LOGOI 378
CÓMO NO USAR LA I.A.
Las nuevas tecnologías basadas en la Red, como la I.A. contribuye, en palabras de Eva Illouz a que la posición del individuo moderno sea la de un “sujeto deseante que anhela ciertas experiencias, fantasea con diversos objetos o estilos de vida y vive en un universo imaginario o virtual”, determinado y controlado por el mercado de bienes de consumo y la cultura de masas. Y es ese conjunto de experiencias y voliciones íntimas o externas del individuo, el terreno fértil donde fructifica la esencial falta de auténtica libertad, que se fundamenta en el espíritu crítico y el pensamiento no adulterado. Estos elementos están ausentes del universo digital, controlado por algoritmos e “influencers” que brillan en un carrusel incesante de novedades e incitaciones que vienen y desaparecen a toda prisa ante nuestros sentidos. Incluso en el terreno más personal, el de los sentimientos, las emociones o el sexo, por ejemplo, el neoliberalismo capitalista ha metido baza a través de la poderosa herramienta del porno y de las relaciones digitales, que lógicamente suelen defraudar cuando tratan de convertirse en reales.
En la película “Her” (2013) de Spike Jonce, un hombre solitario, empleado en una empresa digital, donde escribe cartas de amor para terceras personas, compra un sistema operativo nuevo de I.A. que ofrece “relaciones amorosas románticas personalizadas”. Y se engancha sentimentalmente a una voz con una presencia física diseñada “a la carta”: un ejemplo ilustrativo de la radical desorientación cognitiva de demasiadas personas de nuestro tiempo. Naturalmente algo así no es viable como sustitutivo del imprevisible curso de las relaciones humanas, el esfuerzo en mantenerlas, de su grandeza y de sus miserias, del imperativo de mutua autenticidad que exigen para no corromperse. Los algoritmos de la IA son simples productos del impulso de uso y consumo...
Ya tenemos un ejemplo trágico de la amenaza que suponen esas manipulaciones tecnológicas de los deseos y debilidades humanas. En Florida un adolescente de 14 años se ha suicidado por amor... a un ‘chatbot’, que es un programa de IA que simula conversar con el usuario y usa la técnica del procesamiento del lenguaje natural (PLN) para diseñar las respuestas más adecuadas según el perfil algorítmico emocional de la persona. El avatar se basaba en una muchacha de la serie “Juego de tronos”. El chico se había aislado del mundo real, el colegio y la familia, para pasar parte del día y la noche conversando con el avatar. La apps usada era la Character.ai, que tiene 20 millones de usuarios en todo el mundo. La madre del adolescente ha demandado a la empresa por “inducción al suicidio”. Pero, ¿se puede culpar a una herramienta por el mal uso que uno hace de ella? Enseñanza escolar: la IA es la manifestación virtual –no real- de un aparato.
ALBERTO DÍAZ RUEDA