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14 agosto 2022 7 14 /08 /agosto /2022 12:19

Martin Buber es un filósofo judío de origen austríaco que en su día -entreguerras de principios del siglo XX- revolucionó la filosofía del yo y el Otro, anticipándose a Heiddegger  y por supuesto a los existencialistas que, en general, olvidaron sus contribuciones. Es un pensador poco conocido en nuestros días, aunque bastante citado. "Yo y tú" se considera su obra más significativa y se considera uno de los primeros denunciantes del utilitarismo como mal del siglo XX, de la desnaturalización del yo, la banalización de la cultura de los principios y valores y por consiguiente del absurdo y falta de sentido de la existencia. 

 

 

rPara hablar de Martin Buber tenemos que partir de su contexto histórico-filosófico, esto nos ayudara entender su radical cambio de dirección en la concepción sobre el hombre. Martin Buber, filósofo judío de origen austriaco nacido en 1878 es participe de las dos grandes guerras del siglo XX. El paradigma de lo humano que reinaba en las aulas de aquella Europa de principios de siglo marcaba como cúspide a la razón instrumental. El discurso y la ideología de la época parten del supuesto de un individuo auto-referenciado como cúspide del desarrollo humano. Tras lo vivido entre 1914 y 1918 se hizo necesario dar una revisión a esta visión individualista y utilitaria del hombre ya que desde la perspectiva de Buber este es el punto que hizo flaquear los ideales de la Europa moderna al tomar una actitud frente al mundo del tipo utilitarista. Fruto de esta revisión, apenas años después de la  primera guerra mundial, es que surge su texto más emblemático “Yo-Tú”[1], manuscrito con el que podríamos marcar una nueva manera de hacer filosofía orientada a la búsqueda del rastro de la relación básica Yo-Tú en otros ámbitos científicos. A continuación presentaremos la perspectiva antropológica de Martin Buber, su visión sobre el diálogo, la importancia de la reciprocidad, para posteriormente dar vinculo con el diálogo entre culturas diferentes.

El artículo recupera la “filosofía del diálogo” de Martín Buber para hacer un ejercicio de análisis de la relación entre culturas diferentes. Se desarrolla en forma explicativa la propuesta teórica de Buber, partiendo de su contexto histórico en el cual se exalta una visión utilitarista del mundo, lo cual, de acuerdo a la experiencia de nuestro autor, lleva como consecuencia una deshumanización de las relaciones entre las personas. Se recupera su concepto de diálogo, desde la dimensión del Yo-Tú y se ejemplifica con casos concretos. Aborda y fundamenta la importancia de la palabra y la interrelación, como condición básica para la existencia del ser humano, dándole su respectiva importancia a la reciprocidad al momento de pretender el encuentro. A su vez, se expone el lugar que le corresponde a la relación utilitarista en la dimensión humana. Una vez desarrollado el panorama teórico que nos ofrece nuestro autor, se entrecruza dicha propuesta con el problema de la interacción entre culturas diferentes, a fin de buscar estrategias de acción para la generación de un diálogo entre sujetos de culturas y sociedades diferentes.

Como hemos afirmado anteriormente, la propuesta de Buber propone una lógica alterna a la razón instrumental para la cual el ser humano se define preponderantemente  como un ser individual e independiente. Martin Buber considera que ante este tipo de teorías se está en presencia, en realidad, de un constructo de palabras e ideas que ocultan la relación original del hombre con el mundo.  Martin Buber, sin negar en principio, aquella visión individualista, va más allá y nos propone una antropología dialógica a través de la cual el hombre trasciende su individualidad para poder asumirse como humano. Esta asunción que permitirá al hombre alcanzar el carácter de humano, le obliga a ir más allá de su medio y colocarse de frente a él para poder habitar, en lo que Buber nombrará, su mundo.[2] Para ello tendrá que vivenciar dos actos fundamentales la “distancia originaria” y la “relación”. Afirma Martin Buber que es por medio de la distancia originaria que el hombre se hace consciente de su yo y de otros como un “enfrente e independiente”[3] .

“El principio de un ser sólo se revela si primero se distingue la realidad de dicho ser frente a la realidad de otros seres conocidos.”[4]

El primer elemento con el que se enfrenta el ser humano para dar posibilidad a la distinción es la naturaleza, con la cual, al no estar instintivamente ligado, se ve obligado a salir de sí mismo y colocarse afuera, en frente a su realidad. Tomar distancia y colocarse de frente, requiere que se les asuma en forma conjunta, cual andar con dos pies de forma activa y relacional; es de esta manera que el hombre descubre su mundo en relación con otros hombres.  En palabras de Buber sería este el momento en que se funda la “sustancia humana”[5],  la distancia originaria y la relación. Si el hombre no distanciara su ser de lo que le rodea difícilmente podría entrar en relación con ello, ya que no existe distinción alguna, en otras palabras, no tendría sentido la relación. Como expresión concreta de esta búsqueda del vínculo es que el hombre crea lenguajes, relaciones, cultura.

Al hombre a partir de la distancia y relación que establece con respecto a los otros seres que le rodean le es permitido vivenciar el mundo, una expresión íntimamente humana desde el momento en que es capaz de ponerse de frente al medio que le rodea. Para Buber los animales  tienen una imagen del medio fundada en la memoria corporal que se dinamiza en función de sus necesidades biológicas; por el contrario, el ser humano funda mundos “con una unidad que él puede imaginar o pensar como si existiera por sí misma”[6]. Es la imaginación que se pone de frente a la naturaleza y la distingue creando posibles relaciones con el medio más allá de su necesidad biológica momentánea.  En este acto imaginativo el ser humano  funda  su posicionamiento de frente al mundo y también una forma de comportarse en relación, es por ello que el hombre trasciende su medio,  lo imagina o lo culturiza. En pocas palabras, podemos afirmar que es el encuentro que permite surgir al ser y no antes, por ello Buber enfocará su interés en el tipo de relación que entabla el ser humano con otros y el mundo

"Quien dice tú no tiene algo por objeto. Pues donde hay algo, hay otro algo, cada Ello limita con otro Ello, el Ello lo es solo porque limita con otro. Pero donde se dice tú no se habla de alguna cosa. El tú no pone confines.”[11]

     De las dos palabras básicas que nos propone Buber la palabra básica Yo-Tú tiene la particularidad de tener como centro dinámico la relación, es en la relación que el hombre consigue vincularse con el mundo más allá de sí mismo y descubrirlo en su otredad. Yo-tú como palabra fundamental no sólo expresa una relación, también una manera de existir; se trata de posicionarse de frente al otro reconociendo desde su inicio en él a una persona única, diferente y que es capaz de responder a mi llamado, al tiempo que Yo puedo responder al suyo.

No se trata de un acto de memoria o de ideas respecto al otro, es asumir al otro como presencia en la actualidad del encuentro, es por ello que Buber sugiere que la relación Yo-Tú te coloca en el presente. El ejercicio antropológico de este reconocimiento da por principio la insustituibilidad del otro, la persona vale por sí misma, se trata de un horizonte siempre nuevo, un decir, un hacer único en el mundo. Entendido de esta manera es más fácil explicar que al pronunciar la palabra Yo-Tú es cuando se funda el mundo en el cual el hombre se configura como tal.

Para que exista un “Tú” tiene que haber la disposición personal al encuentro. Entrar en presencia de un Tú, no de un “él” o una “ella”, esto es, Buber considera es necesario una cierta apertura para recibir al otro sin barreras, de ésta manera se hace presente el tú, si existiera alguna barrera o mediación marcarían la distancia, la inmediatez que requiere la relación básica Yo-Tú se perdería ya que existe una mediación entre ambos. Es por ello que el decir Tú implica un don, se trata de una apertura o recepción del otro y del otro hacia mí, se trata, en otras palabras, de entrar en relación. En base a lo anterior podemos resaltar que la experiencia Yo-Tú no es una experiencia de oposición sino un “entre”: campo relacional que surge como ámbito creativo. Buber sugiere tres esferas del “entre” donde se alcanza el mundo de la relación[12]:

  • La vida con la naturaleza.- Allí la relación oscila en la oscuridad y por debajo del nivel lingüístico.
  • La vida con el ser humano.- Allí la relación es clara y lingüística. Podemos dar y aceptar el tú.
  • La vida con los seres espirituales.- Allí la relación está envuelta en nubes pero manifestándose, sin lenguaje aunque generando lenguaje.

      Es tan sólo la vida con el ser humano la única esfera donde a través de un “entendimiento lingüístico” se es capaz de alcanzar la relación “podemos dar y aceptar al tú”; la vida con los seres espirituales refiere directamente a relaciones como la del hombre con el arte que aun que no son relaciones de índole lingüístico son capaces de generar su propio lenguaje; por otro lado la vida con la naturaleza pudiera llegar a captar al hombre a partir del poder de su exclusividad como árbol, animal o planta, es allí donde puedo establecer una relación directa con la naturaleza.[13] Finalmente podemos decir que entrar en relación con  otros hombres  posibilita al ser humano superar su estado natural para trascender fuera de sí mismo a través de la palabra Yo-Tú yendo hacia el encuentro del otro, ampliando sus horizontes no por efecto de apropiación sino de relación del propio horizonte con el del prójimo.

De lo anterior podríamos resaltar las siguientes características que nos ayudarán a redondear lo que entendemos por la relación Yo-Tú:

La relación Yo-Tú funda una (1) forma de existencia en el mundo. Se trata de entrar en (2) relación con la característica de la (3)  inmediatez, no existe una mediación en caso contrario se trataría de una objetivación del otro; el situarme frente al otro actualiza mi existencia y la del otro, en otras palabras la coloca en (4) el presente; el Tú tiene un (5) valor en sí mismo por tanto es único e irremplazable, (6) el ser humano es el único con el que el Yo puede establecer una relación de Tú en forma lingüística y (7)recíproca. Este ejercicio de relación le permite al hombre (8) trascender su individualidad para adquirir ese carácter de humano[14].

Yo-Ello

La relación Yo-Ello es complementaria a la relación Yo-Tú ya que ésta proporciona las herramientas para vivir en el mundo. Como comentábamos anteriormente Buber sugiere que la génesis del Yo tiene que ver con la distancia originaria que coloca al hombre respecto a su entorno como distinto y separado. El Yo surge en ese momento como el portador de las impresiones del mundo y el mundo se torna su objeto, sin embargo es solo hasta que el hombre pronuncia la palabra básica Yo-Ello que él se establece fuera de relación con el mundo, se hace consiente como sujeto del experimentar y usar.[15] Decir Yo-Ello se opone entonces a la palabra fundamental Yo-Tú en el momento en que esta palabra no permite situarse de frente al mundo y en relación, como lo haría la relación Yo-Tú,  sino que coloca al hombre ante las cosas.

Desde la relación Yo-Ello, el mundo es medible, pesable, adquiere una densidad numérica y fraccionable. El hombre obtiene la capacidad de experimentar las cosas, lo cual constituye el mundo del ello, y logra  su “conservación, la facilitación, y el equipamiento de la vida humana”[16] en la medida que utiliza les medios que requiere para lograrlo. En el mundo del Ello el conocimiento de la naturaleza y la causalidad se asocian dándole las herramientas al hombre para su manipulación y conservación en este mundo. Como bien menciona Buber el hombre no puede vivir sin el mundo del Ello, pero aquel que solo vive en el mundo del Ello no es ser humano.

Las palabras básicas Yo-Ello y Yo-Tú permiten el flujo de la vida humana, es una relación que se co-pertenece sin embargo una vez que el hombre comienza a ser atrapado por el mundo de la experiencia se adentra en el pasado perdiendo la posibilidad de encontrarse con el presente. Sin embargo Buber aclara que el hombre a pesar de adentrarse en el mundo del Ello siempre tendrá la posibilidad del encuentro y realizar una vez más el recorrido del Yo-Ello al Yo-Tú cuando en lugar de definir la relación a partir de una perspectiva utilitaria se pone de frente al otro en una relación de mutua reciprocidad. 

El diálogo para Buber va más allá del decir, es un acto que involucra una forma de ser en el mundo, la relación Yo-Tú. Decir Tú es decir Yo en relación, es esa reciprocidad de dones que cambia a cada uno de los actores. Decir Tú en el diálogo requiere de aceptar y recibir al otro en su diferencia, con la característica de que este tiene que ser un acto de ida y vuelta, un acto de reciprocidad. El hombre que entabla el diálogo no se posiciona frente a algo a manipular o un “objeto de algo”, sino en un “entre”, se coloca en relación con el otro, es por ello que diálogo es en principio relación y reconocimiento mutuo. Buber nos ayuda a distinguir este tipo de diálogo que el nombrará como autentico respecto al diálogo técnico y el aparente:[19]

  • 1. Diálogo Auténtico.- Cada uno de los participantes considera al Otro o a los Otros en su ser y ser-así y se dirige a ellos con la intención de que se funde una reciprocidad vital.
  • 2. Diálogo Técnico.- Sirve para entenderse objetivamente en el mundo del ELLO.
  • 3. Diálogo Aparente.- Cuando se le saca el disfraz, se lo descubre como monólogo.

Sin dejar de involucrar un ejercicio de encuentro se puede distinguir en estos tres tipos de diálogo una intensidad en la relación que a medida que se aleja del sentido del encuentro tiende a posicionarse en el mundo del Ello, mientras que el diálogo técnico dado su significado como orientador dentro del mundo del Ello manifiesta relación aunque con miras a convenir en un ámbito técnico, el diálogo aparente no es sino un devenir del discurso que no pretende nada más allá de un público de escucha, negándose a la apertura para recibir al otro y fundar el diálogo.  Es el diálogo auténtico el que permitirá al hombre adquirir el carácter de humano en el grado que este logre entablar relaciones de encuentro con el otro.

A partir de aquí cabe la pregunta en relación con la teoría de la palabra originaría Yo-Tú y Yo-Ello, ¿Qué pasa cuando el encuentro es entre dos personas o grupos de diferentes culturas? ¿Es posible el diálogo auténtico entre personas y grupos de culturas diferentes? De acuerdo a lo que nos propone Buber la relación no cambia, se trata de un acto de donación donde se acepta y se recibe el otro como Otro. “El verdadero diálogo, así como todo cumplimiento real de la relación entre hombres, significa aceptación de la alteridad.”[20]Sin importar la cultura de la cual venga él o los interlocutores para que la relación Yo-Tú sea posible es necesaria la disposición al encuentro, escucha y silencio frente a lo que el otro tiene que decir, por igual el otro responde en este ejercicio de reciprocidad en ese acto de escucha. Ser Otro es necesario para que ocurra el diálogo, a su vez se requiere de descubrir al Otro en lo que él me permite conocer de si en el encuentro.

Si dimensionamos lo anterior desde la óptica de la interculturalidad la relación tiene un sustento cultural, incluyendo el social e intersubjetivo, es por ello que el conocimiento en el ámbito intercultural adquiere una relevancia superior ya que este fungirá como base para poner en contexto a los interlocutores. Como bien menciona Lenkersdorf “no podemos conocer nada  a no ser que el sujeto por conocer se apropie de nosotros en el acto conocedor nuestro”[21]. El principio de interrelación continua aun en el acto cognitivo no se trata de un mero acto de apropiación es un acto de don que permite que el otro también conozca lo que Yo soy. Si trasladamos este acto cognitivo relacional al diálogo intercultural, es un acto donde las personas se reconocen en su diferencia y aprenden lo que el otro es y puede donar en el encuentro. La cultura del otro, en el diálogo autentico de Buber, puede resultar  un don en la medida que soy capaz de aceptar su otredad como un elemento que ayuda a reconfigurar mi horizonte cultural.

Como podemos ver la propuesta de diálogo de Buber no reconoce en la relación Yo-Tú un vínculo de poder o de dependencia en su sentido negativo, en caso de que lo hubiera estaríamos en presencia de una relación Yo-Ello, donde el otro se convierte en objeto de mi poder o de mi acción. Entonces, para aquellos actores que pretenden participar individualmente o como institución en un grupo sociocultural diferente  ¿Cómo sería idóneo adentrarse en el mundo del Tú de otra cultura? En parte la base de nuestra respuesta se sentará en un “conocimiento relacional”, no el conocimiento por sí mismo desvinculado y objetivador, sino fundado (con raíces) en la relación, se tratará de conocer la cultural del Otro para responder al Tú en su plena Otredad. No se trata únicamente de objetivar al Otro para entenderlo, sino de entrar en relación con su mundo cultural, entendiendo este acto como una forma de adentrarse en la mirada relacional del Otro, el descubrimiento del Tú de la cultura otra.

El ejercicio intercultural desde la palabra Yo-Tú implica entenderse a sí mismo como un Tú que tienen que conocer y hacer visible su marco cultural, apropiarse de su valor y significado, con el fin de ponerse en juego con el otro no desde la “anarquía relacional” sino desde el encuentro y diálogo de culturas, en lo que llamaría Buber una tensión espiritual o relacional. En otras palabras y ejemplificando en el caso específico de la Huasteca Hidalguense, significaría a las personas y representantes de cualquier institución que pretendan un encuentro verdadero con los pueblos originarios de la región, entrar en relación con la palabra nahua, otomí, tepehua (de lo humano) y los pueblos nahua, otomí, tepehua entrar en relación con la palabra (de lo humano) de las personas e instituciones mestizas. Lo anterior sugiere un ejercicio de aprendizaje y apropiación del propio espíritu[22], de la propia palabra. O dicho de otra manera, de un ejercicio de autodeterminación en diálogo con el otro.

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