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17 septiembre 2012 1 17 /09 /septiembre /2012 07:08

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 "Tomo  la pluma en el año de gracia de 1763 para remontarme a  aquellos lejanos días de mi infancia, cuando mi padre tenía abierta la posada del "Almirante Benbow" y el viejo lobo de mar, curtido por la intemperie y con el rostro surcado por la siniestra cicatriz de un tremendo sablazo, se hospedó en nuestra casa". Así comenzaba "La isla del tesoro" de la mano amigable de uno de los mejores narradores de todos los tiempos, el escocés Robert Luis Stevenson, en traducción  magnífica de Gaziel (pseudónimo de Agustí Calvet Pascual (1867-1964), el escritor y periodista que dirigió "La Vanguardia" antes de la guerra civil, de 1920 a 1936. Mi ejemplar es de la Biblioteca Breve de bolsillo de Seix y Barral, fechada en 1968, ilustrada por el genial Junceda, uno de los libros más preciados --y leídos-- de mi biblioteca (la primera vez que leí esta subyugante novela fue en un libro de Editorial Juventud, con diez años de edad).

He visto las principales versiones que se han realizado de esta novela en el cine, desde la versión muda del padre de Jacques Tourneus, Maurice, con Lon Chaney que compone un truculento John Silver, el pirata de pata de palo, la versión de Victor Fleming de 1934 en color, con un inolvidable Wallace Beery y Jacquie Coogan como Jim Hawkins, la de 1950 de Byron Haskins, quizá la más fiel, la de 1972  de John Hough bastante olvidable a pesar de tener a todo un Orson Welles en el papel del astuto John Silver, la de 1990, del hijo de Charlton Heston, Fraser, con papá en el papel de Silver, fría y poco convincente pero con un Jim encarnado por un sólido Christian Bale, (muchos años antes de convertirse en Batman) y ahora esta, rodada para la televisión en dos partes, que dirige Steve Barron, con Eddie Izzard componiendo un Silver calvo, malévolo y mendaz, pero extrañamente atractivo. Jim Hawkins lo encarna Eliaj Wood con bastante acierto. Para el 2013 se nos anuncia otra versión dirigida por Ritchie, sí, el director que ha revolucionado la figura de Sherlock Holmes y el doctor Watson, en dos películas bastante interesantes..

He visto con arrobo esta larga versión para televisión, en dos partes (más de dos horas) en una realización suntuosa en ambiente, vestuario y personajes, una producción, anglo-irlandesa que se permite algunas licencias que no molestan demsiado al conocedor de la obra, excepto el convertir al "squire" Trelawney en un estirado botarate violento y estúpido, cuya avaricia y codicia patológica le provoca un final trágico. Todo lo demás cumple su cometido, la isla y su localización, la audacia en la pintura de personajes, geniales el pirata del inicio Billy Bones y el joven y enloquecido Gunn que custodia el tesoro en la isla donde vive solitario, soñando con un trozo de queso. Enérgico y autoritario el capitán Smollet y --otra licencia-- humano, débil y capaz de superar su cobardía en un doctor Livesey que en la novela es valiente, inteligente y cortés.

Pero da igual, la narración, como siempre, nos arrastra y acompañamos a los piratas, al caballero, el doctor y el capitán Smollet, pero sobre todo a Jim Hawkins y al gran John Silver el Largo en una aventura que se ha ganado el mérito de ser el símbolo de todas las aventuras románticas.

¿Quién no suspira cuando lee estas lineas imperecederas: "Levaron el ancla chorreando agua, se desplegaron las velas con un vasto rumor de trapo, comenzó a henchirlas el viento del amanecer, la costa y los navios anclados desfilaron como sombras ante mis ojos abiertos y antes de que yo bajara a acostarme, La Hispaniola navegaba ya con rumbo a la Isla del Tesoro".

 O estas otras, "La Hispaniola" surcaba las aguas sin el más leve rumor, levantando con su proa, muy de tarde en tarde, un blanco chorro de agua. Todas las velas estaban desplegadas y henchidas de brisa".

 El viaje tendrá un final distinto en la novela que en esta versión cinematográfica (con algunas limitaciones técnicas debido a su factura televisiva, pero bastante dignas en su conjunto). Ben Gunn se queda en la isla (absurdo), Jim es quien ayuda a escapar a Silver, (creo que este final es mejor aquí que en la novela) y cumple así el destino de su viaje iniciático con la figura del padre ambivalente encarnado en Silver, figura rechazable pero fascinante y atractiva, que permitirá a Jim madurar como persona y comprender la indecisa linea que separa el bien del mal y su fuerza personal al optar, por encima de cualquier consideración legalista o social. Un gozo, amigos. Si no la habéis disfrutado aún...vale la pena que os paseis por una librería y por un cineclub. De nada.

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14 septiembre 2012 5 14 /09 /septiembre /2012 16:21

el-legado-de-bourne-cartel-1.jpg

  En la última secuencia de "El ultimátum de Bourne", Jason se tiroteado en una azotea y cae al rio, un centenar de metros más abajo. El cuerpo de Matt Damon queda encuadrado flotando en las aguas azules (aunque un poco más tarde se pondrá en movimiento: tampoco esta vez han acabado con él). El invencible e inteligente ex miembro de Treadstone, una subagencia de la CIA que se dedica a los "trapos sucios" sin dar explicaciones, parece que va a volver. pero claro, los guionistas de aquella excelente tercera parte de la saga, dirigida por Paul Greengrass de una forma trepidante, hipnótica, cine al 100x100, no podían prever que ni el director ni el protagonista de la saga iban a decir que "no" a una cuarta entrega. Así que la secuencia de inicio de "El legado..." es un cuerpo flotando en aguas azules filmado desde abajo (al estilo de "El crepúsculo de los dioses", de Billy Wilder, que comieza con una toma del cadaver de William Holden en la piscina, fotografiado así)

Así que, bussines is bussines, hubo que biuscar a otro director y otro protagonista con tal de no matar a la gallina de los huevos de oro (la saga ha recaudado cada vez más dinero). Para la actual entrega, "El legado de Bourne" podían haber optado por otro intérprete que mantuviera el nombre, cambiarle la cara, vamos (solución James Bond 007). Pero no, hicieron lo más difícil (quizá pensando en que en algun momento volverán a convencer a Damon), mantuvieron viva la presencia y la obra de Bourne, pero traspasaron la acción a otro agente, un clon de Jason, Aaron Cross (interpretado por Jeremy Renner, ¿recuerdan la oscarizada "En tierra hostil" donde hacía de desactivador de bombas en Iraq?).

Francamente es un actor más expresivo y dúctil que Matt Damon, pero estaría mejor en una obra de Shakespeare que en una pelicula de Bourne, donde nos hemos acostumbrado a la inexpresividad tensa y peligrosa del actor inicial.

La entrega es dinámica, está bien rodada, nos ofrece recordatorios suficientes --incluso excesivos--de la saga, la presencia de secundarios ya familiares, como Albert Finney, Scott Glen, David Strathain y la efectiva Joan Allen (que sale unos minutos al final, siempre en defensa de Bourne) y el acicate de nuevas incorporaciones de una solvencia superior, como Edward Norton, siempre tan espinoso en estos papeles, el incombustible Stacy Keachy y la guinda, una genial Rachel Weisz que siempre da dulzura y credibilidad a sus personajes... Además la química entre ella y Renner funciona a las mil maravillas, por lo que, dado el final abierto, se supone que tendremos Bourne para rato, a no ser que lo liquiden y pasen a la saga "Aaron Cross".

La fuerza e impacto de los minutos iniciales son lo mejor de la cinta, que discurre como cabía esperar entre las complicaciones de la maraña de agencias y agentes especiales, una violencia incisiva y contundente, con un eficaz tratamiento fílmico y sonoro de la brutalidad violenta a la que nos tienen acostumbrados. Dirige la entrega el que fue guionista de la trilogía previa, Tony Gilroy (por tanto no hay incoherencias y a pesar de su complejidad, la trama se nos narra con agilidad y toda la claridad posible).

Aún así a la cinta le falta brío, y ese montaje endiablado con momentos estéticos bien buscados que eran la marca de la casa del gran Greengrass. Las secuencias de la persecución con motos por las calles de Manila rebasan las posibilidades humanas aunque nos enfrentemos a dos agentes convertidos casi en superautómatas de la violencia. Todo ello está bien dado el objetivo de este tipo de cintas, nutrir las salas de cine de consumidores de acción brillante, un poco de suspense y violencia palomitera para el fin de semana. hasta aquí bien, pero "El legado de Bourne" no está a la altura de la trilogía anterior. Y no es imputable a Jeremy Renner que, como dije, es un actor bastante bueno. Pero no se le ha dotado --problema de la dirección y el guión--del dilema ético que conmueve y motiva a Damon y lo convietrte en un personaje atormentado, un antihéroe, con el que simpatizamos. La frialdad de Renner y su falta de emotividad parecen calcadas de las de Damon, pero éste les insufla alma, mientras que su sucesor no logra que nos conmovamos con sus cuitas.

Sin embargo la película tiene calidad y demuestra oficio, por ejemplo en las secuencias de la matanza del laboratorio y la del interrogatorio al personaje de Rachel Weisz en su domicilio. Acción pura y adrenalina. Habra que esperar a la proxima entrega para ver si el camino que han escogido los responsables de la saga Bourne es el adecuado y tiene futuro.

 

 

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13 septiembre 2012 4 13 /09 /septiembre /2012 07:50

un-lugar-donde-quedarse-cartel.jpg

Ver al genial Sean Penn como una especie de loca transexual, aunque en realidad no es eso, no es eso, se limita a llevar una leonina peluca negra, los labios y los ojos pintados (y las uñas de pies y manos) y unos gramos de polvos en las mejillas cadavéricas. El rostro muy masculino, anguloso y avejentado de Sean se presta a las mil maravillas para generar un auténtico trauma visual y psicológico en el ánimo del espectador. Sabemos que es una ex estrella judía de la música gótico-punk, que está medio alelado por el consumo brutal de drogas en otros tiempos y que vive una existencia aparentemente casi vegetativa, con un tempo vital de lentitud obsesiva, en su mansión de Dublin.

La película de Paolo Sorrentino que asombra y repele al espectador en los primeros minutos, luego termina logrando lo inesperado: que tras el aspecto torturado y escandaloso del viejo roquero sepamos que existe un alma cándida y generosa, un niño estancado en un cuerpo maduro que cabalga hacia la vejez y una persona inteligente y lúcida capaz de reflexiones como las que le regala a una camarera: "empezamos diciendo que queremos un tipo determinado de vida y acabamos lejos de lo que buscábamos diciendo encogiendo los hombros, "asi es la vida".

"Cheyenne", el viejo rockero, se retiró hace veinte años de los escenarios coincidiendo con que dos de sus fans, dos adolescentes, acabaron suicidándose impulsados por la filosofía y la sugestión derrotista de las anárquicas, violentas y depresivas canciones que él componía y cantaba. El se lo tomaba como un juego desafiante y después de ese doble suicidio no se siente con ganas de seguir su carrera musical y se retira a un universo blando lejos de las drogas y la bebida (se pasa la película bebiendo refrescos con pajita), casado con una mujer vital, inteligente y respetuosa Frances McDormand).

Todo cambia cuando debe viajar a Nueva York (lo hace en barco porque odia los aviones) donde su padre está muriéndose. Y aquí, la trama da un viraje absoluto y rompedor: cuando llega, el padre ha muerto y él debe afrontar un doble desafío, integrar la figura de un padre al que no ha visto desde hace treinta años y al que cree odiar porque se siente rechazado y, en segundo lugar, asumir la carga del holocausto y la venganza: su padre es un superviviente de uno de los campos de exterminio nazis y se ha pasado la vida persiguiendo al hombre que le había torturado en los campos y que sabe vive en Estados Unidos.

Sean asume esa labor y comienza una auténtica road movie que recuerda aquella pequeña obra maestra de David Lynch, "Una historia verdadera", por su variedad humana, su profundidad, su falta de maniqueismo y una manera de vivir la existencia dotada de una calma y una aceptación que conforman un ideal casi filosófico. El viaje acabará cambiando bastante radicalmente a Cheyenne. La película deviene un ejercicio de estilo que roza la genialidad, desde el ritmo detallista y moroso, hasta una cuidadísima fotografía y montaje (de Luca Bigazzi), incluido un guión (firmado también por Sorrentino) que transita con éxito entre el humor, la crítica social, el ridiculo de unos y la grandeza inesperada de otros, todo contemplado con optimismo y con una cierta beligerancia surrealista, con el añadido de una fabulosa banda sonora de David Byrne (que hace un cameo sobre si mismo en la pelicula) el líder de Talking Heads, cuyo "The must be the place", que da titulo a la pelicula, es uno de los temas más recordados de la banda.

Sin duda lo mejor de esta cinta, que tiene muchas excelencias, es la interpretación de Sean Penn que conforma con exactitud milimétrica una especie de Peter Pan gótico o de protagonista de las semilocuras inteligentes del genial Wes Anderson (ver, sin ir mas lejos, "Moonrise Kingdom" o "Los Tenenbaums, una familia de genios"). Dándole una  réplica asombrosamente efectiva, vemos a Frances McDormand (precisamente una de las actrices de Anderson) y un breve Harry Dean Stanton (precisamente uno de los actores fetiche de Lynch) mostrandonos ante el entusiasmo infantil de Penn, quién  inventó ponerle ruedas a las maletas. Así pues no parece ocioso insistir en las influencias tanto de Lynch como de Anderson en el amigo Sorrentino. Por eso no nos sorprende que la road movie de este director, lenta, perezosa, intimista y absurda, no sea una tópica película de cazadores de nazis, sino una apuesta humana, sensible y llena de humor ácido, donde el castigo al nazi, al fin encontrado, resulta de una traviesa ejemplaridad. Se llevó el premio del Jurado en Cannes. Escaso para sus merecimientos.

 

 

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8 septiembre 2012 6 08 /09 /septiembre /2012 07:01

los-mercenarios-2-cartel4.jpg

Dispóngamse a pasarlo bien. Evidentemente los amantes del cine de "Action hero". A los que les guste Allen, Lars Von triers, Tim Burton o los Hermanos Cohen, mejor que se abstengan. Este es una película para vibrar con destrucciones, mamporros y muchos, muchos muertos a balazos de los más chusco, sonreirse irónicamente o reirse a carcajadas. Porque eso sí, es un película encarnada por actores que se parodian a sí mismos, que hacen guiños incesantes a sus espectadores más fans o demuestran que el paso de los años no les han hecho mejores actores (caso del incombustible Schwarzenegger) o que su buen sentido del humor y olfato comercial les hace montarse en un carro (de carrozas) que no es todavía el suyo (caso de Jason Stathman).

Eso si, es un filme sin trampa ni cartón. Que se ofrece tal como es, sin pretensiones, con mucho cachondeo de sal gorda y que desde los primeros minutos de proyección en los que en un plis plas el grupo salvaje de carrozones de los 80 (con excepción, claro de Stathman) una orgía de musculos aún aparentes pero envejecidos, rostros estirados por el bisturí en los que el tiempo sigue dejando su miserable huella, se dedican a destruir todo un cuerpo de ejército y una población que dejan reducidas a cenizas. Aquí no hay sutilezas ni suavidades estilísticas: cine de acción desmesurado, violento hasta la caricatura y absolutamente  irreal. El tono festivo general, las conversaiocnes entre los envejecidos héroes y las secuencias en las que repiten una y otra vez los tics que les han hecho famosos y envian un mensaje socarrón al patio de butacas: no os creáis nada de esto, lo estamos pasando bien, touts les copains, y sólo os pedimos que suspendáis el sentido común y simplemente disfrutéis con lo que os contamos.

¿Qué tiene "Los mercenarios 2" que no tenga "Los mercenarios 1"? Autoparodia definitivamente descarnada y sentido del humor y de la desmesura sin límites. Por lo tanto, tampoco pasará a los anales del gran cine. Pero creo que a todos los participantes desde Sylvester Stallone, productor con Stathman de la saga, al citado Arnold "Terminator" o Bruce Willys. hasta el director Simon West o los mismisimos espectadores es una cuestión que les trae al pairo. El caso es disfrutar de los guiños de un guión escrito con la mayor irreverencia y sano sentido de la guasa que, por cierto, firma Stallone (no es tan descerebrado como sus actuaciones hacen pensar, cosa que ya sabiamos desde los incesantes "Rocky") junto con Richard Wenk.

¿Qué podemos decir de la interpretación? Por favor, olvidense de eso. Quizá el único actor digno de ese nombre sea Jason Stathman y su precuela Bruce Willys. Los demás, un impagable Jean Claude Van Damme como malo malísimo, el citado Willys que aporta su sabia ironía a un papel episódico, la tarantinesca Jet Li, un increíble Dolph Lundgren que a pesar de su bestialidad acaba por sernos entrañable, Terry Crews que aporta su negritud salvaje o Liam Hemsworth y naturalmente mención aparte para Chuck Norris y el abuelítico Arnold (cuya forma de reirse de sí mismo merece nuestro aplauso y admiración).

Simon West se mueve mejor con la batuta de director que el mismisimo Stallone de la primera entrega, es evidente, aunque hay secuencias en las que parece olvidarse que es una cinta acción/humor y pretende ser solo de acción, como en los viejos tiempos. Paradojicamente eso solo se nota en las secuencias transitivas, las que llevan de una destrucción a otra. "La trama? ¿Qué mas da? Un pretexto poco creíble para hacer crepitar las metralletas, lanzar bombas, provocar incendios y matar a muchisima gente, tantas casi como bañlas se disparan. Diviértanse.

 

 

 

 

 

 

 

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5 septiembre 2012 3 05 /09 /septiembre /2012 15:00

Kokoda_Batallon_39-378412-full.jpgMuy lejos de la magnífica "La batalla de Pachendeale" (que ya comentamos en estas paginas), "Kokoda, batallón 39" vuelve a documentar un episodio bélico que concierne a los australianos, pujante cinematografía bastante honesta en sus planteamientos y de una buena factura técnica (ya incidimos en las secuencias de aquélla pelicula sobre la primera guerra mundial y su indudable inspiración para el gran rey Midas del cine, Steven Spielberg, en su efectista "Caballo de batalla"). En esta ocasión, el director Alister Grierson, nos documenta la famosa batalla de Kokoda en Papúa Nueva Guinea, Polinesia, con el brutal avance de las tropas japonesas que intentaban ganar una posición privilegiada para iniciar la conquista de Australia y asi golpear en su vientre a Estados Unidos. Dicen en la pelicula y posiblemente tienen razón, que aquella batalla y un par más en esa zona fueron la que decidieron la suerte de la guerra en lo que respecta a   Australia, manteniendo el bellísimo continente libre de la zarpa nipona.

"Kokoda" nos habla de un batallón formado por soldados poco avezados para el combate, gentes de la zona (llamados "chocolates" por los altivos australianos, no por ser negros sino simplemente morenos y desde luego de una sociedad muy alejada en cualquier parametro de la "sofisticación" australiana --es decir, mantenían una actitud despreciativa semejante a la que los ingleses mantenían con los australianos--) que casi al precio de su desintegración aguantaron las feroces embestidas de los japoneses hasta que fueron auxiliados por las fuerzas regulares asutralianas, soldados de elite.

La historia se nos cuenta de una manera efectiva pero rutinaria, los actores, desconocidos aquí, no brillan especialmente en sus actuaciones y todo presenta un aire cansino y maniqueo en el que hasta se nos hurta el rostro de  los enemigos. Los japoneses se nos pintan como extraños hibridos de personas y camuflaje vegetal, alejados de toda humanidad pero, eso si , somos testigos de sus brutalidades (como la muerte de un soldado desarmado ante un japonés que le mata ensartandole su bayoneta en un ojo: por cierto en "Pachendeale" la escena inicial es el protagonista clavando su bayoneta en la frente de un jovencisimo e inerme soldado alemán).

Truculencias "gore" en el tratamiento visual de heridas y muertes, y la escatología que provoca la disentería,  que no añaden nada al contenido y un discurso oscilante que, paradojicamente, muestra  bien el sinsentido y absurdo de la vida cotidiana de los pobres soldados metidos en semejante barbaridad. Los exteriores, la selva de Papúa, los rios y las cascadas son hermosísimos.Consuela  un poco tanta miseria, suciedad y penalidades en un ambiente semejante. El heroísmo de los soldados suena un poco redundante y el  triunfo --momentáneo-- no logra conmovernos. Lástima, porque ese episodio bélico bien merece un mejor tratamiento. Y si no, vuelvan a ver "Pachendeale".

 

 

 

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3 septiembre 2012 1 03 /09 /septiembre /2012 07:38

bank.jpgMagnífica película al servicio de un Jason Statham, cada vez más sólido, a pesar del encasillamiento que padece dado su indudable carisma de hombre de acción. Cada vez las similitudes entre Bruce Willis y Statham son más evidentes: ambos son buenos actores a los que la industria del cine tiene sujetos a unos parámetros banales que ellos tratan por todos los medios de superar, simplemente actuando con esa desarmante naturalidad y ese encanto un poco bronco y violento que les caracteriza.

No hay mucha diferencia entre "El gran golpe" y cualquiera de los exitos protagonizados más o menos por Jason, desde la trilogía de "Crank", en las que un cierto sentido del humor bastante bestia crea un saludable alejamiento y perspectiva entre lo que nos cuentan y cómo nos lo cuentan, hasta trabajos tecnicamente perfectos como "The italian job" o la saga de "Transporter".

En este caso se trata de una variación sobre el manido "basado en un hecho real" en el que el subgénero "robo a un banco" se enriquece con elementos que involucran cuestiones políticas, la casa real británica, la prensa, la mafia rusa, los servicios secretos británicos y una humilde banda de delincuentes de poca monta a los que le va demasiado grande el lío en que les meten.

El famoso robo tuvo lugar en 1971 (año de  acción de la película, la ambientación de aquella época es uno de sus logros)y nunca llegó a resolverse de forma satisfactoria, cubierto los hechos de secretos oficiales y distracciones y falsas informaciones en los medios.

Dirige Roger Donaldson con un magnifico guión de Ian LaFrenais y Dick Clement, que sacan punta especulativa a las numerosas lagunas que presentó el caso y diseñan con milimétrica precisión una trama bastante compleja que podría haberse perdido en especulaciones. Los giros sorprenden pero no resultan descabellados y el ritmo es magnífico con momentos de autentica tensión.

Digamos que se trata de una película de 2008 por lo que tendran que acudir al Dvd club para encontrarla, (cosa que les aconsejo) ya que entonces no fue suficientemente valorada bajo mi opinión. Me encanta recuperar cintas interesantes, aunque ya no esten en cartel y haya que buscarlas en las estanterías de viejas películas (2008 está aqui mismo pero es tal la cantidad de estrenos que hasta las del año pasado ya suenan a viejas).

El plantel de actores que acompañan a Jason es uno de esos que no solo ensalzan al protagonista sino que ellos mismos tienen momentos de gran acierto. Por ejemplo la bella Saffron Burrows como la mujer fatal que embrolla todo (aunque luego se redime) y David Suchet, un malo correoso y malvadísimo que mantiene no obstante su humanidad en algunos momentos, solo mostrando sus debilidades (me sorprende siempre la calidad de los actores secundarios británicos: no tienen desperdicio).

La clave crítica de la película sobre la sociedad, los medios, los poderes y los politcios británicos de la época es descaradamente dura, a veces transitando un poco por la caricatura del exceso, pero resulta refrescante en su visión de las contradicciones internas del país,si las comparampos con el efecto politicamente correcto de los Bond 007.

Pelicula interesante que merece un visionado aunque sea para comprobar una vez más que el marketing del cine a menudo estropea exitos de peliculas que se lo merecen más que la mayoría de las que gozan de lanzamientos espectaculares. ¡Bien por el cine british de la serie B!

 

 

 

 

  

 

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30 agosto 2012 4 30 /08 /agosto /2012 07:46

elefante-blanco-cartel.jpg¿Qué dosis de cochambrosa, cruel, lacerante realidad está dispuesto a aceptar en una película? El argentino Pablo Trapero (ya les he confesado en más de una ocasión el respeto que se va ganando el cine argentino en mis comentarios) nos trae a colación el asesinato de un cura obrero, el padre Múgica, en Argentina el año 1974, para hablarnos años después de otros dos curas (soberbio, como siempre, Ricardo Darín y a su sombra, Jerome Renier) que se dejan dia a dia la vida en una imposible lucha contra la corrupción y la miseria en una barriada marginal del gran Buenos Aires, ante la violencia del narcotráfico, las bandas callejeras y una policía establecida como brazo represor y violento de la ley de la diferencia social.Con un inicio impactante, primero el primerísimo plano de la cabeza de Darín sometiéndose a un scanner cerebral y como contrapunto la desesperada huida de una matanza de indígenas en el Amazonas con el otro sacerdote, Renier, cuya "culpa" por haber sobrevivido a la gente que amaba y es  tan cruelmente destruida, es uno de los aciertos de la complejidad del personaje, que no logra mantener su fuerza interior y termina siendo devorado por un desarrollo argumental y una interpretación desvaida, que lo deja convertido en mero traspunte testimonial.

La miseria, la barbarie, la lucha interminable de unos pocos por el bienestar y la supervivencia de una masa humilde y necesitada, a veces indignada y siempre reprimida, las luchas en el seno de esa sociedad elemental, las drogas, los matones, las venganzas, forman un caldo espeso en el que la película trata a duras penas de no naufragar.

El duro final, la creación de un nuevo mártir, la falta de compromiso auténtico de la jerarquía eclesiástica, la soledad profunda de esos dos hombres y los pocos seglares que les ayudan, dejan un regusto amargo en el espectador, aunque sin llegar a mantener la fuerza testimonial del arranque. Todo sigue igual. Siempre habrá injusticias demenciales, miseria y horror. El consuelo relgioso es solo eso, un consuelo, cada vez más desvaido. Solo queda el coraje y la fuerza de esas personas que se sacrifican y lo sacrifican todo por una solidaridad que casi nunca es entendida y valorada, en un clima callejero de conflicto y violencia permanentes con diversos orígenes.

La subtrama amorosa entre el cura francés y la asistente social da un tono de humanidad y comprensible debilidad personal a la película, sin llegar a cuajar en el drama intimo que lograba inquietarnos en "El poder y la gloria", de Graham Greene, por ejemplo. Esa historia secundaria -- a mi entender poco pertinente-- empalidece frente al gigantesco y profundo drama de Julian, Darin, cuyas dudas y rabia interior deslumbran por su autenticidad (todo en Darin es auténtico, menudo monstruo de actor) como indignan la desidia de los gobernantes, el olvido y la marginación que se derrama sobre tantos seres humanos, en el umbral de la sociedad cómoda y desarrollada que les rodea, la rutinaria actitud de la iglesia o la aplicación de la violencia desde todas las direcciones como una forma necesaria e inevitable de relación.

"Elefante blanco", nombre del esqueleto de un gran hospital para los menesterosos que jamás llega a terminarse, es la metáfora hiriente y vergonzosa de un sistema politico y social que nunca cumple las expectativas que genera, aunque especialmente en la dirección de los más desfavorecidos. Todo deviene en la película un "elefante blanco" monstruoso en el que se instala el infierno de la miseria y la violencia. En ese oscuro y fatídico engranaje trata de sobrevivir la luz de unos pocos, la labor desinteresada de los dos curas y los que le ayudan. Martina Gusman se mete en el poco airoso papel que le dan y el resto descansa sobre los hombros de Ricardo Darin, que salva y enaltece esta difícil película de visión obligada para conocer una situación que resulta familiar en muchísimos países de esta sociedad humana imperfecta de principios del siglo XXI.

 

 

 

 

 

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25 agosto 2012 6 25 /08 /agosto /2012 10:43

prometheus-cartel2.jpg

 

"Alien, el octavo pasajero" constituyó una memorable fita en el camino de perfección de las películas de ciencia-ficción. Dirigida por Ridley Scott, el mítico director de "Blade Runner" (otra obra maestra del género) o la eficaz "Gladiator", nos llevaba a bordo del "Nostromo", una nave espacial dirigida por oscuros intereses de grandes corporaciones, a un lugar sin esperanza donde el terror era sabiamente dosificado y se creaba una atmósfera de pesadilla servida con una escenografía dantesca, un monstruo de una maravillosa maldad natural y de una presencia exquisitamente brutal (una mezcla de gigantesco lagarto-serpiente humanizado con letal armazón telescópico en las fauces siempre babeantes)  dentro de la enormidad de su diseño. Servida además por actores en estado de gracia, desde la dura y atractiva teniente Ripley (Sigourney Weaver) a John Hurt el vulnerable primer huésped del terrorífico espécimen o el androide Hash encarnado por Ian Holm (que años más tarde sería Bilbo Bolsón en "El señor de los anillos"). Fue "Alien" una de esas películas que marcan un "antes" y un "después" en la historia específica del cine de género, dejando su impronta en generaciones posteriores de directores y filmes.

Pues bien, "Prometheus" es el fallido intento de ese mismo director Ridley Scott de realizar una película que fuese la madre generativa de un nuevo impulso a la ciencia ficción en particular y al cine en general. Le ha perdido la desmesurada pretensión filosófica. Ahí es nada, responder a preguntas clave para la humanidad como, ¿quienes somos?, ¿de donde procedemos? ¿Quienes fueron nuestros creadores?,lejos del darwinismo común o de la respuesta religiosa. Todas quedan subsumidas en otra,  ¿por qué intentan destruirnos nuestros creadores?, con lo que nos hurtan las preguntas trascendentes para pasar a la intencional, que genera la trama ya banal.

Asombra la chocante debilidad  de Scott al contagio de su anterior obra maestra. "Prometheus" es una precuela no confesa de "Alien", con mayores y mejores medios técnicos cinematográficos, un guión que se complica y se vuelve oscuro  y banal a medida que transcurre la película, firmado por Damon Lindelof y Jon Spaiths, una escenografía delirante que no logra superar la asfixiante de "Alien" y un desarrollo de la trama que, con la excepción de alguna secuencia particularmente dura pero eficaz (como la cesárea de la protagonista), reitera elementos argumentales como el de la traición del androide encargado del control de la nave (en este caso un impecable Michael Fassbinder, que termina descabezado como su homólogo en "Alien") el sexo del indiscutible protagonista, en este caso Noomi Rapace (una excelente elección) y otros que no vamos a desvelar.

La evidente voluntad de dejar la obra abierta para la inevitable segunda parte hace que "Prometheus" a pesar de su innegable belleza formal (el espectador archivará en sus recuerdos algunas de las imágenes más bellas e impactantes de la ciencia ficción, tras ver esta película) produzca una sensación de "dèja vu", de algo ya visto, aunque envuelto en un lujoso y llamativo envoltorio. Así, las secuencias de apertura de la película tienen la dramática belleza de una obertura wagneriana, aunque los personajes no logran atraer el interés o la empatía del espectador, tal vez contagiados por la frialdad de la propuesta. Tanto Noomi como Fassbinder (el robot David) y la inquietante Charlize Theron, se llevan todos los méritos y no deja de ser curioso que tanto el robot humanizado como la hija del patrocinador de la expedición, Charlize, sean dos prodigios de frialdad e insensibilidad. Eso se contagia al espectador que, aun seducido por la forma despampanante del producto, termina pensando "muy bien ¿y ahora dónde vamos? indiferente ante el fin de la historia.

La suerte de la "Prometheus" no nos conmueve como lo hizo la "Nostromo" de la teniente Ripley que, por cierto, también acaba embarazada del monstruo en otra entrega de la saga, vaya por Dios, aunque Segourney no recurre a la cesárea.

Para los cinéfilos,hago especial mención a la secuencia del androide David (Fassbinder) seducido por la película  "Lawrence de Arabia" de David Lean, imitando a Peter O'Toole en sus gestos, su voz y sus frases, mientras en la nave "Prometheus" todos los tripulantes humanos duermen a la espera de un terorrifico despertar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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20 agosto 2012 1 20 /08 /agosto /2012 07:41

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Pelicula delicada e intimista, lenta, plena de sugerencias y un dulce respeto de actitudes, en la que los sentimientos brillan en la mirada de una mujer o en el rictus de un hombre, en torno a un amor imposible que aquí deviene una historia tan melancólica como el piano que puntea muchas secuencias o la voz increible de Oum Kazum, la cantante egipcia muerta hace muchos años, en 1975, pero aun presente y viva en el imaginario popular arabe. 

Juliette, (Patricia Clarkson) es una mujer casada que viaja a Egipto para encontrarse con su marido Mark, funcionario de las Naciones Unidas. Su marido está trabajando en Gaza en un campo de refugiados y no puede salir de alli debido a los disturbios. Para recoger y acompañar a su mujer Mark pide a un amigo egipcio, Tarek (Alexander Siddig) que la cuide hasta su regreso. La directora de esta cinta, la canadiense de origen arabe Ruba Nadda, mantiene una exquisita discreción en una trama en la que la delicadeza y la idiosincracia enfrentada de los protagonistas juegan una baza exótica en una tensión emocional que recuerda el "Breve encuentro" de Davis Lean o "Los puentes de Madison" de Eastwood. El melodrama está servido, pero lo hace con una suave empatía por la soledad y la ilusión amorosa de una mujer madura que se siente renacer y rejuvenecer ante el cuidado, el respeto y la indudable atracción de un hombre que despierta los ecos sentimentales de su corazón.

No hay momentos de tensión, celos, vulgaridad o violencia interior. Todo transcurre con la cadencia de una sonata de Chopin, forjando una `película que se ve con agrado aunque está muy lejos de sus modelos evidentes. El  Cairo, Alejandría, el Nilo, las Pirámides ofrecen un declorado luminoso y colorista para una atracción amorosa que huye de los clichés desesperados de "El paciente inglés" por ejemplo, pero que aprovecha con parecida habilidad la indudable belleza y sugetión de ese país inolvidable.Es quizá la historia de una bella tentación que no se resuelve en ningún  momento pero que abunda en detalles exquisitos del reprimido amor de una pareja que sólo roza el misterio de la entrega. Cada uno de ellos, encierra la vivienvia en lo más profundo, aceptando el fin y el desarrollo de ese amor no nato y también la continuación de la vida de cada uno al margen de ese seuaño entrevisto apenas: la relación de una pareja que rozó le tensa satisfacción de la pasión durante el breve lapso de dos semanas.

Maravillosa actuación de Patricia Clarkson, que da vida, sensibilidad e inteligencia a un rostro aparentemente frío y distante pero que compone en sus miradas, en la leve sonrisa, todo un catálogo de emociones y sentimientos femeninos. Hay una gran elegancia en la manera en que la directora sortea y evita situaciones que podrían empujar la trama en una dirección de conflicto: las secuencias del beso rozado  ante el ascensor, la breve estancia en la habitación en la que con una simple mirada  de pasión compartida pero refrenada se evita lo que parece inevitable y la despedida final en el hall del hotel ante el marido llegado por sorpresa, dan una medida de la habilidad narrativa de esta directora. Un regalo para los espectadores /as románticos, que añoran la vieja delicadeza en las relaciones amorosas.

 

 

 

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17 agosto 2012 5 17 /08 /agosto /2012 07:25

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Katniss (Jennifer Lawrence) y Peeta (Josh Hutcherson) son los dos elegidos jovenes adolescentes para representar a su distrito en un juego letal al que deben prestarse los habitantes de Panem (que fueron los Estados Unidos antes del holocausto) en castigo por haberse rebelado contra el distrito central. El país en ese futuro indeterminado es una dictadura militar con una sociedad minoritaria sofisticada, ociosa y depravada que viven del poder y el resto del país en el que la miseria, el hambre y el miedo son el estado habitual. Heredera del "1984" de Orwell, la propuesta de la saga novelesca escrita por Suzanne Collins se centra en la violencia, la juventud, el valor y el amor como elementos principales.

En la brillante, aunque rutinaria y algo irregular versión cinematográfica de Gary Ross, se percibe la intencionalidad comercial de constituir una saga que recoja el listón de Harry Potter o de la blanda trilogía vampírica del Crepúsculo. No le faltan méritos desde luego, aunque la mediocre categoría de la trama y la linealidad psicológica de la mayoría de los personajes serán más observables y enjuiciados por los adultos cinéfilos que por los jovenes y adolescentes que vibren con el valor y la pericia de la sin par Katniss y los elementales sentimientos y emociones que reflejan tanto ella como su ambivalente compañero.

    Está bien descrita la fuerza aglutinante y globalizadora de unos Juegos marcados por la supervivencia, la violencia y la muerte, fotografiados al milimetro, por camaras omnipresentes en un show live realizado en un mundo controlado virtualmente desde el centro de poder (al estilo de la inquietante "El show de Truman. Una vida en directo", de Peter Weir"). No tanto la figura del líder de la nación, un engañosamente cordial y familiar Donald Shuterland, en realidad manipulador, cruel, soberbio y amenazador. En resumen una versión potmoderna con moda "retro" del "Panem et circenses" propuesta por los romanos, donde el pan es exiguo y el circo brutal. No entra en más honduras sociopoliticas la película: es un entretenimiento, no lo olvidemos. La critica feroz contra la represión totalitaria y el miedo en la novela de Orwell "1984", brilla aquí por su ausencia y las figuras de poder devienen estereotipos ya gastados por el uso.

El problema es, como casi siempre ocurre con este tipo de obras, el exceso de metraje. Dos horas y media dan para mucho si son utilizadas con sabiduría. Aquí nos sobran muchas escenas del principio, redundantes, la mitad de las de las persecuciones en un escenario manipulable, en el que se controlan desde el tiempo atmosférico, hasta los incendios o la presencia de criaturas monstruosas. También en la conclusión se debilita el tono argumental con tal de buscar el final feliz (aunque abierto) y se suman algunas reiteraciones que marean al espectador no entregado. Tampoco la elección del casting es muy adecuada, especialmente en la figura del héroe (un poco descafeinado el amigo Joss) aunque sí la simpatica contundencia física y la actitud desabrida de Jennifer (la credibilidad del cambio de actitud amorosa es poco creíble). Ayudan algo a la fuerza del filme las aportaciones de Woody Harrelson (un poco pasado de vueltas al principio), y el histrionismo de Stanley Tucci y Toby Jones (amigo, lo que hay que hacer para seguir saliendo en el cine) y sobre todo el citado Shuterland (que sigue haciendo papelitos insignificantes a los que dota de la fuerza de su rostro irónico, agudo y algo malvado).

En resumen una alegoría de fuerza política contra la represión y la falta de libertad (muy suavizada por el tono de película de aventuras) y un alegato en contra de los "reality show" con su carga de indignidad y manipulación emocional descarada, al servicio de los más bajos y vulgares instintos. Como dice el cínico Donald Shuterland en una escena, "Al pueblo hay que darles un rayo de esperanza, pero breve, nunca demasiada" y seguir manteniéndolo en la brutalidad de las necesidades basicas nunca satisfechas del todo pero, eso sí, con acceso universal a las grandes pantallas de televisión donde mostrarles los mensajes implícitos que la dictadura cree más efectivos.

Escenas de acción con sabor de videoclip, fotografía fría y distante para mostrarnos a la sociedad poderosa y decadente del Capitolio, en contratse con los tonos oscutos y la fealdad de la miseria entre los tristes y atemorizados habitantes de los distritos sometidos. Ritmo desigual entre las persecuciones y las secuencias de amor, amistad o ternura (algunas sentimentales en exceso como la de la adolescente compañera de la heroína). En suma un producto realizado con profesionalidad, destinado a la mayoría joven que abarrota las salas de cine en busca de diversión y entretenimiento con una cierta calidad argumental y técnica.

 

 

 

 

 

 

 

 

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