a muerte, están comandadas por los dos actores citados. El protagonismo, es un decir, es para un guapo juvenil Liam Hemsworth y Amber Headh una guapa con algo más de nervio. La cosa, dirigida por Robert Luketic no acaba de funcionar (me entero de que tampoco lo hizo cuando fue estrenada en Estados Unidos en 2013). Los diálogos son esterotipados y todo suena a rutina y falta de nervio, emoción y ritmo. Nuevamente son otros actores, los secundarios "B", entre ellos Richard Dreyfuss y Josh Holloway, los que dan cierta calidad interpretativa al conjunto.La verdad, película desechable..

 

 

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24 abril 2014 4 24 /04 /abril /2014 20:08

 

 

cronicas-diplomaticas-cartel.jpg

 

Lo siento pero no acabo de encontrarle demasiada gracia a las últimas comedias francesas, con alguna noble y aislada excepción. "Quay d'Orsay" o "Crónicas diplomáticas" en título español poco afortunado, ha sido dirigida por el mismísimo Bertrand Tavernier, que siempre es una garantía de calidad (aunque no de humor, cosa más sutil).

Desde luego hay mucho chiste corrosivo, bastante caricatura socarrona, ácida y a menudo excesiva de la vida política francesa, en sus niveles más altos, lo cual podría contentar a los fanáticos de la sátira del vergonzante mundo de los políticos (en casi todos los paises, desgraciadamente: habría que exigir certificados de moralidad a los que pretendan hacer carrera política).  Tavernier podría haber seguido su talante de crítico acérrimo de las basuras políticas de su país, pero ha querido hacerlo en plan de charada burlesca y aquí, pese al premio al mejor guión en San Sebastián, es donde no acabo de sentirme cómodo. Es como escribir "La Cartuja de Parma" en plan de greguería de Gómez de la Serna. Levantará nuestras sonrisas y alguna carcajada, pero no es eso, creo yo. Quizá esperaba demasiado de Tavernier (aún recuerdo su maravillosa "Alrededor de la medianoche" o "La vida y nada más") y aunque he identificado algunas de las claves histórico-políticas de los personajes que caricaturiza (¿quién no evoca al ex ministro francés de Exteriores, Dominique de Villepin?) ese bienvenido tono de acoso derribo de la estulticia, el burocratismo, las mezquindades y las fragilidades del sistema político pseudo democrático, se diluye en la vocación cómica. Quizá venga todo el dislate de ese afán por llevar a la pantalla el tono general del cómic en el que se inspira la película, sin percatarse de que son dos géneros con lenguaje parecido pero sutilmente distinto.

 

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23 abril 2014 3 23 /04 /abril /2014 07:14

 

Después del merecido Oscar por "Una separación" el iraní Asghar Farhadi ha rodado una película intimista, tensa, en ocasiones histriónica o un poco excesiva, pero emocional y llena de sentimientos a flor de piel. Las contradicciones, carencias, frustraciones y violencia interior, rabia y pasión de los elementos femeninos de la película las convierte en las auténticas protagonistas, en activo o en potencia --la mujer en coma cerebral del nuevo novio de la joven divorciada-- y deja a los hombres en un segundo plano emocional, pese a la presencia madura y equilibradora de Ahmad. el exmarido que vuelve de Irán a París para el divorcio. Los niños son los otros grandes protagonistas de la cinta, principalmente la pareja formada por el niño de la nueva pareja y la adolescente hija de un anterior matrimonio de la protagonista.

La historia está llena de esos malentendidos, manipulaciones, errores no asumidos y culpabilidades que suelen aflorar en las familias. Más de dos horas de tensión emocional bien llevados con pulso firme y pequeñas sorpesas de guión por el director con la ayuda de unos actores y actrices contenidos o pasionales según van desarrollándose la trama. Nuevamente no se deja títere con cabeza: el director iraní nos pone en el centro del nucleo del drama, la familia desestructurada que va entrando y saliendo de los conflictos con gran desgaste y sin soluciones definitivas.. tal como es la vida. Confusión de los adultos acompañando el sufrimiento, la desesperación y la rebeldía de niños y jóvenes que se ven constantemente implicados en los dramas de sus mayores. Todo ello con las formas de enfrentamiento cultural que suponen unas costumbres y formas de entender de la vida tradicionales por el lado iraní y el contagio rompedor con la cultura occidental francesa. El drama está servido, la falta de comunicación entre Ahmad y Marie (iraní y francesa-- por cierto la actriz es la argentina Berenice Benjo, la protagonista de "The Artist") va contagiando a las dos hijas de Marie (la adolescente Lucie y la pequeña Lea) al nuevo novio de Marie (el iraní Samir) y a su hijo,  el pequeño rebelde Fouad, cuyya madre está en coma por un intento de suicidio.

Pero la habilidad de este director hace que el supuesto motivo principal, el divorcio, quede en muy segundo plano ante la dinámica  feroz que supone la realidad que motivó el intento del sucidio y los papeles que jugaron diversas personas del entorno familiar y de fuera de él para complicar y llenar de desesperación y culpabilidad las relaciones.

 

En Teherán, la figura hegemónica, se llama Abbas Kiarostami, probablemente el último gran cineasta surgido en el ocaso del siglo XX. Su sombra es tan poderosa que durante dos décadas todo el cine iraní parecía estar hecho a su imagen y semejanza; cine de silencios y cadencias, de gestos hondos y significados largos; de realismo engañoso devenido en materia alegórica. Pero la evidencia era (y sigue siendo) que, aunque hay una buena relación de autores iraníes, algunos amordazados y casi todos bajo sospecha a ojos de un gobierno autoritario, Kiarostami ocupa un lugar en el que no admite comparación ni compañía. Pero hace cinco años, tras una serie de películas inéditas entre nosotros, Asghar Farhadi, presentó un filme de trama compleja y formas personales: A propósito de Elly (2009). Su núcleo argumental inspirada por y en La aventura (1960) y sus personajes de clase acomodada en un Irán poco representado, marcaban la diferencia.
Fue una feliz sorpresa refrendada poco después por la más directa y no menos compleja, Nader y Simin, una separación (2011). No había duda, Asghar Farhadi era capaz de practicar un cine adulto, con personajes complejos y en situaciones universales en las que era perceptible identificarnos con eso que denominamos la condición humana.
Conviene recordar que Farhadi veló sus primeras armas en la escena teatral, que es guionista además de director y que, sin duda, sabe del valor de la palabra, de la importancia del gesto y del deber de los autores de no juzgar a sus personajes, de dejar que estos crezcan. El pasado representa su primera incursión fuera de casa. Rodada en francés  -idioma que, según relata Ángel Quintana, no domina- y concebida en Francia, El pasado crece sobre un dilema moral: los indefinibles escalones de la culpa.
Desde el arranque, Farhadi mueve sus peones en torno al misterio, ese espacio de incertidumbre que, en su universo, insiste en dar corporeidad y voz a todos los personajes. En su cine no hay inocencia absoluta. Ni siquiera la de los niños, protagonistas muchas veces de ese cine iraní consagrado por los grandes festivales. En su lugar, Farhadi radiografía una y otra vez a sus criaturas. En cada nueva secuencia, nuevos pliegues salen a la luz. Nuevos datos que hacen reconsiderar la percepción que el observador se va haciendo de lo que, hasta ese momento, le ha ofrecido la película. Así, Farhadi, una y otra vez, descoloca al público, le rompe sus prejuicios y al hacerlo, pone en crisis la evidencia.
Farhadi arranca con una presentación contundente. Un reencuentro condenado a la incomunicación. Paso a paso, minuto a minuto, su película arroja luz sobre ese pasado que le da título, sobre esas sombras que condicionan lo que vemos. Hay una sólida estructura de guión y un abanico de personajes de una riqueza inusual en el cine contemporáneo. A Farhadi se le nota que algo sabe del cine de Bergman y de Antonioni; cine de la modernidad empeñado en asomarse a los dolores del alma. Pero esta vez, la rotundidad de sus anteriores películas, la penúltima le dio el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, se desmorona por dos fisuras leves pero corrosivas. Una se debe a la propia escritura del guión, a una excesiva acumulación de recovecos y anécdotas. La otra cae en el debe actoral. No es que estén mal,  es que no alcanzan la excelencia que sí habitaba sus anteriores ci(n)tas.

Fouad, el niño que es llevado de un lugar a otro sin consideración alguna, que está presente de continuo con su mirada triste, dolorida, rabiosa, es el protagonista en la sombra de esta película magnífica, junto a la adolescente Lucie. Viendo su dolorida indignación infantil y su desconcierto recordaba aquellas palabras de Paul Celan, el poeta francés, cuando afirmaba "que nadie diga que la infancia es siempre un lugar feliz". Por su parte, Lucie, resulta clave en la trama secundaria. moviendo conceptos tales como la verdad, la culpabilidad y el secreto, elementos que dan profundidad  a este filme, que deja un regusto amargo en el espectador pero también la satisfacción ante una obra responsable y valiosa.

 






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21 abril 2014 1 21 /04 /abril /2014 08:17

 

 

Película de interesante y prometedor comienzo que no logra mantener el registro de interés y tensión que prometía. Una pareja joven, en sus comienzos de relación, se recluyen durante unos días de vacaciones en un cómodo y tranquilo chalet. El es compositor y ella una ejecutiva con buena posición.  Hay una discusión  amorosa por motivos de celos y ella desaparece sin dejar rastros o eso nos cuentan. En realidad partiendo de una idea clásica en el cine (Hitchcock, por ejemplo, ha jugado con ella en varias películas, entre otras en "Alarma en el expreso") el director Jorge Arenillas ha logrado una película interesante aunque no redonda. El protagonista, Pablo Chiapella hace creíble su personaje, un hombre obsesionado con "la desaparición" de su compasñera y que vuelve año tras año a encerrarse en la casa para rememorar lo ocurrido y aclarar el misterio. Misterio que no es tal --y ahí está el juego ocultista del director que banaliza la película-- y cuyos entresijos vamos viendo a cuentagotas hasta una cierta resolución piscopatológica que no convence.

Como suele ocurrir las interpretaciones, Pablo o Angela Villar, su compañera, en un resgistro más histriónico, Verónica Perona y Enrique Urbizu en papeles secundarios  y de relleno cuyo alcance son innecesariuos para el desarrollo de la trama, constituyen un armazón no muy logrado en un conjunto poco claro y no muy elaborado.

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16 abril 2014 3 16 /04 /abril /2014 07:21

Todas_las_mujeres-310451850-main.jpg

El eterno conflicto entre los sexos está servido. Claro que no se trata en esta ocasión de Elizabeth Taylor y Richard Burton rememorando a la "Fierecilla domada" de Shakespeare, ni de Gary Grant con la soberbia Katherine Hepburn en "La fiera de mi niña" o de esa misma gran actriz dandole la réplica a Spencer Tracy en una docena de películas con el tema en cuestión siempre en candelero. Se trata de un excelso actor español, Eduard Fernández, que bajo la dirección de Mariano Barroso y siguiendo un guión de este director y Alejandro Hernández, se nos presenta cercano y previsible, humano, vulnerable y débil, frente a una serie de mujeres --todas las que han tenido o tienne alguna importancia en su vida-- que le dan una réplica tan verosímil como ingeniosa. Sin embargo la mirada y el foco de esta película divertida --y aleccionadora-- no se centra en esas damas y sus comportamientos, sino en ese macho-alfa --un poco ahijado de Woody Allen-- con todas sus torpezas, manipulaciones y debilidades.

"Todas las mujeres" se centra en él, un veterinario en plena crisis andrògina de la cuarentena, sobrado de testosterona y falto de neuronas, un antihéroe que se nos cuela en la simpatía por puro desastre, encanto y peligrosidad, un tipo que podría ser cualquiera de nosotros, en el filo de la navaja del deseo y la estulticia. Lo cierto es que las seis actrices que se enfrentan a Fernández logran crear unos tipos fascinantes que por lo menos logran ponerse  a la altura y el nivel interpretativo del citado actor. Michelle Jenner, Lucía Quintana, Maria Morales, Petra Martinez, una madre soberbia y digna de una pelicula aparte, Marta Larralde y Nathalie Poza, como su psicóloga. Un recorrido vital, lleno de errores, de mezquindades, de manipulaciones, de acciones delictivas que está contrapunteado por un diálogo magnífico y ajustado. No se la pierdan. Aunque en puridad no se trate más que de una excelente obra de teatro filmado (aunque fue en esencia una serie para la televisión).







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