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No hay nada nuevo en esta cinta. Desde "Jungla de cristal" a "Atmósfera cero" o a "Fortaleza infernal" o la antigua "Rescate en Nueva York" --con un Manhattan convertido en una prisión gigantesca donde reina la brutalidad--, los registros visuales y argumentales de "MS1", Máxima seguridad" son sin excepción deudores de otras películas, muchas de ellos autenticos clásicos del cine. ¿Quiero insinuar que más vale pasar de esa revisitación de viejos iconos? Pues no.
El archiconocido argumento del cachas inocente, un antihéroe fumador y sardónico, condenado por un crimen no cometido (y más en la persona de un viejo amigo) a una extraordinaria prisión espacial de máxima seguridad donde, mira por dónde, está de visita la bienintencionada y superpija hija del presidente de los Estados Unidos, justamente, vaya por Dios, cuando --indirectamente provocado por el guardaespaldas de la joven-- se produce un motin. Los presos son liberados de sus cápsulas donde una droga les mantiene en estado catatónico aunque al precio de destruirles lentamente el cerebro (cosa que se ha ocultado convenientemente). Así que el protagonista es enviado allí, pero de otra manera, en lugar de preso será un agente infiltrado con la misión de rescatar a la joven. Uno contra cientos o miles de facinerosos sedientos de sangre comandados por un tipo muy listo y previsible pero que tiene un salvaje hermano psicótico con un alarmante parecido con uno de los piratas del Caribe, el más chungo de todos, el del ojo de cristal que se le cae en los momentos mas inoportunos.
¿Les suena todo esto? ¿A que si? Pues bien, Guy Pearce logra caernos bien pese a su estereotipado papel de héroe duro, vacilón y un poco cretino (a pesar de intentar parecerse lo más posible a Mark Wahlberg) y la rehén de alto copete, Maggie Grace, no lo hace del todo mal a pesar de intentar parecerse lo mas posible a Sharon Stone. Si además les digo que todo este festival de guantazos, morbo violento y efectos especiales se debe a la imaginación a medio gas de Luc Besson (todavía recuerdo con placer su "El quinto elemento"), la labor de los directores de la película James Mather y Stephen St. Leger, es bastante aceptable a pesar de todos los clichés apùntados y algunos más que ellos se sacan de la manga. Resulta divertida y está bien encadenada, hay un ritmo endiablado, justas pinceladas de humor y machismo y unos malos, principalmente Joseph Gilgun, el citado psicótico, que se pasa en gestos procaces y libidinosos y en una violencia de tebeo, pero acaba haciendo una cierta "gracia".
La banda sonora es estrepitosa y excesivamente contundente, algunas secuencias parecen sacadas del manual de cómo no hacer cine de acción, pero el indestructible galán logra dar a su personaje un extraño encanto que comienza a hacer efecto desde la secuencia inicial, en la que es golpeado a conciencia por negarse a dejar de hacer chistes a costa de su maltratador. Parece un Bogart pasado por un comic y con pinta de boy de gimnasio, pero con la misma cachaza y el rictus facial de un hombre cansado de estar más allá del bien y del mal. Discreta factura técnica para una cinta que entretiene sin más y que no parece acomplejada por su estructura de serie B ( de hecho hay dos homenajes cinéfilos: el héroe se llama Marion, "como John Wayne" nos recuerda el protagonista: y el final es una copia descarada y cordial del final de "Casablanca" con Bogart y el policia corrupto paseando por un aeropuerto entre nieblas).
Cine de acción, pues, con intriga incluida (¿qué llevará el dichoso maletín? : excelente uso del McGuffin, pretexto, al estilo Hitchckock) y sorpresa casi previsible sobre la autentica catadura de un colega simpático que durante toda la cinta parece proteger y apoyar al héroe cansado y cachas. Pelicula prescindible, sin ustedes quieren, pero que en realidad no engaña: es un divertimento, en el fondo un recordatorio bastante divertido de otras cintas que constituyeron en los lejanos 80 unos autenticos bombazos en el género.
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Wes Anderson es un realizador distinto, rabiosamente original, con una estructura de la narración propia y de una autonomía y libertad espectacular, habida cuenta de que filma sus películas dentro del sistema de Hollywood y usando --y abusando en el buen sentido-- de estrellas como Bill Murray, Adrian Brody, Owen Wilson, Bruce Willis o Angelica Huston, que con gran acierto están dispuestas a lo que haga falta con tal de pertenecer a la reducida nómina de intérpretes de las escasas películas de Anderson. Hace poco les comenté la magnífica "Moonrise Kingdom" y ahora les voy contar de qué va "Viaje a Darjeeling", de hace unos años y que fue de alguna manera el pistoletazo de salida --para quien esto suscribe, por supuesto-- de mi afición a Anderson (supuse, y no me faltaba razón, que un director capaz de hacer devoto suyo a un brontosaurio cinematográfico como Bill Murray, debía tirar de inteligencia larga y variada-).
La generalmente digna de fiar promoción del boca-oreja, --en la Red la cosa se hace más extensa y rápida--, ya me informó cuando el estreno de esa película en las Salas Verdi (poco sospechosas de programar bodrios) se hacían colas de gentes jaraneras con ganas de reir con un humor irónico, algo salvaje y lleno de guiños inteligentes. Fui a verla y quedé encantado. Después comencé a perseguir en los videoclubs las escasas copias de sus otras películas. Ahora le ha tocado el turno a "Viaje a Darjeeling", que ayer visioné y volvió a divertirme y a dejarme la agradable impresión de que Anderson es de esos directores que no toman por estúpidos a sus espectadores. Respeto, señores, eso es lo que hay. Lástima que no sea contagioso. Seguiremos otro día con "Life aquatics" y "Los Tenenbaums".La generalmente de fiar política del boca-oreja, en la Red la cosa se hace más extensa y rápida, ya me informó cuando el estreno de esa película en las Salas Verdi (poco sospechosas de programar bodrios) se hacían colas de gentes jaraneras con ganas de reir con un humor irónico, algo salvaje y lleno de guiños inteligentes. Fui a verla y quedé encantado. Después comencé a perseguir en los videoclubs las escasas copias de sus otras películas. Ahora le ha tocado el turno a "Viaje a Darjeeling", que ayer visioné y volvió a divertirme y a dejarme la agradable impresión de que Anderson es de esos directores que no toman por estúpidos a sus espectadores. Respeto, señores, eso es lo que hay. Lástima que no sea contagioso. Seguiremos otro día con "Life aquatics" y "Los Tenenbaums".
Tres hermanos, interpretados modélicamente por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman (ninguno de ellos se extralimita en sus actuaciones humoristicas a pesar de la tentación para sobreactuar que emana de sus personajes) viajan a la India, estableciendo un paréntesis en sus vidas (no muy modélicas ni equilibradas, en realidad) con la intención --oculta en principio por el manipulador de la familia, el hermano interpretado por un desternillante Owen Wilson que se pasa tres cuartos de película envuelto en vendas-- de visitar a la madre de ellos que les abandonó cuando eran adolescentes a fin de hacer una vida de entrega religiosa en la India. Es un viaje de reencuentro de los tres hermanos, bastante alejados entre sí por las circunstancias de la vida y el desinterés mutuo.
La película comienza con un prólogo bastante gamberro, un cortometraje que no añade nada a la película, en el que Anderson nos cuenta una anécdota amorosa en la vida del hermano menor, Jason, en un hotel parisino, mostrándonos el tipo de relacion que mantiene con su novia, una Nathalie Portman jovencísima (ojo, al interesante desnudo, primero de la actriz en su carrera). Pero no es la única propuesta surrealista: nada mas empezar la pelicula, tras el desconcertante prólogo, vemos a Bill Murray en un enloquecido taxi por las calles de una ciudad de la India. Llega a la estación y debe correr detrás del tren que ya se le escapa. Un joven le adelanta a la carrera y logra coger el tren saltando a la plataforma posterior de uno de aquellos vetustos trenes de vagones de madera. Es Adrian Brody. Ahí abandonamos al frustrado Murray, que no volverá a salir más que una escena estática y muda al final.
La narración sigue los parámetros de aparente sencillez y complejidad de fondo, habituales a Anderson. Sus personajes, incluso el distante y enamoradizo Jason, pero sobre todo Adrian y Owen están dibujados con tanto encanto y simpatía que a poco de empezar ya logran que nos sintamos bien con ellos y contemplemos con empatía los avatares que surgen durante el largo viaje en tren, su expulsión por un enojado y celoso inspector del tren, un sikh, cuya novia se lía con Jason, la dramática secuencia del niño ahogado, la maravillosa interelación de los hermanos con los habitantes de la aldea y, al fin, el reencuentro con una soberbia Angélica Huston, papel de madre compleja entre la afectividad, la autoafirmación y el rechazo de su papel tópico de madre, con un desenlace sin concesiones.
A destacar el soberbio plano-secuencia del final en donde se nos muestran a todos los personajes de la película --incluído un estólido Murray que no pronuncia una sola frase en sus dos apariciones en pantalla-- como si viajaran en los departamentos de un mismo metafórico tren aunque respetando el medio ambiente de cada uno de ellos, y así uno viaja en avión o la esposa embarazada de Brody descansa en su cama (es la primera y unica vez que sale), el inspector sikh del tren acaricia a la serpiente comprada por Brody en un mercado y cuya aparición en el tren es uno de los motivos de la expulsión y la azafata fuma su cigarrillo a escondidas quizá pensando en Jason.
Tres hermanos, interpretados modélicamente por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman (ninguno de ellos se extralimita en sus actuaciones humoristicas a pesar de la tentación para sobreactuar que emana de sus personajes) viajan a la India, estableciendo un paréntesis en sus vidas (no muy modélicas ni equilibradas, en realidad) con la intención --oculta en principio por el manipulador de la familia, el hermano interpretado por un desternillante Owen Wilson que se pasa tres cuartos de película envuelto en vendas-- de visitar a la madre de ellos que les abandonó cuando eran adolescentes a fin de hacer una vida de entrega religiosa en la India. Es un viaje de reencuentro de los tres hermanos, bastante alejados entre sí por las circunstancias de la vida y el desinterés mutuo.
La película comienza con un prólogo bastante gamberro en el que Anderson nos cuenta una anécdota en la vida del hermano menor, Jaon, en un hotel parisino, mostrándonos el tiopo de relacion que mantiene con su novia, una Nathalie Portman jovencísima (ojo, al interesante desnudo). Pero no es la única propuesta surrealista: nada mas empezar la peliucl tras el desconcertante prólogo, vemos a Bill Murray en un enloquecido taxi por las calles de una ciudad de la India. Llega a la estación y debe correr detrás del tren que ya se le escapa. Un joven le adlanta a la carrera y logra cogerlo, es Adrian Brody. Ahí abandonamos al frustrado Murray, que no volverá a salir más que una escena estática y muda al final.
La narración sigue losm parámetreos de paarente sencillez y complejidade de fondo, habituales a Anderson. Sus personajes, incluso el distante y enamoradizo Jason, pero sobre tdoo Adrian y Owen están dibujados con tanto encanto y simpatía que a poco de empezar ya logran que nos sintamos bien con ellos y contemplemos con empatía los avatares que durgen durante el largo viaje en tren, su explusiónj por un enojado y celoso inspector del tren, un sikh, cuya novia se lía con Jason, la dramática secunecia del niño ahogado, la maravillosa interelacion con los habitantes de la aldea y, al fin, el reencuentro con una soberbia Angélica Huston, papel de madre compleja entre la afectividad, la autoafirmación y el rechazo de su papel tópico de madre, con un desenlace sin concesiones.
Película atractiva, con numerosos flash backs bien insertos en la generalmente lentas secuencias, la cosa tiene encanto, entretiene, a veces irrita un poco, pero hace esperar con cierta impaciencia cuál va a ser la próxima apuesta de este director mimado.
Ustedes me perdonarán. Prometo no reincidir. Casi siempre opino de las películas como Cervantes de los libros: "No hay libro tan malo que no tenga algo bueno". A veces hay que revisar esas consejas tan optimistas. Cuando se estrenó hace dos años "3 metros sobre el cielo" y leí a mis críticos preferidos (pocos y casi todos en la Red) que ponían la película a caer de un burro, decidí que mi busca de calidad cinematográfica en las películas que comento debería prohibirme ver aquél cuento romántico (es un decir) para "teens", misógino, absurdo y cerebralmente letal, basado en una psudonovela superventas de Federico Moccia, un escribidor con orgulloso sentido de la trampa emocional vertida a una pretenciosa literatura de quiosco. Habría que escribir un ensayo sobre la infatuada memez de las obras de este autor (ahora trata de volver a repetir, o lo ha conseguido, el éxito entre la juventud urbana española con "Perdona si te llamo amor") y su manipulación de los sentimientos, preferentemente el amor, con una audaz y desvergonzada habilidad para convencernos de que la sociedad joven que pinta es de lo más "cool" y resultona, unos escenarios de cartón piedra, caricatura de una sensibilidad que se engolfa en los msg, la red más superficial y la estulticia más demoledora con aires de marca comercial y encefalograma plano cultural, en un ambiente de suficiencia económica. Lágrimas y risas provocadas en la muchachada por una lobotómica habilidad de insuflar vida o algo así a monigotes pasteurizados a los que los guionistas, con permiso del ladino Moccia, obligan a un festival de golpes y contragolpes argumentales de lo más chulesco y absurdo (Dios mío cómo "sufren" los malditos) y con una estética alucinante de telefilme para teens y asimilados.
Ante las manifestaciones de arrobo que he visto y oido por la tele, en los jovenes espectadores que acaban de salir de un pase de "Tengo ganas de ti", que confiesan abiertamente un cúmulo de emociones salvajes, decidí --en contra de mis principios-- dedicar un par de horas al visionado de esta "segunda parte" de la mencionada y no vista película superventas. Craso error. Uno debería saber ya, si no por sabiduría sí por edad, que el gusto de las masas es acrítico y coyuntural y responde más a cuestiones de carencias psicológicas y culturales que a conocimiento y discernimiento del buen cine. Pero pasemos a la película:
"H", es decir, Hugo, es decir Mario Casas, sigue con su corazoncito de macho alfa herido por su asunto anterior con Bibi (María Valverde) al que alguien con mucha sinceridad, poca edad y ojos brillantes me definió como un "gran amor". Se trata pues de abundar en donde lo dejamos en la peli anterior y mostrar el confuso dolor interno de Hugo. Como la mancha de una mora con una verde se quita, aparece en escena de una forma bastante demencial una morena resultona, experta en artes marciales, Gin (Clara Lago), que es quien llevará al poderoso varón a superar los estertores de su corazón, situado a menos de treinta centímetros de su ombligo. El "éxito" está servido. El susodicho "H" nos mostrará su careto inconmovible, su belleza vacía, con un muestrario completo de semidesnudos y un comportamiento de juzgado de guardia en un país, el nuestro, donde parece que la Guardia Civil no logra detener al furibundo motorista para el que el casco no existe, quizá porque es un signo de "rebeldía" contra la sociedad que le permite la existencia (y muy desahogada) y yo mas bien creo que es para que no le estropee el peinado y se le pueda ver siempre su perfil de niño guapo. Además conoceremos a una pandilla descerebrada pero eso sí muy guaperas de varones efervescentes y muchachas utilitarias. La historia, de la que hago gracia al lector, no pasa los parámetros mínimos exigibles de lógica, coherencia y realismo, ni tampoco los que corresponden a conceptos como autenticidad, inteligencia, ingenio y emocionalidad. La cosa va de mal en peor durante un metraje deliberadamente hinchado y, excepto a los fans y obnubilados hormonales, cualquier espectador normal debería abandonar su butaca maldiciendo a la engañosa publicidad, antes del fin previsible de la cosa. El amor todo lo puede, aunque la pregunta del millón es, ¿qué tiene que ver el amor de verdad, ese sentimiento bastante complejo, sublime a ratos y visceral a menudo, con lo que parecen sentir nuestros amigos? Bueno, en realidad, qué mas da. Los chicos seguirán haciendo cola en los cines, soltando grititos, risitas y lagrimitas. En fin, la próxima semana volveré a portarme bien y les hablaré de cine de verdad.
He aqui una muestra del buen cine argentino que ultimamente nos va llegando. "El túnel de los huesos" es una mezcla entre cine carcelario (deudora quizá de "Celda 211"), con el de denuncia política y unas cucharaditas del de fugas, siguiendo la no pestela, aunque muy de lejos de "La gran evasión" . También aquí los presos, no prisioneros, excavan un túnel desde la enfermería de la prisión, en pleno centro de Buenos Aires hasta una de las calles aledañas, con toda la problemática que el hecho requiere, como por ejemplo desembarazarse de la tierra extraida y los derrumbes. El director no concede demasiada atención a esos importantes detalles y se deja llevar más por describir la interacción entre los presos y la vida carcelaria
En la película de Nacho Garassino, interpretada por un magnífico Raul Taibo, uno de los mejores actores de carácter del hermano país, la acción va siendo narrada a través de la entrevista que "Vulcano" (Taibo), como jefe del grupo de los fugados, concede a un periodista, no por adquirir notoriedad --en realidad está en peligro pues lo están persiguiendo-- sino por una "promesa a los muertos".
La trama está basada en una fuga real ocurrida en 1991, cuando siete presos comunes huyen del penal bonaerense de Devoto a traves de un túnel por debajo del muro. El jefe del grupo cuenta que cuando estaban haciendo el túnel encontraron un lugar lleno de esqueletos de gente torturada y asesinada, perteneciente a la época de la dictadura militar, cuando los "desafectos políticos" eran encerrados allí y jamás volvían a salir. Para "aplacar a los muertos" el grupo decide hacer público el hallazgo, pase lo que pase. Convencen todos los actores del grupo, muchos de ellos desconocidos, que bordan sus roles y logran dar humanidad y a veces profundidad a seres maltratdos por la vida, violentos, tortuosos y a menudo malignos.
La película sigue un ritmo excelente a pesar de los continuos flash back y el estatismo de las escenas de la entrevista y del trabajo personal del periodista. Las interpretaciones son de gran veracidad y efectistas y la trama se desarrolla con un esfuerzo evidente de distraer al espectador y convencerlo, sin discursos extemporáneos o sentimentalismo políticos o históricos de repulsa. Quizá este ahi el mayor mérito del director que muestra una madurez envidiable a pesar de que es esta, creo, su primera película.
Por cierto, no se vayan cuando empiecen a pasar los titulos de crédito, hay una sorpresa documental digna de verse.
Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Cada uno tiene la suya. Pero yo creo que la primera victima es la compasión. En esta película del comprometido realizador británico Ken Loach, "Route Irish", hay una evidente actitud de denuncia, de irritada crítica, de vocinglera reacción contra la violencia innecesaria, contra la suma ingente de "víctimas colaterales", de la maldad y estupidez humana. Y para ello se ha escogido un lugar que ha sido, y sigue siendo, uno de los paradigmas actuales de la brutal bestialidad del hombre contra el hombre: Iraq.
Sin la fuerza aséptica del discurso antibelicista de la magnífica "En tierra hostil" de Katrhyn Bigelov, la "Route Irish" de Loach está muy en la línea de su habitual actitud como director, a menudo panfletaria, siempre apasionada y muchas veces emocionalmente desbordada, un tipo de cine militante, comprometido social e ideológicamente y demasiado apegado a un discurso político por encima del discurso humano y cinematográfico (recordemos "Tierra y libertad", Agenda oculta, Lady Bird o "Lloviendo piedras").
En Iraq el concepto de "victima colateral" toma un sentido vergonzante: casi todos los iraquíes lo son, no sólo los soldados o los políticos. Tras la invasión norteamericana de 2003 ese país y esa guerra urbana se ha cobrado más de un millón de víctimas, la mayoría ciudadanos simples, alejados de los intereses bélicos. "Route Irish", nombre que se da a la carretera que une el aeropuerto de Bagdad con la zona verde, se convirtió en el ejemplo de una pesadilla recurrente: la carretera más letal del planeta.
En la cinta, dos amigos, Franquie y Fergus, jovenes ingleses de Liverpool, se enrolan en una de las empresas de "contratistas", nombre con el que se conocen a ex soldados enrolados en compañías privadas de seguridad que funcionan al margen de la policia y los ejércitos y de cuyos metodos , generalmente bestiales e inmunes, ha habido muchas denuncias internacionales, con escasos resultados legales.
Asistimos a la sospechosa muerte de uno de ellos, Franquie, que se habia convertido en un peligroso estorbo por su deseo de denunciar el asesinato de una familia iraquí, por "error". Más o menos el esquema que Stone usó en "Platoon". Una salvajada despierta la conciencia de un soldado que quiere denunciar a sus compañeros. Esa es su sentencia de muerte. En este caso, su amigo del alma, en ese momento en Inglaterra, decide investigar y ver qué ocurrió de verdad. La película se convierte en un "trhiller", en el que lamentablemente las ganas de denunciar y la violencia beligerante y aleccionadora con la que se hace, desvirtúan el sentido de la película, que pasa a convertirse en un hibrido entre documental y ficción.
Un ritmo trepidante, la dura interpretación de Mark Womack (que recuertda a Stanton por su contundencia, aunque supera a éste en exceso de rabia e implicación emocional) llega a crear un defensivo alejamiento del espectador que no logra empatizar con él o creer que su dolor es algo más que rabia homicida (demasiado evidente en la secuencia del asesinato del matón sospechoso de haber acabado con su amigo, "no hay sangre, no hay falta", el torturador se pone del lado de los que persigue). Y no se justifica con la evidente situación traumática psicologica de los que han vivido ese infierno --"incapaces de pasear por un supermercado"dice el protagonista-- y uno acaba pensando que en esas tesituras lo difícil de creer es que semejante especímen de "soldado" no esté en el borde psicopático. Cosa que se suaviza con el suicidio final.
El uso de material documental, imágenes de una crudeza enorme, tampoco está justificado. El evidente "mensaje" ideológico que se nos mete con calzador no precisa de eso. En fin, amigo Loach, trate de templarse un poco y no nos confunda más el género de ficción con el de denuncia pnafletaria, más cercano a su denostado, y con razón, tipo de cine soviético de las primeras epocas.
Ya al comienzo la película tiene un detalle inteligentge y prometedor: una nota avisa al divertido espectador que "Esta es una historia real, sólo se han cambiado los hechos". Lástima que el tono irónico se pierde después de esta frase. Y pasamos a conocer a tres individuos muy diferentes pero con una pasión en común, un hobby que se convierte en obsesión y por fin en forma de vida. Tres actores de distintos registros pero los tres abocados a un género específico, el humor. Steve Martin, Jack Black y Owen Wilson, quizá el menos encasillado y de una comicidad menos visual y más discursiva. La pasión obsesiva es el avistamiento de pájaros. Eso por sí solo y de entrada no parece ofrecer muchas posibilidades para hacer una buena película.Y el hecho es que no hay una buena película y no precisamente por el tema que, con los debidos respetos, puede llegar a ser interesante desde un punto de vista ecológico y sobre todo paisajístico (desfilan ante nosotros imagenes espectaculares de Estados Unidos, desde Louisiana, los pantanos, el sur de New Mexico o la remota isla Attu en Alaska. Por tanto la carga de calidad está basada en los actores y la dirección. Y ahí es donde damos con hueso.
La comedia está servida, pero el asunto tiene una dificultad añadida a la originalidad o extrañeza del tema, la de convencer al espectador de la posibilidad de que ese hobby provoque una locura obsesiva que cambia la vida de los tres individuos, con especial virulencia en Wilson que compone un papel casi patológico y abusivo.
Es pues, una comedia sin demasiadas pretensiones que se estanca en la interpretación de los tres actores, poco convencidos de lo que ocurre y todos y cada uno fuera de los registros habituales de su humor. Un contenido Jack, lejos de su comicidad un tanto soez y de sal gorda, un pasado de vueltas Wilson y un Martin que parece a punto de morirse de modestia y contención gestual. Y para mayor abundamiento, se trata de una producción bastante cara (dadas las localizaciones y la especificidad del tema) que se va quedando estancada en cierto tono demasiado suave, blanco y reprimido. David Frankel, el director, no ha sabido sacarle punta a esos tres cafres del humor directo y aunque Wilson roza la mala uva constantemente, todo queda diluido en las idas y venidas de los protagonistas por todo el país y sus avatares domesticos no demasiado relevantes, a pesar de la esposa abandonada de Wilson y el padre agresivo y enfermo de Black.
La lucha por lograr "El gran año" es decir el titulo al ornitólogo que haya realizado mayor numero de avistamientos durante un año, no logra importarnos lo mas minimo y a no ser que uno sea un adepto a los pájaros la cosa no nos produce más que un cierto estupor. La moraleja de la peli nos deja aún más sorprendidos por su banal obviedad: si solo te ocupas de tu pasión y olvidas a los que te rodean, a la familia, seguramente lo pasarás fatal. Y asi Wilson se queda solo y triste, aunque campeón y los otros dos viven felices y comen perdices, uno como abuelo feliz (uno no se cree las caras de bueno buenisimo que compone Martin) y el otro como pareja no menos feliz de una mujer que comparte la afición, siempre hasta cierto punto, claro. No hay soltura en la mezcla de elementos cómicos y dramáticos de la trama y todo queda bastante desangelado, a pesar de secundarios tan sólidos como Brian Dennehy, que compone el padre agresivo y gruñón de un Black tan descafeinado que parece otro actor, Anjelica Huston, una capitana de yate de armas tomar o el trio de damas de los protagonistas, Rosamund Pike, Rashida Jones y Dianne West, que tratan de aportar cierto encanto a unos papeles muy superficiales y tópicos.
En resumen, pelicula amable pero rutinaria, para ver un domingo por la tarde, en familia, con palomitas a poder ser.
Nueva película de Jason Statham, ese guerrero permanente, con su gesto seco pero de mirada humana, incluso tierna, una suerte de Clint Eastwood joven que es muchísimo mejor actor de lo que fue Clint a su edad (en la vejez Clint ha ganado tanto aplomo y calidad que aceptamos su eterno gesto avinagrado e imperturbable como marca de la casa) y tan duro y contundente. Boaz Yakin, un tipo muy singular, director y guionista, es el responsable de esta nueva entrega del guerrero semicalvo y lo hace con la misma eficacia artesanal con la que filmó "El castigador" en 1989 o "Prince of Persia" en el 2010.
Aqui la novedad reside en la presencia capital de una niña, Catherine Chan, deliciosamente oriental, una niña prodigio que guarda en su cerebro privilegiado una combinación de números por la que matan, extorsionan, secuestran y asesinan desde la mafia rusa a los tangs chinos o a un grupo de letales policias corruptos. En ese ambiente mortal de necesidad, Jason, pasa de una indiferencia suicida, convertido en vagabundo, alelado por el dolor por el asesinato de su esposa, a convertirse en la eficaz máquina de matar, con traje de Armani, que funciona con precisión asesina en forma de golpes, estrangulamientos, roturas de cervicales, apuñalamientos, disparos y cualquier otra manera vistosa de matar a los malos que el guionista y director se inventa, y todo ello "sin despeinarse" (cosa que en Jason sería imposible aún sin mover un dedo).
Película de serie, al estilo de las inolvidables de Lino Ventura (¿se acuerda alguien de aquel tipo fornido con cara de ningún amigo y un encanto indescifrable, héroe de toda una serie de peliculas francesas de la serie B?), "Safe" tiene algo a su favor: es directa y honestamente una película de entretenimiento violento, pero suave y ironicamente paródico, es como si nos dijeran: "tranquilos, todo esto es de mentirijillas, lo importante es que se lo pasen bien, incluso que se rian ante tanta truculencia". El héroe es duro hasta la crueldad indiferente, pero tienen un corazoncito que se ablanda ante la niña. cuya mirada le rescata del suicidio en el metro.
La factura técnica de esta ensalada de violencia, corrupción y salvajadas por las calles de Manhattan, es tan buena que los espectadores olvidan incluso el guiño constante que supone tanta violencia absurda y aceptan como válido el combate de lucha libre americana que se nos ofrece en forma de chinos malos, rusos malisimos, policias canallas y niña inteligentísima y angelical. Pero ademas de exigir a Statham una dotes fisicas impresionantes, el director da a Jason una serie de diálogos absolutamente memorables, de esos del estilo de "Alégrame el día, provoca que te dispare".
Jason Statham muestra una curiosa versatilidad en sus composiciones de tipo duro. Que nadie espere una rutina interpretativa. Jason es distinto haciendo del ladrón apodado "El guapo" en el remake de "Un trabajo en Italia", "The Brasilian job", en el enloquecido protagonista de los tres "Crank", en el guerrero de "La espada del rey", el asesino de "The mecanic", soldado de Seal en "Asesinos de elite", y conductor de coches de alta gama como recadero de mafiosos. En todas ellas mantienen un tipo básico de héroe al que dota de elementos diferenciales que dan muestra de su calidad interpretativa. No me canso de decirlo, tenemos en Jason un gran actor británico y cuando la edad le vaya apartando de su estilo de atlético guerrero, veremos la cantidad de registros que ofrece este hombre de aspecto honesto y muy humano e inteligente, haga el papel que haga.
Supongo que esta pelicula que pretende ser graciosa para quedarse sólo en patética, viene a las salas con tanta orquestina laudatoria porque uno de sus protagonistas Jean Dujardin, y uno de los directores, Michel Hazanavicius, se calzaron sendos Oscars por esa excelente película "The artist", una jugosa apuesta por el cine mudo realizada con imaginación, eficacia y talento.
Se trata de una peli de "episodios" distintos, sin relación entre si, pero con los mismos actores en diferentes papeles. La cosa va de un par de salidos de encefalograma plano (Dujardin y Gilles Lellouche), quizá porque todo su "talento" lo tienen establecido en un lugar debajo del ombligo en lugar de en el cerebro. Los "infieles" del titulo son presentados como en un telefilme piloto y los vemos en acción, con diálogos de una banalidad sorprendente y secuencias que más bien dan pena.
Luego los episodios van sucediéndose, cortos, largos, minúsculos (a veces solo un chiste visual) y uno asiste crecientemente desinteresado y a veces incluso molesto, al desarrollo de un monotema, como acostarse con el mayor numero de mujeres y para ello todo vale, trucos, mentiras, actitudes despreciables, autenticas imbecilidades, cinismo a manta y, no se lo pierdan, con la diversidad de estilos y "gracias" de siete, si señores, siete directores, entre ellos el citado Hazanavicius, además del doblete de los dos protagonistas metidos a director.
Película que trata de recrear aquel cine de apisodios que solían llenar las carteleras en los setenta, aunque sin su frecuente gracejo o su habilidad crítica o ironica. Uno se pregunta qué opinan las esposas de los varones involucrados en esta cosa, aparte de sentir seguramente cierta compasión por el sexo masculino que se perfila en los episodios. Por favor, señoras, les aseguro que no todos somos así. Película para olvidar.
Película inclasificable que no he visto anunciada en ningún lado y que quizá pase a engrosar directamente las listas de alquiler y venta de DVD sin ser estrenada en los cines. La cosa va de un thriller con aspiraciones y presunciones científicas, con un improbable detective encarnado por Antonio Banderas que investiga la desaparición de una mujer, amada por un delincuente de poca monta pero enorme e intimidante aspecto físico, ex boxeador, sólo a través de una más que improbable correspondencia íntima con resabios poéticos que despiertan la inconcebible sensibilidad del matón.
Bueno, pues esa dama si que existe y se esconde ern un remoto lugar de México. Es la esposa de un billonario texano que ha construido un acelerador de partículas secreto, ahí es nada, bajo la superficie de un pueblo olvidado en Nuevo México, habitado por guardias de seguridad "sijk" (porque son muy fieles y muy duros, dice el millonario). Se trata de ser el primero en ver "la partícula de Dios" haciendo que dos neutrinos choquen a la velocidad de la luz y de este choque nazca el momento justamente posterior al big bang, la explosión primordial que dio origen a nuestro universo. Con ello, el tipo renovaría la fisica cuántica. ¿Y...?
Como ven la historia no puede ser más inconcebible y sino fuera por el ambiente bizarro de colores fuertes y simples, al estilo Tarantino y los personajes que quieren parecerse a los de la novela negra tipo Spade o Hammer y se quedan en algo que roza el ridículo, pensariamos que se trata de una broma del grupo de amigos formado por el citado Tarantino, los hermanos Cohen y Tim Burton.
Banderas se pasa la pelicula poniendo cara de saber mucho y pasarlo bastante mal intentando parecerse a Bogart. La chica, Sienna Gillery, ha hecho un curso acelerado de mujer fatal, pero sería incapaz de imitar a ninguna de las memorables damas negras del cine clasico, tipo Lauren Bacall. Y el millonario, interpretado por Sam Elliot, se interpreta a si mismo y parece seguir en el plató del "El gran Lebowsky". Ninguno, ni la suma con los demás, entre ellos el negrazo Leroy, el único que muestra un poco de contención e inteligencia, pueden sacar la cinta de su categoría de pesadilla de luces de neón. Y asi la trama cabalga incoherentemente hacia un final absurdo, con cientifico autista y amenaza de destrucción planetaria incluidos. Dirige la cosa, Tony Grantz, un artesano que ha logrado colocar dos pelis en el mercado de DVD directamente y me temo que esta, con tan pretencioso y poco adecuado titulo, acabará en las mismas. Don Antonio, vigile más los guiones que acepta protagonizar.