Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
5 marzo 2022 6 05 /03 /marzo /2022 10:59

 

Pensar que, dado que Sherlock Holmes es un personaje de ficción, no se puede aprender nada de él y su sistema peculiar de pensamiento y deducción, es tan ridículo como tratar de ignorar que Ulises, el héroe griego, es un referente cultural para toda la humanidad más o menos cultivada y que sus aventuras y su personalidad ha enriquecido el acervo cultural durante más de 24 siglos. Holmes, creado por la inteligente mente de sir Arthur Conan Doyle, tuvo una fuente real en la vida de su creador, Sir Arthur confesó muy tempranamente que su criatura era una copia literaria de un profesor suyo de la Facultad de Medicina, el Dr. Joseph Bell, al cual debía todos las admirables cualidades detectivescas con las que dotó a Holmes. Para dar más comprensión a la eficacia del sistema de pensamiento y deducción de  Holmes, el novelista utilizó los métodos del detective en la vida real con un doble éxito criminalista: demostró con deducciones e inferencias que dos personas condenadas injustamente eran inocentes.  .

 La primera edición de este libro es de junio de 2013 y, en realidad está basado en una serie de artículos que la autora publicó en 'Big Think' y 'Scientific American'. Maria Konnikova, es una psicóloga y periodista experta en cuestiones de neurociencia, pensamiento lógico y creativo y una especial habilidad para sacar una utilidad práctica y cotidiana a los principios y técnicas mentales  que optimizan el funcionamiento del cerebro. El uso de la figura literaria de Holmes es un habilidoso detalle imaginativo que permite que el lector se familiarice con tácticas de pensamiento y observación que pueden mejorar la eficacia del cerebro en todos los aspectos de la vida.

Comparto con la autora la afición por Holmes y me encanta su pedagógica habilidad de mostrar de forma evidente la eficiencia de los mecanismos mentales que usa el detective y que la Konnikova explicita para que también se acostumbre a usarlos el lector. Como psicólogo también aplaudo la claridad  e idoneidad de las explicaciones psicotécnicas utilizadas. El rigor eficaz del pensamiento de Holmes está basado, como no puede ser menos, en una observación atenta y no afectada por sesgos emocionales o egoicos; la inferencia y la deducción. Como cuenta Konnikova el método científico empieza - ya desde la antigüedad griega- con una atenta y objetiva observación de los fenómenos naturales, se va acumulando una amplia base de datos y conocimientos y apoyado en una comprensión de los hechos y los contornos del problema que se estudia, se descarta todo lo imposible y lo que queda, por improbable que pueda ser, es la solución de nuestra duda. Y es que para Holmes, el escepticismo inicial -nada se acepta porque sí- y una mentalidad inquisitiva, paciente  y curiosa en relación con el mundo, es la actitud que nos evitará errores de juicio y apreciación.

Pero sin animo de hacer "spoiler" e insistiendo en la recomendación de que adquieran este libro y lo lean (se lo va a pasar "pipa" como dice mi hija) me permite dejarles esté largo párrafo del libro como conclusión.

"En el fragmento que sigue el detective explica al doctor la diferencia entre ver y observar:

—Usted ve, pero no observa. La diferencia es evidente. Por ejemplo, usted habrá visto muchas veces los escalones que llevan desde la entrada hasta esta habitación. ¿Cuántos escalones hay?

—¿Cuántos? No lo sé.

—¿Lo ve? No se ha fijado. Y eso que lo ha visto. A eso me refería. Ahora bien, yo sé que hay diecisiete escalones, porque no solo he visto, sino que he observado.

Este truco carece de verdadera importancia, pero tiene unas implicaciones muy profundas si nos paramos a considerar qué es lo que lo hizo posible. Es precisamente este truco el que me inspiró para escribir un libro en honor de Holmes.

¿Cuántos pensamientos entran y salen de nuestra mente sin que nos detengamos a identificarlos? ¿Cuántas ideas e intuiciones nos hemos perdido porque no les hemos prestado atención? ¿Cuántas decisiones hemos tomado y cuántos juicios hemos hecho sin saber cómo o por qué, impulsados por algún automatismo interno de cuya existencia solo somos vagamente conscientes? ¿Cuántos días han tenido que pasar hasta que, de repente, nos preguntamos qué hemos hecho exactamente y cómo hemos llegado hasta aquí?

El objetivo de este libro ha sido ayudarle a reflexionar sobre todas estas respuestas. Hoy más que nunca es necesario contar con una metodología como la de Holmes para examinar y explicar los pasos necesarios para desarrollar unos hábitos de pensamiento que nos permitan conectar con nosotros mismos y con nuestro mundo de una manera consciente y natural".

FICHA

¿CÓMO PENSAR COMO SHERLOCK HOLMES?.- Maria Konnikova.- Trad. Genís Sánchez.- Ed. Paidós.- 285 págs.


 

Compartir este post
Repost0
25 diciembre 2021 6 25 /12 /diciembre /2021 16:56

 

Este texto está dedicado a la memoria de Adam Zagajewski, poeta polaco que falleció en Cracovia el  21 de marzo de este año que acaba.

"Pero nosotros, que de niños jugábamos, con deleite -y por fuerza- entre las ruinas que nos habían dejado en herencia las innumerables proezas de nuestros intrépidos y elocuentes predecesores... somos escépticos respecto a una retórica de estilo elevado y muecas pomposas. Adivinamos que la modernidad digital que nos agobia no debe combatirse (porque nadie la vencerá) sino que a pesar de sus muchos defectos y por mas que nos indignen algunas de sus funciones y cometidos menos inteligentes, debemos corregirla, completarla, mejorarla, enriquecerla humanamente, debemos comunicarnos con ella. Las nuevas tecnologías están ya en nuestros cerebros y es demasiado tarde para tratar de ignorarla y menos de anularla." ( pág.52). Si el lector se adentra en la fértil y estimulante lectura del libro del poeta  polaco Adam Zagajewski, que hoy analizo, encontrará este párrafo aunque no exactamente escrito de la misma manera. Lo he adaptado un poco a un mensaje más acorde con el tiempo que ahora mismo vivimos, ya que originalmente fue escrito hace más de veinte años. Pero estoy seguro que A.Z. vería con simpatía la pequeña profanación literaria.

En definitiva, lo que cuenta es la decidida recomendación que hago para que se adentren reposadamente en la lectura de "En defensa del fervor", donde la fuerza interior del poeta se metaboliza en observaciones agudas y brillantes sobre autores, hechos, historia, filosofía y, naturalmente poesía, de grandes de la literatura europea, con ese sentido humanístico que floreció en la Europa arrasada por la segunda guerra mundial y que ha dado genios de la talla de Rilke, Benjamin, Hannah Arendt, Stefan Zweig, Simone Weil, Mann, Freud, todos ellos tocados y muchos derribados por una época sombría y extremadamente cruel.

En eta obra somos testigos de excepción en algunos momentos de cómo funciona el "taller interior" del poeta, sobre todo cuando sus comentarios y reflexiones son sobre otros poetas o escritores o filósofos, como Nietzsche, Cioran (del que hace un agudo análisis) o Czeslaw Milosz, amigo personal de Adam. En ellos se desprenden ecos de los mecanismos casi inconscientes que fertilizan su poesía y  esa percepción de lo real que los poetas convierten en su campo de trabajo. Y eso en una época como  la que hemos vivido donde "se siente una indiferencia total por los problemas metafísicos, confirmando con tristeza la lenta atrofia de la imaginación espiritual".  Para ello analiza la ironía y el cinismo como herramientas necesarias para encontrar "la chispa de la antigua visión mágica del mundo.” 

Zagajewski (nacido en Lwow en 1945) recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras en 2017, aunque es uno de los ilustres semi desconocidos en nuestro país, poco dado a la poesía ultimamente, (aunque la mayoría de sus obras han sido traducidas y publicadas aquí. Fue un destacado disidente del régimen comunista polaco que prohibió su obra,. Estuvo exiliado desde 1982  en Alemania, Francia y Estados Unidos. Sus obra poética incluye:  "Ir a Lviv" (1985), "Tierra de fuego" (1994) y "Retorno" (2003). Aparte de ensayos de gran calidad como el que comento y otro titulado "Solidaridad y soledad" (1968). En ellos sostenía que los polacos debían "alzarse contra las falsificaciones de la realidad y la apropiación del lenguaje por la ideología y propaganda  comunistas.

Aquí, A.Z.  analiza el fervor y lo sublime, antes de dejarnos páginas memorables sobre Nietzsche, el arte poético, en un paradójico "Contra la poesía" y una variedad de asuntos: desde el ocio, a las visitas a los lugares santos, y remembranzas de un "París de tonos grises" o las desventuras obligadas de escribir en polaco, donde brilla una ironía amable y comprensiva.

Su defensa del fervor sólo es analizado en profundidad en el primero de los ensayos del libro, pero en esencia, parece reflejarse en todos los demás, en los que usa un entusiasmo que hace revivir el fervor y la ironía humanista, que suele aparecer con las dictaduras y la barbarie. Por ello "expresa su decepción por la muerte de la esperanza utópica y la crisis de ideas causada por la erosión y el desdoro de las doctrinas que intentaban sustituir la tradicional metafísica de las convicciones religiosas por teorías políticas de carácter escatológico".  Aunque no se recata de dar un toque de atención: "A veces la ironía expresa algo más: la desorientación en medio de una realidad plural. A menudo simplemente encubre la pobreza de pensamiento. Porque si no se sabe qué hacer, lo mejor es volverse irónico". 

Seguimos pues, nos dice AZ. con esta etapa de un "peregrinaje eterno e interminable".  No en vano,  define a los ciudadanos de esta época usando el término  platónico de "metaxú", vivimos entre nuestro entorno, que creemos conocer, concreto y material y la trascendencia, el misterio de lo inefable. "Metaxú" es el estado de un ser que siempre está, irremediablemente, a medio camino de todo. Incluso de la búsqueda de la belleza.  Zagajewski  considera al poeta ideal como "aquel que es capaz de asumir y controlar la oscilación entre ironía y fervor, humor y misticismo, realidad y trascendentalidad". Y propone a su admirado Czeslaw Milosz, al que dedica uno de los ensayos del libro «La razón y las rosas». Para los poetas como él, "lo sublime es una experiencia del misterio del mundo, un escalofrío metafísico, una gran sorpresa, un deslumbramiento y una sensación de estar cerca de lo inefable".

En otro de sus capítulos AZ hace una defensa numantina de la poesía argumentando en su contra: a través de la inspiración, que "parece elevarnos por encima de la cotidianidad para que podamos contemplar el mundo con atención y fervor al mismo tiempo" . Aunque el poeta en ninguna ocasión puede marginarse del debate intelectual de su época, única manera de dar a su obra un sentido y un valor.

En "La poesía y la duda" analiza la obra y a la vida de Emil Cioran,  y su elección de la duda como referente global de su trabajo y su ideología, un nihilismo absoluto, y al suicidio como único sistema para acabar con la "broma macabra de la vida". Sólo con el fervor, nos dice AZ, puede salvar a la poesía. Y al poeta. Así lo demostró él mismo a lo largo de su obra y de su vida. Descanse en paz.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

EN DEFENSA DEL FERVOR.- Adam Zagajewaki.- Trad. A. Rubió y J. Slawomirski.- 215 págs.-Ed. Acantilado. ISBN 9788496489158

Compartir este post
Repost0
17 diciembre 2021 5 17 /12 /diciembre /2021 19:22

SALUD MENTAL EN CRISIS

Publicado en La Comarca el 171221

Vivimos alimentando un tabú absurdo: de los trastornos mentales nadie habla o se esconden como una vergüenza o se ignoran “pudorosamente”. Es como el cuento del lobo feroz. Los profesionales de la salud no han dejado de avisar: oigan, que existe el lobo de la insania, la demencia, los trastornos psíquicos, las manías, las psicosis, chifladuras, cuelgues, desatinos, desvaríos, delirios… que ya vienen, ¡que están aquí! La Covid  los ha catapultado en toda su amplia gama de niveles, desde los más leves a los que acaban en suicidio o internamiento.

A pesar del asfixiante predominio de los datos en nuestra cultura, hacemos oídos sordos a las estadísticas que se nos facilitan, o miramos hacia otro lado, dando por sentado que eso “no nos atañe” de forma personal (como con la vacuna). Hasta algunos políticos, dotados de una piel muy dura, solo sensible a los arañazos que se haga a sus intereses propios, comienzan a dar muestras de alarma (esperemos que no se queden en eso y busquen soluciones urgentes).

Y las soluciones pasan, en primer lugar, por cuidar y tomar medidas para proteger el trabajo de los profesionales de la salud) a fin de que estén en condiciones de realizar un trabajo de tal magnitud que no podemos ignorar más. Conozco varios informes sobre los efectos perniciosos que la Covid está teniendo sobre ellos. No en vano están en primera línea.

El deterioro de la salud mental en la población española (y sólo somos una parte del problema global), tanto por trastornos graves como leves,  está sufriendo un agravamiento progresivo. Los datos desnudos son explícitos: cada día como promedio se suicidan diez personas en nuestro país: se ha convertido en la causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico. Y el suicidio no es el exceso emocional del romanticismo, es el efecto de un trastorno psíquico. Uno de cada 4 ciudadanos padece algún tipo de trastorno, 6 de cada 10 tienen síntomas de ansiedad o rozan la depresión y más de un 11% de la población consume fármacos ansiolíticos o antidepresivos. La pandemia y sus crisis sistémicas, el tele martilleo constante de datos negativos y las mentiras víricas en las redes o en cierta prensa, también ayudan a menoscabar el equilibrio mental de personas ya “tocadas” por problemas económicos o laborales. Miremos cara a cara la falta de salud mental. No hay que avergonzarse y tampoco ignorarla. Piensen: en el centro de control del cerebro y la mente se gestiona la salud del cuerpo. Y la vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
6 diciembre 2021 1 06 /12 /diciembre /2021 17:06

El autor, Juan José Tamayo, palentino de 75 años nos hace un severo análisis del mundo en el que vivimos, que es una negación absoluta de la compasión y una advertencia admonitoria a las personas que se sienten heridas por el silencio de Dios ante esta crisis sistémica que nos agobia por su impasible inevitabilidad.  Para ello se inspira en la experiencia de la crisis pandémica, una circunstancia que ha revelado y desnudado el principio ético de la compasión (o de su falta), un concepto que analiza a través de once capítulos, apoyándose en la historia, la psicología, la moral, la religiones y la filosofía, sin olvidar la teología, la ecología o la economía (ay, tan relevantes).

En esencia es el reto que nos impone el siglo: el silencio de Dios articulado con el “silencio“ de la compasión o su falsedad, que vienen a ser las dos caras de la misma sensación de absurda inoperancia que ambas trascienden. La ausencia de “Dios” es el reflejo inverso de la ausencia de compasión que aflora permanentemente en las relaciones humanas, familiares, sociales, de raza, religión, género sexual o sesgo político; en la desigualdad creada por la xenofobia, la falta de recursos, los excesos de producción y de consumo, la gradual destrucción del medio ambiente, la banalización de la cultura, el esclavismo digitalizado, los avances de fascismos y totalitarismos, la violencia como reacción gratuita e innecesaria, el desprecio a las leyes y a la autoridad. No se pretende comparar o compaginar la creencia en Dios con la necesidad de la compasión, sino destacar el hecho de que ambas proceden del mismo origen, la misma semilla: la idea de Dios es la de un Ser trascendente que atrae y libera lo mejor de nosotros y la de la compasión es una actitud, un sentimiento, que hace el mismo efecto en nosotros respecto a nuestros semejantes, ya que con ello facilita el encuentro con lo divino que es, por definición, lo que justifica la vida del creyente tanto como la compasión da sentido a la vida de la persona.

Esta articulación entre Dios y la compasión se convierte, cuando es una práctica, en una referencia ética que influye en todos los ámbitos del saber y el quehacer humanos. Y aquí no se trata de una cuestión entre creyentes y escépticos sino en una praxis que podría hacer que el progreso tecnológico en el que vivimos (y sus crisis) se vea acompañado por un progreso ético  en el que la solidaridad, la igualdad y la compasión logren, poco a poco, ayudar a superar o mitigar las brechas que contundentemente denuncia el libro de Tamayo: las de la desigualdad, la injusticia ecológica (con las cuatro amenazas que Leonardo Boff enumera: armas de destrucción masiva, escasez de agua potable, sobreexplotación de la Tierra y calentamiento global). Precisamente ese autor, citado por Tamayo,  destaca la necesidad de despertar mundialmente a la “espiritualidad”. Esa función o dimensión profunda del ser humano que está íntimamente relacionada con las ideas de lo divino y de la compasión. El odio y rechazo al Otro (inmigrantes y refugiados), la injusticia de género, la desigualdad económica, cultural y cognitiva, configuran una visión crítica del mundo donde, precisamente, se ignora la compasión y la fuerza redentora que daba la “existencia” de Dios (lejos del “Dios” de la intolerancia y el fanatismo).

Tamayo completa su libro con un erudito recorrido por las religiones y el papel de la compasión en sus estructuras, la teo-política de la compasión, el humanismo y transhumanismo del concepto, una suculenta referencia a la “memoria subversiva de las mujeres olvidadas”, el diálogo –tan necesario- entre religión y ciencia al respecto; algunos autores que reclaman la ética de la compasión y un epílogo magníficamente actual sobre una “mística de ojos abiertos”, que refleja la impotencia, los temores, la irritación ante algo que nos supera y no sabemos afrontar y también la solidaridad y la admiración por las actitudes y comportamientos de algunas personas de esta época de pandemia, que está lejos de concluir.

El doctor Tamayo, es bien conocido por quienes admiramos su labor como pensador y profesor y más aún su integridad filosófica y su talante crítico hacia ciertos temas candentes en nuestros días, desde la tragedia sistémica de los refugiados, la diversidad, el pluralismo religioso y los extremismos fundamentalistas, raciales o sexistas y la llamada teología de la liberación.

Para finalizar, como Tamayo escribe en su libro, la compasión y la empatía requieren una articulación y una reelaboración práctica, cotidiana y universal, ya que "el verdadero sentido de la compasión es ponerse en el lugar de las otras y los otros sufrientes en una relación de igualdad y empatía, asumir el dolor de las otras personas como propio, interiorizar a la otra persona dentro de nosotros y nosotras, sufrir no solo con los otros, sino en los otros, hasta identificarse con quien sufre y con sus sufrimientos, cuestión que no resulta fácil pero que es necesaria" .

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

FICHA

LA COMPASIÓN EN UN MUNDO INJUSTO.- Juan José Tamayo. Fragmenta Editorial.-296 págs.

Compartir este post
Repost0
13 noviembre 2021 6 13 /11 /noviembre /2021 08:38

.En estos días he trabajado en los libros de Eilenberger sobre autores y autoras de ese arco terrible de la primera mitad  del siglo XX ("Tiempo de magos" y "El fuego de la libertad") y mis lecturas de Hanna Arendt y Walter Benjamin, han provocado la relectura de "El mundo de ayer" para completar datos y percibir una vez más el cordial y atractivo encanto de este autor.

Uno de los autores que ha tenido presencia constante en mi vida, desde mi ya muy lejana adolescencia y  juventud, en los años sesenta y setenta, del pasado siglo, fue Stefan Zweig, al que leía en las ediciones baratas de Plaza Janés o Bruguera, no demasiado bien traducido y por supuesto bastante "aligerado" de páginas. "El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", es una obra que releo cada diez o quince años o cuando, por las lecturas del momento, resulta necesaria para completar  aspectos de la realidad histórica, que han sido tratado de forma magistral -y muy personal- por el escritor judío, austriaco de lengua alemana. Su adscripción al mundo de Weimar y sobre todo a los tiempos sombríos de las dos guerras mundiales, proporciona al lector o estudioso de esos años la opinión de un testigo de excepción.

Se trata más que de una obra autobiográfica, como se estima generalmente, de unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la llamada Gran Guerra y después en el pequeño y engañoso respiro de entre guerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y en concreto de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y dolido por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil), que  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigésimo tercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rochtschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como el de París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt, Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein, todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

Compartir este post
Repost0
10 noviembre 2021 3 10 /11 /noviembre /2021 10:50

 

"Nunca el individuo ha estado tan a merced de la colectividad ciega y nunca los seres humanos han sido más incapaces de someter sus acciones al pensamiento y hasta solo de pensar...como en la forma actual de la civilización...vivimos en un mundo en el que nada se corresponde con las dimensiones humanas". Este es el realista -y tan actual- diagnóstico de la sociedad de su tiempo (primera mitad del siglo XX), realizado por una pensadora judía de renombre, Simone Weil, (1909-1943) que moriría con 34 años de voluntaria inanición y tuberculosis y tuvo una vida desolada, problemática e insatisfactoria pero dotada de una energía y una capacidad de análisis y pensamiento excepcionales. Tanto el libro de Josep Otón como  el de Wolfram Eilemberger (dedicado a Simone de Beauvoir, Ayn Rand y Hanna Arendt, conjuntamente con la Weil) nos retan a intentar comprender la trayectoria de esta intelectual judía, acomplejada y genial, cuya honestidad, rigor y misticismo final conforman una figura que acaba siendo enigmática pero estimulante.

El libro de Otón que comento tiene una deriva fuerte hacia el misticismo de la pensadora, cuya falta de sentido práctico y exceso de auto exigencia -convertido en un impulso hacia el auto sacrificio y la flagelación personal realmente notables-  constituyen un sorprendente  desafío para la coherencia y firmeza de su pensamiento filosófico y político. Y aún así la lucidez y energía de éste son tan brillantes que merecen una atención especial, lastrada por la relativa escasez del material escrito y las extrapolaciones, sobre todo en sus últimos años de su breve vida, de los elementos místicos que enriquecen la figura humana de Weil y singularizan la su teórica política y creación filosófica .

Esa fuerza interior que arrasaba de pura pasión de acción todas las barreras del sentido común, fue la que llevó a Weil a pedir a De Gaulle que aceptara una propuesta casi suicida: formar un cuerpo de enfermeras de primera línea de combate que auxiliara a los caídos en la batalla, aunque probablemente ellas irían cayendo también. De Gaulle, dicen,  que exclamó: "Esa mujer está loca" y ordenó que le dieran trabajos burocráticos que acabaron con la paciencia y el raciocinio de la brillante pensadora. En Londres y a causa de una tuberculosis agravada por la inanición voluntaria, le decía a las enfermeras que la comida y los medicamentos que le eran destinados fueran enviados a personas más necesitadas que ella, que mal vivían en los suburbios). Años antes, tras caer herida en un accidente durante la Batalla del Ebro (se había enrolado en la Brigada Durruti) se agudizaría el estado permanente de duda metafísica de Simone. Al silencio de Dios ante los horrores del Holocausto judío se unía la ausencia de su apoyo a las causas de los menesterosos machacados por los fascismos desatados en Europa.El destino de millones de personas vulnerables que padecían, eran asimilados por la Weil como un contagio de compasión e impotencia contra el que no podía oponer ni su débil persona ni su arte literario y su inteligencia social y política, ni su empatía dolorosa e inútil.

Oton analiza los aspectos místicos y espirituales que van acompañando las vivencias dramáticas de su biografiada. Muestra una evidente admiración hacia las decisiones personales que son el reflejo patético de tales pensamientos y creencias. El abandono de las comodidades económicas y reconocimiento intelectual y social que Weil merecía  por su riqueza de creatividad filosófica, profesorado, libros, conferencias, evolución de ideas y solidez de planteamiento socio político (a la altura de Simone Beauvoir o Hanna Arendt) y su dedicación plena a los más necesitados y a la defensa de nobles causas conflictivas, marcan una particularidad asombrosa en el destino de esa mujer: el sacrificio personal por unas ideas en peligro de destrucción. Como Stefan Zweig o Walter Benjamin, la Weil prácticamente se suicidó por incapacidad de aceptar vivir en un mundo donde los totalitarismos fascistas llegaran al poder.

Nuestro autor opina - y esta es su tesis principal- que "no hay ningún tipo de ruptura entre la Weil revolucionaria y comprometida con la lucha obrera y la Weil mística dedicada a la búsqueda religiosa. No son dos personas, ni dos etapas de la vida marcadas por una brecha biográfica. Hay una continuidad, se trata de la misma trayectoria con dos fases diferenciadas, no tanto por el contenido como por el lenguaje empleado, que ayuda a tomar conciencia de la dimensión trascendente de la labor social realizada a lo largo de toda su vida". 

Resumiendo: un libro imprescindible para los estudiosos de una de las mentes femeninas más interesantes del siglo XX,. Y para los lectores que se sientan inquietos ante los paralelismos entre aquellos tiempos sombríos que denunció Simone Weil y lo que nos viene en los nuestros.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

SIMONE WEIL: EL SILENCIO DE DIOS.- Josep Otón.- Fragmenta editorial.220 págs..

             

 

 


 

 

Compartir este post
Repost0
1 noviembre 2021 1 01 /11 /noviembre /2021 11:55

(Publicado en la revista “Compromiso y Cultura”, noviembre 2021)

El pensamiento griego lo señaló de una forma evidente: la idea de la belleza está vinculada con la idea de orden del “kosmos”. Desde Pitágoras, Anaxágoras o Sócrates, lo bello es la proporción, la armonía que preside el universo. Algo que despierta en los seres humanos el arrobo, la maravilla, un estado de contemplación que capta el orden y el equilibrio perfectos e indiferentes a la mirada del hombre, que están subyacentes a lo real en que estamos inmersos. Simone Weil afirmaba que cualquier artista genuino, escritor, poeta, escultor, pintor, músico o algunos científicos enamorados de su facultad de conocer los misterios que les rodean, han tenido en algún momento de sus vidas un contacto real, directo e inmediato con la belleza del mundo.  Un instante iniciático que ha influido en ellos de una forma esencial. Ya que en el macrocosmos del Universo destaca, por su paralelismo de complejidad, el microcosmos del cuerpo humano y de su increíble y fascinante cerebro (verdadero espejo holográfico del universo). Pues bien, tanto Caspar Henderson (“El mapa de las maravillas”), como  Camilla Pang (“Cómo ser humano”), ambos libros editados por Ático de los Libros, ilustran esta reflexión que vehicula la relación entre el mundo y la persona y lo hacen de una  forma que convierte en una fiesta intelectual la lectura alterna o consecutiva de estos libros.

Camila Pang. Doctora en Bioquímica y especialista en bio informática translacional, podría ser el paradigma viviente de esa característica del ser humano que le abre las puertas al conocimiento: la facultad de asombrarse, buscar con insaciable curiosidad el porqué de las cosas y en ese intenso camino llegar a sentir la maravilla del mundo y del propio ser. ¿Por qué el paradigma? Porque Camilla padece desde niña un trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit  de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno de procesamiento sensorial (TPS) y el Síndrome de Asperger que como ella misma dice en su libro. “es una forma de autismo altamente funcional que te hace demasiado normal para ser autista y demasiado rara para ser neuro- típicamente normal”. Vive a caballo entre dos mundos diferentes. Pues bien, este prodigio de criatura ha ganado con 28 años el premio de la Royal Society Scientific Book, siendo el científico/a más joven y la primera “neuro- divergente” que lo ha recibido.

Esta inglesa de origen asiático ha usado el modelo de funcionamiento informático para analizar las actitudes, impulsos, razonamientos y comportamientos humanos, añadiendo a este análisis la mirada desde la alteridad, la extrañeza como acicate para vernos como realmente somos los humanos. Podría ser la privilegiada mirada de un “entomólogo marciano” que está abierto a todo conocimiento sin condicionantes previos sobre una especie que le es familiar, pero a la que no puede, biológica y psicológicamente, entender (y de la que está separada emocionalmente, por falta de un código compartido con ella, debido a sus propias alteraciones neurológicas).

Esa visión innovadora de la doctora Pang tiene un efecto sorprendente en el lector no aquejado de esos trastornos. Los esfuerzos que la autora hace por explicarse-nos lo que percibe nos enriquece y nos sorprende: tras leer el libro sentimos una maravillada sorpresa por la visión de ciertas complejidades nuestras para las que no teníamos una perspectiva tan nueva y reveladora.

Los capítulos dedicados a explicarnos lo que son las proteínas y su funcionamiento, el aprendizaje automático y sus claves o el comportamiento humano, con sus conflictos y perplejidades, o las relaciones humanas y las exigencias de la cortesía y las emociones, observados a través de la lente de la química molecular, constituyen una grata entrada a la Cueva de las Maravillas.

Las limitaciones relacionales que la autora sufre le permite ofrecernos una información valiosa sobre las tácticas utilizadas por ella para impedir  que el “ruido sensitivo”, los déficits de atención o los excesos emocionales logren desencajar las situaciones que vivimos. Paradójicamente resultan útiles y adecuados para los que nos consideramos “normales”. Más de 30 años de ejercer la psicología hacen que sonría con escepticismo ante esa palabra (y comprender y admirar intensamente a la autora).

La doctora Pang dedica su libro a su madre y también “a todas las demás mamás, cuidadores y padres, que tienen a alguien a quien quieren entender. Y también una carta de amor a la ciencia, para resaltar cómo la comprensión y el apoyo pueden cambiar la vida de alguien”.

Es un libro que podría considerarse un “manual de instrucciones” para relacionarse con las personas del entorno propio creado por una neurodivergente, lo cual lo hace utilísimo para cualquiera que se tome la molestia de no dar por sentadas muchas creencias y analice sin prisas y sin agobios la realidad que subyace en las convenciones sociales y personales. Si además añado que es divulgación científica escrita con un delicioso e irónico sentido del humor, con una amabilidad enternecedora y, ahí está la clave, con una sensación la maravilla que somos y nos rodea. Todo ello escrito por una mujer joven que define sus limitaciones psico neurológicas de esta manera: “tener autismo es como jugar a un videojuego sin el mando, cocinar sin sartenes ni utensilios o tocar música sin las notas”. Es como una brújula para orientarnos en la selva montañosa de las relaciones, el amor, la amistad, los compañeros de trabajo, los jefes y los desconocidos…y además divertirnos con ello.

Caspar Anderson es un escritor y periodista británico, veterano, optimista y bien informado, multipremiado y conocido por sus libros y artículos de análisis político y divulgación científica.  Con “El mapa de las maravillas”, Henderson lleva a su máxima expresión esa sensación gratificante y creativa que consiste en estar, de forma abierta y susceptible, inspirado por la maravilla de la existencia cotidiana, del mundo en que vivimos y del cuerpo que habitamos.

Pero Henderson en su libro no se limita a ofrecernos ejemplos y pruebas de esas maravillas constantes, también nos revela la necesidad de “activar” la sensación y la humildad en la mirada: “a menudo las maravillas han dejado de asombrarnos por tenerlas tan vistas”. Y añade: “se trata de prestar atención, de estar alerta, como cuando un perro oye un ruido lejano y levanta las orejas”. Es la demanda de la “atención plena” que sugieren los filósofos griegos o las disciplinas budistas, como el zen o el vedanta.

Los grandes poetas y los científicos de elite, saben de qué hablamos cuando hablamos de maravillarse. Henderson nos sugiere que el asombrarse es una habilidad que se debe cultivar, dado su incalculable valor para reafirmar nuestra humanidad y nuestro amor a la vida. Para ello propone un entretenido y asombroso viaje por los arcanos y misterios de la filosofía, la biología, la astronomía, la zoología, la geología, la religión, el arte, la tecnología y la ciencia, con un objetivo común: dejarnos absortos por el asombro, viajar con la maravilla en los ojos y en el espíritu. Comprender a través de la lectura la naturaleza exquisita del asombro y su fuerza catalizadora a través de la “simples” preguntas: ¿“qué es”, “por qué”, “cómo” “dónde”, “para qué”…? Tener ojos de bebé, curiosidad de niño, paciencia activa de artesano manual y persistencia analítica de enamorado del mundo.

Este autor nos lleva a explorar las maravillas tanto del mundo real como del imaginario activo de las culturas medievales y también esos que desde la antigüedad alimentaban la narrativa de lo prodigioso, esfinges de mirada letal, mantícoras, polifemos desmesurados, sirenas sedientas de sangre, dragones destructivos. También provoca la reflexión de que los logros asombrosos de nuestra tecnología pertenecen al mismo orden de lo extraordinario de las leyendas y sueños de la imaginación. Hace solo un siglo ni los escritores de distopías o los utópicos llegaron a proponer escenarios como el actual mundo digital. Y, al mismo tiempo, las maravillas del futuro están acercándose a pasos agigantados, empezando por las capacidades de nuestro propio cerebro, al cual estamos empezando a conocer y dibujan un mañana asombroso y posiblemente más complejo de lo que esperamos. ¿Cómo imaginar el potencial de los mil billones de conexiones que puede llegar a activar un cerebro humano?

Y permítanme que les diga que nos quedamos cortos: Henderson nos recuerda que no sólo la complejidad del cerebro es inabarcable, sino que debemos contar con que todo el cuerpo humano y sus células están interconectadas potencialmente con el entorno y forman una conexión cerebro-cuerpo-medio ambiente que confirma la intuición de las filosofías primeras y muchas disciplinas espirituales de la pertenencia y unión entre todos los seres vivientes del planeta. La leyenda de Gaia parece confirmarse: todos formamos parte de una misma entidad. A ver si dejamos de asolar al planeta, pues si lo matamos, morimos.

Nuestro autor nos sirve en bandeja una reflexión al respecto: “el objetivo de pensar sobre el futuro es cambiar cómo actuamos en el presente”. Estamos bajando demasiado rápido por un tobogán de maravillas que nos conduce a una situación inimaginable ya que, a tenor de lo que vemos y sabemos en el día de hoy, los avances tecnológicos van a transformar la existencia humana tal como la hemos conocido en los últimos siglos. Debemos preguntarnos si los avances tecnológicos que nos esperan estarán coordinados con un avance semejante en nuestra inteligencia y comprensión, en nuestra solidaridad y prudencia, en la hermandad de género entre los humanos,, sin divisiones de color, raza, educación, sexo o riqueza.

El despliegue de maravillas que hace Henderson en las 476 páginas de su libro dejan un sabor extraordinario en nuestra sensibilidad, pero también un interrogante que podría ser angustioso: ¿el ser humano tiene un papel principal y respetable en este drama de la existencia futura? ¿La tecnología será nuestra aliada o terminaremos perdiendo el protagonismo en un mundo regido por máquinas y cerebros electrónicos?¿El planeta podrá resistir las exigencias de explotación que garantizan el nivel tecnológico? La bibliografía -50 páginas- de la que hace gala nuestro autor responde a las claras de su laboriosidad y documentación. Y el talante positivo y optimista de sus reflexiones hacen de la lectura un placer añadido. Pero a pesar de eso, quizá no sea ocioso repetir la cita de otro autor que Henderson nos propone (pág. 348) y que demuestra su prudencia y cautela: “No vemos la que nos viene encima. Probablemente tampoco lo veríamos aunque lo intentásemos. Los efectos de los grandes cambios suelen estar más allá de nuestro poder de percepción. Incluso sobrepasan nuestra imaginación”. Y para terminar, dejemos libre un pensamiento relacionado con la maravilla del ser y del mundo: “la desesperanza es a menudo prematura”. Quizá estemos propiciando la formación de un modelo humano basado en la igualdad, la solidaridad y la fraternidad. Henderson termina su libro con una frase que suscribo: “cantad la canción de la vida”.

FICHAS

CÓMO SER HUMANO.-Lo que la ciencia nos enseña sobre la vida, el amor y las relaciones.- Camilla Pang.- Trad. Elena González García.- 274 págs.- Ático de los libros.

EL MAPA DE LAS MARAVILLAS.- Caspar Henderson.- Trad. Claudia Casanova.-476 págs.-Ático de los libros

 

Compartir este post
Repost0
30 octubre 2021 6 30 /10 /octubre /2021 18:30

Robert Musil, el gran escritor austríaco autor de "El hombre sin atributos", una de las novelas clave para entender la sociedad y la política de principios del siglo XX y más concretamente cómo se gestó el tipo de ciudadano y de ser humano que permitiría que ese siglo fuera el más sangriento y cruel de la historia de la Humanidad. En marzo de 1937, Musil dio una conferencia en Viena sobre el fenómeno común, repetitivo, peligroso y omnipresente de la estupidez en la sociedad y la historia humana. Menos de un año después  de pronunciar la conferencia ante un  público vienés que no había sabido apreciar la enorme calidad y altura intelectual del conferenciante (ya se habían publicado los dos primeros tomos de su obra magna),  Musil tuvo que abandonar Viena ante la ocupación nazi y se refugió en Suiza donde murió cuatro años después como un anónimo refugiado.

La agudeza, ingenio, cultura enciclopédica y preparación técnica (Musil era ingeniero, matemático, físico y psicólogo) extrapolada a la literaria, tuvieron un tardío reconocimiento mundial, principalmente de "El hombre sin atributos", considerada como una obra cumbre de la narrativa del siglo XX a la altura del "Ulises" de Joyce o de "La recherche..." de Proust. 

Musil en esta conferencia publicada por Tusquets ED. hace muchos años nos brinda una sagaz observación, cuando escribe que el más peligroso de los idiotas, a veces uno mismo, no es el casi amable y cotidiano que no llega a más por falta de luces o  el que lo es por descuido puro y simple, sino el que hace gala de una "estupidez superior", es decir una inteligencia -puede ser muy alta- que acaba por encontrarse por su responsabilidad y voluntad frente a exigencias intelectuales a las que no está en condiciones de hacer frente (sí, exactamente: está pensando usted lector en algunos conocidos políticos). La estupidez hay que analizarla en función de las circunstancias más diversas: el apoyo de la estupidez por los que detentan el poder o los que la usan para expandir la violencia y la agresividad.

De una forma provocativa Musil nos recuerda que "si la estupidez no se asemejase perfectamente al progreso, al talento, a la esperanza o al mejoramiento de sí, nadie querría ser estúpido. Al fin y al cabo Erasmo de Rotterdam sostenía que, sin cierto grado de estupidez, el hombre no llegaría siquiera a nacer. Aunque Musil añade que "puede ser estúpido vanagloriarse de la propia inteligencia, pero que no siempre es inteligente ganarse fama de estupidez." Por tanto, resume, la cosa más sensata de este mundo es la de "hacerse notar lo menos posible". Ya que como dice el refrán "estupidez y orgullo crecen bajo el mismo árbol".

Tras un pormenorizado análisis de la estupidez, usando una terminología científica técnica más que psicológica, Musil se pregunta algo que siempre he compartido: "¿Qué noción se puede tener de la estupidez, cuando la noción de razón e inteligencia está en franca decadencia?" Y añade "no existe prácticamente ningún pensamiento importante que la estupidez no esté en condiciones de utilizar y puede ponerse todos los vestidos de la verdad. En cambio la verdad sólo tiene un vestido y sólo un camino, por lo que siempre está en desventaja". Y acaba con una confesión que es una menar de relativizar la profundidad del problema: "cada uno de nosotros es estúpido, si no siempre, por lo menos de vez en cuando".

Y para terminar ofrece dos consejos básicos: " abstente de juzgar y de decidir en todo lo que no comprendas absolutamente" y "Actúa bien cuando puedas y mal cuando debas y entretanto ten conciencia de los límites de error en tu obrar".

FICHA

SOBRE LA ESTUPIDEZ.- Robert Musil.- Tusquets Editores.- Cuadernosíinfimos.-57 págs.- 1974

Compartir este post
Repost0
21 octubre 2021 4 21 /10 /octubre /2021 10:14

Sólo un filósofo de la discreción, de la silente mirada atenta, como Josep Maria Esquirol, puede nutrirse (y nutrirnos) mientras espiga entre los profundos temas que nos atañen como humanos (seres heridos de nacimiento). Y lo hace con la coherencia de la trayectoria reflejada en sus últimos libros, dedicados a una visión crítica a través de la "filosofía de la proximidad", una suerte de pensamiento inquisitivo que desmenuza las falacias y aporías de una condición humana sesgada en esta post-modernidad por la cultura de lo digital. Y para esa labor Esquirol se deslinda de lo conceptual para entrar en lo esencial a través de una mirada reflexiva que  se "entretiene" en lo cotidiano desvelando su oculto mensaje y las amenazas que van surgiendo tras el velo de la realidad.

La "herida infinita" a la que se refiere Esquirol (que nos hace más humanos, no en el sentido del "demasiado humanos" de Nietzsche) tiene cuatro  vertientes biográficas: la que nos infiere la vida, la de presencia permanente de la muerte, el universo del "tú" y el mundo como entorno pleno de circunstancias y variables. Por ello la propuesta de Esquirol es una suerte de desafío filosófico que nos sugiere que la sociedad y cultura actuales nos están desviando del camino de nuestra humanidad, de alguna ,manera rebajando nuestro juicio, independencia, autarquía y coherencia para que nos ajustemos a las "ayudas" digitales que nos ofrecen por doquier. Se trata de desenmascarar las tácticas del "self-management", ya sea virtual o de la apabullante literatura de autoayuda y "crecimiento" espiritual y volver al clásico "ars vivendi" que tanto ha enseñado a las generaciones anteriores a la nuestra, aceptando el "ars moriendi" e incluso el sufrimiento y el dolor como elementos que integran el complejo conocimiento de la vida. Una forma de acercarnos a la sabiduría de sabernos integrar en esa dinámica optimista y creativa que nos propone Esquirol, superando las heridas que el mero hecho de vivir nos inflige la naturaleza de las cosas y del animal humano dependiente de ella.

Lo justo y necesario consiste en aprender a recuperar aquél elemento que implica respeto, una mirada ingenua y maravillada sobre las cosas. Desde "El respeto o la mirada atenta" (Gedisa 2006) a "La resistencia íntima" (Acantilado 2015) o "La penúltima bondad (Acantilado 2018), Esquirol nos induce a buscar el equilibrio y la coherencia en la alegría de vivir que debe sintonizar de forma ineludible con el sufrimiento, dolor y vulnerabilidad de nuestra condición. Esa "resistencia íntima" a la manipulación y a la renuncia a ser uno mismo, es el mensaje que nos regala Esquirol, como una manera de superar -y además hacer fructificar, esa  "herida infinita" que acompaña como una segunda naturaleza al ser humano.

FICHA

HUMANO, MAS HUMANO.- Josep María Esquirol.-Acantilado.173 págs..

Compartir este post
Repost0
16 octubre 2021 6 16 /10 /octubre /2021 11:13

JUEGOS, CALAMARES Y “NIÑOS PERDIDOS”

(publicado en La Comarca el 15 de oct. 2021)

James Matthew Barrie, en su celebérrimo “Peter Pan” (una historia infantil más oscura que la versión juguetona de Disney), nos habla de los “niños perdidos”, niños abandonados en las duras calles del Londres de finales del siglo XIX  y recogidos por Peter y su hada diminuta “Campanilla”. En estos días ha habido dos noticias que me ha hecho reflexionar sobre los “niños perdidos”: la popularidad de un execrable juego digital coreano llamado “El juego del calamar” y una reforma legal que permitirá a los padres de los alumnos acceder a los exámenes y pruebas, y a  las evaluaciones de los profesores.

¿No estaremos “perdiendo” a nuestros niños (incluidos adolescentes)? No soy un pensador vetusto y severo con la mirada nostálgica enganchada en esa falacia de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Me considero un ciudadano de este tiempo (que también es “mi” tiempo). Me encantan las nuevas tecnologías y la dinámica irresistible de nuestra época, pero eso no quiere decir que no vea sus defectos, tema sus derivas y analice apasionadamente, pero también de forma seria, intensa y desprejuiciada, la cara y el envés de todo lo nuevo y de lo mejor de lo antiguo, que aún sería útil aplicar aquí y ahora. Tener una mente que se abre camino hacia lugares y metas ignoradas es algo excelente y constructivo, pero si esa mente no sabe también mirar hacia atrás y no ignorar lo que funcionó bien en su día, es una mente obtusa y fanática, aunque quizá brillante..

Nuestros “niños” se pierden más por falta de límites, vacío de autoridad razonable y exceso de tolerancia que por abandono físico (fíjense que saco de la ecuación el otro tipo de abandono: el ético y emocional). Parafraseando a Chesterton podría decir que la gran herejía de esta época digital y cibernética es alterar el alma del hombre para adecuarse a sus condiciones de vida, en vez de alterar sus estilos de vida para adecuarlos a su alma.

Nuestra ética está dirigida por la “moral” que emana de la pantalla de nuestro móvil, de la tablet, de la omnímoda Red de redes o del televisor y sus excesos. Regalamos a nuestros niños, incluso muy pequeños, aparatitos que les enseña a “encerrarse” en sus pantallas, como hacen papá y mamá con las suyas. Vivimos entre algodones de sueños y emociones de pesadilla. Lo real y contingente ha dejado paso a lo virtual y brillante, pleno de acción, color y placer. Los adolescentes consumen pornografía y sagas de violencia y poder. En los colegios e institutos triunfan las tendencias que dictan las empresas de consumo y entretenimiento. La demanda es tan insaciable como la oferta inabarcable. Nuestros niños están perdidos ante un poder que nos supera a todos, pero ellos son víctimas propiciatorias y cargadas de futuro…pero, ¿qué futuro?

Un borrador de decreto de currículo de secundaria está a punto de aprobar el “derecho” de los padres a acceder a los exámenes de evaluación de sus hijos. ¿No sería más justo y útil que se aprobara el derecho de las autoridades académicas a examinar a los padres sobre si hacen su labor de una manera correcta y si están preparados para ella? ¿Resulta lógico cargar al profesorado, ya bastante marcado por unas leyes educativas cambiantes y erráticas, con la presión de unos padres que no ven claro las condiciones e importancia de su labor -que está articulada con la de los profesores-, sumado todo ello a una dejación de responsabilidades propias sobre los docentes? Los tres elementos básicos de la ecuación formativa son la familia, el colegio y la sociedad. No parece justo para la educación  que la familia (aprendizaje vicario) se desatienda, la sociedad (aprendizaje de impregnación) la socave con sus ejemplos y los docentes (aprendizaje escolar) queden como responsables finales. ¿De verdad creemos que el mundo de la enseñanza, así hilvanado, resiste la rotura ante una tensión?

Y un ejemplo palmario de esto lo tiene ustedes en el lastimoso y execrable “juego del calamar” (un distopía de sello coreano, surgida de una serie de tv., que banaliza la muerte violenta y los castigos corporales, como parte del juego). Ya ha sido denunciado por educadores y policías. Lo cierto es que parece que arrasa en las escuelas y entre adolescentes y niños de pocos años (a través de una red social-comercial “dedicada” a ellos, TikTok). Aquí la familia y la sociedad se han encogido de hombros y las escuelas están tratando de evitar que se juegue en los momentos de recreo. Pero, ¿estaría conforme la sociedad (y su brazo activo, la política) en prohibir la promoción mercantil de ese juego y otros semejantes (de empresas que además se lucran con ventas de artículos relacionados)? ¿Y la familia, en impedir que sus niños tengan los medios y las ocasiones para jugarlo?

Ay, con los “derechos” ciudadanos hemos topado. Estamos en una sociedad “libre y democrática” donde son más importantes los supuestos derechos que las obligaciones. Eso les enseñamos a nuestros niños. Y quitarles de las manos un juego absurdo y atroz sería un atentado contra sus sacrosantos derechos. Pero eso sí, cuestionamos a sus profesores y no somos capaces de poner límites a nuestros “niños perdidos”, dejándolos ante luminosas pantallitas que nos libran del trabajo de dedicarnos más profundamente a ellos.

 ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens