Logoi 355
VIOLENCIA POLÍTICA
Decíamos ayer: En Europa, donde supuestamente rigen los valores y principios democráticos, diálogo, libertad y convivencia pacífica, todo exceso de agresividad y violencia, verbal o factual, es un crimen político a la larga. Nos quejábamos del comportamiento de nuestros políticos en el Parlamento, los partidos, los medios y la calle: ellos causan el contagio que polariza a los ciudadanos, alentado por ciertos medios y la Red. El intento de asesinato del primer ministro eslovaco, Robert Fico, -populista, xenófobo y prorruso- es una muestra definitiva, aunque paradójica, de cómo afecta esa situación generalizada de odio y rechazo a la paz ciudadana. Alemania, Suecia, Francia y por supuesto España, ya han tenido ejemplos de violencia política activa. La crispación, radicalización, falsedades y manipulación informativa son el arma de extremistas y nacionalistas, fascistas y neonazis, que en muchos países europeos está perjudicando el ambiente socio-político. Es una amenaza real contra la democracia y no sólo en Europa.
Además proliferan los discursos de odio y racismo contra la inmigración y la diversidad de culturas y lenguas. La intolerancia racista de los partidos ultra populistas y la extrema derecha son claros intentos de socavar la democracia. Crean el caldo de cultivo que favorece los crímenes políticos. Con la cita electoral europea en ciernes comienza a percibirse la alarma en la clase política en general: una declaración conjunta que denuncia la violencia contra candidatos y parlamentarios (por cierto, con la abstención del PP europeo). No es el momento de ignorar estos hechos y amenazas. Europa tiene una agenda de futuro próximo de una importancia vital: refundación y ampliación en el seno de una geopolítica crispada afectada por la guerra de Ucrania y la incógnita del papel de EE.UU. Lo más significativo es la falta de acuerdo, la imposibilidad de fraguar una política común europea en los diversos aspectos del espectro político y social. No hay entendimiento europeo sobre Ucrania, Gaza, los inmigrantes o el papel de Europa en la lucha por la hegemonía global que sostienen Washington y Pekín.
Son tiempos difíciles y Europa es incapaz de encontrar una voz única, lo cual es su única posibilidad de existencia frente a las otras potencias. El auge de la extrema derecha es otro de los obstáculos que facilitan la disgregación de Europa y con ella el fin violento del pluralismo político, los derechos humanos y ciudadanos y la tolerancia con extraños, disidentes y minorías. Es decir, la democracia. La violencia política y ciudadana es el veneno que priva de oxígeno a los principios de libertad, respeto a la diversidad, solidaridad y la protección del derecho. Podemos volver al estado de excepción permanente y a la “nuda vida”, la existencia sin derechos. Una Europa democrática es el único freno al deterioro que provoca la violencia política.