OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL
LAS GUERRAS ÁRABES-ISRAELÍES: LOS INTERESES OCULTOS (y II)
SI EL CONFLICTO SE EXTIENDE A SIRIA O A IRAN CAUSARÁ UNA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL
El problema históricamente lo estableció occidente con el apoyo interesado u obligado de las partes en conflicto, tras el fin de la IIGM, por la voluntad -quizá inconsciente- de situar el nudo del problema judío lejos de la afligida y necesitada Europa de la postguerra, ignorando situaciones de facto, tradiciones e historias cercanas de los elementos de la ecuación: un territorio de mayoría árabe, un pueblo judío en busca de su hogar ancestral (hacia el que Europa siente una mala conciencia activa, con los evocados ecos de los progroms, --no solo medievales, a finales del XIX se hicieron famosos los de Rusia y Ucrania-- y los campos nazis de exterminio), una belicosidad mutua antigua y comprensible entre ambas etnias primo-hermanas, judíos y árabes, y una suma de intereses económicos y sociales de primera magnitud: petróleo, regímenes autoritarios, necesidades básicas de supervivencia en pueblos mal administrados.
Todo esto forma un caldo ambiental irrespirable, entre bombas, asesinatos de civiles inocentes y el ensordecedor añadido de justificaciones, condenas y mensajes difundidos “urbi et orbe”. Como suele suceder, la cantidad de energía necesaria para desmentir los bulos que se expanden por ambos frentes, es sustancialmente mayor que la energía precisa para evitar que se difundan y en ambos casos es una energía que se pierde sin provecho. Ni siquiera se difunden los hechos incontrovertibles: que la franja de Gaza, objetivo de la guerra es, en realidad, un campo de refugiados de 40 kms de largo por seis de ancho en el que malviven y son asediadas las personas que antes vivían en ese territorio como propietarios. ¿Se ignoraba ese hecho? No, por Dios. Lo saben en la ONU y en el Despacho Oval.
La ofensiva de Hamás con el también conocido apoyo de Irán se mira con cierta simpatía en el mundo árabe, ante el silencio cómplice de los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Solo las milicias de Hezbolá en Líbano han lanzado algunos cohetes de apoyo, rápidamente contestados con prudencia por Israel, como aviso de que la cosa se quede en eso. También la Yihad Islámica ha hecho saber su apoyo, pero seguramente no irá más allá. El resultado parece seguir un curso de implicación política más que de una victoria palestina más que improbable. Si Israel no se pasa de la raya, cosa que puede ocurrir con el Gobierno Netanyahu, Hamas habrá conseguido –con un precio muy caro en hombres y armas- que se hable de palestinos en una eventual mesa de negociaciones internacional (junto con Irán). Esa es la dirección que podría marcar las conversaciones entre Arabia Saudi, Israel y Estados Unidos (en las que, por supuesto, no se contaba para nada con Hamas, un simple grupúsculo terrorista,). La valoración de lo ocurrido – fundamentalmente la inesperada capacidad de Hamas de penetrar en Israel con efectividad- podría consistir en establecer un cuadro o esquema operativo en el que a los palestinos se les dé un asiento y una capacidad de defender un acuerdo que respete algunos de sus derechos. En lugar de seguir siendo “nudas vidas”, personas sin ningún derecho a tener derechos. La lección de este octubre sangriento está clara: el conflicto palestino no está estancado y la solución no pasa por el exterminio de este pueblo árabe. Incluso en la habitual falta de solidaridad y de sentido de pueblo y raza de los árabes, se supone que no tolerarían tal genocidio. Aunque de momento Egipto tiene cerradas sus fronteras y no permiten que los palestinos puedan refugiarse huyendo de la venganza israelí.
El curso de los acontecimientos en los próximos días marcará un antes y un después en el conflicto árabe-israelí. Se ha llegado demasiado lejos. Cuando escribo esto aún no se ha producido la invasión terrestre israelí de la capital de Gaza, la cual sería un inmenso error. La pieza enferma del problema es el señor Netanyahu que está cuidando sus intereses –pende una condena de cárcel por corrupción si es expulsado de su puesto político- y tiene una cohorte de fanáticos colonos respaldándole. Está sometido a un dilema sin solución: si invade Gaza, a la larga le costará el puesto- por descrédito y el enorme precio en sangre- y si no lo hace, perderá el apoyo de sus fanáticos partidarios de extrema derecha y se verá ante el tribunal. Uno acaba por preguntarse si el sorpresivo ataque de Hamas no fue “tolerado” por Netanyahu como excusa para poder proceder a su aire y galvanizar la unión de todos los israelíes, bajo su mando, al clamor de la venganza
La otra faceta de todo este tinglado bélico árabe-israelí es haber llevado a primera página la situación inhumana de los palestinos en la franja de Gaza. Se ha dicho que es una gran prisión al aire libre para gente que no tiene donde ir, que han perdido sus tierras y sus raíces y se hacinan en un territorio densamente poblado, sin trabajo, sin comida, con el agua limitada, con presión militar y policial constante. Una comunidad de “homos sacer” –personas que ni siquiera tienen derecho reconocido a la vida, desesperados e ignorados por las “prósperas” naciones de occidente, excepto grupos reducidos de simpatizantes.
Hamás, acrónimo en árabe de “Movimiento islámico de resistencia” (creado en 1987, en la primera Intifada), es el poder en la sombra de Gaza tras la retirada israelí de 2005 y ganó las elecciones de 2006 sobre Al Fatah que con la ANP gobiernan en Cisjordania. Es un movimiento radical que tiene la ley islámica, sharia, como credo y no reconoce a Israel como Estado. Seguramente será difícil que siga mandando en Gaza. Aunque goza del apoyo iraní (sin él, no hubiera habido invasión) y comparte con la Yihad Islámica el frente fanatizado contra la existencia de Israel.
Por tanto los futuros negociadores –en el caso de que la situación no estalle y se quede sin posible gobernanza- tendrán que contar también con Irán (el poder que alimenta a estos grupos islamistas) y buscar una entente pacífica y dialogante para unas medidas de paz que jamás podrán contentar a todos. La perfección técnica del ataque de Hamas constituye una seria advertencia no sólo a Israel sino a Europa, Estados Unidos y la ONU. Los árabes podrían ser un peligro global si se les sigue ninguneando. Pero si Netanyahu sigue en el poder, tratará de “convertir Gaza en un solar quemado por las bombas y vacío de árabes” como Putin pretendía con Ucrania. Quizá esta es otra de las claves que hay que tener en cuenta para comprender la elección del momento del ataque de Hamas. Tal vez esa elección del “kairós”, el momento oportuno para la acción, en plena guerra de Ucrania y Rusia, fue percibida tras la estúpida profanación de la Explanada de las Mezquitas por los fundamentalistas judíos esa misma semana.
En todo caso, la guerra no resolverá un problema que no han podido evitar la política y los diplomáticos. La violencia no arregla la esterilidad diplomática, sino que encona la frustración y la rabia. Recuerden la famosa pregunta del secretario de Defensa de EE.UU. hace muchos años ante la implicación de la CIA en ataques selectivos a dirigentes árabes: “¿Estamos creando más terroristas de los que matamos?” Sólo sería eficaz un diálogo sin exclusiones, pactos compensatorios y la necesidad de aceptar soluciones y comprender que la única salida es elegir antes lo malo que lo peor. Un camino abandonado por Israel y Palestina en los últimos 30 años hasta llegar a la actual falta de horizontes y cuenta atrás para una catástrofe sin paliativos. El David palestino enfrentado al Goliat israelí, no tiene futuro. Como dijo un lúcido analista norteamericano “No se puede vencer algo con nada. Hay que recompensar a los palestinos contrarios a la violencia y llegar a un acuerdo con Israel de contención expansiva y respeto a los palestinos”. Si no es así, asistiremos a otro holocausto, esta vez palestino, a no ser que la comunidad internacional intervenga con contundencia y justicia. Como escribió un analista: “tan ilegítima es la respuesta de Hamas a décadas de ocupación, como la de Israel al ataque terrorista”.
ÚLTIMA HORA
Por el momento no hay invasión terrestre de la Franja aunque las unidades de blindados e infantería están preparadas: la visita de Biden a Israel, el 18, puede haber frenado a Netanyahu pero ha fracasado como intento de mediación con los países árabes. Al menos se permitirá el paso de ayuda humanitaria, desbloqueando servicios de agua y electricidad. La ayuda a la población civil no pude ser un arma de guerra ni de negociación. Según el derecho internacional facilitar el acceso humanitario es obligatorio. De momento Israel ha dejado pasar 20 camiones por la frontera egipcia, aunque deberían ser 100 cada día. El pasado miércoles se produjo un ataque con cohetes al único hospital cristiano en Gaza –con 500 víctimas mortales y otros tantos heridos- que se atribuye indistintamente a los israelíes o a la Yihad Islámica (que habría lanzado una tanda de cohetes contra territorio israelí –uno fallido- a la misma hora, desde un cementerio cercano, según Tel Aviv). Desde la invasión del 7 de octubre han perdido la vida, contando por estimaciones a la baja más de 7000 personas y heridas quizá el doble; hay 150 rehenes israelíes y no es posible calcular los prisioneros palestinos en Israel. Sin contar con las pérdidas materiales debidas a la destrucción de viviendas, edificios comerciales o industriales, carreteras y otras infraestructuras. Y como broche: la economía y sus barómetros, las bolsas y mercados, se declaran “en compás de espera”. Si la guerra Hamas-Israel se contagia al resto del mundo árabe, (principalmente Irán y Siria), afectando como se teme al precio y suministro del petróleo, se vaticina un auténtico cataclismo económico que nos afectará a todos.
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