Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
20 mayo 2020 3 20 /05 /mayo /2020 09:05

¿HACIA UN NUEVO PARADIGMA GLOBAL?

 

El poeta inglés T.S. Eliot , en su obra "Cuatro cuartetos", publicada entre la guerra civil española y la II Guerra Mundial, nos ofrece una visión  de la condición humana a través de la naturaleza del tiempo y la forma como el poeta lo trasciende a tenor de elementos históricos, teológicos, filosóficos o físicos. "Lo que llamamos principio es a menudo el fin/ y llegar al final es llegar al comienzo/ El fin es el lugar desde donde partimos". He recordado este poema  mientras reflexionaba sobre el desafío global que supone el Covid y la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un nuevo paradigma, un paradigma diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la Ilustración, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la salvaje y violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que estaba dispuesto a comenzar y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Su versos citados nos son tan cercanos porque, sin duda, estamos viviendo un temor reverencial y una inseguridad  semejantes, provocadas por la catástrofe, de sus posible recidivas y de los  efectos demoledores en la economía mundial, que también nos conmueve y nos preocupa de forma angustiosa.

Podríamos estar viviendo el fin de una época, un apocalipsis vírico que cuestiona todos nuestros esquemas, las formas o estilos de vida, las vigentes estructuras relacionales, económicas, sociales...que parecen deteriorarse unánimemente. Al mismo tiempo que lo hacen las del poder político y de codicia económica que están siendo superadas por el desafío que nos plantea el Covid. El virus ha colocado un huevo de serpiente en el centro de nuestra orgullosa, prepotente y arrogante civilización no igualitaria, no solidaria, egoísta, derrochadora de  recursos y rapaz con un planeta ya esquilmado que comienza a desequilibrarse.

El concepto de paradigma de Thomas Kuhn se refería al conjunto de compromisos que comparte la comunidad científica respecto a teorías, conceptos ontológicos, sistemas de creencias y modelos de soluciones de problemas). Más tarde se amplió el significado y le damos la extensión global de una cultura hegemónica determinada, la del capitalismo liberal patrocinado por occidente, un modelo aceptado por el resto del mundo, al menos en sus aspectos económicos y sociales. Este es el escenario que está desvirtuando el Covid. Se trata de un  "universo de discurso" como diría Wittgenstein, que está amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia..

La cuestión más enigmática que nos plantea ese cambio de paradigma es la respuesta que vamos a darle como especie. Las dos opciones más lógicas a tenor con lo que conocemos de la naturaleza humana y de su historia pasan más o menos, a) por un rechazo a la exigencia de cambio total y un suicida intento de imponer a la Naturaleza la defensa de los intereses más espurios o bastardos. O b) tras una revolución de los más capaces e informados, al margen de ideologías o intereses egoístas, tratar de ajustar la existencia humana a las directrices de supervivencia que imponen las circunstancias, utilizando para ellos las nuevas tecnologías y promoviendo una distinta manera de concebir el trabajo, las relaciones humanas, la producción de alimentos, el acceso respetuoso a los recursos, el respeto al medio ambiente, el control de la contaminación...en suma un cambio sistémico que nos lleve a colaborar globalmente respetando los tres elementos variables de la ecuación, el orden. la seguridad y la libertad. Y aceptando que el cuarto elemento, el hombre, la incógnita operativa, es el que tiene en su mano la llave de un futuro viable.

Sin embargo, los  detentores de los poderes políticos y económicos, cuyo instinto básico es la permanencia en él y los beneficios financieros por encima de cualquier otro valor, es una variable histórica con la que hay que contar y que hace casi imposible la segunda y más viable opción. Pero ni ellos podrán evitar que esta inclemente excepcionalidad de la pandemia levante el velo de supuesta normalidad que ocultaba una existencia sin ideales, materialista, consumista hasta el derroche, agobiante, histérica, deshumanizada en conceptos como el trabajo, las relaciones humanas, la violencia urbana, las explotaciones, los abusos, la miseria, la cada vez más profunda brecha entre unos pocos  ricos y una mayoría de pobres en decadente gradación hasta la inanición, las caravanas interminables de refugiados, las guerras genocidas, la destrucción del medio ambiente y la pérdida de sentido de una humanidad instalada en el Tener y olvidada del Ser. Y eso crea una dinámica de regreso a las opciones: la historia nos enseña que ese tipo de estadios de crueldad y abuso llevan a la revolución, la violencia y el caos. Y volver a empezar... 

Solo que en esta ocasión podría no haber esa nueva oportunidad...ya que esta con el tiempo nos volvería a llevar al mismo punto  o uno parecido, la teoría de la fatal reincidencia en sus errores del animal humano. La piedra de Sísifo era la metáfora simbólica de un hombre condenado a subir una piedra enorme que luego volvía a caer y el hombre arrastrar hasta la cima. Una interpretación más coherente con esta situación  es que la supuesta piedra es el ser humano,  al que la dinámica histórica conduce una y otra vez a la cumbre con mucho esfuerzo y una vez allí,  el hombre se deja resbalar hasta el fondo atraído por el abismo. Freud  sostenía que las dos fuerzas de la vida son Eros, el amor y Tánatos, la muerte. Parece que, según la historia de la condición humana, Tánatos, el abismo, prevalece sobre el amor.

Eliot nos invita en otro de sus poemas del libro citado a optar por la segunda vía: "De prisa, aquí, ahora, siempre/ una condición de sencillez absoluta/ (cuyo precio es nada menos que todo)/ y todo irá bien/ y toda clase de cosas saldrá bien". Y si no logramos consensuar la vía de la cooperación, otros versos de Eliot, igualmente proféticos, nos son aplicables: "La Palabra en el desierto/ es atacada sobre todo por voces de tentación/la Sombra que solloza en la danza fúnebre/ el sonoro lamento de la Quimera desolada". 

(Publicado en Heraldo de Aragón el 19052020)

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
17 mayo 2020 7 17 /05 /mayo /2020 09:32

La aparición, no por inesperada menos inevitable, de la pandemia vírica, un desastre anunciado como la muerte del personaje de García Márquez, ha constituido una piedra de toque para evaluar el valor genuino de la política y los políticos de los países afectados trágicamente por el  COVID. Con muy pocas excepciones, ni la política ni los políticos han dado la "ley" de su valor. Como en el costumbrismo popular, las monedas de presunto oro de la gestión pandémica han resultado ser de plomo al chocar contra la oscura piedra de toque. Si aplicamos a esta situación lo que en filosofía se llama "pensar", es decir, colocarse ante lo real desde la desnudez de prejuicios, indagar en la verdad que se esconde bajo la cortina de datos y de bulos más o menos dirigidos, buscar las líneas de fuga que los hechos desnudos muestran como si fueran problemas inevitables e "inocentes" de la culpabilidad de una mala gestión y, esencialmente, buscar remedios antes que excusas. No como los populistas, tipo Trump o Bolsonaro,  que proponen soluciones fáciles (incluso mágicas) para problemas complejos. Un ejercicio tal nos muestra que la mano invisible del estado y la economía neoliberal de los últimos cuarenta años -no sin la complicidad indirecta de los ciudadanos de la sociedad de consumo irrefrenable e irresponsable- ha provocado de este escenario trágico y que cuando llegan las malas hay que acudir a las antítesis de lo que nos ha sobrado: ante la masificación, reducción de contactos; ante la globalización viajera, cierre sanitario de fronteras; ante el negacionismo, test masivos; ante los bulos, claridad y transparencia informativa; ante la escasez sanitaria, tomar nota del error de recortes y privatizaciones y primar la salud sobre el negocio... y así seguiríamos.

Y sin embargo, en estos últimos días está circulando la constatación de un hecho de alcance internacional que está soliviantando a unos, asombrando a otros y confirmando a algunos de algo que ya se discutía "soto voce" entre los observadores políticos. Digamos que el dato fáctico es el siguiente: de los casi doscientos países que hay en el mundo, sólo diez están dirigidos políticamente por mujeres (entre ellas ninguna dictadora o populista mesiánica, dato relevante). Entre los pocos países que mejor y más pronto han sabido gestionar la crisis, lo cual ha redundado en menor número de contagios y un número llamativamente bajo de fallecimientos, están comandados por mujeres. ¿Tendrá algo que ver la testosterona en este curioso evento?, se preguntan los más irónicos observadores. Científicamente no se puede, por el momento, demostrar la hipótesis de que la testosterona, la hormona  masculina responsable de determinados rasgos secundarios masculinos, fuerza, agresividad, obcecación por la supervivencia y la preponderancia (sexual o comunitaria) cree diferencias manifiestas en el tipo de gobierno según que el líder sea un hombre o una mujer. Lo cierto es que cualidades como flexibilidad, asertividad  (pero no "por mis c..."), formación, sensibilidad a los problemas humanos, compasión, previsión, eficiencia, percepción de los "pequeños detalles" (no en vano rigen ancestralmente los hogares) tendencia a compartir, camaradería, facultad de diálogo...no son exclusivamente femeninas, pero...

Ángela Merkel (Alemania), Jacinda Ardens (Nueva Zelanda), Katrin Jakobosdottir (Islandia), Nicola Sturgeon (Escocia), Tsail Igwen (Taiwan), Erna Soldberg (Noruega), Sanna Marin (Finlandia), Mette Fredericsen (Dinamarca) son las responsables de las mejores y más eficaces políticas de reacción ante la pandemia, la mayoría aglutinando a las diferentes fuerzas políticas de sus países y con una información a sus poblaciones traNsparente, veraz , empática y co-responsable. Tanto en la preparación de hospitales, acceso y distribución general de elementos sanitarios de primera necesidad, realizando test masivos, deteniendo la entrada de aviones y turismo. Y todo ello en las dos semanas posteriores a la declaración china de la epidemia. Y con planteamientos audaces y sumamente racionales, como las dirigentes danesa y noruega que han dado ruedas de prensa a los niños usando los medios digitales para informarles de lo que ocurría y pedirles su cooperación. o las explicaciones públicas continuas y claras de una Merkel, de profesión civil física cuántica, que se convertían en virales en la Red alemana. Las diferencias de morbilidad pandémica entre estos países y los del sur de Europa (excluyendo al modélico Portugal cuyo primer ministro Antonio Costa ha realizado una gestión irreprochable auxiliado por una oposición irreprochable, ¿aprenderemos alguna vez de nuestros hermanos de península?), Norteamérica, Rusia o demasiados países sudamericanos y del este europeo (Polonia y Hungría como ejemplos escandalosos) están mostrando la cara más covidiota del planeta. ¿Será verdad lo que dice Joseph Roth sobre "la abundancia lamentable en el mundo de dos tipos de personas, los malvados y los estúpidos"?

No insistiré sobre esa superioridad femenina en la gobernanza ( y en otros ámbitos de acción social, económica, universitaria o familiar). Me faltan estudios científicos que lo demuestren. Sólo utilizo el sentido común y un empirismo al alcance de cualquiera que quiera informarse. Pero estoy convencido que los casos, conocidos por todos en este país, de señoras cuyos comportamientos públicos son, como mínimo, cuestionables ética y políticamente, responden más al "contagio" de la testosterona con la que los hombres políticos suelen dirimir sus asuntos que a sus cualidades genuinas. ¿Optimismo utópico? Tal vez sí...o quizá no.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
15 mayo 2020 5 15 /05 /mayo /2020 08:58

 

Oímos y leemos: aquí no pasa nada; lo peor ha pasado; ahora la economía es la prioridad. ¿Nada? Más de cuatro millones de casos de una pandemia avisada, con cerca de 300.000 muertos; con un ritmo de contagios y muertes que baja en Europa (aunque no en los EE.UU. de Trump); Pero eso sí, las víctimas arrasan entre la población más pobre y necesitada, en personas mayores y en comunidades minoritarias de negros o hispanos. El nivel de renta ha sido un factor decisivo: a menor renta más casos. ¿Eso es un consuelo? También exigen que  no se puede perder el turismo del verano: hay que abrir piscinas y playas. Dicen: casi todo el mundo respeta el uso de mascarillas y distancia física (no es cierto). Todo esto pronto será una pesadilla para olvidar, aseguran los “entendidos” de tertulia y café.

Quien tiene mala memoria está condenado a repetir la historia. Pero peor es obrar asumiendo que la realidad debe ser como queremos que sea. Es una reflexión que muchos no hemos dejado de hacer dentro de pequeños círculos de influencia,  se han escrito diarios de confinamiento o charlas por internet, artículos en la prensa… una gota de sentido común en un mar de irresponsabilidad.

Aquí vivimos en un pueblo pequeño, de entorno privilegiado y  se han respetado bastante las normas. Pero estamos integrados en una cultura nacional y global en la que la  tónica habitual ha obedecido a un patrón: estupor inicial, escasa información fidedigna, tardanza en reaccionar, presencia de algunos medios –escasos pero dañinos- de información pública desde el alarmismo a la ignorancia negacionista, politización permanente y de nulo nivel solidario de una gestión que debía ser unánime y no errática… junto a “covidiotas” que ignoraban las normas. Cautela, por favor. Gastar en prevención es más barato que gastar en curación.

Compartir este post
Repost0
11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

Compartir este post
Repost0
20 abril 2020 1 20 /04 /abril /2020 12:30

Me disculparán si en este artículo uso conceptos y términos de economistas. Soy un lego, aunque curioso y motivado, en Teoría Económica. A pesar de ello, en el transcurso, aún en marcha, del proceso destructivo del Covid19 se ha  producido una especie de "gerontocrash", que merece un tratamiento aparte y un análisis sereno pero realista. El término anglosajón "Crash" proviene del economista John Kenneth Galbraith que en 1929 lo tomó para el título de su libro "The Great Crash" que trataba de analizar las causas y consecuencias de la catastrófica caída de la Bolsa de Nueva York y la posterior Gran  Depresión  que afligió al país y se prolongó hasta 1940 contagiándose a todos los países de la órbita de influencia de Estados Unidos, incluida Europa. El crash se define como un movimiento de caída, imprevisible y brusco,  en los mercados. Sin embargo la actual crisis  económica que aún no se ha sustanciado ni es posible delimitarla o ponderarla,  no tiene semejanza alguna ni con la de la mal llamada gripe española de los años 20 del pasado siglo, ni con la de 1929 o la de Lehman Brothers de 2008: no hay precedentes. Se trata de una acción voluntaria de los países a causa de una pandemia vírica que puede diezmar a la población. Y aquí aparece la motivación causal de este escrito: la población diezmada. Y, concretamente, una parte sustancial de ella: la de los ancianos.

Leía en un ensayo de Walter Benjamin una líneas (referidas a otra situación deprimente) que me inspiraron para razonar la congoja que he sentido al analizar el "gerontocrash" que se ha producido por efecto del coronavirus y con la complicidad indirecta de las Administraciones y ciertas empresas privadas encargadas de las llamadas "Residencias de la Tercera Edad", más cercanas a las de la película "Soylent Green" que a las de las series y comedias norteamericanas con abueletes como protagonistas. Decía Benjamin: "La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla usual siempre ha sido semejante al "estado de excepción" en el que ahora vivimos...no está justificado  pensar con asombro que las cosas que estamos viviendo sean 'todavía' posibles en este siglo".

Realmente nos puede asombrar que en pleno siglo XXI  nos hayamos olvidado del respeto y cuidado que merecen nuestros mayores, que sigamos un estilo de vida que los descarta como onerosos y obstáculos del progreso de todas esas familias que no existirían y no tendrían su supuesta vida confortable sin los sacrificios y el trabajo duro de la mayoría de esos abuelos aparcados en las mal llamadas "residencias" . Lugares que más bien son " morideros" en los que ni siquiera como en "Soylent Green" los ancianos descartados morían pacíficamente y sin dolor escuchando la Pastoral de Beethoven con maravillosas secuencias de una Naturaleza verde y fértil como ya no existía en la distopía mostrada en la película, un mundo arrasado por la contaminación global. Ancianos convertidos en galletas nutritivas para calmar el hambre de un mundo donde sólo vivían bien los integrantes de la clase privilegiada, parapetada tras muros de acero y guardia armada.

Dejando aparte las distopías a las que el cine es tan aficionado (eso es un síntoma a considerar) lo cierto es que el Covid19 ha traído a la realidad una cuestión nada baladí: ¿qué diablos está haciendo la sociedad capitalista avanzada con sus ancianos. ¿Sabremos algún día con certeza el número vergonzante de ancianos que ha muerto en esas "residencias" o en cualquier otra parte por efecto del virus y de la dejadez culpable de las administraciones públicas frente al problema y de la codicia inhumana de multinacionales y fondos carroñeros que controlan, al parecer, el 75 % de las plazas para los ancianos en los cinco mil y pico centros que hay en el país, de los cuales solo una minoría siguen bajo control público. Se trata de un mercado floreciente y muy rentable (en 2030 más de 15 millones de españoles tendrán más de sesenta años)  regido en forma de precarización de empleos de cuidadores, escasez de medios y sueldos mínimos para dedicaciones completas. ¿Se asombran de la  hecatombre que se ha producido en esos morideros en los que, a día de hoy, todavía faltan medios y cuidadores? En España, como mínimo uno de cada 3 fallecidos por el virus habitaba en una residencia (datos sin confirmar, que irá al alza). Ya sabemos que una residencia no es un hospital. Pero tampoco un aparcamiento de viejos sin control sanitario y expuestos a la mayor virulencia del Covid, primero por estar desatendidos y segundo por ser personas mayores. Como decía Benjamín "es la tradición de los oprimidos". ¿Debería asombrarnos que eso ocurra en el siglo XXI? Decididamente, sí. Bélgica y Holanda sostenían que "sería un error tratar de salvar a ancianos a cualquier precio" y Trump ha dejado caer que es un alivio saber que el virus se ceba en las personas mayores. Podría meditar un poco (él no es precisamente joven) en la frase de Canetti: "Es en la vejez donde esperanza y desesperación juegan su última partida". Los ancianos del mundo la han perdido.

Alguien mencionaba el "genocidio geriátrico" que esta pandemia ha causado indirectamente y el poder económico y político han promovido, por dejadez o codicia, de forma directa. No tengo cifras fiables (no suelo fiarme de los big data o las estadísticas oficiales. Pero a toda una generación se nos debería caer la cara de vergüenza por haber permitido un tan nefasto y miserable  final para esos miles y miles de ancianos muertos de manera miserable, que protagonizaron el cambio económico y social de los 60 a los 90.  Desde el señor Aznar hasta Rajoy o la descafeinada ley de dependencia de Zapatero o la aquiescencia de Sánchez, en suma  toda la clase política que ha gobernado este país desde que comenzaron los recortes a la Sanidad, la enseñanza, las ayudas a la Tercera Edad y no rectificaron en tiempos de bonanza. Está siendo un sangrante ejemplo de gestión mal realizada, carencias estructurales y falta de control político de la privatización carroñera predominante. Como escribe el economista David Harvey, "Cuarenta años de neoliberalismo en el occidente democrático (Estados Unidos, toda Europa, parte de Sudamérica) han dejado el sector público totalmente expuesto y sin preparación y medios para enfrentarse a una crisis de salud pública y económica como esta pandemia".

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

Compartir este post
Repost0
19 abril 2020 7 19 /04 /abril /2020 07:40

 Todo el mundo miente, es el provocador título que el profesor Seth Stephens ha dado a su libro, elaborado tras su experiencia como analista de datos de Google, licenciado en Filosofía por la Universidad de Stanford y en Economía por Harvard. En estos momentos en los que los big data se han convertido en uno de los recursos más utilizados (y más manipulados) de las redes sociales e informativas, leer el magnífico libro de Stephens es un aporte extraordinario de sano escepticismo y de habilidad interpretativa de los datos que nos atosigan sin cesar por todos los medios habidos y por haber. 

Interpretar los datos y tomar las medidas más logicas y adecuadas sin seguir fielmente la supuesta tendencia que nos marcan las cifras y estadísticas es uno de los "secretos" que nos enseña el autor. Para polítifcos y policías o ejército la utilidad es evidente. Por ejemplo, respecto a los atentados islamofóbicos nos cuenta: supongamos  una ciudad de un millón de habitantes  que cuente con una mezquita, las probabilidades de que alguien que NO introduce en el buscador de su ordenador “matar musulmanes” ataque esa mezquita son de 1 entre 100.000.000. En cambio, las de quienes SÍ introducen en el buscador “matar musulmanes” son de 1 entre 10.000. Supongamos ahora que la islamofobia se dispara y que las búsquedas de “matar musulmanes” pasan de 100 a 1.000. La respuesta adecuada, dice Stephens-Davidowitz, no sería detener a los individuos que efectúan la consulta, sino extremar la protección de la mezquita local, dado que hay más individuos con probabilidad de atacarla". 

Esto correlaciona con algo que ya es de dominio común desde hace años: la interrelación con los medios digitales van dejando una serie de rastros que configuran una suerte de retratos-robot de nuestra personalidad, nuestros deseos, motivaciones, carencias y rechazos que constituyen un material psicológico de enorme potencial en aspectos tales como el perfil consumista, político, social o sexual. Esos datos están en poder de las grandes empresas que controlan los servidores y las páginas de servicios más populares de Google, Facebook, Instagram o WhatsUp. Parece que está comprobado el papel decisivo que tuvo la manipulación de datos personales en las últimas elecciones norteamericanas que llevaron al poder a uno de los peores políticos del momento.  Ni Orwell con su "1984" llegó a imaginar el poder predictivo y manipulativo de contar con una base de datos con cientos de millones de usuarios en todo el planeta, aunque también hay que contar con los efectos benéficos que puede tener bien empleados: una prueba de oro sería aplicarlo a la detección y tratamiento de la actual pandemia, sin vulnerar, por supuesto, la intimidad de las personas y reduciendo su aplicación al área sanitaria. Esos datos están disponible desde la realidad cotidiana, de una forma no invasiva que las personas ofrecen si ningún tipo de cuidado o reticencia. Desde el ordenador de su casa usted y los demás usuarios del mundo regalan trillones de datos de impresionante valor combinatorio.

Y esos son datos honestos, no los recaban las encuestas de las agencias estadísticas, en las que -está demostrado- todo el mundo miente, desde la frecuencia de sus relaciones sexuales, sus hábitos de vida y salud: la gente fantasea, da respuestas sobre lo que quisieran ser, no sobre lo que son. Queremos dar una imagen sobrevalorada, presumimos de lo que no tenemos (cultura, atractivo, conocimientos, poder). La cuestión está, según nuestro autor, en que los Big Data van a terminar con esas mentiras y fantasías. Los macrodatos van a derruir muchos supuestos y convenciones que los humanos tienen sobre sí mismos, por encima de las mentiras que contamos a los demás y, más perturbador aún, las que nos contamos a nosotros mismos.

El autor no puede evitar cierta arrogancia cuando, por ejemplo, asegura que muchas de las teorías de Freud sobre los errores del inconsciente (en su obra "Psicopatología de la vida cotidiana"), los "lapsus linguae", son falsas y él puede demostrarlo. Así nos dice que cuando un sujeto se mete en un motor de búsqueda  y teclea "penicuro" o "sexuridad" no está mostrando sus deseos inconscientes, sino que son "lapsus de dedos" que todo el mundo comete y con mucha frecuencia. Y para terminar de "convencernos" asegura que si un mono tecleara en una máquina aleatoriamente el suficiente número de veces acabaría escribiendo "ser o no ser, esa es la cuestión...". De ahí a Pierre Menard, autor del Quijote solo hay un paso. Un poco desorbitado. Aunque para equilibrar a los lectores algo indignados, Stephens asegura que Freud sí tenía razón en la fijación sexual en la infancia que puede llevar a que haya muchos miles de adultos que buscan en la red material porno que trate sobre relaciones sexuales "con mamá".

Bien, están avisados. Es un libro interesante, inflado de datos como es de esperar, buenas conclusiones, algunas no tan buenas y sumamente perturbador sobre las mentes y los deseos, carencias, represiones y odios ocultos en la mente de las personas y expuestas en el escaparate de internet ante los ojos de los especialistas ...y de los que comercian con esos datos.

FICHA

TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens Davidowitz.-Trad. Martin Schifino.-  287 págs. Ed. Capitán Swing.






 
Compartir este post
Repost0
30 marzo 2020 1 30 /03 /marzo /2020 09:30

El maestro George Steiner (nacido en Paris en 1929 y fallecido en 3 de febrero de este año, con 91 años) fue uno de los pensadores más lúcidos y complejos  del siglo XX. Tras leer la mayoría de sus libros, desde la aparición de "Lenguaje y silencio" publicado por Gedisa  el año 82 y del que aún conservo el ejemplar que me envió la editorial para su reseña, profusamente subrayado, se convirtió a través de los años en un compañero sugestivo y sugerente, del que envidiaba y admiraba la consistencia intelectual y su irónica osadía en manifestar opiniones que le convertían en un incómodo crítico que no admitía componendas. Filósofo contestatario en todo momento, autor incansable, figura discutida e impertinente en Princeton, Stanford, Ginebra o Cambridge. Steiner era hijo de judíos vieneses refugiados del nazismo en París y luego en  Nueva York . Llama la atención su curiosa y combativa  no-práctica del judaísmo que resulta muy fastidiosa para la comunidad judía mundial y para el estado de Israel  en particular, rechazo que le convierte en una figura tan controvertida para el judaísmo como Spinoza o, en el otro extremo, como Woody Allen  o Einstein .  Más irónico que humorista, define al judío como un hombre que lee los libros con un lápiz en la mano porque piensa que los puede escribir mejor. En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades donde se resaltaba su talante polémico y su defensa de lo universal y global contra los nacionalismos y las fronteras; no en vano es un políglota que domina inglés, francés, alemán e italiano, conoce el castellano y el portugués, sin contar las "lenguas muertas" (tan rabiosamente vivas en la cultura occidental, el latín y el griego). Pero, curiosamente, no hablaba hebreo y en Israel se comunicaba en inglés o en sefardí. Steiner era además un comentarista crítico, a veces provocativo o sarcástico, hacia la política, la economía o el futuro planetario, el cometido de la ciencia y el declinar de la razón, la religión y la democracia.

En su libro “Errata” (El examen de una vida), Steiner analiza algunos episodios de su infancia y juventud, aunque de una manera poco rigurosa y dejándose llevar por las temáticas que desarrollaba, más que por sus implicaciones en las fechas de su vida. Sin embargo son muy reveladores algunos de los comentarios que escribe. Por ejemplo y de cara a su actitud hacia el judaísmo dice (refiriéndose al de su padre): “El orgulloso judaísmo de mi padre estaba, como el de Einstein o del de Freud, teñido de agnosticismo mesiánico. Destilaba racionalidad, promesa de ilustración y tolerancia. Le debía tanto a Voltaire como a Spinoza”. Como ven, se retrata a sí mismo en la figura amada de su padre que le acostumbró a la compañía vitalicia de la Odisea y la Ilíada, influencia, la de los clásicos, que marcaría su carrera intelectual y literaria : “El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo”. “El valor de esa temprana impronta de lo clásico en mi existencia ha sido considerable”.

Ataca, a mi parecer muy consecuentemente, el post estructuralismo y al deconstruccionismo, que alteraron la visión de la teoría literaria a partir de los setenta del pasado siglo. También analiza el papel del traductor y de la traducción, la enseñanza secundaria francesa  (que recibió durante su estancia de adolescente en Nueva York), su amor temprano a Shakespeare y sus “asignaturas pendientes” de esa época: aprender ruso y árabe.

En su libro "Diez razones para la tristeza" nos propone las razones para justificar esa tristeza del pensamiento y con irónica franqueza las pone entre paréntesis, mostrando la base especulativa que le impulsa. Así nos habla de la forzosa necesidad de pensar equiparable a la de respirar ya que no podemos dejar de pensar ni siquiera en sueños. De ahí nace la identidad del ser con el pensar como ya apreció el lejano Parmérides, por el siglo IV aC.  Una de las razones citadas es la incapacidad de aprehender la naturaleza del pensamiento. Otra de las razones de tal tristeza estriba en el lenguaje. la "casa/prisión" del lenguaje, la materia prima del acto de pensar , "en soliloquios de pensamiento oculto o no deseado que recorren sus anárquicos caminos por debajo del habla articulada".

En otro lugar nos habla de su estancia en la Universidad de Chicago a finales de los años 40, con un divertido apunte sobre “los recuerdos de la carne”. Pero más interesante aún es su casual descubrimiento de la vocación de la enseñanza, cuando lee sus interpretaciones sobre el relato de Joyce, “Los muertos” (“Dublineses”) ante sus condiscípulos en su habitación atestada de jóvenes tomando notas: “Fue un descubrimiento fatal. Desde esa noche, las sirenas de la enseñanza y el análisis crítico literario no han cesado de cantar para mí”. Steiner ha ejercido la docencia en Estados Unidos, Inglaterra y Suiza durante más de 50 años. En uno de sus libros sostiene que "la única licencia honrada y demostrable para enseñar es la que se posee en virtud del ejemplo".  Hay tres formas principales, los maestros que destruyen a sus discípulos, los discípulos que traicionan a sus maestros y los maestros que intercambian con sus discípulos el eros de la mutua confianza, una especie de ósmosis en la que el maestro aprende del discípulo como éste de aquél, en un escenario de auténtica y profunda amistad.

De 2011 es el texto "La poesía del pensamiento" (Del helenismo a Celan). En esta obra, Steiner parte de una idea básica: detrás de toda filosofía, sustentando su propuesta de pensamiento y su estructura hay una lírica literaria e incluso una música, una melodía del pensamiento, que parece motivar y mover la cohesión de las ideas. Eso es algo que late en el interior de quienes buscan en la reflexión filosófica una respuesta a los misterios del ser y de la vida. Como ocurre en las matemáticas puras y en la filosofía profunda, en algunos momentos el pensador llega a tener esa sensación melódica, una vibración que recuerda los misterios pitagóricos y las propuestas órficas, como si en el fondo mismo de materias como las citadas, la física cuántica , la astronomía, latiera el ritmo pausado y secreto de lo que se llamaba la "música de las esferas" y que los grandes cerebros de esas materias han calificado a menudo de un curioso misticismo sin religión y sin dioses

En cuanto a la “cuestión judía”,  hace una lectura revolucionaria que le aleja de la comprensión del Estado de Israel: “…la mayor verdad es que el judaísmo sobrevivirá la ruina de Israel. Lo conseguirá si su elección es la de vagar, la de enseñar a los hombres a darse la bienvenida, sin lo cual nos extinguiremos en este pequeño planeta…los conceptos, las ideas no necesitan pasaportes”.

Otros temas de Steiner: su amor a la música, la belleza y el misterio de las lenguas, “la condición de políglota ha sido mi mayor fortuna”, al papel de la ciencia, su instrumentalización y mal uso y las víctimas que produjo a lo largo del siglo XX.

Especialmente evocadoras son las menciones que en varios de sus libros hace Steiner de sus maestros y de los lugares que con su “genios loci” llegaron a constituir referencias personales en su vida. 

Steiner habla de su obra que “he desperdigado y por tanto derrochado mis fuerzas”. Se muestra descontento con “Lenguaje y silencio” uno de sus primeros libros, donde hay muchas preguntas y pocas respuestas: por ejemplo “¿cómo podemos comprender…la capacidad de los seres humanos para amar a Bach o a Schubert por la noche y torturar a otros seres humanos a la mañana siguiente?” o “¿Cómo reconciliar el mensaje esencial del judaísmo con un Estado-nación armado y rodeado de enemigos implacables?”. En un repaso al filo del final de su vida Steiner se lamenta  de haber abandonado el dibujo, de no aprender el hebreo, de la necesidad de su ateísmo que le brinda el poder conocer la tolerancia y de la obscenidad de las “guerras santas”, la manipulación del ADN o el enigma de la conciencia…

"El silencio de los libros", publicado en 2005 en la revista "Esprit" y por Siruela en 2011 (con el añadido de un enjundioso trabajo breve de Michel Crépu sobre la lectura "Ese vicio todavía impune") hace un corto pero jugoso recorrido sobre la historia del libro partiendo provocativamente del predominio de la oralidad en la cultura tradicional  ("la oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse uno mismo, a la democracia") y de la superioridad de la música como lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados ("la mayor parte de la Humanidad no lee libros, pero canta y danza").
 Steiner da un zurriagazo (merecido) a la enseñanza actual donde se desdeña la oralidad -principal origen de la lectura: al principio, en la edad media, se leía siempre en voz alta y se aprendían los textos para ser recitados para un público iletrado- y se sacrifica la memoria (sustituyen el saber de memoria...por un caleidoscopio de saberes siempre efímeros". No podía faltar un sopapo (también merecido) a la Iglesia católica "cuya historia sangrienta de censura de libros y destrucción física de libros y autores recorre como un ardiente hilo rojo toda la historia del catolicismo romano".
Hay mucho pesimismo en las visiones apocalípticas del libro que tiene Steiner, pero también algo de sana hipocresía, ya que ante el deseo de leer y el aumento de posibilidades de lectura, Steiner acaba repitiendo los versos de Cátulo, "Oh, Musa, déjanos vivir un siglo o dos más". Ese pesimismo profético que parece anatematizar el futuro de los libros y del que Steiner nos da muestra, está muy lejos de concretarse en una amenaza real (de momento). 
En "Un largo sábado" se recogen una serie de entrevistas o más bien conversaciones entre la periodista francesa Laure Adler y George Steiner, ( con excelente traducción de Julio Baquero Cruz).

Aquí Steiner vuelve a sus temas recurrentes en relación con el judaísmo, el Holocausto, el estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio, la religión o la existencia de Dios, el lenguaje -sobre el que es un erudito- los libros, la música, el amor y el sexo, la muerte, grandes temas que han motivado muchos de sus libros. En éste, Steiner con gran madurez y audacia matiza sus opiniones y expone sus reflexiones o acepta sus propias contradicciones motivadas por la evolución intelectual de su pensamiento y por la dinámica de la historia que vive intensamente y con crítica lucidez. Sus palabras y sus opiniones, muy bien estimuladas por la periodista, muestran -a pesar de que estemos o no de acuerdo con lo que dice-- la agudeza de la mente de este hombre singular. Y, en todo caso, provocan de una forma refleja la reflexión del lector.

Lo más interesante de este libro es la figura real que las preguntas de la periodista consiguen hacer aflorar sobre los esquemas y tópicos personales del gran pensador que es Steiner, sus contradicciones, sus filias y fobias y el curioso sentido del humor (tan judío) sobre todo a la hora de arremeter contra figuras tan señeras como la Arendt o Simone Weil. La excelente foto de portada nos ilustra, esa sonrisa pícara, esa mirada chispeante, irónica, levemente burlona, incide sobre un aspecto de Steiner que, a mi al menos, me había pasado inadvertido, la complejidad emocional del pensador, capaz de articular un mensaje magnífico sobre la mayoría de los temas y, al mismo tiempo, dejar "escapar" un juicio contundente y demasiado subjetivo sobre cualquier asunto al que le aplica el bisturí de la duda o el rechazo por pura emocionalidad. Y parece justificarse con una frase que pronuncia ante la periodista: "En los juicios estéticos siempre hay algo efímero, profundamente efímero". Y más adelante añade: "El lenguaje es infinitamente servil y no tiene- a eso se debe el misterio- límites éticos". Y esa es la complejidad de un hombre que no cesa de repetir la frase de Heidegger "somos los invitados de la vida" y es machacado por su anti sionismo en su propia patria, Israel. O le pasa el rodillo ético al capitalismo actual y dice: "Hay quien pone a diez mil personas de patitas en la calle y se va con una prima de cinco millones tras haber arruinado a la empresa o al banco que dirigía, ¿es ese el ideal de libertad humana?".

El libro acaba con un canto a la eutanasia y una reflexión sobre la vejez, "Dejadme dormir el sueño de la tierra" dice, citando a Vigny. Y se despide con un canto de amor a su perro y una reflexión: "Ya se que deberíamos sentir un gran amor hacia los seres humanos. Pero a veces me resulta muy difícil". Steiner tenía cuando pronunció estas palabras 87 años. Descanse en paz, el maestro.

FICHAS

ERRATA.- El examen de una vida. Siruela. Trad. Catalina Martinez.-218 págs.

LA POESÍA DEL PENSAMIENTO.- Del helenismo a Celan.- Siruela.-Trad. María Cóndor.-231 págs.

UN LARGO SÁBADO.-Conversaciones con Laure Adler.- Siruela.-Trad.Julio Baquero.

 

 

Compartir este post
Repost0
26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:29

 Como suele ocurrir en todas las desgracias humanas masivas, siempre se dan dos caras en la situación, no del todo aisladas , a menudo se solapan: la desesperada, insolidaria, individualista, a veces cruel...y la que transmite serenidad y fortaleza, alguna sonrisa, compasión y a veces sentido limpio del humor. Decía Epicteto, el sabio estoico, que nos hay cosas malas y cosas buenas, que hay una manera de afrontarlas y percibirlas que las hacen buenas o malas. Que  en toda cosa mala hay escondida una semilla de bondad y que en muchas cosas buenas hay una posibilidad de hacer el mal sin intención y sin malicia. Eso lo estamos viendo cada día en las reacciones de apoyo de muchísimas personas, en aportaciones saludables y humorísticas en  la Red y los medios, en los que proliferan las ofertas de todo tipo para hacernos más llevadero el confinamiento.

Mientras el caballo desbocado de la pandemia sigue aumentando el número de casos en el mundo (a medio millón han llegado en este día) las noticias de recesión, control y disminución de diagnósticos positivos y fallecimientos en algunos países, conforman un gesto de esperanza y un aviso para no bajar la guardia. Pero hay un efecto sintomático, no demasiado extendido pero alarmante de esta pandemia: la estupidez de una minoría, tan escasa como escandalosa. No entraré en la cretinez de particulares que anteponen sus caprichos al peligro de contagio. Hoy traigo a la palestra a dos dignos imitadores de las "inteligentes" posturas iniciales de Trump, Johnson o Putin: se trata de los presidentes de Brasil y el de México: unos  majaderos llamados  Bolsonaro y López Obrador. El primero no toma medidas pues considera que el Covid es una "gripecilla" y que "hay demasiada histeria internacional al respecto". El segundo riza el rizo de la imbecilidad y asegura que la mejor defensa contra esta "supuesta" pandemia es seguir uno con la rutina de siempre y si acaso llevar en el bolsillo un amuleto o una estampita de la Virgen o de cualquier santo adecuado.  Creo que ni siquiera Groucho Marx o Woody Allen sabrían bromear con tan eficaz necedad.

Compartir este post
Repost0
25 marzo 2020 3 25 /03 /marzo /2020 11:34

Desde mi mesa de trabajo, habilitada temporalmente en el salón de casa, junto al ventanal que da a los campos de las afueras del pueblo, solía ver a los vecinos conducir sus ruidosos tractores a sus tierras, a algunas personas que pasean y quizá a unos forasteros con bastón y mochila que inician allí mismo el PR que une el pueblo con otro situado a tres horas de caminata por senderos muy hermosos. Ahora nadie camina bajo mi ventana, sólo los sempiternos gatos (la población gatuna se ha apoderado de las calles del pueblo) y alguna vecina presurosa que regresa de hacer la compra en la única tienda de la pequeña localidad turolense. Hay un silencio y una paz somnolienta que favorece la reflexión y la lectura, a pesar de la amenaza potencial del virus coronado que flota por todas partes como una inquietud ominosa y casi imperceptible.

Hoy he decidido silenciar el móvil, excepto las urgencias que puedan requerir mi ayuda o consejo, reducir mis accesos por radio o Internet a las noticias, apartar los gráficos y apuntes sobre el progreso de la enfermedad y meditar en lo que ocurre desde un punto de percepción libre de miedos y juicios de valor, un pensamiento más creativo que crítico, aunque realista en lo posible.

La pandemia está apuntando de forma lógica hacia un cambio de perspectiva de la compleja actividad humana en todos sus niveles: abandonar los enclaustramientos de familia, tribu, raza, riqueza o nación y aplicar soluciones y estrategias basadas en la solidaridad y la cooperación. Exactamente relacionado con el modelo de la naturaleza y expansión del Covid. El virus no entiende de ricos o pobres, españoles, ingleses o rusos, con fronteras sólidas o sin ellas, inteligentes o tontos, poderosos o esclavos, terratenientes o viajeros de pateras, musulmanes o cristianos, abuelos, padres o hijos…destroza la solidaridad o la pone a prueba y despierta la intolerancia de muchos, el egoísmo, la codicia, la histeria y el pánico.

Bertrand Russell acaba su libro “¿Tiene el hombre futuro?” con esta larga frase: “Con los ojos del alma veo un mundo de gloria y regocijo, un mundo de mentes en expansión, de esperanza inextinguible, donde las nobles ideas y actitudes ya no sean condenadas como traiciones a cualquier causa mezquina. Todo esto puede suceder sólo con que permitamos que suceda”.

Compartir este post
Repost0
22 marzo 2020 7 22 /03 /marzo /2020 11:12

¿Tiene el hombre futuro? Eso se preguntaba Bertrand Russell en 1961, en plena guerra fría (que resultaba ser tórrida y amenazante hasta la pesadilla). El libro como muchas de las ideas de Russell ha quedado un poco obsoleto (no del todo) pero permite una lectura comparativa sumamente interesante en las circunstancias actuales. Me he quedado con un  par de frases que han provocado en mí algunas reflexiones. Una dice "En los estados de terror, la mayoría de las personas no piensan con sensatez sino que reaccionan de forma instintiva, animal", Y, contra  los que argumentaban a favor del uso del armamento nuclear de forma preventiva "antes de que los otros lo hagan", aun sabiendo que eso significaría el fin casi seguro de la Humanidad, Russell trataba de rechazar la razon que avalaba tal suicidio, según esos políticos norteamericanos, ingleses o rusos: "no se puede evitar: forma parte de la naturaleza humana". El pensador inglés escribía: "La llamada Naturaleza humana es, fundamentalmente, el producto de la costumbre, la tradición y la educación y que en los hombres civilizados, sólo una pequeñísima parte de ella depende del instinto primitivo".

Dejando aparte al poder político en España que reaccionó tarde y mal a la gestión y prevención de la crisis virus coronada, a pesar de los avisos en piel ajena, la ciudadanía -con deshonrosas excepciones- está dando ejemplos masivos de cooperación, asunción de precauciones y respeto a las medidas dictadas por un poder, que ahora ya sí -también con deshonrosas excepciones - trata de reparar activamente el mal causado por la desidia ejecutiva anterior. Por tanto ¿qué es lo que falla en nuestra Naturaleza para que se de una vergonzante alta suma de individuos insolidarios, estúpidos, irresponsables y que constituyen un peligro para el resto de lacomunidad humana? La costumbre -envilecida y deformada por un estilo de vida basado en el interés del sujeto, en el consumo y en el valor del dinero-, la tradición...desaparecida u obsoleta y la educación, dirigida al conocimiento técnico, la praxis del provecho personal y la ausencia de valores éticos.

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens