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4 octubre 2018 4 04 /10 /octubre /2018 11:03

Lo primero que me atrajo de este libro es la aparente disparidad entre los pensamientos y la figuras humanas y filosóficas de esos dos hombres. coetáneos pero tan radicalmente diferentes: era como comparar a un Sócrates o un Pitágoras con un Montaigne  o un Heidegger. Con concepciones y tradiciones filosóficas en polos opuestos, Ortega y Wittgenstein han dado ocasión desde el 2010 a una serie de eventos académicos que ha buceado en sus respectivas obras para encontrar inesperadas resonancias intelectuales (insisto: no hay constancia de que ninguno de ellos conociera la obra del otro) en cuestiones tales como los conceptos de creencia, la autenticidad, la estructura del yo o la controvertida praxis del quehacer del filósofo en la vida, de la utilidad empírica de su labor. Era como hermanar a Epicuro con Saussure. A pesar de que supuse que el libro, editado por una editorial tan poco sospechosa como Tecnos, era una de esas entelequias endogámicas universitarias, lo he leído con atención y con creciente interés. Y lo  recomiendo sin reservas a cualquier interesado en algunos de los dos pensadores por separado o especialmente si existiera un erudito curioso que  lo esté en ambos.

Los coordinadores del libro  (que integran nueve capítulos de distintos autores, incluidos ellos mismos) son dos profesores universitarios, Jaime de Salas de la Complutense madrileña y José María Ariso, de la Universidad de La Rioja, ambos con un nutrido historial académico de investigaciones y publicaciones sobre Ortega, Leibniz, Hume,  Bergson y Habermas, el primero, y libros de filosofía psicológica, teoría del conocimiento y filosofía contemporánea, el segundo.

La presencia de Ortega queda justificada en la recuperación académica que se viene produciendo en los últimos diez años de su legado filosófico y de la originalidad y calado  de su pensamiento. La de Wittgenstein por se una contrafigura filosófica que opone al modelo de Ortega empeñado en salvar su circunstancia al del vienés tratando de superar sus propios errores a través de delimitar el significado del lenguaje y llegando a analizar las creencias como condiciones reguladoras de la vida, punto en el que Ortega articula parte de su pensamiento, apuntándose algunas coincidencias entre la creencia orteguiana y la certeza de Wittgenstein.

 Como se apunta en el prólogo, también se apuntan diferencias notables entre las actitudes de los dos pensadores y sus diferentes articulaciones teóricas: "mientras el pensamiento de Ortega ...afronta una coyuntura histórica concreta (la española), la actividad filosófica de W. se concreta en un esfuerzo por entender el sentido del quehacer humano tal y como lo transmite el lenguaje sin pretender hacer diagnóstico alguno del momento histórico en el que vive".

Ariso en concreto, en su aportación, copara el "imperativo de autenticiad" en la propia postura que ambos autores estudiados esbozan, desde "llevar una vida irreprochable desde un unto de vista moral" en W. hasta el planteamiento  de Ortega de su autenticidad como elemento ya supuesto y que articula como punto de partida para indagar en la realidad. Esa disparidad queda reflejada  en el articulo de Sanfélix que estudia los dos conceptos de la Filosofía "como forma de vida" en los dos autores, desde la concepción casi mística de W. como invitación a una "retirada del mundo" y al "silencio" hasta la fórmula platónica y estoica de que la Filosofía "en última instancia" debe servir para integrarse en y reformar el mundo".

No es objetivo de este trabajo analizar cada una de las excelentes aportaciones de especialistas como los dos coordinadores citados, ni las del resto: Vicente Sanfélix, Mariano Rodriguez (que compara la "creencia en el yo" de los dos autores), Mª del Carmen Paredes que habla de la creencia y forma de vida en los analizados, Rui Bertrand o Karsten  Schoellner que esbozan posibles aplicaciones actuales de determinados pensamientos de Ortega y W., Antoni Defez que presenta con gran originalidad el "problema de los animales desde un punto de vista ontológico en ambos y, para terminar el tema de las perspectivas etnológicas y antropológicas en Ortega y W. según Astrid Wagner y Ángeles  J.Perona.

FICHA

ORTEGA Y WITTGENSTEIN. eNSAYOS DE fILOSOFÍA  PRÁCTICA.- Jaime DE Salas y José Mª Ariso, coordinadores. Ed. Tecnos.-343 págs. ISBN 9788430971909

 

 

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8 septiembre 2018 6 08 /09 /septiembre /2018 08:02

La revista CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA en su número de julio/agosto de 2018 dedica su tema monográfico a una candente cuestión cultural: ¿Puede pasar de moda la lectura?, con artículos de Carlos García Gual, Emilio Pascual, Jorge Comensal y Fernando Hoyos. La monografía tiene el subtítulo de "Toma y lee", la frase que operó maravillas en la conversión del lujurioso Agustín en un asceta modélico que iba para erudito santo. Como nos cuenta la "Infovaticana",  San Agustín, atribulado por su rijosidad oraba : “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre airado? ¡Olvida mis antiguos pecados!”  En tanto que se repetía esto y lloraba amargamente, oyó la voz de un niño que cantaba en la casa vecina : “Tolle lege, tolle lege” (Toma y lee, toma y lee). . Entonces le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al oír la lectura de un pasaje del Evangelio. Interpretó pues, las palabras del niño como una señal del cielo, dejó de llorar y ...cogió el libro de las Epístolas de San Pablo. Inmediatamente lo abrió y leyó en silencio las primeras palabras que cayeron bajo sus ojos: “No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poneos en manos del Señor Jesucristo y abandonad la carne y la concupiscencia”. Ese texto hizo desaparecer las últimas dudas de Agustín. Quizá los doctos redactores de Claves -dirigidos por Fernando Savater-  buscan una "conversión" semejante en los reacios ciudadanos poco motivados por el amor a la lectura pero con la suficiente curiosidad como para comprar la revista. Tolle lege: Toma y lee.

Tras este breve introito de guasa, pasemos al muy interesante contenido de la revista: No sólo disfrutamos de los artículos citados sobre la lectura, también hay trabajos de tipo político e histórico, como el dedicado al final de ETA tras medio siglo de actividades sangrientas y un análisis comparativo entre la organización, o banda, terrorista vasca y su homóloga irlandesa, el IRA. Más en la línea literaria, un excelente ensayo sobre el poeta venezolano Rafael Cadenas, otro, especialmente interesante sobre la vertiente poética -desconocida para mí- de la ensayista alemana Hanna Arendt. Y como guinda hispana nuestra María Zambrano en comentario a sus intentos de conciliar la poesía con la filosofía: esfuerzo literario con el que siempre he estado de acuerdo (en los fondos profundos del pensamiento filosófico acaba resonando la tendencia poética hacia lo absoluto, lo trascendente y la excelencia de los espiritual o lo emocional (y a la recíproca también: bástenos leer a Rilke o incluso al mismísimo Machado). Otro de los trabajos de este número de Claves nos regala una vertiente no muy conocida del pensador añorado, Eugenio Trías, su pasión por la música (conocíamos la persistente pasión de éste por el cine). Como presente de la revista a la actualidad candente de la vida política española, la "cuestión catalana",  a partir de reseñas contrastadas de tres títulos de libros recién publicados, presenta la cara y la cruz de las tesis sostenidas en los libros por autoras que presentahn puntos de vista contrapuestos cuando no enfrentados, como dice Savater, como "homenaje al pluralismo democrático y también un guiño al lector para que se implique en el debate. Y como despedida, un  trabajo bastante enjundioso sobre el escritor francés François -René, más conocido como Vizconde de Chateaubriand delk que se celebra el 250 aniversario de su nacimiento, firmado por Hugo Castignani.

De verdad, no la pierdan.

FICHA

CLAVES.- jULIO -aGOSTO DE 2018.- 8 EUROS. dIRIGIDA POR fERNANDO sAVATER.- vv.aa. 192 PÁGS.ISBN 978841130368200259

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6 septiembre 2018 4 06 /09 /septiembre /2018 08:11

Decía el poeta José Ángel Valente que la biblioteca "es el lugar en que se apaciguan las horas, el afán o la pena...en tal oscura morada, ni la pobreza se teme ni se padece la muerte". Esto pondría los pelos de punta a Mikita Brottman, una profesora de Oxford que imparte sus lecciones de Literatura en una Universidad norteamericana y que escribe libros como el que hoy les recomiendo. Se trata de "un ensayo dedicado a los lectores que no creen que los libros sean intocables". No es un libro brillante, aunque tiene elementos que pueden ser muy convincentes, siempre que prescindamos del decepcionante juicio sobre el Quijote (pág. 125) y de algunas páginas con juicios y temas poco alentadores. La autora reconoce paladinamente que ama profundamente la literatura, pero que no le gusta que se hagan hipérboles salutíferas y de presunta sabiduría casi por contagio o exageraciones psicológicas sobre los efectos de una actividad que, por encima de todo, debe ser placentera.. Desde el principio nos dice que su obra se apoya en dos argumentos: "la lectura en sí misma  no es necesariamente una actividad virtuosa: qué se lee y cómo se lee marcan la diferencia" y "Leer demasiado es una afección poco frecuente y no es un problema tan común como el de no leer nada de nada". 

Particularmente divertidas son las páginas donde Mikita glosa los eslóganes para difundir la lectura que suelen ser demasiado exagerados y simplistas como para propiciar un juicio sereno en torno a los reales beneficios de una  lectura ajustada a las circunstancias personales, sociales, culturales y, por qué no, pragmáticas o utilitarias, sin olvidar las meramente placenteras, que son las más gratificantes y en cuyo seno anida el amor a los libros.

Y así cuando de manera más o menos oficial, gubernamental o académica se nos grita por los "media": "Abre un libro, amplía tu mente", "Los libros son armas", “Los dinosaurios no leían y desaparecieron", "Un hogar sin libros es como un árbol sin pájaros", "Deja que los libros te transformen", "Si no lees no pasa nada. Si lees, pasa mucho"… el lector habitual echa una sonrisita escéptica y burlona y los lectores potenciales se encogen de hombros. No creo que nadie "pique", excepto algún inocente despistado. Con mucho sentido común la autora nos dice: "a lo que en realidad deberíamos prestar atención en un mercado abarrotado, no es a la muerte de la lectura, sino a la muerte del criterio sobre lo que leemos y por qué lo hacemos". Y a la necesidad obvia de que se nos forme -desde la guardería a la Universidad- con criterios válidos, lógicos y útiles a ser lectores cualitativos e informados, añado yo.

Como dice Mikita "no leáis libros porque sintáis que "debéis hacerlo" o porque sean buenos para ti. Hacedlo porque no podéis evitarlo" (aquí cae un poco en los defectos que critica: ¿realmente hay alguien que "no pueda evitar" leer un determinado libro, excepto si se ha de examinar de él o es un crítico al que pagan por hacerlo?

La verdad es que hay un derroche de sentido común y de racionalidad nada mágica en los argumentos que esgrime Mikita, que empieza muy prometedoramente cuando nos dice que leer es un vicio solitario como el masturbarse ya que "ambos suelen llevarse a cabo a solas y en privado, a menudo en la cama y por la noche, antes de dormir" (sic).

Las "confesiones" personales de la época infantil, adolescente y juvenil de la autora abonan su amor a los libros pero al mismo tiempo ponen alerta a cualquiera que sepa algo de psicología sobre las motivaciones de Mikita. Pero no entremos en ese espinoso asunto. Se trata de un libro apasionado por la lectura y los libros, escrito por una mujer apasionada por su intensa relación con la lectura y en el que más de diez páginas de bibliografía usada con referencias a clásicos y modernos suponen una cierta garantía de la probidad intelectual de la profesora  Brottman. Y en cualquier caso es un libro que se lee con cierta golosa delectación.

FICHA

CONTRA LA LECTURA.- Mikita Brottman.-Trad. de Lucía Barahona.- Ed. Blackie Books.-167 págs. ISBN 9788417059545

 

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1 septiembre 2018 6 01 /09 /septiembre /2018 08:13

Con el mismo título que el libro de  James Salter que comentamos hace poco y otro de Henry James de principios del siglo XX, "El arte de la ficción" del escritor inglés David Lodge, uno de los maestros del humor británico de la generación de finales del siglo XX, ya se le considera un clásico. Fue publicado originalmente en el 92 y aquí lo tradujo Laura Freixas en el 98 para Ediciones Península. El ejemplar que he manejado es una edición de Austral en libro de bolsillo de 2017. A diferencia del ejemplar de Península, el de Austral esta acompañado y muy bien servido por un prólogo de Eloy Tizón que pone en guardia al lector del excelente libro y autor que va a leer. El final de ese prólogo interesante dice: "Leer bien con pasión y lucidez no es muy frecuente. Por eso necesitamos a maestros como Lodge, que nos instruyan sobre el arte o la ciencia de leer". Y añade: "Con inteligencia, sin engolamientos innecesarios, este libro ilumina sobre aspectos clave del proceso de construcción de la belleza literaria, esa capaz de transmutar un puñado de piedras falsas en emoción verdadera".

La prosa clara, aguda y levemente irónica de Lodge (impregnada de un sentido del humor, a veces sorprendente, que  estimula la sonrisa y la inteligencia) se emplea a fondo en contarnos datos y profundidades de una larga serie de escritores y algunas de sus obras fundamentales. En origen esos pequeños ensayos habían sido artículos publicados en una columna semanal del suplemento de libros del "The Independent on Sunday, apliados y corregidos por Lodge para formar con ellos y algunos más este libro de nada pretenciosa crítica literaria, que se lee con placer y provecho (y donde para mayor regocijo del lector menudean las "confesiones" del mismo autor sobre sus propias experiencias creativas en  la confección de sus novelas. Los artículos van acompañado como motivo y causa de fragmentos (muy bien escogidos) de los distintos autores comentados.

Lodge logra convertir la ficción en un arte y lisa y llanamente convierte sus comentarios sobre la ficción en otro arte mayúsculo. Por tanto vemos juntos a un comentarista literario académico (es profesor de Universidad) que ejerce como novelista a la hora de contarnos cosas del oficio de otros novelistas y de él mismo sin perder la agudeza teórica de un profesor.Miel sobre hojuelas. Y así nos habla de la Austen de Emma o el Ford Madox Ford de El  buen soldado o de Forster o Waugh para ilustrar los esenciales y difíciles de lograr comienzos de una novela (que generalmente influye y no poco en el exito total del libro).

Lodge nos porpone, pues, una serie de temas básicos a través del cual desarrolla su amplio y enundioso dominio de la creación literaria, suus mecanismos y engranajes y de los elementos  y recovecos de una lectura inteligente. Así desarrolla temas como el citado "Comienzo", "El autor omnisciente" o punta de vista narrativo (con ejemplos bastante interesantes) , “La novela epistolar”, “Los cambios temporales” y “La estructura narrativa”, "El lenguaje coloquial adolestcente" (naturalmente Salinger) " El flujo de conciencia"  (Virginia Woolf" o "El monólogo interior" (Joyce, claro), "El lector en el texto" (Sterne y su Tristam Shandy)  "La prosa retórica" (Nabokov) o "La intertextualidad (Conrad), "El sentido del pasado" (Fowles) o el del futuro (Orwell), "La ironía" (Bennet) o "Lo sobrenatural" (Poe) y así hasta 50 deliciosos ensayos literarios que acaban con "El final", según Jane Austen (que como dijimos también ilustra el principio novelesco).

La nómina de autores que nos presenta Lodge se limita a escritores británicos de solera o norteamericanos como los citados juntos a Charles Dickens, Henry James, Hemingway, D. H. Lawrence. También a escritores en inglés de otras tradiciones como Kipling, Joseph Conrad, Brontë y Nabokov. Y contemporáneos como Martin Amis, Paul Auster, Kazuo Ishiguro, John Updike y Anthony Burguess, Samuel Becket. Y acaba su libro con un genial gesto de prestidigitador literario, citando la palabra "Gestalt" (nombre que se da a una determinada especialidad psicológica sujeta a una serie de reglas y a una visión crítica del arte) para definir la intencionalidad de su libro y sus límites: "Una novela es un "Gestalt", una palabra alemana...que me diccionario define como "una estructura o modelo de percepción que posee cualidades en tanto que conjunto, el cual no puede ser descrito meramente como una suma de sus partes". Lo dicho, genial.

FICHA

EL ARTE DE LA FICCIÓN.- David Losge.- Trad. Laura Freixas. E, Austral.-8,95 euros.319 págs. ISBN 0788499425771


 

 

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    25 agosto 2018 6 25 /08 /agosto /2018 08:47

    Hablar de Jonathan Swift es hablar de "Los viajes de Gulliver", de ese malentendido literario y cultural que durante siglos ha recluido el demoledor y divertido libro en los estantes de libros para niños, es hablar del maestro de la sátira, del ingenio, del estilo sarcástico, irónico, cáustico, profundamente culto y razonable, del adjetivo incisivo, del razonamiento mordaz, de la censura llenade humor, del libelo hiriente o la diatriba desternillantes, de las moralejas desazonantes y las metáforas brillantes, de la intransigencia hacia la estupidez, la falta de honestidad, la injusticia, la beatería y la hipocresía. Hablamos de una obra capital, mejor de un autor capital y esencial del siglo XVIII que proyecta su paradójica validez hasta el siglo XXI y tal vez más allá,

    Pues bien, "El cuento de un tonel" y su codicilo, "La batalla de los libros" son dos `parábolas, dos alegorías feroces contra las instituciones del saber, política y religión, y por otro, una crítica inmisericorde contra las supuestas bases de la modernidad. Con prólogo, traducción y notas de Cristóbal Serra, la excelente edición de Cátedra nos llega con todos los aditamentos de la edición original según se estilaba en aquellos tiempos, formado por interminables --que no innecesarios-- escritos de defensa del autor, dedicatoria del librero, carta del librero al lector y una irónica dedicatoria del autor a la posteridad. Prefacio, introducciones, las disgresiones que se suceden entre los capítulos de la narración propiamente dicha, una disertación sobre la locura, -- uno de los capítulos más acerbos y demoledores de la obra, superutilizado como cita--, la conclusión y, por fin, la siguiente obra, "La batalla de los libros". De todo este complejo "corpus" literario", lo primero que uno aprende es a no considerarlos "impertinentes" (su pertinencia es el humor ácido y corrosivo que desprende la pluma de Swift) y lo segundo es que el libro es indispensable y absurdamente actual.

    Desde el principio el Cuento de un Tonel provoca al lector, incluso dudando sarcásticamente de las capacidades de éste, añadiendo que “el Ingenio es el Don más noble y provechoso de la Naturaleza humana, así también el Humor es el más agradable, por lo tanto, quienes no se entreguen a ninguno, estarán expuestos a los azotes de ambos”. Desde la ironía y la sátira, Swift trata de dejar a un lado el Clasicismo del siglo XVII y dar paso a la Ilustración en el XVIII. Con gran sarcasmo Swift da a entender que lo insigne en el individuo moderno radica en apagar las luces de lo antiguo (mientras él mismo muestra su interés y arrobo por las Sátiras de Horacio, la falsa Historia verídica de Luciano, de Erasmo, sin olvidar a Rabelais, Montaigne o Cervantes).

    Esta obra fue compuesta entre 1694 y 1697 y publicada en 1704. La parte narrativa es una alegoría sobre tres hermanos: Peter, Martin y Jack, que representan cada una de las ramas de la religión cristiana en Occidente. El primer hermano, Peter (por San Pedro) prefigura a la iglesia católica. Jack (por Calvino, pero también por Jack de Leyden) representa a la iglesia protestante y sus ramas, baptistas, presbiterianos, cuáqueros, mennonitas, y las iglesias carismáticas. El tercer hermano, Martin, el mediano, obtiene su nombre de Martín Lutero), y representa la 'vía media' de la Iglesia de Inglaterra. Los hermanos han heredado tres magníficas capas (símbolos de la práctica religiosa) de parte de su padre ( Dios), y conservan su testamento (la Biblia) para guiarse. "Por mucho que el testamento represente la Biblia y las capas la práctica de la cristiandad, la alegoría tiende a ser una apología por la negación de la Iglesia de Inglaterra a alterar su práctica en concordancia con las demandas puritanas y su continua resistencia a alinearse con la Iglesia Católica". Se trata de una parodia gigantesca sobre la vida religiosa y las Iglesias institucionalizadas, su corrupción y su alejamiento de los principios éticos que deberían informar la práctica en las religiones establecidas, en donde Swift no deja títere con cabeza y su afán ridiculizador alcanza cotas hiperbólicas.

    La explicación que ofrece Swift al título es que el barco del Estado estaba siendo amenazado por una ballena (específicamente, el Leviatán de Thomas Hobbes) y las nuevas sociedades políticas y su sátira pretende ser como una barrica que los marineros del estado (nobles y ministros) pueden arrojar al agua junto a la ballena para distraer la atención de la bestia (aquellos que ponen en duda el estado y su derecho a gobernar).

    En cuanto a "La batalla de los libros", la preocupación alegórica del autor resta potencia vitriólica a su pluma y deja fluir una poco habitual pedantería. Aún así el "Relato completo y verídico de la batalla librada el viernes último entre los libros antiguos y los libros modernos en le Biblioteca de Saint-James", merece una lectura atenta, aunque estorben la innumerables citas eruditas del autor. Es una toma de partido de Swift a favor de sir William Temple en un debate público sobre la disputa entre el saber antiguo y el moderno. La replica de sir W.W. Wotton, en contra de los autores clásicos provoca esa "Batalla" que Swift escribió para criticar la postura de Wotton y, en el fondo, la existencia de la polémica.

    En resumen y cito: "El Cuento de una barrica es una sátira eufórica. La complejidad casi insolente de su juego intelectual hace de ella la obra más difícil de la sátira swiftiana. Sin embargo es la más divertida, tan festivamente inventiva, tan estridente en su humor que resulta imposible leerla sin reírse". Es tan provocador como el erasmista "Elogio de la locura", un panfleto desorbitado en defensa y alabanza de la modernidad, o una alegoría religiosa, todas ellas juntas y contadas por un narrador errático creado por Swift a la medida del absurdo erudito y demoledor que es el relato.

    FICHA

    EL CUENTO DE UN TÓNEL.- Jonathan Swift.- Trad. notas y prólogo de Cristóbal Serra.- ed. Cátedra, Letras Universales.-Páginas: 368.-Precio: 14,45 €.-ISBN: 978-84-376-1852-4 .

     

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    18 agosto 2018 6 18 /08 /agosto /2018 07:51

    ¿Es una novela? ¿Un ensayo histórico?¿Una ficción filosófica? ¿Una narración ética sobre la sobrecogedora crueldad indiferente del capital en una época indeciblemente nefasta, la eclosión del nazismo? ¿Una reflexión lúcida y desengañada sobre la maldad humana? ¿O sobre la estupidez de las masas?¿O sobre la perversión inaudita de la política confabulada con el mundo financiero?¿O sobre la criminal indiferencia del mundo ante las catástrofes políticas que destruyen personas y países, mientras no les salpique a ellos, el resto de la mal llamada "comunidad" de naciones?

    Pues bien este libro es un poco la suma de todo lo anterior. Su autor, Eric  Vuillard, se llevó el Premio Goncourt el pasado año y atesora varios premios más por sendas obras que no conozco y por lo tanto de las que no hablaré. Sin embargo "El orden del día", merece, ha merecido mi atenta lectura. Desolada lectura. Escrita en un tono documental en el que, de vez en cuando, el autor no puede evitar algún apunte sarcástico, alguna nota que expresa dolor y desconcierto, una ironía candente para salpimentar los datos y, debajo de todo, una urdimbre de datos y cifras, hechos y documentos que dan contundencia y pegada de documental de denuncia a este libro que abunda en un tema que ya ha sido objeto de bibliotecas enteras de libros y comentarios: el auge y caída del III Reich. Enfocando especialmente una zona de sombras, mantenida cuidadosamente "al margen" de los focos: los poderes fácticos financieros que auparon e hicieron posible el advenimiento de Hitler al poder y el vergonzante mantenimiento de ese horror a través de más de una década, los años más desdichados del desdichado siglo XX.

    Como buen director de escena que parece ser, Vuillard, no hace narrativa, no enjuicia, limita los adjetivos, se permite momentos llenos de efectos dramáticos: como la reunión secreta de los 24 magnates alemanes -Opel, Krupp, Siemens, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta...- con Göring  y con Hitler en el Parlamento alemán, Reichstag, o como la esperpéntica cena del embajador alemán en Inglaterra, el melifluo Ribbentrop, -llevaba su nombramiento de ministro de Exteriores hitleriano en el bolsillo- con el primer ministro inglés Chamberlain (curioso dato: la residencia en Londres de Ribbentrop era propiedad de Chamberlain, es decir este era su casero) la misma noche en que Alemania ha invadido Austria y se ha levantado el telón de la II Guerra Mundial. Pulso dramático y mordaz de un buen novelista.

    Como en un thriller cinematográfico, la acción va pasando por despachos y salones del poder europeo, en un tono algo satírico, como si de un gran guiñol se tratara pero dejando muy claro en cada momento la ruindad histórica de lo que ocurrió aquellos días oscuros. Empezando por  el canciller austriaco, Kurt von Schuschnigg, figura detestable que vivió una pesadilla ante la brutalidad nazi que acabó de un plumazo con su cargo  y, paradójicamente, le logró tras la guerra convertirse  en catedrático de Ciencias Políticas en una universidad norteamericana (ante el irónico asombro de Vuillard, que le dedica unos cuantos pullazos muy bien colocados).l Sin olvidar el paso por el ridículo e insultante Acuerdo de Munich que firmaron juntos Neville Chamberlain, Adolf Hitler, Edouard Daladier y Benito Mussolini, una de las páginas más humillantes de la clase política en toda la historia. O nos muestra, en el capitulo dedicado a Schuschnigg, como en un fundido cinematográfico una escena y un personaje que no parecen coherentes con el resto, un artista anciano llamado Soutter que, enloquecido, en un asilo, pinta con las manos  sobre manteles de papel "repulsivos y terribles monigotes que se agitan en el horizonte de un mundo donde rueda un sol negro" y Vuillard nos desvela la clave de la escena: "el pobre Soutter, en su delirio, tal vez sin saberlo, filma con los dedos la lenta agonía del mundo que le rodea". Es un desdichado visionario que muestra con su arte el oscuro mundo al que darán entrada  los nazis.

    Vuillard, en el fondo, dedica su obra a comentar la ignominia que supone  que la mayoría de aquellos 24 magantes que le dieron el poder y la guerra a Hitler y muchos de los hombres públicos que babearon  servilmente ante la estulticia nazi, no estuvieron presentes en los juicios de Núremberg ni ante ningún tribunal de derechos humanos, sino que siguen al mando de sus megaempresas, ofrecen una imagen de la que se han limpiados los episodios vergonzantes y claman a favor de la democracia y los derechos humanos (la mayoría de esos prohombres sustentaron sus fábricas con mano de obra esclava surgida de los campos de concentración y exterminio de los nazis).

    Ya desde la misma portada, Vuillard, muestra sus cartas: una foto de Gustav von Krupp, el empresario y financiero que construía algunas de sus fábricas cera de los campos de concentración para aprovechar la mano de obra gratis: un hombre maduro de amplia frente y mirada dura y firme, expresión altanera y aristocrática, el poderoso creador del grupo Krupp AG, la compañía que desde hace décadas lidera en Alemania la producción de acero, armamento y maquinaría agrícola pesada. Ya que, ironiza el autor, “las empresas no mueren como los hombres. Son cuerpos místicos que no perecen jamás”.

    El autor acaba avisándonos a todos que la historia está pendiente, que aquellos 24 hombres -símbolo del poder financiero que en cada época toma una forma distinta pero siempre persigue lo mismo con métodos diferentes- siguen y aumentan sus activos, su poder en la sombra, su inclemente indiferencia ante los ciudadanos de "a pie". "No pensemos que todo esto pertenece a un lejano pasado. No son...monstruos antidiluvianos, criaturas dela miseria de  los años cincuenta. Estos nombres -los de las empresas- siguen existiendo. Poseen inmensas  fortunas. Sus sociedades se han fusionado y forman todopoderosos conglomerados..." Y remata  el libro con estas palabras, "Nunca se cae dos veces en el mismo abismo. Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y pavor." Deberíamos tomar nota del mensaje en la sombra de esta novela, una sombra inquietante que planea sobre el siglo XXI y sobre nuestras cabezas. Las de todos.

    FICHA

    EL ORDEN DEL DIA.- Eric Vuillard.- Trad. Javier Albiñana.-141 págs. Tusquets Editores.- 17 euros.- ISBN 9788490665077

     


     


     
     
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    15 agosto 2018 3 15 /08 /agosto /2018 08:50

    Lo mejor de este libro de mediana calidad literaria pero alto valor documental es el estilo desenfadado, calmado, irónico y bondadoso que la Pámies usa para contarnos su periplo aragonés junto a su marido en una época en que ser comunista ya no era un peligro personal en una sociedad represiva. Se ha producido el cambio (lento pero evidente) político y socioeconómico y la pareja de sexagenarios pasean su perspicacia y sus limitaciones físicas relativas por unas tierras que ya el paso del tiempo ha hecho casi irreconocibles, al menos en su aspecto humano, social y  paisajístico, aunque las montañas están ahí y esas a partir de cierta altura ya no cambian de aspecto (aunque muchas tengas las cimas holladas por instalaciones de esquí, qué le vamos a hacer).

    Teresa Pàmies nació de Balaguer en 1919 y murió el 13 de marzo de 2012 en Granada, en casa de uno de sus hijos, a los 92 años de edad, tras una larga vida repleta de vivencias dramáticas. Durante la Guerra Civil española fue dirigente de la rama juvenil del PSUC, partido del que entre 1965 y 1981 fue secretario general su marido, Gregorio López Raymundo, aragonés de nacimiento, de la localidad zaragozana de Tauste. Tras la contienda,  que llevó al exilio al matrimonio con singladuras en Francia, República Dominicana, Cuba, México y Checoslovaquia, hasta 1971. En esa fecha se permitió a la Pàmies regresar al país para  recibir el Premio Josep Pla por su primera novela, Testament a Praga, que había escrito conjuntamente con su padre. Más de treinta libros publicó esta mujer, Premio de honor de las Letras Catalanas. 

    Este libro fue escrito a partir  de unas vacaciones que, en 1978, la escritora y su marido pasaron en un pueblo pirenaico de Huesca, Broto. Pamies nos relata las excursiones que hicieron a pie y en coche por los bellos y arcaicos entonces alrededores de Broto y otros lugares emblemáticos del Pirineo aragonés como San Juan de la Peña, Ordesa, Bujaruelo, Panticosa o Jaca. Para un lector de hoy, las descripciones y observaciones de la Pámies  tienen un valor nostálgico considerable y uno capta la agudeza de la escritora cuando critica el incipiente urbanismo que comenzaba a desfigurar unos entornos naturales magníficos (ignoro si la escritora volvió  antes de su fallecimiento por los lugares que conoció, espero que no, en algunos aspectos los cambios han sido lamentables).
    Resulta interesante las reacciones de malestar y asombro de la Pàmies ante las pintadas contra Cataluña que ya entonces (1978) proliferaban incluso, en lugares tan apartados como Broto y el Pirineo. Eso desdichadamente no ha cambiado. Hoy se ha multiplicado en las dos direcciones. Contra Catauña y a favor, contra España y a favor. Lamentable.
    "Calzados con alpargatas y apuntalados en improvisados cayados" la pareja de sexagenarios se extasía ante los bellos panoramas de esos lugares:  “Entre escarpadas montañas se extendía un conjunto armonioso de casas bajas con tejados de pizarra o de losa. El espumoso río azulaba entre huertos y abedules. La visión era ya una promesa de buenas vacaciones, las que yo necesitaba al rondar los sesenta años, caminando por la vida con un hombre que ya los había superado y que, por cierto, es hijo de Aragón”.
     
    La primera excursión les lleva en caminata esforzada hasta Torla por un viejo camino. Otros días conocerán la ermita de Morillo, la cascada del Sorrosal o a loas aldeas de Sarvisé y Oto. Se establecen relaciones con gente del pueblo, entre ellos mosén Estanislao, el párroco, que les hace asistir a una comida "de autoridades" entre ellas el obispo de la diócesis en visita pastoral al lugar, algo curioso y positivo en aquella época dada la filiación comunista de la pareja (algo que no era bien aceptado por otros comensales).
     
    Teresa aprovecha a menudo para consignar sus lecturas vacacionales, desde El aragonés: identidad y problemática de una lengua, (cosa que indica el talante de la Pàmies que opinaba que “los catalanes somos muy ignorantes de las realidades de otros pueblos de España y nos quejamos de que ellos ignoren la nuestra” hasta dos novelas "mediocres" de Simenon, una de Corin Tellado, Papini, el "Novenari d'animes" de Oriol Pi de Cabanyes, Agatha Christie, "Els darrers diez" de Rovira Virgili (decepcionante), el Joan Fuster de "Contra el noucentisme"...
     
    Cuando regresan a Barcelona. la pareja visita Boltaña, Aínsa, Graus y Monzón. En esta última ciudad, sofocada por el calor, Teresa no puede evitar la nostalgia del pasado reciente: " Sentí nostalgia de la hierba fragante, alfombra de nuestras siestas a la orilla  del Ara...una especie de pánico me asaltó de repente, como el zarpazo del cansancio y abatimiento que genera la gran urbe que me esperaba"
     
    FICHA
    VACACIONES ARAGONESAS.- Teresa Pàmies.- TRad. del catalán de la autora.- Prólogo de Sergi Pàmies.- 250 págs.-Ed. Xordica.- ISBN 9788416461219
     
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    17 julio 2018 2 17 /07 /julio /2018 08:22

    Leer la introducción de Jordi Ibáñez a este libro da una idea aproximada, aunque sorprendente, del estado complejo y trabajoso de la recopilación de los escritos salvados del gran pensador alemán, que se suicidó en Port Bou durante la segunda guerra mundial debido a un cúmulo desdichado de malentendidos y graves temores de Benjamín (que temía como tantos otros intelectuales judíos de la época caer en manos de la Gestapo: recuerden el caso también  lamentable de Stefan Zweig que hemos comentado en estas pàginas  en varias ocasiones). Ibáñez Fanés es uno de los prologuistas escogidos, el profesor de la Pompeu Fabra ha escrito un texto para acompañar las traducciones (“revisadas y anotadas”) hechas entre 1971 y 1975 por Jesús Aguirre (histórico director editorial de Taurus) y por Roberto Blatt en 1991.

    En todo caso y salvando el aparente caos de los textos recopilados cabe esperar según los estudiosos de la obra de Benjamín que la presente antología (primera que se publica en nuestro país) recoja los textos fundamentales que fueron saliendo a través de los años en cuatro volúmenes de "Iluminaciones" y un par de los "Discursos interrumpidos". El libro que Taurus nos ofrece tiene el interés enorme de dar a conocer a uno de los críticos culturales "más originales e indispensables del siglo XX". Quizá uno de los pensadores más urbanitas que han existido, con su fascinanción por las grandes ciudades (especialmente Paris) y el papel del artista que se se convierte en un "flaneur" (paseante sin puntos de llegada) como Baudelaire y alimenta su creatividad con la fugaz y continuamente cambiante ciudad, en una dialéctica marxista donde las calles, los pasajes, la arquitectura entren en relación con la revolución humana que levanta adoquines o construye barricadas.

    Conocer las reflexiones que el inteligente y minucioso pensador -un experto bobliófilo, especializado en libros infantiles-  realiza sobre figuras como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Franz Kafka o Bertold Brecht y sus respectivas obras, es un alimento intelectual de primer orden, sin duda. A Baudelaire le interpreta en clave política y lo considera como "el poeta destructor de la banalidad de la vida moderna capitalista". Sorprende en el desarrollo del pensamiento crítico de Benjamín las páginas lúcidas que dedica a la traducción como forma y estilo literario. Y dentro de su adscripción al momento técnicamente revolucionario que ya anunciaba sus adelantos, la hipótesis crítica que vincula las facilidades de reproducción de las obras de arte con la esencia de su valor como tal  y el cambio que supone frante al observador el hecho de la fácil adquisibilidad de una copia técnicamente perfecta. Para ello, Benjamín, nos habla de una acuarela, "Angelus novus" (comprada por el pensador en 1920) como símbolo emblemático de su manera de percibir el arte como algo irrepetible.Para Benjamin el arte es contemplado desde una perspectiva materialista pero también espiritual y trascendente: el arte en como una lanzadera simbólica que sirve de puente con el pasado. Pero ese símbolo está en transición en el siglo XX ya que  la reproductibilidad técnica ocupa un lugar propio de los procedimientos artísticos y a consecuencia de ello se está transformando la percepción estética y amentado exponencialmente el poder de la imagen en sí. Frente a esto (la fotografía) hay algo que se mantiene irreductible, el aura de la obra de arte que procede del pasado y la tradición. Y ese aura produce la  fascinación del observador y justifica el valor único de la obra. 

    El estilo de Benjamín, complejo, lleno de vueltas y revueltas persiguiendo la claridad de la idea expuesta, en unos textos de exigente lucidez, es lo que suele reivindicar el carácter sagrado del lenguaje- es un desafío para cualquier traductor. Como Wittgenstein es aficionado a un estilo cuajado de citas (ver su "Libro de los Pasajes") creando una especie de mosaico de textos. Un escritor tan pulcro y puntilloso como Coetzee escribió al respecto: "Su método característico, ­entrar en un tema en ángulo, avanzar paso a paso de una recapitulación perfectamente lograda a la siguiente­ es tan instantáneamente reconocible como inimitable, ya que requiere un agudo intelecto, un aprendizaje ligeramente gastado, y un estilo de prosa que, una vez que dejó de pensar en sí mismo como el doctor Benjamin, se convirtió en una maravilla de precisión y concisión." Absolutamente de acuerdo incluso en la indirecta a la pedantería intelectual de Benjamín que proclama en 1934, en plena persecución nazi de los artistas no afectos a Hitler que los artistas son "los nuevos rebeldes de la historia" y se se autoproclama portavoz de la "vanguardia artística más radical", ya que "el siglo XX y la guerra ha borrado la capacidad de narrar, se presciende del pasado y se alimenta una nueva forma de barbarie".

    En ese contexto aún es posible la "iluminación". No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como unempobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sesibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos).

    FICHA

    ILUMINACIONES.- Walter Benjamin.- Traducción: Roberto Blatt y Jesús Aguirre.- Ed. Taurus.-Clásicos Radicales.- 480 páginas, 19,90 euros.ISBN 978-84-306-1938-2

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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    10 julio 2018 2 10 /07 /julio /2018 07:01

    Una acomodada familia judía de artistas e intelectuales (con dos hijas pequeñas), el dramaturgo alemán Carl Zuckmayer (autor entre muchas otras obras célebres en su tiempo del guión cinematográfico de "El ángel azul", protagonizado por Marlene Dietrich) y la actriz austriaca Alice Herdan (fallecida a los noventa años en 1991), se ven obligados a expatriarse de Alemania con llegada de los nazis al poder. Dejan atrás una posición desahogada y un círculo de amigos tales como Bertolt Brecht, Alma Mahler o Stefan Zweig. Ni Austria ni Suiza les dan suficientes garantías de supervivencia y dan el salto del Atlántico y el salto a una vida enteramente distinta. Se van a una granja montañesa en el estado de Vermont (Estados Unidos), situada en un paraje de las Green Mountains, donde la nieve los aislaba durante seis meses al año.

    Más que un relato novelesco y de aventuras de supervivencia en la Naturaleza, este libro es un testimonio, sin pretensiones literarias, pero auténtico y emocionante, que nos narra la vida de dos artistas e intelectuales que pasan del bullicio y el resplandor de los cabarets y los cenáculos literarios berlineses a ganarse, en el sentido más real de la palabra,  la vida criando patos, gansos, cabras, cerdos y gallinas, arando el campo y cuidando el huerto y vendiendo o trocando  a sus vecinos los productos naturales. En un libro de metanoia (transformación interior) de dos personas llenas de valor, fortaleza, inventiva y sentido profundo de la ética de la vida y el trabajo. Para mayor goce del lector, la autora es un ejemplo de sentido común, humor, sentido del sacrificio, humildad y ausencia total de rencor o autocompasión.

    Entre párrafos de amor a la naturaleza, las montañas, el trabajo exigente, el contacto con los animales, surge de vez en cuando la referencia a los apuros, los obstáculos, los errores cometidos en la gestión de sus vidas en ese entorno absolutamente nuevo para ambos. Y ahí es donde surge la entereza y la saludable solidez de espíritu y carácter de Alice y su humor estoico sin dejarse tentar por la fácil nostalgia o la amargura y el odio hacia los que provocaron el dramático cambio.

    Como escribe Alice : “La granja es a la vez un refugio literal y un refugio metafórico, donde la locura y la brutalidad de un mundo trastornado no pueden tocarnos, porque estamos lejos de todo, dependemos de nosotros mismos y estamos profundamente comprometidos con nuestras responsabilidades. Nuestro trabajo es nuestro tesoro, el paisaje es nuestro hogar”. Y su marido comienza el libro con un poema dedicado a la granja: "El altos prados, pero de bosques rodeada/ te mantienes firme a pesar del viento y la lluvia/ como si estuvieras encadenada al cielo./Me diste en América, un hogar./ Con manos laceradas aprendí a cuidarte/tu chimenea cargué con leña vieja/Y mientras la luna crecía y menguaba/ viví en paz con los animales, la primavera y el árbol..."

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    28 junio 2018 4 28 /06 /junio /2018 09:10

    Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

    "El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

    El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

    En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

    La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

    Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

    Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

    No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

    Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

    FICHA

    EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

     

     


     

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