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10 septiembre 2015 4 10 /09 /septiembre /2015 08:16
Matar al mensajero

Magnífica película de Michael Cuesta, en la que se plantea el eterno dilema de los medios de comunicación en el pasado siglo y en este: hasta qué punto pueden defender y publicar la verdad de los hechos cuando en el lado oscuro del dilema se encuentra el poder político. ¿Recuerdan la película de Alan J. Pakula, "Todos los hombres del presidente" sobre el caso Watergate? Pues aquí tienen una nada desdeñable cinta sobre otro caso que movió historias y problemas, la financiación de la "contra" nicaragüense por la CIA gracias a los millones conseguidos por el narcotráfico. El caso lo destapó un periodista muy hábil de un periódico de tercera fila en provincias. Precisamente se tratará del "mensajero" al que, en frase clásica, se suele matar en lugar de poner en el punto de mira a los culpables verdaderos. Es la historia --real-- de Gary Webb, periodista del "San José Mercury News" que a mediados de los noventa destapó --ante el odio y el juego sucio de lumbreras como "The New York Times" o el "Herald Tribune"-- el citado caso de la CIA vendiendo drogas para financiarse sin pasar por el Congreso. La tensión argumental está muy bien llevada y uno arde de indignación cuando ve el juicio de brujas que le montan al pobre Gary, que acabaría suicidándose años después. Ajustadísimo y creíble Jeremy Renner como protagonista, Ovillo de intereses y corruptelas, tan bien expuestos que uno cree estar una de aquellas cintas de los setenta que te conmovían al relacionarse con los abusos del poder y su práctica impunidad.

Sin embargo, hay un pero, el afloje de la tensión narrativa en la última parte del filme y el desvaído final que trata de suplir con mensajes escritos presentados sobre pantalla negra antes de los créditos finales. La eficaz critica a los medios de comunicación, la supuesta libertad de prensa y los poderes fácticos en la sombra, tras los grandes periódicos y televisión, que ejercen una interesada censura y manipulación. Hasta aquí bien, pero uno se pregunta porqué Cuesta deja todo colgado y no entra en ese final creando una relación perversa entre esos poderes y el trágico final del protagonista. El relleno del drama familiar y las relaciones de la esposa y los hijos con el pobre periodista suenan a algo visto ya y adocenan una película que podía haber sido más que magnífica. memorable. Pero se ha quedado en buena.
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2 septiembre 2015 3 02 /09 /septiembre /2015 17:06
Supremacía Robot

John Wright dirige con desgana esta insulsa película sobre un futuro distópico en el que una invasión de robots alienígena conquista el planeta y mantiene a los supervivientes metidos en su casas con prohibición de salir.. No nos cuentan cómo y de qué viven, se alimentan y se entretienen los enclaustrados terrícolas. Como en tantas otras distopías apocalípticas, serán los jóvenes y adolescentes quienes salven al planeta. Y en esta ocasión el héroe es británico (la película lleva el sello de Irlanda del norte) apenas tiene 20 años y es inexpresivo a tope. Aparición pseudoestelar de Ben Kingsley que configura un malo torpón y soso mientras la bella Gillian Anderson pretende insuflar un poco de sentimiento a su escasamente atractivo papel de madre superpreocupada. Ni el guión, ni los efectos especiales, ni la ambientación, ni la música llaman la atención, ni emocionan. Es una película del ni. Ni hace falta que vayas a verla, a no ser que seas muy joven y crédulo..

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1 septiembre 2015 2 01 /09 /septiembre /2015 13:09
La conspiración del silencio

Giulio Ricciarelli dirige con escaso nervio una película basada en hechos reales que logran interesar fuertemente al espectador: el velo de silencio y ocultación que protegió a los nazis desde el fin de la guerra hasta los años sesenta prácticamente, el silencio culpable y la presunta ignorancia de la población alemana sobre lo que ocurría en los campos de concentración establecidos por los nazis en Austria y Polonia. "La conspiración del silencio" es una obra menor del cine alemán, aunque es valiente y trata de ser honesta, cuando podría haber sido un filme de referencia sobre esa temática.

La ambientación, la dirección de actores, el vestuario, la música y la localización -escasa pero cuidada- de exteriores, están en el grado de lo correcto aunque desaprovechado. La pretendida asepsia y neutralidad fáctica del guión no acaba de insuflar energía a la película. El reparto, cumple bien su papel aunque el protagonista Alexander Fehling, no acaba de conmovernos. No obstante todo lo apuntado la recomendación es positiva: recoge una página de la historia del siglo XX relacionada con la guerra mundial de la que se han realizado escasas películas con vocación documental e historicista. Es una película que hace reflexionar, como dice el protagonista en una secuencia capital: "No sé lo que hubiera hecho yo bajo esas circunstancias". La masacre de judíos, gitanos, polacos o "desafectos" por ese psicópata llamado Adolf Hitler y su régimen maléfico y contagioso, justifica la famosa frase de Anna Harendt sobre la "banalidad del mal" y nos hace pensar. La película, en el aniversario de Auschwitz, Treblinka y otros campos de exterminio, es una llamada de atención que no hay que minimizar..

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23 agosto 2015 7 23 /08 /agosto /2015 16:34
Mr. Holmes

Hace falta ser un gran creador para atreverse a entrar en el aura de un personaje tan célebre y admirado como el detective creado por sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes. Hay que tener conocimiento suficiente de la historia del personaje, dotes creativas, humildad pues se trabaja con un personaje que forma parte del acervo cultural occidental y suerte en dar con un venero sin explotar. Integran legión los que han intentado afrontar el desafío. En el cine, desde Buster Keaton hasta Billy Wilder o en este tiempo Guy Ritchie en un doble nada desdeñable esfuerzo, han sido numerosos los directores que ha buscado en los rincones mas ocultos e improbables del mito (así los que le hacen compartir aventuras con Freud, Arsenio Lupin, Jack el destripador o H.G. Wells).

El último de la hornada es el norteamericano Bill Condon (que dirigió hace años una excelente cinta, "Dioses y monstruos", por cierto coprotagonizada por el mismo Ian McKellen que ahora le presta sus ojos acerados y el rostro inteligente y sarcástico a un anciano Holmes de 93 años) que no logra ponerse a la altura de los citados aunque pone interés y técnica artesanal en el intento. Se trata de una libre adaptación de la novela de Mitch Cullins "A slight trick of the mind", excelente narración donde el escritor nos propone los últimos años de Holmes, retirado en una granja de Sussex y dedicado al cuidado de las abejas, la apicultura. Es un anciano al que le traiciona su memoria y que se ve envuelto en un caso nuevo, que será el último, y los ecos de uno del pasado que concierne a un cliente japonés. Sin embargo lo importante de la narración es el aire epigonal, ligeramente patético que envuelven esos recuerdos y, como contraste, la relación del detective con un niño de doce años, hijo del ama de llaves que cuida de su hogar.

Holmes tratará de escribir el relato del caso último en el que se vio involucrado, así como de la mujer que lo protagoniza y de sus sentimientos hacia ella, entremezclado débilmente con un viaje a Japón --meses después de Hiroshima- donde se encuentra con uno de sus antiguos casos. Sin embargo una trama tan esperanzadora no logra sustantivarse a pesar de los esfuerzos interpretativos de Ian McKellen, realmente prodigioso y la buena labor de los dos secundarios, el niño y su madre. La vejez y el crepúsculo del mito, merecían un tratamiento más profundo, sombrío y dialéctico. Condon nos regala una estampa muy bien coloreada e interpretada que además edulcora de manera lastimosa el mensaje duro y desesperanzado de la novela.

Película modesta con un intérprete de lujo. Pero no. Este atildado caballero es interesante, pero no es Holmes. Quizá lo fue. Ya se sabe que la edad muy avanzada lo cambia todo. Será por eso.

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22 agosto 2015 6 22 /08 /agosto /2015 09:06
El secreto de Adaline

Está bien contada, es agradable de ver, no tiene el menor fundamento científico, es edulcorada, se queda en las hojitas de fuera del frondoso árbol temático que nada menos trata con uno de los anhelos imposibles del ser humano: vencer a la muerte, no envejecer, el elixir de la eterna juventud, aquí simbolizado en un rayo y un galimatías genético absurdo. Pero da igual, se trata de mostrarnos la enésima versión cinematográfica de la eterna juventud, sin la profundidad angustiosa de un Dorian Gray ni la crítica acerba y sarcástica de Jonathan Swift y su país de los inmortales.

Ambientación elegante, buena musica de fondo, un nivel técnico implecable, pero lo que podía haber sido un drama con enjundia y profundidad intelectual y humana queda en una desvaida historia anecdótica incluso menos lograda que el Benjamin Button que vive la vida al revés, de la vejez aparatosa a la juventud y la niñez. Lee Tolan Krieger dirige con oficio a los dos jovenes protagonistas Blake Lively y Michel Huisman, y se rinde a lo que salga con monstruos como Harrison Ford, Ellen Burstyn, Kathy Baker y Amanda Crew (po supuesto sale de fábula). El final está un poco forzado por exigencias del "happy end" que tantas películas ha desvalorizado. Esta es una de ellas.

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20 agosto 2015 4 20 /08 /agosto /2015 09:36
Luna en Brasil

Sensible, bella y malograda película que nos narra una estancia de la poetisa Elizabeth Bishop en Brasil, donde intimará con una arquitecta magnífica de es país (la autora del proyecto del parque de la playa de Río de Janeiro) Lota Macedo Soares. La acción transcurre en los años 50 y la desfripción de una relación lesbiana entre personas de esa categoría en el Brasil de aquellos años --en plena dictadura militar- es una delicada orfebrería de detalles. Fue una relación colosal y ardiente que se mantuvo tempestuosamente durante casi 15 años, hasta el momento del desencuentro y la tragedia. El respeto por el arte, ya se poesía o arquitectura de gran creatividad, es permanente en el dibujo de los personajes, sus diálogos y las dificultades que deben afrontar, pero todo con amabilidad, modestia y falta de vigor. El director Bruno Barreto consigue un producto muy completo, desde el contenido, a ambientación, exteriores, música, actrices...pero desabrido y sin fuerza.

La moraleja de la cinta es sencilla: Todo viene y, con la misma facilidad, se va. Y a pesar de todo, la vida sigue. Y las pérdidas, de la clase que sean, pueden convertirse en oportunidades para crecer y seguir adelante. El drama de esa relación se devalúa progresivamente para llegar en muchos momentos a rozar el melodrama tipo historieta sudamericana para la televisión.
Miranda Otto y Glória Pires tratan de ajustarse a unos personajes que les vienen grandes, pero lo hacen con cierta audacia y honestidad. No así la tercera en discordia, Tracy Middendorf, que no acaba de convencer ni siquiera a sí misma. Amor, deseo de posesión, dependencia, orgullo malsano, destructividad: es un argumento y una historia dignas de un director más profundo, un retorcido inglés como el autor de "The Servant", Joseph Losey. Barreto sólo puede aspirar al aprobado por las buenas intenciones, un recatamiento y una timidez expresiva que sólo es el dedo que apunta a la Luna.

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19 agosto 2015 3 19 /08 /agosto /2015 09:31
En tercera persona

Paul Haguis el director y guionista de películas como "Crash" o "En el valle de Elah" trata de mantener el listón con desigual resultado al ofrecernos "En tercera persona". El fragmentario guión va jugando al gato y al ratón con el espectador hasta que este cae en la cuenta de que de todas las historias que nos cuentan sólo hay una sola verdadera, la del escritor en mal momento creativo que trata de sobreponerse a la muerte de su hijo (en la cual ha tenido cierto papel de falta de cuidado y por tanto vive obsesionado con la culpa y los remordimientos). Una vez el espectador acepta que la creatividad del escritor es responsable de esaas historias el asunto se ordena hasta cierto punto. El novelista, premio Pullitzer en horas bajas, está como siempre muy dignamente encarnado por Liam Neeson, con secundarios tan soberbios como Adrian Brody, James Franco o Giancarlo Giannini, sin contar las damas, entre ellas unas impecable Olivia Wilde y Kim Bassinger, la historia acaba armándose de sentido al final con unos "sfumato" de secuencias algo infantiles.

Se trata de una hiperfragmentada película con tres variaciones de una historia semejante donde solo cambian los papeles y se mantienen, ojo, unos detalles constantes para "dar pistas" al asombrado espectador, los niños muertos, las vocecitas susurrando "mírame", los padres autoculpabilizados, madre o padre según la historia, sufrimientos y culpa, incluso un incesto para completar el cuadro desconcertante, sin llegar a cerrarse casi ninguno de ellos, porque el telefono suena a deshora o al director se le pasa dar más consistencia a la historia del pobre Brody que se pasa su trozo de película en absoluto desconcierto.

Ritmo irregular, personajes bien construidos pero vacíos, una cierta propensión al drama fuera de resgistro y algunos excesos innecesarios de cara a una galería que le encante el morbo.
Sigue Haggis apelando al esquema que le dio el éxito en "Crash", las historias diferentes que van entrecruzándose, como las neuronas de las cabezas de los personajes que transitan siempre senderos espinosos cuando no trágicos..
Las historias van desenrollándose en Nueva York, Roma y Paris, de forma entrecortada con saltos de guión que confunden al espectador y que sólo buscan añadir intriga a algo que no acaba de funcionar, pese a su ambición creativa.

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16 agosto 2015 7 16 /08 /agosto /2015 14:25
Lío en Broadway

Peter Bogdanovich es un sólido constructor de comedias al viejo estilo de los Wilder, Howard Hawks. Lubitsch, o Edwards, rozándoles en calidad al menos en alguna ocasión, pero habitualmente un escalón por debajo. Junto a Woody Allen es uno de los pocos clásicos que sobrevive de vez en cuando soltándonos alguna que otra película deliciosa rodeada de otras para pasar el rato y poco más. En los 70 nos brindaba películas como ‘La última película’, ‘¿Qué me pasa Doctor?’ o ‘Luna de papel’.

Ahora estamos ante una comedia ligera rodada al más puro estilo clásico de líos y enredos, en la que Bogdanovich echa mano de la vis cómica de sus actores y les deja desmadrarse en alguna ocasión tratando de mantener bien encauzada la trama y con notable sentido del ritmo. Toda su ambición es lograr que el espectador suelte la carcajada de vez en cuando y no abandone la sonrisa durante toda la proyección. Si con usted lo ha consigo, bravo. Al menos uno capta lo bien que se lo pasan rodando todos los acores y actrices del elenco, con especial mención a Rhys Ifans, Imogen Poots y a Jennifer Aniston, como una psiquiatra absolutamente neurótica con tendencias paranoides que protagoniza las secuencias más disparatadas de la comedia. Owen Wilson cumple con su papel protagonista de liadísimo y absurdo director de comedias, Will Forte como el autor y un inspiradísimo George Morfogen como investigador privado al estilo Clousseau pero en plan desternillante mayordomo anciano inglés tropezando con todo. Buena música de Edward Shearmur y un homenaje entrañable a Lubitchs y su "El pecado de Cluny Brown" de donde Bogdanovich obtiene la frase recurrente de su película "echar ardillas a las nueces". Para mayor diversión y sorpres, Michael Shanon y Quentin Tarantino hacen sendos cameos.


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14 agosto 2015 5 14 /08 /agosto /2015 14:08
Un plan perfecto

Una cinta más de robos imposibles, uno de los subgéneros temáticos más socorridos desde los "Misión Imposible" a la serie de Clooney sobre el remake de "La pandilla de los Once" (Oceans Eleven) o clásicos tan magníficos como el trepidante enredo que monta una flotilla de "Minis", conducidos por Charlize Teron, Statman o Werderberg. El sueco Alain Darborg no llega a tales cotas de sofisticación pero consigue armar un producto digno con secuencias bastante logradas, en clave humorísitca o sentimental, sin grandes desmelenes argumentales --es bastante plano el guión-- y con algunos retos a la credibilidad (en el que incurren casi todos pero lo disimulan mejor). No convence demasiado pero al menos entretiene.

El reparto cumple dentro de la falta de relieve psicológico y de carácter, desde el líder, poco caroismático, a la bella ladrona o el alcohólico con pasado turbio que forman el grupo. La ejecución del atraco flojea bastante y el final parece cogido con pinzas para justificar la cosa.

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31 julio 2015 5 31 /07 /julio /2015 11:47
Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano

Procedente de Mérida en cuyo apropiadísimo Teatro romano se estrenó, he visto en el Romea barcelonés el "Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano" que dirige Mario Gas siguiendo la estela de los años de la revolución de las flores y el amor (los "felices" 60 y 70 del anterior siglo) que en el teatro dio obras tan rompedoras como el "Marat.Sade" de Peter Brook con la sombra de Becket y Brecht en el proscenio. La versión de la muerte del filósofo griego por antonomasia que nos ofrece Mario Gas con textos de él mismo y Alberto Iglesias basados en la infinidad de libros que la relatan (por supuesto Platón, el manipulador de la figura de su maestro, Jenofonte, Diógenes Laercio y la cita indispensable pero despreciativa del enemigo de Sócrates, Aristófanes)es digna, aunque simple y nada comprometida.

El Sócrates al que da vida y cuerpo el inmenso José María Pou (que aquí se presenta como siempre dueño de su dicción y gestos, pero quizá demasiado previsible dada su experiencia, sus "tablas") atrae como no podía ser menos, pero deja en el espectador avisado un ligero regusto a "dejà vu". Recuerdo el Sócrates de Enrique Llovet interpretado por Adolfo Marsillach y creo si la memoria no me es infiel --es una sensación muy presente- que me hizo vibrar mucho más que la actual, a pesar de los excesos histriónicos del gran Adolfo (reconozcamos no obstante que mi sensibilidad teatral ha cambiado bastante en el transcurso de estos más de treinta años). Pou parece cómodo con el papel, incluso demasiado cómodo. La tarde sabatina en la que acudía al Romea, Pou incluso se permitió ingresar en su parlamento "morcillas" dirigidas directamente, cara a cara, a los espectadores sobre la inconveniencia de los móviles en la sala, lo que solo se pueden permitir con éxito (y risas cómplices) actores tan sobrados, pero que rompen la atmósfera, tensión y encanto que pudiera tener lo que sucede en escena.

Arropado por Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina y un trio de actores jóvenes, algo gesticulantes e histriónicos, la función no me hizo vibrar en modo alguno, a pesar de la fuerza del hecho histórico que recrea. Sinceramente, me pareció una loable pero simplista versión de la Escuela del teatro dirigida por un profesor de filosofía de la Universidad más cercana, a medias entre la pedagogía y el arte escénico.

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