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2 junio 2011 4 02 /06 /junio /2011 18:20

 cazador.jpgEl Liceo hasta la bandera, expectante, clima de las grandes ocasiones, esta vez no sólo por las voces, también la galanura de la ópera, "El cazador furtivo" de Carl Maria von Weber, una música excelente al servicio --como suele suceder en la ópera, con la excepción de Mozart, algunas de Verdi y otras de Wagner y que me perdonen los puristas-- de un argumento bastante mediocre, infantil y pretencioso (aunque proceda de una leyenda popular). Pero bueno  uno cierra los ojos, se olvida de las traducciones y se regodea con música y voces.

La puesta en escena la firma Peter Konwiyschny, director de la ópera de Leipzig, y llama la atención desde antes de empezar la función con un hipnótico ascensor rojo con lucecitas que queda fuera de telón, junto a una pasarela sobre un lateral del foso de la orquesta. Cosas de la "modernidad" escénica que muchas veces hemos aprendido a lamentar los escarmentados fieles del Gran teatro de las Ramblas.  

Tres actos, dos seguidos y uno tras el largo entreacto. El cazador furtivo cuenta con libreto de Johann Friedrich Kind, y se estrenó en 1821 en la Schauspielhaus de Berlín, y no llegó al Liceo hasta 1849. Se trata de untradicional "singspiel" en el que los números musicales alternan con los diálogos y como queda dicho se basa en una leyenda popular, con elementos fáusticos, es decir de comercio con el diablo en busca de éxito amoroso, honor y gloria. Es una historia de bosques, cazadores y guardabosques, entreverada de diablos y servidores oscuros e ingenuos y botarates guadabosques y lugareños en la Bohemia del siglo XVII (el ascensor queda muy propio, claro está en esta historia). La acción trata de los esfuerzos del diablo Samiel, ayudado por un malvador cazador, Kaspar,  por llevarse el alma del guardabosques Max, al que le promete ganar un concurso de tiro a cambio de su alma, para así poder casarse con Agathe hija del jefe de los guardabosques.

Puro romanticismo alemán para el que viene de perlas los bosques oscuros y dramáticos, los malos amenazadores y la lucha eterna entre el bien y el mal, con el amor como motor fáustico en medio. Y, claro está, la victoria de la civilización sobre la barbarie (reflejada en esa Garganta del Lobo, del final del segundo acto donde reina Samiel, y donde se entroniza un televisor con llamas en la pantalla y un ridiculo búho mecánico que produce cierta hilaridad) la luz contra las tinieblas y el amor contra el odio y la envidia. Y, naturalmente, la fozosa y definitiva intervención divina para inclinar la balanza hacia el justo lado. En fin...

Otra cosa son las voces y la música que las arropa y define.  Albert Dohmen como Kaspar, un estólido Alex Brendemuhl como Samiel y un Christopher Ventris como Max, poco convincente en sus movimientos en escena pero con una voz pasable, cumplen sus cometidos con acierto, así como una desvaida Agathe de Petra-Maria Schnitzar, a la que roba escena casi siempre la vivaz Ofelia Sala como Annchen.

Así que con ascensor rojo, el televisor llameante y el búho catártico, todo en una acción que se desarrolla tras la guerra de los Treinta años (1618-1648) con lugareños ingenuos (que nos brindan un coro excelente y algún momento mágico) y protagonistas esquemáticos, la opera hace su singladura dejando al espectador satisfecho sobre todo con la música y  más que divertido, demasiado, con la ambigua simbología, seguramente no deseada por el director de escena, de que la tele estuviera siempre en llamas, el diablo Samiel hablara en catalán, el ascensor quedara como una incógnita injustificable y el búho lograra desarmarse con poca convicción, tras una "actuación" lamentable digna de los hermanos Marx. Dirección de actores y movimientos en escena precisos y bien conjuntados, aunque entre los protagonistas no se podía sacar más de lo que podían dar, es decir bastante poco. Con excepciones ya apuntadas.

En resumen, amigos, casi mejor que se compren una buena versión en CD de la ópera y la escuchen en casita. Se ahorraran quebraderos de cabeza con el dichoso ascensor que va de ninguna parte hasta el primer piso de la pretenciosidad inane.

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29 mayo 2011 7 29 /05 /mayo /2011 17:32
the_company_men_C.jpgHe aquí una película norteamericana que, pese a esar interpretada por auténticos pesos pesados de los actores del star sistem de Hollywood, Ben Affleck, un casi irreconocible Kevin Costern, y los soberbios Tommy Lee Jones y Chris Cooper (nuevos recitales de estos dos dinosaurios venerables de los estudios), trata de mostranos con eficacia algo tan usual y compartido en estos tiempos como los dramas que la crisis provoca en el mundo laboral.
Es como un "Los lunes al sol" pero llevado al mundo de los altos ejecutivos empresariales de los Estados Unidos. La humillación de los parados forzosos, los despedidos y los otrora prepotentes vencedores sociales sometidos a la drástica y dolorosa vivencia de verse en la calle y sujetos a la indiferencia y crueldad con que la sociedad de las grandes empresas castiga a todos los que serán triturados por los intereses y las maniobras deshumanizadoras de las multinacionales en pos del continuo enriquecimiento.
El envilecimiento de los seres humanos que caen ante la máquina destructora del capitalismo salvaje es el gran tema de esta cinta, dirigida por un experto en telefilmes, John Wells, bajo su propio guión, y que es el responsable de éxitos de tanta calidad como "El ala oeste de la Casa Blanca" o "Urgencias". Pero los largometrajes tienen exigencias, cuando quieren llegar a ser calificados de más que pasables, que este hábil artesano del cine sólo logra rozar, sin llegar a solidificar una propuesta superior.
La peripecia vital de Ben Affleck, desde el golf , la gran mansión y el porche en la puerta junto al triunfo social, a las restricciones tipicas del trágico mundo de los parados --tan parecido en todos los países-- en el que los valores y los méritos de la persona dejan de interesar y la situación imprime un sello de desvalorización y mezquindad a los mejores, está bien contada, pero no logra conmovernos. Los personajes quedan desdibujados y sometidos a un tratamiento plano y causal.
La tragedia interior del personaje interpretado por Chris Cooper, el más emotivo, solo despunta en ocasiones sin llegar a justificar a los ojos del espectador el drama final.
Si añadimos un final muy en la línea de las películas de Capra, donde la energía y la capacidad de trabajo abren una ventana -altamente inverosímil- para arreglar las cosas, la película se escapa de los valores de lo óptimo para quedarse en la banalidad última de un telefilme de sobremesa. Naturalmente el mensaje capriano, tan made in USA, la laboriosidad triunfante, la capacidad de reacción, el apoyo familiar como elemento de superación y el ingenio para superar las dificultades, se ajustan al milímetro a los mensajes habituales del "buen" cine norteamericano fiel al sueño norteamericano. Pero esto que salió de maravilla en "Qué bello es vivir" con James Stewart, aquí rechina un poco. Tambien son otros tiempos, claro.
Sería bueno que el espectador viera cuanto antes "Inside Job" y compare. El sueño de los EEUU no es una fórmula sino un deseo. De allí provienen los polvos que han convertido en lodo la economía europea, por supuesto, con la ayuda de las bastardos financieros europeos contagiados por la prepotencia norteamericana.
Una película, pues, para fans del style of american life. Para los demás, mejor ver a Capra.
 
 
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27 mayo 2011 5 27 /05 /mayo /2011 07:57

maldicion-bruja-vikinga.jpgHe aquí una película para adolescentes realizada con imaginación y una cierta dignidad. Atiendo la petición de un lector de este blog que me pide que le recomiende una película para jóvenes que no sea una agresión a la inteligencia y/o a la sensibilidad, lejos de vampiros, idiotas bullangueros o cursiladas disneynianas de la vieja escuela. Tras una búsqueda y dos intentos fallidos he dado con esta cinta danesa de 2009 que creo no se ha estrenado en España en cines sino que ha pasado directamente al mercado de dvd, por tanto será fácil de encontrar para lectores interesados con hijos en edades apropiadas (de los ocho a los quince más o menos).

 Se trata de dos hermanos daneses, Valdemar y Sille (de 16 y 12 años), en la época actual.Los chicos se quedan solos en casa pues sus padres se van a Londres unos días.  Valdemar, como suele suceder con los adolescentes, no tarda en meterse en problemas, frente a una juiciosa e inteligente Sille (muy convincente la niña Clara Maria Bahamondes) que trata de ayudar a su taranbana hermano (un inexpresivo y alelado Jonas Wandschneider) que ha destrozado el coche nuevo de su padre saliendo a conducir con sus amigos.

El chico conoce a un físico, Benedict, que va a dar una conferencia en su escuela sobre agujeros negros y viajes en el tiempo. La necesidad de mucho dinero para arreglar el coche dañado hace que Valdemar, y luego su hermana por decisión propia, acepten una oferta del fisico para que retrocedan en el tiempo y busquen un crucifijo determinado. El viaje en la maquina del tiempo les llevará a tres épocas importantes de la historia de Dinamarca, desde el año 936 al 1157 y 1286 y les permitirá conocer a los reyes de la época, en una aventura plena de peligros y encuentros. Y aqui es donde todo se enreda, incluida la imaginación del guionista.

Así que del refrescante y divertido retrato juvenil  actual pasamos a un repaso por la historia de Dinamarca, parece ser que basado en la historia real, pero todo cobra otro aire cuando se nos dice que el  fisico (nacido en el siglo I) es un guerrero inmortal a causa de un hechizo de la bruja que da nombre a la película, que está también hechizada y acompaña por los siglos los avatares históricos daneses. El fisico solo podra tener una vida mortal si se unen las dos piezas de ese crucifijo que buscan los niños: el armazón de la cruz y la efigie de Cristo. Por eso los niños irán a buscar la efigie a todas esas épocas persiguiendo a la bruja que es quien la tiene...y asi hasta la edad actual.

Evitando aplicar mucho la lógica y el sentido común en este peculiar guión, la película es entretenida y muestra cómo se podría acercar la historia de los países a sus jóvenes ciudadanos de una forma divertida (quizá con menos fallos argumentales que en esta).

Está dirigida por Mogens Hagedom y se puede calificar como un producto menor pero digno de cine juvenil de aventuras, con una imagen bien cuidada, unos diálogos fluidos y también inteligentes y unos efectos visuales modestos pero adecuados.

 

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26 mayo 2011 4 26 /05 /mayo /2011 07:13

fideos-chinos.jpgEs Zhang Yimou, el deslumbrante director chino, autor de joyas visuales como "Hero" o de productos redondos desde todos los puntos de vista como "El camino a casa" o "Sorgo rojo", uno de los cineastas que forman parte sin duda de la nómina de los grandes de todos los tiempos. Pues bueno, como cualquier ser humano, es capaz de fallar en su cometido y firmar -y filmar- un bodrio, léase este calificativo como relativo: seguramente en otro director  "Una mujer, una pistola y un restaurante de fideos chinos" sería algo destacable, no magnífico, pero sí aceptable.

La película, en adelante "el fideo chino", va mostrándonos, como en un escaparate, lo mejor del cine de Yimou, color preciosista, parajes de ensueño, habilidades de montaje, filigranas físicas con objetos, ya sea espada o rodillo de amasar o pasta para fideos (la secuencias mas brillantes de la película son las iniciales, con un sorprendente clon del pirata Sparrow-Deep como chamarilero y la de la gente de la cocina amasando y estirando la masa de los fideos) todo ello junto a una trama que no se sostiene, unas interpretaciones de vodevil barato y un desarrollo a estirones y batacazos que no salvan del asombro negativo al espectador, tan esperanzado por el nombre del director. Sin hablar de las reiteraciones visuales, del exceso de cabalgadas sin más ni más o de un supuesto humor negro que queda en negro desconcierto.

"El fideo chino" se basa, es un decir, en la película de los hermanos Coen (Blood simple, 1984), "Sangre fácil", se trata pues de un remake o mas bien de un pastiche de aquella película en la que el excesivo celo, la falta de pericia y el azar convierten un asesinato en una eclosión de muertes innecesarias. Pues bien, lleven esta trama a la China del siglo XVII, pongan a un policía corrupto de rostro impenetrable (recuerda al inicial Clint Eastwood de los spaguetti western), a un mesonero que encarga a ese policía que liquide a su mujer y al amante, uno de sus empleados, ya que ambos conspiran para matarle, sumen a la nómina a dos empleados más surgidos de una pesadilla pseudo humorística y a un grupo de policías que andan presurosos de aquí para allá en todo momento como los policías de Keinstone de la época del cine mudo y tendrán una visión esquemática de esta farsa que nunca debió firmar Zhang Yimou, aunque salve siempre los muebles del derribo con la fotografía de su colaborador Zhao Xiaoding.

A todas estas, he leido comentarios de colegas de la prensa escrita y alucino bellotas cinematográficas, ¿es que nadie se ha percatado de que esta es una película alimenticia del celebre director chino? ¿O una broma dedicada a occidente en pleno (seguro que en oriente  gusta mucho esta pelicula)? ¿O quizá es que estoy equivocado y estoy confundiendo churras con merinas?

Así pues, confiemos que "el fideo chino"  no sea más que un divertimento de Yimou, que haga oidos sordos a las banalidades encomiásticas de todos los que le doran la píldora por ser vos quien sois y se ponga de nuevo a hacer cine de verdad, no una farsa folletinesca sin contenido creíble que sólo es una bella caja de regalo con una caja de cerillas en su interior.

 

 

 

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25 mayo 2011 3 25 /05 /mayo /2011 16:39

piratas.jpgProducida por Jerry Bruckheimer y dirigida por Rob Marshall (el director de "Nine" o "Chicago") la cuarta entrega de la franquicia de Disney "Piratas del Caribe" vuelve a ser un festival Jack Sparrow, el ambiguo e histriónico pirata antihéroe creado por la genialidad interpretativa de Johnny Depp. Nada de lo que se le añade a Depp, ya sea la mismisima "Pe", Penelope Cruz, bastante embarazada en esta filmación y por tanto sin mucha convicción en las escenas de amor con Depp, o a un capitán Barbossa descafeinado-Geofrey Rush-, muy lejos de su acierto en "El discurso del rey" e incluso de este papel en entregas anteriores,(se ve que se está cansando de piratas) o a un guión más literario y menos infantil que en el pasado, o la presencia mítica de unas sirenas muy bien recreadas por ordenador y nada que ver con la marca Disney, nada, repito, de lo "nuevo" hace que el más famoso pirata del mundo sea mejor en esta película  que en el resto de la saga.

¿Qué ha ocurrido? quizá que como el gran Barbossa, Jack Sparrow comienza a estar cansado de sí mismo y lo refleja en la pantalla de una forma sutil.

Ahora la apuesta es nada más y nada menos que la fuente de la eterna juventud, aquél mito histórico que en siglos pasados llevó a la muerte y a la locura a muchísimos hombres. Con la ligereza propia de estos productos, se nos pone en contacto con la expedición de Ponce de León (doscientos años antes de la presunta época de la acción) y con la leyenda -esta original del guionista--de que sólo con los dos cálices del histórico conquistador español Ponce de León y una lágrima de sirena se puede acceder a la fuente mística. Ya está armada, Jack y sus ocasionales aliados, un siniestro capitán Barba Negra (cuya hija es nuestra Penélope), Barbossa esta vez como corsario a la orden del rey inglés y los españoles como terceros en discordia, engrosan una carrera de aventuras y dislates varios hasta dar con la fuente y más o menos destrozarla con la ayudita fanático-religiosa de unos españoles sacados del manual del inquisidor.

La cuarta aventura de los Piratas tiene la garra y la fuerza de las anteriores, pero le falta algo, quizá entusiasmo o quizá le sobran años. La espontaneidad milimitrada y los hallazgos visuales de las dos primeras ya se están haciendo reiterativos en la tercera y mucho más en esta cuarta. Mención aparte es la aprición estelar de Keith Richards, en otro cameo de padre de Sparrow. Una vez más hipnotiza ese rostro inecesariamente maquillado que parece tener en sus arrugas y trazos, en su mirada, toda la convicción de experiencia, maldad ocasional y cansancio de un auténtico caballero de fortuna. Creo que hubiera dado un Capitán John Silver, el de "La Isla del tesoro", que hubiese desbancado a cualquier otro.

En resumen, un poco más de lo mismo, pero con diversión asegurada.

 

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23 mayo 2011 1 23 /05 /mayo /2011 15:35

misantropg 853Volver a ver uno de los grandes clásicos de Moliére es un privilegio. Si además es "El misántropo" y está bien dirigido e interpretado con mesura y sentido del humor, miel sobre hojuelas. En esta ocasión (Teatro nacional de Cataluña, dirección de Georges Lavaudant y traducción de Belbel) no ha sido del todo así pero, no obstante, se disfruta y se aprecia la labor de los intérpretes, de lo más granado de la nómina catalana. 300px-LeMisanthrope.jpg

¿Qué ocurre con "El misántropo"? A mi parecer la dificultad radica de encontrar un equilibrio entre la desmesura histriónica de Josep Maria Flotats, la antigua versión,  y el histerismo malencarado de Jordi Boixaderas, ambos magníficos pero excesivos. Recuerdo vagamente haber visto a Adolfo Marsillach y aún más vagamente a  aquél José Bódalo de Estudio 1 en TVE , bordar un papel que es un reto de eficacia cómica y sutil equilibrio entre el exceso de carácter y el humor que nace de cierto alejamiento del personaje por parte del intérprete. 

Tanto Flotats como Boixaderas se toman "demasiado en serio" la indignada sociopatía  de Alceste y logran hacernos ligeramente antipático al personaje, nos cuesta reirnos de él, roza el patetismo (por cierto esta es la reacción más humana cuando encontramos un tipo como este).

Con un Jordi Bosch como el contenido y paciente amigo del misántropo, Philinte, y una magnífica Marta Marco como Celimene, atractiva, casquivana y con la natural ambiguedad que exige el personaje, el resto del elenco roza la astracanada en interpretaciones más de guiñol que de una obra como esta, a la que el escenario minimalista que debe ser girado en su armazón con ruedas por la esforzada troupe de los criados (también demasiado jocosa) transforman El Misántropo en un espectáculo en difícil equilibrio entre la  comedia dell' arte  y  las farsas bárbaras de Valle Inclán o los juegos guiñolescos de Lorca.

Ciertamente no me ha entusiasmado esta versión  de Lavaudant, aunque reconozco que el balance total es más positivo que negativo. Es una versión personal, desterrado el verso y parte del vestuario y atrezzo que le son propios (Alceste viste un traje Mao y Celimene un peinado o tocado estilo "Las bellas ridículas") y con un texto en prosa con cierto gancho expresivo, la obra roza el notable y por tanto se la puede recomendar, aunque no para forofos del autor de "El avaro", "El enfermo imaginario" (lo que fue el mismo
Moliére hasta su muerte) o "Tartufo".

El autor francés escribió "El Misántropo" (que subtituló ""El atrabiliario enamorado") en 1666, en pleno ataque de hipocondría, abandonado por su mujer y con una actitud amargamente sociópata, harto de la hipocresía de la sociedad de su siglo, y dispuesto a reflejar y no disimular la inquina y agresividad que le provocaban los modos y represiones sociales. Como buen comediógrafo supo sacar punta dramática a su estado y se pintó a sí mismo en Alceste, cuyo celoso amor por la casquivana Celimene le lleva al engaño y la frustración y por fin la soledad.

La apuesta del director es acentuar los elementos de farsa, provocar la comicidad de ciertos elementos (de forma a mi criterio, excesiva) y al tiempo, a traves del discurso de Alceste principalmente, mostrar la urdimbre lamentable de los usos sociales que glorifican el fingimiento, el engaño y la mascarada social (no en vano la plataforma movil que va girando en el escenario del TNC, tiene en una de sus caras un surtido de vestidos en sus perchas que van poniéndose Celimene). Los añadidos de música tecno para marcar los cambios de escena y los recitales fisicos de la troupe de criados, acentúan la impresión de alejamiento y ucronicidad que avala el texto, ágil, prosaico y actual. Jordi Boixaderas, con su enérgica efectividad, convence en su papel de crítico despiadado de los vicios eticos de su tiempo,  pero debe hacernos creíble la ingenuidad sentimental de su amor y el encanto que segun parece despierta en Celimene.

Vayan pues al TNC y disfruten una vez más con los personajes de Moliére, cuya actualidad y pertinencia resultan sorprendentes y bochornosos.

 

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20 mayo 2011 5 20 /05 /mayo /2011 18:49

Ciento trece minutos de acción trepidante, en la linea de la saga Bourne pero con Liam Neeson que da madurez y solidez al personaje, aunque no acaba de dar bien en el papel de héroe de acción. Un biólogo llega a Berlin con su esposa para asistir a una conferencia internacional. Olvida un maletín en el aeropuerto y cuando llegan al hotel él decide volver para buscarlo. El taxi en el que viaja sufre un aparatoso accidente y acaba en el río. A consecuencias del golpe pasa unos dias sin sentido en el hospital y cuando despierta descubre que alguien le ha robado la identidad. nadie le reconoce, ni siquiera su esposa y hay otro hombre que ocupa su lugar y su vida. Comienza la paranoia hasta que a mitad de película lo intentan asesinar.

sin-identidad.jpgCon un inicio  que recuerda al Polanski de "Frenético" (hay escenas casi calcadas sobre los tejados de Berlin, en lugar de Paris), la película transcurre por vericuetos de intriga bien llevados, con ritmo y bien resueltos técnicamente, pero faltos totalmente de originalidad. Sensación de que has visto muchas secuencias antes, quizá en Hitchcock, quizá en Bourne, pero con un sello personal del español afincado en Los Angeles, Jaume Collet-Serra.

Lástima que el director no aporte nada propio, distinto a la disparatada trama que acaba en un trhiller conspirativo de alcance planetario. Se estira demasiado la verosimilitud y el espectador (que quizá está disfrutando con la película) prefiere dejar en suspenso la lógica y aunque no se cree nada o casi nada de lo que le cuentan, lo hacen con tanto brío que se encoge de hombros y se relaja. Incluso cuando asiste a una conversión que ni la de San Pablo: el trauma cerebral del accidente convierte a un asesino letal en un héroe de alma limpia y sin dudas. Demasiado...

Si además tiene alguna secuencia memorable con un Bruno Ganz alejado de su "Hitler" y metido en la piel de un ex agente de la stasi que trata de ayudar a Neeson y otras, demasiado cortas, con un Frank Langella soberbio que envejece muy bien y se hace cada vez más inquietante, pues eso, disfruten y olviden la verosimilitud.

A pesar de que no lo hace del todo mal Neeson en papeles de acción, a los que dota de una vulnerabilidad psicológica muy creíble, ya sea defendiendo a su hija como en  "Venganza" o componiendo a un ex miembro del IRA que busca la redención... no nos creemos el fulgurante ambio ético y psicológico de su personaje en "Sin identidad". El guionista le ha jugado una mala pasada. 

Collet-Serra sabe mucho de cine y eso se nota en sus referencias continuas. Pronto nos ofrecerá algo más personal, digo yo, una vez que tenga contentos a sus patronos de la industria norteamericana del cine comercial.

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17 mayo 2011 2 17 /05 /mayo /2011 15:31

tambienlalluvia00.jpg

Hay una secuencia en esta interesante aunque malograda película de la directora Iciar Bollaín, "También la lluvia" en la que dos de los protagonistas, Luis Tosar, ese intensísimo actor, conversa con Karra Elejalde que hace el papel doble de Cristóbal Colón en la película que se rueda y de actor secundario en la actualidad de  esa "ficticia" producción. En la charla, Karra le pide al productor Tosar que convenza al director (Gael García Bernal) de que le de más cancha en su papel, que le permita expresar las contradicciones del Almirante, su sufrimiento, su fuerza y sus carencias. El otro le dice que lo intentará. Pero no hay nada más y el gran Karra se queda con un papel secundario que tiene la virtud no solo de ser la mejor y más auténtica actuación de la película, sino que se erige en símbolo de la frustracion implícita en "También la lluvia".

Paul Laverty, un magnífico guionista escocés nacido en Calcuta y viajero impenitente y comprometido por toda América Latina en los años de las revoluciones, Nicaragua, El Salvador, Bolvia, Colombia, lleva a cabo una difícil sinfonía argumental a tres niveles: uno, el equipo de rodaje español en Cochabamba, Bolivia, en los años del conflicto del agua (2000); dos, las vicisitudes del rodaje de una película sobre la labor de Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos, con su dramartica defensa de los derechos de los indios ante la brutalidad de los conquistadores y tres, la violencia desatada entre los pobladores de la zona y los soldados del Gobierno  bolivinao que pretenden, a sueldo de una multinacional norteamericana, quedarse con el agua del lugar y comercializarla.

Los personajes españoles deambulan por un izquierdismo de manual y actitudes progres, mientras los indígenas repiten sus trágicas vivencias de la época de la conquista en la actualidad y el conflicto cruzado acaba desequilibrando las certezas o los llamados principios de unos y otros, todo bajo el cristal de color de la ya tópica mala conciencia hispana, el del buen salvaje y el de la conversión espiritual de unos y otros empujados al límite por los acontecimientos.

Demasiada simplicidad y demasiado mensaje, con un deficiente aprovechamiento de los improvisados actores indígenas--quiza no hay para más--, principalmente de Daniel, el líder de la protesta del agua en la realidad y líder de los  indios que se oponen a Colon y sus capitanes en la película, que solo resulta convincente cuando hace de indio rebelde y solo es escasamente creíble como líder campesino en el 2000.

La película se ve bien, tiene  momentos eficaces, pero no logra dejar huella en el espectador, que se queda con la magnífica secuencia de las madres haciendo de extras con sus bebés y negándose a hacer como que ahogan a sus bebés para reproducir algo que sucedió realmente en la conquista. "No se lo creen" aducen para negarse a "interpretar" la escena. Y eso se contagia al espectador cuando termina la película. No acabamos de creernosla, La "conversión" del productor Costa, Tosa, en un esforzado héroe a favor de los indígenas, no acaba de funcionar, a pesar de la siempre eficaz actuación de Luis Tosar.

En fin, resumiendo, lástima que Karra Elijalde no lograra convencer al director/a de que le dejara interpretar más y convertirse en el protagonista absoluto. Eso hubiera sido otra película. Y apuesto que mucho mejor. Demasiadas pretensiones y demasiada confusión y demasiado mensaje ideológico, mi muy admirada Iciar.

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16 mayo 2011 1 16 /05 /mayo /2011 17:20

Dirigida por  Francis Lawrence, e interpretada por Reese Witherspoon, Robert Pattinson el guaperas de "Crepúsculo" y el soberbio Christoph Waltz (aquí más inquietante si cabe que en "Malditos bastardos"), narra las experiencias dramáticas de un estudiante de Veterinaria llamado Jacob Jankowski que se ve obligado a dejar los estudios tras la muerte de sus padres en un accidente de coche y se busca la vida en el escenario lúgubre, deprimido y violento de la Gran Depresión norteamericana. Casualmente va a dar con un circo dirigido por un complejo personaje que oscila entre la más primaria violencia patológica para defender sus intereses y la aparente suavidad y educación de un hombre entregado a su negocio y a su esposa: sobrevivir con un circo en unagua-para-elefantes.jpg país azotado por la miseria y mantener su matrimonio y su amor, igualmente patológico, con la bella muchacha que monta a la gran atracción del espectáculo, una elefanta amaestrada, Louisse.

 

 Con una ambientación magnífica y certera, el melodrama no tarda en plantear sus cartas: el chico se convierte en indispensable para la presencia de la elefanta, se intuye de lejos que será el tercero en discordia en el matrimonio --que se mueve agónicamente entre raptos de violencia incontrolada del psicotico propietario del circo y sus muestrasembarazosas de amor enfermo por su mujer que, naturalmente, acaba decantándose por el joven y trata de hiuir con él tras un rapto de celos asesinos del gran Waltz.

¿No les suena esta madeja melodramática? Pues si, no hace mucho vimos "Balada triste de trompeta" de nuestro Alex de la Iglesia y es exactamente el mismo argumento con las variaciones que da el hecho de que la pelicula española es durante nuestra guerra civil y su desarrollo se explaya en el tremendismo más agresivo como es propio de Alex. ¿Se inspiró Alex de la Iglesia en la novela de Sara Gruen? No recuerdo haber visto la nota, en los créditos, aunque quizá no me fijé.

Pero bueno, semejanzas aparte, que existen solo en la estructura del relato no en su desarrollo ni desenlace, ni por supuesto en la escritura y el estilo cinematográficos, tan distintos, la película que hoy nos ocupa no acaba de salir de una cierta mediocridad interpretativa (dejando a un lado el recital un poco sobreactuado de Waltz) y de un desarrollo que acaba siendo previsible y que se sustenta en algunas secuencias muy bien resueltas como la estampida de animales en el circo, la presentación del personaje del director o su momento de debilidad confesando su amor enloquecido por su mujer y su miedo a perderla.

Hay una cierta frialdad expositiva que acaba contagiándose a los personajes y a la historia, a pesar del gancho indudable que tiene convivir con las gentes del circo puertas adentro, con sus miserias y sus contradicciones, sus miedos y sus renuncias.

Me gustó más este director con una de sus peliculas anteriores, "Soy leyenda" o en "Constantine" que en esta "Agua para elefantes" que deja la impresión de no llegar al listón debido, a pesar de la fuerza de la historia no por previsible menos atractiva y sugerente, quedándose en media docena de secuencias para el recuerdo. Llega un momento en que uno pìensa que es demasiado larga (120 minutos) y eso es un mal síntoma. ¿O no?

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11 mayo 2011 3 11 /05 /mayo /2011 17:07

 

thor.jpgBueno, aún no salgo de mi asombro. ¿Quién convencería al irlandés Kenneth Brannagh, bienamado por los incondicionales de Shakespeare, para que dirigiera este espectacular bodrio-comic, con guaperas culturista, Chris Hemsworth, un auténtico martillo del arte interpretativo, la bellísima Portdman (menos ella misma que nunca a pesar de sus gestos y miradas intensas) o al camaleónico Anthony Hopkins embutido como Odin en un reluciente traje que le sienta como un martillazo? ¿No lo saben? Supongo que el mismo argumento que hacía que Orson Welles diera su nombre para el reparto de películas petardo, Laurence Olivier terminara sus días haciendo de malo nazi, John Gilgud de mayordomo de un payaso o el gran Michel Caine como criado de confianza del Batman oscuro. Es decir, el vil metal, poderoso caballero.

La nota ambiental es lo único con personalidad de la película. El reino de Asgard, donde viven esos seres superiores que en las sagas vikingas se consideran dioses, está muy logrado --efectos especiales a porrillo-- y a los más cinéfilos les parecerá una mezcla del "Dune" de David Lynch en los 80 y del kitch "Flash Gordon" de Dino de Laurentis  de aquella misma época inocente y osada.

Basada en el cómic Marvel de los grandes héroes, que yo sepa esta es la primera versión del legendario Thor, hijo de Odin, desterrado a la Tierra sin poderes por haber desobedecido a su augusto padre. Alli el chico conoce a la chica (Portdam) y en el cielo el hermano de Thor se hace con el poder, con su compleja maldad digna de ser tratada por un psicoanalista. No hay mucha convicción en los personajes secundarios y todos parecen estar actuando en unos "Pastorets" con mucho ruido y diversión.

Que el director de "Hamlet", "Mucho ruido y pocas nueces", "Trabajos de amor perdidos" y "Enrique V " se embarcara en esta película es difícil de creer: la verdad es que se  ve su mano en solo una secuencia de una película bastante larga: el complejo personaje de Loki, el hermano traidor y su final. Un malo poco logrado que pertenece mas a una obra de Steinbeck, don John, como "Al este del Edén", que a una película para adolescentes y adultos sin complejos.

Efectos especiales aparte, el chico gustará mucho a las chicas (y a algunos chicos), el malo no convencerá a nadie, Odin nos dejará más frío que el malo del hielo (un Satán que se parece a muchos otros) y la Portdman llevara su descafeinado romance de una forma aburrida. ¿Saben lo que salva esta película de ser perseguida a gorrazos por enfurecidos espectadores? El humor. Un ramalazo de humor transgresor y socarrón que atraviesa todo el metraje como u n Guadiana a veces oculto --ironía-- y otras veces evidente.

 

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