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4 mayo 2019 6 04 /05 /mayo /2019 08:01

 

Los psicoanalistas suelen tratar ciertos casos clínicos cuyas sintomatologías siguen un modelo muy específico: se trata de la existencia de unos rasgos caracterológicos impostados, falsos, enquistados en la estructura general del sujeto. Son rasgos que responden a un supuesto “deber ser” que el paciente ha adquirido por imitación de los patrones reales, percibidos en otras personas y deseados profundamente. Son rasgos o propiedades que suelen ser en otros el fruto de esfuerzos, trabajos y dedicaciones que el sujeto estima que están por encima de sus propias capacidades. Es algo carencial que tiene que ver con el aprecio social a los títulos académicos o los logros de todo tipo que despiertan admiración general y los complejos más o menos severos de quienes los desean pero no creen poder acceder a ellos por incompetencia o pereza.

Tales individuos suelen rodearse de los “signos externos”, libros, música, arte, instrumentos, uniformes, de los estatus deseados, pero siempre arrastran un temor constante aunque oculto a ser “descubiertos”. Ese temor se traduce en un estrés permanente que puede llegar a formar parte de las actitudes o el comportamiento de la persona que lo mantiene en estado larvado o lo disfraza. Mientras no se rebasan ciertos límites (que varían en cada persona) la “superchería” no causa problemas graves. Si las circunstancias o el análisis lo sacan a la luz de la conciencia o, peor, son “descubiertos”,  se dispara la gravedad de las reacciones.

En general las tendencias a actuar desde  la presunción, la vanidad o las competencias infundadas, es un defecto bastante común y que casi todas las personas han utilizado en alguna ocasión, sin convertirlas en una forma de vida. Cuando comienza a convertirse en caso clínico o en patología de cierta gravedad es en el momento en que las circunstancias han convertido el “juego” en una realidad paralela o el sujeto mismo admite la falsedad en la que vive y no sabe encauzar ese conocimiento que, en el fondo, es saludable y es también la única salida.

Aquí es donde interviene el terapeuta que invita a la aceptación de la realidad y al mismo tiempo enfatiza los valores reales del sujeto que pueden transformar la supuesta carencia en un activo, simplemente cambiando el foco de los deseos íntimos del individuo y de sus inherentes valores. Ahí se produce la liberación de la persona.

La fácil creación de falsas identidades a través de los sistemas de interrelación de la Red, están convirtiendo el problema del que hablamos en una situación común y muy difundida. Un problema que empieza como un juego de roles y acaba enquistándose en una potencial patología. Es la falacia virtual.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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3 mayo 2019 5 03 /05 /mayo /2019 08:24


La longevidad tiene en la mayoría de las ocasiones elementos inevitables de deterioro físico y por supuesto psíquico. Es evidente que la incidencia y gravedad de éstos depende de muchos factores y es prácticamente imprevisible, aunque lógicamente hay variables que constituyen factores determinantes, por ejemplo el tipo de vida saludable o no que la persona lleve (y también la que llevó predominantemente en el pasado), las actividades que siguen presentes en la vida de la persona de edad, las actitudes y comportamientos, todos ellos en los planos, físico, mental, psicológico e incluso espiritual. Añadiendo consideraciones económico-sociales y sanitarias que influyen muy directamente. Pero en casi todos los casos (también hay excepciones, Bertrand Russell, por ejemplo, conservó la lucidez y la inteligencia y capacidades físicas notables hasta su muerte, pasados los noventa) de personas longevas, siempre existe el peligro de la aparición no sólo de enfermedades tipo Alzehimer, Parkinson o alguna demencia senil sino, deterioros apreciables de memoria, concentración y dificultad de aprendizaje en el plano psíquico y cerebral y disfunciones motoras u orgánicas (también dependientes en parte del cerebro). Y es precisamente el cerebro y su continua ejercitación la premisa que subyace en el texto de Elkhonon Goldberg, un neurocientífico norteamericano de origen ruso y judío para más señas (lo cual suele ser garantía de inteligencia), antiguo discípulo del fundador de la neurología, Alexander Luria. 

Goldberg nos invita a un apasionante paseo por las distintas partes del cerebro y las unciones vitales y comunicativas que controlan, desde el habla y la memoria a la visión, los pensamientos y percepciones, el dolor, el placer, en suma, desde las actividades más triviales, mover los dedos de la mano o el brazo, caminar o dormir, hasta las más complejas, comprensión, estudio., simbolización, creatividad.

Dice Russell en un trabajo sobre "Cómo envejecer" que "los que tienen preocupaciones impersonales (es decir al servicio de otros intereses que no sean debidos al ego) intensas, que impliquen actividades apropiadas, les será más fácil conseguir una vejez afortunada...es decir despreocupada por el número de sus años y aun menos de la probable brevedad de su futuro". Y esto es lo que Goldberg reivindica constantemente:  si bien el envejecimiento produce una merma generalizada   y aparentemente irreversible en nuestras facultades, no afecta a todas nuestras habilidades y tampoco con la misma intensidad. Incluso nos pone ejemplos de personas con principios de enfermedades como Alzheimer o demencias que persistieron en sus actividades (nos habla de artistas o políticos conocidos).

Y la buena noticia es que hay algo que mejora con la edad: el reconocimiento de patrones en la resolución de problemas que nos lleva a saltarnos muchos pasos en esa actividad gracias a nuestra experiencia y capacidad de relacionar situaciones presentes con semejantes en el pasado y saber qué medidas eficaces tomar. Eso que es una de las características que asociamos con el hombre "sabio", su competencia y su habilidad relacional. Y eso, es resultado de la experiencia...y de la edad.

El mensaje de Goldberg insiste en un optimismo basado en sus propias investigaciones: algunas de nuestras capacidades se conservan intactas con la edad y es posible utilizarlas para frenar el envejecimiento cerebral ejercitándolas. El conocimiento y gestión de las emociones y la ejercitación incesante de la memoria son algunas de las fórmulas magistrales que el autor nos recomienda intensa y fundamentadamente. Por ello Goldberg titula su libro como "La paradoja de la sabiduría" ya que pretende demostrar que al contrario que lel resto de los órganos del cuerpo humano, el cerebro parece que mejora con la edad. O, para ser más exacto: el cerebro no funciona peor o mejor que en la juventud, funciona de manera diferente, aprovechando todo lo que ha prendido en su vida: y si estas ha sido muy activa y creativa, tanto mejor. Las conexiones sinápticas que se establecen de forma inusual y sorprendente, las ideas nuevas, los enfoques más eficaces de problemas viejos o actuales, suelen ser producto de cerebros maduros de personas de edad avanzada. De ahí que culturas tradicionales más sabias que la nuestra valoran la vejez de algunos de sus miembros, estableciendo consejos de ancianos o senados. Gente que logra transferir sus capacidades del hemisferio derecho (creatividad, exploración, novedades, relación con la juventud) sus capacidades al izquierdo (donde tiene acceso a los patrones bien desarrollados de un experto).

Goldberg dedica su libro "a mis compañeros 'baby boomers', la generación de los testarudos", es decir a todas las personas que entran en una etapa nueva en la vida, la de la "adolescencia de la madurez", en las que sus actividades carecen del gravamen de tenerse que ganar la vida (suelen ser personas ya jubiladas o mayores que pueden capitalizar su experiencia acumulada) y de una forma generosa y sin pretensiones económicas practican profesiones u oficios creativos sin pensar en el retiro o el "dolce far niente". Como dijo Einstein: "Cuando se deja de aprender, se empieza a morir".  La curiosidad permanente, inagotable, gozosa, es la condición básica de los "baby boomers".

FICHA

LA PARADOJA DE LA SABIDURÍA.-Elkhonon Goldberg.- Editorial Crítica, colección Drakontos de bolsillo, 328 páginas, Trad. Joan Lluís Riera ISBN: 9788484329473.

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23 abril 2019 2 23 /04 /abril /2019 08:54

Steven Pinker, el optimista ideólogo de los tiempos futuros hace en este libro una encendida defensa de cómo la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, valores de la Ilustración de los siglos XVII y XVIII no han perdido vigencia y pueden tener un papel decisivo en los difíciles tiempos que nos toca vivir, con un panorama tecnológico en constante cambio y una inestabilidad financiera y política que en el pasado siglo motivaron dos guerra mundiales y multitud de sangrientas guerras localizadas.

Pinker  se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar del pesimismo o realismo de Freedman, autor de "La guerra futura") para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los países del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos científicos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer, el Sida o las ETS, un nivel educativo creciente y la globalización de las nuevas tecnologías en el campo de la información, el ocio y la formación. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles.

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Para callar a los "augures de malas noticias" Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia, movimientos ciudadanos humanistas y como ejemplo recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias” del año 2017 (cosa que nos parece relativista y un poco banal).

Son muchos los comentaristas políticos y sociales, e inclusos económicos que abogan por "volver al espíritu de la Ilustración", abjurado de los de un cierto romanticismo individualista que, en realidad, ya lleva años caduco ante las nuevas tecnologías y los cambios que están provocando en el género humano, desde los norteamericanos a los hindúes, de los rusos a los coreanos y a los chinos, de los ingleses a los suecos, de los alemanes a los andorranos, dejando como muestrario de desastres naturales y bélicos, hambrunas y demás flagelos (vergonzantes en pleno siglo XXI) al continente africano en general (según la ONU más de la mitad del total de las personas extremadamente pobres viven en cinco países africanos: República Centroafricana, Burundi, Republica Democratica del Congo, Liberia y Níger), con pocas y también muy occidentalizadas excepciones. En realidad el mundo está reventando por las costuras, agobiado por la corrupción generalizada, los nacionalismos violentos, las religiones fanatizadas, una economía inestable y sujeta al principio del caos y una Naturaleza planetaria que comienza a dar síntomas de estar a punto de soltar el lastre humano que le impide desarrollarse en paz, usando todas sus armas, sequías, inundaciones, huracanes, volcanes, contaminación y un amplio abanico de enfermedades inducidas probablemente  por el estilo de vida, por el abuso de uso de la tecnología o por las simples estulticia, codicia y maldad humanas. Y no es un problema de recursos que todavía más de 800 millones de personas mueran de hambre, sino de mala distribución de la riqueza: la Tierra produce con las nuevas tecnologías comida suficiente para todos los habitantes del planeta y aún más.

Por eso la lectura de un libro  como el de Steven Pinker resulta ser una especie de "baño de purificación moral" que podría tener algún efecto relevante si uno, al salir del baño, se encontrara en la vida cotidiana con algunas pruebas contundentes de que el mundo está cambiando para bien. La intención de aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es bienintencionada pero utópica: basta con ver qué poco razonables y compasivos son, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre el papel de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesta, de mala o manipulada información. Pero esto es. justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquéllos nobles y honorables valores siguen funcionando.

 Y así Pinker hace un honorable esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a la salida de su autoculpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambienta, paz, seguridad urbano y personal, neutralización del terrorismo, igualdad de derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y un derecho a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo.

 Pero en sus últimos capítulos Pinker insiste: el progreso no es una utopía y disponemos de un margen para continuar progresando en el respeto de los principios de la Ilustración. Presenta  más de sesenta gráficos estadísticos que reflejan que el mundo se está convirtiendo en un lugar mejor (quizá por eso Pinker reclama un uso correcto y fidedigno de los datos que se publican). Y nos repite la frase del poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  

A pesar de todas las sospechas de excesos de optimismo, uno recomienda la lectura de este libro obstinadamente realista a pesar de todo. Estructurado en tres partes: la primera mostrando cuáles eran las ideas de la Ilustración, la segunda demostrando estadísticamente que funcionan ya y la tercera afrontando los grandes enemigos que estas ideas siguen existiendo y operando en el mundo de hoy, los populistas, los fundamentalistas y ciertos "factores de la cultura intelectual dominante": los defensores del paradigma apocalíptico, autoritaristas, tribalistas y fanáticos del pensamiento mágico (persuasión masiva de tipo emocional y patriotero, las movilizaciones populares con eslóganes venenosos y los memes virales que son difundidos y aceptados acríticamente por mayorías desmotivadas y líderes políticos descerebrados pero persuasivos dispensadores de la "banalidad del mal". 

Por tanto, vale la pena dedicar un tiempo, largo, son más de 700 páginas, a leer y razonar lo que se nos cuenta en este libro interesante y estimulante.

FICHA

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- Trad. Pablo Hermida Lazcano.- Ed. Paidós.- 763 págs. 32 euros.- ISBN 9788449334627

 

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22 abril 2019 1 22 /04 /abril /2019 11:09

Escribe María Zambrano sobre Ortega en su "España, sueño y realidad": "la claridad es la primera de las cualidades del pensamiento orteguiano; se es claro cuando se está en claro consigo mismo; la claridad es producto de la coherencia de la vida" Esa correspondencia, esa interacción esencial entre el pensar y el vivir es el secreto de una suerte de bienestar personal que a veces se aquilata en cierto tipo de sabiduría y en una ataraxia estoica. Cuando no existe   esa concordancia se produce una situación peculiar (que podemos reconocer en la política española, huérfana de  pensamientos originales y vigorosos, pero no de supuestos "ideólogos"): "hay una claridad de ideas, pero una via insolidaria transcurre bajo la luz; la evidencia encubre muchas veces un oscuro lago en el que la vida se remansa y llega a estancarse por haber sido abandonada".. Es justamente ese estancamiento el que atenaza la vida pública española. Porque el político al uso no piensa, trata de amoldar la vida al programa de su partido y está condenado a que la vida, ese caudal incesante que nunca se detiene, lo rebase por todos lados, una vez lleno el recipiente del programa de una agua muerta que no tarda en pudrirse.

El pensador, el filósofo, sabe intuitivamente que sólo la coherencia entre su vida y su pensamiento, permite su desarrollo como sujeto del ser, ese caminar pausado y riguroso acicatado por la necesidad de la excelencia: la vía clásica hacia lo correcto, lo bueno, lo justo y lo bello, metonimias de lo verdadero.Pero el político no es filósofo, es un hombre del tener no del ser y es bien sabido, desde Gabriel Marcel, que el tener es "aquello en lo que se pierde el ser". Uno es consciente de que muchas veces la lógica de lo posible rige los asuntos públicos. Pero ante los vicios y delitos de aquéllos que deberían estar al servicio del ciudadano que los vota y no esclavo de sus propios intereses, a menudo el filósofo se deja ganar por el pesimismo y el relativismo de un Cioran y acaba gritando a los cuatro vientos: ¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!: que los políticos sean éticamente coherentes, tanto en su vida pública como en su vida personal y dejen de seguir el axioma fariseico de "los vicios privados y las públicas virtudes".- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 abril 2019 5 19 /04 /abril /2019 09:04

En Hamlet, acto III, el príncipe de la cavilación y las dudas se enfrenta a dos condiscípulos que, aparentando amistad, están a sueldo del padrastro de Hamlet, el rey fratricida de Dinamarca. Intentan sonsacar a Hamlet y este les ofrece una flauta como única respuesta y les ruega que la toquen para él. Guildenstern y Rosencrantz, los dos traidores, le contestan que no saben tocarla. Hamlet les responde : "Pues ved ahora qué indigna criatura hacéis de mí. Queréis tañerme; tratáis de aparentar que conocéis mis registros; intentáis arrancarme lo más íntimo de mis secretos; pretendéis sondarme, haciendo que emita desde la nota más grave hasta la más aguda de mi diapasón; y habiendo tanta abundancia de música y tan excelente voz en este pequeño órgano, vosotros no podéis hacerlo hablar. ¿Pensáis que soy más fácil de pulsar que una flauta? ...por mucho que me trasteéis os aseguro que no conseguiréis sacar de mí sonido alguno." Es tiempo de elecciones y se me antoja que esta es una buena metáfora de la situación de nuestro país, atribulado por la "cuestión catalana". Guildenstern y Rosencrantz, los dos corruptos e ineficaces "amigos" del príncipe, representan a dos grupos enfrentados de políticos españoles (y catalanes), entre los que hay excepciones éticas individuales, por supuesto, y Hamlet simboliza esa mayoría de ciudadanos españoles (y catalanes) que están hartos de luchas fratricidas y piden sentido común y honestidad. A esa clase política empeñada en que España (Hamlet) se rinda a sus maquinaciones, despropósitos y agresividad "patriótica" deberíamos responderle que, siendo incapaces de tocar una simple flauta (llevar por un camino lógico y razonable los asuntos de Estado) por lo que, por cierto, reciben cuantiosos sueldos de por vida, deberían renunciar a su labor de manipular y actuar en su ficción patriotera contra el más preciado bien de una nación: la paz y el progreso. "Hamlet" por su parte, tendría que dejar a un lado su absentismo de acción directa y sus dudas, levantarse en bloque, todo el país, para exigir que se detenga esta marcha (de mala) política, absurda e ignorante, hacia el desastre.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 abril 2019 3 17 /04 /abril /2019 17:52

Los fisioterapeutas, traumatólogos y entrenadores deportivos anglosajones comparten un adagio que suelen soltar a sus pupilos, pacientes y alumnos: "Use it or lose it", es decir, "Úsalo o lo perderás". Se refieren a músculos y habilidades, entrenamientos y operativos físicos desde la gimnasia, al ballet, el tenis o el rugby, aunque sirve también para el ajedrez, las habilidades de juego, el alpinismo o las manualidades. Ejercitar sin descanso, trabajar posturas, gestos, saltos, contorsiones, levantamiento de pesos o encaje de bolillos. Todo necesita práctica permanente si quieres llegar a dominar la acción y conseguir un objetivo en el que está involucrado el uso de tu cuerpo, tus músculos...o tu mente, tu cerebro, tus neuronas. El no uso acaba condenando esa acción o habilidad determinada: los músculos desaparecen, la elasticidad se vuelve anquilosamiento, el cerebro y la mente se deterioran.

Hasta hace menos de veinte años se creía que el ser humano nacía con un conjunto fijo y limitado de neuronas en el cerebro que el envejecimiento iba aniquilando, sin posibilidad alguna de reposición, principio al que los neurólogos llamaban NNN, es decir "Nuevas Neuronas No". Pero al final se pudo demostrar que la proliferación neuronal duraba toda la vida en la neocorteza y otras partes del cerebro como el hipocampo, responsable de la formación de nuevos recuerdos. Aparte de esto  el fenómeno de plasticidad del cerebro también descubierto en la segunda mitad del siglo XX, demostraba que dada un área cerebral afectada por enfermedad o trauma, con el tiempo áreas limítrofes con la afectada iban tomando parte o el todo de la función perdida. Con lo que se sabe que el cerebro tiene la facultad de regenerarse y de rejuvenecer. Pero la clave para que esa posibilidad se realice es, precisamente, no dejar nunca de enriquecer la demanda cognitiva: desde aprender idiomas a jugar al ajedrez, practicar música o dibujo, explorar fisicamente nuevas posibilidades; no sólo resolver crucigramas sentados en nuestro sillón favorito sino orientarnos en un bosque, en la montaña o en unos barrios o una ciudad desconocida, practicar ballet o artes marciales o bailes de salón. Todo tipo de actividad mental es bienvenida por  parte del cerebro que, otro descubrimiento reciente, no deja de ser moldeado por el entorno de una forma constante. Por tanto no le tenga miedo a los cambios. Hay que decir "sí" a todas las evoluciones técnicas e involucrarse con decisión. Nuestro cerebro lo agradecerá y la gama de sus recursos en la vida cotidiana, también.

Como dice el neurocientífico Elkhonon Goldberg en su estimulante libro "La paradoja de la sabiduría": "Los efectos de una estimulación cognitiva vigorosa parecen compensar y anular los efectos perjudiciales del envejecimiento, quizá en un grado notable". Pongámonos a ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 19:09

Excelente libro del profesor madrileño David Hernández de la Fuente, una monografía que se suma a los cientos que se han publicado sobre el dios griego amigo de los hombres, Dioniso, el dios de la alegría y el vino pero también de la locura salvaje de las ménades y los extravíos de la pasión, el dios de los "misterios", el que conoce y ampara los caminos que llevan al "despertar del alma"(virtud que comparte con los de Démeter, Eleusis o Perséfone), inspirador del teatro y la máscara. La abundancia de textos relativos a lo dionisíaco y de grandes autores que lo han estudiado y analizado hasta la saciedad, no resta mérito alguno a este estudio que nos presenta Ariel en su elegante y excelente forma acostumbrada. Casi cien páginas de referencias, notas y bibliografía hablan a las claras de la competencia, el rigor y la seriedad académica del trabajo de este joven autor que aún no llega al medio siglo y ya posee una envidiable hoja de ruta en publicaciones.

El papel de Dioniso y Ariadna en el proceso del despertar del alma lo aclara el autor en este párrafo de la página 197: "La metáfora de Ariadna como el camino  del alma es demasiado tentadora en elplano religioso y filosófico y es posible rastrear las fuentes planteadas, desde antes del siglo IV a.C., matices salvíficos en la pareja formada por Dioniso y Ariadna, que configura su leyenda como el mito por excelencia de la salvación del alma en la antigua Grecia y en su posteridad".

Aquí se trata la figura del dios"dos veces nacido", el mito y el símbolo literario y poético en consonancia y relación con la figura de Ariadna, la joven abandonada dormida por Teseo y "despertada" en Naxos por Dioniso que se casa con ella (aunque luego caería en los infiernos y sería rescatada y llevada al Elíseo por el dios), la traidora de su patria que por amor causó la muerte del Minotauro y el desvelamiento del misterio del Laberinto.

Dioniso está implícito en la divinidad platónica y epicúrea, en la figura cristiana de Jesús (es notable la capacidad de los antiguos cristianos para asimilar e integrar los símbolos religiosos y espirituales del mundo greco latino u oriental) y luego caería en el silencio y la oscuridad de los siglos medievales bajo el control feroz de la Iglesia, para renacer  a partir del siglo XVIII,  con Hölderlin, Nietzsche y otros. O resurgiendo literariamente junto a Ariadna,  en obras de Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sender, Borges, Azpeitia y Espriu, ciñéndonos al mundo hispano.

Precisamente nuestro autor se basa en la figura de Ariadna para diseñar su ensayo y llama a las seis partes en las que divide el tratado en "despertares". Así comienza con el análisis del mito dionisíaco utilizando icónicamente el cuadro de Tiziano que refleja el encuentro de Dionisos con Aridna en Naxos. En el segundo será el tema de la Edad de Oro, la evocación utópica de Platón. La ópera de Monteverdi sobre Ariadna será el hilo conductor del tercero que se centrará en el mito de la joven y su curso de muerte y resurrección. El cuarto nos habla de la cristianización del dios, a partir de un poema de Holderlin. La recepción del mito en la modernidad y el hilo de Ariadna de Espriu, sirven de estímulo al análisis de lo dionisíaco hoy y de la figura de la mujer bajo esa influencia en los años sesenta del pasado siglo, seá el quinto "despertar". Por último, Strauss y su "Ariadne auf Naxos" permite a De la Fuente "presentar un panorama de las interpretaciones de Dioniso que lo han convertdio en pieza esencial en la historia del pensamiento, especialmente desde el fin de siglo XIX cuando con Nietzche, Harrison, Evans y otros se cambia la noción de la antigua religión griega" (pág 23).

Fue precisamente Nietzsche el que en  1872 con su "Nacimiento de la tragedia" causaría el interés de estudiosos como Frazer, Otto, Burket y Vernant sobre el hombre dionisíaco como réplica al apolíneo del pensador alemán. A partir de ahí nuestro autor rastrea a través del análisis de los signos, mitos, símbolos, obras de arte, la presencia de de pareja divina que se refleja en Cristo-Virgen María y la huella que ambos han dejado en la poesía y la filosofía alemana del siglo XIX.

Un libro pues que interesará a todos los que sientan curiosidad por rastrear la influencia de los mitos y símbolos de la antigüedad griega en la cultura actual, manteniendo una vigencia "subterránea" permanente en las costumbres, motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas, tal como diría Jung, pues en el fondo somos los mismos y eso es la ventaja evolutiva de la especie. Y es que nuestra vida se sigue sustentando en la influencia inconsciente del dios del hedonismo, la sexualidad y la confusión, de la búsqueda de lo espiritual como camino de mejora personal y de excelencia en el caos de la nueva sociedad tecnológica e individualista.

FICHA

EL DESPERTAR DEL ALMA.-Dioniso y Ariadna:mito y misterio.- David Hernández de la Fuente.- Ed Ariel.-453 págs.- 23,90 euros.-ISBN 9788434425835

 

 

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11 abril 2019 4 11 /04 /abril /2019 09:13

El erudito italiano Giovanni Pozzi en su obra “Tacet. Un ensayo sobre el silencio” nos hace una definición del libro digna de recordarse. Escribe: “El libro es la estancia del silencio, el depósito de la memoria, el antídoto para el caos del olvido, lugar donde la palabra yace, pero siempre en vela, dispuesta a acudir silenciosamente al encuentro de quien la solicite. Amigo discretísimo, el libro no es petulante; solo responde cuando se le interroga y no urge a continuar cuando se le pide hacer un alto. Repleto de palabras, calla". En catalán existe una preciosa palabra para designar a los amantes de los libros y la lectura: se les llama “lletraferits”, heridos por las letras, las palabras escritas. El arte de la escritura nació en Egipto y Mesopotamia entre los 4000 y 3500 años AC. La larga historia de los distintos soportes materiales de la escritura, los protolibros, es un apasionante paseo por los inicios de la cultura humana y del amor entre pragmático y poético, entre la técnica y la mística, que los humanos vertieron en el lenguaje escrito incluidos los soportes en papel y electrónico.

A finales del siglo pasado con el advenimiento de las nuevas tecnologías se entonaron cánticos de duelo por el libro de papel impreso entre el alborozo de los conversos a la nueva mística de los bits y las pantallas deslumbrantes. La anunciada muerte del libro que nació a mediados del siglo XIV con la invención de los tipos móviles de imprenta de Gutemberg, o resultado una profecía errónea y precipitada. Tras una crisis inicial que cerró librerías y editoriales, la situación se ha estabilizado en dos sentidos: el libro electrónico se ha mantenido en niveles medios de aceptación y prácticamente “convive” con el impreso que ha repuntado con vitalidad considerable en ediciones y ventas. La crisis aparente ha provocado algo insólito y beneficioso para la cultura: la aparición en Barcelona (rapidamente extendida a diversas capitales del resto del país) de unas librerías de “segunda mano” o de “lance” como se llamaban antes, bajo la franquicia “Re-Read”, que tienen la característica del precio fijo aplicable a todos los libros, sean cuales fueren. Así que por tres euros  el primer ejemplar, a dos cincuenta el segundo y a dos euros si te llevas más de dos, puedes ofrecer nueva vida a libros que antes envejecían en estanterías de bibliotecas privadas, que solían venderse a peso cuando la persona que los adquirió, los leyó y amó, desaparecía del mundo de los vivos sin  herederos o dándose el  caso frecuente de que si los había, éstos consideraban a los libros meros objetos polvorientos sin ninguna utilidad. Detrás de la idea de estas librerías está una familia de editoras y libreras, los Zendrera, que habían capitaneado la nave de la añorada Editorial Juventud . Mercedes (que poseía una librería en Madrid) y sus hermanas Lina y Ana, ambas editoras, son dueñas de media docena de Re-Read en Barcelona y Hospitalet. Debo a esta familia grandes momentos de placer literario y de descubrimiento, ya desde los tiempos de "Juventud" y sus maravillosos libros de viajes y exploraciones hasta el momento actual en el que mis incursiones a sus tiendas me proveen de clásicos en ediciones magníficas (Aguilar, Plaza Janés, Carroggio) que suelen estar descatalogados o tienen precios elevados en otras librerías.

Formo parte de esa legión decreciente para quienes los libros representan algo mucho más trascendente que sus valores de utilidad, herramienta, símbolo de estatus cultural, profesional o económico. Lejos de cualquier tipo de soberbia clasista o de vanidad, los libros son una promesa palpitante de placer, emociones y sentimientos evocados; renuevan y jamás sacian el impulso hacia el conocimiento; me atraen sus portadas, encuadernación, calidad del papel, olor (penetrante y acogedor cuando es nuevo, venerable, desvaído y  a veces sorprendente cuando es viejo) y tacto, su perfecto acople vertical en las baldas y estanterías  de mi biblioteca; añoro cuando estoy lejos el ambiente sereno, cálido y prometedor de casi todas las bibliotecas, privadas o públicas; me intrigan las promesas de placer implícitas en las hileras hieráticas de libros, disponibles con el solo gesto de sacarlos de su reposo, rebosantes de vida cuando los abres y hojeas; experiencias inusitadas, aventuras, ideas deslumbrantes, razonamientos y sugestiones que pueden cambiar el curso de tu vida: la sensación vibrante de que en uno cualquiera de esos volúmenes está la inspiración, el momento feliz, la nostalgia o la risa, la compasión o la rabia, el reencuentro contigo mismo o el respeto a un otro necesario porque los libros te enseñan que eres por encima de tus soledades, un animal social. En resumen,  ¿hay algo en el mundo que de más por tan poco?   ALBERTO DÍAZ RUEDA

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8 abril 2019 1 08 /04 /abril /2019 09:37

El filósofo norteamericano de la era hippy, Alan Watts,  lo tenía muy proféticamente claro y así nos lo dice: la seguridad es una ilusión, una sombra, un equívoco. En un segundo nos puede cambiar la vida, parcial o totalmente. En un segundo ocurre algo que nos saca literalmente de nuestro mundo ficticio de cómodas seguridades. ¿Hay solución a ésto?  Lo mejor es seguir la máxima clásica: "relájate y goza del momento". Cuanto más te resistas más te va a doler. Eso además de una norma sanitaria, es psicológica y neurológica. Acepta la inseguridad como un elemento más de la existencia y vívela sin angustiarte,: habrá cambios, pero ¿quién dice que será para peor? ¿Quién puede asegurarlo? Cuando tienes unos añitos te acostumbras a relativizar las cosas que ocurren. Muchos eventos que parecen de entrada nefastos, a la larga muestran un rostro creativo y positivo y fueron el comienzo de algo nuevo y bueno. "Ver que no es razonable preocuparse no evita la preocupación; antes bien, uno se preocupa más al constatar que no es razonable" Por tanto, Watts y Spinoza coinciden: "Abre los  ojos, experimenta que eres parte de lo que existe, esa acción tan sencilla te transformará ya que muestra a través de la comprensión y la vida que muchos de nuestros problemas más desconcertantes son pura ilusión". El temor, el dolor, el pesar y el hastío seguirán siendo problemas si no los comprendemos, pero comprenderlos requiere una mente única y no dividida. Tu y la experiencia que vives sois la misma cosa. No estáis divididos..

Le seguridad es el apego al pasado, ya lo sabemos. A lo conocido. Es un condicionamiento que te cierra puertas y ventanas y te estrecha la vida, cuando no te la amarga. No puedes vivir apegándote al pasado, reflexiona. Las soluciones y remedios de antaño no suelen ser eficaces hogaño. En el mundo en que vivimos, nos diría Watts si aún viviera, la evolución viaja en jet y los  humanos seguimos avanzando a pie. Hemos de acostumbrarnos a lo nuevo, lo desconocido, lo inesperado que suele ser incierto por definición. Para ello hay que abrir nuevos caminos y amoldarse a los cambios (o ser arrasados por ellos). Las nuevas generaciones amarían a Watts. Ellos, ustedes, saben de qué hablo: un mundo en el que el cambio es un motor programado para buscar la excelencia. Aunque, realmente, nadie sabe adónde vamos a parar, en qué dirección nos movemos. Y como dice el chiste: ¿Habrá taxi para volver? Quizá al final de nuestro camino descubramos algo que sabíamos desde el primer paso: la sabiduría de vivir consiste en aceptar la inseguridad como algo inevitable y amoldarnos a ella.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 abril 2019 5 05 /04 /abril /2019 09:32

"El deseo es la esencia del hombre". Eso escribió Spinoza. Y con ello no logró gran cosa, porque en el siglo XVII, un judío rechazado por su Comunidad, perseguido y anatematizado, en una sociedad cristiana fanatizada, no podía tener ninguna relevancia. Cuatro siglos más tarde, Spinoza es una de las grandes figuras emblemáticas de la Filosofía de todos los tiempos. Y sus trabajos sobre las pasiones y emociones, sobre la felicidad del ser humano y sobre la trascendencia del cambio preciso para una vida mejor y auténtica, forman parte de núcleo duro de la excelencia a la que debería aspirar el género humano. Spinoza llamaba "conatus" a ese esfuerzo que hacemos para perseverar y crecer dentro de nuestro propio ser. El deseo es el motor, ya que sin deseo se apaga la llama de la vida. Hemos crecido bajo doctrinas e ideas que penalizaban el deseo como algo impuro, una carencia (según Platón), un afecto indiferente (según los estoicos) un pecado (según el ascetismo cristiano). Por cierto, ¿saben que en hebreo la palabra pecado significa "rumbo equivocado" y por tanto corregible? Así lo entendía Jesús... pero el cristianismo lo convierte en algo culpabilizador, condenable.

Spinoza entiende el deseo como algo que no es peligroso en sí mismo, sino  necesario para la vida. Pero hay que orientarlo y conducirlo hacia lo que nos puede alimentar la existencia y evitar que se convierta en pasiones inalcanzables. Suprimir o limitar el deseo en nombre de un ideal perfecto de persona, en una moral sobrehumana del deber, conduce a la tristeza. Hay que dirigir el deseo, orientarlo mediante la razón y la comprensión hacia personas o cosas que hagan crecer nuestra potencia, nos enriquezcan, nos llenen de alegría de vivir. Spinoza nos recuerda que la mayor parte de las grandes corrientes filosóficas de la antigüedad (Aristóteles, Epicuro, Pirrón, Séneca) advierten que hay que guiar al deseo mediante la razón y la voluntad, ya que estas dos por sí solas no pueden hacernos cambiar, necesitan necesariamente al deseo. Y nos dice, "un sentimiento solo puede ser contrariado o suprimido por otro sentimiento más fuerte". Y como diría un psicoanalista actual, Spinoza (nacido en 1632 y fallecido con 44 años), nos advierte que el odio, el amor contrariado, los temores no los hace desaparecer la razón o la lógica, sino la búsqueda a través de esas dos funciones mentales de una satisfacción personal, una amistad entrañable, un objetivo noble, una distracción intensa, un sentimiento más fuerte en suma que el que nos hacía daño; un afecto positivo que nos libere de la dependencia negativa.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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