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7 mayo 2011 6 07 /05 /mayo /2011 18:52

Abandonar Molinaseca con cielos de  tormenta y los verdes lujuriosos que rodean la cinta azul brillante de la carretera a primeras horas de la mañana, resulta ser un placer a pesar de la ominosa amenaza de lluvias. A eso de las nueve ya va cayendo intermitente una fina llovizna que hace brillar el entorno ante las apariciones breves del sol. No hace frío y son unos ocho kilómetros hasta Ponferrada (Puente de hierro, Pons Ferrata, desde el siglo XI, antes el puente topónimp era de madera) y cien años después se convertirìa en uno de los lugares de acuartelamiento de la Orden del Temple, según deseo de los monarcas de la época, indignados por la presencia abusiva de malhechores --más tarde fueron los propios nobles lugareños los que obligan al pago del paso por sus tierras, otro tipo de malhechores-- que aprovechaban las dificultades y la impunidad que propiciaban los difíciles pasos y perdidos parajes del paso de las tierras leonesas a las gallegas. En Ponferrada hay que dedicar un tiempo largo a la visita al famoso castillo templario que los aficionados a las ordenes medievales tienen como uno de los más misteriosos y a la vez explícitos, una especie de criptograma de piedra repleto de signos y simbolos de los  ritos templarios de iniciación, que esos aficionados, --una suerte de corriente social subterránea muy especializada que circula por todo el mundo-- tienen en gran aprecio.

Es una ciudad activa y muy moderna a la que hay que dedicar más espacio y atención, cosa que nos proponemos hacer a la vuelta del Camino antes del regreso a Barcelona.

Por ahora reseñemos los campos de vides, la sirga circulando entre flechas amarillas y pequeños bloques cuadrados blancos con un grabado del sol radiante amarillo sobre un fondo azul, el exceso de caminatas junto a la carretera y algunos desvíos encantadores por senderos de baja montaña, cortando entre sembrados y viñedos, algunos bosquecillos, o el cruce por el centro de poblaciones como Camponaraya (cuyo unico interés son las bodegas del Bierzo), Cacabelos (con un bello puente sobre el rio Cua), Columbranos, el cercano Castro de la Ventosa, que fue enclave primero celta y luego romano con el nombre de Bergidum Flavium y el paso ante el Santuario de la Virgen de las Angustias con su fachada barroca sobre un templo de origen románico.Y en Pieron, la ermita románica, deliciosa y solitaria.

Pero la piedra preciosa de la jornada es la meta ansiada, tras 34,2 kilómetros de caminata, unas siete horas y media, la hermosa villa de Villafranca del Bierzo. En ella confluyen dos rios, el Valcarce y el Burbia, de agua limpidas, cristalinas y llenas de truchas, aunque está declarado "tramo sin muerte" abundan los pescadores de caña, incluso en un dia como hoy con ràpidos y violentos aguaceros que alternan con un cielo de azul espectacular, el sol picante de mayo y las nubes incesantes en un desfile entre el blanco algodonoso y el panza de burra grisáceo. Fue Alfonso VI el que dio en el siglo XI caracter de ciudad a Villafranca al ordenar repoblaciones y el asentamiento en el lugar de la orden de Cluny (en 1120 se establecio el priorato de la orden en la ciudad)

Se entra en ella por el altozano donde se encuentra la bella iglesia de Santiago, con su portada del Perdón, curioso lugar donde por orden del papa Calixto III se ofrecía la posibilidad de alcanzar la indulgencia y privilegios de la peregrinación a Santiago para los peregrinos que por enfermedad no pudiesen traspasar los montes de O Cebreiro y llegar a Galicia y después a Santiago.

La portada es de una belleza serena y tiene relieves de una increible perfección, con unos personajes esculpidos con gran maestría.Tanto Jaime como yo nos extasiamos ante los detalles de la famosa portada y bromeamos que,  dado el estado de mi rodilla, igual me darían la compostela o certificado del peregrino sin  tener que caminar hasta Santiago.

Despues de hacer las fotos de rigor con gotas incluidas, buscamos en la bajada hacia la calle del Agua, sirga compostelana que atraviesa la población por calles principescas, con edificios bellísimos, grandes soportales, balconadas de una riqueza estética considerable, escudos nobiliarios, nobleza por todas partes y suelo adoquinado, hasta llegar al puente del Peregrino (con una estatua ad hoc de uno de ellos, con  su calabaza y un perfil austero y serio) y admirar los rincones que va descubriendo con sus aguas rápidas el rio Valcarcel, con los taludes y desvios con que la mano del hombre ha domesticado el curso veloz del rio, en estos dias muy nutrido.

Hemos pasado tambien junto al castillo templario que se levanta muy cerca de la IPortada del Perdon. Después de la ducha preceptiva en el mesón donde estamos, justo a la salida del Camino hacia O Cebreiro, etapa de mañana, hemos paseado por la plaza Mayor, la contundente y solida iglesia de san Francisco, la Colegiata de Santa María y la Alameda.

La tarde ha oscilado entre la lluvia leve y las caricias de un sol que parece agresivo por contraste. A la vuelta pasamos junto al Hostal del Comercio y comentamos con cierta sorpresa el detalle de que es un establecimiento en activo desde el siglo XV y tiene la caracteristica asombrosa de que sigue siendo administrado y cuidado por la misma familia de generación en generación. Eso se llama persistencia.

Mañana O,Cebreiro, la puerta al Camino gallego, la antesala a Santiago (màs de cien kms, todavía, objetivo dilatado hasta el pròximo año si Dios lo quiere y Santiago lo avala (muy impuestos, como ven, en el lenguaje religioso que a pesar de todo el folklore del camino, sigue estando presente por doquier).

 

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6 mayo 2011 5 06 /05 /mayo /2011 18:13

Desde Rabanal a Molina Seca, una etapa repleta de subidas y bajadas, caminos de sirga jacobea de lo más hermoso y andaderos en las márgenes del asfalto o en pleno asfalto que acaban dañando, espero que transitoriamente, mi castigada rodilla izquierda.

Además, el bautismo de agua del Camino. Una tormenta que nos va persiguiendo monte Irago hacia arriba y luego de bajada hasta El Acebo, a cuatro horas de la salida, donde paramos a tomar un bocado. Rompe a llover justo en el momento del café.

Son en total unos 26 kilómetros de constantes desniveles, en siete horas y media, una etapa montañera de belleza espectacular, a pesar de la lluvia, a pesar de las nieblas y el desfile de nubes amenazadoras. Para mi gusto la etapa más bonita y variada, que no hubiera supuesto demasiado esfuerzo en condiciones fisicas normales, pero ha sido un tanto fastidiosa por los cantes de la dichosa rodilla de San Menisco de los Dolores, patrón del gremio de los pinchazos senderistas.

Pero bueno, pasemos a cosas más serias.  Salimos de Rabinal  a las ocho sonantes en la iglesia de Santa María y comenzamos a subir desde los mil y pico metros de este pueblo hasta los 1515 de la Cruz de Ferro, por un sendero montañero, intercalado con trozos de asfalto, entre autenticos macizos de flores silvestres, amarillas, lilas, blancas con centro dorado, el olor de la retama y el espliego y de vez en cuando manadas de árboles escuálidos, con ramas sin hojas y escuetos troncos invadidos por la lepra de liquenes y musgos en cabellera. Tenía una suerte de belleza patética. Al fondo los Montes de Leon, con sus laderas llenas de verdor. El agua hacia brillar todo como si estuviera recién estrenado.

Al fin, la cima del Camino Francés. La cima más alta que se debe superar. La Cruz de Ferro, una cruz ensartada a una larga pértiga sobre un montículo en el que los peregrinos,  en lugar de las tradicionales piedras o cantos rodados, lleva unos pocos años dejando cosas variopintas e inverosímiles que convierten la zona en un estercolero, con perdón. Desde botas viejas a calcetines, monederos vacios, sombreros, pañuelos, unas bragas, carnets, papeles, dibujos, paquetes de tabaco y encendedores usados, pèines, gafas rotas...por favor. Frente a ella la ermita de Santiago, pequeña y oscura, llena de candor y quizá de fervor. La niebla invade el lugar y algunos peregrinos , extranjeros of course, descansan bajo el portalón de la ermita.

Inciamos pronto la bajada hacia Manjarin, un pueblo abandonado, como muchos de esta zona que ha renacido gracias a la moda del Camino y sus multitudes. En este pueblo hay una comunidad de seguidores modernos de los templarios y un elemento medio hippy que regenta una especie de pequeña cueva santuario de tipo laico, con el habitual mezcla de mensajes desde la cultura de la autoayuda hasta las disciplinas orientales. Una especie del David ya mencionado, pero más sujeto a las leyes del marketing. Junto a la mesa de aguas, tes y galletitas, la mención "todo es gratis" y un poco mas lejos otro cartel recordando que el lugar se mantiene gracias a la generosidad voluntaria de los peregrinos.

Aun hemos de pasar por otra cima coronada por una larga antena de comunicaciones pero vedada al caminante por ser terreno militar. Comienza entonces la bajada, en la que menudean los tramos de carretera y por tanto mis cantos en arameo. Llegamos a El Acebo una hora más tarde. Otro pueblo abandonado hasta hace poco al que la corriente de personas y dinero del Camino ha revitalizado.

Despues vendra uno de los tramos más puramente montañeses en el que la cerretera corre no muy lejana pero no invasiva. Se baja al valle del arroyo de Prado Mangas y  minutos mas tarde, entre castaños, por la vega del rio Pretadura. Jaime fotografía macizos de flores como regalo visual para Ana, su mujer. Entre flores vamos dando término al recorrido por el monte  Irago, que según viejas cronicas del siglo XI, era "tierra áspera, pantanosa y espesa" muy afectada por bandoleros, atracadores, ladrones de todo fuste y demas gentes de mal vivir. Ahora el recorrido no necesita de los hombres de buena voluntad que los Concejos de la zona ponian a disposición de los  caminantes para que les guiaran por ella.

Desde los tiempos de la Baja Edad media el Camino no habia recuperado la caracteristica de ser motivo y ocasión de desarrollo y riqueza para toda la zona. Y ahora, desde hace unos años, como hemos tenido ocasion de comprobar y narrar, hay muchismos pueblos que han renacido de sus cenizas gracias a los peregrinos. Como Foncebadon que hemos cruzado hace unas horas y aun presenta las ruinas de lo que fue un gran pueblo medieval y llevaba decenios sin vida. La recuperacion comercial se hace evidente en los establecimientos jalonan la antigua calle mayor.

En El Acebo hemos entrado en la comarca del Bierzo, una miniregión bella y pacífica, con un microclima muy agradable, de sólo sesenta kilómetros de peculiaridad y tradiciones propias. La entrada en Molina Seca, nuestro  fin de etapa, desde lo alto del monte, es muy satisfactoria y nos vemos agradablemente sorprendidos por el precioso trazado del puente románico sobre el rio Meruelo, que baja pleno de aguas y la suntuosidad del Santuario de las Angustias y la señorial clase de una calle Real, que nace tras pasar el puente y tiene un trazado corto festoneado de casa nobiliarias, escudos y bellísimas balconadas de madera.

En el centro cívico del pueblo, una amable encargada, Nati, me facilita información y me da acceso libre e ilimitado a internet. Los niños del pueblo invaden la sala -biblioteca e internet, media docena de ordenadores de ultima generacion- y son  invitados a dejarla pronto con lo que se me regala la paz y la concentración precisas para dar cima a este escrito. Asi que hasta mañana.

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5 mayo 2011 4 05 /05 /mayo /2011 16:24

Tormenta sobre Rabanal del Camino. Desde el comedor de una casona de este pueblo dedicado en alma y cuerpo a los caminantes de Santiago (hay sesenta vecinos, cuatro albergues, dos tiendas de comestibles, una iglesia y una comunidad de monjes benedictinos que cantan gregoriano cuando anochece y bendicen a los peregrinos) escribo intermitentemente esta crónica cumpliendo el compromiso conmigo mismo y mi irreductible amor a la escritura y los viajes.

Salimos de buena mañana, acababa de sonar el segundo cuarto de las ocho en la catedral de Astorga, y cogimos el camino que desde la misma población conduce hacia el oeste en un jalonamiento incesante de conchas de Santiago, señales amarillas y carteles azules. Al principio se sigue la sirga por las aceras arboladas de la LE-142. El cielo está cubierto y llevamos las manos frías.

Antes de pasar sobre el rio para dirigirnos a Muria de Rechivaldo, nos encontramos con la ermita del Ecce Homo, pequeña y recoleta, con las puertas abiertas de par en par y un mostrador lleno de articulos del Camino. Un hombre de mediana edad, de mirada fija y hablares imprecisos vigila el negocio y atiende con amabilidad pero sin efectividad a unas peregrinas nórdicas.

Durante toda la jornada, como en las anteriores,  la relación entre extranjeros y nacionales deja un resultado abultado a favor de los de fuera. Una proporción de 9 a 1. Esto del Camino es un negocio floreciente que ha ganado mucho con los nuevos tiempos. Supongo que los pueblos de la ruta habrían quedado abandonados hace años, sobre todo por la zona que caminamos. Prueba de ello es que de Astorga al pueblo donde establecemos el fin de la etapa de hoy, Rabinal, hay más de 10 albergues. Eso es magnífico para estas bellas tierras sembradas por doquier de arte y arquitectura de mérito.

Seguimos la senda peregrinal hacia Murias de Rechivago por un andadero junto al asfalto de la carretera, tras cruzar el rio Jerga.

El paisaje ha cambiado totalmente. El páramo monótono queda en el recuerdo y aquí vamos subiendo, permanentemente, hacia un horizonte de montes no muy agresivos, de pendientes suaves. Hay nieve en lo más alto de los montes leoneses y alrededor nuestro hay encinas, robles, coníferas y  retama.

La caminada va alternando la tierra prensada y el asfalto (mi pobre rodilla izquierda empieza a protestar). En Murias, que cruzamos por el centro, admiramos la iglesia de San Esteban, del siglo XVII, con la típica espadaña de estas tierras (lateral sobre la nave, que tiene una entrada pequeña en uno de los lados). En esta poblacion ya se entra en la Maragatería, la comarca natural cuyas tradiciones ancestrales parecen entroncadas con la simbología céltica. La caracteristica de lugar fronterizo de Murias queda aclarada por el hecho de que el topónimo Murias es una palabra de antiquisimo origen ibero que significa "montón de piedras", justamente la forma tradicional de crear límites.

Cerca de aqui, pero inaccesible para el cansado caminante, está Castrillo de los Polvazares que los aficionados a la novela de finales del siglo XIX recordarán como escenario de la novela de Concha Espina "La esfinge maragata". En Murias se puede admirar la iglesia de Santa Catalina (en honor, en origen, a Santa Catalina de Alejandría).

Si uno alza la mirada desde el pueblo ya se adivina la subida al monte Irago (que habremos de hacer mañana) lugar de fama medieval y no precisamente buena. El caso es que era uno de los lugares mas peligrosos del ya de por si peligroso Camino en aquellos años oscuros. Los caballeros del Temple que tenían presencia militar en Rabinal y en Ponferrada patrullaban los caminos pero se veian desbordados por los asaltantes, ladrones y demás que pululaban en torno al rio incesante  de los peregrinos.

En el siguiente pueblo, El Ganso, ya empezamos a ver las casas maragatas, de paredes de barro cocido, piedras pequeñas y cubierta de paja triangular. Allí,  tras unas tres horas de marcha sobre superficies exigentes, decidimos hacer una pequeña parada técnica de refrigerio. En la salida del pueblo hay dos mesones, El Cowboy y La Barraca. Uno de ellos, el Cowboy, repleto hasta la bandera de vociferantes alemanes e ingleses, nórdicos colorados como cangrejos, mochilas enormes, danesas rubias y silenciosas, parejas de bamboleantes armarios humanos con paso cansino y rostros apopléjicos que se derrumban sobre los bancos, jovencitos italianos o portugueses con shorts y camisetas entalladas tomando el sol con la birra en la mano, hasta el canadiense que conocimos en Mazarife y su pareja ocasional caminera, una inglesa muy joven de ojos asombrados, nos saludan con amabilidad.

El otro mesón está vacio completamente y solo la dueña, una matrona enorme que tiene una sonrisa pícara y no para de hacer faenas, parece ocupar un jardin delicioso con emparrada, lleno de mesas de tablero de pizarra y bancos corridos hechos con troncos enteros sobre piedras. Evidentemente y en contra del tópico (evita los lugares de comer donde no haya nadie) sacrificamos esa seguridad por el placer de sentarnos allí, a la sombra y darle al espalda al jolgorio caminero.

Lo cierto es que comemos una tortilla de patatas recién hecha magnifica y bebemos una cerveza fria a la que no se puede pedir más. Cuando nos vamos aparece una familia de un par de generaciones que hablan polaco y siembran la mesa de mapas y libros. "Buen camino" nos desean al marchar en un castellano cantarino.

La caminata ya es de un tirón hacia Rabanal que a una hora y pico de camino ascendente ya se divisa  a media ladera de la montaña que mañana coronaremos y que es la altura máxima del Camino Francés. En ella se alza la famosa Cruz de Hierro, de la que ya les hablaré. Un camino trazado junto a la carretera va endureciendo la respuesta de mi rodilla, pero el ambiente es fresco a pesar del sol y se camina con soltura hacia las montañas de León. A unos dos kilómetros de Rabanal comienza la última subida al pueblo y se hace por un sendero estrecho que sube limitado por una valla de alambre de unos dos metros de altura, En  ella los miles de peregrinos que pasan han ido colgando cruces realizadas con ramas y palos de los arboles circundantes. Da una extraña sensación caminar rodeados por un muro de cruces exiguas.

Superamos el desvio que lleva a Rabanal el viejo, antigua población cercana a una de las minas romanas más conocidas de aquellos tiempos, la Fucarona. Dejamos atrás un enorme robredal en cuyo seno parece ser que se encuentra un ejemplar gigantesco al que se llamó hace siglos "el robre del peregrino". No lo supìmos encontrar.

 Después de algo mas de cinco horas de caminata subimos por la empinada calle mayor del pueblo, tramo del Camino, con sus bellísimas casonas medievales, su iglesia recoleta con su espadaña y los refugios a uno y otro lado con peregrinos de otras tierras sentados en los bancos de las puertas en una especie de horizontal torre de Babel, colorista y relajada.

Hemos superado casi trescientos metros de desnivel desde la bella Astorga y en estos momentos  el hermoso pavimento de la calle principal de Rabanal, que miro desde la ventana junto al unico ordenador, brilla sobre las lineas verticales y en angulo de cantos rodados grandes y los rellenos con cantos pequeños, toda una geometrica sinfonía dorada sobre la que corre el agua que sigue desbordandose de los cielos.

Angeles, la encargada del refugio, una señora de media edad con expresión divertida y servicial, que nos ha ido reponiendo los euros que se tragaba el ordenador con cada apagón, sin dejar de sonreir, augura que mañana podremos caminar sin agua. Y nos dice: "esto es una tormenta, mañana saldra el sol". Ella vive en un pueblo cercano en plena sierra y aseguras que es feliz, que incluso este `pueblo donde trabaja es demsiado movido para ella.Beatus ille.

Mientras, el comedor donde estoy se ha llenado de jovenes de todas las lenguas y algunos maduros especímenes silenciosos. Y, por fin, oimos hablar castellano a tres jóvenes que se han sentado en la gran mesa camilla.

En fin en cuanto escampe nos iremos a la Iglesia de Santa Maria, romanica del siglo XII, donde los monjes benedictinos dan sus bendiciones y entonan le maravilla acustica gregoriana.

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4 mayo 2011 3 04 /05 /mayo /2011 19:20

Esta etapa nos llevará, inch Alá, desde Villar de Mazarife, en cuyo albergue hacemos noche, hasta la bella ciudad leonesa de Astorga, la Astúrica Augusta de los romanos (en su origen Astorga fue un campamento de la X Legión  Génima). Pero anoche fuimos huéspedes de Pepe, el de Alicante, que nos promete una de sus conocidas paellas de verduras (las gentes del Camino se pasan boca-oreja informaciones tan suculentas como esta). "Pero no se dejen engañar por el refugio Tio Pepe, que en realidad no se llama Pepe, sino Lorenzo, el del pueblo de al lado, Chozas de Abajo, y se hace llamar así para quitarme a las personas que vienen buscándome a mi y a mi paella", nos dice. Bueno, no entramos en los celos vecinales de tan augustos caballeros, pero puedo certificar y certifico que la paella era magnífica, con un sabor inigualable y realmente sabrosa. El triunfo del Barça puso su toque de calidad a esa noche, a pesar de que en el bar del pueblo donde abundaba la hinchada madridista tuvimos algun momento delicado que al final quedó en nada.

Esta mañana, a buena hora, tras el café con churros y tostaditas que el bueno de Pepe nos ofreció, comenzamos la caminata en un dia limpio, algo frio pero soleado. Debemos caminar a la vera de una carretera comarcal, casi sin coches, pero igualmente molesta para la pisada. El páramo leonés nos rodea como un desafío de horizontes entre el verde resplandeciente de los sembrados y las hermosas nubes gigantescas que pasean perezosamente por un sky line dibujado a veces por ordenados grupos de robles o de chopos, cultivos de maiz y remolacha entre una lineal teoría de canales de regadío, pequeñas esclusas y acequias.

 Caminamos siguiendo una recta perfecta hasta Villasante, un linea de carretera sin desvíos durante seis kilómetros y pico, acompañados con el croar incesante de las ranas de las acequias.

En Villares de Órbigo tomamos un bocadillo gigantesco en el bar Pirris  y comenzamos a despedirnos del páramo y a acercarnos a las montañas que han aparecido como por arte de encantamiento. Pero antes hemos pasado por el bellísimo puente de Orbigo y el pueblo aledaño de Hospital de Orbigo. Los hospitales en el Camino eran los lugares donde se recibia a los peregrinos enfermos o menesterosos y tenían mas de posadas que de centros sanitarios. El puente está en obras y se remoza el pavimento de paso, poniendo cantos rodados como suelo (en toda esta zona los cantos rodados y las paredes de barro cocido forman parte de la arquitectura tradicional). El puente es una maravilla de austero aire medieval y tiene su propia leyenda: el caballero don Suero de Quiñones con nueve de sus amigos decidió, a causa de la promesa dada a una dama, provocar justas de hasta tres lanzas con cualquier caballero que pretendiera cruzar el puente, durante todos los martes de una temporada. O sea una gamberrada medieval que provocó varios heridos y la muerte de un caballero catalán que sufrió un percance letal: una astilla de una de las lanzas le atravesó el ojo y el cerebro. Le llaman el "passo honroso" y todavía se celebran justas para conmemorarlo.

A partir de Villares como decia comenzamos la subida, en la compañía de bosques  de robles, de encinas, incluso algunos pinares, hacia el Pico Telmo y los Montes de León. El camino es agradable y nos lleva hasta el pueblo de  Santibañez de Valdeiglesias (me encantan los nombres de los pueblos de esta zona) en ruta hacia el crucero de Santo Toribio, una cruz de término jacobea desde la que se contempla una bella vista de la catedral bellísima de Astorga y su centro urbano. El crucero está lleno de cantos rodados como los que abundan en estos parajes y que ha colocado allí cada uno de los peregrinos que coronan la montaña.

La bajada, bajo el sol del mediodía resulta un poco cansada, además de los casi treinta kilometros que llevamos  caminados. El cruce urbanita de San Justo de la Vega, junto a Astorga, nos lleva fin de nuestro viaje. Mientras buscamos el hostal-refugio por el montaraz callejero ciudadano, pasamos junto al Palacio Episcopal, llamado casa Gaudí, pues fue construida por el noble arquitecto catalán tras un encargo del arzobispo que quería sustituir la residencia que se quemó en 1866. Ahora hay un museo del Camino que solo tiene una pequeña sala con algunas piezas devocionales, tallas y cuadros sobre el Camino. Poca cosa.

Magnifica la catedral de Santa María, con sus torres picudas y su portada majestuosa con relieves de una fuerza prodigiosa. En el pináculo que corona el ábside la tradición asegura que la figura allí representada es un tal Pedro Mató, alferez maragato que intervino en la batalla de Clavijo.

Para los nostálgicos del Camino de los sesenta y setenta, hay un elemento nuevo que recuerda a los hippies que florecieron en el Camino en aquellos años que algunos llaman dorados. Se trata de David, un joven que en pleno sendero entre Santibañez y elcrucero de Toribio santo, ha dispuesto una especie de chiringuito donde ofrece gratuitamente (la voluntad pecunaria del caminante será bienvenida) agua de un pozo cercano, tes, zumos de toda clase de frutas, naranjas, plátanos y galletitas. Es un joven que ha circulado por esos mundos de Dios y ha visto la luz a través del vipassana y una vida de eremita generoso en el Camino de Santiago. Duerme al fresco sobre un sillón y si llueve en un coche que le sirve de almacén y despensa. Su discurso es místico y un poco antisistema y resulta peculiar y llamativo, incluso atractivo y refrescante, en estas soledades y en estos "lacrimabile tempus" en los que vivimos.

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3 mayo 2011 2 03 /05 /mayo /2011 15:25

A falta de diez minutos para las ocho de la mañana abandonamos el albergue municipal de León. Los chicos alborotaron poco y la noche fue tranquila y muy poco fría. La noche anterior nos habíamos pateado León, todo el barrio antiguo, los puentes sobre el rio Bernesga, el parque que le acompaña con sus enormes árboles, hasta la plaza donde se levanta el impresionante palacio rococó del Hostal de San Marcos y luego el largo paseo nocturno por las callejuelas del barrio antiguo, con sus plazas porticadas y la serena majestuosidad de la Catedral y las múltiples capillas, santuarios, palacetes renacentistas que siembran el perimetro urbano leonés...arte por doquier, calma en las calles, bares repletos de paisanos y algunos turistas con cara rojiza por el sol y los cabellos clareados por el viento. Por doquier carteles y muestras de que el peregrino es el invitado especial y permanente de León, esta ciudad maravillosa, limpia y cordial.

Caminamos por el Paseo de Papalaguvida a primeras  horas de la mañana buscando la salida del Camino, que se demorará durante más de una hora de paseo urbano, rodeados de coches y de leoneses trabajadores que miran con curiosidad a los dos caminantes enmochilados. Por fin cuando llegamos al santuario de la Virgen del Camino, en las afueras de la capital, un edificio construido en los sesenta sobre el lugar que ocupó un santuario de 1505 dedicado a esa Virgen en homenaje al pastor Alvar Simon que dijo haberse encontrado allí con la Virgen. Lo más destacable del discutible edificio del santuario son las figuras estilizadas en bronce de los apóstoles y de la virgen, presentes y firmes en la fachada como un equipo deportivo ante su afición, obra del escultor Josep Maria Subirachs.

A partir de ese punto el camino romano se extiende por todo el  páramo leonés hasta Astorga prácticamente, pero lo hace al menos en los veintitantos primeros kilometros como una senda al costado de la carretera nacional, en esta zona realmente transitada por coches y camiones. Para los que abominan de ruidos y tráfico se ha creado otra alternativa. Junto al Santuario descrito surge un camino alternativo que lleva a Villar de Mazarife, por Fresno del Camino, Oncina de Valdoncina y Chozas de Abajo.

Se trata de un sendero trazado como por tilralineas que sigue por rectas interminables por en medio de las grandes, extensas, parameras leonesas, en esta epoca fértiles extensiones de grano, donde de vez en cuando se agrupan como rebaños fresnos, alcornoques y sobre todo robles.

El camino desgraciadamente es una mezcla de tramos de carreteras aisladas en los que pasan pocos coches afortunadamente y algunos otros tramos de tierra prensada, todos acompañados por los mojones blancos de las señales del camino, con su vieira amarilla en el centro o simple flechas de ese color por los cruces en los pueblos que atravesamos.

En Fresno del Camino hacemos una parada técnica para probar la cecina de ternera y la tortilla de patatas en el unico bar de la localidad, dedicado a los peregrinos como es de recibo y cuyo dueño, Nicolás, no hace mucho trabajaba en Tarragona y se vino a su pueblo natal a poner un bar y servir a los caminantes o a los ochenta vecinos del lugar.

En Chozas de Abajo fotografiamos la alucinante espadaña coronada de nidos de cigueña de una iglesia rural casi inexistente, cuya parte frontal da a los campos vacíos y presenta una entrada lateral pequeña. Me permito tirar del hilo metálico que mueve la campana y un limpido sonido reverbera por todo el pueblo, silenciando a los pájaros. El amigo Jaime asegura que terminaremos en el cuartelillo de la guardia civil si sigo haciendo de Quasimodo leonés.

Veintitres kilómetros de caminata tranquila, con paradas incluidas suman casi seis de horas de tiempo (casi cinco de caminar efectivo) y encontramos el albergue privado que hemos solicitado justo a la entrada del pueblo, junto al camino. Es un edificio de un piso colocado junto a una depresión, con lo que hay otro psio abajo. Es bastante nuevo y tiene una entrada magnífica y atractiva gracias a un prado de verde césped bien cuidado y unas tumbonas, sillones y mesas blancas con parasoles rojos.

Nos registramos, sellan el carnet de ruta de Jaime y nos tomamos una clara de cerveza en el jardín, mirando hacia el Camino, viendo pasar a andariegos peregirnos con sus mochilas enormes y sus palos para caminar y sus vieiras o conchas simbólicas colocadas sobre la mochila. Todos miran al par de maduros colegas de andada que beben pacificamente su cerveza y responden con una sonrisa a sus casi siempre alegres saludos o sus "Buen camino" que es la fórmula patricia que más suena en estas jornadas.

Una buena ducha, cambio de ropa y unas sandalias cómodas nos permiten gozar de la tarde mitad soleada, mitad nubosa, que se despliega ante nosotros. Siguen llegando peregrinos mientras Jaime resuelve sudokus y el que les escribe lee con interés el "Nemesis" de Philip Roth, viviendo esa contradicción entre el ámbito amenazador y opresivo de la epidemia de polio en el Network (Nueva Jersey) de los años cuarenta, que describe el maestro norteamericano y el apacible panorama verde y oro, gris azulado, que se despliega ante mis ojos.

Para esta noche Jaime me anuncia que no nos podemos perder el Barça-Madrid. Sería imperdonable, por supuesto. Asi que preguntamos dónde podemos garantizar esas emociones y Sergi, el joven catalán que lleva la cocina del establecimiento, nos dice que en el bar-casino del pueblo "habrá ambiente". Jaime se las promete muy felices hasta que le pregunto inocentemente..."Tu eres del Barça...¿pero no sabes que por aqui son del Madrid?".

 

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2 mayo 2011 1 02 /05 /mayo /2011 16:57

Estamos en León. El albergue municipal para los peregrinos ha sido invadido, justo cuando llegábamos, por unas hordas juveniles de aspecto poco guerrero pero una vitalidad adolescente a prueba de bombas. Los profesores han repartido habitaciones y la muchachada se ha difuminado entre los pisos y las grandes salas dormitorios, entre algunos gritos y carcajadas estentóreas de signo masculino-juvenil.

Como es procedente dada nuestra edad y gobierno, hemos accedido a una habitación para dos, gracias sin duda a la previsión de mi amigo Jaime,  que ejerce de maestro de ceremonias en esta primera etapa. Mañana madrugaremos un poco, no demasiado, no estamos en la alta montaña (como en anteriores viajes con este amigo)  ni en pleno verano, y uno puede permitirse darse calma y tiempo. Mañana caminaremos unos 21 kilómetros, es una etapa suave y nos llevará desde León al pueblecito de Villar de Mazarife, no exactamente en el sendero tradicional que lleva a Villadangos del Páramo, sino uno habilitado hace algún tiempo que evita la caminata junto a la N-120 y se desvía a la izquierda por caminos de campos y labranzas por Oncina de la Valdoncina, Cozas de Abajo y Villar.

Me encantan los nombres que voy apuntando en mi Moleskine. Santa Olalla de Bureba, La Puebla de Arganzon, Torquemada (de rancia memoria histórica), Sahagún y Santas Martas.

El tren de alta velocidad permite disfrutar de un viaje rápido por espacios naturales de belleza calma y pueblecitos más o menos intuidos que parecen narrar viejas historias de estas tierras antiguas. Pero nada más salir, en el tren que atravesaba desde Sants hacia Tarragona y Lérida, una señora de acento inglés o alemán, esbelta a pesar de la edad, cabello blanco y grandes ojos azules de mirada inocente, nos informaba que iba a hacer el Camino e inquería cuál era nuestra intención, dando por supuesto que estábamos en la misma nave. Nos aclara que el año pasado hizo la Ruta de la Plata y que le pareció bello pero sumamente solitario. "Y claro, dijo, el Camino se hace para conocer gente, para compartir cosas con los demás, ?no? " La miré asombrado. Para mí el Camino es, como escribí ayer, un ejercicio de soledad, si acaso breve y amablemente compartida si se da el caso, poco más que "¿Qué tal vas? y el archiusado "Buen Camino" en cualquier idioma que uno conozca. Como en la vida, en el Camino hay gente para todo. NO hay reglas absolutas.

En el tren, voy mirando el paisaje y lo alterno con la lectura del libro de Douglas Harding "Vivir sin cabeza", un clásico de la literatura zen. Las fechas nos ofrecen un recital de campos verdes, arboles florecidos y colores de una vitalidad rabiosa. El vaivén de mis miradas van envolviéndome en un ambiente de plácida serenidad que en algún momento turba el sonido de los móviles y  el desagradable atentado contra la intimidad que supone escuchar a un sujeto contandole a su interlocutor cuestiones que sólo deberían interesarle a ellos dos. ¿No dice nada de los móviles en público las normas de educación y civismo? Pues debería hacerlo.

La entrada en tierras navarras cambia el paisaje, el color de las tierras, arcillosas, rojas, con montículos aterrazados, largas extensiones de grano, árboles en manadas irregulares. El Padre Rio fertiliza el paisaje, rodeado de un cielo dificilmente azul asediado por nubes blanas de vientre negruzco.

Psaamos por Olite y me qudo prendado unos segundos con la silueta de su castillo y su torre de punta trangular o en Tafalla, el campanario de una iglesia o monasterio, cuadrado, sólido, pardo sobre tejados rojos.

Al atravesar hacia Pamplona, en Izurdiaga, el tren pasa bajo los picachos dentados de una sierra que parecen precipitarse hacia la via, en el fondo, un rio serpentea con aguas turbias socavando la base de la montaña. A partir de allí se levanta una especie de muralla natural, con riscos hasta media altura y el resto bosque espeso. Parece como una inmensa meseta de la que solo vemos el muro que da al valle.

Miranda de Ebro, nudo ferroviario, atrae mi curiosidad, Viejos vagones iluminados por ese arte tan contemporáneo que es el grafitti, los hay de todos los estilos. Mas que un museo de viejos vagones y maquinas, parace el museo del grafitti.

Entramos en las planicies castellanas por Burgos-Rosa de Lima, esa bella ciudad desbordada por un urbanismo excesivo. Palencia se cruza en un santiamén y uno viaja por el páramo, donde la inmensidad verde con toques ocres de vez en cuando, parece unirse en una linea finísima con un cielo preñado de nubes, en las que abre de vez en cuando un tajo el sol. Contados árboles y postes de electricidad que semejan signos de admiración.

De Sahagún me deja boquiabierto--cosa de segundos, claro--la torre cuadrada entrevista sobre el caserío. Una maravilla con cuatro pisos de ventanas ojivales, señorial y poderosa como un samurai.

Con una puntualidad asombrosa (aún guardo el recuerdo vivo de los viajes en Renfe de hace treinta años) el tren hace su entrda en la nueva estación de Leon, estrenada hace dos meses.

Tras tomar contacto con el refugio, Jaime y yo nos permitims un rato de descanso y de escritura por mi parte. El Refugio ofrece gratuitamente el uso de internet. Maravilloso. Luego daremos un paseo por esta bella ciudad surcada por dos rios. Y mañana será otro día.

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1 mayo 2011 7 01 /05 /mayo /2011 19:31

camino1.jpgDice el poeta que lo importante del camino no está en su final, en la meta, en el objetivo. El viejo poeta herido de amor, Seferis, hizo su viaje a su particular Itaca y nos sugiere que Ulises, el Odiseo de las mil tretas, cuando regresó a su patria vivió aún muchos años sin que pasara un solo día, qué digo, ni una sola hora en la que su mente no le devolvíera fielmente las mil y una aventuras que sufrió, y gozó, antes de llegar a Itaca, recuperar  a su esposa y a su hijo, y su palacio y sus tierras. Ulises vivió instalado en una nostalgia abrasadora, pues la vida estaba en ese camino que él cumplió con todas sus exigencias. Y ahora solo le quedaba el recuerdo, hasta el fin de sus días. Frodo y antes que él Bilbo se mantienen joven en el seno peligroso y embaucador de la aventura y cuando éstas acaban, dan en envejecer y retirarse hacia la muerte. Como el bueno de don Alonso Quijano, al que muchos llamaron el glorioso, temerario y desdichado caballero de la Triste Figura, don Quijote.

 Para el caminante de raza el sendero que comienza está  lleno de emocionantes preguntas, de una cierta tensión sensitiva, de una percepción sensual e inquieta de los detalles. Cuando el camino a recorrer es legendario, lleno de historia, una especie de autopista histórica de los pueblos hacia lo inexpresable, el reto es muy peculiar. No hay nada que descubrir, miles de miles han transitado por ese camino desde las edades oscuras, superando peligros, incomodidades y avatares que hoy son impensables. El camino está roturado, sobrado de pistas, no hay peligro de pérdida o extravío, cientos de personas lo cuben etapa tras etapa simultáneamente al viajero y su amigo, por lo tanto, ante la certeza y banalidad de su trazo, el Camino adquiere otra dimensión que es hija y consecuencia de esa vocacion multitudinaria: propicia, lo que le convierte en un paradigma de nuestro tiempo, el exilio interior. El Camino de Santiago es hoy en día un camino compuesto por dos vías que rara vez se encuentran o cruzan: la que tantos comparten al mismo tiempo y la que uno lleva en su interior, acicatado por el esfuerzo, el cansancio y los campos y cielos que le rodean en su forzada itinerancia. camino2.jpg

Esta noche velo las "armas" de mi empeño viajero, la mochila preparada y una pequeña maleta que iremos facturado etapa tras etapa como concesión  a la comodidad de estos tiempos y a la secreta convicción de que el esfuerzo que se va a acometer, a mi edad, tiene más de recorrido interior que de descubrimiento externo. Por lo tanto, demos al cuerpo digno descanso, ducha diaria, ropa limpia y buen yantar.

En algunas otras ocasiones, años ha, he recorrido ese largo sendero que auna con tanta justeza lo fisico y lo espiritual. He pasado por albergues repletos, sudorosos y escasamente cómodos, "donde todo ruido y toda molestia tienen su habitación", comiendo poco y mal y durmiendo peor, pero eran otros tiempos y eso formaba parte del aprendizaje personal que me había impuesto. Como punto dinámico y abiertamente positivo casi siempre, nuevas amistades, algunas deliciosas y otras trascendentes, noches de diversión, alguna jornada etílica sin  consecuencias y mucha emoción y cansancio. Entre los veinte y los treinta se juega en otra división, ¿verdad?

Luego, ya en la madurez, vino un viaje mixto entre coche y caminata que diseñé para compartir varios días con mi hijo. Fui feliz y me acerqué a él en una época en que empezábamos a entendernos.

Y ahora llega éste nuevo intento, acompañado por un buen amigo. Ocho dias de caminata, desde León a O'Cebreiro. Tiempo para charlar y callar, tiempo de silencio y meditación andariega, tiempo para ver y gozar, tiempo para escribir y reflexionar.

Si logro encontrar ordenador y conexión, seguiré con esta historia. Si no, llevo mi "moleskine" a mi lado, en un bolsillo, y daré cuenta fiel de este viaje de tal compleja urdimbre, la doble via de un sendero muy especial. 

Mañana partimos a primera hora. Tren hasta León. Y desde allí, el Camino.

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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 08:11

cs1.jpgDicen que Pablo de Tarso, el apóstol romano de origen judío derribado de su caballo por el dedo de Dios, un converso al cristianismo al que le avalaba una formación económica de primer orden, creo que era cobrador de tributos, y una energía y empecinamiento en el logro de sus objetivos que desbordaba los parámetros de la normalidad (muy en sintonía con su pertenencia a la raza de las tribus de David e Isaac), recorrió 30.000 kilómetros por tierras de la Arabia profunda, Macedonia, Oriente Medio, Asia menor,  los confines del imperio romano, seguramente incluída nuestra Hispania, hasta recalar en Roma donde fue sacrificado. Se calcula que caminaba unos 30 kilómetros al día, solo o acompañado.

Por tanto y si se me permite, declaro santo patrón de este caminante a Pablo de Tarso, un santo marchoso al que si los romanos no hubieran crucificado, cabeza abajo por petición del reo en un gesto de humildad que le honra y nos sorprende (no quería morir de una forma tan semejante a la de Jesucristo), se le debería nombrar por decreto patrón ideal de todos los senderistas del mundo.

Viene todo este exordio tan excusable a que esta semana que entra, en compañía de mi amigo Jaime, vamos a recorrer durante una semana una de las etapas del Camino de Santiago, exactamente la que une la ciudad de León con Ponferrada (en O' Cebreiro daremos por terminada la etapa). Hemos calculado un total de 156,30 kilómetros, lo que nos da un promedio de 26 a 30 kilómetros al dia.

Saldremos en tren el lunes dia 2 hacia León y tenemos previsto coger el tren de regreso, de Ponferrada a Barcelona,  el dia 9, inch Alà, como diría el bueno de Pablo, conocedor de más de diez lenguas y dialectos de las zonas por donde caminaba, sobre todo las lenguas semíticas.

Tengo el propósito de ir narrando en este mismo blog detalles del viaje, anécdotas y viviencias, lo más puntualmente posible, siempre que logre conectar por wi-fi con la red y con ustedes, mis lectores.

On verrá.

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7 abril 2011 4 07 /04 /abril /2011 18:09

En la cima del Pico Camiseta (1206m), en plena sierra de la Cogulla, entre el Matarraña y Castellón, hay una fita oficial de cemento y un vértice geodésico, el típico cilindro de cemento armado con una placa estatal, aunque falta una mención a la altura. Unos metros más abajo, a la derecha, se distingue la blanca capillita de La Camiseta. Alrededor de la cima se despliega un bellísimo despliegue de la tierra del Matarraña, el Maeztrazgo  y las cumbres verde azuladas de “els Ports” de Castellón. De hecho en esta cumbre estamos ya en tierras de la Comunidad Valenciana y el poste y las flechas señalizadoras blancas y amarillas ya llevan las siglas CV y los indicativos, La Tossa, 1.206 m., Herbés 3.820 m. (1h y 15 min.) y otra en dirección opuesta que también señala Herbés (3.260 m. 50 min.)  Dicho pueblito de tejados rojos es visible abajo, al fondo. Por los cielos, los vuelos impávidos y majestuosos de las águilas. Es posible distinguir los núcleos urbanos de Peñarroya, al amparo de las rocas del Masmut, a continuación Fuentespalda, a la izquierda. En el centro Monroyo, con el blanco apéndice de la torre del reloj y más a la izquierda el caserío de Torre de Arcas.

Precisamente en Torre de Arcas, existen varias posibilidades de senderismo. He escogido dos de ellas. La primera lleva desde el pueblo por el puente medieval hacia la cumbre del Monegrell. Ya hablaremos de esto la próxima salida. La segunda, es la que motiva este reportaje y nos lleva hasta la cima descrita. Hay que seguir  la calle que lleva al lavadero comunal, bien restaurado,  y la fuente. Se sigue hasta el aparatoso y feísimo polideportivo, con su cubierta roja y sus paredes de plástico (me asombra el mal gusto de los polideportivos construidos  en muchos pueblos del Matarraña, armazones sin gracia alguna,  de concreto, cemento, plástico y metal u uralita, ¿tanto costaba hacer algo que cuadrara estéticamente con el entorno? Hasta en mi pueblo, Torre del Compte, que tiene un “skyline” bellísimo,  se padece un desaguisado semejante que afea el conjunto).

Pasado el poli-atentado estético, llegamos a “el Maset”, una serie de construcciones rurales tradicionales y más arriba pasamos junto a la ermita de San Bernardo, que merece una visita y el cementerio de la localidad, de horribles paredes encaladas y un interior muy bello y cuidado. (Por favor, señores alcaldes, cuiden el aspecto externo de sus hermosos pueblos).

A mano izquierda nace el sendero, balizado, que nos llevará por una pista sin pérdida, en subida constante, con la señalización “A la fuente de la Manzana y a la Cogulla”.  A unos 20 minutos cruzaremos la carretera N-232  que lleva a Vinaroz y los desmontes de la futura A-68, una autovía en fase de congelada construcción. El sendero sigue junto a la ruina de una masía y atraviesa campos de labor hasta llegar a bosques de carrascas y pinares.

A cuatro kms.  dejamos un desvío a mano izquierda que indica “Monroyo” y seguimos ascendiendo sin cesar atravesando bosques que a partir de los mil metros serán de pino negral. Tras una hora y pico de pista llegamos a un desvío  que a la izquierda lleva a la Fuente de la Manzana (llamada así por los manzanos silvestres que antaño la rodeaban). Unos minutos de caminata y llegamos a una zona  despejada en pleno bosque,  donde hay una caseta con sello militar y la fuente propiamente dicha. En el idílico rincón se puede ver una gran nogal y un pino enorme cuyo tronco rebasa los 2 metros y medio.

Volvemos al cruce y a la derecha empieza la última subida hacia el Pico Camiseta. Es constante y con un par de bajadas y repechos, se va buscando la carena hacia el pico, una media hora de subida incesante que si se sube en horas de mucho sol puede resultar un poco dura. Por todos lados, muestras del paso de jabalíes, zorros y cabras monteses (que de vez en cuando sorprenden al caminante con su rapidísimo paso y el castañeo de sus pezuñas sobre la roca). Y así, en poco más de dos horas llegamos a la cima que al principio les relataba. Habremos superado más de cuatrocientos metros de desnivel y disfrutado de un camino tranquilo por pista y bien señalizado. En total podemos contar con cinco horas de paso reposado y paradas.

No se pierda

Pasee por el pueblo, visite la iglesia de San Bernardo del siglo XVI, sencilla y sólida con una torre campanario poco elevada. La antigua cárcel de 1791 junto al Ayuntamiento  (s. XVII).  Visite también el Horno de Pan cocer, un horno comunal que  ha funcionado hasta hace pocos años. Pero el plato principal de la visita puede ser la ermita de San Bernardo de Claraval, (mentor de las órdenes del Cister y del Temple) de un barroco tardío. La imagen de la ermita en un altozano, rodeada de pinos y encinas, es reconfortante. Tiene fechas grabadas de construcción, 1798 y 1801.  Esta construida en mampostería y piedra sillar, con planta elíptica y una cubierta de cúpula. Está incluida en el llamado barroco atemperado o clasicista. En el interior se conservan pinturas murales realizadas a mediados del XIX. La guerra civil pasó por el sitio arrasando imaginería y pinturas. Lamentable sino el de este país. Pero el lugar merece la pena. El 22 de agosto se celebra la romería.

 

Libros y mapas

El MTN 50 y los mapas de 1:50.000 de Peñarroya de Tastavins (mapa 520). También “La comarca del Matarranya” de Prames. Y “Matarraña desconocido” de J.Avila, ed. Barrabes,  encontrables en Serret (Valderrobres) y librerías especializadas

 

Para llegar, comer y dormir

Carretera N-232 de Alcañiz a Morella, hasta después de Monroyo, entrada a Torre de Arcas a la derecha.  Desde Vallderrobres la A-1414 hacia Fuentespalda, Peñarroya de Tastavins (se deja este pueblo a mano izquierda) y Monroyo, donde se conecta con la N-232.

En Monroyo está la Fonda Guadalupe y el bar el Molino, para dormir y comer. En Torre de Arcas hay una casa de turismo rural, Casa L’Obrera.

 

 

 

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28 marzo 2011 1 28 /03 /marzo /2011 13:13

P1000059.JPGUna vez en Peñarroya de Tastavins, el pueblo montaraz, un triángulo blanco que se amolda a una colina, con las montañas protegiendo sus espaldas (población de calles empinadas que merece algunas horas de paseo), subimos a la parte más alta del pueblo y seguimos la pista que lleva a los depósitos de agua. Allí encontraremos un lugar de descanso con carteles indicadores de la ruta que vamos a seguir.

 

 

 

El sendero, sin dificultades, dejando atrás la balsa de San Miguel, nos lleva al mismo pie de la mole vertical de paredes rojizas (de ahí el nombre de la población) que alcanzan 1058 m. de altitud y es un conglomerado de paredes con más de 100 metros de caída y en su cima ofrece una explanada desde donde se disfrutan unas vistas hermosas de toda la fronteriza zona con el Bajo Maeztrazgo, y de lugares pintorescos como el Mas dels Marrocals, les Moles o el Barranc de Peret. En las paredes verticales se crean repisas donde anida un gran número de buitres leonados, el monarca aéreo indiscutible del lugar.

Antes de bajar por la derecha hacia el Arroyo de los Prados, al pie mismo de la cara sur del farallón y que lo rodea para hacer un camino circular de poco más de cinco horas de duración (contando paradas breves), sugiero seguir la pista que lleva en media hora hasta el Mirador de las Rocas que nos ofrece una vista privilegiada del conglomerado rojo. P1000069.JPGDespués desandamos la pista y a mano izquierda, junto al Masmut, hay un empinadísimo sendero que nos lleva a la cima en unos minutos (no aconsejable para los que sufran de vértigo o no estén en forma).

La bajada hacia el arroyo, es un sendero balizado, pedregoso, sin problemas para caminarlo y que nos va ofreciendo continuamente unos parajes bellísimos, arboledas de pinos y carrascas, el enebro con sus bayas rojas, algunas sabinas adaptadas al hostil medio rocoso, el perfume del romero y el tomillo, flores silvestres de vivos colores, quizá alguna cabra triscando por sus empinadas trochas, la huella de un zorro, el vuelo veloz del cuervo y, sobre todo, el majestuoso planear del buitre o del alimoche sobre nosotros. Restos de construcciones humanas, masías y corrales, dan fe de la venerable vejez de estos lugares, poblados desde tiempos neolíticos.

Durante la bajada, tras un bosque de encinas llegaremos a una zona con unos pinos de tamaño impresionante, llamados "reservats" (son pinos que se guardaban para la construcción de masías y de barcos --en pasados siglos--, y donde también podemos admirar un abrevador de ganado, "bassiol", realizado en uno de esos pinos vaciados en semicírculo (en "lluna vella").PICT8169.JPG

En una hora podemos estar junto al arroyo, cruzarlo sin dificultades (no suele haber agua) y pasar al otro lado donde discurre una pista que a la derecha se interna en els Ports para llevar a Boixar (provincia de Castellón). Debemos seguir a la izquierda, sin abandonar como fondo la presencia firme y llamativa de la cara este de las rocas de Masmut (hay quien dice que proviene del nombre de un pueblo bereber que estuvo en la zona y otros, menos románticos, hablan de un desaparecido Mas del Mut). Tres kilómetros de tranquilo pasear por la pista, junto al rio, que volvemos a cruzar y nos encontramos con otra pista a la derecha que lleva al refugio de Fredes. Seguimos rectos para pasar junto al Maset Peret d’Arsis y un poco más allá, a la derecha, en el fondo, un bellísimo puente medieval que merece la pena visitar.

La pista está cementada en la subida permanente siguiendo siempre la cara nordeste del Masmut. A mitad de subida veremos a nuestra izquierda una fuentecilla que mana sobre un tronco abrevadero. Rodeamos la cara norte del Masmut y llegamos a conectar con el camino de acceso que seguimos al llegar. En unos metros llegaremos a la balsa de San Miguel, junto al pueblo.

Un pueblo encantador

 

Calles empinadas, balcones de madera, fachadas encaladas, balconadas artísticos con flores por doquier…uno cree pasear por el Medievo, en un viaje al pasado que desmiente la presencia evidente del siglo XXI. Hay que visitar la casa Palomo y sus dos portadas en arcos de medio punto. Restos de un castillo en lo más alto, la capilla portal de la Virgen del Carmen (que parece haber sido el portal del recinto amurallado, ya desaparecido), la esbelta torre de la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en piedra sillar, a mediados del XVIII. Vean también la plaza de la Fuente, con el lavadero público.

 

 

Alrededores que no debe perderse

A dos kilómetros del pueblo, vaya a pasearse por la ermita de la Virgen de la Fuente, un conjunto arquitectónico bien conservado con una ermita barroca y otra aún más antigua, siglo XIII, un hermoso claustro, todo ello declarado monumento nacional desde 1931 y Bien de interés cultural desde 1985. No se pierda la decoración gótica en capiteles y ventanas, así como el tímpano central, presidido por una imagen de la Virgen en Majestad rodeada de cuatro ángeles. Impresionante techumbre del edificio barroco en carpintería mudéjar aragonesa.

Documentación

Guía de la Comarca del Matarraña (Prames), Matarranya (red natural de Aragon), Les terres del Matarranya, Salvador Ginesta (Abadia de Montserrat), Matarraña desconocido , Jesús Avila Granados (Barrabes editorial).Y los mapas 520 de los Topográfico nacional de España. Asequibles en la librería Serret de Valderrobres o en cualquier librería especializada.

Accesos, comer y dormir

Desde Tarragona la N-420 hasta Calaceite. Desde allí a Valderrobres, seguir la carretera a Monroyo y coger el desvío a la izquierda hacia Peñarroya. Desde Morella, por la carretera de Alcañiz (n-232), desviarse en Monroyo y a la derecha hacia Peñarroya.

En la carretera de entrada al pueblo, antes de la subida, restaurante de la Hospedería Santuario Virgen de la Fuente. Dormir y comer en el Hotel Tastavins, en el centro de la localidad. Y en Monroyo, El Molino para comer o la Posada Guadalupe, también para dormir.

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