Cinta bastante desechable pese a algunas virtudes que posee. Parece que se ha desperdiciado una posibilidad: argumento pasable de aventuras en el siglo XVII con una trama que promete: las aventuras de un asesino profesional al servicio de la todopoderosa Compañía de la Indias, responsable real histórica de genocidios y abusos innumerables entre las gentes de la India primero y uno de los muchos motivos que causó la independencia de los Estados Unidos de Inglaterra. El director Chad Burns --con maneras que parecen surgidas de la escuela del último adaptador de Sherlock Holmes para la gran pantalla, Guy Ritchie-- no ha logrado dar con el tono y la coherencia argumental y psicológica en la historia que nos cuenta, que tiene fallos de trama por todas partes y una interpretación bastante blanda.
Durante 103 minutos asistimos a un conjunto de despropósitos, con una buena dirección artística y nula dirección de actores. El guionista ha cogido algunos hechos históricos y los ha relacionado con la trama hilvanándolos entre sí de una manera bastante burda. El siempre correcto John Rhys-Davies abandona a los enanos del Señor de los Anillos y hace un papel convincente pero blando de malo, Andrew Cheney y Kara Killmer, hacen la pareja protagonista y asistimos a una sarta de dinámicos despropósitos entre personajes históricos e inventados, copiando de manera infantil al Zorro de Banderas y a las citadas películas de Ritchie. En fin, para ver con los niños en la tv un sabado por la tarde.
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