El director de películas como "Pal Joey", "Cita en las Vegas", "Levando anclas", "Magnolia", "Los tres mosqueteros" o "Scaramouche", bastante habituado a los musicales, rodó en 1953 uno de los menos conocidos en España, pero también uno de los mejores, "Kis me Kate". Aquí dirigió con soltura y picardía a una pareja de sólidos cantantes, Howard Keel ¿os acordáis de Adam, el hermano mayor de "Siete novias para siete hermanos" y Kathryn Grayson (con quien compartió protagonismo en "Magnolia" o "El amor nació en Paris") jugando con sus relativas dotes para la comicidad y el baile y con un guión en estado de gracia apoyado, nada menos, que "En la fierecilla domada" del gran Shakespeare.
Los números musicales, con la vistosidad estética y colorista de la Metro de los 50, con música de Cole Porter y canciones excelentes y dinámicas, coloca a esta película en el repertorio de las grandes, al lado de "Un dia en Nueva York" pero por debajo de "Bailando bajo la lluvia" o la de los siete hermanos. Grandes secundarios realzan el nivel, como James Whitmore y Keenan Wynn, que suman imaginación en las vías paralelas argumentales de la representación del musical y las vidas privadas de los actores y elegancia y humor en diálogos chispeantes e ingeniosos. Picardía, placer de vivir y una energía desbordante en los números musicales. Como referencia final, la enorme Ann Miller, en su mejor momento, como "rival" de la Grayson, a la que se merienda por la fuerza de su baile y la gracia de su interpretación (el primer número que realiza en solitario, en el salón de un piso neoyorquino, es un modelo de habilidad, energía y belleza de la danza). Una película imprescindible. Véala de nuevo (en el doble sentido de la expresión). Es una cinta mítica en la historia del cine musical.
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