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30 abril 2011 6 30 /04 /abril /2011 11:27

He aquí una obra muy recomendable. En la Sala petita del TNC de Barcelona no entraba ni un alfiler. Lleno absoluto y esa ligera expectación que acompaña las buenas ocasiones  en teatro o en cine. U n recital de algo más de dos horas y media (con un entreacto de  20 minutos), un escenario minimalista en el que la mesa y los asientos los alzaban del suelo los mismos intèrpretes,  o los escondían según dictara la acción, y dos actores y una actriz en estado de gracia dirigidos espléndidamente por Ramon Simó. Hasta el  5 de junio tienen tiempo para verla.copenh.jpg

¿Qué es "Copenhague"? Es una de las mejores obras del teatro de nuestros días. Su autor, el inglés Michael Frayn, la estrenó en Londres en 1998 y dos años más tarde en Broadway, donde recibió el premio Tony de ese año al mejor texto teatral. Frayn es sobradamente conocido por los amantes del teatro por su soberbia "Por delante y por detrás", la delirante comedia que nos muestra los entresijos e incidentes de un estreno teatral, mostrándonos en un acto, "la cara" de la representación que ve el espectador durante el ensayo general y, en el segundo acto, las bambalinas, lo que ocurre detrás del escenario durante una representación por provincias. Ingenio y sentido del humor a manos llenas.copenh2.jpg

Pero volvamos a la Sala petita, donde dos científicos, físicos especializados en fisión nuclear, el danés Niels Bohr (Lluís Marco) y  el alemán Werner Heisenberg (Pere Arquillué), acompañados de la mujer del primero, Magrethe (Rosa Renom), se encuentran, después de muertos, en un lugar indeterminado y recuerdan su última cita, en Copenhague (Dinamarca ocupada por los nazis) el año 1941, en la que tuvo lugar una misteriosa conversación que acabó con la gran amistad de los dos científicos, ambos galardonados con el Nobel de fisica. En años anteriores habian formulado entre los dos los principios esenciales de la física cuántica y el segundo habia revolucionado el mundo científico con su "Principio de incertidumbre". ¿Qué había ocurrido en aquella conversación? Nunca se supo, ambos dieron versiones opuestas de ella y se llevaron el secreto a la tumba.

De allí los rescata el milagro del teatro de Frayn y les hace cotejar lo que ocurrió en esa cita y todo el pasado que les unió, ante la presencia activa, plena de sentido común, de sensatez y de honestidad analítica, de Magrethe. Un auténtico hallazo argumental ya que los dos científicos se ven obligados a "simplificar" su manera de hablar y sus explicaciones para que la dama pueda entenderlos y de alguna manera juzgar lo que ocurrió.

El científico alemán, enrolado en el equipo nazi que trataba de lograr la bomba atómica pero renuente a entregar los secretos que la permitiría (según sus propias explicaciones, siempre hubo dudas de que realmente no quiso en lugar de que no pudo), acude a Copenhague a ver a su amigo y maestro y le pregunta (quizá. Aqui interviene la fertil imaginación de Frayn), "¿Una persona como yo tiene, como físico, el derecho moral de trabajar en la explotación práctica de la energía atómica?". Bohr, horrorizado, rompe en ese punto su amistad casi paternal con Heisemberg, ambos de origen judío. ¿Cómo platearse proporcionar a Hitler el armamento nuclear? ¿Qué moral justificaría tal cosa?

Como ven, la obra tiene una profundidad temática que rebasa su núcleo argumental y se convierte en una reflexión sobre el pacto fáustico que la ciencia hizo con el poder a partir de la segunda guerra mundial, despropósito que aun estamos pagando y que corre peligro de acentuarse para desastre de la humanidad.

Heisenberg será perseguido por los aliados durante muchos años acusado

de haber intentado ayudar a Hitler, cosa que siempre negó. Bohr huyó dramáticamente de la Alemania nazi y se refugió en Estados Unidos donde formó parte del equipo científico que proporcionó la bomba atómica a Washington.

En la obra se cita todo ese recorrido y se recuerda el dificil camino cientifico que llevó a la mecánica cuántica y a diseñar el futuro que ahora vivimos. Lo que queda más claro de esta perfecta máquina teatral, es que la responsabilidad moral y las verdaderas intenciones de nuestros actos, es una correlación que no obedece a ninguna ley, que es presa de ese principio de incertidumbre que Heisemberg defiende en su vida y su comportamiento.

No se la pierdan

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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 11:04

Uno declara paladinamente una cierta fascinación por Natalie Portman, no sólo por su belleza delicada y tan versátil que puede pasar de la serenidad más absoluta al sufrimiento más extremo con un simple movimiento de sus cejas. Me fascinó en "V de vendeta", aquella poco valorada pero magnífica película sobre una famosa novela gráfica escrita por Alan Moore, con los dibujos estilizados y fascinantes de David Lloyd.V4V_page_215.jpg

Pues bien, años después de aquella película y tras haberla visto en "Cisne negro" interpretando a una bailarina de ballet clásico obsesionada hasta límites patológicos con su profesión, vuelve a las pantallas con una película de Don Roos, "El amor y otras cosas imposibles", titulo demasiado largo e innecesario para una cinta demasiado larga y con algunas secuencias realmente innecesarias.

Natalie hace el papel de una joven abogada que vivie una historia de amor con su jefe provocando la disolución de un matrimonio anterior de éste, del que aporta un hijo  adolescente.

Bueno, nada nuevo bajo el sol de los melodramas peliculeros -y reales- con niño incluido -un Charlie Tahan, ligeramente indigesto-- una ex de su marido -Lisa Kudrow- que parece haberse atragantado con su propio veneno en la primera escena y nos pasea el gesto avinagrado e histérico por toda la cinta y un desnortado  y denostado esposo -amor-y-otras-cosas.jpgScott Cohen-- que sirve de agobiada lanzadera entre los desequilibrios emocionales de los tres personajes anteriores.

La Portman trata de mantener el tipo aunque el melodrama también se le enquista un poco y sus rostros de sufrimiento permanente acaban creando un cierto mecanismo de defensa en el espectador que termina pensando "bueno, ya está bien, relájate un poco, chica". La confusión psicológica va haciéndose con el control de los personajes convitiéndoles en maquetas dramáticas que acaban cansando un poco al espectador. Natalie pierde a su hija bebé nada más nacer ésta, lleva la carencia afectiva de un padre "culpable" que se ha divorciado de su madre y más tarde quiere volver con ella y se aleja de su propio marido con la ayudita sobreactuada de la rubia ex.

Yo creo que ha habido un error en el título y debió llamarse, "Un amor así es una cosa imposible".

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25 abril 2011 1 25 /04 /abril /2011 18:33

 

nadaque.jpg

A menudo las segundas partes no son buenas(exceptuando quizá "El Padrino II") porque se trata de insistir en una fórmula que salió mas o menos bien la primera vez, aunque eso no constituye ninguna garantía de que seguirá saliendo bien aplicando una fórmula desoladoramente semejante. El cómico y director francés Dani Boon logró un éxito destacable con "Bien venidos al Norte" cuando un jefe de Correos francés es castigado a pasar dos años en el norte de Francia, Paso de Calais, en lugar de la Costa Azul como pretendía, haciendo trampas.

Las peculiaridades regionales juegan un destacado papel en esta película donde los prejuicios son un motivo jocoso de sorpresas reivindicativas. Confieso haber reido a gusto con algunas de las escenas de esta película con personajes bastante sólidos y un "coro" de habitantes de la remota región de Francia que tienen tanto encanto como los habitantes de la tribu de Asterix y Obelix. Sin embargo el amigo Boom, cuyo simpático rostro pasó de segundo protagonista en "Bienvenidos al Norte" a protagonista primero en "Nada que declarar", no ha dado esta vez con la rentable fórmula que permitió a B.al N. convertirse en un éxito del boca-oreja. Analicemos por qué. ¿El esquema argumental? El mismo. Otra vez chistes fáciles, diferencias regionales, ridículos complejos agresivos entre vecinos, sal gorda por doquier, violencias desmedidas e innecesarias, algún disparo absurdo y demasiadas situaciones humillantes de puro desmadradas. Aquí el racismo emcarnado en  un aduanero belga (un Benoit Poelvoorde, que sobreactúa de continuo), con una inquietante facilidad para apretar el gatillo, y otro francés (Boon), enamorado a mayor abundamineto de la hermana del cerril belga. Romeo y Julieta en versión cutre, la desaparición de fronteras europeas en 1993 como escenario (preludio de la estafa económica-social del euro), chistes fáciles y situaciones ridículas que posiblemente puedan hacer reir mucho a belgas o franceses pero que en estas latitudes no conmueven demasiado.

Dani Boon aplica el mismo esquema, parecida fórmula de su gran éxito de las aventuras y prejuicios de un parisino en Paso del Norte-Calais, en su "Nada que declarar", que haciendo juego con su título nos informa que no hay nada digno de verse en esta película, sobre todo en lo que concierne a ingenio y ese humor limpio, por muy socarrón que sea, que distingue a las buenas comedias.

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24 abril 2011 7 24 /04 /abril /2011 11:08

pic.jpgA los cinéfilos, forofos o no de la ciencia ficción,  les encantará esta película, a pesar de ciertas contradicciones y algunos descuidos argumentales (imputables a la complejidad y audacia de la propuesta). Dirigida por Duncan Jones (anécdota: hijo de David Bowie) e interpretada muy convincentemente por Jake Gyllenhaal (cada vez mejor actor, como corresponde al hijo de un director y guionista de cine - Stephen Gyllenhaal-- y de una guionista y productora  --Naomi Foner--), "Código fuente" nos ofrece un guión sóilido e inteligente y una puesta en escena realmente brillante.

Con su dosis bien calculada de misterio y desvelamiento de causas --dentro de una de las hipótesis más recurridas de la CF, los viajes por el tiempo y el papel del cerebro, la máquina más compleja y  admirable que existe en el mundo, en una trama que concierne al modelo básico del cine de aventuras y acción: salvar al mundo o a una parte de él. En este caso salvar a los pasajeros de un tren en el que un terrorista iluminado ha colocado una bomba y más adelante un atentado multitudinario en pleno Chicago. En ese tren despierta de pronto un capitán del ejército norteamericano, Colter Stevens, piloto de helicópteros, frente a una joven deliciosa (Michelle Monegan) que parece conocerle bien y sin saber cómo ha llegado allí y qué está ocurriendo hasta que un fragoroso estallido destruye el tren y a sus ocupantes. En la siguiente secuencia el capitán Strevens vuelve a "despertar" y está en un habitáculo metálico, una especie de núcleo de laboratorio, conectado por tv, a un centro de control y bajo las indicaciones de una dama, oficial del ejército, que le dice que está en una misión experimental --de la que nuestro hombre no recuerda nada-- y que tiene que volver al tren y tiene ocho minutos para encontrar al terrorista que colocó la bomba. Lo hará las veces que sea necesarias, siempre ocho minutos antes de que estalle la bomba.  La lógica cautiva del oficial va disparando preguntas --desde la realidad de lo que ocurre, su situación personal, qué salida tiene todo eso-- que son contestadas poco a poco manteniendo la tensión argumental con un sabio goteo de respuestas e hipótesis.Codigo_Fuente-332725-full.jpg

Se encadenan los fulgurantes regresos al tren, encadenando las esplosiones y la muerte, con secuencias del laboratorio y centro de operaciones y otro fantasmal regreso. Se repite una y otra vez la misma secuencia de inicio, todos los incidentes vuelven a surgir y el oficial descubre que tiene una identidad y un rostro distinto al suyo (el director utiliza un espejo para que el espectador comprenda la cuestión. El espejo nos muestra lo que ven los demás, en el tren. Ya que nosotros seguimos viendo el rostro tenso y alucinado de Jake Gyllenhaal).

Si recordamos que el director es el mismo de "Moon" aquella maravillosa cinta de ciencia ficción cuyo guión constituye uno de los aciertos más inteligentes de la década en el género, no nos sorprende la habilidad de esta nueva vuelta de tuerca que Duncan Jones da a este tipo de cine tan sugestivo.

Y ahora vamos al titulo de este comentario, lo de la marmota y lo de Johnny. Duncan ha usado, estoy seguro, como materias de apoyo argumental dos películas que, cada una en su género, han sido verdaderos aciertos. Se trata de "El día de la marmota" la deliciosa y sugerente comedia protagonizada por Bill Murray, en el que un locutor de televisión se ve atrapado en un bucle espacio temporal en el que repite indefinidamente un mismo día desde la mañana hasta medianoche y coincide con el dia de la marmota, principio de la primavera, en un pueblecito del norte de EE.UU. La otra musa de Duncan es, sin lugar a dudas, la bellísima y estremedora cinta de Dalton Trumbo "Johnny cogió su fusil", que narra la trágica historia de un soldado virtualmente muerto y destrozado por una bomba en la primera guerra mundial, al que unos médicos amorales mantienen artificialmente con el cerebro vivo para usarlo como conejillo de indias.

Y no cuento más, mejor que no se pierdan "Código fuente".

 

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22 abril 2011 5 22 /04 /abril /2011 12:30

Neil Burger, el director de "Sin limites"  ha tardado varios años en rodar tras "El ilusionista",  un ejercicio clásico de cine de bastante calidad. Debería haber hecho mejor los deberes, para estar a la altura que él mismo se puso. Ya entre los títulos de crédito del comienzo nos ofrece una muestra de la técnica que va a usar --y abusar-- para provocar migraña al espectador y disimular el exceso de ideas, no siempre afortunadas, hilvanadas con el recurso de la cámara vertiginosa que se lanza hacia el infinito atravesando la realidad y cuando eso no toca nos lanza un discursito de voz en off en la que el protagonista nos cuenta lo que va a ocurrir.

Visto así parece poco prometedor. Y ese no es el problema. Resulta que "Sin límites" es muy prometedora. Demasiado prometedora. La historia de ese escritor --Bradley Cooper, el niño mimado, de moda, en Hollywood, con un inquietante parecido con "El paciente inglés", Ralph Fiennes-- en horas bajas creativas al que un excuñado droguero le facilita una pastilllita trasparente, llamada NZT,  que afirma es un medicamento revolucionario que hace trabajar al cerebro al ciento por ciento, es una idea de entrada prometedora. Pero el uso descuidado y excesivo que se hace de ella convierte un posible trhiller de base filosófica y sociológica en un galimatías pasado de rosca en la que se juega con el más allá todavía, se hacen trampas argumentales y se convierte en una confusión de géneros que despista y desanima al espectador.sin-limites.jpg

Si a ello unimos que esta mezcla desenfrenada de película de tesis psicológica, policíaca, de acción, de misterio científico y drama social se apoya en un endeble discurso ético, la cosa se pone formidable como diría Max Estrella. Cuando uno piensa que el final va a dar cierta coherencia al asunto (con la destrucción física y psíquica del protagonista) pues no, se vuelve el hombre un remedo de Clinton con aspiraciones al Senado, reconquista a su novia, deja en ridículo al magnate Robert de Niro (que ha llegado a ser lo que es con su esfuerzo y dedicación, no de la manera fulgurante y tramposa del protagonista) y apuesta por el principio tan aceptado en nuestra sociedad: el beneficio sin esfuerzo, el dinero fácil, la fama sin solidez...todo gracias a una pastillita, cuyos efectos negativos, letales, logra controlar el bello trepa tramposo de una forma que no queda clara.

Maravilloso todo pero de una falta de ética social, personal y psicológica que pone los pelos de punta. Si el lector deja de tomarse la cosa tan en serio, igual lo pasa bien. Cooper y Abbide Cornish son muy atractivos, los malos son muy malos y reciben su castigo (excepto el trepa, claro) y podemos disfrutar con un Robert de Niro que hace maravillosamente de Robert de Niro y que dice el único parlamento lógico y lúcido de toda esta película, un trepidante canto fílmico a la amoralidad escondido en un título de lo más ramplón y anodino.

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19 abril 2011 2 19 /04 /abril /2011 16:53

Caperucita-Roja_cartel_peli.jpgDirigida por la directora del primer "Crepúsculo", la fantasía vampírica para adolescentes, Catherine Hardwicke ha tenido la osadía de llevar el célebre y archimanipulado cuento de Perrault "Caperucita roja" a una versión cinematográfica de lo más "fashion" destinada a conmover los lucrativos corazoncitos de los adolescentes y jóvenes "teenagers" fascinados por las múltiples formas que adopta lo oscuro, la fascinación del mal y la atracción del abismo.

Una angelical y a veces lúbrica Amanda Seyfried, acompañada de sus atractivas madre y abuela, enfrentada a dos enamorados. Shiloh Fernández y Billy Burke y un oscuro padre, Max Irons, llamado a empresas mayores, sometidos todos a la presencia demoníaca de un hombre-lobo del que apenas tenemos vagos vislumbres pero cuyos ojos, muy humanos, la cámara se complace en enfocar para despistar al personal. Porque claro, se trata de saber quién es el vecino del pueblecito medieval que se dedica a matar y morder a los lugareños. La aparición estelar del gran Gary Oldman, envestido de "sacerdote" secular matador de hombres-lobo, con uñas de plata y todo, acompañado de una parafernalia inquisitorial de soldados y máquina de tortura incluída, no nos hace olvidar para nada al Drácula qué él bordó bajo la ordenes de Coppola. Aquí se limita a hacer de Gary Oldman, tan desmadrado como en "El cuarto elemento", junto a Bruce Willis.

La trama amorosa es poco convincente y apenas da para una escena de fundidos y vagorosos desencuadres que pasaría la censura de la catequesis de antaño, pero todo ello con aires  tan "fashion" que encantará al joven  público al que va destinado.

La vuelta de tuerca argumental nos viene dada por la evidente conexión familiar entre la bestia y la angelical Caperucita. El empeño de la directora de hacernos sospechar de todos los que rodean a la rubia protagonista, ¿ya había escrito "angelical"? da lugar a alguna secuencia demasiado manipulada, pero al fin, " The winner is...", bueno, eso no lo cuento, todo el mundo tiene que ganarse las habichuelas.

La tétrica aldea, las oscuridades, los hachones encendidos, los barridos de caperuci-poster.jpguna cámara contagiada por el histerismo de los protagonistas y los comportamientos de los lugareños ante el terror, no mejoran en absoluto una versión anterior - y esta realmente buena- que se llamó "En compañía de lobos" de Neil Jordan, donde la famosa lectura psicoanalítica del cuento llega a todo su esplendor. En la que nos ocupa, la relación de los dos protagonistas tiene el amilbarado y represivo tono romántico de los lánguidos vampiros adolescentes que infestan el cine teenagers.

Sin embargo no todo es rechazable, la amenaza y presión del mundo femenino de la aldea, entre la brujería y el despertar al sexo, el acecho masculino, las delaciones y la represión inquisitorial, sí que forman un endogámico ambiente cerrado y amenazador en la película. Y esto está bien logrado, como una referencia velada a las brujas de Salem de Arthur Miller y las tres damas oscuras de Eastwick que se disputan el amor del diablo Jack Nicholson, según la novela de Updicke. Un poquito del sentido del humor y la parodia de ésta última hubiera convertido "Caperucita" en una película de otro nivel.

No se pierdan la referencia incestuosa entre lineas (psicoanalítica) del final y olviden cuanto antes, o mejor ríanse, con la mejor escena de humor -involuntario- de la película: el recitado aquél de "abuelita qué ojos tan grandes tienes", etc.)

Pero en fin, eso es lo que hay.

 

 

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18 abril 2011 1 18 /04 /abril /2011 18:34

Mi artículo número 100 en este blog quiero dedicarlo al teatro de aficionados. Es un homenaje al hombre que escribe, al que lee, al que imagina historias que todos conocemos y que casi siempre nos sorprenden, a la fiesta de la cultura y la humanidad que se produce cuando un grupo de personas  se reúne para compartir las actuaciones de otras personas que, generalmente tratan sobre los mismos que los contemplan, más o menos. Una convención que está enraizada en la ontogénesis humana. Ah, y gracias por acompañarme durante estos meses. Y ahora, vamos a la función...

 

Un hombre y una mujer quedan aislados en un tejado durante una inundación. Sin embargo no se trata de una coincidencia dramática, hay una cierta intencionalidad en aprovechar las circunstancias para estar juntos, por parte de uno de ellos. Durante unas, muchas, horas, una noche entera, hablarán, empezarán a desvelarse algunos misterios impensables, anécdotas reales, dolorosas, ficticias, banales, mientras esperan que venga alguien a socorrerlos. Ese es el argumento de "Yo no sé de cuentos alegres", la obra que la compañía de teatro independiente "Liquidación por derribo" ofrece unos días a un público variopinto, peculiar, bastante entregado en una afición pura hacia el teatro, en un escenario improvisado en una vieja nave de un antigua fábrica del barrio de Gracia.cuen_0.jpg

Son dos actores sobre un escenario desnudo, en el centro de la sala, rodeados en estrecha vecindad por los espectadores, un público que no llega al centenar de personas, como una ceremonia litúrgica laica, de complicidad cultural, de afición simple y cálida a esa ancestral fiesta de la imaginación humana que es el hecho teatral en su más genuina pureza. Un hombre, Miquel Mozos, y una mujer, Ángeles Brun, que charlan, se enfadan, se emocionan, tienen miedo, sospechas, atracción, ternura, rebeldía, agresividad, todo ello cercanos al público que contempla casi tocándolos de qué fibra emocional vibran en ese momento los actores y comprueban la autenticidad del menor, el más minimo gesto o temblor, la mirada más íntima, incluso el fallo de vocalización, el mínimo despiste de la actriz porque alguien se ha movido bruscamente, la duda del actor al empezar un gesto prematuro, los defectos de la voz, un cierto segundo de impostación en un gemido o en un exabrupto.La mayoría de los actores y actrices que conozco han pasado por estos escenarios escuetos, rodeados de un público fraternal e inmediato, que respira junto a ellos y que comparte casi el mismo aire, parecida emoción, el milagro que une por poco mas de una hora a todos estos seres humanos en una convención genial que nació cuando el hombre habitaba aún las cavernas y pintaba en sus paredes y asistía  a la luz de las antorchas a las representaciones de acciones familiares, como la caza, el merodeo o las acechanzas de los depredadores.

Aquí, en el escenario de la fábrica, Miquel y Ángeles viven la particular historia de encuentro y desencuentro de una pareja joven sometida a unas circunstancias alienantes y dramáticas. En esa forzada intimidad se desgranan historias y miedos, desencuentros y esperanzas y el oscuro y trágico secreto que el hombre esconde en su corazón infantil y le ha envenenado la vida. Ese secreto que parece alcanzar el perdón con la confesión forzada por ella, será seguramente la clave de un final abierto que el espectador debe elaborar.

Quizá sea el momento menos logrado técnicamente por esa excelente pareja de actores, cuando la insistencia de ella en saber provoca un estallido en él y un desvelamiento obligado que generará una dinámica aparentemente de entrega amorosa. Y el mejor, para mi desde luego, es cuando él le ruega a su forzada compañera que le cuente un cuento, aunque no sea alegre. Y ella, Scherezade, tierna y hábil,  narra una historia surgida de las mil y una noches del imaginario amoroso y sentimental de la especie.

De todas formas el desgaste emocional de tanta presencia intensa ante lo que ocurre, ese estar tanto tiempo en el ojo del huracán, rodeados de espectadores atrapados por la dinámica de la historia (que muy pocas veces desfallece), mantiene un ritmo continuo de tensión, atemperado por cuatro fundidos en negro en diferentes momentos para lograr la ilusión de un paso del tiempo distinto al real que vivimos todos los que estamos bajo ese techo, público y actores.

Gustó la historia aunque desconcertó a algunos el final. Supongo que luego, en ese momento magnifico en que se produce la reelaboración de lo visto con lo intuido, lo imaginado y lo comprendido, esos momentos de charlas intimas entre parejas, entre amigos o en la soledad del espectador solitario consigo mismo, se apuntarían más finales y quizá alguno sea el que imaginó el autor de la pieza, Carles Armengol.

Creo que la compañía "Liquidación por derribo", tienes haberes artísticos  suficientes como para no liquidar. No ahora. No por algún tiempo.

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15 abril 2011 5 15 /04 /abril /2011 09:02

No es sólo una película de romanos, un "peplum". El director,  Kevin aguila.jpgMacdonald,  ya dio muestras de su bien hacer en "El último rey de Escocia" y en "La sombra del poder".

Aquí nos lleva a una historia que se plantea de una forma que recuerda a los mejores western, una contraposición entre el concepto vigente en esos tiempos de "civilización" (el Imperio romano) y los pueblos fuera de su órbita de poder, los bárbaros, el resto del mundo. Como todos los imperios, el de los romanos también estableció esa línea de frontera que marcaba la diferencia. En Britannia, esa línea era física y correspondía a la famosa muralla de Adriano que dividía esa tierra en dos. El paralelismo maniqueo entre la barbarie y la "civilización" queda establecido, como en las películas del oeste, las tierras virgenes de los indios y la civilizacion que extiende el ferrocarril. El orden que impone la lex romana frente al caos de los pueblos de las Highlands de Bretaña.

Como en los western de frontera, la belleza del espacio natural ocupa aquí una importante baza. Los paisajes son bellísimos y están magnificamente fotografiados. Las secuencias del poblado picto e incluso la misma apariencia física de estos hace casi imposible sustraernos a la impresión de que estamos viendo un wester en el que las pistolas y el look de los  norteamericanos es sustituido por la faldilla y las piernas al aire, las espadas, túnicas y corazas de los romanos.

La trama también es propia de la dinámica del oeste, un centurión vuelve a Bretaña para recuperar un simbolo romano, el aguila dorada, que le fue arrebatado a su padre, también centurión,  tras una batalla en la que todo un batallón romano desaparece sin dejar huella. Las secuencias iniciales, el ataque al fortin fronterizo romano por las tribus bárbaras y el rescate de los priisoneros que  los pictos están masacrando ante el fortin, utilizando la famosa "tortuga" romana de escudos, erizados de lanzas, bajo los que se resguardan los soldados, como una coraza andante,  confrontados a la bravura caótica y salvaje de los pictos, tiene una gran categoría fílmica.foto-LALEGIONDELAGUILA.jpg

Toda la incursión del centurión en busca  del padre por territorio "salvaje" acompañado por un esclavo britano que le ha declarado fidelidad es de una contundencia cinematográfica digna de un Ford o un Wyler. Lástima que al final de la película esa fuerza se diluya y se busque el final tipo comic al que solo faltaban los compases triunfales y ramplones de la musiquita de la Guerra de las Galaxias.

A pesar de eso, película notable que refleja algo muy interesante, el pulso dialéctico entre dos formas antagónicas de entender el mundo, dos percepciones opuestas de lo que es la vida y las relaciones humanas. El mundo supuestamente civilizado versus el mundo supuestamente bárbaro.

 

 

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13 abril 2011 3 13 /04 /abril /2011 16:22

io-don-giovanni-cartel1.jpg

Diez millones de euros gastó Carlos Saura en rodar y producir su "Io, don Giovanni", un capricho estético en la línea de sus obras sobre el flamenco o Goya. Aquí con el "Amadeus" de Milos Forman como referencia cultural y estética. Sin el formalismo académico de Forman (que yo aprecio a pesar de tantas criticas adversas) pero con su ambición intacta, Saura nos presenta, a mi modo de ver, una propuesta digna de metacine, en el que la ópera, el arte pictórico, el teatro y el cine logran un maridaje si no perfecto si apreciable y en momentos puntuales de superior nivel.

Saura ha tenido acerbas críticas en este filme realizado en 2009 y que no se estrenó hasta finales del 2010 y con escasas muestras de entusiasmo. A pesar de que la historia del Mozart enfermo, componiendo a trancas y barrancas su Don Giovanni y dejando en ese trabajo girones de su propia vida y de sus fantasmas personales, es una historia familiar, Saura da un hábil giro de tuerca y nos lleva a su relación con Lorenzo di Ponte, el escritor y libretista, masón y libertino -- protegido por Giaccomo Casanova, el célebre don Juan-- convirtiéndole en el personaje central de la película. Mozart, Salieri, el emperador austriaco, Casanova, giran en torno a las tribulaciones y enredos de Di Ponte, interpretado por Lorenzo Balducci.

En la consistencia de los personajes Saura no logra dar solidez a su propuesta. Balducci, Lino Graciali como el desmelenado Mozart o Emilia Verginell como Anna, la amada angelical de di Ponte, no nos conmueven. Sus actuaciones son como los recursos de Saura a poner como fondo obras de arte pictóricas para mostranos Viena, Venecia o los palacios donde se desarrolla la acción. Son impostaciones teatrales que nos recuerdan, sin disimulo, el artificio del cine para jugar con la idea del escenario en un compromiso estético con el espectador. (Apuesta que, supongo, reduce drásticamente el sector de público al que puede interesar  -y comprender- el guiño que propone Saura).

Asi pues "Io, don Giovanni" no es ópera filmada, ni filme teatral, sino cine en estado puro --no siempre al nivel que sería exigible-- que no logra alcanzar la excelencia de los primeros filmes de Saura, "La caza", "Elisa, vida mia", pero sintoniza esencialmente con "Goya en Burdeos" o "Flamenco", una suerte de cine invadiendo y hermanándose con otras artes, la pintura o la danza. Metacine para un realizador que aún vive de prestigios del pasado y que recurre -casi- al pastiche, como cuando alguien escribe una nueva aventura de Sherlock Holmes, hace caminar de nuevo a don Quijote o lleva una obra de Shakespeare a la ciencia ficción. Saura ha dejado de ser un creador en su arte para convertirse en un buen artesano que busca muletas en otras artes hermanas.

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12 abril 2011 2 12 /04 /abril /2011 16:31

PagliacciCD.jpgEl Liceo fue ayer una fiesta para los aficionados a la ópera, a la ópera sin más, sin atrevimientos conceptuales, sin "genialidades" decorativas y ambientales, sin ferocidades de actuación, sin impertinencias subidas de tono en pro de una pretendida osadía escénica. El que les escribe disfrutó de lo lindo con ese tradicional dueto operístico que en los últimos años suele emparejar en una sola sesión dos obras como "Cavalleria rusticana" de Pietro Mascagni y "Pagliacci" de Ruggiero Leoncavallo, (aunque en el Liceo hacía 23 años que no se representaban juntas).

La razón de este prólogo algo quejica (que a algunos puede parecer conservador y sólo es escarmentado) es que la dirección de escena está encargada a Liliana Cavani, la directora de cine, muchas de cuyas películas conocí en su día aunque con cierto rechazo en ocasiones por la dureza de las imágenes o de la temática. "El portero de noche", "La piel" o "Más allá del bien y del mal" son tres de sus obras más emblemáticas. Por tanto, me preocupaba un poco antes de entrar en el Liceo qué podía encontrarme allí con la calidad revolucionaria, contestataria y provocadora de la Cavani. Y, añadido interesante, con la escenografía de Dante Ferreti, que ha trabajado con Passolini, Ettore Scola, Zefirelli, Fellini y Scorsese.

Bueno, pues todo perfecto. Una función de regusto cinematográfico, como no podía ser menos. La plaza de la Iglesia en "Cavallería" me recordaba fielmente el decorado de la misma ópera en el final de "El Padrino, III" de Cóppola y el teatrillo al aire libre donde se desarrolla la tragedia de "Pagliacci", semejantes imágenes de Fellini en muchas de sus obras, desde "81/2" a "Amarcord" o "La Strada".

Así que se nos permitió gozar de esos dos dramones, rural uno y urbanita el otro, celos, infidelidades, apasionados crímenes y "vendettas" sangrientas y ruidosas. El pueblo llano en el disparadero de los sentimientos explosivos y los instintos destructivos. El don Juan de pueblo que se atreve a enamorar a la mujer de un carretero celoso y brutal y el payaso rechazado por una bella pero infiel Desdémona que provoca los celos y la ira asesina del payaso jefe, mientras las emociones reales van tomando cuerpo en las teatrales hasta que se resuelve en sangre el equívoco. Mascagni se basó en un relato corto de Giovanni Verga para su dramón rural siciliano y Leoncavallo en un hecho real en Calabria, caballeria_med.jpgdel que se da la circunstancia de que el juez encargado del célebre doble asesinato pasional fue  precisamente el padre del escritor.

Dos historias inscritas en el "verismo", movimiento nacido en Italia a mediados del siglo XIX, en el que el pueblo se comporta tal como es e irrumpe en una escena que habían monopolizado las clases aristocráticas y la realeza y más tarde la burguesía. Siguiendo el naturalismo en literatura de un Zola o de un Thomas Hardy, estas dos óperas nos cuentan dos sórdidas historias que nacen de los estratos más humildes de la sociedad. No hay artificio, sentimientos delicados y cuidados diálogos llenos de belleza e ingenio: es el pueblo llano el que se explica, lleno de pasión y de rabia en el dramón  elemental de sus vidas. Como dice el personaje del "Prólogo" en el inicio de "Pagliaci", "se trata de que veamos cómo se aman los seres humanos". Evidente ironía.

Si en "Cavallería" recordamos a "El padrino", el "ridi pagliacci, ridi" del atribulado payaso engañado por su mujer, nos puede recordar la risa malévola de un engordado Robert de Niro, en una memorable interpretación del gángster Capone, mientras asiste a esa ópera en "Los intocables de Eliott Ness" de Brian de Palma.

Pero al margen de esto, ¿qué es lo que puede explicar el éxito perenne de este programa doble operístico tan archisabido y exagerado, a pesar de los centenares de criticas adversas tanto al asunto argumental (en la ópera, salvo algunas excepciones de Mozart, Vivaldi, Wagner y  algunos pocos más, los libretos dejan mucho que desear) como al musical? Una de las razones puede ser que, a pesar de las apariencias, cantar estas óperas exige a los cantantes un registro muy especial y un cuidado supremo en evitar que se salgan de una cierta contención y al tiempo parezca que se comportan con la rudeza y el exceso de los personajes que encarnan. Difícil equilibrio que, en este caso, el tenor argentino José Cura logra bordar y provoca el entusiasmo de un público entregado (e incluso enterado), tanto en el papel del rústico Turiddu, como en el del payaso Canio. También se lucieron Luciana D'Intino como la abandonada Santuzza y George Gagdinze, como el carretero Alfio de "Cavalleria"  e Inva Mula como Nedda o Colombina, la mujer del payaso.

Y una de las razones por las que me encantan estas dos óperas, es por los "intermezzi" orquestales que dividen los actos y que son de una  sensibilidad y frescura casi paradójicas en obras de trazo tan grueso. La otra, el papel de los coros que, como en el teatro griego, no sólo son parte relatadora y juzgadora de los hechos, sino que participan activamente en su desarrolllo.

En resumen, una magnífica velada operística.

 

 

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