Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
9 octubre 2021 6 09 /10 /octubre /2021 15:47

En los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el mundo asistía perplejo a la transformación radical de todo cuanto se conocía. En apenas una década, la civilización occidental derrumbó los cimientos que la habían sostenido durante centurias y de esas cenizas emergió una nueva sociedad. La aparición de los regímenes totalitarios y su “nueva” forma de hacer política y de modular el comportamiento social obligó a pensadores y a artistas a replantearse la esencia de la naturaleza humana. La locura desencadenada por Hitler y por Stalin, que arrastraría al mundo a una guerra sin cuartel, supuso el aniquilamiento de una forma de vida. A pesar de la victoria aliada, la quiebra del orden social había alcanzado tal magnitud que los valores previos no servían para explicar el sentido de la vida, vistos los horrores de la contienda y la muerte indiscriminada de millones de personas.

Pocos de cuantos vivieron aquel drama salieron indemnes. Muchos sufrieron en primera persona sus consecuencias, ya sea con la pérdida de alguien cercano o con el abandono forzoso de sus hogares. Otros padecieron, de forma algo más indirecta, los efectos del conflicto bélico, pues la práctica totalidad de los países hubieron de reconducir sus sistemas productivos para hacer frente a la guerra. Incluso en las naciones que permanecieron neutrales casi ningún ciudadano pudo vivir al margen de cuanto acaecía a su alrededor.

Prueba de la importancia de aquel período son los incontables libros que lo han tratado, de los que últimamente hemos reseñado Apaciguar a Hitler. Chamberlain, Churchill y el camino a la guerra (puedes leer la reseña aquí), Berlín, 1936. Dieciséis días de agosto (aquí), La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia (aquí) o La fractura. Vida y cultura en Occidente 1918-1938 (aquí). Las biografías de los protagonistas de aquella época o los trabajos sobre la Segunda Guerra Mundial se cuentan por millares y, casi cien años después, seguimos fascinados por cómo se transformó el mundo en apenas un pestañeo. Se siguen estudiando los prolegómenos de una lucha que, más allá de la mera conquista de territorios, supuso una batalla ideológica en la que los vencedores se repartieron el control del planeta durante el resto de la centuria.

El filósofo y divulgador alemán Wolfram Eilenberger se aproxima a estos años, de una forma original, en su obra El fuego de la libertad. La salvación de la filosofía en tiempos de oscuridad. 1933-1943*. Sus protagonistas son cuatro de las grandes pensadoras del siglo XX: Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt. Las cuatro fueron testigos de los cambios que se estaban produciendo en Occidente y algunas sufrieron en primera persona la persecución nazi. Sus escritos recogen las impresiones generadas por los acontecimientos que se producían y, si bien no participaron de forma directa en la toma de decisiones, su pensamiento influyó en la postguerra hasta alcanzar un lugar preminente en el mundo académico e intelectual. Muchos de sus textos están inspirados y reflexionan, precisamente, sobre lo sucedido en la década de los treinta y principios de los cuarenta.

Wolfram Eilenberger ya empleó un esquema similar en su anterior obra Tiempo de magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929. En la que ahora ve la luz adopta distintos enfoques para analizar al cuarteto protagonista. El suyo es, por un lado, un trabajo de historia de la filosofía, en el que se exponen de forma general, y accesible para el lector no especializado, los principales presupuestos filosóficos de las cuatro pensadoras. Por otro lado, esboza las vivencias de Weil, Beauvoir, Rand y Arendt durante los diez años objeto de estudio, mostrando el contexto personal en el que se desenvuelven, su entorno y los hitos más relevantes de sus biografías. Finalmente, a medida que explora las vidas de las cuatro escritoras, recrea el mundo que les tocó vivir. Ni siquiera Rand, que pasó gran parte de la guerra en Estados Unidos, pudo abstraerse de lo que estaba sucediendo, pues su familia permaneció en Leningrado durante el asedio alemán.

No hay constancia de que, en la década de los treinta, nuestras protagonistas se conociesen en persona y hubieran leído nada de las otras. Nacidas con una diferencia de apenas cuatro años (Rand, la mayor, nació en 1905 y Weil, la más joven, en 1909), en el período que abarca el libro rondaban la treintena y no habían alcanzado la fama que tendrían posteriormente. De hecho, casi todas tuvieron problemas para editar sus escritos. Aun cuando sus experiencias vitales difieren notablemente, cuentan un denominador común: fueron mujeres cuya inteligencia les permitió romper los moldes de la época. Es cierto que, para eso, hubieron de superar numerosos obstáculos, afrontar adversidades y sobreponerse a ellas. Quizás, la historia más trágica (y a la vez la más peculiar) sea la de Simone Weil, fallecida en 1943, cuyo pensamiento solo trascendió tras su muerte, gracias especialmente a la labor realizada por Albert Camus.

Aunque la obra sigue un eje cronológico (cada epígrafe abarca uno o dos años) al narrar la vida de cuatro personalidades tan diferentes, los saltos en la narración son constantes. Eilenberger pasa de los cafés de París o del Hollywood de los años treinta a la Palestina inglesa, siguiendo los avatares de las protagonistas. Un cierto caos narrativo refleja, en paralelo, la confusión que reinaba durante aquellos años, pero no es obstáculo para darnos a conocer cómo los vivieron cuatro de las mujeres más importantes de la centuria pasada.

Wolfram Eilenberger (Freiburg, 1972) estudió filosofía, psicología y filología románica en Heidelberg, Turku y Zúrich. Colaborador habitual en los periódicos Die Zeit y Tagesspiegel, fue editor en jefe de la edición alemana de la revista Philosophie Magazine. Su trabajo periodístico y divulgador se caracteriza por la aplicación de perspectivas filosóficas a cuestiones de política, vida cotidiana y deporte. Entre sus obras destaca Tiempo de Magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929.

El fuego de la libertad es la emocionante historia de cuatro iconos mundiales, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt, que diseñaron un mundo nuevo en una época oscura.

El escritor Wolfram Eilenberger regresa a las librerías tras el éxito que le otorgó su primer ensayo Tiempo de magos, considerado una obra imprescindible dentro la divulgación histórica.

El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943, escrita por el prestigioso periodista alemán Wolfram Eilenberger, que también publicó en 2019 Tiempo de magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929. Una obra que se convirtió en todo un éxito dentro de la no ficción que la crítica y el público celebraron con gran entusiasmo. Así, no es de extrañar que con su nuevo ensayo, El fuego de la libertad, haya conseguido en muy poco tiempo el aval de la prensa internacional. Puedes consultar al final de esta convocatoria algunas de las reseñas que ya acompañan a su último libro.

La década de 1933 a 1943 marcó el capítulo más triste de la Europa moderna. En medio del horror, Simone de BeauvoirSimone WeilAyn Rand y Hannah Arendt, cuatro de las figuras más influyentes del siglo XX, mostraron lo que significa llevar una vida verdaderamente emancipada y, al mismo tiempo, desarrollaron sus ideas visionarias sobre la relación entre el individuo y la sociedad, el hombre y la mujer, el sexo y el género, la libertad y el totalitarismo y Dios y la humanidad.

Fue una época oscura en la que los intelectuales se vieron obligados a posicionarse políticamente ante los totalitarismos que arrasaron Europa y a reflexionar sobre la libertad del individuo frente al destino de la comunidad. En aquel ambiente de campos de concentración, persecución de disidentes y supresión de las libertades, Arendt, Beauvoir, Weil y Rand crearon los principios rectores de su futuro trabajo y, aunque lo hicieron cada una de un modo distinto a las otras, las cuatro se comprometieron con la libertad del individuo frente a la dictadura del líder opresor.

Con gran habilidad narrativa y un equilibrio magistral entre el relato biográfico y el análisis de las ideas, Eilenberger nos ofrece la historia de cuatro vidas legendarias que, en medio de la convulsión, como refugiadas y combatientes de la resistencia, condenadas al ostracismo e ilustradas, cambiaron nuestra forma de entender el mundo y sentaron las bases para una sociedad verdaderamente libre.

Sus aventuras las llevaron del Leningrado de Stalin a Hollywood, del Berlín de Hitler y el París ocupado a Nueva York; pero, sobre todo, dieron lugar a sus ideas revolucionarias, sin las cuales nuestro presente, y nuestro futuro, no serían los mismos. Sus trayectorias muestran cómo la filosofía también puede vivirse y son un testimonio impresionante del poder liberador del pensamiento.

En 1933, ninguna tenía más de 27 años y, una década después, la sangría de la Guerra Civil española, el Holocausto de la Alemania nazi y las grandes hambrunas del estalinismo soviético habían pasado por encima de sus biografías. Algunas de ellas acabaron convertidas en refugiadas políticas, otras se unieron a la resistencia armada, varias terminaron condenadas al ostracismo… Pero todas encontraron la forma de demostrar que seguían siendo mujeres libres. Y esa libertad tenía su base en la escritura. La expresión de sus pensamientos a través de los libros fue lo que evitó que fueran vencidas por los totalitarismos y, con su valentía, salvaron al mundo del desastre absoluto.

Wolfram Eilenberger traza la trama filosófica que dibujó unos de los períodos más convulsos y sombríos de nuestra historia. El fuego de la libertad descifra los enigmas de cuatro intelectuales universales que marcaron el rumbo del pensamiento occidental: Simone de BeauvoirSimone WeilAyn Rand y Hannah Arendt.

A finales de 1942 una francesa "preparada para matar alemanes", se embarcó en un carguero que de Nueva York iba a llevarla de regreso a Europa de donde había escapado al exilio con su familia tan solo unos meses antes. Nada más llegar a Inglaterra, en el instante decisivo de la Segunda Guerra Mundial, Simone Weil se presentó en las instalaciones de la Francia Libre y se ofreció para lanzarse inmediatamente en paracaídas -aseguró haber estudiado los manuales al respecto- sobre suelo francés para combatir. No hace falta decir que quienes recibieron atónitos la propuesta de aquella mujer menuda, cegata y claramente enferma, la despacharon al instante. "Pero, ¡si está loca!", habría comentado el general De Gaulle. Le propusieron a cambio que preparase un informe para esbozar la fase posterior a la victoria sobre Hitler y Weil, filósofa, políglota y una de las inteligencias más luminosas del siglo XX, se aplicó a ello con su obsesión habitual, dejando prácticamente de comer y dormir. Un día la encontraron en el suelo de su cuarto y fue llevada al hospital donde murió el 24 de agosto de 1943. Tenía treinta y cinco años.

 

Simone Weil es una de las cuatro protagonistas de 'El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943' (Taurus), de Wolfram Eilenberger. Las otras son la también gala Simone de Beauvoir, la alemana Hannah Arendt y la estadounidense de origen ruso Ayn Rand. El autor sigue aquí el modelo de su 'Tiempo de magos' (2018), su primer y fascinante libro en torno a Heidegger, Wittgenstein, Cassirer y Benjamin: coges a cuatro cerebros privilegiados en su momento de formación y en un tiempo concreto limitado -una década- que coindide por lo demás con un momento captal de la historia reciente, y te ocupas de explicar sus ideas en conexión directa y esencial con sus vidas. El resultado vuelve a exhibir todo un espectáculo de la narración filosófica, tal vez aún más sugestivo que en la primera entrega por tratarse de cuatro mujeres no tan conocidas.

finales de 1942 una francesa "preparada para matar alemanes", se embarcó en un carguero que de Nueva York iba a llevarla de regreso a Europa de donde había escapado al exilio con su familia tan solo unos meses antes. Nada más llegar a Inglaterra, en el instante decisivo de la Segunda Guerra Mundial, Simone Weil se presentó en las instalaciones de la Francia Libre y se ofreció para lanzarse inmediatamente en paracaídas -aseguró haber estudiado los manuales al respecto- sobre suelo francés para combatir. No hace falta decir que quienes recibieron atónitos la propuesta de aquella mujer menuda, cegata y claramente enferma, la despacharon al instante. "Pero, ¡si está loca!", habría comentado el general De Gaulle. Le propusieron a cambio que preparase un informe para esbozar la fase posterior a la victoria sobre Hitler y Weil, filósofa, políglota y una de las inteligencias más luminosas del siglo XX, se aplicó a ello con su obsesión habitual, dejando prácticamente de comer y dormir. Un día la encontraron en el suelo de su cuarto y fue llevada al hospital donde murió el 24 de agosto de 1943. Tenía treinta y cinco años.

 

Simone Weil es una de las cuatro protagonistas de 'El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943' (Taurus), de Wolfram Eilenberger. Las otras son la también gala Simone de Beauvoir, la alemana Hannah Arendt y la estadounidense de origen ruso Ayn Rand. El autor sigue aquí el modelo de su 'Tiempo de magos' (2018), su primer y fascinante libro en torno a Heidegger, Wittgenstein, Cassirer y Benjamin: coges a cuatro cerebros privilegiados en su momento de formación y en un tiempo concreto limitado -una década- que coindide por lo demás con un momento captal de la historia reciente, y te ocupas de explicar sus ideas en conexión directa y esencial con sus vidas. El resultado vuelve a exhibir todo un espectáculo de la narración filosófica, tal vez aún más sugestivo que en la primera entrega por tratarse de cuatro mujeres no tan conocidas.

P. Antes he dicho que sus historias son corales pero, en fin, no del todo. Si en 'Tiempo de magos' el personaje más desconocido y entrañable resultaba ser Cassirer, ¿muestra predilección en ‘El fuego de la libertad' por la fascinante Simone Weil?

 

R. Todas son gigantes y pensadoras olvidadas que, en mi opinión, deberían ser leídas y enseñadas de forma mucho más amplia que en la actualidad. Sus voces tienen mucho que darnos, especialmente ahora. Y en el caso de Simone Weil, bueno, ¿qué hay que decir? El hecho de que este ser humano absolutamente extraordinario, una vez descrito por Albert Camus como el 'el único gran espíritu de nuestro tiempo', haya sido ignorado de manera tan consistente y completa por la filosofía académica dominante, por no hablar de la filosofía analítica desesperadamente fimótica de la actualidad, atrapada en su narcisismo de distinciones demasiado finas, dice mucho. Por otro lado, hay de hecho, dentro y fuera de la academia, un creciente interés en la profundidad y el poder transformador del pensamiento y el ejemplo de Simone Weil. Una tendencia que sin duda aplaudo.

P. Es curioso porque en Weil se mezclan una lucidez asombrosa con rasgos de locura, desde el éxtasis religioso al desequilibrio físico y mental. Fue por ejemplo de las más tempranas en señalar algo que hoy se da por hecho: la equivalencia básica entre el totalitarismo nazi y el soviético. ¿La lucidez y la locura pueden retroalimentarse?

 

R. Por supuesto que pueden. De hecho, así es como una vez comenzó la filosofía, continuó a través de las edades y también volverá a comenzar. El concepto español de “loco” y “locura” captura esta eterna ambivalencia mucho mejor que la mayoría de los otros idiomas. Piense en Sócrates como la figura fundadora de nuestra tradición: un vagabundo y un bicho raro muy conocido que escuchó voces extrañas en su cabeza y, sin embargo, fue el más sabio de todos los tontos humanos. Por supuesto, no fue considerado como tal por la mayoría de sus semejantes, sino por los siglos venideros y el oráculo de su comunidad. Especialmente en los momentos más oscuros, cuando el mundo entero "se ha vuelto loco", ser absolutamente lúcido, honesto y sobrehumanamente intrépido te hará parecer necesariamente una loca o un loco a los ojos de los demasiados. En este sentido, la mente y la capacidad de comprensión de Weil sólo pueden calificarse de "proféticas", ya que evidentemente se nutren de fuentes y voces que no son sólo de este mundo. Pero dar tal respuesta en una entrevista en el año 2021 de Nuestro Señor, y respaldarla plenamente, hace que uno mismo parezca un loco, ¿no es cierto?

P. De hecho, aunque intente disimularlo,diría que no logra esconder usted cierta animadversión por Ayn Rand. En varias ocasiones confronta su egoísmo con su vida personal, tan necesitada de amor como cualquiera. Es curioso, Rand tal vez sea la filósofa menos profunda y compleja de las cuatro pero probablemente es la que más influencia ha tenido después, al menos en EEUU. ¡Y la que más libros ha vendido!

 

R. Es interesante que lo lea usted de esta manera. Permítanme decir esto: Ayn Rand es una filósofa y escritora mucho mejor de lo que se le atribuye, especialmente en Europa. Además, no es menos extremista y de carácter profético que Simone Weil. Pero donde Weil ve la celebración del Ego como la raíz del mal de la modernidad, la autocanonización de ese mismo Ego, sin compromisos ni restricciones, marca para Rand el primer y decisivo paso hacia todo lo bueno y bello de este mundo. Es el primer paso en el camino hacia la verdadera libertad. Por lo tanto, le dio a la "Tierra de los Libres" una filosofía de un tipo particular, y de manera muy influyente. Es difícil sobreestimar su importancia para la cultura de la posguerra en Estados Unidos. Y, por lo tanto, una irresponsabilidad intelectual de no perder tiempo en sus fundamentos filosóficos: "Conoce a tu enemigo", si es que ella tiene que ser un enemigo.

P. Simone de Beauvoir se reía de Weil por su fugaz lucha en la guerra civil española pero ella, Sartre y la mayoría de los intelectuales de su círculo parisino no vivieron nada mal durante la ocupación nazi pese a su teórica beligerancia política. Uno no puede dejar de sentir cierto malestar observando a estos tipos que copulaban, escribían y leían a Hegel en aparente despreocupación mientras el mundo ardía. ¿Nace con ellos la ‘gauche caviar’?

 

R. Bueno, es un hecho que los intelectuales franceses de cierto medio tenían, y todavía tienen, un talento especial para marcarse a sí mismos como intrépidos anti-sistema y proto-revolucionarios. Al mismo tiempo, pueden y están dispuestos a disfrutar plenamente de las comodidades de los líderes de opinión financiados por el estado, así como a usar y abusar de los privilegios sexuales que parecen surgir "naturalmente" de este estado. Beauvoir y Sartre son ejemplos estelares de esta constelación y sirven como modelos a seguir para las generaciones venideras. Sin embargo, Beauvoir sigue siendo una persona extremadamente inspiradora y estimulante desde un punto de vista filosófico: no nació como filósofa y reformadora social, tenía que convertirse en una. Fue una lucha muy dura ya que el camino hacia "el Otro" fue especialmente largo para ella. Para seguirlo, tuvo que conquistar sus intuiciones y miedos más profundos. Se conquistó a sí misma pensando en sí misma. ¿Qué mejor se puede decir de un filósofo?

 

P. Al lado de Beauvoir, Arendt parece de verdad valiente, tanto filosófica como vitalmente. Judía, víctima, apátrida, es la que vive el peligro más cerca, logra escapar y nunca le vence la desesperación ni reniega a su independencia. Tampoco en el amor... ¿Amar en condiciones de igualdad, sin subordinación, como busca Arendt, no es en realidad una quimera, no va, desgraciadamente, contra la realidad esencial del amor?

 

R. Al comienzo de la lucha totalitaria, Arendt, como Rand y Weil, se encuentra en una situación de marginación triple: mujer, intelectual, judía. La consecuencia es el exilio, tanto física como mentalmente. Entonces, la pregunta para ella es la siguiente: ¿Cómo amar al mundo a pesar de todos sus abismos y oscuridades demasiado obvias? Y su primera respuesta, su principal intuición es esta: atreverse a amar el abismo más obvio y oscuro que todos, todos los días de nuestra vida social, encontramos. Amando la vista y el rostro de otro ser humano. Una vez que lo logras, sin perderte por completo en el abismo sin fin que el otro es, el mundo se convierte en un lugar para vivir, la existencia se convierte en algo para ser apreciado y celebrado. El concepto de amor de Arendt se basa en una igualdad que aprecia las diferencias que nos hacen únicos. El ideal totalitario, en cambio, consiste en borrar con fuerza las mismas diferencias que nos permiten amar al mundo y a nosotros mismos, que es una forma más de decir que es ontológicamente maligno.

 

P. Se ha escrito que su libro trata de cuatro filósofas contra el nazismo pero a mí me parece que no es ese en realidad el auténtico objeto de ‘El fuego de la libertad’. Diría que el asunto esencial que se plantean estas cuatro mujeres es el problema de la comunidad humana: ¿cómo podemos relacionarnos con los demás?, ¿es eso siquiera posible?

 

R. Me alegra que lo vea de esa manera. Sí, la cuestión del otro, me parece la cuestión central del libro. El nazismo es sólo una forma política de responder o más bien negar esa pregunta, esa búsqueda, ya que busca borrarla con su fuerza. Lo cual, al final, solo se puede lograr aniquilando toda alteridad, destruyendo todas y cada una de las cosas que son o parecen encarnar esa misma cuestión.

 

P. Las "sociedades de esclavos" totalitarias fueron finalmente vencidas por las "sociedades libres" (salvo en el caso del comunismo que años después también acabaría cayendo). ¿El fuego de la libertad es más poderoso que el de la opresión o fue sólo cuestión de suerte?

 

R. No necesariamente es así. Al menos es una cuestión que no puede ser abordada, y mucho menos definitivamente respondida, solo por la historia. Preguntarnos de dónde brota este fuego de libertad, quién lo creó y cultivó y quién lo guardará para nosotros en el futuro, es en el fondo una tarea metafísica. Y junto con Simone Weil y su lectura del mito de Prometeo, debería pensar que nosotros, es decir, los humanos, no iniciamos este incendio. Pero si no nos cuidamos adecuadamente unos a otros, así como a su verdadera fuente, bien podríamos ser capaces de matarlo de una vez por todas en el futuro previsible.

 

Hay mucha energía oscura en estos días y parece canalizarse hacia colectivismos de uno u otro tipo

 

P. Comparamos mucho actualmente el periodo de entreguerras con su auge autoritario, nacionalista e identitario con el actual pero, ¿toca ahora farsa o tragedia?

 

R. Sí, y estas comparaciones no carecen de fundamento. Hay mucha energía oscura en estos días, y gran parte de ella parece canalizarse hacia colectivismos de uno u otro tipo. El retorno político del "yo" al "nosotros", en otras palabras, está en pleno apogeo. Al mismo tiempo, siempre existe el peligro de caer en la trampa de la exculpación política cuando se trazan estos paralelos demasiado de cerca. El más aterrador de todos los pensamientos políticos, después de todo, sigue siendo que la historia en realidad nunca se repite, porque es ontológicamente abierta y que, además, nunca está completamente en nuestras propias manos. Pensar de otra manera significa caer en una farsa filosófica. Y esto, entonces, con demasiada frecuencia termina en tragedia. La pregunta sigue siendo: ¿cómo salimos responsablemente de este círculo vicioso?

 

P. Auge, caída y reconstrucción. Me parece que le falta un tercer libro. ¿Quiénes serán sus cuatro protagonistas?

 

R. Sí, el proyecto continúa. Pero buscará nuevos caminos, tanto formal como cronológicamente. Desafortunadamente, estos caminos permanecen todavía muy a oscuras para mí. O, dicho de manera más positiva, permanecen al descubierto. Veremos.

 

 

 

Compartir este post
Repost0
1 octubre 2021 5 01 /10 /octubre /2021 15:40

Publicado en Heraldo de Aragón el 300921

Ha sido en Aragón donde lo escuché por primera vez hace doce años y desde entonces lo he oído a menudo. Suele utilizarse como excusa para justificar dilaciones en hacer algo, declaraciones de agobio (de un “inocente” trabajador que trata de sacarse todo lo que puede de encima) y de sustitutivo coloquial del “vuelva usted mañana”  o “se ha equivocado de ventanilla” que denunciaba con su gracejo habitual el bueno de Larra. En un somero análisis semiótico de la frase uno se plantea qué es lo que la vida no le da al sujeto. ¿Tiempo? ¿Energía? ¿Conocimientos? Podría ilustrar el compendio de cierta perplejidad política española, el corolario o consecuencia de tantos siglos de inanidad cívica reiterativa. La vida no da tiempo o energía a algunos políticos y personas de cierto poder para hacer lo que tendrían que hacer. Y es más, hacerlo de forma correcta y eficiente, en lugar de las habituales chapuzas.

A muchísimos políticos repartidos por España y “sus” Comunidades “no les da la vida” para hacer lo que es justo, correcto, urgente y necesario hacer. Ya sea en la díscola y desorientada Cataluña; en cuestión de vacunas; en torno a la educación y los valores cívicos; alrededor de una parte de la juventud que está inmotivada, escasa de futuro y sólo vibra en quedadas y botellones; refiriéndose a los Madriles y su sultana contestataria; con respecto al mundo sanitario, el universitario y el empresarial; sin olvidar los interrogantes que plantea la energía y sus precios, las contaminaciones y el cambio climático, la próxima escasez de agua, la inestabilidad política internacional y la eclosión de fascismos, racismos, sexismos y totalitarismos por los alrededores.

Realmente ni a la política, ni a los políticos, ni a la economía, ni a nosotros todos, sus eventuales víctimas conjuntas, “nos da la vida” otra cosa que temores y angustias hilvanados con inseguridad y cierta violencia ambiente cada vez más notoria.

Pero eso no es del todo cierto, quizá porque no lo estamos viendo desde la perspectiva adecuada. La “vida” no es responsable de la falta de eficacia, laboriosidad y honestidad de los dirigentes del ciudadano medio y tampoco de que tales deficiencias se propaguen como un virus al resto de la sociedad. Detrás de cada “no me da la vida” puede haber un farsante aprovechado o un inocente pícaro o un pícaro nada inocente. Es alguien que se escuda tras la frase para que no le pidas un esfuerzo supletorio. Los trabajadores, operarios, funcionarios, profesionales serios y conscientes no suelen emplear esa frase o lo hacen como fórmula coloquial. ¿Casualidad o síntoma? En realidad no abundan tanto los que “no les da la vida”.

Vivir no es sólo una cuestión ética sino una estrategia. La vida libera, en función de la situación que aparece, una forma de obrar. Se trata de ser consciente del presente y no aplazarlo, sino dejarlo que nos muestre sus frutos y obrar en consecuencia.  Decía Sócrates que la vida es “un tonel que pierde sin cesar por algún agujero el líquido que vamos echándole sin cesar para llenarlo”. Nunca quedará colmado al tonel. Por tanto hemos de trabajar por el “entretanto” porque cuando nuestro tonel está lleno del todo, estamos muertos. Ya que la metáfora de la vida, nos dice Pascal, es que no soportamos por mucho tiempo el reposo que nos da la satisfacción de llenar el tonel, siempre necesitamos un nuevo objeto de deseo y desvelo. Y asegura que por nuestra corrompida naturaleza  solo podemos vivir en la zozobra. Lo que importa es el “entre” de la acción al objetivo. Vivimos en el oxímoron de una saciedad insaciable.

Por tanto el secreto quizá esté en que el “no me da la vida” debe ser reformulado en un “la vida me da”…tiempo, circunstancias, energía, posibilidades de cambio. Una manera de esquivar la zozobra a la que nos condena Pascal. No parar de desear, actuar, crecer y dirigirnos hacia una excelencia que nos depara posibilidad de servicio, ayuda a los otros, mejoras conjuntas, freno a las calamidades o encauzamiento de las que vengan.

El pasotismo negativo y falaz del “no me da la vida” hace más grandes los agujeros del tonel y menos eficaz nuestros aportes de líquido vital. Es una medida de salud global. Desterrar esa frase al museo de los horrores y comenzar al nivel humilde pero necesario del individuo: ese arremangarse la camisa y poner manos a la obra. Todo lo que ocurre, y más lo que puede llegar a ocurrir, nos concierne. Somos parte de ello. Por tanto, “SÍ nos da la vida”. La alternativa de vivir lo mejor y más solidariamente posible. No somos islas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
27 septiembre 2021 1 27 /09 /septiembre /2021 11:54

Zygmunt Bauman (1925-2017) era un sociólogo polaco con sesenta libros publicados, teórico del concepto de “sociedad líquida”, un modelo que se destruye, se difumina y se construye contantemente en un sistema de límites que varían, se amoldan a lo que sea preciso y se extienden o desaparecen como el agua. La metáfora no recoge los aspectos positivos de la liquidez sino su variabilidad y fugacidad. Bauman ha escrito sobre la vida, el amor, la sociedad, la modernidad y la cultura líquida. Así definió el concepto: la sociedad es líquida cuando las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y rutinas determinados…no puede mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo…con lo que ninguna estimación de su evolución futura puede ser considerada fiable.

Por tanto la cultura de nuestra sociedad de consumidores se convierte en un almacén de productos previstos para el consumo, cada uno compitiendo por la cambiante y dispersa atención de los futuros consumidores. Sólo por un momento que está limitado por la obsolescencia programada de todos los productos en oferta. Y esta oferta no solo se refiere sólo a objetos sino a personas, relaciones, mundo laboral… Mientras la  tecnología lo rige todo, incluyendo las relaciones interpersonales. Valores, principios  y costumbres abandonan las viejas y seguras tradiciones sin ofrecer nada sólido, fiable y duradero a cambio. Solo interesa el cambio, la satisfacción inmediata de los deseos, la cosificación de todo: “cosas” pronto en desuso, a la espera de otras que sólo son distintas por ser “nuevas”. Eso nos lleva a una sociedad de incertidumbres, sin valores, que agrava la inseguridad por la globalización de los problemas: movimientos migratorios, eventual escasez de determinados productos, exceso de explotación y de desperdicio, precariedad laboral, agudización de las desigualdades. Lo único que importa es la “libertad” y la satisfacción individuales. Los grupos, partidos y asociaciones  ya no buscan el bien común, sino en el beneficio personal enmascarado por el fanatismo grupal. El verdadero Estado es Don Dinero: cada vez es más volátil, líquido y conceptual: No hay nada que lo respalde. Ya se está convirtiendo en dinero virtual, el bitcoin, un paraíso para los hackers y un desastre para la economía.

El libro que les recomiendo es una fascinante recopilación de conversaciones con el periodista y filósofo Peter Haffner, realizadas entre febrero de 2014 y abril de 2016. Bauman fallecería menos de un año después de su última entrevista. En ellas destaca la crítica irónica y el contundente sarcasmo humorístico del pensador polaco que desgranaría a través de las charlas desde su concepto de lo líquido aplicado a múltiples elementos de la existencia humana a la banalización de la vida humana, los racismos y la eclosión de ideologías que cultivan el odio al diferente, al otro, chivos expiatorios del radical descontento e inseguridad de las individuos y sus sociedades.

No hay reseña válida para glosar este libro tan rico en ideas. Por eso les dejo algunas perlas como aperitivo para una lectura más completa y paladeada. "Las ideas nacen como herejía, se transforman en ortodoxia y terminan siendo superstición". "El consumo es una característica de los individuos, el consumismo lo es de la sociedad. En la sociedad consumista la capacidad de querer y desear se separa de los individuos. Se cosifica, es una fuerza ajena a ellos. Resulta casi imposible resistirse  a ella, porque nos somete a todos. Y el deseo de satisfacer todas esas necesidades se convierte en una adicción". "Ni el Estado ni el mercado están capacitados para corregir los daños que han causado. Un mercado sin control es peligroso y el Estado es impotente. El problema principal es saber quién podrá hacer lo que hay que hacer. Controlarlos a ambos". "Todo fluye, los problemas transitan entre los países, se originan de forma extraterritorial y no pueden ser contenidos por leyes y normas locales. Cualquier empresario puede deslocalizar sus fábricas y su dinero y desplazarse donde la ganancia es mayor" "Quien busca la verdad no se mete en política. En la política no se busca la verdad sino el poder. Y todo cuanto sirve para lograr esa meta es bueno. No hay otra política".

Acabamos. Una última recomendación: lean este libro de entrevistas con una libreta y una pluma en la mano. Las "perlas" que surgen de la mente de Bauman son dignas de ser ensartadas en un collar de sabiduría práctica y de crítica socio política.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

VIVIR EN TIEMPOS TURBULENTOS.- Zygmunt Bauman y Peter Haffner.- Trad. Lorena Silos. 205 págs. Ed. Tusquets

Compartir este post
Repost0
18 septiembre 2021 6 18 /09 /septiembre /2021 08:59
  

 Lo cierto es que es el primer libro que leo de Santiago Alba (aunque adoro sus artículos en la revista digital CTXT) y me ha sorprendido no tanto la erudición que muestra sin exageraciones y de manera atinada, sino la frescura y el garbo de su estilo (en la carrera de larga duración de un ensayo voluminoso), que comienza siendo un poco dramático e incluso trágico y poco a poco va dejando percibir su irónico sentido del humor que equilibra la balanza. Su autodisciplina de lectura del librote intenso y desmesurado (del antropólogo Stephen Jay Gould) y su sillón de orejas, tiene ecos en la sensibilidad de cualquier lector que se precie (yo mismo sin ir más lejos) y el armazón que ingenia para usarlo como estructura operativa de su propio libro, es de una calidad  de muy alto nivel. Oigan, les confieso que he disfrutado con su lectura. Y, además, he aprendido.

En nuestra hiper tecnificada y digitalizada sociedad estamos perdiendo la conciencia de tener un cuerpo (excepto cuando las necesidades cotidianas, una enfermedad o un  accidente nos lo recuerda dolorosamente) pero aún así,  la estrafalaria vida cotidiana y nuestras costumbres nuevas de relacionarnos, móvil, ordenador, teletrabajo, enseñanza virtual, están sitiando el sentido de la corporalidad, con lo que, de una forma u otra, nos dice Santiago, estamos constantemente huyendo de nuestro propio cuerpo.

Pero el libro que les recomiendo no se queda en lo obvio, en una queja razonable sobre algo nefasto, sino que ahonda en algo más profundo: la delgada linea que separa nuestra percepción del cuerpo como algo desnudo, debil y vulnerable, como carne, un regreso a los tiempos en que eramos la comida preferida de ciertos depredadores. El concepto de ciertas religiones, prefiero no señalar, a que el cuerpo es algo sucio, frágil, problemático (ellas dirían pecaminoso)  y la presa inevitable de ese horror siempre negado al que llamamos muerte ( a no ser que se convierta "milagrosamente" en la puerta a una "vida mejor") han configurado un rechazo que parece sintonizar perfectamente con el doble mensaje de nuestra civilización:  el cuerpo sólo como consumo deseable aunque efímero y el cuerpo como problema. Dos obsesiones  lo complementan: la velocidad, todo más rápido, más huidizo  y la salud como negocio global para los pudientes. El resto del mundo, inmigrantes, pobres, multitudes castigadas por los jinetes del Apocalipsis, son dígitos, imágenes olvidadas tras el último telediario, "vita nuda", cuerpos sin derechos, desnudos y olvidados de inmediato.

El bagaje de referencias bibliográficas, de lecturas y reflexiones a su estímulo  es abrumador (lea el lector la "Bibliografía caprichosamente razonada" que se nos ofrece al finalizar la lectura y se descubre que el sardónico humor, le erudición, la ironía, el sarcasmo y la inteligencia del autor corre parejas a su honestidad como pensador y su habilidad, casi mágica, de estimular las neuronas el lector hasta límites notables. Cito para ello a un colega  que resume en su opinión sobre el libro muy semejantes parámetros a los que yo he disfrutado. En homenaje a mi colega y al autor del libro, añado esta nota  ajena pero que suscribo como propia: " Veremos temas como esa ya referida obsesión por clasificar y etiquetar, la velocidad, el dolor, la vergüenza, la compasión, el tratamiento de la metamorfosis como rebelión ante las etiquetas… la permanente huida de nosotros mismos, la expansión al universo de Internet sin la que ya parece que no se sostiene nuestra civilización, la prevalencia de la imagen sobre la realidad y lo material. Muy interesante también esa digresión entre imaginación y fantasía, el significado del mito de Ícaro, la fantasía del mundo “masculino” en contraposición a la corporalidad e imaginación del mundo “femenino”… ciencia, política, psicología, historia, mitología… este ensayo filosófico es un “batiburrillo” donde parece caber cualquier cosa y donde se puede apreciar una y otra vez la capacidad de la filosofía para extenderse como una ameba por los más dispares temas, sin perder de vista naturalmente el motivo principal del libro." 

El estilo, insisto, coloquial pero ameno, correcto y enjundioso, como siguiendo el célebre consejo (entre periodistas) de un personaje de El Quijote, "llaneza muchacho, no te encumbres que toda afectación es mala" . Y para terminar una cita del libro:"Relatamos con el cuerpo, queremos con el cuerpo, cuidamos con el cuerpo y por eso es tan peligrosa la huida hacia la velocidad y la imagen. Pero relatamos con la nacionalidad, odiamos y matamos con la nacionalidad (o con la identidad religiosa) y por eso son también peligrosos los relatos encarnados en los Plurales Comunes". -Pues eso, adelante Santiago, !y abre España!

FICHA

SER (O NO SER) UN CUERPO.- Santiago Alba Rico.- Ed. Seix Barral





 

 
Compartir este post
Repost0
30 agosto 2021 1 30 /08 /agosto /2021 14:56

LOS BOTELLONES COMO SÍNTOMA

(Publicado en La Comarca el viernes 27 de agosto de 2021)

En casi todos los medios ha habido esta semana dos temas de relieve: Afganistán, uno,  y los botellones multitudinarios y progresivos. El primero merece una reflexión crítica sobre la manipulación del imaginario femenino desde el principio de 2001. El segundo, que nos atañe (¡y ya!), pide a gritos un rediseño del problema, como decía Einstein, usando los mismos elementos que lo causaron. Esta es la casuística que alimenta el “carpe diem” que muchas personas, no sólo jóvenes, sino gente madura y, lo peor, adolescentes, se proponen como estilo de vida en estos momentos. El botellón, multitudinario y perfectamente estructurado desde las redes sociales y los mensajes personales, se ha convertido en la pesadilla recurrente de la mayoría de los pueblos de toda España y más duramente en las ciudades, con una frecuencia y simultaneidad tan alta que desborda los medios policiales de que se dispone. Los “covidiotas autojustificados” han creado un deporte nuevo, con una logística casi militar: jugar al gato y al ratón con la policía. Con una disciplina sorprendente, dado el grado etílico que suelen llevar encima, esas personas se mueven en grupos rápidos de dispersión y reagrupamiento, como si fueran falanges de César o de Esparta. Para todos ellos, y son millones, el asunto del virus y su propagación ya ni siquiera se niega sino, simplemente, se le da la importancia de las discusiones sobre el sexo de los ángeles.

¿Cuáles son los niveles operativos en los que incide el botellanismo? Primero, el sanitario. Y unido a él de forma muy estrecha, el jurídico. Sigue, como consecuencia inmediata, el de orden público y por último, pero no menos importante, el familiar, con su secuela: menores alcoholizados y desmadrados. Empecemos por el aumento de menores con síntomas de alcoholemia y comportamientos escasamente adecuados a su edad. Es el nivel menos abundante, pero comienza a hacerse notar demasiado. Lo defino como elemento “familiar” porque estimo que en este caso los responsables directos son los padres. ¿Permisividad? ¿Tolerancia? ¿Negación del autoritarismo? ¿Confianza ciega en la responsabilidad del menor con el fin de no minar su seguridad en sí mismo? ¿De verdad se creen ustedes esas justificaciones de psicología barata? Estos padres son los hijos de nuestra generación, la que luchaba por la libertad, el trabajo y la igualdad en mayo del 68. Algo hicimos mal. Al parecer, no os enseñamos que detrás de cada derecho hay un deber y una obligación y que el esfuerzo es indispensable para lograr algo serio. Quizá por eso, entre otras cosas ahora no pertinentes, no sabéis poner límites a la libertad y los deseos de vuestros hijos.

Sigamos con el nivel jurídico y el de orden público. “Se nos va de las manos”, dicen. Es precisa una legislación específica, extraordinaria y limitada al escenario concreto de la pandemia, en la que se respeten las prioridades lógicas de la situación. ¿Cuál es el punto débil? El desconcierto, los tiras y aflojas, las probaturas, la “mala conciencia” de estar “conculcando” libertades. ¿Qué libertades? ¿La de contagiar a culpables e inocentes (diríamos botelloneros y abuelos)? ¿La de mostrar la falta de correspondencia entre la realidad tozuda de la pandemia y los dimes y diretes de jueces, tribunales, supremos o no y juristas, escudándose todos en un ordenamiento jurídico que no es apropiado para las circunstancias especiales de una pandemia global? ¿La de montar un guiñol entre las diferentes comunidades, sus dirigentes, los influencers de la Red y los ciudadanos caprichosos y olvidadizos: es decir, llevar una pandemia a depender de los juegos de poder entre los políticos y sus intereses, los deseos de las masas y el mundo del dinero?

Y, por fin, el sanitario. En el que hay dos elementos disociados: las personas y el material sanitario; desde las vacunas hasta la escasez de personal, camas, Ucis… o directrices claras y, por favor, comunes a todo el país (por no decir al mundo entero, que es lo que debería ser). El mundo de la salud también ha caminado por el cable del equilibrista. Por un lado el exceso de pacientes y la irresponsabilidad de una parte de la ciudadanía y por otra su dependencia de variables tales como la de intereses de las farmacéuticas, de los trust de comercialización, de los poderes políticos y de la desconfianza y rechazo creados por esa masa gelatinosa y oscura de los conspiranoicos.

Y por encima (o debajo) de todo este panorama conflictivo, ¿qué tenemos? “Quedadas” de menores, donde se da rienda suelta al  rito de paso actual: el alcohol, el sexo, la violencia o el vandalismo. Lo mismo, pero corregido y aumentado, de los jóvenes y muchos de la franja de 40 y 50, de buen ver, que se consideran por encima del bien y el mal y por debajo de la seguridad de un trabajo estable, una familia en orden y otras exigencias del vivir que se olvidan a base de botellones sin medida. Como escribió un colega, “en esta proliferación de los botellones, la afluencia crece a una velocidad inversamente proporcional a la de las precauciones que en ellos se toman”. Decía mi abuelo, ateo convencido, “Que Dios nos coja confesados”

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
5 agosto 2021 4 05 /08 /agosto /2021 11:25

(Artículo publicado en la revista "Compromiso y Cultura", agosto de 2021

Paradójico, provocador, cultivador de interrogantes e inquietudes éticas, Zygmunt Bauman, junto con el coreano germano Byung-Chul Han, el alemán Peter Sloterdijk, el eslovaco Slavoj Zizek o el italiano Giorgio Agamben, forman la avanzadilla estimulante de la filosofía de nuestros tiempos “líquidos” (según la afortunada definición de Bauman). A partir del año 2000, año de publicación de Modernidad líquida, el filósofo polaco publica una serie de obras que resumen sus conceptos sobre la realidad que nos rodea: Amor líquido (2003), Vida líquida (2005) y Tiempos líquidos: vivir una época de incertidumbre (2007).

Para este pensador nacido en Polonia en 1925 y fallecido en Inglaterra en 2017 a los 91 años (en 2010 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades junto a Alain Touraine), catedrático de Sociología en Varsovia, Tel Aviv, Leeds y Londres, la sociedad postmoderna ha sido un desafío y un acicate intelectual que le ha llevado a emitir diagnósticos y juicios críticos de nuestra “normalidad” anormal que han estimulado a filósofos, intelectuales y círculos culturales, además de atraer y educar el pensamiento crítico de un público lector cada vez más amplio en todo el mundo. Era una especie de “superstar” intelectual para la cultura joven alternativa. Un profeta de la “modernidad líquida”, el mundo precario con el que los jóvenes están ya sufriendo y que a las generaciones más veteranas nos ha desconcertado y desorientado.

La sociedad, el amor, el trabajo, la familia con el adjetivo “líquido” a continuación  se ha convertido en el modelo operativo que nos atañe a todos y en todas partes. Tiene un carácter efímero, mudable, sin un rumbo, designio, valor o principio determinados, ya que la misma estructura social es “líquida”, va cogiendo la forma del recipiente que momentáneamente la contiene con una precariedad e indefinición constantes. El trabajo o el matrimonio que duraba toda nuestra vida ha desaparecido de los modelos actuales, todo lo que nos rodea cambia a un ritmo difícil de seguir y se crea una ansiedad generalizada por el temor a quedar rebasados,  u relegados, por unos avances y exigencias socio económicas de las que ya no tenemos puntos de referencia, mientras se nos bombardea continuamente por mensajes de consumo y por la rapidísima caducidad de los objetos que adquirimos de forma compulsiva, apremiados por una publicidad agresiva. La realidad líquida de Bauman provoca una ruptura con todo lo antes fijado, instituones y estructuras. En el pasado, la vida estaba prediseñada por cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar las decisiones adecuadas para conseguir sus objetivos. En la modernidad, las personas se han desprendido de esos patrones, que han perdido vigencia. Cada uno se ve obligado a admitir la ambigüedad para determinar sus decisiones y forma de vida en una sociedad cambiante, individualista y de valores efímeros en campos antes más sólidos y definidos, el amor, el trabajo o la educación.

Todo cobra una nueva perspectiva dada la velocidad de los cambios. La existencia es un proceso continuo de nuevos comienzos y de incesantes finales, nos resulta más fácil librarnos de las cosas que adquirirlas (ya sea una relación o un ordenador que inicia su fatal deterioro). El tiempo de la modernidad sólida y el progreso coherente, que empezó tras la revolución francesa ha terminado: el tiempo de las inmensas fábricas y los miles de empleo que generaban, en términos de vida  individual que se incluían en una serie de hitos progresivos de mejora hacia un futuro esperanzador se ha diluido en los últimos 30 años. Ya no creemos que haya soluciones definitivas para nada. Y además nos han adoctrinado para que no nos guste la idea de duración. Y eso esconde una falacia tan demoledora como la de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”: somos conscientes de que todo cambia vertiginosamente y tenemos miedo de fijar algo para siempre. Vivimos en una inseguridad líquida. La condición de “precario” ya no es privativa de los vagabundos, los mendigos y los parados eternos. Ahora la clase media ya no ve un futuro seguro frente a ella. Bauman  reflexiona: “Desde hace varios siglos se cree que la educación podía restablecer la igualdad de oportunidades. Ahora, el 51% de los jóvenes titulados universitarios están en el paro y los que tienen trabajo, tienen un empleo muy por debajo de sus cualificaciones. Los grandes cambios de la historia nunca llegaron de los pobres de solemnidad, sino de la frustración de gentes con grandes expectativas que nunca llegaron".

En el privado campo del amor, Bauman, es implacable: el miedo al compromiso, los rollos de una noche, los desengaños  son algo corriente para muchos jóvenes y personas y maduras. Este tipo de relaciones  (como las creadas a través de las redes sociales) son las que dan nombre a su concepto de amor líquido. No se quiere a una supuesta libertad emocional y se cambia de relación como quien cambia de traje en una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales. Breves episodios en los que priva la búsqueda del beneficio personal. Cuando una pareja deja de ser rentable, se deja de lado y se busca una nueva. Las personas parecen no querer ataduras ni en las relaciones amorosas ni en las laborales. ¿O es que son “convencidas” de que no pueden ni deben, pues los cambios siempre son para mejor” (falacia evidente que todo el mundo parece aceptar).

Quizá sólo un 1% de la población mundial no tiene temor alguno al futuro. Existe el temor generalizado de que vamos a convertirnos en desecho de una sociedad dominada por el consumo compulsivo que va expulsando de forma inexorable a quienes no pueden mantener al ritmo que exige. Somos participantes en un gigantesco juego de la silla vacía:  todos corremos sin podernos detener y en un momento dado la rueda se detiene por algo y el que queda fuera del corro de sillas ocupadas, debe abandonar el juego. Hasta el siguiente en que, fatalmente, alguien se quedará sin silla. Y eso  incumbe a casi todas las clases sociales, menos unos pocos. Decía Bauman  que nunca habíamos sido tan libres, pero tampoco tan impotentes para cambiar nada.  Sólo hay que ver cómo las llamadas “revoluciones sociales” de los últimos años han sido anuladas y absorbidas, desde la primavera árabe a las del 15M (“es emocional, le falta pensamiento”, dijo Bauman)  o las juveniles en diversos países. Tampoco los partidos políticos se ha librado de la banalización e inutilidad de sus programas, atenazados en un piélago de corrupciones y de pérdida de confianza de los ciudadanos y manipulación capitalista neoliberal internacionales, sin líderes conocidos o programas de actuación transparentes. Como asegura Bauman: “Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente.”

Y eso se extiende al espejismo de los que creen que las redes sociales pueden sostener la democratización del sistema y ser efectivas para el cambio. Bauman las consideraba una mentira: "El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa". Los últimos años han demostrado que los “radicales” que pretenden montar una revolución a través de las redes sólo logran extender lo que los americanos llaman “Shit storms” (tormentas de mierda). Las redes y su carácter fuido y volátil no pueden configurar un discurso público ya que son incontrolables, inestables, efímeras. Tal vez en un futuro improbable pero posible el “precariado” de Guy Standing, (precario más proletario) se convierta en una clase socio-política que tome conciencia de sí y ataque al nudo del problema: la minoría que domina financieramente el mundo.

Bauman pensaba que el precariado es un producto de la “globalización negativa”, como la erradicación de fábricas básicas y su traslado a ciertos países de obra de mano barata que ahora dominan el mercado. Es un síntoma más de la modernidad líquida: un periodo en el que se eliminarían los temores del pasado hacia la inseguridad, la miseria, la enfermedad y la violencia: tendríamos el control de nuestras vidas. Pero no ha sido así. Las primeras muestras de los desastres naturales que acarrea el cambio climático, el miedo al terrorismo, a la inseguridad ciudadana, al vandalismo o el exceso autoritario respaldado por las fuerzas de seguridad, la precariedad del trabajo, las bolsas de miseria, los levantamientos populares de los desfavorecidos,, las invasiones de inmigrantes, el terror al otro, al extranjero. Como decía Jacques Attali ya padecemos el “complejo del Titanic”: el hundimiento del sistema bajo la melodía de un vals interpretado por músicos que saben que van a morir ahogados.

Bauman nos previene contra un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender a preparar a las próximas generaciones para vivir en ese galimatías deformativo. La crisis económica  de 2008 que mostró la debilidad de las  instituciones financieras y las economías de medio mundo,  cambió la forma de pensar de muchos jóvenes.  Los buenos estudios ya no derivaban en buenos trabajos. Los que  consiguen trabajo, tienen que reinventarse cada poco tiempo y afrontar nuevos retos constantemente. … La mayoría de los licenciados universitarios están trabajando en puestos muy por debajo de su formación y otros muchos ni siquiera han podido entrar en el mercado laboral.

En una entrevista, el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, dijo: “En la ética tradicional era necesario obedecer las reglas. La moral postmoderna, en cambio, exige que cada uno asuma la responsabilidad de sus actos. El hombre se convierte en un vagabundo y tiene que decidir lo que está bien o lo que está mal. Eso sería lo adecuado si las relaciones interpersonales no estuvieran definidas por el consumismo. Estar ahí para el otro, la conducta moral, nunca tiene un propósito. No se trata de obtener un beneficio, la admiración de otros o la aprobación pública. En cuestiones morales no existe la obligación, porque la conducta moral requiere que actuemos con libertad. Solo cuando un comportamiento no es calculado, sino espontáneo e indeliberado, un acto de humanidad, es un comportamiento moral. Saber tomar una decisión correcta, sino también una incorrecta, es el mejor terreno para la moral”.

Pero al mismo tiempo esa ética debe enfrentarse a un mundo donde rige el consumismo más recalcítrante diseñado no para satisfacer los deseos de los consumidores sino para incitar el cambio constante a deseos siempre nuevos y la caducidad de los antiguos, como un sello de valía y de que “perteneces” a una “elite” social que está por encima de la precariedad reinante. Esa falta de  símbolos fijos y duraderos en la existencia crea una angustia constante que modela un ciudadano-tipo incapaz de ver las cosas como realmente son y, al tiempo, azotado por la inseguridad existencial, la precariedad y la falta de valores permanentes. El pronóstico de semejante sociedad no es precisamente halagüeño. ¿Podremos llegar a controlar todo este desbarajuste que define la sociedad actual? Esa es la pregunta que Bauman se hace y que, por el momento, nadie ha llegado a contestar.

FICHAS

VIVIR EN TIEMPOS TURBULENTOS.-Zygmunt Bauman. Conversaciones con Peter Haffner.- Trad. Lorena Silos. Ed. Tusquets.Págs. 205

VIDA LÍQUIDA.-Zygmunt Bauman.-TRad. Albino Santos.- Paidós. 205 págs.

AMOR LÍQUIDO.-Zygmunt Bauman.- Fondo de Cultura Económica.-Trad. Mirta Rosemberg.-201 págs.

 

 

Compartir este post
Repost0
3 agosto 2021 2 03 /08 /agosto /2021 11:44

Rafael Feito, Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, es una persona cualificada para entrar en el espinoso, esencial y descuidado tema de la educación escolar en España. Su título, tan provocativo y original, destaca ya en principio una idea clave: la escuela que tenemos en este siglo no es la que tendría que ser, es el residuo del pasado (en el que tampoco fue la más adecuada) y es, por supuesto, un fracaso en su necesario ajuste con la nueva sociedad y el nuevo mercado de trabajo para el que la escuela debería preparar de forma eficaz.

Particularmente en España, con ocho Leyes de Educación turnándose desde 1980, según quién estuviera en el poder, desde UCD al Psoe o el PP, definir qué cosa es la enseñanza escolar, sus medios, sus fines y objetivos y su forma de ajustarse a los cambios sociales, técnicos y económicos, se convierte en un problema lógico insoluble e insalubre. Feito Alonso, hombre curtido en mil "batallas"- libros, artículos, informes, conferencias- sobre la temática educacional nos revela un talante analítico pirroniano (escéptico) cuando no abiertamente estoico o cínico, según los hechos comentados. El diagnóstico del experto sobre nuestro sistema educativo, aún pendiente de salir del sepulcro del Cid, apegado a fórmulas obsoletas y viejas tradiciones memorísticas que no tienen cabida en un siglo tecnológico donde todo está al alcance de un teclado y el problema a resolver no es la falta de información, sino su exceso unido a un omnipresente defecto de fiabilidad. Y eso que, prudentemente, Feito deja para mejor ocasión el mundo universitario, donde las cosas no brillan precisamente por su eficacia y adecuación.

El autor encadena los temas de una forma crecientemente interesante: Una escuela para la sociedad del conocimiento; el currículum; las metodologías; los deberes; las evaluaciones externas; los itinerarios educativos; el profesorado; las familias; los tiempos escolares; la democracia y la participación. Después de un varapalo de lógica impecable para cada uno de los apartados, no deje el lector de devorar las seis páginas finales, unidas bajo el epígrafe de  “Conclusiones”.

La cuestión es tan compleja que nuestro autor debe dejar a un lado aspectos del tema educativo, del profesorado, la segregación  escolar o la autonomía de los centros, para centrarse en los que considera elementos fundamentales para propiciar una suerte de cambio futuro con más justeza. Apunto que se debería enviar un ejemplar de este libro al político que lidere el Ministerio, sólo para dar ideas y poder reconocer errores:lo cual sería una misión imposible donde las haya, pero deseable y justa)

Sin llegar a ser un documento técnico que aporte un abordaje sistemático y profundo de los asuntos tratados, se presentan estudios y datos que consolidan un análisis que destaca por su sencillez y claridad y actúa a modo de estímulo para la reflexión. Sencillez y claridad que podrían ser muy eficaces en los infatuados cerebros de los políticos de turno. No es un aporte científico, sino una serie de propuestas e ideas del autor basadas en criterios de independencia crítica y sentido común basado en la observación y la experiencia educativas. Y son propuestas e intenciones dirigidas a lograr una regeneración profunda de los modos y sistemas de enseñanza y de sus objetivos (al margen del problema de la mercantilización educativa y las deformaciones interesadas que la tecnología imprime a la formación). Principalmente a la adecuación a los nuevos tiempos y exigencias. Y si el engranaje burocrático de la escuela y el profesorado pueden adaptarse a tales exigencias.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

¿QUÉ HACE UNA ESCUELA COMO TÚ EN UN SIGLO COMO ESTE?.- Rafael Feito Alonso.- 269 págs. Ed. CATARATA

 

Compartir este post
Repost0
9 julio 2021 5 09 /07 /julio /2021 15:47

 

 

Zygmunt Bauman (1925-2017) era un sociólogo polaco con sesenta libros publicados, teórico del concepto de “sociedad líquida”, un modelo que se destruye, se difumina y se construye contantemente en un sistema de límites que varían, se amoldan a lo que sea preciso y se extienden o desaparecen como el agua. La metáfora no recoge los aspectos positivos de la liquidez sino su variabilidad y fugacidad. Bauman ha escrito sobre la vida, el amor, la sociedad, la modernidad y la cultura líquida. Así definió el concepto: la sociedad es líquida cuando las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y rutinas determinados…no puede mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo…con lo que ninguna estimación de su evolución futura puede ser considerada fiable.

Para Bauman la modernidad líquida es una búsqueda constante, un consumismo diario para encontrar la felicidad. En ella los individuos se mueven por la seducción de una constante renovación: Les parece que existen en un mundo en el que se pueden vivir numerosas vidas, tras la pérdida de la identidad propia, mientras el sujeto adquiere una nueva vida  para no ser excluido de una sociedad que avanza a velocidad de vértigo, atosigado por una economía precaria y la servidumbre hacia las nuevas tecnologías de las comunicaciones.

Por tanto la cultura de nuestra sociedad de consumidores se convierte en un almacén de productos previstos para el consumo, cada uno compitiendo por la cambiante y dispersa atención de los futuros consumidores. Sólo por un momento que está limitado por la obsolescencia programada de todos los productos en oferta. Y esta oferta no solo se refiere sólo a objetos sino a personas, relaciones, mundo laboral… Mientras la  tecnología lo rige todo, incluyendo las relaciones interpersonales. Valores, principios  y costumbres abandonan las viejas y seguras tradiciones sin ofrecer nada sólido, fiable y duradero a cambio. Solo interesa el cambio, la satisfacción inmediata de los deseos, la cosificación de todo: “cosas” pronto en desuso, a la espera de otras que sólo son distintas por ser “nuevas”. Eso nos lleva a una sociedad de incertidumbres, sin valores, que agrava la inseguridad por la globalización de los problemas: movimientos migratorios, eventual escasez de determinados productos, exceso de explotación y de desperdicio, precariedad laboral, agudización de las desigualdades. Lo único que importa es la “libertad” y la satisfacción individuales. Los grupos, partidos y asociaciones  ya no buscan el bien común, sino en el beneficio personal enmascarado por el fanatismo grupal. El verdadero Estado es Don Dinero: cada vez es más volátil, líquido y conceptual: No hay nada que lo respalde. Ya se está convirtiendo en dinero virtual, un paraíso para los hackers y un desastre para la economía" .

Para Bauman, el hombre de la sociedad líquida es un sujeto más autónomo pero solitario, que tiene un miedo cerval a los extraños, es xenófobo y busca el grupo fanatizado que le da seguridad a cambio de sumisión. Aunque nos encontramos en la sociedad del conocimiento y la era de las nuevas tecnologías, donde los sujetos están rodeados continuamente de datos y de acceso a la información, cada vez las aspiraciones a conocer y aprender son menores. La educación de nuestra época es se empieza a valorar como un bien de consumo y no como un proceso de crecimiento personal para adquirir valores, historia y aptitudes y entender la vida desde otros puntos de vista.El desempleo, el paro, y la falta de posibilidades de acceder a encontrar trabajo, hacen que los jóvenes cada vez tarden más en incorporarse al mercado laboral, en el que desaparecen, los contratos indefinidos, los trabajos que duraban toda la vida, los vínculos entre compañeros de trabajo y empresa. En nuestra sociedad actual es necesario que los individuos se formen  durante toda la vida. Los avances tecnológicos, los nuevos enfoques económicos, dan paso a la necesidad de la formación permanente.  

Pero Bauman se permite cierta esperanza hacia los cambios que ya tenemos aquí. La humanidad ha superado muchas crisis y ha resuelto los problemas: Ahora hay que atacar a la raíz de la crisis. Como principal responsable de la situación de la modernidad líquida identifica a la política, y no a una concreta, el conjunto de cada una de ellas que han traicionado su misión y su eficacia a causa de la corrupción, la negligencia y la falta de visión hacia un futuro que debe proyectarse con materiales y actitudes distintas en el espacio global , Es preciso potenciar y dirigir los cambios,trabajar los valores, la cultura, la educación. Nuevos modelos de organización, de trabajo, de educación, de conocimientos, tecnologías y nuevas costumbres..Es necesario unirse todos para investigar cómo reconducir este nuevo tipo de modelo, tanto económico, político, educativo y social.

 

Compartir este post
Repost0
1 julio 2021 4 01 /07 /julio /2021 11:06

(Publicado en La Comarca el 290621)

No creo en el “agravio” generacional. Entiendo a los jóvenes porque nunca he dejado de ser joven, a pesar de ir sumando años y experiencias. Acepto que siempre ha habido jóvenes que no han sabido respetar a nada ni a nadie, empezando por sí mismos. Es algo tan cierto como los ejemplos de lo contrario. Y sabemos que hay ancianos y hombres maduros que se mantienen anclados en sus frustraciones, sin evolucionar y capaces de dislates tan irracionales como los de algunos jóvenes.

Creo que las reglas básicas de la convivencia, pertenecientes más al derecho natural y al generado por las costumbres y tradiciones que regulan las relaciones entre individuos, deberían volver  a ser enseñadas en las guarderías y escuelas y reforzadas en los institutos y la Universidad. No como una asignatura más sino como una educación ciudadana básica, necesaria y obligatoria. Que a su vez debe ser refrendada por padres y tutores. Convertirlas en unas normas sencillas y simples que formen parte inexcusable de la persona, del ciudadano, del ser humano. Como bien individual y con alcance familiar, social, nacional y global.

A los niños les hace evolucionar la educación vicaria, la que reciben y les impregna en el hogar, la familia y los amigos. Además reciben la influencia –no siempre buena o provechosa-de las aulas y la sociedad y los medios, la tele, el ordenador o el móvil. Desde Freud, Jung o Reich, hasta los neurocognotivistas de la psicología más avanzada, hay acuerdo en que a menudo reflejamos antes lo peor que hemos asumido de nuestro amplio sustrato sociofamiliar, que los buenos ejemplos que a veces se producen en torno nuestro. Las personas oscilan entre una maduración lenta pero positiva en sus relaciones y percepciones o un progresivo endurecimiento en egoísmo, brutalidad, indiferencia al daño ajeno, intolerancia a la frustración de los deseos, falta de límites conductuales y en casos ya psicopáticos, placer en hacer daño o en destruir cosas, incluso sin ningún beneficio propio.

En la mayoría de los casos hay menos maldad intrínseca o psicopatología que dificultad para comprender el dolor de los demás, los límites de la propiedad y los derechos ajenos. La democracia sólo puede ser cívica. Aprendamos y enseñemos civismo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
13 junio 2021 7 13 /06 /junio /2021 16:05

La palabra ecosofía nos remite a las palabras griegas "oikos", casa, y "sophia", sabiduría. El término sugiere que debemos reconocer una sabiduría presente en nuestro oikos. Esta sabiduría, en nuestro tiempo y nuestra cultura capitalista ya nos es extraña pero se encuentra vigente en las cosmovisiones de pueblos indígenas escondidos en selvas y lugares lejanos y poco atractivos de momento para el turismo o la explotación de recursos. Esas cosmovisiones hoy toman fuerza como nuevos paradigmas de convivencia con la Tierra. En un transparente y sabio librito, editado por Fragmenta, el escritor y pensador Jordi Pigem nos presenta los textos que su mentor y amigo Raimon Panikkar (que no necesita presentación) escribió sobre la ecosofía, un término que une dos facetas del pensamiento básico humano hacia la excelencia: la sabiduría y la ecología. Se definió como LA MANERA DE CONOCER, ENTENDER Y CONVIVIR CON LA COMPLEJA RED INTERACTIVA DE VIDA QUE CUBRE LA TIERRA.

Nuestra cultura individualista y de ensalzamiento del sujeto nos ha arrastrado a la considerar el mundo como un objeto, un instrumento o una fuente de recursos explotables hasta la saciedad o la ruina. Con ello hemos provocado la trágica escisión
entre sujeto y objeto. Cualquier ciudadano de nuestros países ha perdido la noción del mundo como algo vivo y al que pertenecemos en régimen de igualdad. Como dice el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han "uno solo se tiene a sí mismo, al pequeño, desamparado y pretencioso yo".

La ecosofía, según Panikkar, es la sabiduría del equilibrio entre los mundos de los dioses -lo trascendente- el de los hombres y el del Cosmos, tres dimensiones de la realidad. Y muy sabiamente propone: "Hay un habitar en el mundo que se caracteriza más en una actitud de pasividad que en una actividad de producir. Es un dejar-se-afectar. Este habitar propio de la consciencia temporal del ritmo del ser nos lleva a experimentar la relación sujeto-objeto de manera diferente a la escisión interno/externo que es como comúnmente
percibimos la realidad: El ritmo está fuera de mí, yo no lo invento. Sólo he de escuchar los latidos de lo real, y para escuchar debo callar, tengo que silenciar
mis egocentrismos. Más aún, tengo que ser puro. Además, el
ritmo también está dentro de mí. La recepción por parte mía es indispensable y mi
identificación es un requisito. No me es superpuesto
...De esta manera, la sabiduría es el ritmo natural de la vida y como tal, no se hace efectivo por la voluntad del ser humano, por el contrario hay que dejar que el fenómeno de la vida se haga sí mismo".

Y se hace en un momento irrepetible del tiempo, que no es circular o lineal, sino un instante radicalmente nuevo. La experiencia de tiempo presente tiene una gran fuerza simbólica para la ecosofía, pues significa cultivar la vida contemplativa.La vida contemplativa permite experimentar un tiempo de duración que nos sitúa en una habitar temporal en el mundo muy diferente a la vida agitada que llevamos hoy en día donde nos falta tiempo y nos falta ser. A esto se une el delito de la «sordera
del espíritu», que es «esta incapacidad para disfrutar del silencio, de la ausencia,
o incluso de la monotonía". Como como por ejemplo la incapacidad de experimentar
aquellos momentos contemplativos que surgen en nuestra relación con la naturaleza.

Para Panikkar no puede haber experiencia de sabiduría sin tomar consciencia que la Tierra es nuestra morada:: «Mientras no contemple cada pedazo de tierra como mi cuerpo, no sólo menosprecio a la tierra, sino que también menosprecio a mi cuerpo. ¡Aquí comienza el conocimiento!" Y para llegar a él no sólo es preciso el  diálogo disciplinar, pero, sobre todo, el diálogo intercultural e interreligioso.

Sugiero, pues, la lectura del libro “Ecosofía” que nos recuerda que formamos parte de una red de vida que nos rodea y alimenta de múltiples formas: la naturaleza, la biosfera. Como dice el prologuista Jordi Pigem, “si la célula sabe lo que hace, ¿qué nos impide ver que la Tierra sabe lo que hace”. Y es que “si queremos seguir en este mundo, tenemos que aprender  a hacer y ser de manera sostenible…no habrá verdadera sostenibilidad sin una transformación de la conciencia”.

 Spinoza y Panikkar comparten la misma manera de ver el mundo: “Deus sive Natura” (Dios o la naturaleza). Por tanto el respeto que los creyentes y los ateos inteligentes sienten por Dios, como símbolo o realidad espiritual, es exactamente el mismo que muchos profesamos por la Naturaleza, su conservación y preservación ante las atrocidades que nuestro sistema de vida  está cometiendo contra ella y sus cada vez más limitados recursos. La ecosofía es una “filosofía de la armonía o el equilibrio ecológicos”.

De ahí esta recomendación final: nuestra búsqueda del equilibrio personal no tiene sentido sin encuadrarla dentro de una filosofía que nos enseñe a “escuchar la Tierra” como decía Panikkar. Sostenemos que existe una “psique del cosmos” (tou pantos psyché) como ya proclamaba Plotino desde la Grecia clásica y que en el renacimiento se llamará “anima mundi” y arrebatará a los románticos. Hasta llegar a nuestros descreídos días en los que triunfa un tecno capitalismo que impulsa una nueva forma de explotar a las personas y al planeta. Panikkar cree que ese sistema depredador no llegará muy lejos. Si seguimos  contaminando el aire, el agua, la tierra y causando el desequilibrio climático.  La Tierra sobrevivirá y repondrá su equilibrio, pero el sistema - y quizá los humanos -no.”En la lucha contra la Tierra el hombre perderá, “ dice Panikkar.

Jordi Pigem recuerda el mensaje que un pueblo indígena de Canadá –posiblemente exterminado- envió  a los orgullosos conquistadores: “Solo cuando hayáis talado el último árbol, contaminado el último río y extinguido el último pez, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”. Nuestra civilización podría ser como el rey Midas de la mitología griega que, gracias al dios Dionisios , adquirió el poder de convertir en oro cualquier cosa que tocara. Cuando Midas se dio cuenta que moriría de hambre y de sed y en absoluta soledad, ya que todo se transformaba en oro a su alrededor, rogó al dios que le librara de ese don. ¿Será tan sabio el sistema capitalista neoliberal? ¿O esperará a convertir en fuente de ganancias todo lo que en la Tierra nos permite vivir, hasta que sólo queden los fajos de billetes de banco, oro,  piedras preciosas, yates lujosos y palacios vacíos?

FICHA

ECOSOFÍA.-Raimon Panikkar. Ed. Jordi Pigem.- Fragmenta Editorial.93 págs

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens