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11 abril 2011 1 11 /04 /abril /2011 16:09

Stéfphane  Brizé dirige este filme, "Mademoiselle Chambon" con gran sensibilidad y ha escrito también el guión basándose en la novela homónima de Eric Holder. La película narra una historia de amor condenado a no realizarse enteramente. Un albañil, austeramente interpretado por Vincent Lindon, conoce y se enamora de la maestra de su hijo pequeño, Mademoiselle Chambon. Esa tercera en discordia entra de forma inocente  y poco intencionada en el tranquilo y previsible mundo cotidiano de una pareja para crear un pequeño tsunami sentimental y emotivo. La sombra de "Los puentes de Madison" es alargada y planea sobre la película francesa. También las diferencias entre la obra maestra de Eastwood y esta sencilla, pero apreciable, muestra del cine francés de lo cotidiano, lo mínimo, lo ajustado, el universo que puebla la vida de la mayoría de los espectadores.

Mademoiselle_Chambon-404634-full.jpgLa aventura sentimental del albañil, completamente sacudido y aterrorizado --Vincent no parece alterarse lo más mínimo pero refleja con eficacia el desgarro interior-- ante esos sentimientos que trastocan su apacible vida matrimonial, con su apasionamiento y falta de lógica. Eso hace que surja el proceso emotivo en un contexto de silencios, gestos congelados por la indecisión o la timidez, música de violín y miradas, muchas miradas, cargadas de significado, preñadas de sentimientos, a veces asombradas y otras asustadas.

Algunas secuencias como el concierto de la maestra en honor del padre del protagonista en pleno festejo familiar (y la mirada de comprensión dolorosa de la mujer del albañil al ver la mirada de este hacia la maestra) o la contraposición conceptual entre el mensaje vitalista de la película y la escena en la que el albañil y su padre, anciano y enfermo, van a una empresa de pompas funebres a escoger el ataúd donde será enterrado cuando muera, resultan de una gran fuerza y sugestión dentro de su simplicidad argumental.

Romanticismo visual sobre un argumento y unos personajes tocados por la magia de la languidez, el silencio y las pasiones en sordina, aunque poco verosímiles y algo envarados en la falta de gestualidad emotiva.

El final es una hábil trasposición del de "Los puentes..." y como aquél se resuelve en los primeros planos de los amantes contrapunteados con el implacable destino que los separa (en una, el tren, en la otra el coche y la lluvia). Apreciable.

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8 abril 2011 5 08 /04 /abril /2011 18:27

 

 

 

trifidos.jpg

 

 Hace muchos años, en mi irredenta adolescencia, cuando buscaba libros baratos en las librerías de viejo y en el mercado de San Antonio  o en los quioscos que existían detrás de la Universidad barcelonesa, encontré precisamente en uno de esos quioscos un librito encuadernado en rústica procedente de una editorial sudamericana, creo que Novaro de México. La portada, tipo cómic, me fascinó: una enorme planta de ramas sarmentosas y vulvas carnosas arrastraba un cuerpo humano y a la vez, aprisionaba a una rubia exuberante, visiblemente viva, con la intención, no se sabe bien, de besarla o de morderla. La escena era de lo más sugestiva, encarnaba el horror y el misterio del mal, el erotismo femenino y la incógnita de lo que iba a suceder después.

Se trataba de "El día de los trífidos"  del inglés John Wyndham (publicada en 1951) y un subtítulo de letras rojas añadía: "La Humanidad en Peligro, las plantas se alimentan de los seres humanos a los que han dejado ciegos". Bueno, así expuesto, el argumento se llenaba de interrogantes acuciantes que solo la lectura podría resolver. Pagué su precio, no llegaba a diez pesetas (!Que tiempos!) y me dispuse a pasar una tarde de lo más entretenida. Lo leí de un tirón y jamás la olvidé. Algunas célebres películas actuales recordaban uno u otro detalle de esa novela y creo que en el 62 se hizo una versión en blanco y negro que no he podido encontrar. Mas tarde comprobé que la inefable BBC había versionado la novela, primero en la radio en 1953 y más tarde en formato de telefilme.

Por fin ha llegado a mis manos (y ojos) un telefilme de dos partes, dirigido por Nick Copus e interpretado por Joely Richardson, Dougray Scott y Vanesa Redgrave (casualmente, madre del productor de la cinta). Copus ha variado algunos elementos de la novela y ha incluido otros con mayor o menor fortuna. En la película vemos como unas llamaradas solares dejan ciega a casi toda la población humana y un ecologista estúpido y fanático libera a los trífidos que estaban concentrandos en granjas para aprovechar su aceite (gracias a ello se habia resuelto la crisis energética y su amenaza de calentamiento de la tierra, sin imaginar que eran un peligro mortal).

 En la novela son unos cometas verdes (presuntamente enviados por la civilización de los trifidos que pretende colonizar la tierra) los que ciegan a la mayoría de los humanos  para asi dejarlos indefensos ante la depredadoras plantas (que pueden moverse, lentas pero seguras)

Las secuencias de inicio de la película ( y de la novela) son de las que no se olvidan. El caos, el horror y el miedo contagioso de los pobladores de Londres ante una ceguera total (circunstancia que comparten con el resto del mundo, excepto algunas personas como el protagonista, un biólogo que justamente habia sido atacado por un trifido en una granja y estaba convaleciente de una operación en los ojos, por lo que los tenía tapados cuando se produce el terrible resplandor), es una de las circunstancias trágicas globales que constituyen el acerbo oscuro de nuestra cultura apocalíptica.

Pero después el desarrollo argumental es de una complejidad fascinante y un excelente ensayo de proyección sociológica. ¿Como se organizará una sociedad formada por una mayoría de personas ciegas y unos pocos videntes? Toda la infraestructura, instituciones, organismos, departamentos, que sustentan nuestra civilización ha desaparecido. La tecnología se ha detenido brutalmente y apenas quedan líderes intelectuales o sociales que tomen el mando y la dirección, aunque abundan los caudillos y los psicópatas.

En la novela, el protagonista, Bill Masen, se arranca los vendajes para ver conmocionado unas escenas en el hospital y las calles londinenses que describe como "El infierno según Gustavo Doré". Es mucho más que eso y los benditos efectos especiales nos brindan la posibilidad de ver el alcance del desastre, aunque nos hurtan la reflexión y el intimismo psicológico que nos impresiona en la novela. Tampoco en el filme se ahonda en la relación entre los protagonistas, el biólogo y la periodista popular (en la novela es una escritora de renombre) y la película, muy bien realizada, se convierte más en un thriler de supervivientes de excelente factura, pero que aún así siembra cierta inquietud en la mente del espectador. La finura literaria de la novela deja su marca en el argumento cinematográfico y su traducción en imágenes. No es una película más de ciencia ficción. Y más si uno se toma el agradable trabajo de leerse previamente la novela. Allí interesa muchísimo el análisis de las diversas formas de reorganización que van probando los humanos ciegos dirigidos por líderes ocasionales después de la catástrofe. Unos se aferran a la religión y los valores morales, sin llegar nunca a advertir la magnitud del cambio; otros se aíslan en grupos minúsculos de supervivientes, sometidos a la ley básica de la supervivencia y la auto defensa; los de allá rechazan violentamente a otros grupos humanos, y otros pretenden instaurar un régimen feudal de características autoritarias. Luego quedan los que tratan de crear un modelo de sociedad fundada en la racionalidad y la necesidad de preservar la especie, como una prioridad forzosa que no admite vacilaciones éticas.

Lo dicho, no dejen de leer la novela,-- hay una edición asequible, Clásicos Minotauro, Planeta 2008-- y después acudan a un deuvedé club o en las webs de cine alquilado en internet para lograr la película. Para 2012 parece que se estrenará una versión para la pantalla grande. Hollywood ha olido una suculenta presa. Veremos.

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6 abril 2011 3 06 /04 /abril /2011 08:06

_enunmundomejor.jpgExcelente película danesa. Oscar de este año a la mejor película extranjera. Dirigida por Susanne Bier, "En un mundo mejor" debía haber llevado interrogantes. Propone una historia que nos hace reflexionar y cuestionar la educación que les damos a nuestros niños y  en concreto la actitud ante la violencia y la manera de afrontarla. Para ello la directora, con una magnífica elección de actores y una puesta en escena sólida y bien estructurada, nos propone una sutil experiencia: nos lleva a Kenya, a un campo de refugiados, donde Anton, uno de los cinco protagonistas, ejerce de doctor entre el dolor, la miseria y la violencia salvaje  e indiscriminada de los señores de la guerra. A continuación contrapone --en un sabio ritmo de interrelaciones-  esas escenas impactantes en Africa a la vida familiar cotidiana de tres adultos y dos niños en la civilizada y aséptica Dinamarca.

No hay toma de partido, mensaje subliminal o maniqueísmo de ningún tipo, no se hace una soflama de buenismo izquierdista, no nos aleccionan social o políticamente: la baza de Susanne Bier es presentarnos de forma aséptica y realista dos situaciones tal como son. Y a pesar de la brutalidad de la violencia en el campo de refugiados, con una extraordinaria secuencia del linchamiento del jefecillo tribal por los familiares de sus víctimas y la actitud al fin no neutral del médico ante la brutal escena, lo que inquieta más al espectador es la violencia soterrada pero igualmente innecesaria, excesiva y gratuita, que reina en la aparentemente ortodoxa y ética comunidad danesa de gentes con un alto nivel de vida.

El personaje del médico, Anton, es de una complejidad, belleza y convicción verdaderamente notable. Recuerda al personaje de Camus en "La Peste", aunque aquí es menos "de una pieza", ya que también se nos muestran sus contradicciones, el peso de sus principios, su fortaleza y su humanidad doliente pero fascinante. La secuencia del voluntario sometimiento del doctor a la humillación que le inflige un matón, ante sus hijos, es de una persona que roza la heroicidad por la defensa de su convicción en el rechazo de la violencia y de la venganza.El enorme valor que tiene una persona capaz de pasar por "cobarde" por defender su postura ante la vida. A ello se enfrenta la lectura que  el amigo de su hijo, un magnífico Willam Johnk Nielsen, hace del episodio y sus ansias de venganza que causan un innecesario despliegue de daños. Ni uno solo de los cinco personajes principales de esta cinta tiene desperdicio, está mal dibujado o es inconsistente. Son  personajes complejos, llenos de claro oscuros, que sufren, aman y viven sus vidas con todas las contradicciones que no pueden evitar. Tanto los dos niños, Elías y y Christian, como el médico Antón y su mujer, de la que está a punto de separarse, y el padre del desorientado Christian (incapaz de superar la muerte de su madre por un  cáncer, del que culpa a su padre, una fuente de violencia que le desborda), conforman una estructura humana de una absorbente complejidad, en la que nada nos es extraño. Al contrario que la vida en los campos de refugiados de Kenia que, sin embargo, tiene una cosa en común con la "amable" vida danesa: la violencia primaria, en una sociedad a la vista, en la otra, soterrada y reprimida. Y la primariedad de los instintos básicos, visible en los niños de la escuela y su absurda crueldad gratuita, en los adultos enfangados en sus historias de amor, miedo y traición.

Una película para reflexionar, servida con unas imágenes bellísimas del país africano y la pacífica serenidad de los bosques y lagos del país nórdico. En fin, no se la pierda. Y lleve a sus hijos. Como escribí al principio, debería haberse titulado "¿En un mundo mejor?".

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29 marzo 2011 2 29 /03 /marzo /2011 13:26

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Bueno, en esta amable y bienintencionada película hay que tener en cuenta la historia detrás de la pantalla. Está dirigida por Emilio Estévez, el director y actor, hijo de Martin Sheen (que en realidad se apellida Estévez y es hijo de español, gallego a más señas) al que recordarán los cinéfilos como el oficial ejecutor de "Apocalipsys now" de Francis C. Coppola, una de las mejores cintas bélicas de la historia del cine. Pues bien "The Way" es la historia de un oculista de California, de 70 años, que pierde a su hijo de 43, mientras este realiza el Camino de Santiago, a causa de un accidente. Tom, marcha a España para recoger las cenizas de su hijo, con el que tiene una asignatura pendiente de comprensión pero no de afecto, y decide hacer el Camino que había empezado el fallecido.

Y ahí empieza la versión fílmica, parcial y escogida como es inevitable, del desarrollo, moroso, pintoresco, agotador y estimulante del Camino de Santiago. Si alguno de ustedes lo ha realizado, ya sabe de qué les hablo. A los que hemos recorrido aquellos senderos, trochas, pistas y conocido a la flora y fauna que lo recorre y lo habita pues, bueno, "The Way" le traerá recuerdos muy vivos y ciertas dosis de escepticismo y paciencia ante algunos de los inevitables (?) tópicos con que los cineastas norteamericanos cocinan sus visiones de nuestro país y más de algo tan fuertemente peculiar como el Camino.

En ese aspecto, sobran las referencias y anécdotas relacionadas con los gitanos y los toreros (parece que no hayamos avanzado nada desde la época de Washington Irving y Prosper Merimée), mientras que las referencias  religiosas (católicas) que podían haber sido un lastre, están tan contenidas y justificadas --desde el respeto-- como el alejamiento de teorías esotéricas y magias varias relacionadas con el simbolismo del Camino (apuntadas brvemente por el personaje de Jack, el escritor irlandés sin  ideas, que es uno de los compañeros de Tom-Martin). Además del citado, se unen a nuestro desazonado padre norteamericano --que lleva las cenizas de su hijo todo el Camino y las va depositando en lugares del recorrido-- un holandés fornido que camina para adelgazar y para de esa manera volver a gustar a su mujer, y una mujer muy sexy y muy amargada y agresiva que pretende dejar de fumar pero en realidad arrastra el trauma de un aborto obligado.

"The Way" se estrenó el año pasado, en pleno año Jacobeo, y la verdad es que puede añadirse con honor a una eventual lista de películas que tratan directa o indirectamente las historias del Camino  (Buñuel entre ellas). De hecho la película se basa, parcialmente, en un libro de Jack Hitt "Off the road", que no tengo el gusto de conocer. Ha sido coproducida por Mel Gibson y nace --y aqui viene la explicación del principio de esta crónica-- de una experiencia que tuvo Martin Sheen durante un viaje a Galicia a fin de ver a su familia, en la que hizo un par de tramos del Camino. Entusiasmado por la experiencia convenció a su hijo, Emilio Estévez, de que realizara una película sobre ese "viaje al interior" que supuso para el actor ese par de semanas de caminata.

La enseñanza que se desprende es fácil: la vida no se elige, se vive. Carpe Diem y todo eso. La última secuencia muestra al oftalmólogo, con la mochila al hombro, paseando por Marraquech. Es decir, ha decidido vivir su vida como su hijo hizo (ante su rechazo y su incomprensión), .

Ángela Molina, Joaquin Almeida y Simon Andreu, dan vida a algunos de los personajes que se cruzan con Tom, mostrando las diversidad de registros que proporciona una experienca tan íntima y a la vez tan comunalmente humana, que es caminar por el milenario sendero que lleva al Apóstol...y a veces al conocimiento de uno mismo.the-way_2.jpg

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29 marzo 2011 2 29 /03 /marzo /2011 08:15

mas-alla-de-la-vida-cartel.jpgNo se puede decir que sea una mala película. Tampoco se debería decir que es buena. Quizá Clint Eastwood se ha tomado un respiro después de tantas obras que rozan la maestría, desde "Sin perdón" , "Gran Torino" o las "Cartas de Iwo Jima". Con las dos primeras, "Más allá de la vida" tiene un importante punto de contacto: el tono crepuscular, el aire que rodea a un hombre vencido por la edad, por unas circunstancias que supera su deseo de descanso, cambiado, transformado pero aún fiel a sí mismo, con su insobornable dignidad. Aquí el protagonista es un hombre joven, pero el ambiente que le rodea es ese que menciono. Todo lo que le rodea se acerca más a la muerte que a la vida. Matt Damon abandona su registro de hombre de acción y presta su imagen honesta y un poco infantil, demasiado saludable, a un parapsicólogo que puede escuchar a los muertos desde esa zona de sombras que podría haber entre la vida y la muerte. Esta es la historia de la película: tres vidas que han sido heridas por la muerte, sin ser arrebatadas por la dama de la guadaña. La periodista francesa que renace tras un tsunami, el niño que pierde trágicamente a su hermano especular y el propio protagonista, que tiene un don que detesta y le condena la vida, cerrándole la posibilidad de la ansiada normalidad. 

 

Si apartamos los primeros minutos de auténtico y magistral cine, el tsunami mostrando al horrorizado espectador la tenue gasa que separa la normalidad de la vida de la brutalidad de la muerte inesperada, el resto de la película habita en un mundo de contrastes donde se parte de una premisa difícil de aceptar para muchos espectadores, la existencia de esa tierra de nadie donde los muertos aún no han tomado conciencia de su silencio definitivo y buscan un traductor que libere sus pensamientos en los oídos y las mentes de sus allegados. Todo narrado con la solvencia de Eastwood y con ese incierto buenismo que suele ser marca de fábrica de Spielberg (por cierto, productor ejecutivo de la película). Hay un cierto aire reivindicativo de lo inexplicable, la metafísica sombría de la muerte, que sin llegar a transformar la película en un filme de tesis (casi me parecía notar a veces una cierta incomodidad en Matt Damon, en forma de falta de autenticidad,  que supongo reflejo de la del director). Al final uno se queda con la sensación de algo fallido, como si Eastwood hubiera dirigido a contracoeur un mensaje que le preocupa pero que con gusto apartaría de su historial cinematográfico. A no ser… a no ser que "Más allá de la vida" sea una consecuencia del hecho ineludible de los 80 años de Clint, no tanto de sus preocupaciones íntimas, sino del deterioro difícil de evitar de la edad, cuando estos temas se tienen más cerca de lo deseable .

Sea como fuere, es una película que disgustará a los incondicionales del "duro" Clint. Pero atraerá a los que vieron el lado romántico y sensible del director en "Los puentes de Madison", por ejemplo. Personalmente creo que Eastwood y Spielberg, dos maestros, no deberían trabajar juntos. Dejemos que se influencien mutuamente, pero no en una misma película. "Salvar al soldado Ryan" la podría haber firmado Eastwood. "Más allá de la vida", la debería haber firmado Spielberg.

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23 marzo 2011 3 23 /03 /marzo /2011 20:45

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Con unas secuencias de acción fascinantes, muy a la medida del incombustible Bruce Willis, comienza una película que trata de no dar respiro al espectador (con tal de que este pida a esta película sólo lo que puede dar: diversión). Dirigida por el  alemán Robert Schwentke (el mismo de "Más allá del tiempo", un drama bastante notable del que ya hablaremos), demuestra su oficio y lo pone al servicio de sus estrellas, Willis, Helen Mirror (resulta jocoso ver a la circunspecta reina Isabel manejando con soltura un lanzagranadas), el gran Morgan Freeman (nunca me canso de admirar su enorme convicción como actor) y el más histriónico pero no menos grande John Malkovich, en un papel enloquecido que le va de maravilla.

El argumento, basado en un cómic famoso de Ellis y Hammer, no es nada del otro mundo: un agente retirado de la CIA, aburrido de su vida, se enfrenta a un intento de asesinato. Lo alarmante es que los asesinos gastan maneras de la CIA. Asi pues el enemigo está dentro, casi sentado en el despacho Oval. Ahí es nada. Por lo tanto Willis se pone en acción, a su manera tosca y eficaz, y recaba la ayuda de sus amigos citados, también jubilados. Es un festival de estrellas. Casi nos sobra el idilio forzado entre una joven funcionaria tomada como forzado rehén por Willis (para protegerla) y su captor.

Un digno producto de acción, a un paso del cine de palomitas (nada de censura a ese maravilloso y evocador cine que tantas satisfacciones nos dio, años ha) y con un tono crepuscular muy elegante, a la medida de las edades de nuestras estrellas.

Me siguen divirtiendo estas películas, con una violencia que no se cree nadie, puros estallidos de efectos especiales y especialistas, como aquellos combates de lucha libre que a mediados del siglo pasado encantaban a nuestros padres.

Si además los actores hacen su trabajo con el gesto amable del que sabe que está jugando a la acción desmedida y poco creíble, en la lucha épica tradicional de los buenos contra los malos, pues miel sobre hojuelas.

Y para terminar no se pierdan las breves apariciones de un grande de la pantalla norteamericana, Ernest Borgnine, en lo que creo fue su último  papel ante las cámaras. Enternecedor. Adiós "Marty", adiós gran "malo" del cine, con su sonrisa de dientes fronteros separados que irradiaba bondad, paradójicamente. En fin, cine, cine, cine.

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22 marzo 2011 2 22 /03 /marzo /2011 20:43

tempestadsobrelniloC.jpgPoco podría suponer el escritor británico Alfred Edward Woodley Mason (conocido más como A.E.W. Mason) que una de sus novelas "The four feathers", ("Las cuatro plumas"),  publicada en 1902, iba a ver cuatro versiones cinematográficas dilatadas durante un lapso de setenta y tres años. La novela es una excelente muestra de novela de aventuras y de análisis de caracteres, de reflejo de una época y de unos ideales y tradiciones, casi el paradigma de la era victoriana, del colonialismo inglés, las gestas militares y la glorificación del honor, la lealtad y el amor como móviles preciados de la juventud inglesa de la clase alta en aquellos tiempos gloriosos para la Union Jack, la bandera británica.Las_cuatro_plumas-109513-full.jpg

Acabo de ver la estimable versión de Zoltan Korda y Terence Young, realizada en 1955, con Laurence Harvey, la inexpresiva Mary Hure y el estólido Anthony Steel. Por alguna razón misteriosa la película se llamó  "Tempestad sobre el Nilo" y en algunas secuencias es una copia casi literal de la cinta rodada en 1939, la segunda versión de la novela, también dirigida por Zoltan Korda, con John Clemens y June Dupres.

En 1929, se rodó la primera versión, dirigida por Lothar Mendes, a la que no he tenido acceso. Aunque sí he visto la última, rodada en 2002, con unos juveniles Heath Leger (sí, el malvado Jocker del Batman oscuro, prematuramente  desaparecido)  y Kate Hudson, que apenas conserva el encanto de sus predecesoras.Las_cuatro_plumas_2002.jpg

La película narra -- siguiendo aunque no muy fielmente a la novela-- la aventura personal de un joven oficial que se retira del ejercito justamente cuando su regimiento es llamado a combatir la insurreción de los derviches en Sudán, los mismos que masacraron al general Gordon en Jartum en 1885. Es tildado de cobarde por sus tres amigos, compañeros de armas, que le envían tres plumas blancas, simbolo de la cobardía. La cuarta se la entrega la novia del atribulado oficial que rompe su idilio disgustada por la decisión incomprensible de su amado.

Pero el oficial reconoce su cobardía, no se escuda en ninguna razón más aceptable y decide acometer una aventura que rescatará su nombre del deshonor. Se disfrazará de nativo mudo y volverá a Egipto y a la zona de guerra en Sudán. Tras múltiples peripecias logrará salvar a uno de sus amigos, cegado por el sol y capitaneará el rescate de los otros dos y la conquista de una plaza en poder del Mahdi derviche. Devolverá sus plumas a los amigos  y recuperará el amor de su novia y de inmediato, esposa.Las_cuatro_plumas_1939.jpg

Así contada es una historia lineal y simple, pero hay que vestirla con las imágenes trepidantes de Zoltan Korda, la amistad viril, la defensa del honor y la lealtad, el humor heroico del soldado británico, preferentemente, claro está, de sus oficiales...bueno, es lo que hay. Uno  debe recordar en qué tiempo y lugar se desarrolla la acción. No es cine de ideas, es cine de acción, de aventuras y de una escala de valores que, en algún aspecto, de forma lamentable ya no está de moda, pero mantiene de forma muy eficaz el primer mandamiento del cine: divertir y sugerir sentimientos e ideas hermosas y válidas.

Les sugiero esta experiencia: lean la novela --lo pasarán muy bien, está excelentemente escrita-- y traten de agenciarse al menos las tres versiones últimas, la primera es inencontrable, al menos para mí. Será una gozada cinematográfica.

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19 marzo 2011 6 19 /03 /marzo /2011 16:52

5631_cuestion_de_principios.jpgFederico Luppi y Norma Aleandro, son dos actorazos argentinos que transmiten una naturalidad sin fisuras. Los disfrutamos en aquella delicia que se tituló "El hijo de la novia" y ahora volvemos a verlos juntos dando un recital de sensibilidad y buen hacer, de vis cómica y seducción emotiva, en una palabra, de dignidad profesional y profundidad humana. Se trata de "Cuestión de principios" que dirige Rodrigo Grande, sobre un guión que firma él mismo y Roberto Fontanarrosa, basado en un relato corto de éste último, un buen escritor ya desaparecido, apodado "el negro".

Un relato sencillo de esas situaciones laborales y humanas que son el pan nuestro de cada día en muchas empresas. Recuerda la película del expresionismo alemán, "El Último", en la que los avatares e injusticias de una empresa hotelera en crisis que dejan fuera del trabajo a un empleado modélico, un portero con un uniforme de gala, causa una toma de partido penosa del pobre individuo con tal de preservar su castigada dignidad humana. En fin, no hace falta contarles más. Como dice el título de la película, se trata de una cuestión "de principios". De una cuestión de dignidad, por encima de dinero y poder, tan difícil de preservar en una sociedad donde priva la ganancia por encima de todo y la convicción denigrante de que todo tiene un precio, que todo se puede comprar y que el que no se ajusta a esto principios amorales es un pardillo y un idiota que no merece más que la humillación y el desarraigo. 4476-copia-1.jpg

Sin embargo lo notable de esta película es que trata de huir del maniqueísmo simplón, ni el tiburón ejecutivo es tan desalmado e inhumano como marca el estereotipo (de hecho tiene los pies de barro, en forma de una ex y de una niña, su hija) ni el íntegro currante medio jubilado es madera noble y sin nudos: de hecho bordea la frontera estúpida de la obstinación innecesaria.

Tal vez mi único "pero" tenga que ver con el final, innecesario sello de moralina discurseada al mejor estilo Frank Capra, soledad del malo y premio al bueno, feliz y contento con su victoria. Es una comedia que toca elementos tan sensibles y profundos que acaba molestando la simplicidad maniquea de su desenlace. Pero bueno, esto son manías de purista. Y muy subjetivas. Lo cierto es que el espectador pasará  casi dos horas --demasiado tiempo, hay que reconocerlo--  de a menudo placentera convivencia rioplatense con una matrimonio envejecido pero dinámico y una lucha, entre el viejo empleado y el nuevo y joven director gerente de la empresa (magnífico y convincente Pablo Echarri). Un cierto defecto de ritmo, hace pensar que un montaje menos despacioso, un poco mas de nervio e intensidad narrativa, y el adelgazamiento de ciertas escenas un poco superfluas, hubiese redundado en un producto más redondo. Dignidad y principios siempre causan una simpatía especular en los espectadores: todos nos sentimos concernidos, a todos nos emociona la persona que pierde o corre peligro de perder algo valioso por tal de defender su dignidad. Pero como dice el amigo izquierdista de Luppi, "los principios son un reflejo condicionado. Los mantienes por los demás. Aprovecha la ocasión y olvídate. Saca lo que puedas". Pero no es tan fácil llegar a un compromiso tan obvio socialmente cuando hay un buen guionista por medio. Y asi puede suceder que cuando el moralista cede, su sacrificio no le sirve de mucho y así pierde dignidad y precio al mismo tiempo. O no. Y en esa vuelta de tuerca es donde anida mi queja. ¿Era necesaria?

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15 marzo 2011 2 15 /03 /marzo /2011 12:13

Destino_oculto-716611-full.jpgVer a Matt Damion correr desesperadamente, perseguido por alguien, en la selva urbana, comienza a ser algo muy frecuente en este actor que cada vez se especializa más en papeles de acción (aunque le vimos muy contenido en la ultima de Clint Eastwood , "Más allá de la vida" y un poco menos en "Valor de ley" de los Cohen). En esta ocasión Matt es perseguido por unos misteriosos hombres con sombrero que parecen vigilar que la vida de las personas se ajusten milimétricamente a un guión preescrito en el que todo está consignado y que suele diseñar el Director, un ser superior que lo controla todo. "Ustedes le dan muchos nombres", dice uno de los supuestos "ángeles" a Matt, cuando nuestro héroe descubre accidentalmente el pastel y pregunta quién está detrás.

Pues bien, "Destino oculto",  dirigida por George Nolfi (que también dirigió a Damon en la ultima entrega de Bourne) con una Emily Blunt en estado de gracia y un acartonado Terence Stamp que conoció tiempos mejores, pero aún  sigue intranquilizando con la mirada fria de sus ojos y el gesto pétreo, nos cuenta una historia basada en el relato de Philipp K. Dick, el gran maestro de la ciencia ficción, "Equipo de ajuste".

La película trrata pues de la inexistencia del libre albedrío, pero no profundiza mucho en eso, lo deja a nivel anecdótico. Porque tiene otro componente más importante: le fuerza del amor, capaz de desvirtuar de una forma decisiva los guiones que vivimos (base del llamado "Análisis Transaccional" en psicología) y vencer todos los obstáculos. Aunque uno se pregunta, una vez el amor une a la parejita Damon-Bhunt con el debido reajuste de su guión, ¿donde queda la libertad de esos individuos que vuelven a estar sujetos al nuevo guión?destinooculto--253x350.jpg

La película tiene un dinamismo brillante, la música es excelente y aunque a uno le sobran tantas puertas - parece una película de Lubitch- en este caso siempre llevan a sitios insólitos, truquito de montaje que acaba siendo previsible, el espectador cinéfilo acaba notando un sabor conocido en las neuronas: desde "El show de Truman" a "Blade runner", "Matrix" o "Desafío total". Con una diferencia, todas las películas citadas supusieron un aldabonazo de originalidad y eficacia narrativa en el género, alguna incluso ha pasado al rango de clásico, como "Blade Runner" o "Matrix", mientras que esta se ve con cierto placer pero no dejará huella en la memoria selectiva del cinéfilo.

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12 marzo 2011 6 12 /03 /marzo /2011 12:19

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Silvia Bel compone una magnífica Natalia en la versión que Josep María Mestres presenta en el TNC barcelonés del clásico de Turgueniev "Un mes en el campo". Todas las contradicciones, la perplejidad interior, la locura emocional que embarga a esa aún joven aristócrata rural rusa, casada, con un hijo, pero enredada en una semiplatónica relación (por parte de ella) con un amigo de su marido, el intelectual Rakitin (un contenido y excelente Josep Manel Casany) y al fin enamorada por primera vez del joven profesor de su hijo, un hombre de extracción humilde,  Beliaiev (Robert González), resulta un embriagador catálogo de las emociones amorosas humanas, con toda su carga de celos, tristeza, desconciertos, crueldad y dolorosa vulnerabilidad.

Desde una de las primeras filas pude asistir emocionado a un recital sorprendente sobre todo de la protagonista y de su zarandeado cortejador Rakitin. En uno de los momentos clave de la obra, cuando Natalia se siente perdida antes las emociones que la invaden y la desequilibran, sin saber qué es lo que le ocurre y su amigo Rakitin le aclara, con dolor contenido, que todo ese océano de emociones se debe a que está enamorada por primera vez, y no de él, de un joven de otra clase social y mucho más joven que ella (doble escándalo social en la Rusia zarista, en un medio rural de una rigidez social medieval), en ese momento, el rostro que Silvia Bel dirige al espectador, hurtando la mirada de su despreciado amante nunca real, es un rostro donde anidan emociones contradictorias y un dolor tan sincero que sus lágrimas conmueven a quien logra verlas.

Hay que felicitar al TNC que ha reducido el aforo de su Sala Gran para acercar a todos los espectadores el detalle de las actuaciones.

La obra está ilustrada musicalmente por Lluis Llach, tiene una escenografía y vertuario acorde con la época en que se escribió,1872 (gracias aDios en esta ocasión no ha llegado la maldita moda de la "contemporanización"), y los actores cumplen en general con sus papeles de un forma muy aceptable, con las dos excepciones perfectas que apunto.200px-Turgenev_by_Repin_1879.jpg

Se dice que Turgueniev escribió "Un mes en el campo" evocando su propia experiencia personal, amante de una mujer casada, la cantante de ópera de origen español Paulina Viardot García, también casada con un amigo del escritor. En la obra se diseccionan los sentimientos humanos con la habilidad del escalpelo de un cirujano, principalmente en aquéllos que provoca y remueve uno de los temas predilectos de Turgueniev, sino el principal: el amor, en una visión nada idílica, realista y lúcida, pero también pesimista.

En sus principales obras: Primer amor, Torrente de primavera, La vispera, Humo, Padres e hijos, Relatos de un cazador, Turgueniev siempre tiene una lucidez emocional brillante y una exposición bellisima llena de elegancia y de hallazgos expresivos. Es el precedente de Chejov, quizá menos profundo que éste, pero también más divertido y cercano. Para mí es unos de los más atractivos exponentes de los dramaturgos que analizan el amor, sentimiento complejo que, como él mismo dice, "aunque lleve o no, a la bondad, limpie la piel y la haga resplandecer o gratifique la propia vanidad, no suele conducir a la felicidad".

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