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6 enero 2013 7 06 /01 /enero /2013 09:49

lo-imposible-cartel1.jpg

 

 

Hay que reconocer que en películas como ésta, o en "Los otros" o en "Ágora", el cine español pierde algo de su personalidad intrínseca para mimetizar de alguna manera los estilos y formas de otras cinematografías más poderosas y con infinitos medios para conquistar taquillas. En poco tiempo hemos visto dos maneras de narrarnos el tsunami que asoló las paradisíacas playas thailandesas del Indico, una la del maestro Clint Eastwood y otra la del español J.A. Bayona. ¿Diferencias notables? Francamente no, en lo que se refiere al trágico fenómeno en sí. Un 10 en alardes técnicos. En "Más allá de la vida" las secuencias del tsunami sirven para introducirnos en el tema básico de la película, pero igual podía haber servido un accidente de avión, un tumor cerebral o un rayo accidental. Se trataba de meternos en la especofidad de aquél pequeño sector humano que integran los que han sobrevivido a una situación de muerte casi segura. En "Lo imposible", el tsunami es la esencia del filme, como en aquél legendario "Huracán" que filmó en los años 30 el gran John Ford  y está concentrado en la peripecia familiar de una pareja y sus tres hijos.

Bayona ha contado con un elenco de la talla protagonista de Naomi Watts y de Ewan McGregor, ambos realmente ajustados en sus desmadrados papeles (justificadamente, por supuesto, la sobreactuación era de esperar). La película, que ya ha superado en taquilla otro éxito de este director con la ayuda del guionista Sergio S. Sánchez, "El orfanato" ,tiene secuencias magníficas junto a un tratamiento discutible de la trama, la tensión narrativa y el final.

En principio existe cierto desequilibrio en la tensión argumental que comienza tras el prólogo de presentación (que apenas nos dice nada de los personajes, un pequeño fallo de guión) y se centra en el duro episodio del tsunami y sus efectos apocalípticos. Seguimos la suerte de la madre y el hijo mayor, María y Lucas (Tom Holland, un jovencísimo actor bastante encomiable). Es quizá la mejor parte de la película, que luego decae con los sinsabores que viven el padre y los dos hijos pequeños (de los que apenas sabemos cómo se han salvado y cómo han podido quedar juntos) y termina de perder fuerza y convicción en la ultima parte, la del reencuentro.

La historia atrae en toda esa primera mitad por su dinamismo trágico, con la sensiblería bien atada (en la segunda parte se desata bastante) y con secuencias magníficas resueltas con habilidad emocional: por ejemplo la que concierne al pequeño abandonado, rescatado de una muerte segura por Maria y Lucas.

Después las cosas van siendo conducidas y manipuladas por un director deseoso de éxito y la enorme sinceridad de las secuencias y actuaciones de la primera parte caen en una serie de expectativas tramposas alimentadas por el guión, que fuerza reencuentros y casualidades, hasta el edulcorado, apresurado y obvio final. Una cierta simplicidad en el análisis de un drama familiar inmerso en una tragedia global convierte a "Lo imposible" en una película algo morbosa, taquillera para necesitados de castigo emocional comparativo ("qué horror, ¿verdad?") y amigos de empatizar con las desgracias multitudinarias. Buen diseño de producción, excelente fotografía y montaje pasable. A pesar del éxito, uno acaba pensando que para ese viaje no hacian falta tales alforjas: la película no deja de ser un telefilme con pretensiones. Bayona debería mantener su ambición en todos los niveles. No basta con arrancar lagrimitas del personal o calmar las necesidades de emociones fuertes de una masa de espectadores  acostumbrados a no escandalizarse en los telediarios, con su casi cotidiano muestreo de las lacerantes miserias del mundo en que vivimos.

 

 

 

 

 

 

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4 enero 2013 5 04 /01 /enero /2013 08:03

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Enésima versión cinematográfica de "La isla del tesoro" la obra maestra de la novela de aventuras escrita por el escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894). Supongo que el bueno de Stevenson podría alucinar con esta visión futurista de su extraordinaria narración si le fuera dado verla en alguno de los mundos de ultratumba donde residen los grandes espíritus literarios.

John Musker y Ron Clements, padres de la criatura estelar, han  tratado de mimetizar en lo posible "La isla del tesoro", respetando en lineas generales el argumento, con los consiguientes cambios para permitir que un relato que transcurre en el siglo XVIII se adapte a un escenario del futuro utópico, en un planeta habitado por curiosos seres antropoformes junto a personas (a terrestres) como una exposición de los planetas mixtos habitados por razas estelares desconocidas, al estilo de los mundos de "La guerra de las Galaxias".

Pues bien, en ese mundo de jóvenes surferos en tablas espaciales --todo el comienzo de la película es un exceso innecesario que hace pensar lo peor-- y decoración y vestuario del siglo XVIII en un entorno espacial, se desarrolla la historia de piratas y tesoros que Stevenson transformó en el imaginario juvenil de la aventura.

El joven Jim, grumete de una "Hispaniola" convertida en nave espacial con velas de captación de energía solar, habrá de cumplir una vez más su periplo iniciático, haciéndose hombre bajo la férula de un increíble John Silver, el Largo, convertido en cyborg, con una tripulación inenarrable de bichos extraños antropoformizados, una capitana estulazada de otra especie y un doctor perruno, blando y torpe.

El resultado es irregular. Pese al tramo final, digno de una buena película de aventuras espaciales --el planeta convertido en bomba de relojería es visualmente fascinante-- la película no acaba de hacernos atractivos al protagonista Jim, menos al doctor y sólo ligeramente a John Silver, el pirata rufían que descubre que tiene sentimientos. Sin embargo el diseño y las actuaciones de Silver, el villano Scroop y el viejo pirata Billy Bones (que como recordarán es el auténtico deus et machina de la narración) convertido en un robot enloquecido, resultan brillantes.

Quizá sea el ritmo lo que se resiente en una película en muchos momemtnos espectacular, muy en la linea Disney de perfección técnica y adecuación de la imagen y el sonido a la acción. La comparación con la versión de "La isla del tesoro" de 1934, o la de la propia Disney de 1950, incluso la de 1972 (con un Silver-Orson Welles, antológico) no es ociosa, y la idea de llevar a los personajes de la novela al ámbito de la fantasia y la ciencia-ficción podía haber sido memorable.

Desgraciadamente la versión se edulcora en demasía, busca hacer una impertinente función pedagógica y la moralina es demasiado abundante, con lo que una obra que trasciende el esquema juvenil para ser un clásico para todos, se va decantando hacia el sentimentalismo infantiloide. Así pues fallos de guión y fallos de ritmo --y la simplificación de la versión sobre la obra, cosa que indignará a muchos puristas literarios partidarios del respeto a ultranza del original--. Y así, mostrarnos la blanda secuencia del abandono del padre de Jim (en la novela muere, no le abandona) para justificar la carencia paternal del chico y su sensibilidad hacia le figura "paternal" del pirata Silver, es una trampa innecesaria y torpe.  Todo esto resiente la calidad de un filme  que tiene suficientes méritos para haberse convertido en una referencia más de las versiones de "La isla del Tesoro". Ahora queda más como una simple curiosidad, eso sí, divertida a veces.

 

       

 

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3 enero 2013 4 03 /01 /enero /2013 08:40

rompe-ralph-cartel2.jpg

Película de dibujos animados con una propuesta original, llena de guiños para cinéfilos y para fanáticos de los videojuegos, pero que poco a poco, tras un comienzo prometedor, va deslizándose suavemente hacia un ejercicio infantil en el que los elementos nostálgicos van dejando lugar a una peripecia destinada a los más pequeños. No logra equilibrar la balanza entre el mensaje y su aplicación, como ocurría con obras magistrales como "Up" o "Walle-e" y más recientemente con el "Alucinante mundo de Norman" y otras pequeñas joyas de la animación.

Todos los espectadores de menos de 40 años, aficionados en su día a las primeras consolas de juegos electrónicos y que lleven a sus hijos a ver esta película se encontrarán con un mundo en continua renovación técnica y de imagen pero también con los viejos personajes y los añorados ambientes de los juegos que marcaron su niñez y adolescencia compartiendo aventuras. La película que dirige Rich Moore, "Rompe Ralph" utiliza ese señuelo nostálgico para atraer no sólo a los niños de hoy sino a los que fueron y ahora rondan la treintena.

Resulta curioso contemplar el salto argumental y de definición de dibujo y adelantos técnicos que marcan un ante y un después de las consolas de juegos electrónicos. La película "resucita" personajes y estilos en una sinfonía en tonos pastel, con un despliegue de valores y comportamientos de otro tiempo y eso logra atraer y encantar al espectador a pesar de que, como hemos dicho al principio, luego se deje deslizar por un tratamiento más infantil y acabe entre edulcoraciones que ya sólo son efectivas con los más pequeños.

Disney sigue fiel a su política y a su oferta mixta y une a la perfección técnica de "Toy Story" o de "Monstruos S.A." una creciente habilidad del mensaje y una mayor capacidad de asombro y complicidad. La revolución de carácter que aportó a la animación de los estudios Disney las cintas de Pixar, aunque siempre trata de insuflar su pequeña dosis de moralina azucarada, marca de la casa (nuevamente la amistad y la fidelidad  a uno mismo ilustran el fondo argumental).

Pero a pesar de esto, los detalles y guiños argumentales de "Rompe Ralph" superan la mediocridad de ciertos aspectos. Desde la cita a los "Aliens" y el universo de los "bichos" de películas, series y juegos al estilo de "Call of duty" o las endemoniadas carreras de "Sugar Rush".

Pero quizá el mayor hallazgo, aunque no desarrollado apenas en esta película (cosa que hace pensar en próximas partes de  una saga), sea la recreación del universo interior de los juegos y la solapada crítica a la violencia de muchos de los actuales videojuegos. Pero no nos engañemos, lo que después de aquél clásico "Tron", en el que Disney nos llevaba al mundo interior de un juego electrónico en el que se ha introducido una presencia humana, en "Rompe Ralph" hay otra propuesta notable: hay un punto de conexión virtual, quizá en la "nube" de los videojuegos antiguos y actuales, y en él los personajes de unos y otros pueden interactuar e incluso romper con las reglas encriptadas en el universo de "bits".

Pero como dice Ralph, "el que seas un malo no quiere decir que seas malo" y en eso consiste el nudo argumental de esta película interesante: Ralph quiere demostrar -y demostrarse a si mismo-- que bajo su disfraz "laboral" de malo existe un héroe capaz de amar y sacrificarse por los demás. Ese inicio que podía habernos llevado a una película notable queda desleido por la suavización que marca el cambio sutil de público al que se destina. Los niños disfrutarán, pues, durante todo el metraje y los adultos que les acompañan, la primera mitad. Pero, bueno, en esencia cumple su cometido y "Rompe Ralph" puede ser calificada de una excelente película de animación.

 

 

 

 

 

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31 diciembre 2012 1 31 /12 /diciembre /2012 08:56

el-molino-y-la-cruz-cartel1.jpgBasado en la obra "The mill and the Cross" del crítico de arte y escritor, Michael Francis Gibson, el director polaco Lech Majewski, ha realizado una película del mismo título, "El molino y la cruz", en la que analiza argumentalmente la pintura del artista flamenco Pieter Brueghel "Camino al Calvario". Un maduro Brueghel, interpretado con gran concisión de gestos y su característica eficacia por el actor Rutger Hauer (tan lejos de su papel como replicante en "Blade Runner") está en proceso de creación de la famosa pintura, en el Flandes sometido al dominio español y las actividades bárbaras de la Inquisición contra una población atraída por la reforma protestante.

En el gran tablero lleno de color y escenas populares bajo un cielo dramático y la omnipresencia del molino (metáfora del molino de la vida regido por Dios, que desmenuza y muele las vidas de los mortales) se desarrolla la secuencia del camino de Cristo con la cruz hacia el Calvario, con los dos ladrones que serán crucificados junto a él y la presencia en primer plano de la Virgen transida de dolor, todo ello símbolizando en su conjunto el sangriento dominio español bajo la bendición del aparato represor de la Iglesia en 1564, año en que se pintó la obra.

Michael York y Charlotte Rampling (como la Virgen María) acompañan al actor holandés, en la muestra de las vidas de unas decenas de personajes que son escogidos entre el medio millar de figuras que pueblan el cuadro.

Lo primero que llama la atención del espectador es la bellísima plasticidad de las imágenes, la vitalización de fragmentos del cuadro que cobran vida ante nosotros en un alucinante ejercicio de maestría artística y técnica digital.

Asistimos a la creación de los primeros bocetos de Brueghel en los que se basará el cuadro final y al desarrollo de subtramas que de una forma a veces dinámica y otras estática, nos muestran distintas facetas de la vida familiar del pintor y de la vida cotidiana en el Flandes de la época, justo en el lugar donde Brueghel recreará la trama religiosa de la muerte de Cristo en el ambiente del Flandes del siglo XVI.

Como Akira Kurosawa, Vincente Minnelli (Van Gogh, "El loco del pelo rojo") y Robert Altman, entre otros, el cine ha mostrado en algunas ocasiones un intento de "penetrar" en el interior de cuadros famosos, pero a mi parecer nunca hasta este filme de Majewski se había llegado a tal perfección técnica y a una caligrafía fílmica tan hipnótica en ambiente, personajes, vestuarios y simulación de realidad del entorno pintado. El director polaco ha seguido un método revoluciuonario: mezclar o combinar digitalmente tres elementos diferentes en un mismo montaje. Secuencias con actores reales sobre la "chroma key" la pantalla azul famosa, imágenes que se integran con fondos recreados digitalmente del propio cuadro o de lugares reales semejantes a los paisajes que nos muestra el cuadro. Localizaciones en Polonia, Austria y Nueva Zelanda son incluidas en el montaje final, superpuestas o amoldadas a las del cuadro, dando como resultado una fuerte ilusión en el espectador que cree estar viendo al auténtico Brueghel en el proceso de pintar un cuadro, introduciéndose dentro de él. Del carácter de metaficción de la imagen resultante se nos da un prueba o guiño cuando en un momento dado, a petición de Michael York, --que interpreta  al amigo de Brueghel, Nicholas, colccionista de arte-- el pintor decide detener la escena, el cuadto dinamizado, que se desarrolla ante los ojos de ambos y que logocamente sólo está en la mente del pintor. Un juego visual y conceptual que no nos ahorra la dureza de algunas secuencias en las que se denuncia el durísimo, inhumano,comportamiento de los mercenarios españoles y de la Iglesia en la sufrida tierra flamenca.

La película, que atraerá singularmente a los aficionados al arte y que sorprenderá a los cinéfilos, es de visión obligada para todos los que desen conocer el proceso creativo de un artista que usa un gran episodio religioso para mostrarnos y denunciar una situación de injusticia y violencia enclavada en la historia de su país y en el momento en que ocurre (al estilo de Goya con sus terribles grabados sobre la guerra contra Napoleón). La explicación de los símbolos y sobre todo de la técnica utilizada por Brueghel, detalle a detalle, en la realización del cuadro. Por ejemplo, la analogía del trabajo de la araña y su concéntrica tela, asumida por el pintor, en la forma de disponer los motivos básicos que pueden verse en el cuadro, aunque para un ojo no informado o entrenado quedan ocultos por la bizarra variedad de la fascinante y gigantesca escena pintada.

Hermosa película que dignifica al cine y lo hermana con la potencia ilustrativa de la gran pintura. Una mezcla asombrosamente creativa de cine, pintura, fotografía, teatro y literatura. Por supuesto eso provoca en algunos momentos un cierto desconcierto en el espectador, secuencias algo confusas, soluciones arbitrarias sobre el punto de vista en que se nos narra la acción, rupturas de ritmo y tensión que no desmerecen el conjunto del filme (más de cuatro años de trabajo supuso para este director visionario dotado de un singular talento visual). Las únicas secuencias habladas corren a cargo de un pedagógico Hauer, una enfática Rampling, con su dolor y tristeza a cuestas y las indignaciones políticas y sociales del amigo del pintor, encarnado por Michael York. Película pues de varios niveles de "lectura" y visionado, que requiere la complicidad del espectador y una cierta rendición parcial al ejercicio de la libertad creativa del director.

 







 

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30 diciembre 2012 7 30 /12 /diciembre /2012 10:46

Memoria_de_mis_putas_tristes-289871-full.jpg

 Una novela de Gabriel García Márquez, por definición, podría ser una buena película. El argumento suele ser brillante, los personajes sólidos, los diálogos inteligentes...pero estamos hablando de la novela. Si la vemos reflejada en el cine, la imagen, la dinámica narrativa cinematográfica, las actuaciones, la dirección de actores, el diseño artístico y los decorados, el ambiente, la fotografía, el color, las tomas de paisaje, la música, pueden variar parcial o totalmente aquello que habíamos visto en nuestra imaginación al leer y lo que vemos con nuestros ojos sentados pasivamente en una butaca.

Pues bien, adelantemos diciendo que las versiones para el cine de las obras de GGM distan mucho de acercarse al valor intrínseco de sus novelas. Y ésta no ha sido una excepción.

Jean Claude Carriere , lo ha intentado. Ha contado con la complicidad de sus actores,Henning Carslen como el viejo periodista, Emilio Echeverría dando vida al mismo en su juventud, Olivia y Ángela Molina, Delgadina, la chica de los sueños del viejo periodista putero y la sólida pèro repetitiva Geraldine Chaplin en el papel de la "madame" del prostíbulo antillano donde "el Sabio" --no se sabe en qué-- pasó la mayor partte del tiempo liobre de su vida y donde en su senectud decide el dia de su 90 cumpleaños, costearse el dudoso placer de acostarse con una jovencita virgen (historia que parece demasiado similar a la del viejo dictador de "El otoño del patriarca" otra de ls novelas de un envejecido García Márquez.).

El repaso a la vida y la historia colombiana a través de los ojos del personaje, entre el amor pagado y las trifulcas políticas del país no logra conmover al espectador, a pesar de una fotografía excelente y la música previsible de Chopin, con detalles tan escabrosos - y muy de GGM - de la criada que el periodista ha sodomizado durante 20 años sin su consentimiento aunque respetando la virginidad de la mujer.

En 1987 Francesco Rosi trató de llevar "Crónica de una muerte anunciada" a la pantalla, sin lograr más que una película ciruclar, reiterativa y previsible a la que faltaba todo el encanto de la novela. En 1999 Arturo Ripenstein firma "El coronel no tiene quien le escriba" con desigual resultado. Tampoco "El amor en tiempos del cólera" del ingles Mike Newell, con Javier Bardem, pasa de medianía (2006). No tiene suerte GGM en sus tratos con el cine. Como tampoco lo tuvo otro grande, Malcom Lowry, cuyo "Bajo el volcán" lo llevó al cine el gran Houston e hizo una obra meritoria pero no comparable a la novela. Quizá es cierto que hay autores, grandes novelistas, cuya forma de narrar no encuentran acomodo en la traslación a ese otro arte, tan especial, que es el cine.

 

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24 diciembre 2012 1 24 /12 /diciembre /2012 10:05

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 Llegó "El hobbit: un viaje inesperado", por lo que los fans de las criaturas de Tolkien (que somos legión) podríamos declararnos satisfechos. Aunque no es del todo así. Le película abre de entrada un interrogante sin respuesta por el momento: ¿Cómo es que Peter Jackson produjo "El señor de los anillos" en tres partes y 9 horas de duración, dejándose sin explotar bastante de los contenidos y personajes de las novelas --tres-- en las que se basaba y ahora necesita otras nueve horas para un librito de poco más de doscientas páginas? Si dejamos a un lado la disculpable codicia económica del gran director, nos quedamos sin argumentos hasta que veamos el conjunto, aunque ya nos empezamos a hacer una idea.

"El hobbit", narra las aventuras previas de Bilbo Bolsón (Iam Holm y el magnífico Martin Freeman como Bilbo joven) a lo que se nos cuenta en "El señor...", cuando el hobbit , en su juventud, encuentra a Gollum y le roba el anillo mágico, junto al viaje de aventuras con la comunidad de enanos comandados por Thorin, "Escudo de roble", y el mago, Gandalf el Gris,  que pretenden recuperar su patria, arrebatada por los orcos en el seno de Moira, la montaña del reino de los enanos.

¿Aporta algo nuevo y mejor a la trilogía precedente? Francamente, por el momento, no. Ligera decepción. "El Hobbit" sigue bebiendo de las cintas de "El señor...", de su ambiente mágico, de su dinamismo, con un menoscabo: los personajes, dejando aparte a Bilbo y a Gandalf (y, por supuesto a Gollum), carecen de la fuerza y el encanto de los de la trilogía anterior. Echamos de menos a Legolas, el certero elfo del arco y las flechas, a Boromir, el guerrero humano, a Gimli, representante de los enanos, a los tres compañeros hobbits de Frodo, entre ellos el gran Sam, y sobre todo al maravilloso  rey oculto en la viril presencia de "Trancos", Aragorn hijo de Arathorn, al que el actor Viggo Mortesen dio un inolvidable y adecuado aspecto físico.

Por tanto la nueva entrega de Jackson sobre el universo literario de Tolkien defrauda un poco, aunque complacerá a los espectadores adictos a las palomitas y al cine de acción legendario. Hay lentitud en este primer tramo de la nueva trilogía aunque todo sigue siendo atractivo visualmente y con un dinámico montaje con la maestría que conocemos en Jackson. Las secuencias de acción son trepidantes y llenas de emoción, aunque no aporten nada al imaginario de esta saga. Los enanos son divertidos pero no se vuelven imperecederos ni indiduos con personalidad propia y diferentes entre sí (quizá después lo logren) y la historia tiene el encanto de devolvernos a La Comarca, pero se apoya demasiado en lo precedente sin llegar a aportar nada que lo haga diferente: todo parece un "exploit" de la trilogía anterior.

El tópico y clásico esquema de las peliculas de acción, es decir, acercamiento al peligro, afrontarlo, estar a punto de perecer en él y ser vencidos, aparición de una fuerza amiga o un elemento nuevo  que da la vuelta a la situación en el último momento, victoria o aplazamiento de la crisis...se repite continuamente y en esta entrega es casi siempre Gandalf o las fuerzas que convoca el mago --caso de las águilas gigantes-- las que salvan a los héroes de ser derrotados y eliminados. Pero esto es lo que uno espera de estos relatos y es así desde siempre. En esa repetición argumental estriba el encanto de estas narraciones clásicas que han encandilado a los humanos desde los tiempos de las cavernas.

Sospecho que Gollum (representado --con la técnica de "stop motion"-- por el actor Andy Serkis, que también hace trabajos de director de la segunda unidad) es una figura esencial en esta nueva saga: recordemos que todo pasa mucho antes de lo que nos narra "El señor de los anilllos" donde Gollum morirá unido a la destrucción final del anillo de poder y de Sauron, el malo por excelencia de los cuentos. Por el momento la secuencia de los acertijos en la cueva donde se encuentran él y Bilbo, es lo mejor de la película por su humor y su tensión narrativa.

Por tanto, la película se envuelve en un aire de "dejà vu", de algo visto con anterioridad, con pocas variaciones. Justo es admitir una de las mejores novedades, aunque muy breve: la lucha de los gigantes de piedra en los peligrosos desfiladeros de la montaña, que están a punto de acabar con la Comunidad de los enanos y Bilbo Bolsón entre ellos. Otra, el proceso de aprendizaje heroico de ese personaje brillantemente interpretado por Martin Friedman.

La cinta resulta nuevamente deslumbrante y espectacular pero es algo excesiva y abrumadora. Bilbo carece del dramatismo interior de Frodo y a él no parece crearle demasiados problemas la posesión del Anillo. Parece pues que la rentable moda de franquicias (como las de Harry Potter o "Crepúsculo") condicionan también ésta nueva aparición de las sagas de Tolkien. Esperemos que además de la cuestión económica, Jackson logre dar fuerza propia a este "Hobbit" ,por ahora demasiado deudor de "El señor de los anillos". Esperemos.

 

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16 diciembre 2012 7 16 /12 /diciembre /2012 10:33
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 Los últimos éxitos del cine francés en el terreno de la comedia están provocando una injustificada eclosión de cintas en los que se trata de mostrar al espectador el lado amable y risueño de la vida, evitando (las mejores) el sentimentalismo barato o los recursos al humor de sal gruesa o el que busca la risotada cómplice y un poco vergonzante del público (entre las mejores a veces se escapan algúnos de esos recursos facilones que abaratan el producto). "El Chef" ("La receta de la felcidad") trata de ser una buena comedia, lo logra en algunas secuencias y luego se lastra con el pretendido deseo apuntado en el subtítulo de la película, la moraleja innecesaria al estilo de los libros de autoayuda, la entrega a los demás como secreto de la felicidad y algunas  evidencias más explotadas por la moralina al uso.  
El intríngulis de una buena comedia radica en que su oferta llegue a coronar el "the end" con una sensación en el público de que todo se ha cumplido, que la trama ha logrado un punto de empatía que hace que el espectador salga de la sala con una sonrisa más o menos plena y recuerde con simpatía a los personajes y el enredo que le han ofrecido. Otras, "El Chef" entre ellas,  pertenece al grupo que no tiene tantas pretensiones, que no va más lejos que  lograr un terapéutico alejamiento de las preocupaciones que cada espectador lleva consigo, ese simple "click" mental que te hace desconectar de tus propios enredos para vivir los que te propone la pantalla.
En este caso, además, se atrae al público con el morbo añadido de ver a una gran estrella, Jean Reno (tan desperdiciado en cintas de acción) tratando de convencernos a todos de que las bagatelas que se obligado a hacer forman parte del abanico de sus posibilidades interpretativas, un poco siguiendo la tónica de la saga de "Los visitantes".
Siempre que veo a uno de los grandes interpretando un papel por debajo de sus posibilidades reales (digamos Jean Reno en esta película o el soberbio Tommy Lee Jones en otra que les comentamos recientemente, "Si de verdad quieres" con otra monstruo interpretativa como es Meryl Streep) los exonero de culpabilidad, ya que tratan de hacer comedia manteniendo su dignidad, los famosos "filmes alimenticios" de los que usó y abusó Orson Welles.
Quizás en este filme nos sobren ciertos excesos como la secuencia del travestismo japonés en el restaurante minimalista o la presencia absolutamente innecesaria de Santiago Segura haciendo de Santiago Segura en plan de mago de la cocina  molecular (con insoportable acento francés). Magnifica aunque a veces histriónica interpretación de Michael Youn dando la réplica al gran Reno, al que no logra hacerle sombra, pero que resulta empático al espectador con su sonrisa dulce y su mirada  inocente. Uno recuerda otras películas del mundo de la cocina y sale de esta sin haber dejado nada en la memoria, muy alejado del embrujo, por ejemplo, de "Ratatouille" o de "Chocolat". Película intrascendente, con algunos momentos logrados (las risas les acompañan) y una trama escasamente ingeniosa que lastran el filme a pesar de las concesiones a la galería de un final cantado y excesivo y algunas secuencias reiterativas. La película de Daniel Cohen no va ni quiere ir más allá de lo que es: un juguete pretendidamente cómico realizado para mayor gloria del cine francés, aunque muy alejado de cintas tan redondas como "Bienvenidos al  Norte" o "La cena de los idiotas".
     

   
   
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15 diciembre 2012 6 15 /12 /diciembre /2012 15:21

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Meryl Streep y Tommy Lee Jones interpretan esta comedia amable y picante (lo indispensable) en la que se enfrentan ambos a un intento desesperado de salvar su matrimonio de 30 años, en los que el silencio, la incomunicación y el alejamiento físico y sensual se han convertido en una vida cotidiana aburrida, frustrada y sin alicientes ni ilusiones. Costumbrismo a tope en una familia media norteamericana y unas interpretaciones tan irreprochables como cabe esperar de esos dos gigantes de la pantalla.

El tercero en discordia es, naturalmente, un psicoterapeuta especializado en rehacer matrimonios (eso, si, todo muy a la americana, un poco alejado de lo que es la práctica profesional en estos pagos), papel que interpreta con su limitada gestualidad habitual Steve Carell, ese cómico que parece retornar a los modos de un Buster Keaton, por ejemplo. Con el rechazo y la renuencia descarada y quejica de Tommy, Meryl le convence para hacer un cursillo de una semana intensiva con un célebre terapeuta, a fin de recuperar la intimidad sexual y sentimental en la pareja. Irán al ficticio pueblo costero de Hope Spring (que da título a la película, aunque en realidad es Stonigton) en un entorno relajado y hermoso.

David Frankel (que ha dirigido otras comedias con éxito, como "El diablo viste de Prada" o "Una pareja de tres") nos cuenta con bastante comedimiento esta historia de sexo y amor en la edad madura, fiando más en la pericia de los actores principales que en la fuerza y gracia del guión (de Vanessa Taylor), bastante previsible y que sigue una linea tradicional sin permitirse ningun exceso (las secuencias de ejercicios sexuales están rodadas con extremo cuidado y delicadeza, empujando más por el lado del humor que de la crítica). Quizá lo más interesante de la cinta estribe en el hecho de que contemplamos la trama desde el punto de vista femenino (lo que era de esperar dado el sexo del guionista) cosa que permite un lucimiento mayor en la Streep y que Tommy Lee nos obsequie con otra de sus impagables actuaciones refunfuñantes, pero esta vez con el añadido de su destartalado y entrañable sentido del humor (¿se han fijado que cada año se parece más a Walter Mattahu?).

Película entretenida para todos, pero especialmente aconsejable para matrimonios que lleven más de diez años juntos.

 

 

Con un presupuesto de unos 30 millones de dólares, “Si de verdad quieres…” se estrenó el pasado mes de agosto en Estados Unidos y en su primer fin de semana recaudó casi 15 millones —ayudó la positiva recepción crítica por parte de la prensa—. Su buena acogida se prolongó en la taquilla y hasta ahora lleva acumulados más de 62 millones en todo el mundo. Se estrenó el 28 de septiembre en España. 

 

 

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13 diciembre 2012 4 13 /12 /diciembre /2012 08:57

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 La verdad es que es una película absolutamente refrescante, llena de un humor muy a la argentina, como corresponde, es decir inteligente, lúcido, un poco cabroncete, a menudo desternillante y que tiene la calidad de estar destinado a adultos mentales, con absoluto respeto a la inteligencia de la platea (cosa muy de agradecer en estos tiempos tan deslucidos).

La trama tiene gracia y pica con esmero y equilibrio a los dos lados del Atlántico, en la Argentina que sale del peronismo, pero en la que aún colea el dictador y en nuestra Madre Patria, en la que Franco goza de buena salud y está en la plenitud de su poder (y con él, su señora, doña Carmen que, no por casualidad se le llamaba en estos pagos y en secreto sumarísimo "Doña Collares"). Pues bien, la cosa no podía ser más ingeniosamente pícara: los partidarios del desfenestrado Peron preparan el asilo político del general en España y necesitan dinero para que el expresidente mantenga aquí su rango y boato. Así que deciden vender en secreto las joyas de doña Evita, ya fallecida en olor de santidad social, o al menos pignorarlas con posibilidad de rescate cuando las cosas vayan mejor a los peronistas residuales. Un elegante político del circulo de Peron viaja a Madrid y las deja en una selecta joyería a cambio de unos milloncejos, con la promesa del joyero de no venderlas, hasta que los peronistas vuelvan a tener fondos, intereses mediante, claro está. Pero hete aquí que doña Carmen ha visitado la joyería y como solía hacer ha pedido que le envien algunas joyas de Evita Perón "para que las vea Paco". Con lo cual el aterrorizado joyero sabe que en la práctica alguna de esas joyas deberán quedarse en el Pardo como presente secreto a la mujer del dictador. Tanto es así que los avispados joyeros madrileños han formado un fondo para compensar económicamente al colega que le toque la china, digo la Carmen (asunto que corría por los mentideros madrileños de la época: no es una invención del magnífico guionista de "Atraco".) Para evitar el desastre los peronistas y el joyero apañan un falso atraco: los "delincuentes" (un actor joven y un policía maduro) cogerán  las joyas, las dejarán en la casa del joyero y se irán para Buenos Aires. El  joyero cobrará el seguro y cuando llegue el momento las devolverá a los peronistas, que obran sin conocimiento del general Perón.

Hasta aquí todo bien, pero la elección del dúo de atracadores falsos solo es medio acertada. Falla estrepitosamente uno de los elementos. La culpa la tiene el amor, claro. Pero no les cuento más, vayan a verla y ríanse con el golpe perpretado.

Sólo hay un pero. Uno, pero sólido. El final. Naturalmente no sabrán nada de él por mí. Pero no sería honesto no decirles al menos una cosa: en el desenlace  se le va la olla humorística al director, Eduard Cortés. Se mete en berengenales que dejan clavado al respetable al asiento. Quizá lo ha hecho a propósito. Pero para tan buen cineasta como ha demostrado ser, creo que el recurso era innecesario y carga al crítico de malas vibraciones. Aunque goza de mejor nivel que en "The Pelayos" la anterior película de Cortés, con un comienzo estupendo, va desinflándose hasta ese final que, en puridad, no le quita validez y gracia a lo anterior, pero estropea el balance. Destacar desde luego la interpretación de Guillermo Francella, el policía serio, que tiene que lidiar con un compañero de misión tan irresponsable como tonto, sin llegar a ser divertido.

Tanto la dirección artística como los diálogos y las peripecias de los dos argentinos en el Madrid de los 50, merecen el precio de la entrada. El final ya es otra cosa, pero todas las rosas tienen espinas, ¿o no?.

 

 

 

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10 diciembre 2012 1 10 /12 /diciembre /2012 09:04

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Adam Sandler presta su voz, en la versión inglesa, a este Drácula en dibujos animados que protagoniza la propuesta  de Genndy Tartakovski para los pequeños y sus padres. Es como si el mal fario que contagia ultimamente las películas de ese actor histriónico y excesivo haga efecto en las películas de animación donde solo presta su voz. "Hotel Transilvania" parte de una buena idea que se estropea en la realización: un lugar donde puedan vivir los monstruos --todos los clásicos del mundo subterráneo y arquetípico del terror--unas buenas vacaciones en paz, al resguardo de los siempre peligrosos humanos.

La excelente trama propuesta, en la que el elemento catalizador es Mavis, la hija de Drácula, que abandona la adolescencia para convertirse en una joven adulta con todo lo que ese rito de cambio promueve, se pierde en un desarrollo argumental adocenado y sin brillo. Mavis quiere conocer mundo y no acaba de creerse los "cuentos de terror" que le cuentan sobre los humanos. Esa trasposición de términos y conceptos, la relación de los opuestos cambiados de lugar, hace que veamos las historias de terror "desde el otro lado". Es justamente lo que hacía brillantemente la magnífica "El alucinante mundo de Norman" (que comentamos hace unos días) y que "Hotel Transilvania" no llega ni siquiera a insinuar, perdiéndose en las evidencias y facilidades de la propia fuerza de los mitos que convoca.

El libreto, firmado por cinco guionistas, abunda en desmañados guiños al niño que hay en los adultos y en simplezas para los auténticos destinatarios, los niños. La anécdota básica, la libertad que requiere el desarrollo personal, la aceptación de las diferencias, no pasa de algo mil veces visto en la pantalla y con más gracia que aquí. Un montaje hiperdinámico, un exceso de excitación en el protagonista y unos personajes que no acaban de resultar divertidos, reducen "Hotel Transilvania" a una película sin huella. Los peques la pueden disfrutar levemente y los adultos acompañantes se aburrirán.

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