LOGOI 371
LA BESTIA HUMANA
La novela del gran Emile Zola, publicada en 1890, es un dramón sobre la violación continuada de una adolescente por su padrino y la subsiguiente venganza años más tarde. Fue un escándalo social. Me pregunto cómo hubiese titulado Zola el caso de la pobre Gisèle una mujer de mediana edad que ante la policía había calificado de “excelente” a su marido, antes de que fuera informada de que su esposo la drogaba para que pudiera ser convertida en una muñeca sexual por más de cincuenta hombres durante unos meses. Se trataba de clientes de una red sexual clandestina formada por hombres “normales”, algunos ciudadanos “ejemplares”, personas “decentes” con sus familias y sus empleos. Y las filmaciones de esas “heroicidades masculinas” eran visionadas en un chat público en la Red, que para mayor escarnio se llamaba “Sin su conocimiento”.
En la memoria de la Fiscalía presentada en la apertura del año judicial, los datos –en crecimiento- de los delitos de odio por razones raciales, xenófobas, contra la mujer y por cuestiones de identidad y género sexual, justifican la denominación que encabeza este artículo. Han aumentado en 300 % las diligencias abiertas por delitos de odio, ante la indiferencia o el azuzamiento de algunos sectores políticos y la desorientación –por así llamarla- de una sociedad que aún no parece haber comprendido el gran peligro que corre nuestro sistema de vida y los valores y principios que garantizan el respeto y la libertad entre todos los que la integramos.
Respecto a la problemática femenina, a 31 de agosto de este año, el VioGen, el sistema de seguimiento de la violencia de género que ha creado el Ministerio de Interior, mantenía activos más de 98.100 casos, casi 17.000 más que en 2023. Es preciso reforzar los protocolos de atención y protección de las mujeres en riesgo. En 2023 todas las semanas se registraban centenares de denuncias en España. Apenas un 2% de todas ellas fueron presentadas por las agredidas o por alguien del entorno familiar. El 75 % de los asesinatos de mujeres por sus parejas, no habían estado precedidos de una denuncia formal de la víctima.
Y no se trata solo de delitos y abusos contra la mujer o las identidades sexuales diferentes (el video porno más visto en el mundo -225 millones de personas- es de una violación grupal) debidos a la carencia de principios de ética personal o de moralidad social, sino de la falta de sentido humanitario que provoca la avalancha de desinformación tendenciosa contra la inmigración (noticias falsas sobre delitos de menores o mafias de inmigrantes, están a la orden del día) incluso con la complicidad de ciertos estamentos políticos. La ciberdelincuencia está provocando un tsunami de alarma social, calificado por la Fiscalía como “el mayor riesgo” para la democracia en el mundo. “La bête humaine” sigue entre nosotros.
ALBERTO DÍAZ RUEDA