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1 diciembre 2023 5 01 /12 /diciembre /2023 12:19

LAS BIBLIOTECAS QUE  SUEÑAN LOS LECTORES

RECORRIDO LIBRESCO POR BIBLIOTECAS IMAGINARIAS, LIBROS PERDIDOS O PROHIBIDOS, BIBLIÓFILOS, BIBLIÓPATAS, INCENDIARIOS, COLECCIONISTAS, LADRONES Y LECTORES CONSUMADOS

COMPROMISO Y CULTURA ,diciembre 2023

 

 

En “El Quijote” de Cervantes, una de las fuentes de sabiduría popular  y literaria del castellano, se lee sobre el protagonista don Alonso Quijano, no más empezar: “Se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”.  Lo cierto es que este modesto comentarista, en algunos momentos pensó que no había que desdeñar lo que al Caballero de la Triste Figura le acaeció, por el mucho frecuentar los libros. Pero después de leer –apasionadamente- “El gabinete mágico” o “Libro de las bibliotecas imaginarias” (Editorial Siruela), uno piensa que su autor, Emilio Pascual,  a tenor del extenso, detallado y erudito contenido de su libro,  parece estar muy sano de mente y cerebro tras haber dedicado, como es lógico, cientos y cientos de horas a leer, si no todas, gran parte de las minuciosamente investigadas bibliotecas imaginarias que pueblan algunos libros de todas las épocas. Si Emilio P. ha llegado sano y salvo a la cima de tal obra, yo no debería tener el temor de que, tras el mucho leer cotidiano, aunque en tiempo no llego a emular a Pascual, me dé por salir a las calles de este mundo de hoy para desafiar en singular combate a los gigantes de la IA, es decir contra los molinos de viento de la incultura digital. Y, por tanto, defender la necesidad de leer libros, como si a esta afición la llamáramos Dulcinea.

Una vez hecha la salvedad, pasemos a esta joya de libro (y a otros que están dispuestos para ser presentados) con el que la diversión, el encanto y la sorpresa bibliófila está asegurada. El “pollo” libresco  tiene 565 páginas, unas 76 entradas a las más pintorescas, extrañas, misteriosas y arrebatadoras bibliotecas,  citadas a través de un número igual o parecido de autores examinados. Se completa con notas, preludios y codas, una bibliografía  de 20 páginas, un  apéndice dedicado al ‘elogio a la biblioteca escolar’ y un índice onomástico de más de 50 páginas. Como dijo nuestro clásico predilecto: “Voto a Dios que me espanta tanta grandeza y que diera un doblón por describilla”.

Empieza el autor diciéndonos modestamente que este libro “sólo pretende ser una breve biblioteca de bibliotecas”. Ahí es nada, don Emilio. Quizá por eso nos recuerda la frase de Víctor Hugo que aseguraba que una biblioteca es un acto de fe. Y más adelante, en un gesto de humildad, el autor escribe que se “ha limitado” a registrar  sólo las bibliotecas y libros que le parecen de “felice recordación” por su rareza, su capricho, su simpatía o su obviedad. Por lo tanto, justo es que comience por informarnos de la Biblioteca de Alejandría y de los bulos, falacias y realidades históricas que la han convertido en el símbolo de todas, las bibliotecas que han existido, las que existen y las que serán.

No hay acuerdo entre los especialistas sobre el número de ejemplares que atesoró. Los libros como los conocemos hoy no existían. Eran pergaminos enrollados con rodillos de madera en cada extremo para facilitar la lectura. La cantidad de rollos que pudo tener Alejandría en sus estanterías oscila  entre los 54.800 de Epifanio y los setecientos mil de Aulo Gelio. Seguramente deberíamos entender que la Biblioteca de Alejandría está en todas partes donde se halle un libro. Fue incendiada dos veces, una durante las Guerras Alejandrinas de César (48 a.C.) y otra por los sarracenos en 640 dC).  Se convirtió, desde su fin en cenizas humeantes, en una metáfora del deseo de leer, de saber, de conocer.

El libro de Emilio Pascual es eso, una metáfora de lecturas entrelazadas: la de los autores que cita, los libros a los que se refiere, es decir el argumento libresco, el erudito y a menudo jocoso  comentario de don Emilio y el que hace el lector de sus textos, gozando de ello, sorprendiéndose y terminando por transitar por los rincones del libro como Pedro por su casa. Y a estas cuatro lecturas hay que añadir la de las notas, apéndice, elogio, y (sobre todo) índice onomástico  que, en conjunto, seducen al lector más arisco y menos amigo de erudiciones.

El paseo por esas setenta y pico bibliotecas históricas y  literarias,  fabulosas, ignoradas o misteriosas, requiere tiempo, algún esfuerzo y mucha imaginación: de tal potaje sale un ungüento que obra al revés que el de Fierabrás: calienta el estómago de placer, airea el cerebro y estimula la fantasía y el prurito picantuelo y vigorizante del ansia de lectura.

La nómina de citados es prodigiosa, Cervantes, Rabelais, Flaubert, Borges, Conan Doyle, Baroja, Defoe, Verne, Rousseau, Umberto Eco, Vázquez Montalbán, Conrad, Andrea Camilleri,  Pérez Galdós, Wilkie Collins, Evelyn Waugh, Roald Dahl, Pirandello, Dostoievski, Dickens, Voltaire, Sartre, Agatha Christie, Gógol, Fielding, Bellow, Bassani, Musil,  Sterne, Canetti, Dumas, Ondaatje, Twain y Ruiz Zafon, entre otros. En el bien entendido que no hablamos de las bibliotecas de esos escritores, sino de las de algunos de los personajes de sus novelas. De ahí el subtítulo del libro: “de las bibliotecas imaginarias”.

El viaje ha sido apasionante, desde las míticas, Alejandría o la Babel de Borges, hasta las nacidas de las mentes de algunos autores paradigmáticos para todo amante de la literatura, como la  de fray Guillermo de Baskerville  y su alter ego, Humberto Eco, la de don Quijote, el gran Pepe Carvalho, cocinero y amigo de quemar libros, las de el Gulliver de Swift o el Robinson de Defoe, la de la Kakania en Musil, la de Zafon y sus libros olvidados, la de Tom Sawyer y Huck Finn, de Twain, la de la Villa San Girolamo en “El paciente inglés” de Ondaatje…o las de algunos de los personajes de Baroja, Galdós, Unamuno o Eduardo Mendoza. En fin una gozada de lectura para “lletraferits”.

Como servicio añadido al lector de CyC, he buscado en mi propia biblioteca personal unos libros que tienen como temática común, las bibliotecas, el amor a los libros, la lectura y sus avatares y todo ese mundo lleno de encanto que relaciona estos ingredientes entre sí. Depósitos de papel y cartón donde se atesora la imaginación, ternura, audacia, picaresca y conocimientos sutiles de ese milagro de la cultura humana. La escritura como soporte de la invención y la belleza –sublime, tierna, patética  o tenebrosa- de las emociones, la inteligencia y los sentimientos de hombres y mujeres que han ennoblecido nuestra historia común, desde Shakespeare a Kafka, desde Homero a Rabelais o desde Swift a Melville, incluyendo a Sherlock Holmes o a Hércules Poirot y el inspector Maigret,  para nuestras horas más divertidas.

Hay una serie de novelas, publicadas todas por la editorial Periférica, con su característica encuadernación granate, que tampoco deberían faltar en su biblioteca persona, lector. La librería encantada, de Christopher Morley, continuación de La librería ambulante, donde se nos narran las aventuras de la pareja  Roger y Helen Mifflin, con su perro Bock, libreros de lance que llevan su librería por los caminos del mundo rural del este norteamericano y que venden sus libros siguiendo esta filosofía: “Cuando le vendes un libro a alguien no solo le estas vendiendo papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor, y barcos que navegan en la noche. En un libro de verdad cabe todo, el cielo y la tierra y debe haber un corazón latiendo en su interior. Una historia que es solo cerebro no vale demasiado.” Más tarde abrirán una librería en Brooklyn de libros de segunda mano que se llamará “El Parnaso en casa”.

Del mismo tipo y editorial son Los amores de un bibliómano, de Eugene Field, El bibliótafo de Leon H. Vincent, una desternillante historia sobre los “enterradores de libros” . Y como regalo, una joyita para los amantes de grandes escritores (treinta de ellos) en su casi desconocida faceta de los que fueron también bibliotecarios, El escritor en su paraíso de Ángel Esteban.

En la editorial Podium-Zeus, en un volumen difícil pero no imposible de encontrar, tenemos cuatro libros indispensables para los fanáticos de la lectura; El Filobiblion, nombre que se da en griego a los amantes de los libros, del obispo Ricart de Bury (siglo XIV), La batalla entre libros antiguos y modernos”  de Jonathan Swift (el autor del Gulliver), Los principios de la bibliografía metódica de Theodor Besterman, bibliófilo del siglo XVIII y el bastante olvidado Viaje del Parnaso de nuestro don Miguel de Cervantes, un esbozo crítico de los poetas de su tiempo y una alabanza a la dura vocación de escribir y la fortuna de leer. En este volumen se leerán loas a los libros y la lectura como ésta: En el libro, recibe el que pide; halla el que busca; y se abren prontamente las puertas a los que llaman. Sois maestros que enseñan sin varas o castigos, sin gritos ni cólera, sin uniforme ni moneda, nunca esquivan la respuesta a tus preguntas, siempre a tu disposición, si yerras no protestan, si te equivocas no se burlan. Otorgáis la libertad a todos los que os buscan con diligencia…”

Pero un apartado que no hemos de olvidar es el de los que odian, desprecian y destruyen libros, que es una manera perversa y también patológica de sentirse “interesado” en ellos. Los enemigos de los libros de William Blades (Edit. Fórcola), subtitulado Contra la biblioclastia, la ignorancia y otras bibliopatías, con un excelente prólogo de Andrés Trapiello. Blades fue un impresor, ensayista y bibliómano británico del siglo XIX que se dedicó a combatir e identificar a los enemigos de los libros: el fuego; el agua; el gas y el calor; el polvo y el abandono; la ignorancia y el fanatismo; las polillas; los ratones y las lombrices devoradoras de papel (hacedoras de túneles perfectos que atraviesan los libros en diagonal); los bibliófilos, mercaderes de libros y coleccionistas sin escrúpulos; los ladrones de portadas o capítulos; los niños pequeños sin control y los perros y gatos juguetones; los tarados mentales que los consideran producto del diablo por razones “religiosas” o “ideológicas” y los encuadernadores sin tino que aplican la cuchilla o la goma arábiga donde no ha de hacerse.

En el libro de Blades se repasan minuciosamente los ejemplos de destrucción de libros por los medios más importantes sugeridos en la lista anterior. En el siglo XV, por ejemplo, Mohammed II tras la conquista de Constantinopla ordenó a sus huestes que  arrojaran al mar los 120.000 manuscritos que formaban la biblioteca del vencido emperador Constantino.

Cuando escribe sobre los efectos del medio ambiente de las bibliotecas –calor, frío, polvo, humedad-  en los libros, Blades apunta: “La forma más segura de mantener la buena salud de los libros es tratarlos como a los propios hijos. Estos enfermarían si estuvieran confinados en una atmosfera demasiado caliente o fría, o húmeda o seca. Pues los libros, igual.”

Otro de los libros más fascinantes que he leído sobre nuestro tema es Libros malditos, malditos libros” de Juan Carlos Díez Jayo, (Ed.Piel de Zapa), que recomiendo encarecidamente, como  ejemplo de originalidad, humor, erudición imaginativa y una ironía a tamaño “bilbáino”, -vasco es nuestro autor,- que dice “Todo lo que aquí leerás es verdad…te hablaré de volúmenes malvados que no debieron escribirse y otros que nunca existieron …de cosas con forma de libro, pero que no lo son…y de algún texto magníficamente pésimo que ha alcanzado la posteridad”. Y añade: “hay libros que no merecerían existir… te presentaré los monstruos de la especie, sin faltar a la verdad…hay libros que han cambiado la vida de sus lectores…otros han dirigido naciones…porque no todo puede sentirse: por eso hay libros”.

En la misma línea reivindicativa de los libros y su larga lucha contra la ignorancia y el fanatismo, el alemán Werner Fuld ha escrito su “Breve historia de los libros prohibidos” (Edit. RBA), donde no sólo se nos habla de la cadena de opresión, de obras destruidas y autores asesinados, también nos deleita con algunas de las victorias de la palabra sobre el poder político o económico. En esencia la historia de las prohibiciones de libros es también la historia de la supervivencia de la memoria humana almacenada en los libros. Como decía Borges “Basta que un libro sea posible para que exista”.

Otro alemán,  Alexander Pechmann en “La biblioteca de los libros perdidos” (edit. Edhasa) nos reseña los libros que nunca han existido en una biblioteca imaginaria. Buena dosis de imaginación la de este escritor que nos habla de las supuestas obras de Hemingway, Mann, Flaubert, Cooper, Byron, Kafka, Pushkin, Melville o Safo que las circunstancias, el descuido, un accidente o una borrachera, impidieron su materialización en un volumen.

Y para terminar, casi como un eco del libro reseñado en el párrafo de encima, “Historia de los libros perdidos”, (Edit. Pasado&Presente), del italiano Giorgio Van Straten,  que nos habla de la apasionante historia y anécdotas de libros inexistentes pero que podían haber sido. Como los del contenido de la célebre “maleta negra” de Walter Benjamin que se suicidó en la frontera española en Portbou por temor a que la policía franquista  le entregara a los nazis. Son ocho los libros imposibles de los que nos habla amenamente Van Straten: uno del escritor italiano Romani Bilenchi, cuyo manuscrito leyó Van Straten antes de que fuera quemado por la viuda del escritor. Sigue con la patética historia de la destrucción del manuscrito de “Las memorias” de Byron; la pérdida de una novela de Hemingway que guardaba su primera esposa (que aseguró que la tenía en una maleta que le robaron durante un viaje); “El Mesías” del polaco judío Bruno Schulz, desaparecido y asesinado durante ocupación nazi.  El siguiente, es el ruso Nicolai Gogol  cuya obra “Almas muertas” aún existente, no es más que la primera parte de otra obra mucho más larga que el perfeccionismo enfermizo del autor destruyó. El gran Malcom Lowry (“Bajo el volcán”) un alcohólico impenitente se pasó unos años de su corta vida hablando de una gran novela  de más de mil páginas, “In ballast to the White Sea” que se quemó junto a la cabaña canadiense donde vivía el escritor borrachín. Y para terminar, la poetisa Sylvia Platt, que se suicida metiendo la cabeza en el horno de gas con la cocina precintada. Su obra es administrada por su ex marido y albacea Ted Hugues y en unos años se publican textos de la poetisa y muchos más son destruidos “por razones familiares” (la poetisa dejó dos hijos) o por pérdidas y accidentes.

Y aquí, con esta nota triste, dejamos el amplio recorrido por el mundo del libro. Que ustedes sigan leyendo más y mejor. En los tiempos que corren es casi una obligación…para que sobrevivan los libros.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 enero 2023 1 02 /01 /enero /2023 15:21

Este artículo se ha publicado en la revista "Compromiso y Cultura" de 1 de enero de 2023

Vamos a empezar este año azaroso y mal encauzado en muchos –demasiados- aspectos, con un canto enamorado a la lectura y a los libros, como un guiño a los dioses caprichosos que rigen el destino de los pueblos y el azar de los acontecimientos. Mantengo con tesón la idea de que no hay mal que no alivie una hora de lectura intensa o, por lo menos, que endulce un poco la amargura de ciertas situaciones personales o públicas o que destense y distraiga a la mente del agobio de las crisis concatenadas que nos afligen – guerra en Europa, cambio climático, economía, resurgencias epidémicas, violencia y agresividad…- en fin, como diría Mafalda, el “principióse” del “acabóse”. No hablo a humo de pajas: soy uno de esos sujetos más o menos memorables (por años, que no por méritos)  o “memoriable”, que ha ido sumando decenios y a través de su dilatada vida ha comprobado personalmente –y en amigos, conocidos y en la casi totalidad de los del gremio de la pluma, el libro y el pensamiento- que el citado aserto sobre la bondad salutífera de la lectura, entre otros efectos “casi mágicos”, es verdadero y comprobable incluso científicamente.  

 Cuando leemos se activan dos rutas cerebrales, la fonético-fonológica y la léxico semántica que se unen en el lóbulo temporal superior de nuestro cerebro y posibilitan el milagro evolucionista de la lectura, decodificando los signos y dándoles un significado y un sentido que les insufla el hipocampo (sede de la memoria) y la amígdala (emociones). Como escribe  Sebastià Serrano en “El regal de la lectura” (Arallibres): “leer es un ritual mediante el cual los textos creados por un autor se convierten en un narrador interno, el lector, en su propia voz dentro del  cerebro”. Y más adelante: “La lectura permite conocer y aprender estrategias cognitivas y emocionales capaces de ayudarnos al auto diseño de la propia personalidad y la mejora de muchos de sus aspectos”.

Por tanto este panegírico a la lectura vamos a transformarlo en un ameno e instructivo paseo por los libros y autores que han mostrado en sus textos la convicción común a todos nosotros de que el mundo del libro, las librerías y las bibliotecas no desaparecerán jamás, porque es un invento que cumple una función humana de primerísimo orden, tanto que es una de las que nos hace propiamente humanos: el vehículo de expresión del pensamiento, la belleza, la dignidad y los anhelos de nuestro género, ay, por otro lado, tan censurable y problemático como nos cuenta la historia y vemos cada día.

Ha sido la lectura de “El fantasma de las palabras” de  la encantadora septuagenaria Louise Erdrich (Editorial Siruela), la que me ha ofrecido la imagen nutricia de la idea que subyace en este artículo: la perennidad del libro, de los lectores y de los sueños que los enlazan a ambos a través de las palabras. Y el diálogo de Umberto Eco y Jean Claude Carriére (“Nadie acabará con los libros”, Ed. Lumen) el argumento complejo que anida en el corazón de los amantes de los libros: es uno de los inventos humanos-llave, como la rueda, las tijeras o la cuchara, destinados a sobrevivir por encima de cualquier cambio tecnológico en el mundo histérico, líquido y sin pausas, descansos  o respeto, bajo un ritmo no asimilable, que se nos está imponiendo a causa de la falta de orientación de lo humano. Como a ese personaje central (y fantasmal)  de la novela de Erdrich,  Flora, a la cual la pasión por el libro y la lectura – y algo más, que no les desvelaré- ha rescatado de la muerte y le permite deambular de forma irritante por los pasillos de la librería que visitó muy a menudo en  vida molestando  recalcitrantemente a la librera. A muchos de los personajes y autores de los libros que les voy a recomendar les alimenta esa misma pasión que algunos de ustedes, lectores de estas líneas, conocen bien y, si acaso, empiezan a conocerla, persistan en ella, porque es uno de los “alimentos terrestres” que nutre el alma como si fuera el “soma” de Huxley: la lectura.

Ese es precisamente el encanto que produce la lectura de las novelas que en norteamericano Christopher Morley dedicó a su tema favorito: “La librería ambulante” y “La librería encantada” (Ed. Periférica) situadas en un época ya algo lejana pero cuyo humor y fuera literaria evocativa, les hará pasar un gran rato. Asegurado. En la siguiente época, tras la II Guerra Mundial, Mary Ann Clark Bremer con su “Una biblioteca de verano”  y Petra Hartlieb con “Mi maravillosa librería” (ambas en Ed. Periférica) ambientada en Viena en nuestros días, evocan el poder de atracción que suscitan las librerías y el mundo que ellas contienen, como aglutinador humano.

En otro registro, el francés David Foenkinos escribe “La biblioteca de los libros rechazados”, (Ed. Alfaguara), que es una especie de “thriller” literario sobre un “best seller” con un autor fantasmal, donde el amor a las palabras se mezcla con el amor entre las personas.

Tampoco un clásico como Aldous Huxley se libra de fantasear sobre este mundo dinámico y mágico que rodea a los libros, y así nos deleita con “Si mi biblioteca ardiera esta noche” (Edhasa), que es un conjunto de artículos sobre la lectura. Con un dato sorprendente: años después de publicar este libro, la biblioteca personal de Huxley en Los Angeles se consumió por un incendio fortuito. Para aligerar un poco la lectura, una recomendación amable y divertida: “La pequeña librería de los corazones solitarios” de Annie Darling (Ed. Titania) sobre una lectora compulsiva de novelas de amor que lucha por sacar adelante, en Londres, una pequeña librería muy especial.

En otro orden de cosas, cuestiones  menos amables, como las dificultades familiares de una librera japonesa en “Hôzuki, la librería de Mitsuco” (Nordica libros) de la canadiense de origen japonés Aki Shimazaki. O como las relaciones a través de los libros entre una madre muy enferma y su hijo, de Will Schwalbe, “El club de lectura del final de tu vida”, (Arallibres). O, a propósito de Zweig, una deliciosa narración “La pequeña librería de Stefan Zweig” (Ed. Berenice) de Francisco Uría, que es el arte de convertir un detalle biográfico real, la escala en Vigo del barco que llevaba al escritor alemán al exilio en 1936, en una deliciosa cita imaginativa entre un librero gallego –preocupado por la guerra civil española, recién declarada- y un escritor alemán que temía por su vida, con la sombra homicida de Hitler a sus espaldas. El mismo escritor que más tarde, durante su exilio forzoso (que terminó en suicidio), escribió: “Los libros son mejor compañía que los humanos…son entidades físicas que median entre este mundo y otro superior”. Y, en un texto escrito poco antes de morir, recordaba su gran biblioteca perdida en Alemania: “Ahí estaban mis libros, esperando, en silencio. Mudos, se alinean  en sus estantes a lo largo de la pared…ni te llaman, ni te suplican… esperan a que te muestres receptivo hacia ellos, solo entonces se te abren. Primero tenemos que sentir la paz en nuestro interior: entonces es cuando estamos listos para ellos”. Y por esas incesantes lecturas, Zweig encontraba en su vida cotidiana lo que Aristóteles llamaba “anagnórisis”, “el más enigmático de los deleites estéticos”, cuando “reconocía” lugares, personas, caracteres o situaciones del mundo real que parecían reflejos de su memoria literaria.

Y para terminar, no se pierdan (hablando de las virtudes terapéuticas de la lectura) la novela de Elizabeth Noble, “El grupo de lectura”, (Ed. Roca) donde un grupo de damas casadas, en general con maridos insoportables e hijos incomprensibles, forman un pequeño club de lectoras donde las novelas y los personajes que analizan, acaban constituyendo no sólo una forma de aprendizaje psicológico de resistencia y de mejora, sino una percepción diferente de sus vidas y de sí mismas. Y como broche, el ensayo del zaragozano Ángel Esteban que en “El escritor en su paraíso” (Ed. Periférica) nos cuenta la vivencia, poco conocida, en las biografías de treinta grandes autores que, en algunos periodos de su existencia, fueron bibliotecarios.  Con un delicioso prólogo de Mario Vargas Llosa, Esteban nos cuenta las cuitas libreras de figuras como Georges Bataille, Borges, Lewis Carroll, Richard  Burton, el gran ensayista del siglo XVII, autor de “Anatomía de la Melancolía”,  Casanova, Rubén Darío, Goethe, los hermanos Grimm, Hölderlin, Musil, Onetti, Proust (éste no se estrenó en el oficio) y, por supuesto, el prologuista Vargas Llosa, entre otros.

La diversión está asegurada. Son quince libros que tienen como temática y motivo argumental a los libros, las librerías y las bibliotecas. Por esa razón, me excusan de la habitual lista bibliográfica. Tienen el autor, el título y la editorial, de cada uno de ellos. Si además tienen humor y ganas de pasarlo bien, ya saben. Contribuyan a que no cierren las librerías y las bibliotecas se queden sin socios y se conviertan en lugares fantasmales (para dolor de muchos de nosotros y desamparo y ruina intelectual de nuestros descendientes).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 marzo 2020 3 18 /03 /marzo /2020 19:10

El cubano José Carlos Somoza ha dado una excelente vuelta de tuerca al casi género literario que conforma la legión de escritores que a la sombra de sir Arthur Conan Doyle y su criatura Sherlock Holmes han puesto su granito de arena narrativo al gran monumento rocoso de las novelas basadas en el genial detective y su no menos grande creador.

“Estudio en negro” (guiño al “Estudio en rojo” nombre de la primera novela de Sherlock) es más que un buen “pastiche” literario. Es una novela con derecho propio que combina con sabiduría los personajes históricos reales—el doctor Conan Doyle—con un presunto antecedente real de Holmes, un tal señor X , paciente en una clínica para caballeros adinerados. La narradora es una enfermera de dicha clínica Anne McCarey que se hará cargo de los cuidados del mentalmente perturbado señorX, que al margen de su presunta patología tiene una inteligencia deductiva a la altura de Holmes.

Con esos tres personajes básicos, Conan Doyle, el señor X y la enfermera McCarey y una buena tropa de secundarios dibujados con esmero por Somoza, se monta ese gran guiñol, a veces excesivo (la trama conspirativa de los Diez) en el que resalta la habilidad de Somoza para los golpes de efecto en los giros imprevistos de la acción, su respeto por el Canon holmesiano y el excelente retrato psicológico que nos brinda de la enfermera McCarey y su dura relación amorosa con un borracho agresivo y su curiosa fascinación por el desdichado aunque inteligentísimo señor X. Los asesinatos de varios mendigos y un niño que tienen lugar cerca de la clínica sirven a Somoza como excelente pretexto para brindarnos un retrato inmisericorde de la hipócrita y depravada sociedad victoriana y de los barrios bajos de Portsmouth.

Quizá Somoza podría haber refrenado su inclinación morbosa hacia los golpes de efecto e imitar el sabio equilibrio de Conan Doyle para evitar exageraciones innecesarias al final del recorrido novelesco.  Pero, en fin, eso es cuestión de gustos.

 

FICHA

ESTUDIO EN NEGRO.- José Carlos Somoza- 391 págs.-Ed. Espasa.-19,90 euros

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10 marzo 2020 2 10 /03 /marzo /2020 17:33

 

El maestro Le Carré nos la juega bien en su última novela “Un hombre decente”. Empezando por el título que no se justifica hasta que estamos a punto de terminar con la novela. Después, la extraordinaria elegancia de la “puesta en escena”. Un asunto menor para el que despliega todo un fascinante mundo de observaciones inteligentes, irónicas, a veces sarcásticas y siempre divertidas.

Para placer del lector, Le Carré inserta en la trama, la vida y milagros de un veterano agente del servicio secreto británico, la elite de los espías, una bomba de tiempo enmascarada en un personaje neutro, bastante inocente, cuyo comportamiento y decisiones es la parte menos creíble o verosímil de una novela que irradia naturalidad y perspicacia por los cuatro costados.

El lector avisado de las filias y fobias del anciano pero vitalista y enérgico novelista, disfrutará también con las lanzadas que propina por doquier Le Carré a sus “bète noire”, Trump y Putin, con las que difícilmente estaría en desacuerdo este comentarista. Y sobre todo al “Brexit” contra el que Le Carré ha tenido frases contundentemente críticas.

Diálogos sugestivos, irónicos y profundamente “british”, notas deliciosas sobre el ambiente familiar del protagonista-narrador y un tono descriptivo del entorno del veterano agente donde apenas queda nostalgia y sí una cierta decepción triste que suele empañar la vida profesional y personal de los seres humanos cuando están llegando al final.

La maestría de Le Carré es rotunda y evidente. Juega con el lector con cartas marcadas, insinúa, adelanta y retrocede sin dejar caer la pieza que oculta, hasta que  al final cierra el círculo que abrió en el primer capítulo y que explicará en un trepidante “flash back” hasta llevarnos a un final que intuímos pero que no esperamos.

Léalo y disfrute con la hábil narrativa del escritor inglés que ha heredado las maneras y la aguda sensibilidad literaria y psicológica de Graham Greene.

El otro punto a disfrutar en este libro es el conocimiento político que muestra Le Carré y su atinada valoración novelesca al poner como tema clave que mueve las decisiones e intereses del antagonista de la trama una “operación encubierta angloamericana ya en estado de planificación con el doble objetivo de socavar las instituciones socialdemócratas de la Unión Europea y desmantelar su sistema de aranceles internacionales. En la era posterior al Brexit, Gran Bretaña estará desesperada por incrementar su comercio con Norteamérica. Y los Estados Unidos lo aceptará sólo si Londres accede a una operación encubierta conjunta para hacerse con funcionarios, parlamentarios y periodistas de la UE, mediante la persuasión pero sin excluir el soborno ni el chantaje. Y también para divulgar noticias falsas a gran escala con el objeto de agravar las diferencias existentes entre estados miembros de la Unión” (esta novela se ha publicado un año antes de entrar en vigor el “Brexit”). A Johnson y a TRump,les debe haber fastidiado esta novela. En el supuesto improbable de que sean lectores de Le Carré.

 

FICHA

UN HOMBRE DECENTE.- John Le Carré.- Traducción Benito Gómez Ibáñez.- Ed. Planeta.-367 págs.-21,50

 

 

 

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30 octubre 2019 3 30 /10 /octubre /2019 17:35

Michael Sims es el nombre del autor de este libro excelente, documentadísimo, original e imprescindible para cualquier lector aficionado a las novelas que  Arthur Conan Doyle escribió sobre su genial creación literaria Sherlock Holmes. A la altura del "Canon" de esas obras, publicado en tres tomos, por Akal editores, este libro desmenuza detalles suculentos de la vida del buen doctor Conan Doyle, especializado en oftalmología y que apenas practicó la medicina, dedicando la mayor parte de su vida a escribir libros de éxito.

El amante de Holmes y Watson verá colmada su curiosidad por los detalles más nimios de la compleja historia de las publicaciones, las primeras dificultades y los éxitos posteriores. Pero como ampliaciones gratificantes conocerá los precedentes conocidos o menos conocidos, caso del Zadig de Voltaire, Poe, el mismísimo D'Artagnan de Dumas, Hugh Conway o Emile Gaboriau.

Sims hace un trabajo notable de investigación y la vida del Dr. Doyle realmente le da materia dramática y literaria para convertir su libro en un placer de lectura. Los avatares del joven doctor en la Inglaterra victoriana van siendo descritos de tal manera como se conforma un puzzle, pieza a pieza, conformando los motivos que unidos darían al incipiente escritor la materia que construirá el mundo de  Sherlock. El éxito del   folletin en periódicos y revistas fue el punto básico que llevó a Conan Doyle a perfeccionar la estructura del relato corto y del personaje permanente. Así como su afición a la literatura de género y sus dotes de observación (aprendidas de uno de sus profesores de la facultad de Medicina) le permitieron crear a un héroe imperecedero, casi un estereotipo y un símbolo. 

FICHA

ARTHUR Y SHERLOCK.- Michael Sims.- Trad. J.M. Salmeron. 375 págs. ed. Alplha Dekay

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26 octubre 2019 6 26 /10 /octubre /2019 16:39

Amanda Cross es el pseudónimo de Carolyn Gold Heilbrun, una profesora norteamericana (1926-2003) dedicada entre otras labores a escribir novelas policíacas de alta calidad literaria. Tuvo un éxito considerable en los paises de habla inglesa y encantó a los lectores del Reino Unido pues lograba un estilo que parecía surgido de Oxford y Cambridge más que de los Estados Unidos (Harvard y Yale). En los sesenta y durante dos décadas más triunfó en un mercado difícil para el género por lo muy transitado. A España llegó con el nuevo siglo y desapareció demasiado pronto del mercado a pesar de la calidad de sus libros. Fue la primera profesora (de inglés, precisamente) aceptadas en la Universidad de Columbia. Sus obras más importantes publicadas en su país, fueron ensayos en defensa del feminismo y de la igualdad de derechos por razones de sexo.

"El caso James Joyce" es la primera que leo de esta autora y me ha gustado por varias razones, a pesar de que adolece de ciertas limitaciones en algunos aspectos literarios: las descripciones de lugares, ambientes y caracteres psicológicos no están a la altura de los diálogos, las referencias literarias y la inteligencia e ingenio de la trama Uno se queda con la sensación de que ha leído una obra de teatro más que una novela. Termina siendo más interesante las relaciones de los tres o cuatro personajes principales, sus diálogos y sus observaciones, que la autoría del crimen, así como el rebuscado sistema de descubrirlo. El placer más profundo se encuentra en las citas de grandes literatos y poetas ingleses, en las referencias a Joyce y un presunto manuscrito del que se origina el "Ulysses" , que tiene cierta relación con "Dublineses". LOs dos protagonistas principales, una profesora de media edad, Kate, y un fiscal de Nueva York, Reed Amhearst, que parece surgido de las páginas de Edith Wharton, Oscar Wilde o Forster, resultan los más creíbles y atractivos. Parece ser que seguirán siéndolo en obras sucesivas. Lo veremos.

FICHA

EL CASO DE JAMES JOYCE.- Amanda Cross.-272 páginas.-Punto de Lectura (2000).- ISBN: 978-8466301176

 

 

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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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