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26 enero 2013 6 26 /01 /enero /2013 08:21

belyy-tigr.jpegBasada en una novela de Ilya Boyashov, la rusa Karen Shakhnazarov dirige una película bélica dotada de un extraña fascinación. Mientras la Segunda Guerra Mundial llega a su fin, las tropas soviéticas avanzan por territorio alemán liquidando bolsas de resistencia. Cerca del Vístula, ya acercándose a Berlín, los tanques rusos se enfrentan a los nazis, pero en uno de los frentes aparece un extraño tanque, un Panzer dotado de enorme movilidad, bastante silencioso y con una potencia de tiro enorme. Es de color blanco y siembra la destrucción y el temor a su paso, infligiendo fuertes pérdidas a los rusos. Un sobreviviente de un tanque ruso, el sargento Ivan Naydenov, logra superar, milagrosamente, unas quemaduras en todo el cuerpo y emerge del coma dotado de una misteriosa capacidad para "escuchar" a los tanques, una escucha activa ya que "oye" cuando el tanque enemigo va a ser disparado. Todo el mundo piensa que el sargento ha enloquecido pero al ser reenviado al frente comprueban que logra escapar indemne a todos los ataques. El sargento está obsesionado con el "Tigre blanco" el nombre que le han dado al misterioso tanque nazi.

Comienza una larga búsqueda. Los mandos rusos no están seguro de que el Tigre Blanco exista en realidad pero un coronel del contraespionaje militar sovietico llega a verlo y encargan la construcción de un modelo T-34 ruso más potente y blindado para que busque y destruya al Tigre Blanco.

La historia, muy  realista pero con componentes "místicos" parece una metáfora urdida para demostrar la lucha del individuo, el sargento, contra la fuerza del mal, reflejada en el misterioso tanque nazi, tan blanco quizá como Moby Dick. Y así vemos al ballenero "Pequod" transformado en un tanque ruso con tres tripulantes, el capitán Acab como un sargento ruso enloquecido y místico y el Panzer nazi como la ballena blanca.

Para terminar de redondear la metáfora y el simbolismo de la lucha soviética contra el mal absoluto del nazismo, la directora añade un epílogo innecesario y diáfano con el mismo Hitler perorando sobre su locura y asegurando que lo que los nazis hicieron es lo que toda Europa hubiera querido hacer con judíos y rusos si se hubieran atrevido a ello. Lástima de moraleja que estropea el atractivo de una película interesante.

Por cierto las imágenes de las batallas suelen estar aderezadas con musica de ...Wagner, naturalmente. Gerasim Arkhipov compone un tanquista místico muy verosímil y contenido y Aleksandr Bakhov es un oficial de inteligencia militar (¿quién dijo que estos eran dos términos irreconciliables?) muy ajustado, dentro de la contradicción y la paradoja que supone para un hombre sensato e inteligente enfrentarse a lo desconocido, al "otro lado" de la racionalidad.

 

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23 enero 2013 3 23 /01 /enero /2013 15:50

amour-cartel1.jpg

Del amor y de la muerte. Dos temas, a veces entrelazados y si no que se lo pregunten a Freud. En "Amor", del austriaco Michael Haneke, Palma de oro de 2012 en Cannes, esos dos elementos tan humanos, demasiado humanos, están presentes en todo un metraje que nos relata una historia brutal y sórdida, la de dos octogenarios, marido y mujer, pertenecientes a la alta burguesía cultural francesa, ella profesora de piano, a los que una enfermedad imprevista y demoledora destroza el epílogo de una vida cultivada y razonablemente feliz. El autor de "La pianista" --otro desasosegante relato de sexo y degradación, contrapunteado también por la música-- y de "La cinta blanca" (que obtuvo otra Palma de Oro en 2009), nos habla de los límites y efectos de la decadencia de la edad en las personas, de los efectos de la enfermedad en los sentimientos, de la soledad de los ancianos, de la inicua y dolorosa falta de empatía de los hijos (la hija, interpretada por Isabelle Hupert, es un prodigio de frialdad y egoísmo) de la lucha cotidiana del anciano por ayudar y acompañar a su esposa, cada vez más reducida a un triste ser incapacitado y dolorido.

El mayor acierto de Haneke consiste en haber confiado los difíciles papeles de esos dos ancianos llenos de complicidad, respeto y amor, a Jean Louis Trintignant (82 años)¿lo recuerdan en "La escapada" de Dino Rossi, en los años 60, o en "Z" de Costa Gavras? y a la gran Emmanuelle Riva, con 86 años, en un  papel admirable por su crudeza y su dramatismo (Si han visto en la tele o en cinematecas aquella película extraordinaria "Hiroshima mon amour", la reconocerán cincuenta años más joven).

La película está rodada con estilo clásico, sin innovaciones, atenta a los gestos, miradas y diálogo de dos ancianos inteligentes y cultos que comparten el final de su vida, hasta que un accidente vascular cerebral aparece y ataca sin misericordia a la mujer. A partir de ese punto comienza un via crucis en el que el marido, Georges, va intentando superar las dificultades cotidianas que le provoca el cuidado de una enferma cada vez más discapacitada sin apenas ayuda, con una hija intrusiva más atenta a sus problemas personales que a los de sus padres y la ayuda pagada de cuidadoras que nos siempre están a la altura humana que se les exige para ese trabajo.

La importancia de esta película, que trata de evitar el tono de denuncia o el de documental de tema médico, se comprueba en el propio ánimo del espectador que se ve, pese a la dureza de muchas secuencias, atrapado hipnóticamente por el desarrollo de la historia, cuyo final es tan previsible como lamentable. Y que, prueba de oro, seguramente tardará en olvidar, si lo llega a olvidar alguna vez.

Las confidencias entre los dos ancianos en la primera parte de la película resulta sumamente conmovedora sin llegar a desbordarse en sentimentalismo. Todo ese mensaje de amor está contenido en la mirada afectuosa y amable de Trintignant o en el desamparo desolado de la Riva. El pulso de la vida de esas dos personas en sus últimos latidos llena de angustia y asombro al espectador, que asiste conmovido y turbado, a un recital de humanidad, de dolor y de amor profundo sometido a una prueba de entereza inhumana...y triunfante a pesar de la implacable crueldad del final.

Una cámara lenta, minuciosa en los detalles, acompañada de una banda sonora sensible, emotiva y profunda, excelente edición y dirección artísticas, y un movimiento calmo y magistral en las secuencias, fiado todo ello de la maestría mágica de los tres grandes actores en estado de gracia, de sus miradas y sus silencios, de sus diálogos a media voz.

Haneke nos obliga a abrir los ojos ante una puesta en escena sórdida, densa, pero al mismo tiempo clara, sencilla. Todo se desarrolla practicamente en el piso burgués que la pareja posee en París. No hay ninguna concesión, ninguna comodidad en las desoladas secuencias que se nos ofrecen. Pero sí hay una llamada intensa a los sentimientos y a las emociones más íntimas. Se podría pensar que el título, "Amor" es sarcástico, irónico. No es así. Hay amor profundo en la mirada de Trintignant, hay cariño incondicional en las manos de Emmanuelle acariciando las de su esposo, tras un episodio desagradble provocado por la enfermedad.

En toda la película no se menciona la palabra "Amor". No se trata de contarnos una historia de dulce y tópico amor otoñal. Sino las manifestaciones de un  amor profundo que no se parecen en nada a las tópicos. Que entraña la entrega sin condiciones y sin reserva de una persona a otra, en lo bueno y sobre todo en los malos y duros momentos de la enfermedad y la muerte. Hay, para terminar, una enorme dignidad en ese anciano que sueña o alucina con la imagen de su esposa, sana y activa, que le invita a partir. Y una entereza envidiable en los ultimos momentos de lucidez de ella compartiendo la descripción que su marido hace del entierro de uno de sus mejores amigos: nuestro tiempo ha pasado, parece sugerir la película. "Quizá no vale la pena vivir en un mundo tan diferente". El deterioro fisico, psicológico, biológico y emocional de la mujer amada, se refleja en una secuencia capital que no les contaré pero que reconocerán si van, como les recomiendo, a ver esta película incómoda que nos habla de que hay cierta esperanza para un género, el humano, capaz de reflejar sentimientos de delicadeza, respeto y amor en época de zozobras y de ruina.

 

 

 

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22 enero 2013 2 22 /01 /enero /2013 10:19
la-noche-mas-oscura.jpg
 
  Magnífico "thriller" político con  quince minutos finales modélicos en películas de acción militar. La oscarizada Kathrin Bigelow (el año pasado, con la sorprendente "En tierra hostil", otra incursión en el "lado oscuro" de los servicios militares especiales) que parece una John Wayne de la dirección -- igual de patriótica pero más inteligente que el legendario "Duque", prototipo del militar norteamericano de todas las épocas--, nos atrapa con la historia de la búsqueda, asalto y  muerte, de la figura odiada de Osama Bin Laden por los servicios de inteligencia norteamericanos, con la CIA a la cabeza.
Técnicamente irreprochable, con una tensión bien administrada y una narración fría pero llena de  detalles sutiles, la película nos muestra durante más de dos horas y media (algo excesivo el metraje) un cine magnífico que envuelve un mensaje ambiguo y manipulado. Nos dan todo tipo de detalles sobre los esfuerzos de la CIA por encontrar a Bin Laden, pasando (¿justificando?) por los tristemente famosos campos de interrogatorios. cárceles secretas donde se torturaba a presos isalmistas con inmunidad casi total, resaltando los esfuerzos de la pelirroja agente de la CIA (muy lograda la composición del personaje que nos ofrece Jessica Chastain) tratando de convencer a sus  superiores masculinos de que sigue una pista acertada, paracoronar la cinta con los citados quince minutos de despliegue del comando especial (la llamada operación "Lanza de Neptuno").
No nos engañemos, la realidad fue seguramente peor de lo que nos cuentan, pero lo que nos cuentan lo hacen tan bien que incluso no nos molesta que no se hiciera mención al final de la extraña y nunca bien explicada desaparición del cadáver de Bin Laden.
Y así las secuencias de tortura dejan sitio a los movimientos en el seno de la CIA, para culminar en el asalto y asesinato del lider de Al Qaeda en un villorrio de Pakistán. Ambos extremos, la tortura y el crimen de estado, un asesinato de varias personas, entre ellas Bin Laden, se nos presentan como elementos necesarios y disculpables de un momento determinado de nuestra historia reciente. Nada de análisis éticos o de una cierta sensibilidad política hacia el principio aquél tan democrático y olvidado de que el fin no justifica los medios. Presentarnos en un argumento paralelo que el error monstruoso (pero útiol) del asunto de las "armas de destrucción masiva" que segun la CIA estaban en poder de Saddam Hussein, al tampoco demostrado asesinato de Bin Laden, nos muestra hasta qué extremos llega el cinismo o la ingenuidad tenebrosa de Washington. Y, por otro lado, justifica que llamemos a la Bigelow, el nuevo  John Wayne de la dirección.
Realmente hábil es el inicio de la película, un fundido en negro en el que se recogen testimonios de sonido de las gentes que murieron en el atentado de las Torres Gemelas en 2001, para pasar de inmediato a una brutal secuencia de tortura a uno de los detenidos "sin nombrte" en las cárceles secretas militares destinadas a interrogatorios de islamistas y presuntos miembros de Al Qaeda. ¿Es un forma de decirnos que lo que vamos a ver está justificado por lo que acabamos de oir?
Pero si prescindimos (¿es eso posible?) de cuestiones éticas y nos quedamos con la película como producto destinado al entretenimiento sin más, pues enohorabuena a la Bigelow, y ojo a los Oscar. Sería irónico que la cargaran de estatuillas... y significativo.
 
   

 

   

 

 

 

 

 

 

 

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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 00:00

kontiki

 

Llevar al cine la vida de Thor Heyerdhal, el célebre aventurero, antropólogo y biólogo que se empeñó en demostrar que hubo habitantes de Sudamérica que colonizaron la Polinesia  en un pasado ancestral (en lugar de ser colonizada por asiáticos, que es la tesis que sostiene la mayoría de los antropólogos) cruzando el Pacífico del este a oeste más de siete mil kms en balsas fabricadas con árboles y unidos los troncos con cuerdas, sin más elemento moderno que unos aparatos de radio para comunicarse, puede resultar una película farragosa o fascinante. En este caso se ha apostado por una narrativa lo mas objetiva posible, sin entrar demasiado en detalles que no tengan que ver directamente con la expedición.

Comienza con unos retazos de la infancia de Thor en la que descubrimos que el célebre navegante tenía fobia al agua y no sabía nadar. Y también la enorme paciencia, arrojo, obstinación y audacia que caracterizaron al aventurero noruego. La película está muy bien filmada y ha sido interpretada por el actor noruego Pal Sverre Valheim Hagen, que ostenta un  enorme parecido con Heyerdhal. Dirigida por Joachim Ronning y Espen Sandberg, la pelicula tiene dos partes bien diferenciadas: los antecedentes del viaje, la busca de financiación, la relación familiar de Thor y la seleccion de los hombres que habrían de compartir la aventura, desde la fabricación artesanal de la balsa. La segunda y más atractiva narra la navegación por el océano, dese un puerto peruano, hasta embarrancar en los arrecifes de una isla polinesia, el 7 de agosto de 1947, tras un viaje de 101 días,  lleno de dificultades  y peligros.

La balsa estaba tripulada por Heyerdhal, Knut Augland, Bengt Danielsson, Erik Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger. Tal como dice Thor en una escena de la cinta, "Los océanos no son una barrera para el hombre primitivo sino una vía de comunicación". Navegantes sudamericanos que, según la tesis de Heyerdhal, llegaron a Polinesia y colonizaron las islas. Se realizó un documental durante el viaje que obtuvo un Oscar en 1951.

Recuerdo haber leido el libro sobre la expedición escrito por Heyerdal durante mi infancia, en un ejemplar editado por Juventud, ilustrado con fotografías en color y blanco y negro de la expedición y haber soñado con  emular algun día al audaz y obstinado Thor. La película ofrece varias secuencias de la travesía, de una belleza increíble y logra mantener el interés y la tensión narrativa espigando en momentos significativos en el variadísjmo repertorio de sucesos inesperados y de rutina y plúmbea espera que dan de sí un centenar de días sobre una balsa en pleno océano, viviendo de lo que se pesca y evitando a los tuburones o sobreviviendo a las tormentas.  Película aconsejable a los aficionados a los deportes de riesgo y aventureros en general.

 

 

 

 

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19 enero 2013 6 19 /01 /enero /2013 08:05
el-doble-del-diablo-cartel1.jpg
 El director Lee Tamahori, neozelandés, que prometía mucho tras su comienzo con "Guerreros de antaño" y luego se mediocretizó con "La hora de la araña" o "Muere otro día", escoge ahora para su "El doble del adiablo" un tema bien amado en la literatura y el cine, el del doble, el "doppelgänger" como llama la cultura alemana a este argumento de la literatura y el cine universales. Poe, Cortázar o los hermanos Grimm o Andersen en los llamados "cuentos infantiles", nos hablan a menudo de ese intranquilizador tópico, la presencia real o fantasmal de un personaje idéntico al protagonista (recordemos a Heinkel, desternillante doble del barbero judío Chaplin en "El gran dictador" o  a "Kagemusha" del gran Kurosava).
En la película que nos ocupa,Tamahori adapta un pretendido libro de memorias de Latif Laia, que fue doble del hijo más bestia de Saddam Hussein, Uday, jefe de la guardia pretoriana que custodiaba a su padre y uno de ,los psicópatas embebidos de soberbia y poder absoluto que ha dado ese género tan lamentable que somos los seres humanos. Amoral, vicioso, asesino, violador compulsivo, Uday, sembró de crímenes la historia del Iraq de los años noventa y hasta que los intereses norteamericanos destronaron a Saddam. Uday fue tiroteado por soldados aliados y su cadáver expuesto al escarnio público.
El actor Dominic Cooper asume la dura e ingrata labor de dar vida a los dos personajes, el enloquecido e histriónico Uday y a su doble, un teniente del ejercito iraquí --con la mala suerte de parecerse fisicamente al cruel hijo del dictador--, eliminadas con cirugía plástica las pequeñas diferencias, para sustituirle en algunas circunstancias. La diferencia moral de ambos queda visible desde los primeros fotogramas y luego van condensándose en una relación anecdótica que no acaba de convencer. Uday es mostrado como lo que seguramente fue, un enfermo mental desatado, cruel, vanidoso, estúpido y sanguinario y Latif queda desdibujado y plano al otro lado del espejo, con un retrato sin matices, unicamente favorecedor y poco realista.
Esta es el mayor defecto en una película que mantiene el ritmo, arrastra por la fuerza de sus secuencias, con un buen diseño de producción y puesta en escena, pero que fracasa en los apartados de dirección de actores y guión. En ese sentido es una película fallida que se complace un poco demasiado en pintarnos los excesos y horrores de Uday  ante un Saddam Hussein (Philip Quast) acartonado, que parece haber surgido del Museo de Madame Tussauds y por contra no logra ajustar el enorme dilema moral, la tragedia personal de Latif, mudo testigo de los desmanes de su jefe, cada vez más plano y con unas reaccoones que, dado el tipo de personaje que era Uday, resultan poco verosímiles.
No obstante es tal la desmesura de la que hace gala Uday (ríanse ustedes de Calígula) que el retrato aparece como paródico y si no fuera por la tragedia brutal que evoca, parece más digno de un Sacha Baron Cohen (en "El dictador", el cómico nos dio un recital de un personaje muy semejante, el general Aladeen) que de una figura shakesperiana, clarooscuro que  la complejidad del personaje y sus relaciones familiares hubieran permitido. En realidad todo resulta tan brillante de oropel y falso de decorado  como los interiores del palacio de Uday y el desfile de prostitutas, lacayos y matones que rodean al patológico dictador sin corona de Irak, mientras su padre , Saddam, se lamenta de no haber castrado a su hijo cuando era niño y su madre le deja un lugar en su lecho y lo trata como a un bebé. No hay autenticidad en los retratos de Uday y su doble y todo queda como un carnaval sangriento, que de puro disparate termina pareciendo una parodia.

 

 

 

 

 

   
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17 enero 2013 4 17 /01 /enero /2013 16:52
snow_flower_and_the_secret_fan_8776.jpg
 
 Basada en una novela de Lisa Lee, "Snow flower and the secret fan"  (traducida en España de manera harto simplista como "El abanico de seda") esta película narra la historia de Lirio Blanco y Flor de Nieve que a los siete años de edad son hermanadas con el rito femenino de "laotong" que podría traducirse como "mi otro yo" o "alma gemela", un vínculo sólo entre mujeres que la tradición china considera un compromiso de amor y amistad para toda la vida. Entre las "hermanas" se comunican con un  lenguaje secreto femenino llamado "nu shu"  escrito en abanicos y pañuelos de seda que van intercambiándose.
De esta forma comienza la película, una secuencia bellísima, minimalista, en la que una mano anciana escribe en un abanico mientras relata una historia (homenaje a la  anciana muerta en 2004, que era la ultima mujer que conservaba el uso de ese idioma secreto femenino, y fue entrevistada por la autora de la novela). Al contrario que el libro (muy recomendable, publicado por Ediciones Debolsillo) que se ocupa preferentemente de la relación de las dos "hermanas" desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX. El filme suma a esta historia principal dos historias más, alternándose en un montaje un poco enrevesado, el momento presente con flash back: una historia actual con dos jóvenes laotong, una de las cuales sufre un accidente y su "hermana" recuerda cómo se conocierotn y, la tercera historia, el pasado de las dos niñas  en la China de finales del XIX (que conoceremos a través del artificio de una novela escrita por la amiga accidentada sobre sus antepasadas). Con un golpe de guión, el director intenta relacionar las tres historias, en realidad dos, la actual y la decimononica, pero eso es algo que no les cuento.
Quizá hubiera sido preferible una recreación cinematográfica de la China prerevolucinaria y las costumbres de la sociedad clasista de la época y de una cultura patriarcal bastante cruel con las mujeres (cosa que en la novela vemos excelentemente reflejado). En especial, la costumbre de los "lotos dorados" con la que se deformaban atrozmente los pies de las niñas desde la infancia para que al crecer la muchacha tuviera unos pies diminutos, cosa muy apreciada por el elemento masculino de la época. Una dirección convencional para un guión algo confuso, servido con una fotografía bastante bella y un diseño de producción correcto. Como curiosidad, la aparición de Hugh Jackman como secundario de lujo en una obra casi totalmente dedicada a las dos protagonistas. Li Bingbing (Nina) y Jun Ji-hyun (Sophie), que interpretan a las dos chicas actuales y también a las dos muchachas de la historia de la China de hace cien años. Con un ritmo desigual y una resolución ambigua, la película se deja ver y logra interesarnos, aunque sólo sea  por las referencias a aspectos de una cultura milenaria que siempre sorprenden. Ah, por cierto, magnifica banda sonora. Dirige Wayne Wang, que  había firmado dos pequeñas joyas del cine chino, "Mil años de oración" y "Mi mejor amigo".

   
   
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16 enero 2013 3 16 /01 /enero /2013 10:43

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La sombra del "Intocable" de Enric Toledano y Olivier Nakache gravita sobre "Las sesiones", una cinta dirigida por Ben Lewin, polaco nacionalizado australiano. Si en la primera se nos narra la amistad entre un tetrapléjico en silla de ruedas y su cuidador negro, un canto delicioso y humorístico a la capacidad de superación personal de algunos de estos enfermos y a la eficacia de la amistad basada en la sinceridad y la espontaneidad generosa, en la de Lewin (él mismo afectado por la polio a los seis años y que ha pasado toda su vida con muletas) la visión es más realista y se basa en otra historia real, la de Mark O´Brien (John Hawkes, excelente en su forzada inmovilidad, todo rostro, mirada y sonrisa) que vive practicamente dentro de un pulmón de acero y está inmovilizado desde niño, hasta los 30 años en que nos lo presenta la cinta, también por la polio.

Pero esta persona tiene impulsos y necesidades como cualquiera y desea tener relaciones sexuales.La pelicula nos narra con gran naturalidad y sin efectismo ni blanduras, la lucha del joven por completarse como ser humano y la entrada en su vida de una terapeuta sexual (magnífica Helen Hunt, algo acartonada en los gestos, ¿se ha pasado con la cirugía estética, esta magnífica actriz?) que llevará a cabo el deseo del protagonista. Humor, rechazo al tono melodramático y nada de abusos sentimentaloides y moralinas, la película resulta divertida y emocional, sin desviarse en ningún momento de la espontaneidad y un cierto humor estoico que no permite que olvidemos de qué estamos hablando en todo momento.

Magnífico contrapeso "religioso" en el personaje que William H. Macy recrea con contenida humanidad , el padre Brendan, uno de los curas más entrañables que hemos visto en la pantalla. Los tres personajes, los tres actores, dan un recital que encabeza Helen Hunt, sigue Hawkes y corona Macy.

El guión de la película recoge en esencia los artículos que Mark O´Brien escribió, periodista y poeta en la vida real, encuadrados en un trabajo periodistico "On seeing a sex surrogate", en el que daba cuenta de las dificultades y sinsabores que una persona con sus discapacidades debe solventar para lograr realizarse en cuestiones tan vitales como el sexo y las relaciones amorosas. La película se llevó premios en Sundance y San Sebastián.

No obstante, la cinta trata de mantenerse en el lado amable  y vagamente reivindicativo de la cuestión, evitando profundizar demasiado en una temática delicada y que incomoda a muchas personas. No en vano trata un elemento tabú en nuestra sociedad hipócrita: la vida sexual de los discapacitados merecía más atencióin y un tratamiento honesto y alejado de lo clichés "humanitarios" en curso. Algo realista y una visión espontánea, fresca y natural de las necesidades lógicas de seres humanos aprisionados en sus propios cuerpos. Lejos de complacencias irreales, el director nos avisa al final de cuál fue el destino de Mark y cómo logró hacer realidad muchos de sus sueños y carencias. Hay que verla.

 

 

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La habilidad del guión, también responsabilidad del citado Lewin, reside en su talento para sortear los prejuicios morales. Para ello acude a la ayuda de un sacerdote confesor y cómplice de las pulsiones del citado O´Brien. Concebida como un diálogo a tres bandas, el filme se dirime en un pulso dialéctico entre el paciente y los profesionales del alma y del cuerpo. Es decir, puro cine clásico germinado para sensibilizar. Lewin opta por la representación amable y pedagógica a costa de evitar rozarse frontalmente con la pesadilla de lo real. Es su opción y como espectáculo es legítimo, aunque renuncie a profundizar. De hecho desestima mostrar cómo practica el sexo una de las actrices que realmente sufre una discapacidad real. O sea, evita la verdad a costa de pellizcar suavemente y reivindicar la valía de un héroe anónimo empeñado en vivir y gozar con su cuerpo roto.

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14 enero 2013 1 14 /01 /enero /2013 09:45

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Steven Spielberg sigue dando muestras de su magnífico oficio y su habilidad comunicativa, convirtiendo una cinta política (como hizo por ejemplo en "Munich") en una película que interesa en cualquier país que se proyecte por su inagotable capacidad de seducción cinematográfica. En "Lincoln", este gran director desgrana la lucha política que tiene lugar en Estados Unidos, en la época de la Guerra de Secesión, bajo la presidencia del carismático Abraham Lincoln, a fin de que se apruebe la ley que declarará ilegal la esclavitud.Con una interpretación brillante, contenida, humana e intensamente emocional de Daniel Day-Lewis, uno de los soberbios camaleones cinematográficos de esta época (con la fuerza de un Brando y la ductilidad dramática de un Montgomery Clift) el Lincoln que nos propone Spielberg  --desde el mismo momento en que hace su entrada en la película, tras la brutal secuencia inicial en el campo de batalla Norte contra Sur-- convence desde el primer fotograma, logra atraer la mirada como un ejercicio de hipnosis y da la medida de la enorme tragedia que vamos a ver , la de una nación joven dividida por el odio. Todo ello, en el plano actoral, arropado por una cohorte de secundarios de lujo. 

Nada pues de "Indiana Jones" ni de "La lista de Schlinder" por citar dos extremos de este gran realizador, aquí hay una morosa, lenta a menudo, minimalista muestra de cine político de altura, que no desdeña la pedagogía de la historia a través de un permanente debate ético y político de los miembros del Congreso y el propio Lincoln. Conocemos las obsesiones del presidente más amado de la historia norteamericana, la tormentosa relación con su esposa, desde la dignidad y el sufrimiento, sus maniobras políticas del astuto abogado que fue, y el compromiso moral que ostenta en su lucha por la aprobación de la Decimotercera Enmienda, el apoyo del congresista Taddeus Stevens que, en realidad, fue antiesclavista antes que el propio Lincoln. El espectador, sobre todo si es de otro país como es nuestro caso, logra hacerse con una provechosa lección sobre cómo se desarrolló el problema más esencial y acuciante de la historia de los EE.UU : el final de la guerra de Secesión y la liberación de los esclavos, germen de la igualdad racial que, como dice uno de los personajes secundarios de la película, "tardará más de cien años en llegar". Vista desde el presente, con Barack Obama como presidente, el primer presidente negro de la historia, la película gana en profundidad pedagógica e histórica.

Escuchen con atención la banda sonora de gran John Williams, alejada de las alharacas habituales, sólida, serena, profunda. En ella destaca muy bien el talante que se nos muestra de un Lincoln atormentado por un gran dilema ético, personal, familiar, social y político, pero que se muestra como una persona bondadosa y respetuosa con los demás, con divertidos toques de retranca, gran sentido del humor y una sencillez desarmante, pero también con la lucidez y la compasión suficiente como para tolerar, gran lección de pragmatismo, las granujadas e intereses de una raza corrupta y sin moral, la de los políticos (¿les suena?).

Y para terminar, pasen señores pasen, y gocen de las memorables actuaciones de los llamados "secundarios". Gente de la talla de Sally Field, como esposa de Lincoln, Tommy Lee Jones como el senador Taddeus Stevens (creo que está aún mejor que Day Lewis, que ya es decir) con su peluquin inexpresable y el magnífico trio de granujas cazavotos al servicio de Lincoln, Tim Blake Nelson, John Hawkes y un James Spader que se sale con un histrionismo colosal. Gran película, vive Dios.

Un consejo de cinéfilo y para los apasionados a la historia: complementen el visionado de "Lincoln" con el de "La conspiración", la película de Robert Redford, que comienza en el punto histórico en el que acaba la primera. Me lo agradecerán.

 

 

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12 enero 2013 6 12 /01 /enero /2013 09:52

amor-bajo-el-espino-blanco-cartel1.jpg

Una película de Zhang Yimou siempre es una garantía de calidad. El director chino, que ya habia dado pruebas de su versatilidad con "La maldición de la flor dorada", "El camino a casa" o la inclasificable, "Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos" (burlesca creación de una especie de "western" en la China del siglo XIX) nos propone ahora una historia de amor romántico, intimista y poético y tan delicada y dramática como un cuento de Chejov, "Amor bajo el espino blanco".

Estamos en la China atenazada bajo los tentáculos doctrinarios de la llamada Revolución Cultural del camarada Mao, en los años 70 del pasado siglo.Una estudiante joven de familia humilde es enviada con otros estudiantes al campo a convivir con los campesinos, siguiendo la norma maoísta de la "reeducación cultural". Jing (interpretada por la delicada Zhou Dongyu) conoce allí a un joven geólogo, Sun (Shawn Dou) con el que inicia una relación platónica y sensual. Una especie de "Romeo y Julieta" en la que las fuerzas disgregadoras del odio de las familias respectivas en Shakespeare, está sustituido por la sacrosanta norma política burocratizada y dictatorial de la revolución cultural y las exigencias políticas. La película está basada en la novela homónima de Ai Mi que a su vez se inspiró en un hecho real.

Zang Yimou nos habla del primer amor, el amor adolescente, ingenuo, inocente, que es como una delicada y rara flor en un ambiente calcinado por las normas, las clases, la obediencia al líder y la incuestionabilidad de las directrices maoístas. Frente a ese delicado tributo humano al amor, Yimou nos ofrece una caligrafía cinematográfica tan limpia, sencilla e inocente como el amor que pinta. Desnudez sensual y artística sin trucos, una fotografía tan limpia como el tema y una historia previsible pero no por ello menos emocionante y entrañable: ese es el sello de los grandes creadores.

Precisamente es la diversidad de estilos y temática las que definen la trayectoria de este director. Tras la épica prodigiosa de "Hero" (2002) Yimou (que se encargaría tambien de la ceremonia de apertura de los Juegos Olimpicos de Pekin) y las otras películas citadas anteriormente, recoge el guante intimista de "El camino a casa" (1999) para volver a los temas clásicos, el entorno rural, la enorme fe en los sentimientos, los obstáculos de toda índole que impiden el triunfo del amor, en suma  el trayecto difícil de superar de la reafirmación humana sobre un contexto de represión e intereses bastardos.

La sinceridad y candidez de los planos finales, donde se roza el drama excesivo, la propuesta lacrimógena, quedan casi de inmediato neutralizado por una delicadeza suave que parece latir a la serena lentitud de las grandes narraciones de amor, sorteando el exceso y conmoviendo. Delicadeza, pasión y entrega en los dos protagonistas de este drama con final esperanzado a pesar de  su realista dureza e irrevocabilidad. Ni siquiera se excede Yimou en la leve crítica social --el régimen de clases-- o política, la mostrenca rigidez burocrático-politica del régimen maoísta, aquí lo que importa es el desarrollo del amor puro y furtivo entre dos jóvenes, su ternura e ingenuidad, las promesas de fidelidad, los ragos de humor natural y fresco y el final, lleno de dignidad y de dolor. Hay que verla.

 

 

 

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7 enero 2013 1 07 /01 /enero /2013 08:37

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 De vez en cuando resulta esperanzador que los realizadores cinematográficos de dos paises tan involucrado en el drama humano  y la tragedia política como Israel o Palestina traten de llevar a las pantallas del mundo un mensaje que abra alguna rendija en el muro de las lamentaciones que es el eterno conflicto de Oriente Medio, el pulso sangriento y desolador entre árabes e israelíes.

Es difícil, muy difícil, tratar de evitar el maniqueísmo del bueno y el malo, introducir una nota de humanidad en una guerra permanente en la que el objetivo principal son los ciudadanos pacíficos de uno u otro país.

Generalizaciones maniqueas, juicios de valor inmediatos sin reflexión, reacciones emotivas desatadas entre el odio y la repulsión, falta de conocimiento del supuesto "enemigo" y una dinámica brutal de atentados y respuestas bélicas indiscriminadas hace poco menos que imposible que pueda haber alguna vez ni un asomo de entendimiento o de diálogo sincero e igualitario. Y la sangre sigue manando por los dos lados y el abismo es cada vez más profundo e insalvable.

Películas como "Una botella en el mar de Gaza" tratan de tender un débil puente entre ambas escarpadas posiciones. Una chica franco-israelí, casi una adolescente, pide a su hermano, un soldado del ejército, que lanze una botella con un mensaje de amistad y diálogo en  su interior, en las aguas de la playa de Jerusalén para que, a favor de la corriente, la pueda encontrar cualquier arabe en las playas de Gaza. La botella es hallada por un grupo de amigos palestinos y uno de ellos, tras las burlas y descalificaciones de rigor, decide contestar a la dirección de email que se le brinda. Se establece un difícil --y peligroso-- intercambio de mensajes  con el que la chica logra vencer la reticencia del joven árabe y establecer un diálogo en el que los duros sucesos exteriores ponen frenos y añaden dificultades.

Thierry Binisti, que dirige la cinta, trata de no ocultar las realidades angustiosas en las que viven ambos jóvenes y las brutales diferencias que les separan. Tal y Naïm, comienzan a sentir que hay todo un mundo enfrente que desconocen y que se han acostumbrado a condenar como un movimiento reflejo. Entienden que el dolor está repartido entre ambas poblaciones y que hay un régimen injusto de desigualdad y prepotencia entre ambos países. Se cuestiona el sentido de la guerra y se rechaza el salvajismo que impregna la vida cotidiana de palestinos e israelíes. ¿Qué puede hacer una joven pareja mixta que además deben enfrentarse al rechazo familiar y a la suspicacia de la policía o el ejército de ambos paises? Difícil cuestión.

Binisti, que se basa en una novela casi autobiográfica de la franco-israelí Valerie Zenatti, propone una fábula con final abierto pero posiblemente feliz que nos resulta un tanto idealizada, quizá optimista en exceso, pero que de alguna manera es algo más que un "happy end" a la manera americana, sino más bien el reflejo de un deseo sincero de que las cosas puedan alguna vez ocurrir de esta manera, como el esperanzador inicio de un cambio.

Nace entonces, al finalizar de ver esta buena película, la pregunta del millón, la que debería ilustrar las relaciones difíciles entre arabes e israelíes, ¿por qué no  podemos hacer posible una relación semejante? El espectador se acongoja al ser testigo de los intentos de Tal, la joven actriz Agathe Bonitzer, por comprender lo que ocurre, el difícil mundo en el que vive Naïm, el actor Mahmoud Shalaby,   y en el recorrido de los emails que ambos se van cruzando tratan de acercar sus sensibilidades, su rebeldía, su miedo y su resistencia al odio sin más, a la descalificación del enemigo. Inocentes e inconformistas, los dos jóvenes tratan de elevarse sobre el muro que los divide, incluso fisicamente, para tratar de encontrar un clima de concordia, diálogo y quizá amor. Pero tal vez el personaje más entrañable es el de la madre de Naim, interpretado por esa fabulosa actriz palestina, Hiam Abbass, que presta su rostro surcado por el sufrimiento y la dureza, y la mirada tristísima de sus ojos al de una mujer tolerante, sabia y firme que da a su hijo todo el apoyo que éste necesita y lo ofrece a manos llenas a los que la rodean como médico de un hospital de Gaza.

El espectador acaba temiendo que el sueño de Naim, que quiere salir de Palestina para ir a Paris y estudiar un profesorado en francés, quede truncado por el odio y la desidia de unos y otros. A la joven pareja esa posibilidad abre una puerta a la esperanza, quizá en Paris un encuentro libre y prometedor sea posible.

Desde el comienzo, con un fundido en negro sobre el que se escuchan voces y ruidos de copas, risas y bromas en una cafetería seguramente, después una explosión y el silencio, para a continuación abrirse la secuencia a una toma del mar y la playa de Jerusalém en la que un joven soldado israelí lanza al mar una botella...Desde ese comienzo magnífico, la película transcurre de una forma intensa y coherente, bien dosificada la tensión, pasando de la zona palestina a la israelí, mostrándoos la vida de los dos jóvenes, tan cerca --setenta kms separan Jerusalén de Gaza-- y en realidad tan lejos como si uno de ellos estuviera en la luna.

Gran película y un buen tema de debate para quienes quieran sensibilizarse ante el espinoso problema palestino-israelí, germen patológico del problema global que enfrenta a occidente con el islamismo más militante.

 

 

 

 

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