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13 julio 2011 3 13 /07 /julio /2011 17:31

excursiones-4650.jpgTras las lluvias de anoche, una tormenta con mucho aparato eléctrico y el retumbar de los truenos, amanece un miércoles de cielo azul, soleado. Son las siete de la mañana. Preparamos la mochila y bajamos a desayunar. Cuando salimos a buscar el coche y acercarnos a la ruta elegida, el azul del cielo ha desaparecido entre algodonosas nubes blancas que, muy pronto, son desplazadas por nubes oscuras y bajas, niebla  bajando de las cumbres y un viento cada vez más frío que nos obliga a ponernos el polar.

La subida hacia la estacion de esqui de Grau Roig, cerca del Pas de la Casa, frontera con Francia, donde se encuentran los estanys del Cercle dels Colells, desde el muy frecuentado Estany Primer dels Pessons, hasta los menos conocidos y mas hermosos de Coma d'Estremera y de Mes Amunt, el Gran o el del Mig. Ya la subida por la deteriorada pista que lleva al Pessons fue invadida por la niebla. Ese frio y soledad de la pista nos permitió gozar de la fugaz presencia de dos cervatillos que se quedaron mirando el todoterreno como si no se creyeran que con ese tiempo habia humanos tan locos para subir y de improviso, cuando hicimos gesto de parar y salir a fotografiarlos, salieron de estampida, dando saltos colina arriba con la belleza, la fortaleza y la agilidad de esos bellisimos animales.excursiones-4667.jpg

Decidimos bajar rapidamente del collado mientras una niebla espesa iba adueñándose de todo.

Como consuelo, nos fuimos al Valle de Incles, un poco más abajo, un bellisimo rincón andorrano, valle glaciar desde donde parten numerosos senderos hacia las dos vertientes del valle.

La entrada del valle, estrecha, solo cabe un vehículo y la pista subsiguiente hasta la cabecera del valle donde se encuentra el aparcamiento y comienzan los senderos, estaba cerrada a vehículos por obras y tuvimos que ir andando los tres kms y pico. Mientras caminábamos por la estrecha pista admirando el paisaje que nos rodeaba, la lluvia seguía cayendo poco a poco y el frio se intensificaba. Al llegar al solitario aparcamiento tuvimos que tratar de escoger entre subir al Estany de Siscaró o al de Canals Roges (a unos 2500 m) o a los más lejanos del Fontargenta, Estanyol o el racimo bellisimo de los lagos de Juclar. Todos los senderos nacen en el puente de la Baladosa, donde se juntan aguas del rio Manegor, del Juclar y del Siscaró.

Decidimos subir al estany del Juclar que pasa por el refuigio del mismo nombre y comenzamos el sendero con una suave inclinación, una pista empedrada y muy invadida por corrientes de agua que lleva a un lugar habilitado para picnic de los visitantes no muy dados a las caminatas. Al llegar al espacio de bancos y mesas, donde parten de verdad los caminos que llevan a las alturas, estrechos y muy empinados, la niebla volvía a aparecer y las nubes oscurecían el cielo sobre nuestras cabezas.

Vuelta de nuevo sobre nuestros pies y para cerrar la  frustrante mañana, investigamos el trozo de GR (recién habilitado y arreglado) que lleva desde el puente por el otro lado del rio y paralelo a la pista, hasta el pueblo. En total, tres horas de caminata, un poco mojados y algo decepcionados a causa del tiempo.excursiones-4680.jpg

Sin embargo el valle de Incles merecerá otra u otras visitas. Como decía Verdaguer, mosén Cinto, en su poema Canigó, "Les valles d'Orino  i d'INcles son mes plenes// d'harmonia, de somni i de misteri// als raigs que hi deixa caure l'hemisferi//a la serena de qui cova el mon".

Es un valle de extraordinaria belleza, con una vertiente este (umbría) cubierta de bosques de coníferas y la otra, oeste (solana) llena de matorral de codeso, el piornal o genista, enebros, genyuba, sembrado de flores como el narciso silvestre, el lirio pirenaico o el alazor, toques de amarillo, blanco, rosa, morado o azul, de tal viveza y gusto que uno no para de admirar la genial paleta de pintor de la naturaleza. Sólo la acuciante y creciente presencia de casas, bloques de pisos y chalets en los lugares más hermosos pero inoportunos e inadecuados desde un punto de vista ecológico y paisajístico, ensombrecen la visita a estos lugares andorranos donde la montaña es la reina indiscutible con toda su belleza singular.

 

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12 julio 2011 2 12 /07 /julio /2011 19:18

excursiones-4610.jpgLa segunda jornada  senderista andorrana comienza con el país de Nunca Jamás y termina con un fiasco montañero: la pérdida del camino de subida del Pic de la Cabaneta. A las nueve de la mañana llegamos al acceso al Vall del Riu, un lugar poco evidente, situado en plena carretera -casi pista- comarcal de Ordino a Canillo. Se trata inicialmente de un circuito de enseñanza de naturaleza a escolares y turistas, una media hora de sendero muy bien preparado hasta el río y el puente que lo cruza y da via libre al sendero de verdad: más de setecientos metros de desnivel positivo hasta el Estany Gran donde nace el rio que da nombre al valle, con toda simpleza:Riu. E n ese breve lapso de senderismo didáctico se le muestra a los niños con carteles la flora y fauna del lugar en un ambiente de postal montañera, rodeados de flores naturales, montañas, prados y el río cantarino despeñándose ciento y pico metros más abajo por la estrecha garganta que ha ido labrando con  siglos de aguas lanzadas hacia el valle.

Pero a partir del puente hay que ajustarse las botas. Jaime y yo comenzamos una subida empinada que nos hace pasar fatigosamente ante derruidas cabañas o bordas de antiguos pobladores de la zona y se va lanzando hacia arriba buscando espacios libres y montañas lejanas. Una primera hora de subida entre bosques de abetos, pinos negros y algunas encinas y carrascas, por un sendero filamentoso que va haciendo lazadas en prados de hierba peinada por el viento y rocas como lajas, brotes de agua y el sonido de las esquilas del ganado caballar que veremos sobre todo en las alturas, pasados los dos mil metros, cuando ya los arboles dejan espacio a los prados, las extensiones herbosas y los riachuelos que van a nutrir al Riu de las escarpadas montañas que nos rodean.excursiones-4570.jpg

Hay una desviacion a la derecha que lleva a Les Plans y nosotros seguimos hacia arriba por el estrecho sendero que la hierba oculta a veces creando cierta confusión hasta que en lo alto del prado inclinado vemos un poste indicador que nos señala a la izquierda bordeando una casa amplia en la piedra del lugar, cerrada y con un gran prado delimitado por un murete de rocas negras.

Veinte minutos mas tarde, bordeando un pinar que va en brusco descenso hacia el rio, allá al fondo del valle, llegamos a un prado extenso en uno de cuyos extremos está el refugio de la Val del Riu, abierto y bien preparado como casi todos en este pais modelico para montañeros. Un poste indicador situado tras el refugio a la derecha, indica la dirección a seguir: para arriba por la ladera de la montaña hasta llegar a los pedregales de Les Fonts, media hora más tarde. Despues cruzaremos la Pleta de la Cabañeta, bordeando las escarpes esquitosos del Pic de les Fonts (nombre identico al pico que dejamos de subir ayer) por un sendero de inclinación constante que nos hace remontar en escalones del Passos dels Estanys, hasta un collado donde pasta una manada de caballos, abrevando en los cursos de agua que bajan de los Estanys. excursiones-4624.jpg

El sendero, marcas amarillas, nos lleva a la izquierda a superar una tartera de rocas medianas, pizarrosas, que hay que cruzar una y otra vez, en lazadas hasta llegar al lago propiamente dicho: el Estany Gran, de aguas oscuras en las que se reflejan las aristas empinadas del Pic del Estanyó, de casi tres mil metros.

Allí, junto a la orilla, Jaime y yo recuperamos fuerzas: fruta y agua y un rato mirando el cielo nublado en el silencio apenas roto por los lejanos canguilones del ganado que pasta ciento y pico metros mas abajo.

Hemos recorrido un paisaje digno del país de Nunca Jamás. Solo faltan los piratas y los indios. Pero uno mira a su alrededor buscando rastros de los Niños Perdidos o de Peter Pan (yo creo que hay un cierto Peter en el corazón animoso de cualquier montañero, sobre todo de los más maduros).

En todo caso este es un sendero que despierta el amor a la belleza natural, a la paz de las alturas, a ese cansancio optimista que nos cubre con su manto placentero cuando llegamos al punto de origen de la excursión, tras casi siete horas de caminata, descansos incluidos.

El único punto disfórico: ni Jaime ni yo logramos encontrar el sendero de subida al Pic de la Cabaneta (2862 m) con el que debíamos coronar la excursión. Ni señales, ni fitas. El mapa marcaba una linea que no sabiamos ver. Siguiendo sus indicaciones nos encontramos en una subida empinada, sin señales que nos llevaba a un collado desde donde veíamos cerca pero muy lejanos los picos de Estanyo y el de la Cabaneta, pero sin acceso visible. Frustrados nos volvimos al estany y de allí, a la bajada (unas dos horas y media), regalándonos un reconfortante y helado baño de pies junto al puente de inicio.

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11 julio 2011 1 11 /07 /julio /2011 16:48

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El primer sendero que he escogido para inaugurar estos cinco días de montañismo en Andorra con mi amigo Jaime ha sido el que nos lleva desde el pueblecito de Llorts por una empenadísima senda hasta la cabecera del valle de La Angonella donde hay tres lagos, cada uno a mayor altitud que su predecesor y un par de picos que tratar de asaltar.

A las 8,30 dejábamos el hotel Marco Polo en La Massana tras un discreto desayuno y cogíamos la carretera que lleva a Ordino y del bellísimo pueblo (donde en verano se suelen celebrar veladas musicales de renombre internacional) la que pasando por La Cortinada (allí se debe visitar la iglesia románica de Sant Marti,  con un  campanario lombardo y unas reformas de los siglos XVII y XVIII, donde aun se pueden admirar un mural del siglo XII dedivcado a San Martin de Tours, amén de retablos barrocos del XVII y un carillón del XVIII) y seguir hasta Llorts, en cuya plaza de la iglesia (románica) arranca el sendero señalizado con barras rojas y blancas del GRP.

Desde el mismo comienzo, el camino se vuelve apriscado, bordea bancales verdes y sube incesantemente con un piso de lajas sueltas y piedras, bajo pinos gigantes, un bosque que va integrando otros árboles de altura como abetos, formando un dosel verde que acompaña y sombrea el sendero, mientras el rio Angonella, que acompañamos por la izquierda, compone un cántico líquido de enorme fuerza y brío, pues baja saltando entre las piedras y los árboles.

El sendero va ganando altura sobre el río, que se encajona en un desfiladero poco practicable, pero siempre presente con el fragor de la caida de sus aguas. A unos 45 minutos superamos las bordas de la Mollera, unas masías que no se ven hasta que ya estás muy encima de ellas, pero si pasamos junto a una cabaña de pastor en perfecto estado, realizada con gran maestria con las piedras planas que abundan en la montaña. El rio forma una serie de cascadas mientras a nuestra derecha vemos bajar las aguas del Aiguarebre que se une al Angonella aportándole sus aguas ferruginosas que dejan un paisaje rojo cobrizo en las piedras por donde pasa.

El sendero, que no abandona su fuerte desnivel en ningun momento sube haciendo lazadas entre rocas y terrazas de hierba, hasta el estrecho de la  Angonella, entre lajas enormes de piedras, una tartera que parece una cascada de gigantescos pedruscos, que nos da acceso - más o menos a las dos horas de estenuante subida - a la Plata de la Angonella, unos bancales de prados formando una gran explanada donde está la casita de piedra gris del refugio sin guarda (pero en un estado de limpieza y útiles que envidiarían todos los del resto de los Pirineos españoles (cosa frecuente en Andorra donde se cuidan mucho todo lo concerniente al senderismo y alta montaña) y la maravilla de los caballos que pastan durante todo el verano en la zona, libres y sin pastores, campando a su aire y ofreciendo al caminante una estampa de belleza natural emocionante. Los animales están relajados y van a lo suyo, entre cauces de aguas más serenas que abajo, que provienen de los lagos de la cabecera del valle, junto a algunas cascadas y retozando por prados de un verde luiminoso.andorra1angonella-078.jpg

A diez minutos estyá el primer lago, el Estany de Mes Avall, casi un aguamoll, donde dejamos el GRP a la izquierda que va a subir al Pic de les Fonts (una alternativa muy buena si el tiempo acompaña y no estás derrengado por los mil metros de desnivel superados en solo dos horitas), pero nosotros seguimos por la derecha bordeando el lago para subir al Estany del Mig, una masa azul rodeada de montañas que se alzan desde la orilla como murallas pétreas, y en un último esfuerzo, hasta el Estany de Mes Amunt, a 2.436  m, que muestra sus aguas trasparentes (y muy frias) en el centro de un circo de grandes cumbres, los picos de Arcalis, Cataperdis, L'Angonella y Les Fonts, todos acercandose muicho a los 3000 m, donde aun quedan manchas blanas de neveros no derretidos.

Alli, junto a la orilla, resguardados tras unas piedras grandes de un viento helado que azota el lugar, en un silencio casi sagrado, tomamos algo de fruta y agua para reponer fuerzas.

La bajada es preciso realizarla con cautela, dada la inclinación es fácil resbalar, pero en unas dos horas se puede volver al pueblo. Dejamos con un suspiro de fastidio la subida al Pic de les Fonts debido a la mala catadura de las nubes que avanzan desde el norte y muestran vientres casi negros (incluso los caballos parece que se van reuniendo en torno al refugio). Luego, como a veces sucede, se irá deshaciendo la amenaza y al llegar al pueblo reina el sol, aunque un aire fresco circula entre las viejas calles (estamos a 1430 m).

En total, contando paradas para hacer fotos y tomar algo, son seis horas de verdadero -y algo cansador-- asombro natural.- Ha sido un buen comienzo de semana y ante dos cervezas heladas en una terraza de Llorts, ambos susurramos al unisono "Esto es vida".

 

 

 

 

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26 junio 2011 7 26 /06 /junio /2011 17:38
 IMG 1428
 
Desde Beceite y como una nueva variante a la excursión a Penyagalera, sugiero visitar los parajes magníficos de la Mola de Lino que nos permitirá conocer toda la bellísima ribera del Ulldemó, el tercer gran río de la zona, con el Matarraña y el Algars.
Para ello se sigue la pista pavimentada que lleva desde las afueras de Beceite en los altos de cementerio, en dirección a la Pesquera, donde se  acompaña al río practicamente hasta el punto desde donde se inicia el sendero de subida a la Mola. Más o menos unos 10 km de incesante belleza, naturaleza en todo su esplendor, aguas cristalinas y parajes encantados.
Para evitarnos el paso por Beceite, que bien merece una visita pero esa no es hoy nuestra prioridad, al salir del pequeño túnel que en la carretera que viene de Valderrobres y antes de cruzar el puente sobre el rio, se coge, a la izquierda, inmediatamente,  la pista asfaltada que se aleja del pueblo. Esta pista nos lleva de nuevo a cruzar el barranco del coll d'en Selma más arriba y se llega la bifurcación que lleva a   Arnes a la izquierda y tuerce de nuevo a la derecha hacia Beceite, opción que seguimos. Justamente a la altura del cementerio (k.2,6) se vuelve a girar a la izquierda hacia La Pesquera y ya se sigue acompañando el cauce del Ulldemó, que allí forma una garganta  que se extiende por  unos diez kilómetros, plena de grandes pozas y lugares de baño y esparcimiento.
En el km. 4,9, se ve a mano izquierda el cartel indicador del sendero que sube a Peñagalera, que ya seguimos hace unos meses. Ahora lo dejamos atrás por la pista hasta el km. 6,5 donde hay un mirador de una zona especialmente bella por las formaciones rocosas que al otro lado del río crean una pared peculiar de grandes masas tubulares. Desde allí es posible percibir la acción erosiva impresionante del Ulldemó. Enfrente, en las paredes verticales de color dorado resulta fácil sorprender la presencia de rapaces como el buitre leonado, el águila real, si hay mucha suerte tal vez algún águila-azor perdicera o el bellísimo vuelo del búho real.
Mas o menos en el km. 7, se termina el asfalto y aunque se puede seguir bien en el coche, recomiendo que se aparque en uno de los numerosos lugares idóneos, para no molestar a los que prefieren evitarse caminatas, y seguir a pie. Son tres kilómetros de pista forestal, cómodos de caminar por el escaso desnivel ya que a partir de ahí, superadas  las alturas, se acompaña al rio casi a nivel de cauce.
En el km. 8,3 la pista atraviesa el cauce del rio y el camino cambia de ribera. Siguiendo la pista por ese otro lado, dejando el rio a la derecha se atraviesan parajes bellísimos de agua y verdor. En unos minutos, se llega a una planicie redondeada, la Pataquera, cerca de la cueva del Sinto y el Mas de les Oliveres, donde acaba la senda y los que van en coche deben dejarlo (desde aquí nace otra excursión, una variable fluvial que seguiremos otro día).
A la izquierda de la plazuela natural,  sube empinado el sendero señalizado que lleva a la Mola de Lino. Unas dos horas de subida permanente por lugares de auténtico arrobo paisajístico, con presencia ocasional de cabras montesas y una arboleda de cuento de hadas y gnomos. Nos encontraremos con algún que otro refugio de ganado y subiremos con fuerte desnivel y alguna bajada entre el olor del romero y  el tomillo, la sombra fresca de pinos, carrascas, sabinas y arces, rodeados de acebo, boj y enebro. Un auténtico festival para los sentidos. Sendero entre bosques, lugares de torrentera y piedras, roca viva que hay que salvar con cierto cuidado, mientras ascendemos sin cesar (casi 600 metros de desnivel he anotado desde la Pataquera hasta la cima de la Mola).,
Antes de llegar a la mole  mesetaria de paredes blancas y riscos verticales de la Mola de Lino se encuentra los Masets de Lino que es un pequeño caserío con cabañas remozadas que forman un idílico lugar de reposo (de propiedad particular). Frente a las casitas se yergue la Mola de Lino. Decidimos probar la subida por la parte más cercana a la punta (a la izquierda por la pista). Una subida de cuarenta minutos sin señalizar y con una grimpada en un paso aéreo no muy severo, que nos lleva a las alturas (1208 m). Después desandamos por la carena de la Mola hasta el extremo donde desciende hacia el valle del Ulldemó por superficies herbosas y pinares inclinados (que es la subida habitual). Parece que en esas alturas se encuentra una Cova del Maquis que, por cierto, no supe hallar. Aunque si nos tropezamos con cabras monteses y fuimos sobrevolados muy cerquita por varias águilas.
Volvemos a los Masets y detrás de ellos, con un cartel que pone Beceit, regresamos por donde subimos.
La bajada, en ciertos momentos muy fuerte, debido a terreno desgastado de piedras pequeñas y rocas en caos en algunos tramos, se puede hacer sin problemas en  una hora y media.
En total, una seis horas nos habrá costado subir y bajar de la cima de la Mola (contando con la pista )hasta la Pataquera. Una vez allí es recomendable, antes de volver al coche, buscar una de las pozas del rio para darnos un merecido chapuzón y con un poco de suerte ver a ese pájaro rechoncho que es el mirlo acuático, frecuente en estas aguas. Luego 30 minutos más hasta el coche. Sin embargo, calculo unas cinco horas de subida y bajada si llegamos con el coche hasta el punto de arranque del sendero.
Las vistas desde la Mola de Lino son soberbias y permiten una visión aérea de los valles del Ulldemó y del Algars, con los arracimados caseríos dorados de Vallderrobres, Cretas, Calaceite, Arnes y Horta de San Juan, en las azules lejanías
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21 junio 2011 2 21 /06 /junio /2011 17:49

Entre los aficionados a la montaña, más que en el montañismo entendido como deporte y como forma de vida, prima la idea descabellada, el principio absurdo, de que para pasear y caminar y ascender montañas sólo hay que tener buena forma física, buenas piernas y, en los últimos tiempos --en los que se mezclan la lógica de los hechos y el comercialismo--, cierto material específico para afrontar los innegables desafíos que supone el medio natural. Y nos referimos a ese medio concreto en el que la física, la geología y la biología interaccionan con la IMG 1428meteorología. Y a veces, pocas gracias a los dioses, con resultados lamentables.

Pues bien, dada la preparación y formación de la mayoría de los que transitan senderos, trochas, barrancos y subidas de grados diversos en el medio hermoso pero esencialmente hostil de las cumbres, esos "resultados lamentables" son muchísimos menos de los que cabría esperar. Señores, yo he visto a un grupo de ingleses subir al Mulhacen con chancletas de playa, en bañador y sin más abrigo que una camiseta, sin agua ni alimentos..sin nada excepto la insensatez y la resaca de litronas. He ayudado a un par de maduros "montañeros" a superar un glaciar calzados con zapatillas de tenis y he orientado a un grupo de jóvenes vociferantes que se habían perdido en Montserrat un dia con niebla espesa y se iban directos a una barranca de cien metros de caida vertical, pero eso si, sin mapas, sin brujula y sin el menor conocimiento del terreno. Necesitaría toda esta página para dar una idea de las insensateces que uno, solo hablo de experiencias propias, ha podido ver por esos senderos de Dios.

Viene esto a cuento por el repunte de rescates en montaña que se ha dado en las dos últimas semanas. Como publicaba el "Heralado" de hace unos días, la Guardia Civil ha hecho su enésimo llamamiento a la prudencia (cosa cíclica que se repite en cuanto empieza el buen tiempo, aunque también en invierno hay que lamentar más imprudencias que mala suerte). Sólo en la provincia de Huesca se habian realizado 13 rescates en quince días, con dos fallecidos y diez heridos. La siniestralidad en la montaña obedece mayoritariamente a causas que tienen que ver con la imprudencia, la falta de formación específica y los errores humanos y la falta de material adecuado, más que a los accidentes involuntarios y la meteorología inesperada o catastrófica.

Hay que agradecer, a este tenor, la campaña "Montañas seguras" que se promueve desde el Gobierno de Aragón --Cataluña debería tomar nota-- con la que grupos itinerantes de especialistas montañeros irán a lugares de salida de senderismo,montañismo o baranquismo para informar a los deportistas de cómo llevar a cabo sus actividades en esas zonas en concreto. Facilitaran información visual de la zona y descargarán a quien lo pida los tracks del recorrido para GPS. Los lugares donde estarán pueden consultarse en www.euromide.info.

En el CEC (club Excursionista de Catalunya) al que estoy afiliado, se sigue tradicionalmente una política educacional que se basa en la premisa de que solo la formación del montañero en las materias específicas de su deporte puede asegurar su práctica (aun sabiendo la precariedad de todo ante una naturaleza desatada o un accidente imprevisto). El binomio seguridad igual a formación es reivindicado a todos los niveles en los cursillos y las actividades que promueve el Club y crea una suerte de segunda naturaleza al montañero. Estas dos actitudes, la de promover formación e información desde las instituciones oficiales y la de educar a la gente en el respeto a la montaña y el conocimiento de sus peligros asi como facilitarles una formación adecuada ahorraría muchas vidas y muchos sustos a la cada vez más numerosa grey de amantes de la montaña.

Conocimiento del terreno, experiencia, práctica informada, cautela ante los cambios, serenidad ante los problemas, formación para afrontar contingencias inesperadas, material adecuado y suficiente para la práctica concreta...la montaña no es una broma. Hay que tomársela en serio para así disfrutar de ella.

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20 junio 2011 1 20 /06 /junio /2011 12:21

montardo.jpg

Esta es la cima que teníamos previsto conquistar el pasado viernes por la mañana : el pico Montardo de 2833 metros. Acompañado de dos amigos, Jaime y Sergio, cumplía una de mis frustraciones montañeras: subir al Montardo, por cuyos aledaños había pasado en tres o cuatro ocasiones sin tener nunca ni tiempo ni oportunidad de "conquistarlo".

Esta vez dedicábamos la excursión en exclusiva al popular pico aranés que se levanta   majestuoso sobre el Circo de la Restanca, cuajado de lagos, como el de la Restanca (donde está el refugio), el de Cap de Port y el Estany de Monges, al pie del tuc del mismo nombre (2.707 m.). Pero ya la llegada a Arties, la tarde del jueves, nos mostró un tiempo lluvioso y con ocasionales neblinas, que se espesaban en nuestro acercamiento por la pista que lleva primero al parking del acceso al refugio y después, excepto en julio y agosto que está cerrado a coches particulares, la pista de montaña que nos deja en el nacimiento del sendero (GR 11) que lleva al refugio de la Restanca.

Ya cuando subíamos, mochila al hombro, por el empinado sendero, empedrado en algunos sitios, sólo veíamos claramente unos metros en  torno nuestro, inmersos en una especie de gasa gris fría y húmeda que se espesaba por momentos. En 50 minutos llegamos a la presa y caminamos por el borde semicircular de la construcción, sobre el lago por un lado y sobre la caída de la gran pared del desaguadero por el otro, sin ver ni lo uno ni lo otro, como en un sueño. Al final, en la punta este de la presa, el caserón austero, gris, del refugio, en el que apenas distinguíamos la débil luz de una ventana iluminada. Justo la hora de la cena, las siete de la tarde. Aparte de Susana y Luisa, las dos chicas del refugio, el encargado oficial no estaba, había un grupo de cinco montañeros más que estaban acabando el Carros de Foc, la célebre marcha entre refugios del parque de Sant Maurici.Sopa de ajo y lentejas, una escueta cena, y a tratar de dormir en las no muy cómodas salas dormitorios con sus colchones corridos en plataformas de madera de dos pisos. Si hay suerte sólo habrá concierto de ronquidos de uno o dos durmientes (yo he vivido un récord de roncadores en la Renclusa, el refugio del Aneto: todas las plazas ocupadas, más algunos en el suelo del comedor, conté catorce fuentes roncadoras) y a la mañana, cuando uno se levanta a las siete para desayunar algo caliente y comenzar la caminata, ha logrado dormir dos o tres horas.

Salimos de la Restanca e inmediatamente tenemos el inicio del GR-11 pirenaico que va elevándose en dirección sureste por la ladera de la montaña, dejando el lago abajo, marcando zig zags por pendientes pronunciadas con hierba y piedras y arbustos hasta acompañar  un riachuelo que baja, cantarino, desde el lago superior, el Estanh deth Cap deth Port (2.200 m), que bordeamos por la izquierda buscando las señales del sendero, entre la niebla cada vez más tupida que baja en lazadas enormes desde el invisible coll o puerto al que nos dirigimos.

Nueva subida por el Circo de la Restanca, entre grandes bloques, hasta alcanzar el Coll de Crestada (2.475m), desde donde debíamos ver el estany de Monges y el tuc del mismo nombre. Pero apenas si nos veíamos entre nosotros. Hubo un error de apreciación (que luego resultó que no era tal error). Primero seguimos un sendero no balizado que llevaba por la izquierda a la subida lógica donde estaba el Montardo (que no veíamos) y al no encontrar o ver señales, abandonamos y volvimos atrás para seguir el GR que va al refugio de Colomers pensando que la subida estaba más adelante. Despues de media hora de bajada y vuelta a subir por el sendero llegamos a otro Coll desde el que se abría un panorama enorme con dos lagos a sus pies, que solo podíamos ver unos segundos, cuando el viento levantaba el telón de niebla. Pero aquello ya estaba fuera de nuestro objetivo. Decidimos volver. El tiempo no presagiaba nada bueno y no veíamos nada de nuestro entorno. En la montaña una retirada a tiempo es una victoria.

Cuando regresábamos por el sendero de descenso del refugio al valle donde dejamos el coche, un bellísimo recital de árboles centenarios, flores silvestres, arbustos y un fragante olor a tomillo y romero, comenzó a aparecer, timidamente, el sol. Nubes y sol, pero la niebla huyendo hacia las cumbres. Habra que dejar el Montardo para otro día.

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28 mayo 2011 6 28 /05 /mayo /2011 08:00

IMG_3693-copia-1.JPGHace una eternidad que estas inmensas rocas anaranjadas o rojizas -depende de lo que la luz del sol dictamine- ejercen de embajadores pétreos de la entrada en el Matarraña o en la Terra Alta, según como se mire. En mis primeros viajes a esta tierra, que ahora es la mía, siempre se me iba la anhelante mirada de montañero hacia esos farallones majestuosos y aparentemente inaccesibles.  He tenido que esperar muchos años para que, al fin, las circunstancias me permitieran recorrer  y gozar de este bellísimo paraje natural (aunque quizá se me ha pasado el tiempo de escalarlas). Dejaremos para otro día la subida a la cima, o las cimas del conglomerado, una especie de meseta elevada sobre els Ports y el valle de Horta de San Juan,  Arnes, Lledó, Cretas y Valderrobres, surcados por el Algars, el Matarraña y el Rio dels Estrets.

IMG_3705-copia-1.JPGEn esta ocasión proponemos una excursión fácil por una  pista de tierra que asciende primero a la base de la gran formación geológica de paredes de vértigo y luego la recorre, casi sin ascender, dando la vuelta al gran monumento natural y bajando a su espalda hacia el valle que excavaron las aguas de un rio prácticamente desaparecido, aunque aflora de vez en cuando si las lluvias lo permiten, junto  a la Font den Gironet,  Ullals de Puca y la unión del barranco  dels Avellaners y el de Rosset (un caudal de agua que se va nutriendo de las fuentes y acaba en el Ventador, otro lugar espectacular al que iremos pronto).

Cogemos la carretera general que va de Valderrobres a Horta de San Juan. Pasado Arnes y antes de llegar a Horta, ya a la vista, nos metemos a la izquierda por un desvío señalizado a “Els Ports”. Desde allí la carretera asfaltada que va a la Franqueta ,un área  recreativa a la orilla del rio dels Estrets. A unos cinco kilómetros escontramos un desvío a la izquierda que muestra una pista de tierra que asciende con un cartel que indica: Rocas de Benet. Aquí pueden empezar a caminar los más decididos. Se trta más o menos de una hora de subida, pero el esfuerzo vale la pena. Los menos en forma pueden seguir en el coche hasta un segundo desvío a la izquierda  (el primero, también a la izquierda lo dejamos) fácilmente distinguible porque hay una barrera que prohíbe el paso a los vehículos.

IMG 1303Desde ese punto comienza propiamente la excursión: una hora y media de plácido caminar, con subida leves, terreno llano y bajadas de bien llevar. Lo destacable de esta excursión es la vecindad y aproximación a las murallas rocosas  de este conjunto de moles inmensas, de paredes verticales vertiginosas (algunas se alzan  más de 300 metros), con hendiduras llenas de maleza  y árboles y arbustos  en sitios inverosímiles, terrazas inaccesibles, cuevas o baumas, una especie de catedral de piedra esculpida por la naturaleza, formando agujas y menhires gigantescos que  forman curiosas combinaciones y alimentan parecidos con animales, entre ellos, el más famoso, el cabeza de perro, Cap de Gos,  que verán en una de las fotografías de este trabajo y es posible verlo desde la carretera general o en el punto establecido al efecto en la pista asfaltada que lleva a La Franqueta.

No en vano ha atraído a pintores (entre ellos a Picasso), fotógrafos y deportistas de renombre. La pista que les propongo va rodeando morosamente la cara sur primero y luego la cara norte del macizo, ofreciendo aspectos distintos a cada momento de esos picos, esas enormes formas pétreas redondeadas que en algún momento parece un gigantesco pastel en forma de huso o  de espárragos unidos.

IMG 3778Tras una hora y pico de bajada por la pista, esta llega a su fin. Estamos en el barranco de  Avellaners y  en una especie de plazoleta natural rodeada de arboles de inmensa alzada, de flores naturales y el sonido cercano del rio que corre. Por un camino de cabras en la barranquera bajáis hasta el caudal  pedregoso del riachuelo. Allí  hay un par de pozas pequeñas. Es un espacio exiguo, pero permite refrescarse. Y un baño según a qué horas va muy bien, así comenzaréis la vuelta con más vigor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista.-www.nullediesinelinea.es

 

 

LIBROS Y MAPAS

 

Aconsejo  “Caminades pel massis del Port”  de Vicent Pellicer (Azimut) y los mapas 496-IV del servicio Topográfico nacional, el mapa de Piolet, Port (Nord) y como complemento geológico para los más curiosos “Roques del Port” de Alvaro Arasa Tuliesa del Grup de Recerca Cientifica Terres del Ebre, todos ellos a mano en librerías especializadas y, más cerca, en Librería Serret en Valderrobres.

 

NO SE PIERDA

 

Una visita a Horta de San Juan (y a su museo Picassiano) , goce con la plaza porticada y los edificios del ayuntamiento y la iglesia. En las afueras el convento de San Salvador (pintado por Picasso) y su montaña aledaña, Santa Bárbara, cuya subida vale la pena. En Arnes, mención también  su plaza mayor y sus edificios. En ambos pueblos, pasear por sus callejuelas, y comprar productos de la tierra.  En Arnes hay dos restaurantes y tres en Horta. Así como un buen hotel, el Miralles, a la salida de Horta  hacia Gandesa.

 

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27 mayo 2011 5 27 /05 /mayo /2011 15:30

IMG_3830.JPGEsta mañana he subido otra vez a Peña Galera. El río bajaba más lleno que de costumbre, pero ha sido fácil pasar por el lecho de piedras que alguien dispuso. Las aguas, muy verdes, forman pozas sobre las rocas blancas, puro basalto blanqueado por el paso constante del agua. Hay un silencio majestuoso sólo turbado por el murmullo del viento agitando las ramas de los árboles que rodean al río, arboles variados, con pinos y carrascas, encinas, sabinas y boj, subiendo por las casi verticales lomas y laderas de las montañas que nos rodean. Las enormes proas de roca gris quedan lejanas, como entre brumas, a mi izquierda. Sobre ellas veo el vuelo pausado, sereno, de las aguilas.

La subida es lenta, me tomo mi tiempo, no dejo que las respiración se agite por el esfuerzo. Paso entre bosques, subo lomas peladas, camino senderos pedregosos, asciendo trabajosamente por tarteras de roca desmenuzada, resbaladizas y candentes bajo el sol. En las cimas anteriores a la Peña, descubro el lugar donde tuve hace tiempo un dramático encuentro con una cabra montesa moribunda. El lugar esta solitario. No hay rastros del animal. Sigo el ascenso e investigo trochas y senderos ocultos o semiabandonados, trato de  orientarme y voy probando suerte, en ocasiones llego a lugares donde la maleza me impide avanzar o hay un precipicio que se abre de pronto, inopinadamente, como una trampa. Al final encuentro un trazo entre la maleza, los espinos y los árboles cerrados, debe ser un paso de los animales de la zona. Tras un roquedal que asciendo con las manos y los pies engarfiados en las rocas, tanto es mi ansia de horizonte, de apertura, de luz, se despliega ante mi el pico monstruoso, la proa gigantesca en roca blanca entreverada de segmentos verdes de vegetación, la Peña Galera, justo frente a mí.IMG_3862.JPG

Allí me detengo. Al fondo, a la derecha, veo el trazo del sendero balizado. Luego iré a por él, para completar la subida y llegar al vertice geodésico, con su majestuosa vista del Els Ports, lenguas de roca afilada lanzadas contra el cielo. Me siento en la roca más alta. El sol aparece de vez en cuando timidamente entre las nubes. Pienso en la paradoja del montañero. Tanto esfuerzo para buscar la paz, la nada, el silencio. Justamente lo que llevo dentro cuando camino. ¿Entonces? ¿La estrategia de lo físico? ¿El ejercicio como disciplina espiritual, el ejercicio como coartada contra la edad, el envejecimiento, la disolución, la muerte? O la montaña como misterio interior-exterior, la montaña como metáfora de la vida, el esfuerzo como único combustible para la realización personal.

Pienso, con una sonrisa, que es propio del ser humano plantearse cuestiones inútiles sobre actos y sucesos que solo hay que aceptarlos porque sí, uniéndose a ellos, fluyendo con ellos, flotando con ellos, como el wu wei taoísta, sin más, sin preguntas, sin buscar motivos, causas, consecuencias, explicaciones.

Y así llego: voy a la montaña porque me place, porque me siento feliz, completo, sereno, porque SOY y quizá porque la montaña ES y yo me siento al poco de caminar por ella, parte de ese ES, abandonando sutilmente el soy que encubre al ego.IMG_3880.JPG

La vuelta, como siempre cuando camino solo, es rápida, sin concesiones, atento a la pisada veloz, en comunión la respiración con los pasos y saltos, un ejercicio de relajación en movimiento. Cuando vuelvo a bajar al río estoy bañado en sudor, el sol ha aparecido en la ultima media hora y se ha puesto duro. En la soledad absoluta del ribazo, me desnudo y me meto en una poza, el agua está fría, pero todo mi cuerpo agradece su caricia helada. Aqui vuelvo a dejarme ir, sin pensamientos, sin horario, sin deberes, sin búsqueda. El rio fluye y yo con él. Dentro de mí, silencio. Fuera el viento habla con las ramas y algunos pájaros trinan.

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10 mayo 2011 2 10 /05 /mayo /2011 12:13

Escribo en el café del Peregrino, en la cumbre de O'Cebreiro. Hace una tarde lluviosa y la niebla ocupa poco a poco las empedradas y empinadas calles del pueblo. La tele está puesta con el sonido muy alto y los parroquianos halan a gritos. Escucho al menos cuatro o cinclo lenguas distintas. Los más gritones son los gallegos de la tierra, españoles varios, fracese, ingless, americanos y dos otres nordicos taciturnos que beben en un rincón. Antes de que dos o tres clientes que me acechan comiencen a interesarse por el tiempo que llevo en el ordenador unico desde el que se puede conectar publicamente en el pequeño pueblo, decido hacer una análisis apresurado, una reflexión, sobre este fin de etapa por este año.

Seguir la sirga peregrinal durante seis días desde León a O'Cebreiro, a una media de 25 kilómetros al día, por incomodísimas sendas duras o andaderos, a la vera de las carreteras, de vez en cuando por auténticos senderos entre bosques, plantaciones, rios, viñedos, e incluso algunas -pocas- in cursiones montañeras, es una experiencia interesante incluso para una persona habituada a las largas caminatas de las travesías pirenaicas, por el Cadí o els Ports de Beceite. Para ser más exacto diré que tiene poco que ver aparte del indudable y semejante esfuerzo fisico. ¿Qué es lo que hace tan especial al Camino de Santiago? ¿Su antigüedad? ¿La riqueza cultural y artistica del recorrido?, ¿La belleza de los parajes por donde transcurre? ¿Las leyendas y tradiciones que lo enriquecen? ¿La variopinta humanidad que lo recorre? ¿Razones espirituales, deportivas, costumbristas, caprichosas, mágicas, religiosas, esotéricas, irracionales, de apuestas personales o colectivas, de afán de juerga, exploración sexual o amistosa, desafío interior, terapia psicológica? Todo eso lo comparte más o menos con el senderismo habitual.

Sinceramente no sé cual es el componente especial, distinto, peculiar, propio e intransferible que posee esta Camino tan denostado por muchos en estos dias como pretexto folklorico-comercial-superticioso. A través de los encuentros que propicia el Camino, de algunas charlas, de ciertos detalles, uno acaba pensando que es la suma de todos esos interrogantes cuya respuesta suele ser menos importante que el hecho en sí: la prodigiosa senda, la Via Láctea medieval, el misterio de Santiago, su sepulcro y su hallazgo, la utilización secular de la iglesia y el poder, los peligros que conllevaba en aquellos tiempos la caminata inmensa, inacabable, los abusos, las muertes...es como si el tiempo hubiera enriquecido el banal recorrido fisico, incómodo y sobreexplotado comercialmente, dándole una dimensión distinta no sólo a todo lo dicho, sino también diferente para cada persona.

Es como si el Camino dejara una semilla de significado en cada uno, que algún dia y en algún momento fructificará de forma imprevisible. Incluso el más superficial y caprichoso de los llamados peregrinos, muchos no pasan de ser deportivos caminantes, ciclistas o jinetes, hay algo que queda en evidencia o en suspenso y que le da un sentido a la gesta acometida.

Caminando durante horas con mi amigo Jaime, un andarín con el que he realizado travesías montañeras desde hace años, atento al camino –no tanto como en las montañas, aquí las señalizaciones son excelentes, es imposible perderse-- y sobre todo a su oferta histórica y cultural, he terminado entendiendo que el Camino ofrece una posibilidad que parece casi tópica pero que realmente no lo es si no te empeñas en que lo sea: es la causa posible de una experiencia iniciática (de tipo psicológico o espiritual, según el talante del sujeto). Y eso además de ser una fuente de citas con la historia y el arte de una edad bastante oscura en general, de los hombres y las gestas que lo jalonaron, un encuentro con cierto sentido del humor duro y sin contemplaciones o de escépticas cuestiones relacionadas con los milagros y cuestiones divinas pero siempre desde un punto de vista muy popular, poco institucional. Imagínense una historia religiosa narrada por los Hermanos Marx. (Ya se que suena un poco irreverente, pero después de tantas caminatas y con mi rodilla en estado de atención en la UVI, se me puede permitir, como un exvoto peresonal al Camino).

Acabemos la reflexión: esta larga etapa del Camino a Santiago me ha hecho comprender aquello tan viejo que ya mencionaba el príncipe Hamlet, hay más cosas bajo el cielo, mis queridos lectores, de las que es capaz de conocer y entender la razón. Y quizá esas cosas sean las que dan sentido a la vida. Hacer el Camino quizá no cambie nada en tu vida pero si eres capaz de analizarte sin prejuicios podrías encontrar ese algo tan especial que es como un grano de mostaza, pequeño pero contundente, si te lo comes, claro.

La dueña del bar, una matrona generosa en todo, me pide educadamente que vaya acabando, hay un alemán que comienza a ponerse sarcástico y me lanza miradas poco amistosas y dos italianos me hacen gestos sonrientes pero admonitorios. Cerremos la serie por el momento.

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8 mayo 2011 7 08 /05 /mayo /2011 16:41

Llegar a O'Cebreiro es como entrar en un mundo fantasmagórico, indiscutiblemente celta, con las pallozas como inmensos hongos de capucha negra, las ancestrales viviendas de los pobladores prerromanos de la zona, el perfil sereno y austero de la iglesia de Santa María la Mayor, las casas de piedra relucientes por la lluvia donde proliferan albergues y bares, todo tan indudablemente gallego como la queimada o el pulpo a feira, y envolviéndonos el sudario de una niebla que va y viene, fantasmal, fría, rasgándose entre los árboles verdes, subiendo perezosa por las laderas de las montañas con sus laderas tan verdes como sembradas de esmeraldas...

Un paseo poer el pequeño pueblo semimedieval y repleto de deerrengados peregrinos de todo tipo y condición, es una experiencia fraternal y muy literaria. La visita a la IGlesia es tan sugestiva como entrar en la iglesia del pueblo galés donde se rodó "El hombre tranquilo". Con un suplemento: se trata de una iglesia prerománica, con planta basilical y tres naves y sobre todo con el famoso "Caliz del Milagro", pieza del siglo XII en el que hubo una transsubstanciacion de carne y sangre para poner en su sitio a un cura que no creía en la eucaristía.

UN siglo mas tarde pasó por el lugar nuestra reina Isabel I, la de Fernando y el monta tanto tanto monta y decidió arramblar con ella para "protegerla", pero los caballos se negaron a bajar tozudamente de allí hasta que no se restituyó el cáliz a su lugar. Cosa muy comentada y que es lástima no se hubiera repetido por tanta iglesia romanica de Cataluña y otras regiones, expoliadas por propios y extraños a cambio de dineros, claro está.

Ha sido una etapa de 28 kilometros desde Villafranca hasta los 1300 metros de O´Cebreiro. El ultimo tramo de subida es por una correidoira gallega (desde el pueblo de Laguna de Castilla estamos en tierras galaicas) que son las anchas sendas por donde se sube y bajan los ganados, preferentemente de vacas,. El resto de la jornada, un  paseo por la historia y acompañanmdo al Valcarce por un andadero improvisado junto a la ya escasamente utilizada Nacional VI (gracias a las meigas ahora hay una autovía que ha vuelto obsoleta a la carretera y salvado a centenares de peregrinos de los sustos de antaño con una circulacion endiablada y los pobres mochileros, ya bastante tocados, deambulando por los margenes).

Todo consiste en el paso de León a Galicia, por el valle del rio Valcarce (Valle de la cárcel) llamado así por lo angosto, cerrado y estrecho del paso. JUstamente por eso desde el siglo XI hasta el XIV, epoca floreciente del Camino, ese paso se convirtió en lugar idoneo para asaltos, acechanzas, robos y deslomamientos varios en las personas de los peregrinos de la epoca, poco adinerados, sin moviles ni tarjetas de crédito, pero en fin, la codicia humana no tiene parangón.

La sarga peregrinal pasa por Trabadelo, Pereje, Portela, bajo un maravilloso bosque de castaños, Ambasmestas, donde el rio Valcarce se une al Balboa,  Vega de Valcarce, con su bella ermita de la Magdalena, el pequeño Ruitelan, Herrerías que tuvo fundiciones famosas en la Alta Edad Media y que conserva la fresca fuente de Quiñones (sí, aquel caballero matón que se erigía en reparte mandoblazos en el paso del puente de Orbigo, ¿se acuerdan?) y un poco más arriba, en La Faba, el comienzo de la subida en serio, cuyo nombre proviene de los brezos que jalonan toda la subida, en una palabra de etimología celta.

Toda esta zona a partir del Alfonso VI quedó en manos protectoras de los caballeros templarios que ajustaron las cuentas a malhechores y nobles abusones. El monarca dicto un decreto prohibiendo los derechos de pasos, aduanas y regalías que imponían a los ya de por sí empobrecidos peregrinos.

O'Cebreiro se encuentra entre Los Ancares y la sierra do Courel, es pequeño y agreste y domina un paisaje espectacular, entre las tierras de León y al otro lado de la carena, las de Galicia. En las cercanías del ultimo pueblo de Leon, Laguna de Castilla, el caminante encuentra ya el primer mojon gallego en el que se nos informa que para Santiago quedan 152, 3 kilometros. A partir de aquí cada 500 metros aparecerán esos indicativos con la cuenta decreciente de los kilometros que faltan para llegar al Obradoiro y terminar la peregrinación.

Mañana volveremos a detenernos en Villafranca y haremos una reflexión de lo que ha sido este recorrido por la sirga peregrinal santiaguesa.

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