Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
2 marzo 2023 4 02 /03 /marzo /2023 18:55

EUROPA, VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

 

Albert Camus dijo que el talento literario puede coexistir con la ceguera, la imbecilidad y los extravíos políticos, cívicos y morales. Es el caso de Louis-Ferdinand Celine, pseudónimo del doctor Auguste Destouches, el mejor escritor en lengua francesa del siglo xx, junto a Proust, según bastantes críticos. El antisemitismo de Celine fue brutal y su colaboracionismo con los nazis, atroz. Pero su “Viaje al fin de la noche” es una obra brillante y demoledora. He escogido su novela como metáfora literaria del largo viaje hacia el desastre que están siguiendo Europa y Rusia tras la invasión de Ucrania, hace ahora un año. Celine narra su experiencia personal en la I Guerra Mundial y escribe: “…estaba rodeado de millones de seres, aquejados de una imbecilidad infernal…furiosos y armados hasta los dientes, dispuestos a destruirlo todo, todo lo que respira, más rabiosos que los perros y mucho más perversos…me había metido en una cruzada apocalíptica. Me veía cogido en aquella huida en masa hacia el asesinato en común, hacia el fuego. ..¿Cuánto puede durar un acceso de locura semejante? ¿Meses? ¿Años? ¿Tal vez hasta la muerte de todo el mundo…?”

Llevamos un año de guerra en Europa, todos muy formalitos detrás de los que mandan, un teatrillo de supuestos buenos y supuestos villanos, donde cada uno hace lo que puede o lo que le dejan y donde nadie parece darse cuenta de que en este negocio, que se dirime entre Europa, Estados Unidos y Rusia, nadie gana y todos pierden. Unos más que otros, claro está. Rusia y el resto de Europa, incluida Ucrania por supuesto, los que más. Estados Unidos y China, los otros gallitos del corral, están a la que salta, engrosando ganancias indirectas y mostrando a todos la fatuidad de su astucia y poder. El resto de los países observan y se dan codazos apostando por unos u otros como si estuvieran en un combate de lucha libre (y sucia).

El indeciso e imprevisible curso de la guerra de Ucrania (con incierto toque de veneno nuclear en el horizonte) ha puesto sobre el tapete geoestratégico mundial un conjunto de probabilidades poco esperanzadoras. Es como si la estupidez humana estuviera lanzada en rumbo de colisión hacia el desastre, con casi todos sus protagonistas políticos –y económicos- empecinados en dar saltos hacia lo oscuro, asegurando al mismo tiempo al resto del mundo que todo está controlado. Las semejanzas con la situación de los aciagos principios del siglo XX, ahora hace un siglo, es irritante y asombrosa. Incluso en la obstinada esperanza de las poblaciones de que todo se arreglaría de una manera u otra y que, aunque los problemas se descarriaran, la guerra generalizada duraría muy poco. Todos se preguntaban entonces “¿Cómo en pleno siglo XX, el siglo de los avances, el hombre va a  caer en la absurda barbarie de una guerra total?”

Pero ahora, el corazón de Europa se desangra y Ucrania y Rusia cantan victoria para “dentro de un tiempo corto”, mientras Estados Unidos y la OTAN azuzan la guerra y el lastre emocional de Putin y su Rusia imperial no admiten salidas honrosas e inteligentes. Lo importante es no dar muestras de debilidad…aunque se estén masacrando poblaciones enteras y cada día es más difícil mantener en silencio la baza nuclear, que puede pasar en un segundo de ser una provocación chulesca o un chantaje, a convertirse en un fatal descuido de lo razonable. Un billete para “el horror…el horror…”, las últimas palabras de Kurtz, el protagonista de  “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad. Eso sí, un horror  multiplicado por millones…

¿Qué nos queda del nuevo orden mundial que debía entronizarse en el planeta? China, India y el llamado “sur global” miran con regocijado desdén a “los más buenos de cada casa”, Estados  Unidos, Europa y Rusia que van, metódica e ignorantemente, destrozando todos los logros sociales, económicos y políticos, que prometían la democracia y los gobiernos liberales que surgieron del caos del siglo XX. La deriva ultra, fascista y neonazi va corroyendo a muchas democracias formales. Los problemas crecientes del desajuste climático, las hambrunas, la falta de agua potable, los ridículos -aunque sangrientos- reinos de Ubú africanos, en los que el poder y la corrupción se ostentan de forma grotesca y sobre los que Rusia va extendiendo sus tentáculos, los fanatismos religiosos y la desidia y degradación lenta pero incontestable del estilo de vida de las poblaciones occidentales, constituyen un tejido social canceroso que ya comienza a pasar factura. Si el sentido común no lo remedia, Estados Unidos no podrá acudir en ayuda de Europa, sitiada por fanatismos y  migraciones, ya que será muy difícil que el otro super conflicto pendiente –Taiwan- no entre en el juego aprovechando el desbarajuste general. El tigre chino no está adormilado, sumido en sus propias contradicciones, está enfermo del mismo virus ambicioso de Putin: el bacilo imperialista hegemónico. Y Estados Unidos sigue creyéndose y comportándose como el símbolo paródico de un Gary Cooper de pistola rápida y certera, victorioso, a pesar de estar “sólo ante el peligro” y con todo en contra (y menos mal que Trump parece medio silenciado).

El viaje que ha emprendido Europa hacia el fin de la noche o hacia el corazón de las tinieblas, significa también –si lograra conjurarse un abrupto final nuclear e, igual de difícil, acabar la guerra con un  acuerdo aceptable para Rusia, que le permitiera “salvar la cara”—que habría de reajustarse un nuevo –y distinto- orden mundial que dejara a un lado las ambiciones hegemónicas de los grandes (de “los de siempre”, repasen ustedes la historia del poder y el capital), para establecer la hegemonía consensuada de organismos internacionales de paz con la participación de todos en pro de un objetivo común: salvar a la especie humana y salvar el planeta, en esta cuenta-atrás que nadie parece tener en cuenta.

Entre tanto, la guerra se está convirtiendo una vez más en el laboratorio de prueba de las fábricas de armamento y el obcecado estamento militar,. Nuevas armas, equipos de combate, municiones inteligentes (un siniestro oxímoron) están ensayándose en Ucrania, como en el primer tercio del siglo pasado se ensayaron en la guerra de España. Pero no es sólo eso, esa guerra absurda expansionista ha cambiado el modelo político que pretendía implementar Europa, ha vuelto a militarizar a todo Occidente, está arruinando a los pueblos por los precios de energía y alimentos, se ha perdido el sueño de la globalización –a pesar de la lección siniestra de la Covid- y se ha enconado el peligroso desajuste hegemónico entre Rusia, Estados Unidos y China. Más todos los flecos, Europa, países asiáticos, África, Oriente medio, con un Israel cada vez más agresivo,  el avispero de Irán, Siria, Afganistán…mientras en el Sahel las guerrillas islámicas se disponen a invadir Europa. Hay una desorientación galopante en el mundo: cada país absorto en defender como sea sus propios intereses. Nadie habla de diálogo. A nadie parece importarle lo que nos amenaza en el desafío climático de un planeta cansado y cabreado.

En este momento hay ocho millones de refugiados en Europa, los presupuestos han superado las previsiones más pesimistas y el Banco Europeo resiste como puede, tras la sangría económica de la guerra, aumentada por el desplazamiento del centro de gravedad político europeo hacia el Este. La cuestión energética ha sido el talón de Aquiles de Europa y Putin lo sabía y se ha aprovechado de ello. En Alemania la guerra ha acabado con 70 años de pacifismo reactivo tras la debacle nazi. La consiguiente militarización del continente es una mala noticia sin contrapeso de beneficios. La seguridad ha saltado por los aires y vuelve a imperar la política del garrote y el estúpido “a ver quién es más fuerte y aguanta más”. El delirio imperialista de Putin no sólo lleva a la imposibilidad práctica de un nuevo Telón de Acero, sino que se está proyectando hacia Asia y África. Una improbable derrota rusa crearía un nido de serpientes furiosas en el Este. Y China continúa siendo por el momento la peligrosa incógnita que tiene el escenario político y económico mundial…a no ser que ceda a la tentación de afrontar los descabellados intentos norteamericanos de controlar el Pacífico. Taiwán es el espejo mágico donde quieren mirarse las dos potencias para ver que les diga cuál de los dos es el “más poderoso”.

Y que nadie olvide al creciente Sur Global: India, Turquía, Israel, Brasil, Pakistán, Emiratos…Es una reedición inquietante de los No Alineados de los 70 del pasado siglo. En la reciente Conferencia de Munich quedó claro que el Sur Global no se siente vinculado en forma alguna al problema “de Europa”. Ahora vigilan sus propios intereses y se aliarán con quien les ayude mejor en esa tarea. Y es obvio que Europa ya no está en condiciones.

En conclusión: la guerra de Ucrania ha vuelto a destapar lo peor de nuestra especie. A nivel de personas y al de Estados. No aprendimos nada de las dos guerras mundiales y mucho menos del rosario patético de errores cometidos en las guerras localizadas, desde Afganistán a Irak, desde Israel a Siria, desde el África de los Sidi Amin al Sahel de la hambruna y los terroristas islámicos, hasta la lamentable estupidez de Vietnam. Lo dijo Tucídides: “los más fuertes imponen su poder, a los más débiles les toca padecer”. El posible apocalipsis nuclear nos hace olvidar el climático. De cualquier forma, perdemos todos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens