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2 marzo 2011 3 02 /03 /marzo /2011 15:43

IMG_1298.JPGSalida matinal a Peña Galera. Llego a Beceite, atravieso sus recoletas y empinadas calles y busco la pista asfaltada que en los altos del pueblo lleva primero al cementerio y después a la Pesquera, lugar donde el torturado cauce del río Ulldemó se remansa brevemente en múltiples tolls o pozas., ideales para darse un baño durante los meses de verano (hoy, a seis grados, apetece poco, la verdad). El día está medio nublado, corre un aire frío que se convierte en viento contundente durante el transcurso de la mañana. A pocos kilómetros del pueblo, sin dejar la pista se encuentra (km.3,2)  un cartel a mano izquierda  que indica el inciio del sendero y a la derecha un ensanchamiento donde se puede dejar el coche. Desde allí se baja hasta el río,  que en ese lugar forma un par de remansos, poza de Pablet, (superpoblada de bañistas en verano) pero que se puede cruzar fácilmente si no hay mucha agua, cosa desgraciadamente habitual en estos tiempos de sequía, saltando de piedra en piedra. Enfrente junto a una arboleda hay otra señal y comienza el ascenso, suave,  por un sendero bien balizado con señales amarillas y la estrella azul de la Ruta dels Ports alguna vez, en dirección Este. El paisaje es bellísimo y el desfile de nubes contra el cielo azul turquesa da al siluetado de las cumbres cercanas una dimensión dramática, contrastada por las afloraciones de conglomerado de un dorado blanquecino del macizo.IMG_1303.JPG

Desde ese punto no se contempla el perfil de la punta del Barco que da el nombre a la montaña, Peña Galera, oculto tras los roquedales y las cimas que la rodean.  El camino de subida que  ha sido tradicionalmente usado por pastores y pageses, da una pronunciada curva hacia  la derecha ante los contrafuertes del macizo, que seguimos durante casi una hora, con lazadas, que van rectificando la orientación a la izquierda para volver de nuevo hacia la Peña Galera, que podremos contemplar al superar un coll y cambiar  de vertinete. En algo más de una hora se superan casi quinientos metros de desnivel, lo que supone un ascenso permanente. Cresteo la Solana de l' estes con vistas deslumbrantes sobre el Valle del Ulldemó, brochazos de sol contra el tapiz verde de los árboles y el blanco ceniza del roquedal. Cuando supero el barranco de Sant Antoni y enfilo el canal pedregoso que me lleva a la última subida antes de la cumbre de ese paquebote de piedra cuya proa parece enfilarse al cielo para emprender un vuelo imposible, se puede ver una especie de corralito diminuto de rocas, párese y observe, se trata del Pouet de Blas, un poco donde en ocasiones podrá encontrar agua fresca, aunque yo aconsejar´ñia no beber de ella..

Estamos en la cabecera dela canal de les Olles y ya es posible ver el perfil de dos puntas y una larga meseta curvada entre ellas. La cima Norte es como la proa de un barco que se levanta encrespada y vertical sobre el valle del Algars. Es la Peña Galera. La vemos desde una masía en ruinas con unjas vistas increíbles y una paz monacal, y subimos el ultimo tramo hasta la cima  (1034 m) donde hay un vértice geodésico y podemos disfrutar de un paisaje asombroso que nos permite disfrutar de las cuencas del Algars y el Ulldemó al mismo tiempo.

Preciosamente dessde el Algars, no mjuy lejos del Toll  del Vidre (al que se va por una pista que sale de Hosta de San Juan, hay otro ccamino de subida, un poco más largo y menos agradable que el que hemos hecho. Por lo que si no tenemos un vehículo de apoyo que nos lleve de nuevo a la Pesquera (una vuelta considerable) es mejor que desandemos lo caminado. Incluso podemos intentar otro sendero de bajada dejando a la derecha por el que habiamos subido, poco antes de llegar a las ruinas de la masía. Pero se trata de un sendero demasiado emponado y perdedor que nos lleva al coll del Pelele. Hemos de pasar la lpoendiente de Arrancapets, muy empinada y resbaladiza, pasar junto a las ruinas del Mas de Quatre y vamos a salir al rio Ulldemó de nuevo, lo atravesamos y cojemos la pista aguas abajo hasta el lugar donde dejamos el coche. En total será un largo paseo de unas tres horas en el caso primero (volviendo por el mismo camino) y algo más de cuatro en el segundo. Como siempre a paso tranquilo y con paradas cortas.

 PICT8391

La cabra herida

En otoño del pasado año subí solo a Peña Galera y al llegar al coll del Racó de les Olles, descubrí una cabra montesa. Estaba echada sobre un espacio de roca viva en fuerte descenso, una especie de canal surcado de hoyas con agua. No puede levantarse aunque lo intenta, no tiene movimiento en las patas traseras, y apenas en las delanteras. Solo mueve el cuello y golpea con la teztuz sobre el suelo, como desesperada por su inmovilidad. El golpe seco de los cuernos al golpear la roca es paradojicamente el unico signo de vida que parece estar a su disposición. Cuando me acerco, le hablo pausadamente, casi cuchicheando, abre unos enormes ojos de liquido azabache y me mira. Es un macho joven. No hay sangre a su alrededor, asi que descarto la acción de un furtivo. El canal de bajada no es nada peligroso y su desnivel para un ejemplar como ese debía ser una bagatela. ¿Qué puede haber ocurrido? Por el tipo de inmovilidad que presenta, parece una lesión en la columna. Está llegando al fin de su vida, su respiración es muy tenue, incluso a pesar del terror con el que mira a ese extraño junto a su cabeza.

Siento una gran impotencia. ¿Qué se hace en estos casos? No tengo alma de cazador y aunque la lógica aconseja aliviar el dolor del animal, soy incapaz de pensar siquiera en terminar con ella. No parece sufrir, ni hay forma de saberlo. Me siento junto a ella, aunque no me atrevo a tocarla. Saco mi botella de agua y echo un poco junto a su hocico. No se inmuta.

Sigo susurrandole un discurso no muy coherente sobre lo mal que me siento viéndola así, sobre cómo admiro su raza y la envidia deportiva que me producen sus saltos y correrías por lugares inverosímiles, le cuento que suelo caminar por los riscos de Montserrat y que allí desde hace unos años viven primos hermanos de ella, ya que se ha repoblado la montaña catalana con ejemplares de cabras hispánicas procedentes de els Ports . Le hablo de mis correrías por estas tierras, mi amor por sus escarpadas sierras, sus valles angostos, sus roquedales, su sequedad austera, y el misterio y belleza de sus sufridos ríos, antes tan caudalosos y ahora tan empobrecidos por mano y obra del ser humano, verdadero peligro ecológico. Le hablo de la magia del Matarraña y de mi miedo a que pierda esa cualidad por la acción depredadora, egoísta y miope de las sociedades humanas y su ansia explotadora.

La joven cabra parece haberse apaciguado con la cantinela monocorde de mi voz. Ya  no abre los ojos, aunque noto que respira y lamento profundamente que ese corazón de acero capaz de gestas físicas increíbles se esté apagando.

En aquella ocasión no terminé la subida. En homenaje a este animal soberbio, me volví a casa. Cundo me levanto vuelve a abrir los ojos. Me lanza una mirada breve y quiero creer que ya no aterrorizada. Me despido. Le deseo una muerte rápida. Camino por el sendero de descenso sin mirar atrás. Se ha levantado un viento fuerte, agresivo, helado, que ulula entre los pinares. Un cerezo silvestre levanta la llameante cabellera allá en el fondo del barranco, una nota roja sobre verde, marrón y amarillo. Cuando me despido de la silueta de la montaña donde me dirigía me parece ver recortada contra el cielo la silueta de una cabra hispánica. PICT8422.JPG

 

 

Documentación.-   Puede encontrar esta excursión en los libros “Lo Port” de Joan J. Tiron (Ed.Piolet) y en el magnifico “Itinerarios por los puertos de Beceite” de Jordi Bustos (Ed. Prames). Los mapas de “El Port” (Piolet)  o en el mapa 521 de los Mapas  Topografico Nacional de España  (Inst.Geográfico Nacional). Todos ellos en cualquier librería especializada. Y en la zona, en Libreria Serret en Valderrobres.

 

Para Comer y  dormir.- En Beceite, La Font del Pas, la Fonda Urquiza o el Racó del Toscá, todos ellos dotados de muy buena cocina. Y también La Fabrica de Solfa, reciente y también esmerado en la cocina.

 

No se pierda.- La visita a la Galería Antigua Fábrica Noguera.. Es una galería abierta en la planta de un antiguo molino papelero. Tiene una biblioteca abierta al público y obras de arte e historia, pinturas y cerámica de artistas actuales..

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15 febrero 2011 2 15 /02 /febrero /2011 16:16

Desde mi casa en Torre del Compte, cada noche dirijo la mirada al pueblo frontero que, en la oscuridad, lanza destellos de luz bajo sus dos colinas coronadas por la ermita de Santa Bárbara una y las ruinas del castillo de los calatravos, la contigua, un perfil triangular apuntando hacia el cielo abierto: La Fresneda. Se trata de uno de los pueblos mas bellos de la comarca, dotado de un singular perfil de galanura y calidad. No en vano fue declarado Conjunto Histórico y Artistico y Bien de interés cultural a mediados de los 80 del pasado siglo. Allí se dan la mano la más tradicional arquitectura bajo aragonesa, el respeto hacia el pasado, ibero, latino, románico y gótico, la omnipresencia de las ordenes militares Calatravos y Temple, las huellas mágicas de antiquísimos pobladores y ciertas características geográficas y geológicas que, al decir de algunos que de esto entienden, permitieron a borrosos ancestros del lugar observar y medir fenómenos naturales relacionados con los rituales de la tierra, el agua y el cielo.

Pues bien, además de todo eso, La Fresneda goza de un paraje extraordinario, de una belleza natural y un sereno ambiente silencioso y pacífico, que encandila a cualquiera que lleve sus pasos hasta él: el santuario de la Virgen de Gracia de la Cueva. Se inicia el sendero a las afueras de la población, dirección Alcañiz. Hay un cartel que indica el camino, una pista forestal no muy cuidada en algunos tramos pero practicable en su totalidad para todo terrenos y vehículos dotados de buena suspensión.la-fresneda-2.12.10-016.JPG Pero yo recomiendo al senderista  que siga la pista por los cinco kilómetros de caminata (algo más de hora y media a paso tranquilo) que separa La Fresneda de su llamado "Desierto", así conocido no por la presencia de dunas arenosas o parajes inhóspitos, sino por el silencio y la soledad que envuelven amablemente al caminante. La pista, ancha y llevadera, sin apenas desniveles, recorre huertos de labor escondidos entre el bosque y las colinas, olivares más que centenarios de retorcidos troncos y presencia mágica, algún que otro pinar negro y una presencia variada de los matorrales y plantas aromáticas de la zona.

Para empezar, a un kilómetro del caserío del pueblo, a mano izquierda, un cartel  avisa de la cercanía de una fuente, Medina por nombre (¿recuerdo árabe?),  dando prueba de la antigua tradición del Matarraña como país del agua. Caminamos envueltos en un silencio lleno de vida, como debe ser la nada o el vacío para los maestros espirituales. El sendero cruza el Barranc del Canals y se interna en los montes de la Mangranera hasta llegar de súbito, tras el recodo del camino, a la zona llamada la Chulara, a unos seiscientos metros de altura, donde el caminante se encuentra con unas edificaciones engastadas en la roca viva, y como broche precioso la asombrosa fachada del santuario, dorada al sol de la mañana, una joya arquitectónica de estilo barroco con elementos neoclásicos tempranos.IMG 0495

Toda esta maravilla me recuerda, salvando las distancias, mi arrobada sorpresa al encontrarme de pronto, tras el paso de un oscuro desfiladero, ante el increíble santuario nebateo de Petra, en el desierto jordano. El efecto visual pertenece al mismo tipo aunque el maño a un nivel más modesto, pero igualmente emocionante. Este santuario aragonés está construido sobre una ermita del siglo XVI que daba cobijo a la cueva donde se encontró la imagen de la virgen de Gracia (una pastorcilla de la vecina Valjunquera, según la leyenda, fue quien la encontró). El actual edificio, del que solo se conservan restos de tres naves y la fachada, de dos cuerpos, en piedra de sillería, que adopta un color de oro viejo ante la caricia del sol, junto a los muros de la hospedería y residencia de los monjes. Ha desaparecido la cubierta de cañón con bóvedas de medio caño, aunque se conserva el altar y la hornacina interna de la imagen y en lo más alto de la fachada, bajo el frontón neoclásico otra hornacina con una imagen extrañamente bien conservada de la Virgen con un niño Jesús rechoncho que sujeta con la mano izquierda un ave de pico curvo, quizá un águila o un halcón .

El recinto, al que accede por un arco de medio punto pegado a la pared de la residencia de los monjes, cuyo interior está destruido y sin techo alguno, por donde asoma el cielo luminoso de estas tierras y los árboles que han crecido allí., está formado por las dependencias de los monjes, la iglesia y otros espacios comunitarios, todo ello en un entorno de bosque y planicies verdes en terraza. Allí vivieron unos años los monjes de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula aunque pronto rechazaron la dura vida que el aislamiento y los inviernos rigurosos provoca y se instalaron en La Fresneda, pese a que  mantuvieron el cuidado del santuario. Ahora en el Convento que fundaron en el pueblo se ha instalado un hotel.

Pasar un tiempo en este lugar, sentado frente a la fachada, junto a la alberca o el pozo de los monjes, aun conservados, es un regalo para el espíritu y el cuerpo de cualquiera. El silencio, raramente rasgado por el trino de algún pájaro o el sigiloso pasar de algún animal de cuatro patas, es uno de los activos del paraje. La belleza de las líneas arquitectónicas tan contrastadas por el medio natural, bosques, rocas inmensas, ramas y flores es otro añadido de importancia. Pero todo paraíso tiene su serpiente. ¿Cuál es la de este lugar? El hombre, naturalmente. Las basuras dejadas, más o menos arrinconadas, por lo menos eso, en este entorno. Por favor, limpien todo esto y pongan lugares de recogida de basuras, y que sean periódicamente retiradas. Gracias. La virgen de ese nombre  y el lugar lo merecen.

Tras desechar la opción de regresar por el mismo camino, surge una pista justo enfrente del Santuario, subiendo una cuesta desde donde se contempla la magnificencia del recinto, luego se tuerce a la izquierda y dando una vuelta generosa por las tierras llamadas de la Cosalba y Mangraneras, sin dejar la pista en ningún momento se llega  a La Fresneda justo por el punto opuesto de donde salimos, al otro extremo de la población, bajo la colina de Santa Bárbara. Contabilicé 7 kilómetros de caminata, más o menos dos horas a paseo tranquilo y con desniveles mínimos y vistas de una placidez que recuerda a las de la Toscana.la-fresneda-2.12.10-024.JPG

La excursión puede seguir--y no deberían perdérselo-- con una tranquila visita a las dos colinas gemelas de las que les hablaba antes: los restos de la ermita de Santa Bárbara (construida en 1760, destruida durante las guerras carlistas y reconstruida en 1891) y la del castillo calatravo (recientemente remozado), aunque éste es un resto exiguo de una fortificación medieval que permite una vista excelente del pueblo y la zona que le rodea sólo por la molestia de subir unas escaleras metálicas en el seno de la torre. En las cercanías de la ermita desacralizada hay restos de presencias  prehistóricas y dos o tres elementos geométricos realizados con piedras formando elipses o círculos, que permiten sospechar que hay quienes aún creen en la magia de este lugar, al parecer punto energético y electromagnético de cierta importancia.  Entre las dos colinas, el original cementerio de la población y una serie de casas ruinosas que dan un aspecto misterioso y romántico a la zona, pero que piden a gritos una recalificación en lugares de paseo y recreo para población y visitantes.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

www.nullediesinelinea.es

 

 

Lugares de interés

 

Si París bien valía una misa, La Fresneda,  no le quepa duda, al menos vale una novena. No deje de dar un paseo bajo los soportales de la calle Mayor, vea la capilla del Pilar y la casa de la Encomienda. Puede aprovechar para comprar una carne  excelente o embutidos en Ferrer y aceite y miel en la Encomienda. En la zona alta, visite la Iglesia de Santa María la Mayor, barroca, y en la plaza Mayor admire la lonja del ayuntamiento, edificio construido en 1771  y el arco de Xifré, antigua entrada al pueblo.

 

Comer y dormir

 

En La Fresneda conozco dos cocinas excelentes: la del Convent y la del restaurante Matarraña. En el primer establecimiento también se puede pernoctar y el austero ambiente medieval de su claustro y sus habitaciones regalan un plus de encanto al lugar. También se puede comer y dormir en el Hostal La Grancha.

 

Cómo ir

 Tomando como punto de partida Valderrobres, seguir la carretera a Alcañiz hasta La Fresneda. Obviamente si viene de Zaragoza, Teruel o Alcañiz lo tiene más fácil y no necesita pasar por Valderrobres, parada obligada para los que vengan de Cataluña o Valencia.

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11 febrero 2011 5 11 /02 /febrero /2011 16:52

IMG_1428.JPGDesde Beceite y como una nueva variante a la excursión a Penyagalera, se deben visitar los parajes magníficos de la Mola de Lino que nos permitirá conocer toda la bellísima ribera del Ulldemó, el tercer gran río de la zona, con el Matarraña y el Algars.

Para ello se sigue la pista pavimentada que lleva desde las afueras de Beceite en los altos de cementerio, en dirección a la Pesquera, donde acompaña el río practicamente hasta el punto desde donde se inicia el sendero de subida a la Mola. Unos 10 km.

Para evitarnos el paso por Beceite, que bien merece una visita pero esa no es hoy nuestra prioridad, al salir del pequeño túnel que en la carretera que viene del Valderrobres cruza el puente sobre el rio, se coge, a la izquierda, inmediatamente la pista asfaltada que se aleja del pueblo. Esta pista nos lleva de nuevo a cruzar el barranco del coll d'en Selma más arriba y se llega la bifurcación que lleva a   Arnes a la izquierda y tuerce de nuevo a la derecha hacia Beceite, opción que seguimos. Justamente a la altura del cementerio (k.2,6) se vuelve a girar a la izquierda hacia La Pesquera y ya se sigue acompañando el cauce del Ulldemó, que allí forma una garganta  que se extiende por  diez kilometros, plena de grandes pozas y lugares de baño y esparcimiento. IMG_1332.JPG

En el km. 4,9, se ve a mano izquierda el cartel indicador del sendero a Peñagalera. Seguimos por la pista hasta el km. 6,5 donde hay un mirador de una zona especialmente bella por las formaciones rocosas que al otro lado del río crean una pared peculiar de grandes masas tubulares.

Mas o menos en el km. 7, se termina el asfalto y aunque se puede seguir bien en el coche, recomiendo que se aparque en uno de los numerosos lugares idóneos, para no molestar a los que prefieren evitarse caminatas, y seguir a pie. Son tres kilómetros de pista de montaña, cómodos de caminar por el escaso desnivel ya que a partir de ahí, superadas  las alturas, se acompaña al rio casi a nivel de cauce.

En el km. 8,3 la pista atraviesa el cauce del rio y el camino cambia de ribera. Siguiendo la pista por ese otro lado, dejando el rio a la derecha se atraviesan parajes bellísimos de agua y verdor. En unos minutos, se llega a una planice redondeada donde acaba la senda y los que van en coche pueden dejarlo.

A la izquierda de la plazuela natural sube empinado el sendero señalizado que lleva a la Mola de Lino. Unas dos horas de subida permanente por lugares de auténtico arrobo paisajístico, con presencia ocasional de cabras montesas y una arboleda de cuento de hadas y gnomos.

Antes de llegar a la mole blanca y alargada de la Mola de Lino se encuentra los Masets de Lino que es un pequeño caserío con cabañas remozadas que forman un idílico lugar de reposo (de propiedad particular). Frente a las casitas se yergue la Mola de Lino. Una subida de veinte minutos nos lleva a las alturas (1208 m) donde se encuentra una Cova del Maquis que, por cierto, no supe hallar.

La bajada, en algunos puntos muy fuerte, con piedras pequeñas y suelo desgastado en algunos tramos, se puede hacer sin problemas en  una hora y media.

En total, tres horas y pico la parte de ida a la Mola (contando con la pista) y dos horas y media hasta llegar al punto donde dejamos el coche. Unas seis horas sin prisas.

Algo mas de la mitad si llegamos con el coche hasta el punto de arranque del sendero.IMG_1325.JPG

Las vistas desde la Mola de Lino son soberbias y permiten una visión casi aérea de los valles del Ulldemó y del Matarraña, con los arracimados caseríos dorados de Vallderrobres, Cretas, Calaceite, Arnes y Horta de San Juan, en las azules lejanías.

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1 febrero 2011 2 01 /02 /febrero /2011 13:58

Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes) escribió una novela deliciosa y llena de vigor que fue "El mundo perdido". Su descripción de la meseta aislada en el profundo Amazonas en la que por un fenómeno biológico y geológico se conservan animales y seres prehistóricos, protegidos del entorno por su inaccesibilidad, resonaba continuamente en mi mente al ver la silueta tabular de La Caixa (también llamada Peña de Aznar Lagaya), que es fácilmente visible casi desde cualquier parte del territorio que la rodea desde Vallderrobres a Beceite o el embalse de Pena, que extiende sus aguas calmas de un azul esmeraldino a sus pies.

Por supuesto que se trata de una hermana minúscula de la legendaria "Tierra de Maple White" de Doyle y en su cima no se encuentran pterodáctilos o dinosaurios, sino a lo sumo cabras monteses, pero el encanto de esa "mesa" gigante y su entorno justifica las poco menos de cuatro horas que dura su ascenso y descenso, en ruta circular.PICT8331.JPG

Para iniciar la subida se parte de Beceite (577m) por el trazado del GR8, una pista asfaltada que nos lleva en algo más de media hora (tres km) hasta un collado (675m) donde se encuentra el punto de acceso (señalizado con un poste y un cartel explicativo) a la derecha de la pista que ya enfila directamente hacia La Caixa (en ese lugar, no visible). Es el sendero PR-TE 152, que tras cruzar la Solana de La Caixa comienza un ascenso abrupto, pedregoso y soleado, con escaso arbolado y mucho matorral, que parece dirigirse hacia la cumbre del Perigañol (1033 metros) dejando la gran mesa a la izquierda y ofreciéndonos, según subimos, vistas espectaculares no sólo de esa montaña sino del soberano macizo de Els Ports, azulados en la lejanía, las bellísimas tierras cultivadas del valle, la superficie recortada en azul del embalse y el caserío de Beceite al fondo y a la izquierda.

Despues de cruzar un bosquecillo y una balsa o abrevadero de arcilla, llamada la basa del Quinto, el sendero nos lleva al Perigañol en una subida constante. Proponemos una variación circular: dejaremos la subida al Perigañol para después y nos vamos a la izquierda siguiendo la senda hacia el oeste que nos llevará, en 20 minutos, un delicioso paseo entre bosques, a rodear por su derecha el escarpe, paredes verticales sin acceso alguno, e ir a buscar la elevación al extremo oeste que permite la subida.PICT8348.JPG

Allí hay que extremar la prudencia pues sólo hay un acceso a la cumbre (1023m) con una fácil grimpada para los más expertos y la ayuda de una cuerda elástica de nudos montañeros para los menos atrevidos, que permite la subida sin demasiada dificultad, aunque no recomendable para quienes padecen vértigo. En la cima de la meseta se puede disfrutar de un paisaje circular verdaderamente asombroso, una paz y silencio increíbles y si hay suerte y somos silenciosos, ver a unas cabras paciendo y mordisqueando los escasos arbolillos y la hierba rala de la superficie azotada por el viento y el sol, por cuyo cielo surgen y desaparecen los majestuosos vuelos de los buitres.

Después se deshace el camino de la cresta y se sube al Perigañol, donde hay una caseta de vigilancia de incendios. Una vez allí, se sigue hacia el este (mirando a Beceite) por una senda ligeramente señalizada, que nos devuelve a la pista de acceso, pero a escasos metros de la población.

 

 

 

Despiece 1.-HISTORIA

 

 

 

Despiece 2.- Comer y dormir

En Beceite, lugar de encanto, hay varios lugares muy recomendables para pernoctar y comer. Entre ellos, La Font del Pas, un molino papelero del siglo XVIII, rehabilitado, a la entrada del pueblo, el Racó del Toscá (una antigua herrería de la fabrica de papel) o el hotel vinculado a la empresa de turismo activo Senda, La Fábrica de Solfa, junto al río Matarraña. Excelente cocina en un entorno idílico.

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Esta montaña tiene una historia legendaria que se remonta a los iberos, algunos de cuyos restos fueron encontrados en su cima. Su importancia estratégica queda de manifiesto ya en época de la dominación musulmana y su nombre oficial proceden, según dicen, del conde Aznar Galindo, fundador del condado de Aragón, que la convierte en bastión militar desde el que dirigir sus ataques a los musulmanes. Lo de "Lagaya" se cree que es una deformación del vocablo medieval que describe una caja. Y el nombre viene de un documento de donación de Alfonso II al obispado de Zaragoza, acabada la reconquista. Abundan las leyendas de tipo popular sobre usos mágicos y rituales de la meseta

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18 enero 2011 2 18 /01 /enero /2011 09:02

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He aqui una bella excursión circular que es posible hacer en una media de cuatro horas, caminando tranquilamente y haciendo paradas de avituallamiento o simple placer del paisaje. Salida de Torre del Compte y vuelta a la misma bella población. Tambien admite variaciones como la de pasar por su lugar emblemático, la ermita dels Sants, y seguir camino hasta Valderrobres (los muy entrenados pueden convertirla en circular, volviendo desde Vallderrobres a Torre por un camino hermoso que discurre junto al rio Matarraña: algo mas de seis horas).

La primera versión de esta agradabilísima excursión, comienza en los aledaños de Torre del Compte, saliendo por la calle Huesca, pasando bajo el puente de la comarcal siguiendo en principio el sendero señalizado que une este pueblo con el de Cretas. Se cruza toda la vaguada que delimita la via verde del Val de Zafán y se abandona el medieval camino vecinal a Cretas justo junto a la Via Verde, hacia  el este por una pista forestal que transcurre entre pinos, carrascas y abetos.

La pista sigue el barranco del Regall, un amplio cauce por donde corre el agua en épocas de lluvia, fertilizando todo el paraje, en el que abundan las fuentes y las surgencias leves de agua. Hay algunas masias abandonadas, un par de ellas espectaculares en pleno valle, llamadas de la Senia,  donde hay un proyecto de hotel rural por realizar.

El camino transcurre comodamente con apenas desniveles, bajo la umbría permanente de los árboles y veredas junto a pasos estrechos en los que el sol apenas toca a primeras horas de la mañana y se mantienen frescas y húmedas casi todo el año.

El ascenso es  muy leve pero pronto nos vemos en una suavísima cresta de colina desde donde todo el gran valle del Matarraña se despliega con sus campos de cultivos y sus bosquecillos, ofrediendo al oestebellas perspectivas del arracimado caserío dorado de La Fresneda y medio oculto por las ondulaciones del terreno, la bella estampa de la Torre con su campanario esbelto. IMG_0750.JPG

Ya en términos de Valderrobres, se entra en un bosque esponjado de tierras de labor y se sube a una altiplanicie (muy suavemente, apenas se nota el desnivel) en la que se encuentra la ermita de los llamados "santos de la piedra", Badón y Senén, mártires de la espada romana por haber osado permitir que los cristianos enterraran los muertos en sus tierras.

Abdón y Senén son dos nobles de origen sirio del siglo III que fueron apresados en Roma por el emperador Decio acusados del citado "crimen" y son considerados patronos de la agricultura y las tierras de labor y protectores contra el pedrizo que cae del cielo y las tempestades de gran aparato eléctrico.

La ermita es del siglo XV (hay documentacion del año 1420, y fue repetidamente destruida a través de los siglos, hasta la estructura actual que data de 1685, cuando se construye la vivienda del ermitaño que es encargado de tocar las campanas en caso de pedrizo o tormenta y enseñar a leer a los niños de las masías del entorno. (Hubo un ermitaño hasta bien entrado el siglo XX). Actualmente ha sido remozada. Está situada en un altozano a 715 metros, rodeada de árboles centenarios, pinos, carrascas y robles, con espacios para el picnic y hacer carne a la brasa. Todo está limpio y en orden y cuando fuimos nos sentimos cautivados por la paz y el silencio que reina en el lugar, no en vano es conocido como Mas de les malates, es decir un lugar de curación.

En este lugar de misteriosa sacralidad parten dos o tres caminos además del que nos trajo desde la Torre. Otros dos bajan al cercano Valderrobres dista a unos 5 kilómetros por el más largo de ellos, otro lleva al rio Matarraña para conectar con el camino desde Torre a Valderobres) y otro va hacia Cretas. Así se puede volver a Torre por donde vinimos o bajar hacia Valderrobres y empalmar con el citado PR del río.

Una mañana bien aprovechada.

 

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2 enero 2011 7 02 /01 /enero /2011 11:29

IMG_0626.JPGCaminar por estas tierras antiguas es un privilegio, un placer y un permanente descubrimiento. Salimos de buena mañana desde los altos de La Fresneda, la bellísima población del Matarraña. El camino está señalizado como camino vecinal y tiene una larguísima tradición de uso humano y de paso de rebaños y bestias de carga. Sin embargo desde hace décadas está en desuso y uno echa de menos algo más de atención de los que están al cargo oficial de estos senderos y su mantenimiento, ayuntamientos, la Comarca y concejalía de cultura o deportes del gobierno de Aragón, supongo. Esperemos que las autoridades correspondientes se percaten pronto de que mantener la red de senderos en perfecto estado es un plus económico, turistico, depportivo y social de primer orden.

Al poco de abandonar el caserío espectacular de  La Fresneda, pueblo arracimado en las laderas paralelas de dos colinas coronadas de restos arquitectónicos medievales, bajamos hacia la cerretera general de Alcañiz, la cruzamos y comienza el sendero propiamente dicho, junto a unas grandes masías abandonadas y en ruinas que a uno le dan la impresión de malgasto y defectuoso aprovechamiento del lugar, por su belleza y por la fortaleza de los restos, facilmente remozables, pero en fin...

Una subida suave en sendero con restos de adoquinado, posiblemente una calzada medieval e incluso romana o más antigua (a veces, con Anna, comentamos cómo cuidarían los americanos unos restos arqueológicos de tanto valor y belleza o, sin ir más lejos, los catalanes o los vascos). El camino transcurre entre olivos (la fascinación que tenemos hacia esos árboles es constante) con sus nudosos y retorcidos troncos como esculturas y sus ramas cargadas del fruto amargo, negro brillante, que en esta época, comienza  a ser recolectado. A una hora y media más o menos de pacífica y bella andadura (que nos depara vistas magníficas del caserío montaraz de La Fresneda o del apaciguado estar de las casas de La Torre del Compte en torno a la aguja majestuosa de la torre de la Iglesia de san Pedro Mártir) uno se encuentra en un cruce de caminos, junto a la ruina de una hermosa casa de campo --fotografía adjunta--. Allí el caminante debe estar atento ya que si quiere llegar al destino, Valdetormo, debe coger el ramal que recula bajando hacia la gran riera que nos ha acompañado todo el camino. Si se equivoca y sigue la senda más lógica  irá a la estación del tren estrecho que posee el pueblo unos kilómetros más allá. No hay señalización clara. Siguiendo la vereda equivocada uno va, varios kilómetros más, a  la estación abandonada y el trazado de las vías convertidas en una via verde, la de la Val de Zafán, de la que ya hableremos en otro artículo. No obstante, vale la pena ese desvío, no sólo por los parajes imrpesionantes que recorre uno sino por la constatación de un cierto abandono, en este caso reflejado en las laderas de bosques de pino calcinados por un incendio. Ese lamentable espectáculo de ruína y devastación llena de silencio dramático toda una zona que tiene una blleza plácida que enaltece el éspíritu.IMG_0629.JPG

Dejaremos para otra ocasión la llegada y las caracteristicas del pueblo de Valdetormo, a través de un sendero distinto pero paralelo al narrador, el que lleva desde Valjunquera, pueblo al norte de La fresneda hasta Valdetormo. Mañana, dios de la meteorología mediante, saldremos a completar ese recorrido, evitando esta vez la imagen desoladora de los montes quemados, triste en todas partes, pero especialmente dolorosa en estas tierras, a las que ya amamos como si hubiera sido nuestro origen...

 

Ficha: Salida desde las afueras de La Fresneda. Fácil, sin apenas desniveles. Aproximadamente dos horas y media de ida y otras tantas de vuelta, a paso tranquilo y paradas aparte. Se puede hacer en una mañana. Botas de trekking, agua y ropa de abrigo. No tiene dificultades.

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14 diciembre 2010 2 14 /12 /diciembre /2010 15:34

Desde mi casa en Torre del Compte, cada noche dirijo mi mirada al pueblo frontero que, en la oscuridad, lanza destellos de luz bajo sus dos colinas coronadas por la ermita de Santa Bárbara una y las ruinas del castillo de los calatravos, la contigua, un perfil triangular apuntando hacia el cielo abierto: La Fresneda. Se trata de uno de los pueblos mas bellos de la comarca, dotado de un singular perfil de galanura y calidad.  No en vano fue declarado Conjunto Histórico y Artistico y Bien de interés cultural a mediados de los 80 del pasado siglo. Allí se dan la mano la más tradicional arquitectura bajo aragonesa, el respeto hacia el pasado, ibero, latino, románico y gótico, la omnipresencia de las ordenes militares Calatravos y Temple, las huellas mágicas de antiquísimos pobladores y ciertas caracteristicas geográficas y geológicas que al decir de algunos que de esto entienden permitieron a borrosos ancestros del lugar observar y medir fenómenos naturales relacionados con los rituales de la tierra, el agua y el cielo.

Pues bien, además de todo eso, La Fresneda goza de un paraje extraordinario, de una belleza natural y un sereno ambiente silencioso y pacífico, que encandila a cualquiera que lleve sus pasos hasta él: el santuario de la Virgen de GraciaIMG 0495 de la Cueva. Se inicia el sendero a las afueras de la población, dirección Alcañiz. Hay un cartel que indica el camino, una pista forestal no muy cuidada en algunos tramos pero practicable en su totalidad para todoterrenos y vehículos dotados de buena suspensión. Pero yo recomiendo al paseante que ejerza de senderista y siga la pista por los cuatro kilómetros de caminata (algo más de una hora a paso tranquilo) que separa La Fresneda de su llamado "Desierto", así conocido no por la presencia de dunas arenosas o parajes inhóspitos, sino por el silencio y la soledad que envuelven amablemente al caminante. La pista, ancha y llevadera, sin apenas desniveles, recorre huertos de labor escondidos entre el bosque y las colinas, olivares más que centenarios de retorcidos y magnificos ejemplares, algun que otro pinar negro y una presencia variada de los matorrales y plantas aromáticas de la zona. Todo ello envueltos en un silencio lleno de vida, como debe ser la nada o el vacío para los maestros espitiruales. El sendero cruza el Barranc del Canals y se interna en los montes de la Mangranera hasta llegar de subito, tras el recodo del camino, a la zona llamada la Chulara, a unos seiscientos metros de altura, donde según a la hora que llegue y si tiene  suerte, el caminante se encuentra con unas edificaciones engastadas en la roca viva, y como broche precioso la asombrosa fachada del santuario, dorada al sol de la mañana, una joya arquitectónica de estilo barroco con elementos neoclásicos tempranos.

Toda esta maravilla me recuerda, salvando las distancias, mi arrobada sorpresa al encontrarme de pronto, tras el paso de un oscuro desfiladero, ante el increible santuario nebateo de Petra, en el desierto jordano. El efecto visual pertenece al mismo tipo aunque el maño a un nivel más modesto, pero igualmente respetable. Este santuario aragonés está construido sobre la emita del siglo XVI que daba cobijo a la cueva donde se encontró la imagen de la virgen de Gracia (una pastorcilla de la vecina Valjunquera, segun la leyenda, fue quien la encontró).  El actual edificio, del que solo se conserva la  fachada, de dos cuerpos, en piedra de sillería que adopta un color de oro viejo ante la caricia del sol,  y los muros de la hospedería y residencia de los monjes. Ha desaparecido la cubierta de cañón con bóvedas de medio caño, aunque se conserva el altar y la hornacina interna de la imagen y en lo más alto de la fachada, bajo el frontón neocládico otra hornacina con una imagen extrañamente bien conservada de la Virgen con un niño JesúsIMG 0519 rechoncho que sujeta un ave de pico curvo, quizá un águila o un halcón con la mano izquierda.

El recinto, al que accede por un arco de medio punto pegado  a la pared de la residencia de los monjes, cuyo interior está destruido y sin techo alguno, por donde asoma el cielo luminoso de estas tierras y los árboles que han crecido allí., esta formado por las dependencias de los monjes, la iglesia y otros espacios comunitarios, todo ello en un entorno de bosque y planicies verdes en terraza. Allí vivieron unos años los monjes de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula aunque pronto rechazaron la dura vida que el aislamiento y los inviernos rigurosos provoca y se instalaron en La Fresneda, aunque mantuvieron el cuidado del santuario. Ahora en el Convento que fundaron en el pueblo se ha instalado un hotel con mucho encanto.

Pasar un tiempo en este lugar, sentado frente a la fachada, junto a la alberca o el pozo de los monjes, aun conservados, es un regalo para el espíritu y el cuerpo de cualquiera. El silencio, raramente rasgado por el trino de algún pájaro o el sigiloso pasar de algún animal de cuatro patas, es uno de los activos del paraje. La belleza de las lineas arquitectónicas tan contrastadas por el medio natural, bosques, rocas inmensas, ramas y flores es otro añadido  de importancia. Pero todo paraíso tiene su serpiente. ¿Cuál es la de este lugar? El hombre, naturalmente. Las basuras dejadas, más o menos arrinconadas, por lo menos eso, en este entorno ofende incluso a sensibilidades tan trabajadas como la mía, que ha visto verdaderas abominaciones de ese tipo en los lugares más maravillosos. En fin, señor alcalde de La Fresneda, ¿para cuándo un gesto de autoridad y otro de respeto? Multen y repriman a los domingueros descuidados y, por favor, limpien todo esto y pongan lugares de recogida de basuras, y que sean periodicamente retiradas. Gracias. La virgen de ese nombre lo merece.

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22 noviembre 2010 1 22 /11 /noviembre /2010 16:03

El rio Tastavins nace en los Puertos de Beceite y es un afluente del Matarraña. Hace veinte años era un río de caudal liviano pero ahora apenas rebasa la  categoría de un riachuelo ocasional e irregular que, no obstante, lleva su cauce pedregoso y semiseco por unos parajes de belleza sorprendente, supera los abruptos relieves de Peñarroya, rodea las estribaciones de la sierra de la Molinera, se asoma a Ráfales y baja por bosques y terrazas de cultivos mediterráneos donde quizá sembraron los iberos ancestrales y cultivaron árabes, romanos e hispanos de toda procedencia. En esas tierras turolenses de la comarca del Matarraña, frontera a las tierras catalanas del Ebro, la vida religiosa ha sido tan omnipresente que su fervor se ha materializado en ermitas, conventos y lugares sagrados, desperdigados por todos los lugares de la esa tierra  aragonesa.

En el término de Fórnoles, cabe la N-232 que lleva de Alcañiz a Castellón, se levanta el antiguo Santuario de Nuestra Señora de Montserrate, que hoy se concoe como ermita de Santa Mónica. Pues bien, desde Fórnoles a esta ermita transcurre un camino pedregoso, de poco desnivel, pero sereno, silencioso, solitario y hermoso. En apenas  hora y media se puede andar sosegadamentePICT8594.JPG por él entre pinos, carrascas, algún roble, olivares, almendros y tierras de labor, entre el piar  de los pájaros y quizá el viento susurrando sobre las ramas de los centenarios y retorcidos olivos. En Santa Mónica nos esperará un conjunto asombroso de cipreses entre los que hay ejemplares de varios centenares de años y de un grosor y altura espectaculares, más de 30 metros alguno (catalogado por el Gobierno de Aragón como conjunto singular y la ermita de interés cultural desde 1983)).

Hay que ir a buscar el camino tras abandonar Fórnoles por la carretera que lleva a Alcañiz, dejando el pueblo en lo alto, como un  telón magnífico de fondo. En un recodo de la pista descendente y señalado por un cartel, comienza el sendero, convenientemente balizado, con una discreta subida empedrada entre olivos y campos de cultivo.

Pero la singularidad de este sendero, casi una calzada empedrada se basa, como diría Cavafis,  el poeta de Camino a Itaca, tanto en el propio camino como en su destino. Durante muchos tramos del sendero, el caminante va pisando piedras pulimentadas y guijarros enlazados, entre bordes y muretes de venerable antiguedad, como si anduviera un camino medieval o incluso anterior, celta o iber, limitando o rodeando árboles de una presencia extraordinaria, quizá motivo de culto para aquellos pueblos tan intimamente relacionados con la Naturaleza.

Es pues un paseo por la historia remota de esta tierras y sus habitantes. La fuerza de estos lugares  es tal que una persona sensible podría, cerrando los ojos, bajo un sol otoñal, rememorar en el silencio cálido otras historias y otras presencias, algo mágico para el paseante y un verdadero regalo para el montañero que esté conociendo y aprendiendo a amar estas tierras.

El conjunto monástico que da nombre al santuario, tiene su origen en la Edad Media, a partir de una causa legendaria (como tantas otras que generaron el asombro y el fervor religios de las sencillas gentes de esas épocas)  : la aparición en el siglo XIII de la imagen de una Virgen Negra a un pastor sobre las ramas de un enebro. El pastor la llevó a su pueblo, Fórnoles, y por dos veces la imagen desapareció y volvió a aparecer en el sitio donde fue hallada. El pueblo de Fórnoles decidió erigir una ermita en ese lugar. Ya en el siglo XIV la ermita se convertiría en santuario, a tenor de la devoción y consiguiente  apoyo económico del pueblo, incluyendo dependencias monásticas y de autoabastecimiento como era norma en la época con los monasterior florecientes, es decir,hospedería, panadería, horno, establos, granja y alfarería. Se plantaron 33 cipreses, la edad de Cristo, y se amuralló el conjunto de dependencias con la ermita. Actualmente se mantiene todo el conjunto en buen estado y las gentes de los lugares cercanos acuden en romería la segundo domingo de mayo. Desgraciadamente no pudimos entrar en el conjunto monástico y visitar la iglesia. Una plancha de hierro ciega la puerta principal y solo puede visitarse al parecer en la época de la romería.

Sin embargo, aun queda el placer del regreso a Fórnoles por una calzada donde con un poco de imaginación  aún resuenan los cascos de las caballerías de las órdenes armadas que dominaron la zona, el temple o los calatravos, el gemir de las carretas de ruedas de madera y el paso sosegado y paciente de los ganados de cabras, ovejas o borregos. Es un auténtico regalo para los sentidos.

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12 noviembre 2010 5 12 /11 /noviembre /2010 16:11

PICT8470.JPG Y es un lugar común en el mundo de la literatura perderse por los cerros de Úbeda (mejor de La Mancha en este caso) en la cuestión de cuál fue en realidad la patria del buen Alonso Quijano, bien llamado por la posteridad, Don Quijote. Desde Argamasilla del Alba hasta las cercanías a la Sanabria o en los aledaños de Zamora, los sabios discuten y proyectan sus propias sinrazones en buscar una razón que justifique razonablemente la razón de ser del lugar quijotesco (y perdonen el juego de palabras aliterativo), muy al gusto de quien creó todo este lío, el gran don Miguel. Y es que Cervantes se cuidó muy mucho -de forma intuitiva- de revelar tal extremo (el del lugar donde "nació" don Quijote -que bien claro está para quien quiera entender: nació en la mente de un escritor-soldado, aventurero y desdichado llamado Miguel de Cervantes-) pero fue dejando aquí y allá datos "casuales" que harían como él mismo predijo que "ciudades y naciones se disputaran en el futuro por ser la patria de tan afamado y preclaro caballero".

Pues bien, estoy en condiciones de echar mi cuarto de espadas a la trifulca: la patria de don Quijote está en un pueblo o lugar del Matarraña, comarca del bajo Aragón, de cuyo nombre si quiero acordarme: La Portellada.

Hay en las cercanías de este recoleto pueblo, recogido como un rebaño de casitas en torno a la torre de la iglesia, ubicado en el centro de un valle en forma de L, rodeado por montañas de relieve suave cubiertas de pinos, carrascas y nogales, una colina en cuya cima se ha aposentado una vieja ermita del siglo XVII consagrada, ya es ilustrativo, a san Miguel. Junto a la ermita los vecinos del lugar han creado un lugar de esparcimiento y recreo, jugando creativamente con elementos decorativos muy originales: grandes tocones de árboles como asientos, cuerdas de grosor enorme como nexos de unión de columnas en porticada, adornadas con piedras de río, todo limpio y recogido como en pocos lugares he visto.

Pues bien, en ese lugar apacible, se han puesto a modo de ancestral juguete infantil, dos grandes caballos de madera, fijos al suelo, uno rígido y otro en balancín, realizados con maestría ancestral y rudimentaria. De pronto, al encontrarme de súbito con el más sencillo y efectivo de ellos, dióme la mente un nombre y una situación que encajaba en el momento como una llave en la cerradura: "he aquí el caballo Clavileño, "el Aligero", sobre cuyo lomo de madera, de forma harto mágica para ellos,don Quijote y Sancho Panza surcaron los cielos en pos del gigante Malambruno cuyas malas artes encantaron a la dueña Dolorida y sus otras acompañantes, dueñas todas en el Palacio del rey, proporcionándoles a todas unas muy pobladas barbas".

Se trataba, recordarán ustedes, del famoso episodio del capítulo XLI de la parte segunda de "El Quijote", el viaje a lomos del caballo Clavileño, en realidad una burla más de los Duques, esos abochornantes nobles que dedican su tiempo y dinero a buscar argumentos para reirse de la credulidad del buen caballero y su escudero, inocentes pero no lerdos, que logran hacer de los nobles y toda su parafernalia únicos depositarios del ridículo y el rechazo.

Pues bien, ahí tienen ustedes una foto del bueno de "Clavileño", llamado así como explica la dueña Dolorida, porque lleva en la frente una clavija para ponerlo en marcha y está hecho de puro leño, "Clavi (ja)-Leño". Salvando ucronías y en uso de un juguetón sentido de la  llamada erudición cervantina, podríamos proponer La Portellada como posible patria de don Quijote, habida cuenta además del amor que sentía Cervantes -y por ende- don Quijote, por las tierras aragonesas, que transitó a modo en la Primera Parte de la novela, cultivando algunas amistades y buenos recuerdos.

Cervantes, aventuro, debió pasar por estas tierras en sus épocas de recaudador de impuestos y quedaría sin duda fascinado por la agreste belleza de estos lugares, moraría de paso en algunos de los sitios poblados, aldeas o pueblos de mayor enjundia, Valderrobres quizá, y al pasar por La Portellada visitaría la ermita de su nombre, como buen cristiano viejo que era, (permítanme la ucronía, la ermita tiene constancia documental de 1766, por lo que el escritor que murió en 1616, mal pudo estar allí, pero si non e vero e ben trobatto) y allí tal vez columbrara el  caballo de madera y acercándose a verlo diera en la invención de la broma y riera complacido de las razones de Sancho, tan llenas de sentido, y de la credulidad interesada de don Quijote "si yo creo en tus visiones desde Clavileño, Sancho, habrás de creer tu en las mias de la cueva de Montesinos, y no digo más". De igual manera yo pido la complicidad del lector.

Lo cierto es que la ermita, construida de mampostería y piedra de sillería, de planta de una sola nave y un interior de bóveda de medio cañón, debe su existencia a un vecino de la localidad,don Miguel de Vilarroya, 

cuando aún era solo un barrio pedáneo de la cercana localidad de La Fresneda, que la mandó construir en pago a algún favor celestial.  Junto a ella está la vivienda del ermitaño, que debía tocar las campanas en horas debidas y sostuvo la tradición hasta bien entrados los años 60 del pasado siglo. La ermita está cargada de historia y ha llevado una existencia azarosa y difícil hasta convertirse en el actual idílico lugar de recreo (hospital de sangre, de cuarentena durante la epidemia de cólera de 1885 y prácticamente en ruinas tras la guerra civil, hasta ser remozada a partir de los 70 y los 80). Pero a pesar de tanta historia o justamente por ella y sobre todo por el lugar raparador en el que se encuentra y el cuidado con que se mantiene, vale la pena visitarla y vivirla un buen rato, en el silencio y la paz.

Ahora además está Clavileño...y la sombra de don Quijote, quizá apócrifa, pero ¿no son imaginarias casi todas las maravillas que la literatura nos depara?  

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10 noviembre 2010 3 10 /11 /noviembre /2010 17:06

Salida matinal a Peña Galera. Llego a Beceite, atravieso el recoleto pueblo y busco la pista asfaltada que en los altos del pueblo lleva a la Pesquera, lugar donde el torturado cauce del río UlldemóPICT8391.JPG se remansa brevemente en múltiples tolls o pozas., ideales para darse un baño durante los meses de verano (hoy, a seis grados, apetece poco, la verdad). El día está medio nublado, corre un aire frío que se convierte en viento contundente durante el transcurso de la mañana. Una vez atravesado el cauce del río que corre abundante pero permite en ese lugar (poza de Pablet) pasarlo sin mojarse saltando de piedra en piedra, comienza la subida por un sendero bien balizado. El paisaje es bellísimo y el desfile de nubes contra el cielo azul turquesa da al siluetado de las cumbres cercanas una dimensión dramática.

En algo más de una hora supero casi quinientos metros de desnivel, lo que supone un ascenso permanente. Cresteo la Solana de l' estes con vistas deslumbrantes sobre el Valle del Ulldemó, brochazos de sol contra el tapiz verde de los árboles y el blanco ceniza del roquedal. Cuando supero el barranco de Sant Antoni y enfilo el canal pedregoso que me lleva a la última subida antes de la cumbre de ese paquebote de piedra cuya proa parece enfilarse al cielo para emprender un vuelo imposible, la encuentro.

Está echada sobre un espacio de roca viva en fuerte descenso, una especie de canal surcado de hoyas con agua, no puede levantarse aunque lo intenta, no tiene movimiento en las patas traseras, y apenas en las delanteras. Solo mueve el cuello y golpea con la teztuz sobre el suelo, como desesperada por su inmovilidad. El golpe seco de los cuernos al golpear la roca es paradojicamente el unico signo de vida que parece estar a su disposición. Cuando me acerco, le hablo pausadamente, casi cuchicheando, abre unos enormes ojos de liquido azabache y me mira. Es un macho joven. No hay sangre a su alrededor, asi que descarto la acción de un furtivo. El canal de bajada no es nada peligroso y su desnivel para un ejemplar como ese debía ser una bagatela. ¿Qué puede haber ocurrido? Por el tipo de inmovilidad que presenta, parece una lesión en la columna. Está llegando al fin de su vida, su respiración es muy tenue, incluso a pesar del terror con el que mira a ese extraño junto a su cabeza.

Siento una gran impotencia. ¿Qué se hace en estos casos? No tengo alma de cazador y aunque la lógica aconseja aliviar el dolor del animal, soy incapaz de pensar siquiera en terminar con ella. No parece sufrir, ni hay forma de saberlo. Me siento junto a ella, aunque no me atrevo a tocarla. Saco mi botella de agua y echo un poco junto a su hocico. No se inmuta.

Sigo susurrandole un discurso no muy coherente sobre lo mal que me siento viéndola así, sobre cómo admiro su raza y la envidia deportiva que me producen sus saltos y correrías por lugares inverosímiles, le cuento que suelo caminar por los riscos de Montserrat y que allí desde hace unos años viven primos hermanos de ella, ya que se ha repoblado la montaña catalana con ejemplares de cabras hispánicas procedentes de els Ports . Le hablo de mis correrías por estas tierras, mi amor por sus escarpadas sierras, sus valles angostos, sus roquedales, su sequedad austera, y el misterio y belleza de sus sufridos ríos, antes tan caudalosos y ahora tan empobrecidos por mano y obra del ser humano, verdadero peligro ecológico. Le hablo de la magia del Matarraña y de mi miedo a que pierda esa cualidad por la acción depredadora, egoísta y miope de las sociedades humanas y su ansia explotadora.

La joven cabra parece haberse apaciguado con la cantinela monocorde de mi voz. Ya  no abre los ojos, aunque noto que respira y lamento profundamente que ese corazón de acero capaz de gestas físicas increíbles se esté apagando.

Decido no terminar la subida. Dejaré la cima para otro día. En homenaje a este animal soberbio, me vuelvo a casa. Cundo me levanto vuelve a abrir los ojos. Me lanza una mirada breve y quiero creer que ya no aterrorizada. Me despido. Le deseo una muerte rápida. Camino por el sendero de descenso sin mirar atrás. Se ha levantado un viento fuerte, agresivo, helado, que ulula entre los pinares. Un cerezo silvestre levanta la llameante cabellera allá en el fondo del barranco, una nota roja sobre verde, marrón y amarillo. Cuando me despido de la silueta de la montaña donde me dirigía me parece ver recortada contra el cielo la silueta de una cabra hispánica.

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