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13 diciembre 2012 4 13 /12 /diciembre /2012 08:57

atraco-cartel.jpg

 La verdad es que es una película absolutamente refrescante, llena de un humor muy a la argentina, como corresponde, es decir inteligente, lúcido, un poco cabroncete, a menudo desternillante y que tiene la calidad de estar destinado a adultos mentales, con absoluto respeto a la inteligencia de la platea (cosa muy de agradecer en estos tiempos tan deslucidos).

La trama tiene gracia y pica con esmero y equilibrio a los dos lados del Atlántico, en la Argentina que sale del peronismo, pero en la que aún colea el dictador y en nuestra Madre Patria, en la que Franco goza de buena salud y está en la plenitud de su poder (y con él, su señora, doña Carmen que, no por casualidad se le llamaba en estos pagos y en secreto sumarísimo "Doña Collares"). Pues bien, la cosa no podía ser más ingeniosamente pícara: los partidarios del desfenestrado Peron preparan el asilo político del general en España y necesitan dinero para que el expresidente mantenga aquí su rango y boato. Así que deciden vender en secreto las joyas de doña Evita, ya fallecida en olor de santidad social, o al menos pignorarlas con posibilidad de rescate cuando las cosas vayan mejor a los peronistas residuales. Un elegante político del circulo de Peron viaja a Madrid y las deja en una selecta joyería a cambio de unos milloncejos, con la promesa del joyero de no venderlas, hasta que los peronistas vuelvan a tener fondos, intereses mediante, claro está. Pero hete aquí que doña Carmen ha visitado la joyería y como solía hacer ha pedido que le envien algunas joyas de Evita Perón "para que las vea Paco". Con lo cual el aterrorizado joyero sabe que en la práctica alguna de esas joyas deberán quedarse en el Pardo como presente secreto a la mujer del dictador. Tanto es así que los avispados joyeros madrileños han formado un fondo para compensar económicamente al colega que le toque la china, digo la Carmen (asunto que corría por los mentideros madrileños de la época: no es una invención del magnífico guionista de "Atraco".) Para evitar el desastre los peronistas y el joyero apañan un falso atraco: los "delincuentes" (un actor joven y un policía maduro) cogerán  las joyas, las dejarán en la casa del joyero y se irán para Buenos Aires. El  joyero cobrará el seguro y cuando llegue el momento las devolverá a los peronistas, que obran sin conocimiento del general Perón.

Hasta aquí todo bien, pero la elección del dúo de atracadores falsos solo es medio acertada. Falla estrepitosamente uno de los elementos. La culpa la tiene el amor, claro. Pero no les cuento más, vayan a verla y ríanse con el golpe perpretado.

Sólo hay un pero. Uno, pero sólido. El final. Naturalmente no sabrán nada de él por mí. Pero no sería honesto no decirles al menos una cosa: en el desenlace  se le va la olla humorística al director, Eduard Cortés. Se mete en berengenales que dejan clavado al respetable al asiento. Quizá lo ha hecho a propósito. Pero para tan buen cineasta como ha demostrado ser, creo que el recurso era innecesario y carga al crítico de malas vibraciones. Aunque goza de mejor nivel que en "The Pelayos" la anterior película de Cortés, con un comienzo estupendo, va desinflándose hasta ese final que, en puridad, no le quita validez y gracia a lo anterior, pero estropea el balance. Destacar desde luego la interpretación de Guillermo Francella, el policía serio, que tiene que lidiar con un compañero de misión tan irresponsable como tonto, sin llegar a ser divertido.

Tanto la dirección artística como los diálogos y las peripecias de los dos argentinos en el Madrid de los 50, merecen el precio de la entrada. El final ya es otra cosa, pero todas las rosas tienen espinas, ¿o no?.

 

 

 

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11 diciembre 2012 2 11 /12 /diciembre /2012 15:27

 

 

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La situación de la mujer en algunas culturas pasadas (y contemporáneas) es una de las verguenzas que debe  soportar ese animal supuestamente racional y emotivo que es el ser humano. No vamos a entrar en un análisis vergonzante del estado de la cuestión, no es éste lugar para hacerlo, pero muy a menudo la literatura y la poesía han mostrado una sensibilidad muy especial por el mundo femenino, no sólo directamente en muchas de sus obras, sino funcionalmente, proporcionando a las mujeres un medio de comunicación específico y secreto que les permitiera comunicarse y crear literatura al abrigo de la prepotente masculinidad castrante de algunas sociedades. Concretamente me refiero a dos ejemplos, la tradición poética de algunos círculos femeninos en sociedades árabes (la iraní o persa, la libanesa y la saudí) o la japonesa y la china tradicional. Esta última mantuvo durante más de mil años un código secreto de escritura llamado "Nu shu" con el que se comunicaban las mujeres sin que ningún hombre pudiera descifrarlo. Los mensajes eran grabados en abanicos, bordados en piezas de tela o susurrados en canciones populares.

Parece ser que el "Nu shu" nació en una remota provincia de China.

Una escritora chino-norteamericana, Lisa See, viajó allí para documentarse y escribir una novela de amor femenino, "Flor de nieve y el abanico secreto", publicada en España por "Letras de bolsillo" con el título "El abanico de seda".

Por una de esas sincronicidades que surgen en mi vida de lector curioso, el amigo Octavi Serret, me proporcionó para su crítica un libro "El pais imaginado" del argentino Eduardo Berti, recién publicado por la editorial Impedimenta, justo cuando comenzaba a leer la novela de Lisa See. 

Dos muchachas chinas sonríen desde la portada de "El país imaginado". El autor ya había llamado la atención con dos novelas "Agua" y "La mujer de Wakefield". En la que nos ocupa, Berti, creador de mundos no imaginarios pero sí imaginados, hace una incursión audaz al mundo tradicional chino y ni corto ni perezoso coge el motivo del "Nu shu" y la del "lao tong" (la relación íntima y  secreta entre dos mujeres) para perfilar una novela donde el fantasma soñado de la abuela muerta de una de las protagonistas --la narradora-- va encarrilando una historia de amor --no de sexo-- entre dos muchachas sometidas a una tradición donde su voluntad no contaba a la hora de decidir esposo. Como dice la narradora (pág 189) es la abuela la que le habla por primera vez del "país imaginado" cuando está a punto de morir, único lugar donde la mujer ya es dueña de sí misma. Y ese lugar es la muerte, ya que "es el país que nunca dejamos de imaginar, porque no tenemos de él ninguna imagen real".

En una atmósfera mágica en la que el amor y la muerte están inextricablemente enlazados para las mujeres, la novela de Berti juega con viejas tradiciones y sensibilidades poéticas para urdir una trama deliciosa que el lector disfrutará, aunque siempre sin ahondar en la dureza de las costumbres o en las frustraciones de las mujeres que las soportan. Nos describe la sociedad china a caballo entre la tradición ancestral, la guerra contra Japón y la revolución del maoísmo, con tal habilidad que la novela sería premiada en 2011 por el Premio Emecé y este año con el Premio de las Américas.

El libro goza de una introducción del gran Alberto Menguel, que ya nos advierte que la novela no pertenece al "género" de novela de fantasmas, sino que está más en la linea (un poco exagerado, a mi parecer) de "Pedro Páramo". Un mundo de ritos ancestrales, imaginación, culto al detalle poético, rebeldía, lealtad y amor, en las que la relación entre Ling y la bella Xiaomei, se resume en un diálogo entre las dos chicas (pág. 211): "El mundo está mal hecho, dije.--El mundo no está hecho, me corrigió Xiaomei. El mundo es así: algo que promete hacerse y jamás se hace en forma definitiva". Y ese es el ámbito de vida de las dos muchachas, un mundo de perfiles borrosos y cortapisas firmes, habitado por fantasmas, ritos y supersticiones de difuntos, en el que es sumamente difícil llegar a ser feliz, pero donde siempre se pueden llegar a encontrar atajos secretos y realidades paralelas.

El "casamiento fantasma" del hermano de Ling y los entresijos económicos de tales alianzas, perfilan los mejores momentos de la novela, implicando al lector en una lógica gótica que parece sacada de "La novia cadáver" de Tim Burton. "Lo monstruoso de esa boda era que el novio envejecería y la novia jamás, ya que estaba muerta", dice Ling al comentar la boda de su hermano.

Como aseguró Berti en una entrevista, no se trataba de hacer una novela histórico-costumbrista-orientalista. China y esa època en concreto son la excusa. Lo que le interesaba al autor era reflejar unos sentimientos y unas emociones con un estilo conmovido, sencillo y directo, sobre temas universales como el amor, la familia, la tradición, la rebeldía de los hijos y la inevitable llegada de los cambios. Y a fe que lo ha hecho.

 

FICHA:"EL PAÍS IMAGINADO".- Eduardo Berti.- Ed. Impedimenta. 235 págs. 12 euros.

 

     

 

 

 

 

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10 diciembre 2012 1 10 /12 /diciembre /2012 09:04

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Adam Sandler presta su voz, en la versión inglesa, a este Drácula en dibujos animados que protagoniza la propuesta  de Genndy Tartakovski para los pequeños y sus padres. Es como si el mal fario que contagia ultimamente las películas de ese actor histriónico y excesivo haga efecto en las películas de animación donde solo presta su voz. "Hotel Transilvania" parte de una buena idea que se estropea en la realización: un lugar donde puedan vivir los monstruos --todos los clásicos del mundo subterráneo y arquetípico del terror--unas buenas vacaciones en paz, al resguardo de los siempre peligrosos humanos.

La excelente trama propuesta, en la que el elemento catalizador es Mavis, la hija de Drácula, que abandona la adolescencia para convertirse en una joven adulta con todo lo que ese rito de cambio promueve, se pierde en un desarrollo argumental adocenado y sin brillo. Mavis quiere conocer mundo y no acaba de creerse los "cuentos de terror" que le cuentan sobre los humanos. Esa trasposición de términos y conceptos, la relación de los opuestos cambiados de lugar, hace que veamos las historias de terror "desde el otro lado". Es justamente lo que hacía brillantemente la magnífica "El alucinante mundo de Norman" (que comentamos hace unos días) y que "Hotel Transilvania" no llega ni siquiera a insinuar, perdiéndose en las evidencias y facilidades de la propia fuerza de los mitos que convoca.

El libreto, firmado por cinco guionistas, abunda en desmañados guiños al niño que hay en los adultos y en simplezas para los auténticos destinatarios, los niños. La anécdota básica, la libertad que requiere el desarrollo personal, la aceptación de las diferencias, no pasa de algo mil veces visto en la pantalla y con más gracia que aquí. Un montaje hiperdinámico, un exceso de excitación en el protagonista y unos personajes que no acaban de resultar divertidos, reducen "Hotel Transilvania" a una película sin huella. Los peques la pueden disfrutar levemente y los adultos acompañantes se aburrirán.

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8 diciembre 2012 6 08 /12 /diciembre /2012 15:46

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Hay que revisitar la película "Irish" que interpretó de forma sencillamente magistral Judy Dench, la madura actriz que ha dado su rostro a la poderosa jefa del MI5, M, jefa del mismísimo James Bond, agente 007.

 Junto a ella, interpretando a la joven Iris, Kate Winslet, un poco histriónica y, por fin, como marido de Iris el soberbio Jim Broadbent, uno de los mejores actores de la pantalla británica, siempre en papeles secundarios o de segundo, y siempre dando recitales antológicos de sus interpretaciones.¿Qué es "Iris"? La historia de un gran amor, por encima de todo y, también, la decadencia y final de una de las mentes más interesantes del siglo pasado, la escritora, filósofa y ensayista irlandesa Iris Murdoch, cuyo Alzheimer corrosivo terminó con una carrera literaria de primera magnitud mucho antes de su potencial fin cronológico.

Emocionante, entrañable, divertida, plena de sentimientos, de ingenio y de inteligencia, la película de Richard Eyre está basada en el libro que sobre su vida escribió el marido de Iris, John Bayley, también profesor de Oxford y escritor de segunda fila. Por lo que he conocido de su vida y la del matrimonio, el libro --y la película-- han edulcorado el papel de John, que en la pantalla es un amante esposo, paciente con las infidelidades de su mujer, sosegado y de una abnegación ejemplar y una ternura impresionantes. Pues no, parece que en la vida real el tal Bayley no se parecía mucho a su trasunto cinematográfico y, por supuesto, al actor que le da vida. Parece que los celos literarios y profesionales, la bebida y un carácter de todos los diablos amargaron muchísimo la relación, que pasó por diversas crisis (Iris fue amante, por ejemplo, del Nobel de Literatura Elias Canetti, con quien mantuvo una relación de alto voltaje erótico, dominación y sufrimientos). Lo cierto, no obstante, es que Bayley no se separó de su esposa mientras ésta recorría el destructivo camino del Alzheimer, a pesar de que casi desde el principio mantuvo con ella una relación distante y gélida. El matrimonio duró 45 años, hasta la muerte de la escritora en 1999. 

Nos quedamos pues con la película, producida en Estados Unidos en 2001, que le valió un Oscar a Jim Broadbent como mejor actor secundario y sendas nominaciones a las dos actrices protagonistas. Lo interesante de esta cinta absolutamente de visión obligada, es cómo nos cuenta las relaciones entre las dos personas ya ancianas y la lucha denodada y sin posible victoria contra los estragos de una enfermedad que atenta contra la identidad del ser humano. No hay sensiblerías ni emociones fáciles, ni trucos sentimentales, se nos describe con realismo y objetividad el día a día desolador del matrimonio, con la huida hacia la nada que la escritora va realizando.

Recomiendo encarecidamente la lectura de novelas como "El príncipe negro", "Bajo la red" o "El mar, el mar", en las que los temas esenciales de la Murdoch, el sexo, el amor y el sentido ético de la existencia, son mostrados con una gama sorprendente de inteligentes niveles.

 

 

 

 

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6 diciembre 2012 4 06 /12 /diciembre /2012 10:26

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Hablando de la apasionada novelística de Arturo Pérez-Reverte --uno de los integrantes de la "Tribu" de mi añorado amigo Manu Leguineche-- con el que me crucé en algún viaje cuando era periodista, sin llegar a conocernos, mi mujer me soltó una frase que me dejó pensativo: "Las novelas de Pérez-Reverte gustan sobre todo a los hombres y preferiblemente a los que no suelen leer mucho". La miré asombrado (es un efecto que muy a menudo ella suele provocar en mí, tiene una surrealista mezcla de sentido del humor socarrón, inocencia y lucidez) y me aclaró: "eso me cuentan mis amigas casadas con hombres entre los 30 y los 50". Vaya por delante que A.P.-R. no es de mis autores predilectos aunque disfruté muchísimo con "El Club Dumas" y "La Tabla de Flandes" sin olvidar sus provocadores artículos. Valoro el empujón a  la lectura que tienen sus novelas de Alatriste y compañía pero no logro engancharme a su estilo. Por eso me propuse leer y opinar, que no valorar, sobre su última novela: "El tango de la Guardia Vieja" que, según parece, se salía de los cánones de su obra habitual (proporcionada por el afán de actualidad literaria del librero Serret).

Lo primero que descubrí es que no se sale del canon pérezrevertista, lo segundo es que es tan divertida y llevadera como casi todas las de este esforzado y pendenciero galeote de la pluma y lo tercero es que, como a Baroja o Blasco Ibáñez, a Arturo no hay que pedirle que produzca peras  en el olmo de su ingenio. Es dinámico, atractivo y honesto: lo que escribe lo hace bien, muy laboriosamente y con ganas de conquistar. El que busque literatura de profundidades y calidades superiores que se vaya a los clásicos (antiguos, modernos o contemporáneos, que haberlos, haylos). Y como coda a esas opiniones, dar la razón a la frase que mi mujer me brindó. Arturo es un autor de colegas, compadres, amigos del alma y el cuerpo, varones encendidos por las hormonas o la tradición, nostágicos de la pública virilidad de otros tiempos --si es armada, mejor-- héroes desfasados y caballeros de la vieja escuela, corteses, valientes y amadores. Vamos, cuando leo a A.P.-R. siempre acabo pensando en uno de los más cálidos y disparatados personajes de don Ramón (Del Valle-Inclán), el marqués de Bradomín, "feo, católico y sentimental" y sobre todo un caballero con las espuelas gastadas y la  capa remendada, pero digno el porte y con la dignidad como escudo.

Las aventuras del "bailarín mundano" Max Costa ya sea a bordo de un buque trasatlantico de pasajeros en los años 20, en Niza o en la Italia de los 60, sus amores con Mecha Inzunza, esposa de un compositor que pretende --por una apuesta con su amigo Ravel-- escribir el tango más puro y perfecto, los dos reencuentros de la pareja a través de todo el convulso siglo XX, en una trama de espionaje, tanguistas, ladrones de guante blanco, campeones de ajedrez, tiradores de navaja, prostitutas, mujeres aristócratas, banqueros que financian a Franco, policías de Mussolini, alcohol, drogas, unas pitilleras con o sin iniciales que aparecen por toda la narración y citas constantes a vestimentas, marcas de objetos de lujo o de objetos comunes, canciones y cantantes de los 20 a los 60 y, en definitiva, un collar del perlas que resiste al paso del tiempo y de algunas manos y que deviene el símbolo de toda la novela y que, para completar la metáfora, lo vamos a engarzar en un reloj de arena que marca el paso de la juventud a la vejez.

Todo eso es "El tango de la Guardia Vieja", literatura de aventuras y amor, de lances violentos, algo de intriga y unos individuos que viven esa trama bajo los códigos inmarchitables de la elegancia, la buena educación, un cierto aire canalla y la pasión amorosa. Max y Mecha son como los figurines tópicos de las novelas galantes de otra época. El con su aire impecable, elegante y desde luego arrebatadoramente guapo, con sus toques de prepotencia y chulería y ella, tan hermosa como audaz y segura de sí misma, pero también apasionada hasta el exceso --don Arturo no ha calibrado bien las descripciones de los encuentros sexuales, que resultan...un poco cursis-- que encontrará en Max la horma de su zapato sensual.

Hay una concienzuda documentación --a veces demsiado evidente. suena a catálogo de los tiempos perdidos-- y un afán por recrear un época ya casi olvidada, excepto por el cine y la literatura. Sin embargo no hay tono de nostalgia o aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor", la dinámica efervescencia de la trama no deja lugar a filosofías ni reflexiones. Y esa inmediatez se hace ritmo y el ritmo narativo acaba por encantar al lector, como esa musiquillas orientales en las que una sola frase va reptiendose en variadas formas, causando un efecto hipnótico. Cuando acaba, queda poco. Ha sido un entretenimiento. Y eso es bastante... aunque no suficiente.

 

 

FICHA: "El tango de la Guardia Vieja".- Arturo Pérez-Reverte.- 497 págs. Ed. Alfaguara. 20 euros. 

 

 

 

 

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4 diciembre 2012 2 04 /12 /diciembre /2012 10:03

Ya he escrito sobre el delicioso pueblito de las faldas del Port, Pauls, y su amplia oferta de recorridos senderistas, lugares de belleza natural y punto de salida preferente para visitar los Monsagres, "por el otro lado", cadena montañosa que constituye un dramático y fascinante telón de fondo del caserío, cuyas casas se recortan sobre la enorme pared verde-gris discontinua, un sky line tortuoso y agreste, donde se distingue la Punta de la Espina, el coll de la Gilaberta, el macizo montsagrino y la abrupta roca calcárea de la Punta del Agua. Esta semana voy a proponer un recorrido circular, subida y bajada con una conexión en las cimas y altozanos del Montsagre de dos senderos no muy conocidos, de exigencias físicas modestas y unas vistas espectaculares sobre el valle de Pauls, la cadena montañesa del otro lado del valle y los propios rincones del fabuloso y variado Montsagre.

 Extraordinario sendero, variadísimo, de fuertes pendientes y de una belleza en rincones que te dejan en suspenso, perfiles montañosos, roquedales, bosques, balsas, fuentes, lugares umbríos o llenos de un sol radiante, rocas peladas donde las cabras aparecen y desaparecen como relámpagos de color oro lanzándose por pendientes endiabladas. La subida desde el pueblo recoleto de Pauls hacia el Montsagre, la fuente de Pauls, el Montsagre de Horta, la encrespada Punta de L'Aigua, el Tossal d'en Grilló, la gran balsa de la Refoia a los pies de la Mola Roja, son algunos de los rincones que podremos disfrutar en las 4 o 5 horas que dura el circular.

El sendero comienza en la parte más alta del pueblo, detrás del cementerio. Hay una antigua señalización en metal forjado y en una dirección, las señales de pintura del GR-171 y señales rojas en el otro sendero, que seguiremos a la vuelta. Los dos senderos se cruzan a unos quince minutos del inicio de la pista. El de la izquierda va al collado de la Gilaberta y el otro --el GR-- al Montsagre de Pauls, pasando por las Coves Rojas. Es indistinto que lo hagamos en un sentido o en otro. En los dos hay subidas duras y paisajes de ensueño. En esta ocasión seguimos la pista a la izquierda que durante un rato coincide con el antiguo camino real de Pauls a Horta, parajes por donde se establecieron los caballeros del Temple o los de San Juan en la lejana historia del lugar.

Una vez hemos dejado la pista, el sendero da un giro hacia la derecha y comienza a internarse en un bosque de pinos. Nos cruzamos con varios ejemplares de una planta autóctona de los Puertos, el palmito o margalló. El sendero desemboca en otra pista rodeada de bancales con olivos. Vamos cruzando tramos de pista de los sembrados y masias de la zona pero el camino sigue ascendiendo por la izquierda. Las señales impiden que nos perdamos en el dédalo de pistas y caminos por los que seguimos ascendiendo dejando el pueblo escondido tras las colinas y el valle de Pauls.Seguimos la subida por tramos de bosque, algunas tarteras de terrenos  calizos descompuestos y varias baumas o resguardos utilizados para los animales, con muretes de piedras secas.

El ascenso es en algunos tramos bastante penoso pero la belleza del entorno y las vistas sobre el valle, lo justifican. Hay un silencio majestuoso y la soledad campa en el entorno sosegado. Cruzamos antiguos bancales de siembra, ahora abandonados, invadidos por matorrales y árboles. El camino va haciendo lazadas en un bosque de encinas y pino negral. Dejamos atras el Barranco de las Fonts y el de los Morellars (donde el camino cruza entre grandes bloques de piedra blanquecina). Pasamos junto a la Cueva Siria (que se encuentra encima del camino y conviene visitar). Mas arriba, en un valle enquistado entre colinas agrestes, encontramos  la fuente de Horta, con el gran tronco vaciado que sirve de abrevadero y algunos asientos realizados con troncos.

En este punto ya comenzamos a ver las estribaciones de la Punta del Aigua y hacemos el recorrido por debajo el  espolón, atravesamos un bosque por un sendero empinadísmo (barranco de la Escudelleta) y llegamos al collado de la Gilaberta, donde otro poste indicador redirige hacia Pauls, una flecha a la derecha hacia el collado de Atans y el Montsagre de Horta y otro que indica la bajada hacia el Mas de les Creuetes y el Pujador de la Mala Dona.

Seguimos pues la dirección del collado de Atans, una subida fuerte, tiramos hacia la derecha cresteando en ocasiones y luego bajando al valle interno del Montsagre de Pauls, bajo la  Mola Grossa y el Tossal d'Engrilló, hacia el Pla de la Refoia (donde no llegaremos) sino que desviándonos a la derecha bajaremos hacia un valle alfombrado por cañas y matorrales de agua (allí nos encontramos con el gran tronco vaciado donde se embalsa la fuente del Montsagre de Pauls), justo debajo del embalse o laguna de la Refoia. En ese punto, podemos acercarnos a la gran balsa, un paraje de insólita belleza o bajar por un sendero poco visible, entre los matotrales, hacia el bosque (a nuestro derecha, al fondo,) acompañados por el riachuelo que mana de la fuente y que se pierde en el barranco de bajada.
Desde aquí seguimos una bajada permanente, entre boques de piedras y árboles de troncos tortuosos. Dejamos a la derecha una enorme bauma junto a un bosquecillo tupido, es un lugar umbrío donde crece una gran higuera, con una pared vertical humedecida por el torrente que suele bajar en epoca de lluvias, formando una catarata no muy abundante pero sí bellísima Luego el camino sigue junto a la roca, ascendiendo nuevamente para lanzarse cuesta abajo por el barranco de los Albadars. Poco antes de llegar al punto de encuentro con el sendero de subida, cruzamos una corriente de agua muy cantarina, el riachuelo Morella, creo que se llama, junto a unas fuentes, hasta conectar con la pista que nos llevará de nuevo a Pauls.

Esperen a la primavera para hacer este recorrido. En verano, es tórrido a pesar de discurrir bajo árboles en su mayor parte; en otoño suelen azotar unos vientos muy fríos y persistentes. Pero a comienzos de la primavera, a pesar del viento y el frio, los lugares que cruzamos son de una belleza majestuosa.

 

NO SE PIERDA

Una tranquila visita a la señorial villa de Pauls, con su castillo coronando la colina donde se asienta el pueblo. Hay un recorrido, muy recomendable, que puede complementar la excursión. Recorre un camino señalizado entre campos de cultivo y bosques. Si tienen tiempo, aconsejo estar un par de dias en la zona, se dedica un dia a  la subida a los Montsagres y una mañana a este recorrido de las fuentes de Pauls. Se sale por una pista alquitranada cercana al cementerio. Nos lleva al área de la Fonteta (una fuente que debido a la sequía ya hace años que no mana). El siguiente punto es la zona recreativa de Sant Roc, uno de los lugares mas representativos de la zona, con su enorme fuente de 17 caños de los que sale bastante caudal de agua, los arboles que la rodean, los merenderos de piedra, la ermita, decenas de aves, excursionistas que confluyen en este nudo de caminos, pinos, carrascas, tejos, robles...un lugar fascinante. También merece una visita El Ullals, otro punto de agua cercano que hace de esta lugar uno de los más feraces de los Puertos. Y, por supuesto la fuente del mas de l'Agustí, con su tinglado de ramales de pino ahuecado para que pase el agua. Quizá en otra ocasión le dediquemos más espacio a este pequeño paraíso a los pies del Montsagre.

 

DOCUMENTACIÓN

 

En la bien surtida librería de Serret en Vallderrobres encontraréis todos estos titulos, indispensables para conocer bien la zona. "Baix Ebre, 17 excursions a peu" de Vicent Pellicer, en editorial Azimut. Los "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Jordi Bustos, uno de los clásicos junto a "Lo Port. 52 rutes de senderisme" de Joan J. Tirón en edit. Piolet. Y para rematar el "A peu pel massis del Port" del citado V. Pellicer, también en Azimut. En mapas, con el MTN50, de Horta de San Juan en 1:50.000 o el 496-II en 1:25.000, tendréis orientación suficiente.

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2 diciembre 2012 7 02 /12 /diciembre /2012 08:49

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  Hacía tiempo que no gozaba tanto con una película de dibujos animados. "ParaNorman" o "El alucinante mundo de Norman" como se titula en España es una cinta que no desmerece en inteligencia e ingenio a "Up" o en habilidad técnica y narrativa a "Walle.e". Muy por encima de las sagas de los Ice Age o Madagascar, y bastante cerca de los "Toy Story", en su irónico afán satírico. Partiendo de una anécdota inicial clásica en el cine de terror, la persona que puede ver a las personas fallecidas, aquí se nos ofrece una variación de "El sexto sentido" de M.Nigh Shymalan, pues coincide en poner a un niño en esa terrible tesitura pero carga la trama con un humor corrosivo, una critica llena de gracia de la sociedad --que repite defectos y barbaridades de siglo en siglo-- y una serie abundante de guiños a cinéfilos desde la ironía y la provocación un poco gamberra y siempre bien intencionada.

Se nos hace una propuesta original: un pequeño pueblo norteamericano explota turisticamente una horrible leyenda del siglo XVIII, un bárbaro auto de fe religioso del puritanismo más hipócrita (tipo "Las brujas de Salem") y la salvajada fanática religiosa: una niña es condenada a la hoguera con absurdas acusaciones de brujería. La niña lanza una maldición al pueblo que comienza a hacer efecto el año en que se desarrolla la película. ¿Por qué precisamente entonces? Porque siempre ha habido alguien encargado de neutralizar la maldición durante los siglos y años anteriores. Todas esas personas tenían un curioso don: veían a las personas muertas como si fueran reales. Tras la muerte por infarto del ultimno encargado, tío del niño protagonista, un descacharrante personaje, Norman debe hacerse cargo de la misión: los muertos --zombies-- comienzan a despertar de su letargo de siglos e invaden el pueblo. Pero nada de esto responde a lo habitual: los zombies no quieren devorar a nadie, tratan de ayudar al niño a neutralizar a la bruja pues ellos son precisamente los ciudadanos que juzgaron y condenaron a la niña bruja y sólo descansarán cuando la niña sea calmada de su profunda ira.

A partir de ahí, el juego crítico y los guiños cinéfilos se suceden. Vemos a un pueblo alzado en desternillantes armas para cargarse a los zombies, al grupo imposible y descerebrado de acompañantes del héroe y las actividades de todos los personajes en secuencias de lo más divertido y sin complejos (incluidas las notas a la absoluta subnormalidad de unos "adultos" encerrados en tópicos estúpidos y actitudes automatizadas e irrazonables, donde el único normal es un niño que ve y trata con amabilidad a los fantasmas y que tiene conciencia de su "rareza" y admite el pago en ostracismo, burlas y ataques que debe satisfacer por tener un don que jamás había buscado. Además, y por el mismo precio, los aficionados al cine de salsa de tomate y gritos desaforados podrán disfrutar con las parodias a escenas de Halloween, Viernes 13 y La Noche de los muertos vivientes, entre otras ensaladas del susto y la hemoglobina.

Hay mucho respeto a la infancia en esta película y mucho atrevimiento social (como sacar a un joven que confiesa su homosexualidad sin aspavientos) o el rechazo al "bullygin" como forma de relación en los colegios o en la calle. Los realizadores  (estudios Laika) han logrado un buen producto de "stop motion" que logra escenarios magníficos y personajes llenos de gracia, evitando la frivolidad o el mal gusto. Estamos ante una adulta y seria fábula contra la intolerancia, la brutalidad que nace del miedo y el perdón. Acompañamos a Norman en su iniciático viaje de descubrimiento de un pasado vergonzante que mantiene todo su horror en el inconsciente colectivo del pueblo. La historia amenaza con volver a repetirse, pero... No les cuento más. Vayan a verla. Una vez más la animación sirve para mandarnos un mensaje positivo e inteligente en un paquete de risas y humor, presuntamente destinado a los niños.

Chris Butler y Sam Fell dirigen esa pequeña maravilla de la stop-motion y el 3D. Candor, ingenio y humor. Una mezcla perfecta.

     





 

 

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30 noviembre 2012 5 30 /11 /noviembre /2012 17:32

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Unas niñas leen ante las cámaras de televisión unas informaciones sobre el desplome del mercado financiero por la situación de la deuda de Abu Dabi. Su padre las ve en el televisor de la prisión donde se encuentra entre otros muchos delincuentes financieros. En "La hoz y el martillo" uno de los relatos del libro "El ángel Esmeralda" del escritor neoyorquino Don DeLillo, se nos muestra la perplejidad que causa la desinformación que invade nuestro mundo actual, el agobio de la percepción sometida a unos cambios incesantes, casi siempre brutales, que constituye una de las lacras en las que vivimos los ciudadanos de las llamadas sociedades desarrolladas. Los datos de la inseguridad económica que la niñas recitan sin saber su significado dan una espectral imagen del desconcierto de nuestra época sometida a fuerzas cuyo control se nos ha escapado. Hay algo siniestro en la imagen de que sean niñas pequeñas, como si jugaran, las que reflejan el estado de inconsciente irresponsabilidad que se ha apoderado de los que influyen en la situación financiera de nuestro mundo.

DeLillo es uno de los escritores más respetados --y no muy conocidos popularmente-- de la literatura norteamericana actual. No hay concesiones en este intelectual cuya prosa tiene la contundencia y el encanto de un híbrido entre las fulgurantes imágenes de un Faulkner, la firmeza de un Hemingway y la elegancia expresiva de un F.S.Fitzgerald.

Nueve cuentos forman el libro editado por Seix y Barral (facilitado a este crítico por el providencial Serret de Valderrobres)  en los que este multipremiado novelista --desde que en 1985 se llevó el prestigioso National Book Award por "Ruido de fondo"--, nos ofrece una selección (realizada por él mismo) de sus mejores cuentos escritos entre 1979 y 2011.

Después del 11-S, DeLillo escirbió "El hombre del salto" que era una metáfora paralela a "Ruido de fondo" de 1985. Si en ésta se nos cuenta la odisea de una familia que huye de una nube tóxica entre la desinformación y el caos, en la primera se nos habla de un equilibrista que poco después de la tragedia de las Torres Gemelas se pasea por un cable tendido entre altos edificios, siempre cabeza abajo, rememorando la icónica fotografía o filmación de los sujetos que se lanzaron de las ventanas del World Trade Center en llamas. En ambos casos se repite un mensaje habitual en las novelas de este escritor inquieto: la crítica al efecto demoledor que la sobreinformación y la sobrecarga tecnológica está produciendo entre las personas. Cómo se deforma el mensaje de la vida, sus valores y su equilibrio debido a la manipulación bastarda que el estilo de vida de las sociedades avanzadas difunde como un producto inevitable. Eso explica el absurdo de que los personajes de De Lillo traten siempre de reducir el conflicto social y económico del momento a unos parámetros inmediatos, visibles, que nos permitan creer que sabemos quiénes son los causantes del desastre que vivimos y  de esta forma calmar nuestro superticioso temor.

Los relatos de "El ángel Esmeralda" van reincidiendo en esa visión desencantada y mítica de la condición humana. Hay una metáfora global que encuadra a los personajes de De Lillo y la cuidadosa y detallista descripción del vacuo desconcierto de sus vidas. En el relato que da nombre al presente libro, dos monjas que trabajan en el Bronx neoyorquino son forzados testigos de la salvaje muerte de una niña y de un fenómeno que hace creer a los fatigados y enojados vecinos de la zona que se ha producido un milagro y que la niña muerta aparece como símbolo de cualquier cosa maravillosa. El sobrio relato va despojando al lector de expectativas: no hay nada que esperar de una sociedad capaz de crear individuos como los que bullen en ese barrio marginal del país más próspero y poderoso del mundo.

Otro relato "Momentos humanos en la III Guerra mundial" nos cuenta la experiencia de dos pilotos espaciales, que circunvalan el planeta en una nave con la misión de disparar contra objetivos señalados por la base, como si fueran parte de una gigantesco juego del que no saben sus consecuencias. Relativizada la tragedia bélica por la distancia espacial desde donde intervienen. En este contexto, los astronautas escuchan  por la radio emisiones radiadas hace más de 50 años que siguen flotando en el éter. Uno de los personajes reflexiona: "Olvida la medida de nuestra visión, el barrido de las cosas, la propia guerra, la terrible muerte. Olvida el arco de la noche que nos cubre, las estrellas como puntos estáticos, como campos matemáticos. Olvida la soledad cósmica, el flujo hacia arriba del pasmo y el miedo reverencial".

En "La acróbata de marfil", una norteamericana nos cuenta sus desazonantes experiencias durante un terremoto que sacude Atenas. La mujer vuelve a ser una metáfora de esa actitud humana que refleja De Lillo en muchos de sus personajes, una espera paciente y educada de unos acontecimientos que te superan aunque trates civilizadamente de darles una explicación y un significado. En "Creación" nos habla de una pareja de turistas que ha quedado detenido en un pequeño aeropuerto de una isla de las Barbados, el miedo y la trivialidad de la desesperanza y la vulnerabilidad en el seno de una sociedad opulenta que cree tenerlo todo controlado. En "El corredor", es el secuestro de un niño el elemento que distorsiona la apacibilidad del ejercicio de un joven que corre deportivamente por la ciudad. La búsqueda de un sentido a un hecho violento que conmueve, un sentido que lo "normalice" y lo haga aceptable, es la lucha del propio De Lillo por mostrarnos la vulnerabilidad de nuestra época, tan creída de sí misma.

Como dice uno de sus personajes "Hay cierto consuelo en creer lo peor, con tal de que sea el convencimiento imperante". De Lillo busca en la confluencia social de la alarma o el temor, o el simple terror a lo que ocurre y a lo que puede ocurrir, una suerte de catarsis que tranquiliza al ciudadano, no en cuanto no vaya a ocurrir la desgracia que se anuncia sino en que no va a estar solo ante ella, va a compartirla con los demás y en ese anonimato del número encuentra una especie de triste consuelo.

Para dar un valor suplementario a esta prosa, De Lillo nos sorprende muy a menudo con fulgurantes frases en las que brilla una extraña poesía. Y así, por ejemplo, describe a un personaje como "un hombre formalmente ausente de su menor gesto o palabra" (pag. 165) o en "Baader Meinhof" escribe que una mujer que mira una serie de fotografías en una sala de exposiciones sobre la mítica banda terrorista alemana, siente " una intimación detrás de ella, un leve desplazamiento de aire y así supo que habia alguien más en la habitación". (pág.119)

Relatos para leer al menos dos veces. Como en el cuento de Cortázar "Las babas del diablo" siempre hay algo que se nos escapa en una primera visión. Un detalle primordial. De Lillo suele generar muchos de esos detalles. Su lectura es una gozada.

 

FICHA: EL ÁNGEL ESMERALDA.- Don DeLillo.-Ed. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Traducción de Ramón Buenaventura.235 págs.19 euros

 
   
   

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29 noviembre 2012 4 29 /11 /noviembre /2012 10:05
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La cuestión de la enseñanza y de sus problemas forma parte de la mítica del cine, aunque el paso del tiempo y los cambios de costumbres y valores (no precisamente para bien) han convertido en irreconocibles entre sí las películas que en un tiempo reflejaban esas relaciones entre alumnos y profesores y las que ahora lo tratan de hacer: hay un mundo entero de diferencias entre, por ejemplo, "Adios, Mr. Chips" (Sam Woods 1939 y una segunda versión de Herbert Ross en 1969) en la Inglaterra de los años 20 del siglo pasado y la película que hoy nos ocupa, "El Profesor". Incluso entre la ya más conflictiva "Rebelión en las aulas" (James Clavell, 1967) y esta cinta dirigida por Tony Kaye e interpretada por Adrien Brody. ¿Qué es lo que más ha cambiado? Lo más llamativo no es la violencia o la desorientación, eso parece que vaya con la edad y los tiempos. Para este comentarista es la impunidad de los alumnos en su desbocado comportamiento y el apoyo incondicional que reciben de sus padres, formando frente común contra los profesores.
En realidad la temática amoral es algo que ya el director Tony Kaye había desarrollado en su durísima "American History X", aunque aquí ha aplicado esa violencia extrema, ese aire de invulnerabilidad y enquistamiento en la brutalidad y la ira, a la enseñanza. Para personificar al docente capaz de lidiar con esa temática y salir mas o menos indemne, Kaye ha tenido el acierto de confiar el ambiguo y atormentado papel a un actor superior, Adrien Brody, que pasea su rostro triste y solo aparentemente débil por una historia de adolescentes llenos de ira y frustraciones.
Brody muestra su fuerza apoyándose en su interior, practicamente destrozado, al que sólo se opone con la determinación de hacer su trabajo, en un combate de resistencias en las que se ha especializado como manera de equilibrar su vida sin acicates o ilusiones. Es una persona dañada que saca fuerzas de un medio ambiente sin moral y depravado, y que guarda en su interior un volcán de rabia y frustración siempre a punto de estallar. Su propia vida, la madre suicida, el abuelo lleno de culpas al que cuida sin atreverse a reconocer sus propias sospechas, crean un estado de aflicción y violencia interior que sólo se equilibra oponiendo la violencia y la rabia que encuentra en su aula.
Nada que ver, por supuesto con el edulcorado drama de "El club de los poetas muertos" (Peter Weir, 1989) o, incluso con el  "Profesor Lazhar"  (Philippe Falardeau, 2011) que comentamos no hace mucho, aunque con ésta última tiene un punto de contacto: el profesor llega a conectar con sus alumnos, logra interesarles en la materia que imparte, literatura, y consigue establecer lazos por primera vez con otros profesores, con algunos alumnos y con una adolescente prostituta a la que recoge en la calle. Hay un tono de redención en el final de "El profesor" que me ha sorprendido y, ¿por qué no? me ha reconciliado con la rudeza ética y el rechazo social del director.
Quizá la película de Kaye tiene más contactos con "La clase" (Laurent Cantet, 2008) y su ambiente de un barrio marginal de Paris con su racismo desatado, y el personaje de Brody parece alimentarse del de Glenn Ford en "Semillas de maldad" (Richard Brooks, 1955).
Y, por supuesto, acudiendo al cine nacional, nada que ver tampoco con "La lengua de las mariposas" (Jose Luis Cuerda, 1999) en la que el maestro interpretado por Fernando Fernán Gómez, se encuentra en las antípodas del de Adrian Brody, asi como los barrios bajos de los Estados Unidos de hoy son de otro planeta comparados con  la Galicia rural en el entorno de la guerra civil española.
En fin, película apreciable y ocasión de reflexionar sobre el caos de la enseñanza, en la que la falta de valores éticos golpea de forma acusadamente grave: estamos forjando generaciones muy dañadas y sin apenas referentes morales válidos.
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28 noviembre 2012 3 28 /11 /noviembre /2012 07:22

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 Por favor señores distribuidores hagan una reposición con todos los honores de "Black Death", película de Christopher Smith (que dirigió otra buena película, "Triangle") que no ha pasado por los cines desde que hace dos años se filmó y recibió solo tibios parabienes en el festival de Sitges (por lo general con buen olfato para buenas películas faltas de promoción y protección de la industria). Solo les diré que este filme está a la altura de clásicos como "Los señores del acero" de Paul Verhoeven o como la excesiva pero fascinante "Aguirre, la cólera de Dios" de Herzog y enmienda la plana en seriedad y realismo histórico a la mayoría de las películas que Hollywood o Europa lanzan sobre la oscura Edad media.

No se asusten, no se trata de "El manantial de la doncella" o "El séptimo sello", aunque les debe mucho a ambas joyas de Bergman. Es una película de aventuras, de capa y espada, pero tiene tal rigor, tanta inteligencia, tanta habilidad técnica e interpretativa que ha sido una gozada verla para este crítico estragado por la excesiva y superpromocionada cantidad de bodrios que suelen proyectarse a bombo y platillo.

La cinta nos lleva a la Inglaterra medieval más cerca de "Campanadas a medianoche" de Welles que a las postales de colorines  que se nos sirven habitualmente. La peste, la miseria, el dolor y la humillación de los pobres, el poder de la iglesia y el fanatismo, la ignorancia, la barbarie y la muerte, encuadran la trama. Un grupo de guerreros comandados por un magnífico Sean Bean, pagados por las autoridades eclesiásticas, viajan por el país para asaltar una comunidad aislada de la peste que creen sostenida por una bruja "que resucita a los muertos". En realidad se trata de una aldea en la que sus dirigentes aplican una sabiduría natural elemental hoy día pero "brujeril" en aquella época de ignorancia y fanatismo: la limpieza personal y de las viviendas, una dieta sana, beber agua hervida y mantener la aldea rodeada por rios aislada del entorno, evitando que las ratas entren en la zona. Los soldados no entenderán la situación y llevarán la muerte y el contagio de la peste a la aldea.

Realizada con una técnica impecable y una fotografía heredera de aquellos magos del cine en blanco y negro que hemos citado (de hecho todo es tan oscuro y tenebroso que  ahora me pregunto si la película es en color: lo es, pero en mi memoria de cinéfilo la veo en blanco y negro), le película roza la excelencia, con un ritmo tenso "in crescendo", una dirección artística minimalista pero de una fuerza conmovedora y un montaje ágil y sin momentos muertos, hacen de este filme de acción una propuesta que supera las limitaciones del género para ofrecer motivos de reflexión y varios niveles de lectura.

Sean Bean es un guerrero complejo y atormentado y Carice van Houten (la rubia superviviente de "El libro negro") una "bruja" fascinante que logra desconcertar la monje protagonista (Eddie Redmayne) pero también le inocula la duda ante el fanatismo y la barbarie. Gran película que actualiza el dilema de por qué el cine inteligente no puede ser popular, salvo que la industria del cine considere que puede ser rentable. Y los criterios de ésta no acostumbran a ser aceptables, cuando no hay héroes impecables, efectos especiales o monstruos malvados. Por tanto corran al Dvd-club más cercano y encárguenla. De visión obligada (debería proyectarse en las clases de historia medieval de laas Facultades universitarias y también en las escuelas).


      
      
     
   
  
   

         

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