LOGOI 367
¿SOMOS ESTÚPIDOS?
La ciencia genética constata que todos, TODOS, los seres humanos compartimos un genoma idéntico en un 99% y que las diferencias genéticamente hablando son inapreciables. Y debidas a elementos tan singulares como lo que llamamos “cultura” (la nobleza de la palabra se degrada con el uso) y a uno de sus caprichosos “subproductos”, llamados “creencias”, circunstanciales elementos que justifican genocidios, hambrunas, miseria, violencias y crueldades. Este generalizado y cíclico comportamiento parece más concebible en los animales –lo cual es injusto- que en los humanos, género al que Jonathan Swift consideraba el más cruel y execrable de la Creación. Con los simios compartimos “sólo” el 96 % del genoma, pero en algunos términos son bastante más apreciables que nosotros. Porque hay que ser inhumanamente estúpidos para, a estas alturas del conocimiento científico de nuestra realidad, seguir con el racismo y las actitudes y principios colonialistas y clasistas que han “adonado” la historia de Europa deshonrando una idea digna de ser alentada y protegida: la unión igualitaria de todos los países de Europa y, en definitiva, el de todo el planeta.
Quizá el retrato más convincente de nuestro género animal sea el de la novela “El planeta de los simios” del francés Pierre Boulle– más conocida por las películas y series basadas en ella- que justifica no sólo nuestra semejanza genética con los simios: su civilización ficticia es un calco de la nuestra, incluso con su religión, clases y creencias- sino en la obstinación suicida en negar la realidad de lo que es y no de lo que quisiéramos que fuera. Consideremos algunos hechos:
-El color de la piel y las circunstancias físicas, económicas y sociales con las que nacemos no deberían ser determinantes de nuestro futuro. Las circunstancias cambian y pueden ser cambiadas, no deberían ser determinantes ni excluyentes. Para eso debería haber un gran consenso en las personas, los Gobiernos y las naciones. La supervivencia del planeta lo exige,
-Ningún pueblo es superior a otro. Los pueblos con menos recursos no son inferiores ni necesitan ser tutelados, sino instruidos, educados y ayudados a mejorar su situación.
-El miope fanatismo religioso, en nombre de culturas, tradiciones o creencias, es uno de los factores degradantes de la naturaleza humana. Hará falta un largo período de comprensión y paciencia para hacer comprender al ser humano que toda creencia que provoca dolor y humillación a las personas, debe ser erradicada.
-Seguir con la ciega estupidez racista no mejorará la vida de nadie y se obstina en negar una realidad: vamos hacia un mundo de diversidades, lo queramos o no. Como ejemplo: en España uno de cuatro niños nacidos en los últimos años tiene un padre –o madre- extranjero. En todos los países del “meridiano rico” la inmigración es una realidad creciente por mucho que levantemos vallas y persigamos a los “otros”. Pensemos. Nos conviene negociar y compartir. No seamos estúpidos..
ALBERTO DÍAZ RUEDA