Lástima. Después de aquella maravilla del cine negro que fue "Sin City", con su imponente estilo visual, su técnica de cómic filmado, sus colores resaltantes en un fondo de rabiosos blanco y negro y la trama y los personajes como los que los aficionados al cómic serio y al cine negro hemos gozado desde siempre, la secuela complica un poco la historia, no acaba de ser coherente con lo que sabíamos y habiamos visto y se vuelve reiterativa. Casi diez años separan las dos pelis y eso es mucho tiempo.
Se nos narran cuatro historia entrelazadas, de las que solo una, la protagonizada por Josh Brolin (en un paael que tuvo Clive Owen) mantiene la claridad y la tensión de la primera entrega. Disfrutamos con la historia de amor fou que lleva a Brolin casi a la muerte en manos de una Eva Green de un atractivo insoportable, iluminada por unos ojos verdes resaltando en el blanco y negro del contexto.
Cameos absolutamente innecesario de Bruce Willys en plan el fantasma de la señora Muir y un Mickey Rourke que nueve años después de su primer Marv parece cansado y simplemente psicopático. Jessica Alba sigue encandilando al respetable con sus salvajes y lúbricos contoneos con su personaje de Nancy Callaghan que ya ha perdido la inocencia agresiva de la primera parte y ahora deambula sin demasiado convencimiento. Justo lo que se achaca al conjunto del filme: no convence, es reiterativo y ya no emociona el estilo comic-cine negro que triuinfó y sorprendió hace demasiados años.
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